Crismones sorianos
Nos encontramos en la primavera de 1999, año del último jacobeo del segundo milenio cristiano. La mayoría de los peregrinos caminarán o viajarán por el llamado Camino de Santiago, con el que se hace referencia al "Camino Francés", pero toda Europa, y especialmente España, se encuentra cruzada por una urdimbre de caminos hacia Compostela: son los Mil Caminos de Santiago. Y Soria también se encuentra en esta red milenaria, como ya expusimos durante el anterior año jacobeo (1).
Hay dos signos inequívocos del peregrinaje jacobeo: la concha vieira y el crismón. También en Soria se encuentran ambas imágenes en los templos románicos y la concha incluso en alguna Casa Filosofal (caso de Fuentestrún y Morón de Almazán, por ejemplo), así como patas de oca y flores de lis..., que vienen a ser igualmente emblemas jacobeos y de los constructores del románico y gótico.
En la provincia soriana hay -que nosotros conozcamos- al menos seis crismones románicos labrados. El más antiguo es posiblemente el que se expone en el Museo Numantino y que fue encontrado en la ladera del castillo de Soria. Es románico, a nuestro entender, y no paleocristiano. Se halla en una clave-dovela y debió pertenecer bien a la iglesia de San Miguel de Cabrejas, bien a la de Santiago o quizás al templo que existía dentro del recinto fortificado y que se encontraba en ruinas en la época de Martel (finales del siglo XVI).
Hay igualmente dos crismones en las portadas románicas meridionales de Alpanseque (en el tímpano) y Romanillos de Medinaceli, un tercero en la caseta aneja en la fachada sur de la parroquial de Alaló (proveniente de un anterior templo románico y también en clave-dovela), y tenemos un cuarto crismón, cuadrado, en un canecillo meridional del ábside de la ermita de San Bartolomé de Ucero, antigua iglesia templaria del monasterio de San Juan de Otero.
Por otro lado, todavía se percibe la huella de un crismón de ocho radios, inscrito en otro cuadrado, pintado en el intradós central del arco de triunfo de la ermita mozárabe de San Baudelio en Casillas de Berlanga.
Asimismo hemos visto un crismón labrado rústicamente en una pila bautismal románica que puede contemplarse en la parroquial de Velilla de la Sierra, a pocos kilómetros de la capital y cerca de la antigua calzada romana que comunicaba Cesaraugusta con Astorga. Muy probablemente existan otros crismones, a modo de insculturas, en otras pilas bautismales románicas sorianas (quizás la de Velilla sea paleocristiana).
Por otra parte, en una colección particular existe un ejemplar precioso de metálico crismón visigodo para arreos de caballo, aparecido en el yacimiento de Castillo Billido, de los siglos IV-V. Castillo Billido se encuentra sobre un imponente farallón del Cañón del Río Lobos, a unos cinco kilómetros escasos de la ermita de San Bartolomé de Ucero; fue castro en la Edad del Hierro y todo parece indicar que estuvo habitado hasta el siglo VI, por lo que puede decirse que fue enclave humano durante mil años.
Además existe un rústico crismón metálico, visigodo, destinado igualmente para arreos de caballo (de ahí que presente un asa por la que pasaba la correa del cabezal) que pasó de la colección Monteverde de Burgos a la colección Fontaneda del castillo palentino de Ampudia de Campos, aunque ignoramos en que término soriano se encontró. Dado el común simbolismo solar del crismón y del caballo, la presencia de arreos visigodos para este animal es comprensible.
"La piedra que rechazaron los arquitectos se ha convertido en la piedra angular", podríamos decir respecto al crismón, máxime en estos tiempos modernos en los que la desacralización y el desconocimiento del carácter simbólico tradicional de la iconología sacra se encuentra al orden del día.
Así acontece muy especialmente respecto al crismón del que generalmente los tratados de arte y simbolismo tan sólo se centran en uno de sus múltiples sentidos, el del exoterismo cristiano institucional, despachando el tema con cuatro datos. Sin embargo la riqueza simbólica del crismón -como se podrá comprobar- es enorme y presenta muchas facetas, complementarias unas a otras y nunca divergentes aunque a la mirada superficial del profano le parezca lo contrario.
El crismón, en esencia, es un auténtico símbolo mandálico, una figura geométrica que sirve de foco rector de meditación para quien lo contempla con el alma, espíritu y mente espectantes, puestos después convergentemente en acción. Tal meditación, como la misma figura circular del crismón que rota sobre sí misma, conduce al contemplador a "rotar" alrededor de este signo y, finalmente, a fundirse intelectivamente con lo contemplado, el cual es, en realidad, una imagen proyectada de lo más sagrado que hay en el interior del ser humano, el Sí-Mismo, que es sobre quien, en realidad, gira dicha circumambulación mandálica.
Somos conscientes de la dificultad que entraña resumir en estos apuntes algunos de los múltiples significados que subyacen en el crismón -la simbología tradicional es un ámbito del conocimiento al que pocos nos dedicamos y no se enseña académicamente- y, por otra parte, las limitaciones de espacio que conlleva su publicación como artículo en esta revista impide extenderse sobre arquetipos, mitemas, concatenaciones simbólicas, etc, que permitirían aclarar conceptos y reforzar nuestras argumentaciones y amplificaciones simbólicas.
Confiamos, no obstante, en haber alcanzado el objetivo primordial: "remover" el interior anímico del lector y mostrarle que una figura tan aparentemente simple como es el crismón abre un campo interpretativo polisémico amplísimo y muy profundo, del que nosotros mismos hemos sido los primeros sorprendidos a medida que íbamos adentrándonos en su análisis, meditación y exégesis, hasta el punto de reconocer que, a día de hoy, no conocemos ningún otro elemento cristiano iconológico geométrico, y monograma al mismo tiempo, que aporte mayor simbolismo que el crismón.
Oriente en Occidente
El flujo de intercambios culturales existentes entre Medio Oriente y la India -foco de algunos mitos estrechamente ligados al crismón- ha existido desde hace milenios y, en lo que respecta a la Edad Media, buena prueba de ello la ha aportado Max Müller en su obra Mitología Comparada, en cuyo último capítulo expone con rigurosidad lo que él llama emigración de fábulas de la India a Europa a través de Persia y por el camino de Bagdad y de Constantinopla, fundamentalmente a través de traducciones de traducciones (2).
Así, en los siglos XI, XII y XIII, aconteció que muchas fábulas hindúes "llegaron a ser sumamente populares y de hecho fueron más leídas en Europa que la Biblia o cualquier otro libro. No sólo se leyeron en esas traducciones sino que se introdujeron en los sermones, las homilías y las obras de moral. Fueron desenvueltas, aclimatadas, localizadas, moralizadas en tales términos que es ya casi imposible reconocer su fisonomía oriental bajo sus rústicos disfraces" (3).
En la Bagdad de mediados del siglo VIII, durante el califato de Almanzor, Abdalah ibn Almokaffa tradujo al árabe una serie de fábulas indias tomadas del pehlvi (antigua lengua persa) que, a su vez, habían sido traducidas del sánscrito doscientos años atrás. Esta colección de fábulas se conocen con el nombre genérico de Calila y Dimna, de la que ya existía traducción castellana a mediados del s. XIII, y que sería puesta en latín por el occitano Raimond de Béziers durante el año 1313.
