EN TORNO A MARIA

 

 

En el ocho de diciembre se festeja en el mundo católico una de las grandes celebraciones marianas: el dogma de la Inmaculada Concepción. En la provincia de Soria existe una gran devoción hacia la Inmaculada; devoción que hunde sus raíces en la Edad Media y que se ha mantenido desde entonces, como evidencia el gran número de sorianas que portan su nombre hoy día. En este artículo destacaremos dos hitos fundamentales: el Beato de Osma y la Mística Ciudad de Dios, de Sor María de Jesús de Agreda, la "Venerable".

La diócesis de Osma tiene bastante que ver con la devoción española a la Inmaculada Concepción. Desde el obispo Heterio (S.VIII) hasta el prelado Vicente Horcos (S. XIX), dieciocho han sido los obispos oxomenses que han defendido este dogma de fe antes de que fuese definido el 6 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX. El obispo Eleta, por ejemplo, influiría decisivamente en el rey Carlos III, muy devoto de la Inmaculada, para que instase al Papa en el estudio y aprobación del dogma, así como en la causa de santificación de Palafox y Mendoza.

La Mística Ciudad de Dios, que fue un best-seller, es la mayor manifestación literaria de hiperdulia (culto mariano) que conozco y en ella se habla del dogma que hoy nos ocupa a lo largo de toda la obra, pero muy especialmente en el capítulo 15 del primer libro, titulado De la concepción Inmaculada de María Madre de Dios por la virtud del poder divino. Y ya sabemos que nuestra mística soriana ejerció una notable influencia espiritual en Felipe IV, de la que fue su consejera política también.

El convento que ella fundara en Agreda es concepcionista y existe otro dedicado a la Purísima Concepción en Berlanga de Duero. Asimismo cabe citar las ruinas de la Virgen de la Concepción del Monte o Virgen del Paul, sita en el limite de Castillejo de Robledo y La Vid, de la que ya hablamos el 4 de septiembre y cuyo origen data del siglo XII, existiendo sobre ella la leyenda de que fue el primer templo español dedicado a la Inmaculada Concepción.

Pero hemos hablado primero del Beato de Osma. Ya lo hicimos en su día al referirnos a Santiago Apostol.. Ahora toca referirlo al dogma de la Inmaculada Concepción. Como se sabe, los Beatos son códices medievales que tienen como original a los Comentarios al Apocalipsis escritos por Beato, abad de Liébana entre el 776 y el 786, y que estaban dedicados a Heterio, obispo de Osma, que se había refugiado en Liébana huyendo del Islám y que supo rodearse de clérigos oxomenses, por lo que Teófilo Portillo -tras recordar que la primitiva iglesia de San Miguel, luego monasterio de Santo Toribio de Liébana, fue fundado por clérigos oxomenses muy especialmente-, plantea la pregunta de si Beato lo era también.

Pues bien, como nos ha recordado Frías Balsa, el profesor Timoteo Rojo Orcado tiene descrita una imagen de la Inmaculada que aparece en el folio 117 vuelto del Beato de Osma (fechado en 1086 y cuya primera constancia documental de su existencia en la catedral burgense es de 1300). Corresponde esta miniatura bellísima realizada por Martino a la imagen apocalíptica del capítulo 12, versículos 1 a 18, de la que Timoteo Rojo dice lo siguiente: "A toda plana, con fondo amarillo. A la derecha la mujer de pie sostiene al recien nacido con las manos plegadas sobre el vientre; tiene la luna a sus pies, el disco rosado y pálido y al sol rojo y radiante encima de su cabeza, y sobre él doce estrellitas, en dos series verticales y no formando corona".

Cerca del lugar donde se halla a buen recaudo el Beato de Osma -que puede ahora estudiarse gracias a la edición en faccsímil de Vicent García Editores- se encuentra la artística capilla neoclásica de Palafox o de la Inmaculada, en la que puede contemplarse una magna estatua de ésta realizada en Roma por Roberto Michel y que llegó a la catedral el 16 de agosto de 1785, según Frías Balsa. En la ampliación de la catedral intervinieron nada menos que Sabatini y Villanueva; de éste último es la citada capilla, aunque la traza primera la realizaría Sabatini.

