
En Soria capital dice la tradición que el antiguo monasterio de San Polo fue templario. José Vicente Frías y Balsa sugiere que acaso fuese una bailía templaria aragonesa, y Gustavo Adolfo Bécquer situaría entre sus muros y huertas la leyenda de El Rayo de Luna, al igual que localizó otra leyenda romántica en la colina que domina la iglesia y el claustro de San Juan de Duero (que tal vez fuese de origen templario antes de ser sanjuanista-hospitalario) y que tituló con su topónimo, El Monte de las Ánimas.
Por cierto que el topónimo San Polo derivaría de San Pablo, según la explicación ortodoxa. Juan García Atienza sugiere que rememora al dios hiperbóreo Apolo, de igual modo que San Saturio (cuya ermita se encuentra a doscientos metros, aguas abajo) recordaría a Saturno, el dios de la Edad Dorada que Virgilio añorara. La leyenda hiperbórea, que los esotéricos vinculan en cierto modo al Temple, es recurrente en este caso particular, especialmente si se hace mención al simbolismo polar.
Del viejo monasterio hoy tan sólo queda su iglesia, como acontece con San Juan de Otero en su ermita de San Bartolomé, dentro del Cañón del Río Lobos. De su arquitectura cabe destacar la originalidad de las bóvedas, cuyas plementerías y nervios fueron construidos a comienzos del siglo XIII con ladrillo, al modo mudéjar y en la línea del cercano San Juan de Duero, sito doscientos metros aguas arriba del Duero. Esta complicidad mudéjar se da también en la parroquial de Castillejo de Robledo, en la iglesia soriana de San Miguel, en Almazán, y en la localidad de Ágreda, barbacana con Aragón, poblaciones todas ellas con tradición templaria, al igual que existe una nota mudejar en la ermita de San Bartolomé en lo que respecta a sus inquietantes pentáculos invertidos.
En el Archivo Histórico Nacional consta en los documentos de la Cofradía del Temple que existían templarios en la ciudad de Soria en el siglo XIII, y los había naturales de Soria, de Almazán y del Burgo de Osma, consignándose además los bienes que cada uno de los caballeros donó al ingresar en la Orden, según Marco Antonio Garcés.
Gustavo Adolfo Bécquer recogió la tradición de la presencia templaria en una de las orillas del Duero cuando escribió lo siguiente: "Sobre el Duero, que pasa lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río".
Se cree que el Temple monopolizaba el acceso a la cueva de Peñalba sobre la que se construyó la ermita de San Miguel de la Peña, en la que quiere la tradición que viviera el anacoreta visigodo San Saturio, patrrono de la ciudad de Soria, bajo cuya advocación se encuentra el templo desde el siglo XVI y que, curiosamente, repite la estructura octogonal arquetípica del Temple.
El busto-relicario de San Saturio ha sido comparado por Juan García Atienza al bafomet templario (figura sobre la que se meditaba herméticamente). Ampliando esta versión he expuesto en la prensa local el simbolismo alquimista de esta representación iconológica relacionándola con la fase de la nigredo y el papel desempeñado por Saturno y Osiris entre los alquimistas del Arte Real.
Por otra parte, desde un enfoque junguiano es evidente la conexión existente entre San Saturio y el arquetipo del Viejo Sabio, expresado en el Tarot en su novena carta, El Ermitaño. Juan García Atienza ha destacado, al respecto, que a esta carta le corresponde la letra Thet del alfabeto judío en su versión cabalística que, en su opinión, "fue a su vez símbolo y guía de los monjes del Templo de Salomón bajo la forma de la Tau". Curiosamente, a la salida de la ermita de San Saturio, bajo una pequeña talla pétrea de una virgen morenilla, se encuentra esculpida la Tau.