Otro ejemplo más importante: durante ese mismo califato hubo un consejero de Almanzor, llamado por la iglesia posteriormente como san Juan Damasceno, a quien el Martiriologio Cristiano atribuye la narración titulada Barlaam y Josafat. Pues bien, Josafat, el protagonista, es una réplica de Gautama Sidharta Sakyamuni, o sea, Buda. El autor de la obra confiesa haber escuchado la historia de quienes la habían conocido en la India, pero la abundancia de similitudes existentes hace sospechar que lo más probable es que incluso hubiese leído una traducción del Lalita Vistara, obra en la que se describe minuciosamente tales detalles de la vida de Buda, el cual existió seiscientos años antes de Cristo (el Lalita Vistara es del s. III a.C).
Barlaam y Josafat fue muy popular durante la Edad Media. Se tradujo al siríaco, árabe, etíope, armenio, hebreo, latín, francés, italiano, castellano, checo, polaco e inglés. Incluso un rey de Noruega la mandó traducir al islandés, en 1204. Y lo que es más interesante: la iglesia santificó a ambos personajes, venerándoles el 26 de agosto en la iglesia oriental y el 27 de noviembre en Europa. Incluso entre Buda y el mismo Cristo existen similitudes diversas muy sorprendentes (4):
Las cruzadas supusieron un incremento muy considerable en la incorporación de símbolos, creencias y conocimientos orientales en el medievo europeo, convirtiéndose España en uno de los focos impulsores de tal penetración cultural a través de Al Andalus y de la Escuela de Traductores de Toledo que fundara Alfonso VII bajo la tutela del arzobispo Raimundo de Salvitad tras dejar éste el obispado de Osma, en 1126.
El románico -estilo artístico en el que encuadramos nuestros crismones labrados- está plagado de influencias orientales en grado sumo. Recojamos tan solo las consideraciones que hace al respecto uno de los simbólogos más prestigiosos del románico, Olivier Beigbeder (5):
- "En todos los manuales de arte románico, después de Focillon, Baltrusaitis y también de Dieulafoy, es costumbre insistir, y con razón por otra parte, sobre la considerable aportación, en materia de arquitectura, de Siria y Asia Menor, y en materia de arte decorativo, sobre la gran importancia de los tejidos sasánidas, los marfiles bizantinos y la iconografía siria, propagados principalmente a través de los árabes... Pero, en materia de simbología románica, esta influencia nos parece menos importante que la de las artes alejandrina, copta y bizantina, que bajo formas diversas han sido prolongación de Egipto".
- "Mâle ha mostrado que el "plan" denominado "de peregrinaje" que se propaga desde Conques a Figeac, Compostela y San Marcial de Limoges a partir de San Martín de Tours, proviene de San Menas, en el Bajo Egipto, lugar de una famosa peregrinación (se encuentra incluso muy lejos, hasta Renania, las medallas de la peregrinación representando al santo entre sus dos camellos). Algunos siglos después, España, que se sacude del yugo musulmán, reconstruye dentro del ámbito arquitectónico las experiencias llevadas a cabo por Siria y Asia Menor. Señalemos asimismo la importancia del arte y de los arquitectos lombardos, región donde se ha forjado principalmente lo que denominamos el "primer arte románico", marcado por influencias decorativas mesopotámicas (frisos de arcadas, por ejemplo) y que ha tenido una gran expansión. Así como la influencia egipcia se mezcló a la tradición celta, la originalidad de las culturas visigodas de España y ostrogodas del norte de Italia demuestra que la influencia mesopotámica sedujo, sobre todo, a los poblados iberos y germánicos, adeptos a los cultos naturales como el culto al árbol" .
Origen pagano del lábaro, crisma y crismón
Dicho todo lo anterior -y sin necesidad de recurrir al Inconsciente Colectivo o a la Tradición Primordial-, el lector estará preparado para que le digamos que lábaro, crisma y crismón tienen un origen pagano. Malvert lo exponía de este modo partiendo de los conocimientos que se tenían cien años atrás (6):
"Se ha encontrado, en efecto, este signo místico en un vaso funerario de Golasecc, que se remonta a más de mil años antes de Jesucristo. Cierto es que en su origen no se encuentra más que los tres brazos, pero después el brazo vertical terminaba generalmente por un semicírculo formando la P. Bajo esta última forma se le ve en una medalla lidiana representando al dios Baco llevado en su carro; en una medalla de los Lagides de la época de Ptolomeo III, es decir, más de dos siglos antes de Jesucristo; en dos monedas de Herodes el Grande; sobre una medalla de Flacilla, esposa de Theodosio el Grande; en las medallas de los Flavianos; del emperador Anthemo, de Valentiniano, del emperador Juliano, en tetradrácmas de Atenas y en las monedas aqueas.
La historia de esta leyenda arqueológica es bastante curiosa. No veían los primeros cristianos en ese signo, al igual que sus contemporáneos los paganos, más que una de las formas de un símbolo antiguo, transmitida tradicionalmente de pueblo en pueblo. En la Edad Media, ignorando los verdaderos orígenes de su religión y naturalmente inclinados a referirlo todo a ella, notaron que ese signo místico se parecía a una cruz atravesada por la letra latina P, sacando de ahí la consecuencia que era un símbolo cristiano que debía significar "Pro Christo", y le llamaron así. La denominación se abrió camino.
Baronio, en el siglo XVI, descubrió a su vez que el signo X se parecía a la letra griega "chi", y que el tronco vertical con asa, P, que la atravesaba, a la letra griega "rho", deduciendo de ahí que este signo, compuesto de las dos primeras letras de la palabra Khristos, era el anagrama de Cristo. Todos los arquéologos cristianos han admitido sin vacilar esta explicación, lo mismo que la precedente".
Ciertamente, como hemos señalado anteriormente, el crisma y el crismón fueron utilizados por los cristianos y ahí está el arte paleocristiano que lo demuestra, pero también es cierto que era un signo sobradamente conocido por la paganidad.
La cruz es el emblema principal del cristianismo, pero lo es únicamente desde finales del siglo IV, momento en el que el emperador prohibió la crucifixión. "Mas el verdadero monograma de Cristo es la unión de las letras griegas X-P, que son las primeras del vocablo "Crisma", "ungido", aplicado antonomásticamente a Jesús porque él es el ungido del Padre por el Espíritu Santo para la salvación del género humano", tal como dice la enciclopedia Espasa, que también indica que este crisma fue empleado por la cristiandad a finales del siglo II, si bien solo alcanzó popularidad tras la victoria del emperador Constantino contra Majencio (a.312), quien tras la visión del lábaro lo colocó en el pendón imperial, escudos, cascos, monedas, etc. Y fue después del siglo V cuando "se acostumbró a imprimir el crisma en forma de estrella, ora sea por la superposición de la I y la X, ora por la de dos cruces, resultando de ello estrellas de seis o de ocho rayos, adornadas a veces con círculos o con coronas de laurel", prosigue la Espasa y Calpe. El empleo del crisma-monograma de Cristo decaería a partir del siglo XV. Si este crisma se encuentra encerrado en un círculo, o un cuadrado, se le llama crismón, el cual, por otra parte, fue un "signo" o sello habitual en el encabezamiento de los documentos públicos y privados, sobre todo durante los siglos IX al XIII, y fue, asimismo, signo compañeril importantísimo en el románico europeo.
