SIMBOLISMO GRIÁLICO Y SUFÍ
DE LA ERMITA MOZÁRABE
DE SAN BAUDELIO

La singularidad arquitectónica y pictórica de la ermita mozárabe de San Baudelio de Casillas de Berlanga de Duero ha sido enunciada por la mayoría de los críticos e historiadores de arte que la han estudiado. Incluso en su aspecto metrológico y de modulación lo es, a tenor de las investigaciones de Juan Zozaya, director entonces del Museo Numantino, que consideró que la unidad básica era un codo de aproximadamente 0,499 m., que es lo que mide el radio de la columna central. Con este codo-base pudo constatar "que la trama que justifica la metrología de la planta justifica también la del alzado y, por lo tanto, el esquema modulatorio". El sistema modulatorio se ha basado en progresiones de una base de proporción de 1,6315789, que surge al dividir los 31 codos de longitud del templo por sus 19 codos de ancho, y que roza por tanto al número áureo 1,618, límite de la serie de Fibonacci, del que cabe deducir el número Pi, 3,1416.

Este número de oro fue muy utilizado por la arquitectura clásica, y antes lo fue entre los egipcios y en el Templo de Salomón. Entre las catedrales "mágicas" que parten de él sobresale la gótica de Chartres (1194-1220), como desvelara Louis Charpentier. Sorprendentemente, el eje de San Baudelio tiene la misma orientación que la catedral de Chartres y sus respectivos codos-base surgen del mismo lugar: columna central (varias en Chartres). Además, como he podido comprobar sobre el plano, se da también en San Baudelio la proporción 2 a 1 si prolongamos la planta de la nave hasta el final del ábside. Sugiero, para el que le interese estas cuestiones, que siga algunas de las tesis de Charpentier en El enigma de la catedral de Chartres aplicándolos a San Bartolo y se encontrará con varias sorpresas. Charpentier deduce que esta orientación se debe a que los maestros de obra siguen la dirección que adoptan las subterráneas corrientes telúricas hasta el pozo de la catedral. ¿Sucederá lo mismo en San Baudelio, donde aflora al lado una fuente milenaria que mana allí mismo?.

Así que, como señala Juan Zozaya, resulta obvio que "hay que aceptar forzosamente o un fuerte conocimiento de matemáticas entre los constructores contemporáneos del edificio que nos ocupa, o la existencia de una fuente común de transmisión de conocimientos matemáticos, seguramente procedentes de la antigüedad clásica, con un posible uso de cuadernos de repertorio tanto para formulaciones de plantas como de modificaciones introducibles en ellas".

Por otro lado el ex-director del Museo Numantino ha subrayado la existencia en lo más profundo de la gruta de "un pequeño nicho absidal, a modo de pequeña hornacina, a un nivel de mayor altura que el suelo", cuya importancia radicaría, según Zozaya, en que señala "una orientación que será seguida posteriormente en la construcción de la iglesia".

 

El cinco

 

La superficie del ábside es, por otra parte, una cuarta parte del suelo de la nave, que sigue la división cuartelaria tradicional, lo que nos da cinco rectángulos de medida similar, lo cual me recuerda la división cosmológica árabe de los cinco Mundos y las cuatro "Tablas" que rigen los cuatro Mundos manifestados (el quinto es el de la Esencia). Cinco son los tramos, en dos naves, de la arquería de la "mezquitilla". Cinco son los brazos de la pentalfa o pentáculo que puede inscribirse en el círculo que conlleva la geometría sacra de los arcos de herradura, en donde la imagen del hombre se pone ya de pie (lo cual no podía hacerse con el arco de medio punto). Tres son los peldaños de la puerta de acceso, más los dos arcos de herradura: cinco. Como cinco son los peldaños que nos permiten acceder al presbiterio.., etc.

