Mala vendimia ha sido la de este año en cantidad y calidad debido a las lluvias, pero ello no fue excusa para que el vino de otros años, guardado ritualmente en las bodegas, deleitase el gaznate de los vendimiadores en las labores artesanales de los escasos lagares que aún cumplen su función. Por la Ribera del Duero encontramos el mejor vino de la provincia, con denominación de origen incluida. Y es en esta comarca soriana donde se da un mayor presencia iconológica de las hojas de parra, los racimos de uva y el vino en los templos románicos y góticos. La vid y el vino, en definitiva, son portadores de unos arquetipos del Inconsciente Colectivo y no podían estar ausentes de la vida profana y del sentimiento sacro soriano.
En la Bodega "San José" de San Esteban de Gormaz se ha recogido esta temporada 700.000 kilos de uva, cuando lo normal es 1.500.000. Por otra parte, el "Programa de Reestructuración Colectiva de Viñedo" de la Comunidad Europea está eliminando 22.000 hectáreas de cultivo tradicional de la vid en Castilla y León.
En Soria nos quedan viñedos en la comarca de Las Vicarías, Valle del Jalón, Berlanga de Duero y Ribera del Duero. Los de esta última zona son los mejores en la cata: municipios del Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, Miño de San Esteban, Fuentearmegil, Castillejo de Robledo y Langa de Duero. En Castillejo se ha creado hace poco una asociación que promocionará la etnología vitivinícola y en Langa de Duero su alcalde, Constantino de Pablo, tiene previsto solicitar ayuda a la Junta para rehabilitar y conservar algún lagar. El Programa Culturalcampo, que dirigía el escritor soriano Avelino Hernández, rehabilitó en 1987 un lagar en Morales y los de Castillejo de Robledo también merecerían una restauración dada su monumentalidad y solidez.
Las labores vitivinícolas han cambiado bastante a las de antaño, sobre todo las mosterías, si bien aún subsisten algunas tareas y celebraciones muy similares en los pocos lagares que funcionan. También se pueden encontrar todavía cuévanos y cestería artesanal, aunque son apenas testimoniales las muestras y pronto sólo serán piezas de museos etnográficos, como el de Alcubilla de Avellaneda. Bodegas excavadas en la roca sin abandonar hay todavía bastantes en la Ribera del Duero, aunque muchas de ellas cumplen solo funciones de merenderos.
Lo que, desde luego, no se va a perder es el empleo del vino para esos combinados típicos de Soria, como el zurracapote con el que se animan los sampedranos para pasar descalzos por las brasas encendidas en la noche de San Juan, o como la soparra que dan los zarrones de Almazán, o los perolos navideños, remojones varios y limonadas diversas.
En San Leonardo de Yagüe se sirve ritualmente el vino de San Blas en una taza de plata muy similar a las que todavía perduran en algunos ayuntamientos para situaciones festivas parecidas. Igualmente se sirve vino comunal al término de las "hacenderas" en los pueblos donde todavía existen y que, evidentemente, son muchos menos que hace tan sólo un par de décadas. Y en todas las fiestas, especialmente en los Sanjuanes sorianos, el vino sigue teniendo un protagonismo vital.
Se dice que los viñedos sorianos tienen un 30 % de uva garnacha, otro 30% tinto del país, un 20% doradilla, un 10% albillo y otro 10% provechón.
Escribía Dionisio Ridruejo que el vino de su pueblo y de Osma "no es de mucho empuje y se marea si se saca de casa" y pregonaba que "por eso los labradores y artesanos de Osma y del Burgo van a beberlo en cueva, organizando allí sus merendolas de chorizo y escabeche", según nos recuerda J.Vicente Frías Balsa, quien también nos trae a la memoria lo que consideraba Juan Antonio Gaya Nuño sobre los caldos sorianos.