Es costumbre en los tratados del románico atribuir el origen del crismón como una derivación del lábaro constaniniano visto por éste poco antes de enfrentarse con Majencio. Pero incluso los investigadores discrepan acerca de la forma original del lábaro, contemplado, según los panegiristas cristianos de la época, por Constantino poco antes de combatir a las tropas de Manjencio (año 312) y obtener la primera victoria que le llevaría a ser el emperador único de todo el imperio romano e incluso a ser considerado como nuevo Mesías, enviado por el Logos divino, según lo califica el obispo Eusebio de Cesarea, que lllegó incluso a equipararle con Moisés. Su relato, junto con el de Lactancio, también contemporáneo de Constantino, discrepan en la descripción del lábaro, el cual pasó a ser el signo por excelencia del reinado de Constantino y el de su relación personal con la divinidad, que no con Cristo, pues el dios de Constantino fue el Sol Invictus, al que dedicó el domingo y cuya natividad en el solsticio de invierno (25 de diciembre) se extendió por todo el imperio, siendo adoptada por el cristianismo, que por entonces celebraba el natalicio de Cristo el 6 de enero. Constantino siguió acuñando monedas con el Sol Invictus hasta por lo menos el año 323 y durante su reinado el culto al Deus Sol Invictus fue el más intenso de toda la historia del imperio romano, siendo él la personificación del Sol Invictus en la tierra, y solo al final de su vida se bautizaría.
Eusebio escribió sobre Constantino y su lábaro lo siguiente:
"Éste gran trofeo contra todos los enemigos, ésta explícita, indestructible y saludable Señal del Imperio Romano y salvaguarda del Reino Universal (...) Señal Salvadora y Vivificante como salvaguardia y escudo contra todos los males (...) Oponiendo este trofeo victorioso, apotropaico de demonios, a los ídolos del error, ha obtenido victorias sobre todos sus enemigos impíos y bárbaros (...) La señal aparecida era símbolo de inmortalidad y constituía un trofeo de la victoria sobre la muerte (...) Verdadero argumento de fortaleza...".
El lábaro de la visión de Constantino no queda claro cómo era exactamente pues los estudiosos discrepan notablemente entre ellos. Gregoire ve como antecedente la visión que tuvo Constantino, en el año 310, de Apolo (dios solar) en un templo galo, momento en el que se reconoció a sí mismo como reencarnación de Apolo. Eissfeldt consideraba que el lábaro había sido tomado del signo sirio de Hermes, cristianizándolo con la inserción de una "yota" en la "chi". Piganiol cree que consistía en una X cruzada por una "tau" (la "tau", según Tertuliano, Cipriano, san Jerónimo, san Agustín y Paulino, era el "signum Dei"). Franchi de Cavalieri opina que el lábaro era la la estrella solar de "consecratio" (divinidad y eternidad) de cuatro, seis y ocho radios, que se transformaría en la X con la P en medio a partir del año 317. Gaidoz y J.J. Hatz, por su parte, estiman que Constantino colocó en los escudos la rueda gala, símbolo céltico del rayo y de la victoria en su opinión, y, en este sentido, Franchi considera que la visión tuvo lugar realmente durante la estancia de Constantino en el Rhin, antes de emprender la marcha hacia Roma para luchar contra Majencio (7). La rueda céltica solar, con ocho radios, era conocida por el mundo céltico como lo demuestra una estatuilla de bronce hallada en la localidad gala de Landouzy.
El pez
El arte paleocristiano evidencia que las primeras alegorías de Cristo fueron el Buen Pastor, la paloma, el pez, la barca y el ancla. La hermenéutica cristiana equiparó inicialmente el emblema y nombre griego del pez con Cristo y con su monograma o crisma, e incluso en un manuscrito escurialense del siglo XIII, Árbol del Amor, podemos ver a dos peces atravesados formando una X. Ahora bien, el pez es la primera manifestación de Vishnú, como Matsya-avatara, en este manvantara. En la cosmología védica un manvantara es un ciclo de tiempo formado por cuatro edades o yugas, encontrándonos ahora en los últimos tiempos de la última de estas cuatro fases temporales, llamada Kali Yuga (la Edad de Hierro en la cosmogonía de Hesíodo).
Esto es lo que dice René Guénon al respecto (8):
"En figura de pez, Vishnú, al final del Manvantara que precede al nuestro, se aparece a Satyávrata, que con el nombre de Vaivásvata será el Manu o Legislador del ciclo actual. El dios le anuncia que el mundo va a ser destruido por las aguas y le ordena construir un arca en la cual deberán encerrarse los gérmenes del mundo futuro; luego, siempre en forma de pez, guía él mismo el arca sobre las aguas durante el cataclismo".
Manú, como el Noé bíblico, toma una pareja -macho y hembra- de cada especie y semillas de todas las plantas que introduce en el arca que le había enviado Matsyâ, el Pez-Avatara quien, en forma de pez unicornio gigantesco tiraba del navío pues tenía atado, entre el cuerno y el arca, a la serpiente Vâsuki cual si fuese una cuerda.
Para comprender este mitema hay que dar algunos datos adicionales.
- A) Vishnú forma parte de la tríada de dioses más importantes del panteón hindú (9):
"Vishnú representa el Principio divino considerado especialmente en su aspecto de conservador del mundo; este papel está muy próximo al del "Salvador, o, más bien, éste es como un caso particular de aquél; y verdaderamente como "Salvador" aparece Vishnú en algunas de sus manifestaciones, correspondientes a fases críticas de la historia del mundo.... La última manifestación de este Manvantara, el Kalki-Avatara, "El que está montado sobre el caballo blanco", que ocurrirá al final de este Kali-Yuga, está descrita en los "Purâna" en términos rigurosamente idénticos a los que se encuentran en el "Apocalipsis", donde están referidos a la "segunda venida" de Cristo".
- B) Este concepto mesiánico-avatárico del Salvador se encuentra, por otro lado, estrechamente vinculado al simbolismo cristiano del pez, dado que la última letra del "ikhthys" griego se ha venido interpretando como el anagrama de "sôter" (salvador), según apunta acertadamente Guénon. Y, en efecto, el nombre griego "ikhthys" ha sido reiteradamente interpretado como monograma de Cristo, así como lo era igualmente el icono paleocristiano del pez. La explicación dada por los hermenéutas cristianos es que se descompone en Ièsoûs KHristós THeoûs hYós Sôtèr (Jesús-Cristo, de Dios Hijo, Salvador). El pez o la palabra que lo representa en griego ("ikhthyus-ichthios") fue, al parecer, "el símbolo más vulgar y universal en la primitiva Iglesia", y en ocasiones acompañó iconograficamente al crisma-monograma de Cristo, según la Espasa-Calpe.
- C) Los avataras son "descensos" del Principio divino en el mundo manifestado con la finalidad de "encauzar" o "salvar" a la Humanidad. Adviértase, por tanto, la conexión simbólica existente entre este concepto y el de Cristo como encarnación de Dios que desciende a la tierra para salvar a la humanidad y redimirla mediante su revelación divina, dada oralmente, y culminada por la crucifixión. Ahora bien, resulta que en la tradición hindú, al término del diluvio universal, o sea, al comienzo de este manvantara, la manifestación pisciforme de Vishnú enseña oralmente a los hombres el Veda, es decir, el Conocimiento sagrado en su integridad, la llamada Revelación Primordial, o sea, el Verbo. Este Veda se encontraba, durante el cataclismo, recluido en una concha, la cual, singularmente, es el atributo por excelencia de las iconografías del apóstol Santiago y de los peregrinos a Compostela, de la misma forma que el caballo blanco de Kalki es también asignado a Santiago, cuestiones éstas sobre las que volvemos a llamar la atención del lector (10).