El simbolismo del cinco nos conduce a la quintaesencia alquimista,, representa a los cuatro elementos materiales (fuego, tierra, agua, aire) más el envolvente éter, simboliza los cuatro puntos cardinales más el centro (la pirámide más la cúspide en arquitectura y la cruz con su punto central en geometría); el cinco da a la materia sus cualidades y forma visible a través de los cinco sentidos del hombre; el cinco es la unión del principio del cielo (3) con el de la Magna Mater (2) en una hierogamia al igual que acontece con la Mónada y el cuaternario, por lo cual es el número de la armonía y del equilibrio, del punto medio, del Centro por antonomasia; cinco cavidades tiene el carpelo de la manzana, fruto del Árbol del Paraíso; el cinco es el símbolo del hombre, al que los pitagóricos dibujaban dentro de una pentalfa que acogía en sus ángulos la cabeza y las extremidades...

Y como estamos en ermita mozárabe hay que señalar que para los árabes el cinco es el número preferido, representando entre otras cosas el pentagrama de los cinco sentidos y el matrimonio, según Chevalier y Gheerbrant: "Cinco es el número de las horas, de la oración, de los bienes para el diezmo, de los elementos del `hajj´, de los géneros de ayuno, de los motivos de ablución, de las dispensas para el viernes; es el quinto de los tesoros y el botín; las cinco generaciones para la venganza tribal, los cinco camellos para la `diya´, los cinco `takbir´ o fórmulas de la oración: ¡Dios es grande!. Son los cinco testigos de la `Mubahala´ (pacto), las cinco claves coránicas del misterio. Son también los cinco dedos de la mano de Fátima... Es la cifra del sortilegio protector. El quinto día de la semana, el jueves, está bajo el signo de una protección eficaz".

 

El cuatro y el ocho

 

El cuatro es también una constante en San Baudelio: la nave y el ábside son casi cuadrangulares, los altares son rectangulares, la techumbre de la nave es a cuatro aguas, la división cuartelaria en cuatro de la nave determina el tamaño del presbiterio, las dos basas superpuestas de la gran columna central cilíndrica son cuadradas, como lo es la forma del acceso a la gruta...

El cuadrado, junto con el centro, el círculo y la cruz, es uno de los cuatro símbolos fundamentales en la historia de la humanidad. Para Ya`qub es el más perfecto de los números por ser el de la inteligencia y el de las letras del nombre de Dios (ALLH). También el nombre hebreo de la divinidad tiene cuatro letras (JHVH), y la palabra Dios también se compone de cuatro letras, así que no es extraño que los pitagóricos tuviesen en la Tetraktys la base de su doctrina. Plutarco revela que los pitagóricos consideraban que en el cuadrado se reunían los poderes de Rea, Afrodita, Demeter, Hestia y Hera.

Simboliza, por otra parte, lo sólido y tangible, el mundo material, la totalidad de lo creado. Por su vinculación a la cruz es un símbolo totalizador macrocósmico. Para Jung el 4 es "el fundamento arquetípico de la psique humana" con sus cuatro funciones psíquicas rectoras: pensamiento, intuición, percepción y sentimiento.

Chevalier y Gherbrant señalan que el cuadrado viene a representar a la Tierra, por oposición al Cielo, pero al mismo tiempo, y en otro nivel, "es el símbolo del universo creado, tierra y cielo, por oposición a lo no creado y al creador; es la antítesis de lo trascendente".

La Jerusalén Celeste, al igual que los recintos sacros tradicionales, tiene forma cuadrangular. Entre los árabes -vuelvo a recordar el origen mozárabe de San Baudelio- la vivienda es cuadrada, como lo son los mausoleos con cúpula sobre las tumbas de los santos musulmanes. Siguiendo a Chevalier y Gherbrant leemos que "si comparamos el Islam con un edificio, diremos que el techo es el reconocimiento de la unicidad de Dios, los cuatro pilares la oración ritual, el impuesto, el ayuno anual y el peregrinaje a la casa de Dios", lo cual se simboliza perfectamente con la Ka´aba.

En cuanto al ocho, que es el número del doble cuadrado-basa que sustenta a la columna rematada con ocho nervios (preludiando así a las bóvedas góticas), baste decir lo siguiente: es una doble cuaternidad, es el símbolo del equilibrio cósmico y de la rosa de los vientos, es el número de ángeles que portan el trono celestial en la escatología cristiana y árabe, media entre el círculo y el cuadrado (Cielo y Tierra); simboliza la transfiguración, regeneración y resurrección, es la ogtóada pitagórica y gnóstica...

