En la ponencia de Rafael Alarcón Herrera del I Simposio Internacional del Temple, celebrado en Soria entre el 16-19 de julio 1992, se explicaba que en toda Europa únicamente fue en España donde los Templarios echaron manos de sus armas para defenderse "ante los requerimientos de las monarquías a entregar sus posesiones y ponerse bajo la custodia de los funcionarios reales", y que el pueblo les ayudaba. Los dos focos principales de esta resistencia fueron Aragón y Castilla. El Papa se vió forzado incluso a enviar una bula específica al rey de Castilla Fernando IV el Emplazado, "Ad omniun fere notitiam", para que los Templarios entregasen las fortalezas de Alcañices, Faro, Ponferrada y San Pedro de Latarce.
La resistencia de los templarios ante la realeza hizo que, por un sencillo mecanismo psicológico conocido como "proyección", el pueblo llano idealizase al Temple y vieran en los Templarios muertos a una especie de mártires defensores de la justicia auténtica, en opinión de Rafael Alarcón. En el castillo zamorano de Alba de Aliste, por ejemplo, el Temple resistió desde 1308 a 1310, año en el que la Orden fue absuelta en el Concilio de Alcalá de Henares y el de Salamanca, a expensas -eso sí- de lo que pasara en el Concilio de Vienne que, como se sabe, disolvió el Temple basándose en calumnias y falsos testimonios de herejía y de sexualidad desviada, triunfando así el vil complot organizado en Francia por Felipe el Hermoso y secundado por el Papa Clemente V.
En 1308 los castillos de la Orden del Temple en Castilla y León eran, cuando menos, los siguientes, según Gonzalo Martínez Díez: Faro, Ponferrada, San Pedro de Latarce, Alba de Aliste, Alcañices, Montalbán, Villalba de Bolobras, Alconétar, Benavente de Sequeros, Caravaca, Cehegín, Bullas, Capilla, Almorchón, Garlitos, Jerez de los Caballeros, Alconchel, Burguillos, Valdencia del Ventoso y Fregenal de la Sierra.
Como ya se ha dicho, el Concilio Provincial de Salamanca declaró libres a todos los templarios de la región administrativa de Castilla-Portugal y en él se decretó que podían ingresar en otras ordenes sin problema alguno, aunque los bienes pasaron a la corona tras el Concilio de Vienne y la realeza, por otro lado, repartió bastantes posesiones entre diversas ordenes militares, como la de Calatrava, fundada en la localidad soriana de Almazán (1158) o la de Santiago, cuyo reconocimiento eclesiástico oficial tuvo lugar en Soria capital en 1172.
Así, por ejemplo, durante el mandato del Gran Maestre de Calatrava frey Garcí López de Padilla, de la casa soriana Padilla de Calatañazor, los bienes templarios en Soria pasaron a formar parte de la Orden de Calatrava, en 1320, según José María Oria de Rueda García, aunque desafortunadamente no informa acerca de la fuente bibliográfica en la que ha obtenido tan importante dato, posiblemente inexacto.
Sabemos, por contra, que el mandato papal, de 1317, referente a que las posesiones templarias en la corona de Castilla pasaran a los Hospitalarios de San Juan no fueron respetadas por los reyes castellanos que, incluso antes de la disolución del Temple, se apropiaron de los bienes templarios para donarlos a quienes querían (obispos, nobles, etc), de tal forma que los Hospitalarios estuvieron pleiteando incluso hasta 1479. En Soria los Hospitalarios poseyeron, entre otras propiedades, el monasterio de San Juan de Duero (en la capital), otro monasterio en Almazán y el castillo de Castillejo de Robledo.
El 25 de mayo de 1310 el obispo de Osma recibió una carta de los seis prelados comisionados por el Papa, recabando su colaboración para conocer el inventario de bienes templarios de la Orden del Temple en la diócesis, inventario que por desgracia ha desaparecido aunque esperemos que algún día aparezca en algún archivo: tal vez en la misma catedral puede que exista una copia del mismo.
En la respuesta del obispo de Sigüenza se decía que no existían posesiones templarias en las villas y aldeas sorianas de Medinaceli, Almazán, Berlanga de Duero y Caracena ni en el resto de la diócesis de Sigüenza. Pero esta respuesta no me resulta creíble puesto que la connivencia existente entre los obispos y el poder real era, para ciertos asuntos, mayor que la existente con el Papa.
Tal sospecha parece ratificarla el siguiente texto del historiador Gerónimo Zurita: "Mas los Lugares y Castillos que la Orden del Temple tenía en los Reinos de Castilla fueron ocupados parte por Cavalleros de las Ordenes de Uclés y Calatrava, y de otros se apoderaron algunos Ricos-hombres, y ciudades que estaban en las fronteras de los Moros, y los de la Orden del Hospital no pudieron apoderarse de ellos (...) Y en su tiempo, habiendo sido anulada la Religión Militar de los Templarios, los bienes, casas y rentas que poseían en este Obispado de Sigüenza fueron adjudicados algunos a la Corona Real, y otros a otras Ordenes, sin duda con intervención y consejo del Obispo".
Y sabemos también que debido a la reiterada solicitud de los papas ante los reyes castellanos para que diesen las posesiones templarias a los Hospitalarios, Pedro el Cruel determinó enviar una embajada suya ante el recien elegido Inocencio VI, formada única y exclusivamente por dos sorianos: Juan Hurtado de Mendoza (señor de Almazán) y Gómez Fernández de Soria. La entrevista tuvo lugar en Avignon en diciembre de 1353, puesto que el día 23 el papa remitió una carta a Pedro I de Castilla señalándole que los embajadores castellanos le darían cuenta de las conversaciones habidas respecto a los bienes del Temple en el reino de Castilla y que reclamaban los sanjuanistas. Pedro el Cruel desatendería una vez más tales reclamaciones, como harían igualmente sus sucesores.