Esoterismo de la música y la danza

 

Se aproxima la Candelaria y San Blas. La parroquial de San Leonardo volverá a congregar a los feligreses y los danzantes serán un año más los protagonistas principales. Danzarán dentro del templo, como ya lo hicieron los de Casarejos en honor a San Ildefonso hace poco, y la emoción reinará en los corazones de todos los asistentes. Los danzantes se sentirán una vez más realizados espiritualmente y el vecindario sentirá igualmente cierta transformación psíquica. En estas danzas de paloteo de San Leonardo de Yagüe subsiste sin tapujos la sacralidad del ritmo musical y su expresión formal en la danza, y sobre ello vamos a referirnos en este artículo.

 

Soria es una tierra rica en danzas y canciones populares. La aportación soriana a la historia de la música española ha sido, por otra parte, considerable, como lo evidencia el estudio realizado por Francisca García Redondo.

 

El Cantar del Mío Cid, primer cantar de gesta que se conserva, es de origen soriano. Pedro Martínez de Osma llevó su heterodoxia también al campo de la música y fue uno de los primeros tratadistas y compositores españoles de mediados del siglo XV. El primer tratado musical en lengua castellana lo escribió Martín de Tapia "Numantino", en la Universidad de Santa Catalina del Burgo de Osma, en 1570. Francisco Soto de Langa fue uno de los mejores músicos de su tiempo (siglo XVI) y ha sido uno de los mejores sopranos del Vaticano de todos los tiempos. El primer periódico musical de España lo fundó Joaquín Espín Guillén, nacido en Velilla de Medinaceli en 1812. Miguel Hilarión Eslava fue maestro de capilla de la catedral burgense (1828-1832), donde posíblemente compuso su famoso "Método de Solfeo" y Federico Olmeda nació en la villa episcopal en 1865.

 

Kurt Schindler recogió en tan solo sesenta pueblos de la provincia más de 700 poemas (cantares y romances) y más de 300 melodías entre 1930 y 1931, lo que evidencia la ignorancia supina de Antonio Machado respecto a este acervo musical al tachar a los sorianos de ser un pueblo "sin danzas ni canciones".

 

En 1981 el folklorista Luis Díaz Viana grabo "in situ" 300 composiciones (tradiciones, cuentos, canciones, romances...), destacando 60 poemas romancísticos.

 

En cuanto a las danzas, la persona con más conocimientos de ella es Carmen de la Mata, que está recopilando todas las danzas populares sorianas desde 1947. Danzas que han sido estudiadas, entre otros por Gervasio Manrique Sebastián Fabrel, José María Martínez Laseca y Antonio Ruiz Vega.

 

En los últimos años, por otra parte, se han creado grupos de danzas y de música folclórica soriana, así como orfeones varios. Asimismo, tenemos concertistas de primera talla como Adalberto Martínez Solaesa.

 

Por otra parte, ahora que los monjes de Silos han convertido al gregoriano en todo un éxito, los sorianos deberíamos estar más que orgullos del canto coral, a medio camino del gregoriano, que realizan los monjes cistercienses de Santa María de Huerta. Sus interpretaciones se encuentran recogidas en dos cassettes y su Canto Hortense es realmente magnífico. Por cierto que se me olvidaba citar la colección de cantorales medievales de la catedral y Seminario del Burgo de Osma, así como los órganos que guardan las parroquiales de la provincia. Quede aquí recogido, pues.

 

Claustros

 

Las figuras románicas talladas en capiteles y arquivoltas tienen también un mensaje muscial esotérico. Concha Palacios así lo resume: "Los animales y seres fabulosos que se asoman desde los capiteles de los claustros románicos guardan un oculto significado en el ritmo de sus esculturas. Ritmo que no solo relata un milagro o representa un pasaje bíblico, sin que, como ha demostrado el investigador alemán Marius Scneider, en algunos casos puede encerras una sinfonía musical e, incluso, ,la historia de un exorcismo o curación simbólica... Todo, desde la forma de los claustros hasta el orden en que se suceden las esculturas, encierra un significado, determinado siempre por un ritmo global, musical e ideológico".

 

A estas conclusiones llegó Marius Schneider tras estudiar diversos claustros románicos catalanes con el patrocinio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Schneider encontró la pista al recordar una antigua creencia hindú en la que se identificaba a ciertos animales con determinados sonidos musicales según se explica en el Sârngadewa, del siglo XIII. En el siglo XVII Athanasius Kircher publicaría su Misurgia Universalis, en la que aparece, según Schneider "una tradición relacionada con la gama de la música griega,, según la cual cada sonido corresponde a un animal determinado, lo mismo que a una cierta clase de ángel, de piedra, de planta, etc".

 

Schneider fue sustituyendo cada animal de cada columna por la nota musical que le correspondía y obtuvo notaciones de himnos religiosos. Así, el de la catedral de Gerona estaba dedicado a la Virgen María y el de San Cugat honraba a San Cucufate. Y yo pregunto ahora: ¿Qué himno musical se talló en piedra en los capiteles de los claustros de la Concatedral de San Pedro y en San Juan de Duero, en la capital? ¿Qué música conllevarán las galerías porticadas de la Ribera del Duero?.

 

Schneider aplicó el simbolismo hindú en sus estudios de los claustros románicos.

 

Veamos, por ejemplo, las correspondencias halladas en la cadencia león/toro que, por ejemplo, aparece en la portada de la capiscolia de la catedral del Burgo de Osma. Leamos lo que nos dice Schneider a través de Concha Palacios.

 

"La cadencia león/toro -simbolizando el primero el sol victorioso, la luz diurna y la valentía, y el segundo la noche, la humildad y la fidelidad- es una de las más frecuentes. Pero existe un momento, al caer la noche, en que el animal solar resulta vencido por el toro nocturno. Entonces el león, cansado y fatigado, resuena en Mi, sonido de la sumisión, mientras que el potente toro hace sentir la nueva nota victoriosa Fa ".

 

Ya San Agustín, en De Música, habla de la hermandad existente entre la música y la arquitectura. Jean Hani, por su parte, indica en El simbolismo del templo cristiano que los constructores de la Edad Media "conocieron la analogía entre proporción arquitectónica e intervalos musicales, e inscribieron a veces esta analogía en la piedra".

 

Para terminar con el simbolismo musical arquitectónico quiero citar a los 24 Ancianos del Apocalipsis de la primera arquivolta de Santo Domingo, en la capital; los 12 de las puerta de San Miguel y los 14 de la puerta principal de la catedral del Burgo de Osma. Unos portan en sus manos instrumentos musicales medievales y matraces alquimistas los otros. Los 14 Ancianos, por ejemplo, tienen cornamusa, laud, arpa, vihuela organistrum, albogue, salterio dulcema, etc. (Recordemos, por otro lado, que la Alquimia era también un "Arte de Música", "de las Musas", según Fulcanelli).