 

Árbol de la Vida

 

Lo primero que ve el visitante nada más entrar en la ermita de San Baudelio es la columna-palmera que se alza en el centro de la nave y que llega al alma, como dijera Gerardo Diego. Este es el centro energético del edificio, o mejor dicho, lo es la cupulilla-linterna-ostensorio que esconde encima. Donde está la columna debió colocarse el gnomon o palo modulador que rigió la planificación del edificio, determinador de las direcciones equinocciales que rigen en San Baudelio, y determinador de la altura que debía de tener el templo y sus elementos constructivos básicos. Posiblemente este palo rector tenía la medida del doble codo descubierto por Zozaya, es decir, la medida del diámetro de la columna, que es idéntico al grosor de las paredes.

El templo refleja el macrocosmos y es un microcosmos hecho a la medida del hombre. Es una imagen de la percepción que el hombre tiene de lo divino. Es la conjunción de la Montaña y Caverna sagrada. Cosmología y teología confluyen en él. En el cristianismo son plasmaciones materiales de la Jerusalén Celeste del Apocalipsis, tan difundida por los Beatos, y cuya estructura y simbolismo está plenamente copiado del Skanda Purâna (Utkala Khanda, cap. 48, Sura Sambitâ y Kapila Sambitâ), en cuyo centro se encuentra el Árbol de la Vida con su Trono de Dios (Apocalipsis) o "el vaso de oro lleno de leche de inmortalidad" (el Grial) sobre el caballete del tejado (Skanda Purâna).

La columna de San Baudelio es el Axis Mundi que une los tres mundos: subsuelo, Tierra y Cielo. Bajo ella habrá, seguramente, reliquias de San Baudelio tal vez. Es el pilar a través del cual se accede al mundo divino, cuyo centro cosmogónico es la estrella polar (hay un oso pintado cerca de la columna).

La columna de San Baudelio es el Árbol de la Vida, Árbol del Mundo, Árbol Cósmico, etc., cuyo simbolismo es, como el del Axis Mundi, de vital importancia para el alma por su fuerte contenido arquetípico y numinoso, que provoca las más variadas hierofanías y teofanías como muestra la historia comparada de las religiones.

Además habría que añadir el simbolismo del círculo, la figura más perfecta para los árabes, que veían en el la imagen de lo Absoluto y que se empeñaron en resolver arquitectónicamente la cuadratura del círculo expresada, sin duda, también en San Baudelio. El círculo simboliza la Unidad y el Cielo. Combinado con el cuadrado, como en San Baudelio, es un símbolo dinámico de conjunción de opuestos. Los neoplatónicos, por otro lado, decían que Dios es un círculo cuyo centro se encuentra en todas partes, concepción que asimilaron los sufíes, es decir, los esoteristas islámicos. El mismo Trono de Dios tiene como base un círculo: "este es el horizonte supremo, Khatt al istima, al que Mahoma da la vuelta la noche del Mi`raj, trazando dos arcos de medio punto".

 

Linterna de los muertos

 

 

Todo lo ya escrito revela la trascendencia simbólica y arquitectónica de San Baudelio, pero lo más importante del templo se encuentra encima de la columna y debajo de la techumbre piramidal, hoy de teja y hasta 1894 de piedra sillar (como debía seguir siéndolo). La importancia de este pequeño habitáculo, camarín, linterna, ostensorio, o lo que fuera, es trascendental y su presencia está reiteradamente señalada subrepticiamente en la mayoría de los capiteles románicos pintados de la ermita, que son muy similares, por cierto, a los de Santa María de Tahull y Maderuelo, cuyas pinturas románicas parecen estar relacionadas. Todo el simbolismo citado anteriormente converge en este nicho.

Enrique Martínez Tercero estima que es el primer ostensorio de la arquitectura hispánica y afirma que "la camarilla, relicario, linterna o como quiera llamársele, no es una parte en sí, pero parte al fin y al cabo del edificio. Es el edificio el que se construyó en función exclusiva y a modo de gran contenedor, o envolvente protector de un ostensorio excepcional".