Cristo, Señor del Tiempo y del Espacio
El Apocalipsis de san Juan fue uno de los referentes iconológicos más importantes en el arte paleocristiano y durante la Edad Media. En la etapa medieval, como es sabido, las imágenes mozárabes de los Beatos (y en la catedral del Burgo de Osma tenemos uno de los más importantes), sirvieron de modelo figurativo importantísimo (11).
Creemos que, en este contexto medieval, el Apocalipsis ha tenido también una influencia considerable en la interpretación cristiana y esotérica del crismón, como parece reflejar la lectura de los últimos capítulos de este libro tan singular en el que diversos arquetipos y símbolos fundamentales afloran mostrando paralelismos metafísicos y cosmogónicos con otras tradiciones religiosas de Oriente.
Al comienzo de este ensayo hacíamos referencia a Vishnú, el Preservador, Verbo que desciende periódicamente a este mundo para encarrilar a la humanidad cuando la virtud y el bien se encuentran en pleno declive. Y comentábamos que, en el ciclo temporal del manvantara actual, el último descenso avatárico de Vishnú será Kalki, con espada en la mano y montado en un caballo blanco. ¿Y qué leemos en el capítulo XIX del Apocalipsis? Pues que llegado el momento de las bodas del Cordero (Cristo) que acontece tras ser castigada la gran Babilonia, san Juan ve al Verbo de Dios montando un caballo blanco en el cielo, con una espada que salía de su boca. "Él gobernará al mundo con un cetro de hierro", se indica a continuación. Y en el crismón el cetro bien puede ser representado por el eje vertical con el bucle incluido -véanse si no los cetros de los faraones que tienen esa misma figura, o el cetro en P que porta en su mano la diosa céltica Sulis (la Belisama gala "la muy brillante"- de los baños romanos de Bath, en el condado de Avon, en Gran Bretaña, del siglo I -, mientras que la espada aparece también en este eje atravesado por una raya horizontal como en los crismones sorianos.
En el capítulo XX un ángel encadena al dragón ("aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás"), cadenas que tendrá durante mil años, a partir de los cuales Satanás quedará libre hasta el momento en que "Dios hizo llover fuego del cielo, que los consumió, y el diablo... fue precipitado en el estanque de fuego y azufre", como la Bestia, que había sufrido un castigo igual en el capítulo XIX. Y tras ello -dice el evangelista- tuvo lugar el Juicio Final y fueron arrojados al estanque de fuego los condenados y el diablo.
Dice Fulcanelli que la letra S, con su forma sinuosa de serpiente, corresponde a la "ji" (X) de la lengua griega y toma de ella su significado esotérico (12):
"Es el rastro helicoidal del sol llegado al cenit de su curva a través del espacio, al producirse la catástrofe cíclica. Es una imagen teórica de la Bestia del Apocalipsis, del dragón que vomita, en los días del Juicio fuego y azufre sobre la creación macrocósmica".
Seguidamente desciende del cielo la Jerusalén Celeste, la novia del Cordero (XXI):
"Y oí una voz grande que venía del humo y decía: Ved aquí el Tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios, habitando en medio de ellos, será Dios. Y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas; no habrá ya muerte, ni llanto, ni alarido, ni habrá ya más dolor porque las cosas de antes son ya pasadas. Y dijo el que estaba sentado en el solio: 'He aquí que renuevo todas las cosas'. Y díjome a mí: 'Escribe, porque todas estas palabras son dignísimas de fe y verdaderas'. Y díjome: 'Esto he hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y fin de todo. Al sediento yo le daré de beber graciosamente de la fuente del agua de la vida'".
Después, en el capítulo XXII, se indica que un ángel transporta a san Juan, en espíritu, a la cumbre de una gran montaña para que vea descender de los Cielos a la Jerusalén Celeste, que era cuadrada, o mejor dicho, cúbica. En el centro se encuentra el solio de Dios y el Cordero, de los que manaba un río de agua de vida y se alzaba el Árbol de la Vida, siendo todo ello factible de verlo simbolizado en el crismón, máxime si tenemos en cuenta que el cordero aparece con frecuencia a su lado o en su centro (aunque no en los crismones sorianos).
En este mismo capítulo se vuelve a insistir sobre el carácter de Cristo como Señor del Tiempo: "Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último, el principio y el fin" (XXII,13). "Yo, Jesús, envié mi ángel a notificar estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz o estirpe, y la prosapia de David, el lucero brillante de la mañana" (XXII,16).
Las letras alfa y omega son las que inician y concluyen el alfabeto griego. Se encuentran en los monogramas de Cristo y en sus crismones, y, evidentemente, la referencia bíblica a su simbolismo es el que describe el Apocalipsis desde su primer capítulo: "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todas las cosas, dice el Señor Dios, que es y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso" (I-8).
El eje vertical del crismón, pese a su esquematismo simbólico, bien puede ser interpretado como el Árbol de la Vida del que se habla en el pasaje apocalíptico citado, siendo los demás rayos que parten del centro los canales o ríos de la Jerusalén Celeste (cuando el crismón es cuadrado, como en San Baudelio de Berlanga y San Bartolomé de Ucero) o del Paraíso en el caso del crismón circular (el crismón cuadrado representaría el final de este ciclo temporal y el inicio de una nueva Edad de Oro, mientras que el circular representaría el comienzo del manvantara que está a punto de concluir).
La figura serpentina de la parte inferior del Árbol de la Vida es equiparable al dragón apocalíptico del capítulo XX. Y la letra P, confundida como tal con la "rho" griega, es el anagrama de phosforo (fósforo), elemento químico descubierto por la alquimia árabe y redescubierto por Brand, comerciante y alquimista de Hamburgo, en 1669. Es muy utilizado, como se sabe, como elemento activo de calor y luz a través del fuego en las cerillas. En estado natural es de color amarillo o incoloro y luce en la oscuridad.
El fuego es el elemento primordial del castigo divino en el Juicio Final, es decir, al término de los tiempos en la exégesis cristiana (que correspondería al final de este manvantara, y por consiguiente, del Kali Yuga, en la cosmogonía hindú).
Su etimología es muy interesante. Cojamos la enciclopedia Espasa y Calpe y leamos: "Fósforo, del latín "phosphóros", y éste del griego "phosphoros", el lucero de la mañana, de "phos", luz, y "phero", llevar". Por tanto Phosforo es el "Portador de la Luz", o sea: Lucifer.
Veamos ahora lo que nos dice la mitología, en la Espasa y Calpe: "Así se llamaba entre los griegos el planeta Venus por ser visible antes de salir el Sol y después de su ocaso, tomando solamente el nombre de fósforo ("Phosforus", que trae la luz) por la mañana, y Hesperos por la tarde".
Por otro lado tenemos a Fósforo, hijo del Cielo y de la Aurora: "deja por la mañana el baño del río Océano, y elevando por el cielo su sagrada frente, dice Homero, anuncia a la Tierra la proximidad de la luz divina; sostiene con la mano una antorcha y precede, volando, al carro de la Aurora".
