EL TEMPLE Y LA ALQUIMIA EN
RENÉ GUÉNON

R. Guénon, en el libro de Chacornac (Ed. Obelisco)

 

 

¿QUIÉN FUE RENÉ GUÉNON?

 

 

René Guénon, de Daniel Bonet, Cielo y Tierra, nº 5, 1983.

"El estudio de las doctrinas esotéricas en el Occidente contemporáneo tiene en René Guénon a una de sus figuras más destacadas. Incluso podría afirmarse que el enfoque de estas cuestiones admite una clara distinción entre un antes y un después de la obra guenoniana. Su labor principal consiste en haber realizado una necesaria síntesis clarificadora de lo que representa el verdadero esoterismo.

(...) Dentro de su labor esclarecedora, el principal tema a considerar es la idea de Tradición, que para Guénon no es un concepto meramente histórico (sería ésta la idea de "tradicionalismo"). Lo que el término Tradición expresa es la relación de lo humano con la Verdad Divina, ya se trate del ser humano individual o de la colectividad social que lo engloba. Distingue asimismo entre la Tradición Primordial, situable (metahistóricamente) en el origen mismo del actual Ciclo humano y las distintas formas tradicionales derivadas de aquella primera por transmisión (recordemos que "Tradición" viene del verbo latino Tradere: transmitir), e históricamente localizables, aunque de carácter trascedente.

Las implicaciones de esta perspectiva son complejas y de gran interés. Destaca en primer lugar la idea de Universalidad. Ya que no sólo se trata de hacer referencia a la Verdad Universal común a todas las tradiciones espirituales (los datos aportados por Guénon son conformes a las enseñanzas de esas tradiciones), sino de mostrar cómo esa verdad no puede ser directamente captada por la razón (individual), pero sí mediante la intuición intelectual (suprarracional y universal), noción ésta de raigambre platónica y casi olvidada en nuestra época. En resumen, pues, toda Tradición sagrada sería, por origen y esencia, de carácter "no humano".

Cabe distinguir por otra parte (con más o menos precisión) en toda tradición ortodoxa, un aspecto exterior (exotérico) y otro interior (esotérico) que refieren especialmente las doctrinas metafísicas. La iniciación es una vinculación espiritual de carácter esotérico y tradicional de la que también se han ocupado los escritos guenonianos.

Otra de sus grandes aportaciones son los estudios sobre Simbolismo. Esto es comprensible teniendo en cuenta que los símbolos son el lenguaje metafísico por excelencia, dada su capacidad mediadora entre el mundo sensible y el intelectual, y su polivalencia capaz de abarcar los distintos órdenes de la Realidad.

Junto al Testimonio de los Principios tradicionales, es comprensible su implacable crítica del mundo "moderno", el cual supone el triunfo de lo cuantitativo, del materialismo y de la pseudoespiritualidad. Un mundo donde, en definitiva, prevalece el punto de vista profano: la noche se cierne sobre la presente humanidad y, en medio de gran confusión, se anuncia el alba de un nuevo ciclo humano.

El gran mérito de René Guénon estriba en haber sido testigo, en nuestro tiempo, del Reino del Espíritu, de la Tradición que, en sus propias palabras es "perpetua y unánime" (...) Su misión (su "función") ha consistido en transmitir y comentar a través de sus libros las Doctrinas metafísicas tradicionales, no en aportar una enseñanza práctica (como Maestro espiritual). Ha sido, en ese sentido, el gran y riguroso "teórico" (Theoría, "contemplación" en griego) que nos ha recordado la realidad de lo trascendente e inexpresable, el valor de la interioridad y la contemplación. "No tengo otro mérito que el haber expresado lo mejor que he podido ciertas ideas tradicionales", afirmaría Guénon."

 


 

La vida simple de René Guénon, de Paul Chacornac (Ediciones Obelisco, 1987). "Prólogo".

"Vamos a hablar de un hombre extraordinario en el sentido más estricto de la palabra. Pues no es posible definirlo ni "clasificarlo".