Es decir, ¡que la ermita se ha construido para albergar ese pequeño habitáculo escondido que tiene ocho pequeñas luceras situadas entre los arranques de las palmas-nervios y que aún así no consiguen vencer la oscuridad del recinto!

Su ejecución es extraordinaria, como puede verse en los dibujos publicados por Teógenes Ortego. El diseño mandálico de la nave central adquiere aquí su máxima perfección y nos recuerda la cúpula de ocho arcos de medio punto, de estilo califal cordobés, de San Miguel (Almazán) en cuyo centro superior se alza una linterna octogonal plenamente visible, porterior en casi 150 años a la de San Baudelio. La cúpula de Almazán parece tener como referente a la central de la mezquita del Cristo de la Luz, en Toledo, realizada en el año 1000, que bien pudo ser también motivo de inspiración para este cupulín de San Baudelio contruido unos años después.

Las nervaduras de este nicho son de origen cordobés, según Gómez Moreno, y se vincula con el arquetipo del Paraíso y la Bóveda Celeste. Transcribamos a Juan Zozaya para argumentarlo: "Parece claro que la cúpula con las nervaduras es una representación: a) de la bóveda celeste, por ser de forma semiesférica agallonada, en cuya cúspide está el trono de Dios, del paraíso; b) del Paraíso, por ir asociadas las nervaduras simples con los ejes longitudinales y transversales del salón, coincidiendo éstos con los arranques de dichas nervaduras. Las nervaduras dobles siguen sentidos diagonales, arrancando de las claves de los ocho óculos, es decir: de los espacios entre nervaduras. El diseño formado sigue patrones típicamente islámicos, aplicados tanto a jardines, como en formas cerámicas semiesféricas. Según este esquema los arcos simples representarían los ríos del Paraíso y las diagonales los árboles del Paraíso; siguiendo un esquema similar al empleado algunos siglos después en el techo de Comares de la Alhambra. Todo este concepto nos lleva a concebir San Baudelio dentro del esquema islámico del Paraíso, no tan alejado del esquema cristiano del mismo siguiendo una línea apreciada hasta aquí en lo que a ambivalencia cultural se refiere".

Al hilo de esto he de señalar que la planimetría horizontal de sus nervaduras son muy similares al esquema geométrico grabado en el púlpito de la iglesia de la Virgen de la Peña de Ágreda (consagrada en octubre de 1193, aunque seguramente estaba construida mucho antes) y cuyo doble ábside, como la iglesia de Cerbón que imita a la griálica y mozárabe de San Juan de la Peña, recuerda a las iglesias coptas.

 

Iniciación

 

Pero retornemos al nicho de la columna. Gonzalo Moreno sugería que tal vez se guardaron allí reliquias u objetos muy valiosos; Teógenes Ortego parece inclinarse hacia la tesis de un ostensorio que mostraría una custodia, y Juan Zozaya estima que tal vez alojara al ermitaño o a algún estilita.

Juan García Atienza afirma, por su parte, que era un espacio iniciático supeior, como sucede con uno similar existente en la iglesia templaria de la Vera Cruz, en Segovia, en donde estarían el monje guerrero del Temple en la soledad meditativa: "un espacio equivalente a la columna de san Simeón el Estagirita o a las cuevas iniciáticas de los anacoretas del Bierzo o de la Tebaida. Una celda que, a un tiempo, contenía el simbolismo del árbol-columna y el beneficio de la pirámide-cueva. El lugar idóneo, pues, para que el neófito recibiera la iniciación en el saber y en el sentir superior".

Este investigador nos recuerda también que una celda de retiro iniciático similar se encuentra en Torres del Río, donde la llaman "linterna de los muertos", denominación muy apropiada "porque, en primer lugar, en todas las comunidades esotéricas y en todos los ritos mistéricos la iniciación supone un estado de `muerte´-para el mundo-, seguido de una resurrección, porque, sobre todo, esa iniciación supone que el neófito adquiere la luz -la linterna- de un conocimiento superior, que es el fin definitivo que persiguieron siempre las comunidades ocultistas".

