A mí, particularmente, me interesa mucho más el esoterismo templario que el aspecto histórico. ¿Existió realmente un esoterismo templario o ha sido creado en los dos últimos siglos por neotemplarios, ocultistas y simbólogos..? Yo creo firmemente que existió un círculo templario plenamente iniciático, reducido sí, pero real y con un profundo conocimiento hermético y alquimista teórico y práctico.
Sigo así a autores de la autodenominada corriente esotérica tradicionalista como René Guenón y Julius Evola, pero también acojo las investigaciones de Louis Charpentier y Gérard de Séde, así como la de los españoles Juan García Atienza y Rafael Alarcón, entre otros. Por tanto éstos son los autores que recomiendo encarecidamente si se quiere llegar al trasfondo del esoterismo templario y de su simbolismo "polar", "solar" y griálico, añadiendo -si se me permite- mi ensayo-novelístico Los Códices Templarios de Río Lobos. Los Custodios del Grial (Sotabur S.L, Soria, 1997).
El Temple, visto así, aparece como un instrumento eficaz para aplicar en los reinos cristianos europeos y medievales una cosmovisión iniciática en la que diferentes arquetipos del Inconsciente Colectivo -en la terminología de la Psicología de Jung- pudieron plasmarse fácilmente en el último estilo románico y en el gótico de las catedrales, pero también en la literatura caballeresca del ciclo arturiano-griálico. La cúpula iniciática rectora del Temple conocía la Kábala judía, la alquimia hermética, los evangelios gnósticos, el neoplatonismo, el sufismo islámico, la magia de las runas nórdicas y hasta el Tantra védico, posiblemente. Es decir, conocieron lo mejor de lo mejor del esoterismo. Y eso es lo que me atrae de ellos.
El círculo de iniciados del Temple protegió a las cofradías de constructores para que pudieran expresar el simbolismo esotérico en templos edificados en puntos energético-telúricos, combinándose así ambos componentes para propiciar una elevación del alma y del espíritu, un estado alterado de conciencia, un mejor aprovechamiento de la psique y del hemisferio derecho cerebral-
Esta iniciación afectó inconscientemente a la mayoría de las personas que observaron las figuras labradas en los capiteles, canecillos.., etc, y en aquellos que penetraban en los templos; pero sobre todo benefició a los alquimistas y buscadores esotéricos. Y todavía sigue viva esa magia, de ahí el éxito actual del Camino de Santiago Francés y de los Mil Caminos de Santiago encaminados hacia él o hacia Compostela y Noia, sembrados del mejor románico y gótico en el que hay que ver detrás a la Orden del Temple (en un gran número de templos góticos).
Este simbolismo pétreo posibilita que nuestro Yo consciente pueda contactar con el Inconsciente Colectivo y sus arquetipos teniendo como mediador a un arquetipo muy específico, el Anima en el caso del hombre y el Animus para la mujer. El Anima es lo que Goethe llamaba Eterno Femenino, es la Mujer Interior, la Beatriz de Dante, un núcleo energético muy poderoso que guía al hombre en su búsqueda interior de su verdadero centro, el Sí-Mismo, la "chispa divina" que todos llevamos dentro. La Virgen María cumple esta función arquetípica y también la de la Gran Diosa Madre; los templarios iniciados lo sabían, de ahí, también, que promovieran las leyendas del Grial y del rey Arturo y que protegiesen a los minnesinger germanos y trovadores occitanos.
En Soria, por ejemplo, este tipo de iniciación está propiciada por el simbolismo y telurismo de los enclaves templarios de la ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, o en la parroquial de Castillejo de Robledo. Asimismo se intuye un simbolismo griálico en la leyenda soriano-burgalesa de Los Siete Infantes de Lara, según Juan G. Atienza.
En general todas las catedrales de Castilla y León, así como un gran número de templos, posibilita la inmersión del Yo consciente en el universo arquetípico del Inconsciente Colectivo. Los alquimistas y hermetistas, en general, utilizan una terminología incomprensible para el profano cuando se refieren a la transmutación de la energía sexual y psíquica en pro de una expansión del Yo y una integración lo mayor posible de éste con el centro rector de la psique el cual, por ejemplo, está simbolizado por rosetones tan magníficos como los de las catedrales de Burgos, León y El Burgo de Osma (Soria). Es una meta espiritual, en definitiva, que podemos a grosso modo y por simplificar encuadrarla en la denominada Filosofía Peremne y que ciertamente es difícil de captar y aprehender hoy día.
Aviso para navegantes que dado que la terminología psicológica junguiana aún es comprensible por muchos occidentales, por ello la he empleado en esta Web, aunque particularmente prefiero la concepción iniciática tradicional de René Guénon, para quien, con la desaparición del Temple se extinguió la comunicación iniciática de Occidente con Oriente.
Para tranquilidad y conocimiento del navegante de esta Web puedo asegurar que no pertenezco a ninguna asociación u orden neotemplaria, ni nada por el estilo. Soy periodista independiente y, eso sí, debido a la colaboración prestada con la OSMTJ en la organización del I Simposio Internacional del Temple en Soria se me otorgó la Gran Cruz al Mérito Templario.