"Este vinillo soriano, flojito, espumoso y acidillo, es el mejor refresco que se puede soñar en uan tarde de verano; lo suelen servir, por aquellos pueblos, con tapa de cangrejos cocidos. Y no tendría igual como vino de mesa si dejase de picarse al trasportarlo... Hay en Langa, en Osma y otros pueblos de la comarca bodegas fresquísimas en que este vinillo, servido en grandes vasos de lata, sabe, divinamente, mejor cuanto más frío y áspero. Anima a comer un pollo de entremés... El vino de Langa no se sube a la cabeza, y permite ingerir considerables cantidades sin que se trastorne la crítica de la razón pura", escribió este insegne historiador de arte nacido en Tardelcuende.
ICONOLOGIA BURGENSE
En cuanto a la iconología apuntada más arriba hay que destacar fundamentalmente la existente en la catedral del Burgo de Osma. En el famoso Beato de Osma -códice miniado fechado en 1086- puede verse la escena dramática de la vendimia que narra el Apocalipsis de San Juan (14,18-20). Por otra parte, en los capiteles de las tres portadas exteriores y en otros del interior aparecen hojas de la vid y racimos de uva.
Asimismo puede verse en el frontal de la cabecera del sepulcro de San Pedro de Osma (año 1258) a tres labriegos sentados bebiendo vino en jarros junto a vides repletas de uvas, todo ello en bajorrelieves de piedra polícroma. También sobresale, a los pies del sepulcro, una cabeza humana sonriente con una máscara carnavalesca de hojas de vid que a mí, particularmente, me recuerda a Dionisos, el dios tracio-griego del vino.
Aún hay más: en el Museo Catedralicio se guarda un cuadro singular en el que se plasma el sincretismo simbólico del cristianismo, con Cristo que porta una cruz a cuestas y, en un lagar, pisa la uva mientras su sangre se confunde en la cubeta con el vino ante la mirada de Dios Padre. Este cuadro refleja el simbolismo del sacrificio y de elixir de la inmortalidad que tiene la uva y el vino, respectivamente, del que ya hable al referirme al carácter arquetípico de la misa en estas mismas páginas.
ALCOHOLISMO
Lo malo del vino es que, tomado en exceso, trae consigo la borrachera y, de continuar en tal hábito, se llega al alcoholismo. En la provincia hay unos 6.000 sorianos que consumen bebidas alcohólicas de forma excesiva y más de un millar se pueden considerar alcohólicos.. En nuestra región y en Soria es la drogadicción más importante. Se bebe, sobre todo, durante los fines de semana y son las personas comprendidas entre los 35 y los 39 años los más habituales. La cerveza es la bebida más apetecida y el vino es la segunda (la mitad de consumo global que la cerveza). Asimismo el 28,8 % de los jóvenes estudiantes (13-18 años) de la capital soriana son bebedores habituales y la mitad de ellos son de alto riesgo.
Dos asociaciones sobresalen en su lucha contra el alcoholismo: la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Soria (ARESO) y Alcohólicos Anónimos (AA). La primera de ellas se fundó en 1982. Alcohólicos Anónimos, por su parte, está extendida por numerosos países; se constitutó en EE.UU durante 1935 y en su creación tuvo mucho que ver el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, como reconoció uno de sus dos cofundadores, Bill Wilson.
"Uno de los principios fundamentales de AA ha sido reconocer que el alcohólico necesita renacer espiritualmente. Esta idea le llegó a Wilson de donde menos lo esperaba: a principios de la década de los treinta, cuando Wilson aún bebía, supo que un amigo suyo, alcohólico, era paciente del famoso psiquiatra suizo C.G.Jung.. Para Jung, la única esperanza de vencer el alcoholismo era pasar por una experiencia religiosa o espiritual: una verdadera conversión. Wilson supo de este mensaje cuando aún estaba a merced del alcoholismo, pero a la larga le hizo mella y lo condujo a un despertar espiritual. "Esa idea -le escribiría a Jung más tarde- ha sido la base de los logros que desde entonces ha obtenido Alcohólicos Anónimos..., a decir verdad esta pasomosa concatenación de sucesos empezó hace mucho en su consultorio", le confesaría".
