(Artículo del Webmaster, Ángel Almazán, publicado en su serie periodística "El Otro Lado", en "Soria Semanal", el 28 de noviembre de 1992).
San Saturio es el eremita visigodo del siglo IV que se retira a una cueva para meditar y enseñar a quienes a él acuden hasta su muerte. Saturio es una figura muy entrañable y querida por los sorianos, en cuyo trasfondo es el arquetipo del "Viejo Sabio" o "Personalidad Maná" quien está en el origen inconsciente de estos sentimientos, desde un enfoque junguiano.
San Saturio es la personificiación soriana del "Logos" del "Espíritu", ésto es, del Thot-Hermes egipcio, del Hemes Trimegisto griego; del Mercurio romano y de la alquimia; del dios céltico Lug y del nórdico Wotan. El arquetipo del "Viejo Sabio" está simbolizado por Lao-Tsé en el Taoísmo, por Merlín en las leyendas célticas del Grial y por el "Mago" y "Hechicero-Brujo-Chamán" de las leyendas.
Este arquetipo se encuentra en la psique masculina desde hace milenios y sigue manifestándose hoy día, especial mente en la cinematografía (cielo de "La Guerra de las Galaxias",por ejemplo) y en la literatura fantástica, como acontece en "EL Señor de los Anillos" de J.R. Tolkien.
En la psique femenina hay un arquetipo similar, que es la "Gran Madre", simbolizada por Isis, Ishtar, Astartc-, Cibeles, Gaia, Kalki, Freya, Santa Ana y la Virgen María ...
Este arquetipo también tiene su reflejo simbólico y material en la ermita de San Saturio, puesto que próxima a la capilla u oratorio de San Miguel (Hermes cristianizado) se encuentra la imagen de Santa Ana, la madre de la Virgen María, esto es, la "Gran Madre", que antaño tenía una ermita más arriba, en el monte que hoy lleva su nombre y que se llamaba anteriormente de "Peñalba", la "Peña del Alba", que preludia el renacimiento interior que posibilitan ambos arquetipos.
El Ermitaño del tarot
Uno de los símbolos herméticos más completos del "Viejo Sabio" se encuentra en la carta novena del Tarot, el libro de imágenes más antiguo del mundo, del que se dice que fue Thot-Hermes su creador.
La versión más esotérica es la del llamado "Tarot de Marsella" que representa al Ermitaño o Eremita como un anciano barbado con vestimenta de monje, portando con la mano derecha una lámpara (el candil de Diógenes y de Hermes) y sosteniendo en su izquierda un bastón serpentina.
La junguiana Sallie Nichols dice, al respecto, lo siguiente: "En la terminología junguiana el Ermitaño representa el arquetipo del "Viejo Sabio". AL igual que Lao-Tsé, cuyo nombre significa "anciano", el fraile aquí representado encarna una sabiduría que no se halla en los libros. Su don es elemental y no tiene edad, como el fuego de su lámpara. Es hombre de pocas palabras, vive en el silencio de la soledad, el silencio anterior a la creación, sólo del cual puede tomar forma un nuevo mundo. No nos trae sermones, se ofrece a sí mismo. Por su simple presencia ilumina la búsqueda tenebrosa del alma humana y calienta los corazones vacíos de esperanza y de sentido".
El Ermitaño nos ofrece la iluminación individualizada,"una experiencia no limitada a santos canonizados, sino alcanzable, en algún grado, para toda la humanidad", agrega Sallie Nichols. Su luz y conocimientos "disipan el caos espiritual y la oscuridad" del mundo desacralizado en el que vivimos, llamado "Edad de Hierro" por Hesíodo y "Kali-Yuga" ("Edad Oscura") en el Hinduismo.
"En los mitos y en los cuentos de hadas, cuando el héroe que va en busca del tesoro ha perdido su camino o ha vencido en una prueba, suele aparecer el Anciano que le entrega nueva luz y esperanza", señala.
También aparece en nuestros sueños.
El Ermitaño nos enseña a buscar la introversión de la energía psíquica para resolver problemas vitales, nos muestra el camino de la "cueva-útero" materna para renacer mediante la intronspecci6n psicológica y volver, luego, al mundo externo con un nuevo sentido de la vida y un significado nuevo de nuestra personalidad más intima. El Ermitaño nos insinúa la necesidad de un retiro espiritual conscientemente buscado para liberarnos de cargas psicológicas, enfrentarnos a nosotros mismos y encontrar en nuestro interior al verdadero YO, el "Sí-Mismo", al que hay que aceptar como verdadero rector de nuestra vida.
El "Viejo Sabio"
El Ermitaño del Tarot es la carta número nueve y, por tanto, su simbolismo le afecta. Del nueve cabe destacar que es la cota máxima alcanzada por un único número y antecede al 10, el número perfecto, el del Sí-Mísmo. Es también el número de la gestación humana física y psíquica en diversos rituales íniciáticos. Los discípulos de Apolonio de Tiana lo tenían como amuleto y consideraban la hora nona como tiempo de silencio. En los Misterios de Eleusis los neófitos realizaban las pruebas en nueve días. Los romanos purificaban a sus infantes varones en- el día noveno y enterraban a sus muertos nueve días después de fallecido. En el catolicismo existen aún las novenas.
El arquetipo del "Viejo Sabio", en definitiva, representa "el sentido preexistente y oculto en la vida caótica", según Jung. Es el arquetipo del sentido, del significado, del Tao, de la Sabiduría, del Logos y, por tanto, amplía la conciencia al convertir en conscientes muchos contenidos inconscientes y transforma la personalidad enriqueciéndola y aportando una autonomía y madurez "poco comunes", según Antonio Vázquez.
El "Viejo Sabio" enseña al "yo" conocimientos ancestrales y vivificadores, como cuenta la leyenda que hizo San Saturio con su discípulo San Prudencio durante sus últimos siete años, un número también mágico y vinculado con la apertura de los siete "chackras" o centros de conciencia del cuerpo "etérico-psicoide-cuántico