Para Juan García Atienza la ermita de San Baudelio fue construida con un claro fin iniciático que se había establecido gradualmente: "El primer grado estaría en la misma nave. A ella tendrían acceso todos los eremitas de la comunidad. Allí tendrían lugar -en el ábside- los oficios y las oraciones comunes. Un segundo grado estaría ubicado en la caverna a la que se accede por el ángulo sur de la ermita... Allí el eremita estaría en contacto directo con la tierra, absorbiendo místicamente su esencia. Otro espacio iniciático lo constituiría la cámara que se adosa al pilar desde la tribuna. Allí, el adepto entraría ya en contacto inmediato con la imagen del Árbol de la Vida, representado en el pilar. Y, por último, pasaría un tiempo en la celda superior, en lo alto mismo del Árbol, beneficiándose tanto del influjo de su forma como de la pirámide-techo que tenía sobre él".

Nos adentramos, por tanto, en el campo del ascetismo y de la mística que hoy resultan tan incomprensibles y alejadas para el hombre moderno pero que, sin embargo, podemos escuchar en el fondo de nuestros corazones, o leyendo libros como el El misticismo. El hombre interior y lo inefable, de Aimé Michel que tuve la fortuna de leer en septiembre de 1982, y que he vuelto a ojear para bucear en el misterio de San Baudelio, ermita que me ha fascinado desde que la conocí siendo un adolescente, cuando todavía se podía subir por su escalerilla al coro.

 

Grial

 

Y todo lo señalado nos conduce al más sagrado de los símbolos arquetípicos de la búsqueda interior: el Grial-Graal-Gral. ¿Estuvo el Grial o una de sus copias guardado en el cupulín de San Baudelio? ¿Se guardó allí la griálica Mesa de Salomón que había estado en Medinaceli al ser llevada desde Toledo en el 711, adonde llegó con los visigodos proveniente de Toulouse-Carcasona después de que fuera llevada allí por Alarico al conquistar Roma, ciudad a la que Tito llevó tras saquear el Templo de Salomón, como he reflejado en Soria-Francia.De Numancia a Montségur, en la Revista de Soria del pasado otoño?.

Sea como fuere lo cierto es que el simbolismo del Árbol de la Vida nos conduce a la bebida de la inmortalidad arquetípica y universal: soma hindú, amrita budista, haoma iraní, ambrosía griego, hidromiel nórdico, bebida del Grial, sangre de Cristo..., etc.

Pero este acercamiento esotérico a San Baudelio, como indiqué al principio, es un homenaje a Juan Ignacio Sáenz Díez de la Gándara en su faceta arabista, así que vamos a referirnos a la tradición griálica en el Islam y su conexión con la arquitectura y pinturas de San Baudelio.

Hay un artículo esclarecedor y cuya lectura recomiendo a todo aquél que quiera profundizar sobre lo que voy a reseñar de forma muy resumida e incompleta, inevitablemente. Ese artículo, al igual que el resto del monográfico de la revista Cielo y Tierra de la primavera-verano de 1985, El Graal y la búsqueda iniciática, se titula El misterio del Graal a la luz del esoterismo islámico y lo firma Jordi Quingles.

Este autor entresaca unos textos del mejor relato caballeresco griálico, el Parzival de Wolfram von Eschenbach, y los enmarca en el esoterismo del Corán para su mayor comprensión (véase también El Islam y el Grial, de Pierre Ponsoye, ed. J.J.Olañeta, 1984).

De esta lectura se desprende que Wolfram von Eschembach cuando habla del castillo de Munsalvaesche acompañado de su hermanastro Feirefitz (nacido en Oriente de una reina negra cuando su padre, descendiente del rey Arturo, estuvo al servicio del califa de Bagdad), castillo en el que ve el Grial, está trasladando al plano caballeresco el Paraíso y la montaña sagrada Qâf del Islam. Era un castillo, dice Eschenbach, solitario, poseedor de todas las perfecciones terrenales y con muchas torres y salas. Dirijamos la mirada al friso profano de San Baudelio y veremos a un elefante portando un castillo con tres torres. Y el elefante expresaba en la Edad Media la sabiduría, la templanza, la piedad y la eternidad, todo ello muy griálico. En la India y el Tíbet incluso sostiene el universo, lo mismo que hace la Columna y el Árbol del Mundo, es decir, la "palmera" de San Baudelio.