En efecto, en sus Obras Completas, Jung describe la terapia que aconsejó al alcohólico Rowland H. "Su ansia de alcohol era el equivalente, a un nivel inferior, de la sed espiritual de nuestro ser por la Totalidad (Sí-Mismo)...; expresado en términos medievales: por la unión con Dios (...) En latín alcohol es "espiritus" y se usa la misma palabra tanto para la experiencia religiosa más elevada como para el veneno más dañino. Por tanto, la fórmula mágica es "espiritus contra espiritus" ",prescribió Jung intuitivamente.
Jung le dijo al amigo del cofundador de AA que la única salida que tenía era encontrar una vía espiritual o religiosa para poder salir de la adición. El junguiano Jeffrey Satinover que dirige una clínica norteamericana aplicando la psicoterpia de Jung en ancianos, alcohólicos y drogadictos está de acuerdo con este diagnóstico:
"Lo que las personas buscan en la adición es algo que en sí mismo es normal. El ansia es normal. El ansia por algún tipo de felicidad, por lo extraordinario, en cierto sentido; por el heroísmo, por la desaparición del dolor y -subyacente a todo ello- el ansia última y más poderosa: la búsqueda de un significado (...) Lo que esperamos que el paciente obtenga con la dimensión psicoterapeútica del tratamiento a la adición es que recupere el Sentido de su vida porque, como describió acertadamente Jung, en último término, el factor motivador clave al comienzo de una adición es la búsqueda de espiritualidad".
Es en este orden de cosas por lo que Bill Wilson llegó a decir que la mayoría de los alcohólicos son "idealistas en quiebra". Yo creo en esta percepción de este grave problema de drogadicción. Asimismo, el psicoanalista junguiano Robert Johnson estima que el arquetipo de Dionisos esclarece en gran medida esta adicción: " Dionisos no era el dios de la embriaguez, era el dios de la visión estática, era el dios del vino,, pero se trataba del vino de la religión, no del vino de la embriaguez (...) Si no logramos alcanzar de forma legítica la necesidad universal que tiene todo hombre de altura emotiva, de éxtasis, lo obtendremos de forma ilegítima o inapropiada, lo cual explica en gran medida el caos de la cultura moderna. Nuestra vida tiene qe contar con una dimensión estática".
ARQUETIPOS
¿Qué nos dice el simbolismo arquetípico sobre estos temas?. La vid se vinculó, efectívamente, a Dionisos y sus Misterios de muerte y renacimiento, de ahí que tenga un carácter iconológico funerario, como acontece en el citado sepulcro de San Pedro de Osma. Entre los sumerios la Gran Diosa era conocida como "madre cepa de vid", simbolismo que ha persistido en las advocaciones marianas a la parra y la vid, como acontece en las cercanías burgalesas del Monasterio de La Vid y la iglesia visigótica de Santa María de las Viñas, en el mágico alfoz de Lara.
"El vino es símbolo de la vida escondida, de la juventud triunfante y secreta. Por ello, y por su color rojo, es una rehabilitación tecnológica de la sangre. La sangre recreada por el lagar es el signo de una inmensa victoria sobre la huída anémica del tiempo... El arquetipo de la bebida sagrada y del vino alcanza en los místicos el isomorfismo de la leche, que posee indudable valor sexual y maternal. Leche natural y vino artificial se confunden en el goce juvenil de los místicos", afirma Gilbert Durand..
La vid expresa simbólicamente la inmortalidad y el vino la eterna juventud, al coincidir arquetipicamente con la bébida mágica griálica, con el nectar y la ambrosía de los dioses helenos, el hidromiel germánico y el soma védico. Este elixir de la inmortalidad simboliza "un estado de conciencia avanzado y asegura la peremnidad".
La vid llega a ser, incluso, un símbolo del Arbol de la Vida y el vino, en los sueños contemporáneos "aparece como un elemento psíquico de valor superior: es un bien cultural en relación con una vida interior positiva; el alma experimenta el milagro del vino como un divino milagro de la vida: la transformación de lo que es terreno y vegetativo en espíritu libre de toda atadura".