Podríamos extendernos a lo largo de varias páginas interpretando estos párrafos de la Espasa y Calpe en torno a la palabra y el dios Phosphoro, pero creemos que el sentido cristiano y el esotérico son fáciles de captar y que, para unos apuntes del simbolimo del crismón como es este artículo, con lo expuesto es suficiente.
Tenemos, pues, que el crismón tiene igualmente una fuente interpretativa proveniente del Apocalipsis de san Juan, el evangelista gnóstico, apreciado como ninguno por todas las corrientes heréticas y esotéricas.
El monograma y crismón son, por tanto, bajo esta hermenéusis, un símbolo de Cristo como Señor del Cosmos (la estrella de seis u ocho puntas es la expansión en todas las direcciones del principio divino) y Señor del Tiempo (alfa y omega), de Cristo como Pantocrátor (todopoderoso y omnipotente), siendo el círculo un símbolo del cosmos o Mundo, y el cuadrado una imagen de la Tierra.
Hay un Himno a la Trinidad, de Hildeberto de Lavardin (1056-1133), al respecto:
"Alfa y Omega, ¡oh, gran Dios!
Tú lo diriges todo por encima.
Tú lo soportas todo por debajo.
Tú lo llenas todo desde dentro.
Tú tienes sitio sin ser tenido.
Tú cambias los tiempos sin ser cambiado.
Tú fijas lo que va errante sin ser fijado.
Tú lo has terminado todo a la vez
Sobre el modelo de tu espíritu sublime".
Agni y Agnus Dei
El Cordero, que aparece en algunos crismones como Agnus Deis, incluso figurando en el mismo cruce central de las aspas (para redundar en la interpretación referida al Apocalipsis y enfocar la reflexión hacia el Centro), es otro símbolo tradicional del fuego.
El referente mitológico más evidente lo hallamos, nuevamente, en el hinduismo, donde, por cierto, se encuentra igualmente un antecedente claro y evidente de la descripción de la Jerusalén Celeste del Apocalipsis en el Skanda Purana. Por otra parte, la imagen del carnero simbolizó igualmente a Júpiter Amón, y antes al mismo dios solar egipcio Amón, siendo invocado como Salvador y Pantocrátor. El cordero y carnero también fueron atributo de Hermes como dios pastor, siendo además este carnero el del esotérico vellocino de oro (Mercurio también los tuvo por emblema). En el cristianismo también aparece junto al Cristo Buen Pastor. San Ambrosio, por otro lado, diría del carnero que es símbolo del Verbo.
Los entrecruzamientos de los mitemas y símbolos, en este tema del cordero y el fuego, son ciertamente curiosos, como describe Malvert (13):
"El simbolismo del cordero inspirado por la leyenda de Agni, debe en la iglesia latina su nombre a la identidad de estos dos Agnus, Agni. Éste era el resultado de un juego de palabras análogo al famoso "Pedro, tú eres piedra". Tal confusión se encuentra ya en el Evangelio de san Juan. Tan identificado estaba el cordero con el fuego divino, que el Apocalipsis, en su gran teoría de la ciudad mística, considera al cordero como "su antorcha".
Esta es la razón de que figurase en las lámparas cristianas que representan simbólicamente la luz de Cristo. M. de Martigny habla de una que tiene la forma de un cordero de cuyo seno brota un manantial de aceite. Este cordero lleva en el pecho y sobre la cabeza el signo de la cruz, y su cabeza está rematada por un pájaro, imagen del espíritu, o Cyéna. El epíteto de Agniferus, dado al precursor, significa "el que lleva a Agni" (Burnouf). Tan completa es la confusión, que la expresión "córporis agni margarita ingens", que se encuentra en el siglo XII en Fortunar, obispo de Poitiers, es la reproducción de una fórmula sánscrita: "Agni-Kaya-Mahá-Ratnan", que significa, "la gran joya del cuerpo de Agni".
Esta joya, el cordero (Agni), personificación del fuego, fue enseguida -para precisar bien la identidad de la leyenda- colocada sobre la cruz en el punto en que se cruzan las dos ramas, donde más tarde se colocará un haz de rayos. Es el lugar de donde sale Agni, la primera chispa de la operación de la swástica. Así se la ve en una de las lámpara de Cartago, reproducidas por el reverendo padre Delatrre. En lo alto de la cruz figura también el ave simbólica, el espíritu, o Cyéna.
En el siglo XIV y en el siglo XV el cordero sólo figura sobre la cruz rodeado del disco solar" .
El círculo que rodea la cabeza del cordero, o en el que está inscrito, es el símbolo del sol en esta hermenéusis, al igual que el círculo del crismón puede interpretarse como el sol. Mas recordemos que ya Platón decía que los antiguos no adoraban al sol como tal sino como símbolo de la auténtica Luz del Mundo.
La identificación iconológica de la imagen humana de Cristo con el cordero fue realizándose de forma gradual, si bien el paralelismo literario ya se había dado en los evangelios y en el Apocalipsis. Iconologicamente primero figuró Cristo al lado del cordero portador de la cruz; después llevando la cruz él mismo en una mano (como algunas imágenes de Júpiter) teniendo al lado al cordero y representando así al Buen Pastor (imagen cristiana del Hermes crióforo); posteriormente desaparece el cordero y la cruz se sitúa reposando sobre la misma cabeza de Cristo y, finalmente, en un decreto del concilio de Constantinopla (962) se ordenó representar el cuerpo entero de Cristo en "el mismo sitio y lugar del cordero" (14). Después iría apareciendo la imagen de Cristo con los brazos en cruz y el cordero a sus pies, con el disco solar rodeando la cabeza de Cristo y el signo de la cruz circunscrito.., para desembocar finalmente en la iconología de la crucifixión en los siglos X-XII (15).
Agni nace en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre, como a partir del siglo IV se dirá de Cristo (16):
"La fecha era indicada por una estrella cuya aparición en el firmamento coincidía con el solsticio. Siendo en el mito védico el fuego consustancial con el sol, celebrábase con la misma ceremonia el nacimiento del sol y el del fuego. Esta fusión del elemento ígneo con el mito solar hállase también en las religiones de la antigüedad. Entre los romanos, los cofrades de Baco, de Mitra, de Venus y de Isis celebraban todos los años, el 25 de diciembre, aquella natividad divina. En todo el imperio sacábase en procesión la imagen del Dios recién nacido acostado en su cuna... Todos los dioses solares: Agni, en la India; Mithra, en el Irán; Osiris en Egipto; Baco, Tammuz, Adonis, Apolo, en Siria, en Fenicia y en Grecia; Manou, Buda, tienen el mismo carácter. Nacen el 25 de diciembre, en el solsticio de invierno, de una virgen madre, en una gruta o en un establo, entre animales; curan a los enfermos, resucitan a los muertos, y todos mueren y resucitan, porque el sol, vencido periódicamente por la noche, renace cada mañana y cada primavera".
En la prehistoria, durante milenios, la producción del fuego era esencial -y sigue siéndolo, evidentemente- puesto que ha sido un elemento físico primordial para la evolución del ser humano, aparte de ser un elemento simbólico importantísimo como imagen de la divinidad y su poder. Y dado que para su producción manual era preciso el concurso de dos palos cruzados (a veces incluso en forma ritual de swástica con un agujero central donde se colocaba el palo vertical frotador, lo que nos da una cruz de seis radios) la imagen de la cruz va unida, en el inconsciente colectivo, al fuego como fuente de luz, vida, protección, alimento y sacrificio. Su consecución fue un gran logro, de ahí que surgieran decenas de ritos para preservarlo y de mitos para explicarlo, como el de Prometeo, que lo robó a los dioses para entregárselo a los humanos y fue castigado por ello con la crucifixión al ser la cruz el aspa cruzada de la producción ritual del fuego.