Aunque no fue un orientalista, nadie mejor que él conocía el Oriente. No fue un historiador de religiones, aunque supo, más que nadie, hacer salir a la luz el fondo que todas tienen en común y la diferencia de sus perspectivas. Tampoco fue un sociólogo, aunque nadie analizó con más profundidad las causas y los males que padece hoy día la sociedad moderna y por las cuales perecerá sin duda, si no se aplican los remedios que él indicó. No fue un poeta, aunque un adversario suyo reconoció que su obra era como un encantamiento capaz de satisfacer la imaginación más exigente. No fue un ocultista, aunque abordara temas que antes que él se englobaban bajo la denominación de ocultismo. Y sobre todo no era un filósofo, a pesar de haber enseñado filosofía y haber sabido demostrar la inanidad de los sistemas filosóficos cuando los encontró en su camino.

René Guénon, en EgiptoSe podría decir que fue un metafísico. Pero la metafísica que él exponía tenía muy poco que ver con la de los manuales, así es que no podemos calificarlo como tal, sin provocar un grave malentendido.

A parte de esto, él mismo escribió que no podía aplicársele ninguna de las etiquetas habituales en el mundo occidental.

Este hombre extraordinario por su inteligencia y su saber fue, durante toda su vida, un hombre oscuro. Jamás ocultó un puesto oficial; sus obras no conocieron nunca las grandes tiradas editoriales y tampoco figuraron en las revistas importantes. A veces se ha dicho que a su alrededor se hizo la conspiración del silencio. Quizá. De todos modos él nunca hizo nada para romperla y ciertamente no le disgustaba".

 


 

René Guénon, el último metafísico de Occidente, de Armando Asti Vera, en el estudio preliminar de la edición del libro de René Guénon, en Editorial Universitaria de Buenos Aires, Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, 1988.

 

"Mucho menos peligroso y comprometedor que enfrentar en el campo de la polémica a un adversario de la erudición y la penetrante inteligencia de Guénon, es correr sobre su nombre y su obra un velo de silencio. La consigna parece haber sido no discutirlo y, por supuesto, tampoco citarlo. Ésta ha sido la actitud más corriente de quienes tenían la obligación de expedirse acerca de una obra intelectual cumplida a lo largo de treinta años.

Múltiples son las razones de esta permanente hostilidad hacia el hombre y su obra, y entre otras razones las hay de orden personal y general. Las primeras no pueden haber sido numerosas ni importantes, porque quienes le conocieron elogiaron sin reservas su natural bonhomía y su generosidad y, además, los veinte últimos años de su existencia transcurrieron en su voluntario exilio de El Cairo. Veamos algunas de las razones de orden general:

  1. Su implacable crítica a la civilización occidental y, en particular, al mundo moderno, intolerable para los representantes del "modernismo" (...).
  2. Su denuncia del cientificismo de nuestro tiempo -al que llamó "el reino de la cantidad"- como resultante del carácter anormal (por "no decir monstruoso" -agregaba-) de la civilización occidental.
  3. Sus estudios sobre el neoespiritualismo contemporáneo, sobre todo el teosofismo y el espiritismo.
  4. Su aristocracia espiritual reflejada en la tesis de que la salvación de Occidente requiere la formación de una élite intelectual, que provocaría la reacción de quienes han sido fascinados por la industria, la tecnología y la divulgación científica con sus medios masivos de comunicación.
  5. Su crítica al orientalismo academicista y a sus métodos (la erudición, el método histórico y la filología), considerados como deformadores del auténtico pensamiento de Oriente.
  6. Sus estudios sobre la masonería tradicional (que perdió a partir del siglo XVIII su carácter operativo para convertirse en masonería especulativa) en los que criticó duramente el progresismo y el culto de la razón que priva en las modernas organizaciones masónicas.
  7. Sus estudios sobre los aspectos esotéricos del cristianismo y su tesis de que la Iglesia católica podía constituirse en el medio adecuado para realizar en su seno el reencuentro de Occidente con los principios trascendentes tradicionales. Su prédica para que el catolicismo recupere su perdida dimensión metafísica (esotérica) suscitó reacciones en el modernismo católico hasta el punto de obligarle a interrumpir su labor en la revista católica Regnabit.
  8. Sus estudios sobre el simbolismo tradicional de Oriente y Occidente -reunidos posteriormente en sus libros El simbolismo de la cruz y Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada-, incomprensibles para los hombres de una época que ha perdido la "mentalidad simbólica".

 

 

LOS TEMPLARIOS, SEGÚN RENÉ GUÉNON

Templarios en el Castillo de Ucero

 

 

LA ALQUIMIA, EN RENÉ GUÉNON

Cuadratura del Círculo