El Grial es la "maravilla del Paraíso": vegetal, piedra y trozo de esmeralda de la corona de Lucifer caída (una piedra del rayo, antropológicamente hablando); todo ello a un mismo tiempo en el texto de Eschembach y símbolos que encontramos en la cosmología metafísica del esoterismo islámico.

En efecto, el primer mundo de la manifestación, Âlam al-Jabarût, lo preside el ángel llamado Espíritu en sus dos formas, Espíritu Santo y Trono glorioso. El Trono glorioso, que es el Trono de Dios, está hecho de luz y de esmeralda verde, como el Grial y la primera mesa que lo sostiene en el castillo. La sala de Munsalvaesche se encuentra el Grial es cuadrada, como muchos Centros-Corazón del Mundo y S.Baudelio. El Grial, en definitiva, viene a ser como el Espíritu en el Islam, un Árbol de la Vida, un Árbol de Luz, "símbolo del Rayo celeste que brilla en el centro del Paraíso, y que no es sino el Espíritu".

Todo lo dicho nos conduce a ver en el cupulín-exponsorio-relicario-linterna que corona la "palmera" (las palmas son símbolo de inmortalidad) una representación arquitectónica griálica. Parte de la iconografía religiosa expoliada también ratifican el simbolismo griálico del enclave, esta vez plenamente cristianizado. Por otro lado, la historia de San Baudelio ofrece elementos griálicos: floresta en la que fue muerto y bosque donde se le enterró junto a una fuente (Munsalvaesche se viene traduciendo como Monte Salvaje o de la Salvación); el arma asesina fue un hacha, tradicional "piedra del rayo", y quienes le martirizaron estaban adorando a Júpiter, esposo de Hera, cuyo emblema es el rayo.., se le representa bajo una palmera, etc.

La paloma del ventanal abocinado y decorado con rayos del ábside que baja hacia la luz envuelta en un óvalo es el Espíritu Santo, la Sofía de los gnósticos. La paloma, en Eschembach, desciende sobre una piedra de Muunsalvaesche en Viernes Santo depositando una hostia, aspecto "maternal" de la Esencia divina simbolizada en el Islam por una perla blanca. Además, bajo el ventanal se encuentra un ibis o garza, vinculadas en Egipto con Thot-Hermes, el dios de la sabiduría, aves que simbólicamente se relacionan con el fénix que, en el Islam, habita más allá de la montaña paradisíaca Qâf. El fénix, en Eschembach, renace de sus cenizas gracias al Grial.

 

Luna

 

Y decía al principio que San Baudelio parecía ser un templo lunar por su orientación equinoccial y la temática profana del friso inferior. En efecto, la paloma, el oso, las liebres, los perros de caza, los rayos, el hacha, los toros y hasta los leones, han sido animales y elementos de la Diosa Luna, incluso la gruta fue en la antigüedad utilizada como templo lunar en diversas culturas. Y los arcos de medio punto, y más los de herradura, son símbolos de la diosa Luna, es decir del principio femenino de la divinidad. En diversas civilizaciones orientales la media luna coronaba el Árbol de la Vida o Pilar, etc.

En la tradición hindú la bebida de la inmortalidad védica es el soma contenido en el samudra, un vaso que contiene la sangre del dios viviente, de Agni (el fuego), y que fue simbolizado por el vaso celeste que es la luna, que fue considerada como "el cáliz de la ambrosía divina que beben los antepasados y los dioses", según Alain Daniélou. "Aquí no estará de más recordar que la media luna, emblema por excelencia del Islam no simboliza otra cosa que el Grial, en su calidad de receptáculo de la Luz del Sol divino", concluye Antonio Medrano.

Por esas casualidades irónica de la vida fue el judío León Levi quien nos expolió las pinturas de San Baudelio. Y digo casualidad porque los levitas eran guardianes del dios del monte Sinaí (Montaña de la Luna) y la palabra Levi (consagrado) ya se usaba en inscripciones micénicas conectado al dios Ward que era el Dios de Amor y de la Luna. Además, el león, animal defensor de los umbrales e interiores del románico europeo, representa el aspecto feroz de la diosa Luna.