El sol contiene toda la luz y la vida, y, por tanto, también es el padre del fuego en todas sus vertientes . En los Vedas hay una trilogía primitiva formada por Savistri (el sol), Agni (el fuego) y Vayu (el aire: sin oxígeno no hay fuego). Pues bien, Agni es el hijo hecho carne de Savistri; su madre es la virgen Maya y su padre terrestre es Twasti, el carpintero, el que fabrica la swástica ritual en la que se produce el fuego.
Leamos lo que dice Malvert (17):
"En la cavidad del palo, llamado madre, y donde reside la divina Maya, personificación de la potencia productora, ha sido concebido Agni por obra de Vayu, el espíritu, el aliento del aire, sin el cual no se puede encender el fuego (...) Los persas hacían figurar la swástica entre los procedimientos prescritos para volver a encender el fuego del altar. Lo mismo sucedía en Grecia para el culto de Hestia. En los templos de Apolo, Céres, Júpiter, Ammón y Minerva, la sagrada lumbre, en caso de extinción, debía ser encendida por los rayos del sol. En los templos de Vesta, en Roma, estaba prohibido volverla a encender con fuego traído de fuera; preciso era, según lo mandaban las reglas litúrgicas, producirla de nuevo valiéndose de una especie de swástica".
Cada año el ritual védico conmemoraba el nacimiento de Agni en el solsticio de invierno: un sacerdote anunciaba la buena nueva al pueblo, el cual acudía a adorar al recién nacido (18):
"Enciéndese entonces el fuego, en cualquier cerro, por el rozamiento de la swástica (19). Cuando la primera chispa sale de la cavidad en que mora la divina Maya, es la Natividad. Aquella viviente chispa se llama "el niño". El Veda sigue cantando y celebrando con himnos deliciosamente poéticos el nacimiento de la "débil y divina criatura que acaba de aparecer". Ponen los sacerdotes aquel tierno niño sobre la paja que se inflama. A su lado traen la vaca mística que da la manteca, y el asno que lleva sobre su lomo el Soma (licor de la inmortalidad) que servirá para alimentarlo. Precediéndole viene un sacerdote llevando un pequeño abanico oriental en la mano en forma de bandera, que agita para activar aquella vida, que amenaza extinguirse.
Colócanle después entre las ramas hacinadas sobre el altar: luego echa encima un sacerdote el sagrado licor, el espirituoso Soma; otro le da la unción con la manteca del santo sacrificio, tomando a partir de aquí el nombre de Ungido (Aktam, en griego, Cristhos, Cristo). Del hogar así alimentado surge la llama en bello resplandor, cuya ascensión se opera entre una nube de humo hasta el cielo, donde el fuego va a reunirse con el padre celestial que le ha enviado para la salvación del mundo. Acompañaba a esta conmemoración del nacimiento de Agni una ceremonia ritual.
El soma es el sagrado licor de todos los pueblos arios: en él mora Agni, aunque invisible. Es el emblema de todos lo alimentos líquidos, así como lo es de los alimentos sólidos el pan, hecho de harina y manteca, materias nutritivas y combustibles en las que reside Agni (según la tradición védica, la planta que produce el Soma había sido traída por un ave celestial, Cyéna, el gavilán, en una de sus patas, y que con vuelo rápido bajó a la tierra el fuego de lo alto...).
La ofrenda del pan y el vino es presentada al fuego sagrado sobre el altar; el fuego los consume alzándolos en vapor hacia el cielo, donde van a reunirse al glorioso cuerpo del celeste padre (sol). Así se hace Agni el mediador de la ofrenda, el sacrificador que se ofrece a sí mismo como víctima. Los sacerdotes y fieles reciben cada uno parte de la ofrenda (la hostia) y se la comen como alimento en que Agni está encerrado.
En fin, siendo Agni la vida en el individuo, es también el mediador que transmite la vida. Al morir el hombre, el fuego de la vida se retira de él y deja en tierra su cuerpo para volver al sol, es decir, a la región celeste donde reina el padre, región ideal que es el Paraíso, el Paradeça de los medo-persas, morada de la inmortalidad".
La plasmación iconológica de estos mitemas, arquetipos, símbolos fundamentales, o como queramos llamarlos, son evidentes en el tema que estamos tratando y desarrollando: hay crismones custodiados teriomórficamente por dos aves o dos leones (el carácter solar del león y de psicopompo es demasiado conocido para insistir sobre el mismo), o custodiados por dos ángeles. Y hay imágenes de aves en torno a un caliz, crátera o grial (aparece incluso en el Palacio Celeste de Visnhú del Skanda Purâna), y en ocasiones incluso acompañando al crismón. Igualmente no es difícil ver al cordero junto al crismón o en su mismo centro, como hemos señalado. El círculo expresa al sol y las aspas, cruces entrecruzadas, estrellas de seis u ocho puntas... simbolizarían a los palos entrecruzados del ritual védico (y de otras tradiciones religiosas) productoras del fuego, el cual es, como hemos señalado, hijo del Sol, y éste, símbolo supremo de la Divinidad (la palabra dios deriva del sánscrito "deva": brillante).
La cabala fonética ha hecho posible el juego de palabras "agnus-agni", pero también con "ignis" (fuego en latín, quizás deriva etimológicamente de "agni", fuego en sánscrito, siendo así que la I (inicial de "ignis" como la P lo es de phosphoro) podemos verla representada en el eje vertical, sin el bucle de la "rho" en este caso. Asimismo la iconología de Agni le representa a éste con diversas lenguas (imagen también que se encuentra en el Apocalipsis), siete rayos en torno al cuerpo y muchos más alrededor de los cabellos negros, dos y tres rostros, portando en las manos, según la Espasa y Calpe, "una especie de hacha, puñales o una bandera con la imagen de un carnero", y en ocasiones incluso montando en el carnero. Bandera y carnero aparecen en las representaciones del Agnus Deis y también en algunos crismas y crismones en piedra, pintados o en monedas.
¿Los crismones tallados por las cofradías de constructores medievales estaban revelando un conocimiento del carácter universal de algunos símbolos así como de un origen primordial común para las grandes tradiciones religiosas...? Podría ser así, máxime si se tiene en cuenta que estas cofradías tienen como antecedente los Collegia Fabrorum del imperio romano, y que durante la Edad Media el mundo islámico también estuvo presente entre las cofradías de constructores cuyos componentes islámicos podían conocer leyendas y mitos de más allá del Oriente Medio.
Así, por ejemplo, la misma S que hay en la parte inferior de la P (Árbol del Mundo y Eje del Mundo) pudiera interpretarse igualmente como el fuego oculto que anida en la raíz de este Árbol (como la serpiente nórdica en la raíz del árbol Igdrassil, del que saldrá la humanidad del nuevo ciclo), equiparable, en el microcosmos humano a lo que los esotéricos llaman Kundalini (serpiente, en sanscrito), que reposa en el chackra-rueda del Muladhara (el sefirot Malkuth de la Kabala hebrea) presto para alzarse serpeante por el canal etérico central, Sushuma.. Y curioso es advertir, a este respecto, que de Agni se decía que tenía un andar sinuoso como serpiente (20). En el Saankaracarya Cintamanistava hindú se puede leer sobre la Kundalini (21): "la Esposa que entra en la Vía Real (Sushumma), reposando en ciertos lugares (Chakras) que encuentra, y besando al Esposo Supremo, un beso del que surgen olas de néctar".
