En una bula del papa Alejandro III, despachada el 10
de octubre de 1170, se cita la existencia, en Castilla y en la
diócesis de Osma, del convento templario de San Juan
de Otero, citada posteriormente por Rades de Andrada (1572),
Argote de Molina (1588) y Pedro Rodríguez de Campomanes
(1747), entre otros. Tradicionalmente se ha tenido a la actual
ermita de San Bartolo o San Bartolomé
como la iglesia de ese cenobio templario.
El siguiente documento conocido que hace referencia a este enclave data de los tiempos del segundo maestre de Calatrava, el riojano frey Fernando Escaza, tuvo lugar la contienda entre él y frey Hermindo, maestre del Temple, acerca de los bienes y herencia de frey Fernando Núñez de Fuentearmegil (localidad situada entre Ucero y El Burgo de Osma) en la burgalesa Melgar de Herramental, que había recibido el hábito templario en San Juan de Otero, en la diócesis de Osma, y tiempo después abandonaría el Temple para tomar el hábito de Calatrava, en la que había muerto. El papa Alejandro III dejó la solución del caso en manos del obispo de Osma y del abad de San Pedro de Cardeña, según un rescripto visto por Rades de Andrada .
Los bienes en litigio los había heredado de su padre Nuño Garcés de Fuentearmejil y de su madre Teresa Fernández, "por donde parece (conforme al tiempo y a los apellidos) que este Frey Fernan Núñez fue hermano de Pero Nuñez de Fuentealmexir, de quien se trata en la Crónica General, y de quien descendió Pero Núñez de Avellaneda, señor de Aza y de Iscar", señala el cronista soriano calatravo, Francisco Rades de Andrada, quien de este modo nos da el nombre del único caballero templario soriano conocido por la historiografía soriana.
Así, pues, tenemos que entre 1169 (fecha del inicio del magisterio de frey Fernando Escaza), y 1170 (fecha al parecer del rescripto papal), tuvo lugar el conflicto entre calatravos y templarios por frey Fernando Núñez de Fuentearmegil, que había muerto y que, por lo tanto, es de suponer que hacía un buen número de años que había profesado como monje en el convento templario de San Juan de Otero.
¿Desde cuándo existía este convento entonces? Gil Gonzalez Dávila nos dice que ya estaba en marcha durante 1150 y a tenor de las fechas que aporta Rades de Andrada es totalmente admisible la data que aquel cronista oxomense daba en 1618.
¿Dónde estaba San Juan de Otero? Diversas localizaciones se han dado siendo la más aceptada la aportada por Loperráez (¿la copiaría de Argaiz?) que lo situaba donde hoy está la ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, en Ucero.
Ahora bien, es posible que inicialmente existiera el convento en la cima donde se asienta el castillo de Ucero (levantado a mitad del siglo XII por el Temple, según estima Florentino Zamora) y en la que hay restos de una iglesia, y que posteriormente al crearse el señorío de Ucero a comienzos del siglo XII (si se acepta que Juan González fue el primer señor de Ucero y que estuvo en Las Navas de Tolosa, en 1212) o mediados del siglos XII (si se considera que sus primeros señores fueron los Villamayor) los monjes-guerreros del Temple optaron por buscarse otro lugar más tranquilo para sus ritos más místicos en lo que conocemos como ermita de la antigua abadía de San Bartolomé, así llamada desde al menos 1477 según el documento más antiguo en el que consta la existencia de dicha abadía (¡siglo y medio después de la extinción del Temple!).
Esta doble ubicación de San Juan de Otero que sugiero podría ser posible puesto que la ermita de San Bartolomé de Ucero, en la que aflora un simbolismo templario fuera de toda duda tanto en la escultura como en los signos lapidarios, es una obra protogótica del siglo XIII, finalizándose hacia 1225, siendo contemporáneo de San Polo de Soria, según J.Mª Martínez Frías y J.A. Gaya Nuño, aunque Marco Antonio Garcés y María Elena Saínz Magaña estiman que la iglesia primitiva de San Polo bien pudo ser reformada por los templarios a finales del siglo XII agregando el ábside rectangular con bóvedas de crucería francesa.
La ermita se encuentra en uno de los Centros Mágicos de la Península Ibérica, en pleno corazón del Cañón del Río Lobos, Parque Natural, y con ello está todo dicho acerca de la riqueza patrimonial faunística, geológica, en flora..., etc, siendo obligada la visita al Centro de Interpretación de la Naturaleza, en Ucero, para tener una visión global sobre este Parque Natural.
En este enclave privilegiado, fácilmente protegidas
las entradas al Cañón, y en medio de farallones,
con la sola mirada de los buitres leonados y las águilas
reales, los Templarios pudieron llevar a cabo sus ritos esotéricos
más iniciáticos, a la par que plasmaron todo un
simbolismo tradicional en la estructura arquitectónica
del templo, así como en sus canecillos y, sobre todo, en
los dos pentáculos invertidos dentro de un círculo
mandálico que esconden, al mismo tiempo, diez corazones,
y para cuya interpretación, inevitablemente hay que acudir
al sufismo y a
la alquimia.
Es tal la profusión de símbolos iniciáticos en los canecillos que el lector advertido queda realmente alucinado ante todo ello. Incluso se puede encontrar un par de grafitis similares a los que el último Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, y sus compañeros insculpieron en la torre francesa de Chinon poco antes de ser quemados en la hoguera.
La Cruz de las Ocho Beatitudes del Temple, la más criptográfica de todas y eje de un alfabeto oculto, se encuentra junto a dos cabezas de caballeros templarios y una serie de rombos (imagino que blanquinegros en su época) en un canecillo interior.
El crismón jacobeo del ábside es el signo de la cofradía de constructores Hijos del Maestro Jacques. Y el lobo, tan abundante iconográficamente, era uno de los tres grados iniciáticos de tal Cofradía, además de ser el animal emblemático del gran dios pancelta Lug, omnipresente en los "lugares de poder", plenos de telurismo, como acontece aquí. A Lug, por cierto, le rendían culto los celtíberos de Uxama, sita a 15 kilómetros, en El Burgo de Osma, como patentiza una estela que se guarda en el Museo Numantino.
En los canecillos están expresados Géminis, Parejas Iniciáticas, el Laberinto, Pan, la Transmutación del Sexo, Cáncer, el Silencio Iniciático, un bafomet cuaternario, la numerología sacra, etc...
Todo un legado secular del Arte y Saber Sagrado.