 

La Mística Ciudad de Dios

 

El Apocalipsis es una fuente arquetípica de primer orden para los simbólogos y para aquellas personas que tienen una experiencia numinosa directa. Sor María de Jesús de Agreda, bajo inspiración divina y nihil obstat eclesiástico, escribió esta inmensa obra que bien merecería un análisis junguiano minucioso.

En lo que ahora respecta, nuestra mística agredeña indica que Santa Ana y San Joaquín, los padres de María (según los Evangelios Apócrifos), llevaban veinte años casados y sin hijos cuando ella concibió a María un domingo, a sus 48 años (él tenía 92 años).

Al sábado siguiente, un 8 de diciembre, tuvo lugar la segunda concepción, la espiritual, "criando el Altísimo el alma de su Madre e infudiéndola en su cuerpo", momento en el que la Trinidad dijo: "Hagamos a María a nuestra imagen y semejanza, a nuestra verdadera Hija y Esposa para Madre del Unigénito de la sustancia del Padre".

Y continúa la "Venerable" en estos términos: "Con la fuerza de esta divina palabra y del amor con que procedió de la boca del Omnipotente, fue criada e infundida en el cuerpo de María santísima su alma dichosísima, llenándola al mismo intstante de gracia y dones sobre los más altos serafines del cielo, sin haber instante en que se hallase desnuda ni privada de la luz, amistad y amor de su Criador, ni pudiese tocarle la mancha y oscuridad del pecado original, antes en perfectísima y suprema justicia a la que tuvieron Adán y Eva en su creación".

Más adelante afirma que María celebraba su concepción inmaculada cada 8 de diciembre, comenzando por la tarde del día anterior. Con los ángeles "alternaba los nuevos cánticos que hacía" y por la mañana descendían a su casa Cristo y los ángeles y la portaban a su trono celestial, situado a la diestra de Cristo, "y los santos y ángeles se complacían celebrando esta fiesta".

 

Psicología

 

Desde un enfoque católico María goza del privilegio de ser, tras Eva, la única mujer sin pecado concebida, por lo que nace sin el pecado original, como sería concebido y nacería Jesús luego. Ambos son, por lo tanto, extrahumanos, y no precisan -por pura lógica- ser redimidos. Son, pues, desde un análisis simbólico, manifestaciones de arquetipos divinos.

Ella es la gran diosa del cristianismo: esposa, madre e hija de la Trinidad en un gran símbolo de hierogamia sagrada. María ocupará el papel desempeñado por la Sabiduría de los Proverbios escritos por Salomón, y en tal sentido las identificará Sor María de Jesús de Agreda, como también lo ha hecho Carl Gustav Jung recordando a su vez que la Sabiduría es un pneuma de naturaleza femenina que recuerda a la jojma hebrea y a la sakti india, así como al logos de San Juan equiparaciones que también ha señalado Thomas Schipflinger en su libro gnóstico Sofía-María

Jung ve en la imagen apocalíptica citada anteriormente al hablar del Beato de Osma, una serie de semejanzas mitológicas con el mitema de Latona-Apolo y afirma que San Juan estaba poseído por el arquetipo del niño divino al escribir sobre el nacimiento del segundo Mesías y de "la mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas", cual si fuera un anima mundi (alma del mundo). Iconología que tendría, en parte, la diosa Diana y otras diosas lunares.

Este puer aeternus (niño divino) es un arquetipo del Inconsciente Colectivo que se manifiesta simbólicamente de múltiples formas y que expresa el surgimiento de una ampliación de la conciencia por integración de contenidos psicoideos del Inconsciente Colectivo, y que se da en todo proceso clásico de Individuación concluyendo con el símbolo de la hierogamia, "de las nupcias del hijo con la esposa-madre", es decir, del yo consciente con el arquetipo de la Gran Diosa Madre y del Anima, esto es, con el Eterno Femenino que dijera Goethe y aplicado, en este caso, a la psique masculina.

Supone, mitológicamente hablando, una progresiva encarnación del arquetipo de Dios ( el Sí-Mismo) en la psique humana, teniendo como símbolo unificador de los contrarios psíquicos al "filius solis et lunae", a ese "hijo del sol y de la luna" del apocalipsis y de la Alquimia, representado en la iconología soriana en los retablos del calvario con un sol y una luna al lado del crucificado teniendo como testigos a María y San Juan Evangelista, el del Apocalipsis.