Unos datos más sobre el Agnus Deis a tener en cuenta, tomados de la Espasa y Calpe:
"En el Liber Pontificalis se dice que el papa Sergio I estableció, en 687, que durante la fracción de la hostia el clero y el pueblo cantarán el Agnus Deis, en cuya disposición ve Duchesne una protesta del pontífice contra el canon del concilio "in Trullo", que había prohibido representar a Cristo bajo la forma de cordero... En la generalidad de los manuscritos de los siglos X, XI, XII y XII, se ve citado el canto del Agnus Deis después del Pax Domini y antes del Commixtio, tanto que Ebner pudo decir que el canon de la misa concluía con el Agnus Deis, según los manuscritos de la Edad Media...".
La Espasa recuerda asimismo que los Agnus Deis eran bulas o medallones de cera con la figura del cordero místico, "que por regla general va sobre el libro de los siete sellos llevando la bandera de la cruz con la aureola, símbolo de la divinidad" pudieran haber sido creados por la Iglesia, en el siglo IV, para sustituir la costumbre pagana de portar amuletos que preservaban contra los demonios y espíritus malignos (en la catedral de El Burgo de Osma hay varios Agnus Deis considerados como reliquias, según contaba Loperráez, en 1788, copiando seguramente a lo que había escrito Argaiz en 1618). Eran bendecidos por el papa utilizando agua bendita, el santo crisma y el bálsamo (recordemos que por ser Cristo el Ungido, el crisma está vinculado a él simbólicamente y fonéticamente). Los reyes castellanos incorporaron la figura del Agnus Deis a sus monedas (la Espasa incorpora imágenes de monedas de vellón de Juan I de Castilla que reinó entre 1379 y 1390, así como de Juan II). La Orden del Temple, al menos en Languedoc y Castilla, lo utilizó como sello, y en bajorrelieve puede verse en la clave central de la gótica torre del homenaje del castillo de Ucero, que algunos afirman fue templario en su origen.
Y no podemos concluir este apartado del Agnus Dei sin traer aquí una invocación de la baja Edad Media, que traducida dice así:
"Cordero de Dios, tú que quitas los pecados del mundo, quitas los crímenes, suavizas las cosas ásperas. Cordero del honor, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, tú sanas las heridas, igualas las cosas difíciles. Cordero del Amor, ten misericordia de nosotros. Cordero de Dios, limpias las cosas sucias, embelleces (o fecundas, o das vida) a todas las cosas. Cordero de Dios, danos la paz".
Nuestros conocimientos de astrología son mínimos, por lo que hemos desechado buscar algunas de las explicaciones astrológicas que puedan desprenderse del crismón, pero sí podemos, en cambio, dar algunas referencias alquimistas entre las que surgirán inevitablemente ciertas connotaciones astrológicas (Sol, Venus, Siete Planetas, etc.).
La alquimia es una ciencia tradicional. Generalmente se cree que en la búsqueda de su ideal (alcanzar la Piedra Filosofal, elixir de la inmortalidad y medicina universal, que permitiría igualmente convertir el plomo en oro) se desarrollaron los balbuceos de la actual química, mas los verdaderos alquimistas se llamaban a sí mismos Filósofos y a lo que aspiraban era, en realidad, a la transmutación interior de ellos mismos.
Las tres fases primordiales de la alquimia se denominan nigredo, albedo y rubedo. Pues bien, "las tres tonalidades alquímicas son el negro, el blanco y el rojo. Estos son también los tres colores del fuego de Agni, custodiado por los sacerdotes védicos" (22).
El fuego filosofal y secreto, con sus diversas graduaciones, es una de las claves primordiales del proceso alquimista: "el fuego sólo se apaga cuando la Obra se ha cumplido, y toda la masa tintórea se apaga cuando el vaso, que, de decantación en decantación, permanece absolutamente saturado y se vuelve luminoso como el sol", escribió el maestro de Fulcanelli (23). Jesús es de la estirpe de Jesé, mas la palabra hebrea "Jes" significa fuego, y de ella deriva la palabra Jesús (24).
El objeto en el que tienen lugar las operaciones alquimistas es llamado atanor o crisol, mas hete aquí que la cruz en aspa o de san Andrés, es precisamente un emblema alquimista de este atanor.
La estrella de seis puntas del crisma y crismón cabe relacionarla con la estrella de la alquimia (supongo que también la de ocho puntas). Recordemos, al respecto que en el Apocalipsis, Cristo se autodenomina lucero brillante de la mañana y que Phosphoros es considerado también como Venus y Hasperos, sea antes del amanecer (lucero del alba o estrella matutina) o al anochecer. Esta doble estrella (de seis puntas, generalmente, como la runa Hagal) ocupa un puesto importante en la alquimia.
Basilio Valentín, en Las doce llaves de la filosofía, nos dice (25):
"Hay, pues, dos estrellas, las cuales, a pesar de que parezca inverosímil, forman en realidad una sola La que brilla sobre la Virgen mística -a la vez "nuestra madre" y el "mar hermético"- anuncia la concepción y no es más que el reflejo de la otra, que precede al advenimiento milagroso del Hijo. Pues si la Virgen celestial es todavía llamada "stella matutina", estrella de la mañana, si es posible contemplar en ella el esplendor de una señal divina, si el descubrimiento de esta fuente de gracias pone gozo en el corazón del artista, no es, empero, más que una simple imagen reflejada por el "espejo de la Sabiduría". A pesar de su importancia y del lugar que ocupa en los autores, esta estrella visible, pero inalcanzable, da testimonio de la realidad de la otra, de la que coronó al Niño divino en el momento de nacer. El signo que condujo a los Magos a la cueva de Belén, nos dice san Crisóstomo, fue a colocarse, antes de desaparecer, sobre la cabeza del Salvador, rodeándole de un halo luminoso".
El maestro de Fulcanelli confirma, a su vez, "la presencia del signo estrellado en todas las modificaciones internas de cuerpos tratados filosóficamente" (26). Se la denomina también Sello de Hermes, Estrella Polar, Estrella de los Magos, Signo del Todopoderoso... (27).
El círculo del crismón podría simbolizar al sol (la hermética Tabla Esmeraldina incide en destacar que la alquimia es la "Obra del Sol"). Es figura simbólica igualmente de la rueda que rota, "jeroglífico alquímico del tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal y, por ende, de la propia coccion", labor en la que es clave el llamado "fuego de rueda" y, especialmente, el "fuego secreto o filosófico". "Es este último fuego, excitado por el calor vulgar, lo que hace "girar la rueda" y provoca los diversos fenómenos que el artista observa en su redoma" (28).
Igualmente destaca Fulcanelli que, en la Edad Media, al rosetón, símbolo del "fuego de rueda", le llamaban "rota" (como se sabe, la raíz etimológica latina de rueda es "rota", precisamente). Y sabemos que el rosetón es una derivación iconológica, característica de las portadas del gótico, que retoma el simbolismo del crismón, el cual desaparecerá durante el gótico en pro del rosetón, que es una "rosa grande". La palabra rosa, por cierto, puede leerse en el crismón (rho, omega, sigma y alfa). Asimismo, el cabalista Guillaume Postel leía también la palabra "rota" en el lábaro y crismón, pudiéndose leer igualmente "taro", queriendo significar así que todo es un ciclo y un cambio continuo en el mundo de la manifestación, se ahí que se hable de la "rueda del devenir" siendo su centro lo único fijo e inmutable (29).
El pez (recordemos que es un nombre en clave del Cristo paleocristiano y una forma de leer el crisma y crismón) ocupa igualmente un lugar importante en la alquimia, y está vinculado a la estrella pues ésta es un heraldo del Niño Divino Solar, el cual es como el pez "que nada en nuestro mar filosófico", según el Cosmopolita. Este pez del Cosmopolita, al que llama Echineis, "es el ursino (echinus), el osezno, la osa menor, constelación que se encuentra la estrella polar. El pez es el jeroglífico de la Piedra de los Filósofos en su estado primitivo, porque la Piedra, como el pez, nace en el agua y vive en el agua" (se refiere al mercurio filosofal como aqua permanens) (30).
En la alquimia, la cruz tiene un complejo simbolismo (31):
"La cruz es el jeroglífico alquímico del crisol..., donde la materia prima, como el propio Cristo, sufre su Pasión; es en el crisol donde muere para resucitar después, purificada, espiritualizada, transformada... No olvidemos que, alrededor de la "cruz luminosa" vista en sueños por Constantino, aparecieron estas palabras proféticas que hizo pintar en su labarum: "In hoc signo vinces" (vencerás por este signo). Recordad también, hermanos alquimistas, que la cruz tiene la huella de los tres clavos que se emplearon para inmolar al Cristo-materia, imagen de las tres purificaciones por el hierro y por el fuego. Meditad igualmente sobre este claro pasaje de san Agustín en su "Diálogo con Trifón": "El misterio del cordero que Dios había ordenado inmolar en Pascua -dice- era la figura del Cristo, con las que los creyentes pintan sus moradas; es decir, a ellos mismos, por la fe que tienen en Él. Ahora bien, este cordero que la ley ordenaba que fuera asado entero era el símbolo de la cruz que el Cristo debía padecer. Pues el cordero, para ser asado, es colocado de manera que parece una cruz: una de las ramas lo atraviesa de parte a parte, desde la extremidad inferior hasta la cabeza, la otra le atraviesa las espaldillas, y se atan a ella las patas anteriores del cordero".
La X o Cruz de san Andrés, explica Fulcanelli en Las Moradas Filosofales, simboliza "la luz manifestada". Esta letra, en griego, inicia las palabras crisol, oro y tiempo, que es la "triple incógnita de la Gran Obra", sentenció este alquimista en el primer tercio del siglo XX, y aún dijo más (32):
"La cruz de san Andrés, que tiene la forma de nuestra X es el jeroglífico, reducido a su más simple expresión, de la radiaciones luminosas y divergentes emanadas de un punto lumínico único. Aparece, pues, como la gráfica de la chispa. Puede multiplicarse su irradiación, pero es imposible simplificarlo más. Estas líneas entrecruzadas dan el esquema del centelleo de las estrellas y de la dispersión radiante de todo cuanto brilla, alumbra e irradia. También se ha convertido en el sello y la marca de la "iluminación" y, por extensión, de la "revelación" espiritual... La X griega y nuestra X representan la "escritura de la luz por la luz misma", la señal de su paso, la manifestación de su movimiento y la afirmación de su realidad. Es su verdadera firma... Es el número completo de la Obra, pues la unidad, las dos naturalezas, los tres principios y los cuatro elementos dan la doble quintaesencia, las dos V fundidas en la cifra romana X del número diez ... Es la traducción del fuego celeste o del fuego terrestre, del fuego potencial o virtual que compone o disgrega, engendra o mata, vivifica o desorganiza. Hijo del Sol que lo genera, servidor del hombre que lo libera y lo mantiene, el fuego divino, caído, decadente, aprisionado en la materia, determina su evolución y dirige su redención, es Jesús en su cruz, imagen de la irradiación ígnea, luminosa y espiritual encarnada en todas las cosas. Es el Agnus inmolado desde el comienzo del mundo, y es, también, el Agni, dios védico del fuego...".
La X, insiste Fulcanelli, es el crisol y el matraz de la alquimia. También es la "sal amoniacal de los sabios o sal de Amón, es decir, Carnero", pues Amón Ra era representado con cabeza de carnero, "el cual es la imagen del agua de los sabios, al igual que el disco solar, con o sin el uraeus -la serpiente, atributo de Amón también-, es el del fuego secreto. Amón, mediador salino, completa la trinidad de los principios de la Obra (Mercurio, Azufre y Sal), de la que realiza la concordia, la unidad, la perfección en la piedra filosofal" (33). El amoníaco era llamado, antaño, harmoníaco "porque realiza la armonía, el acuerdo del agua y del fuego, que es el mediador por excelencia entre el cielo y la tierra, el espíritu y el cuerpo, lo volatil y lo fijo. La X es también el Signo, sin más calificación, el sello que revela al hombre, por ciertos aspectos superficiales, las virtudes intrínsecas de la sustancia prima filosofal. Finalmente, la X es el jeroglífico griego del vidrio, materia pura entre todas, como nos aseguran los maestros del arte, y la que se aproxima más a la perfección" (34). Y todos estos datos desvelados por Fulcanelli sobre la cruz, él mismo los califica de "primera clave, la más considerable y secreta de todas cuantas pueden abrir al hombre el santuario de la Naturaleza" en el Opus alquímico.
Fulcanelli concluye diciendo (35):
"El signo de la cruz, monograma de Cristo del que la X de san Andrés y la llave entrecruzadas de San Pedro son dos réplicas de igual valor esotérico, es, pues, la marca capaz de asegurar la victoria por la identificación cierta de la única sustancia exclusivamente afecta a la labor filosofal. San Pedro detenta las llaves del Paraíso, aunque una sola baste para asegurar el acceso a la morada celeste. Pero la llave primera se desdobla, y estos dos símbolos entrecruzados, uno de plata y el otro de oro, constituyen, con el trirreme, las armas del soberano pontífice, heredero del trono de Pedro. La cruz del Hijo del Hombre reflejada en las llaves del Apóstol revela a los hombres de buena voluntad los arcanos de la ciencia universal y los tesoros del arte hermético. Ella sola permite a quien posee su sentido abrir la puerta del jardín cerrado de las Hespérides y tomar, sin miedo para su salvación, la Rosa del Adeptado" .
En esta hermenéutica creemos acertado asimilar el eje central y vertical del crismón con el bastón de Asclepio e incluso con el cadúceo del dios Hermes-Mercurio, que etimológicamente significa "heraldo, pregonero", símbolo alquimista del azogue de los sabios. Es, igualmente, emblema de la lanza o espada con la que el Héroe atraviesa a la serpiente-dragón que derramará "una sangre negra, espesa y viscosa" (36).
La letra S del crisma y crismón simboliza a la serpiente, la cual "indica la naturaleza incisiva y disolvente del Mercurio..., es el Mercurio en su estado primero ", dice Fulcanelli. El Mercurio, de múltiples nombres y propiedades en la alquimia, era definido por Mylius como "anima media natura", y en los Aforismo Basilianos del Teatro Químico se dice que es "fuerza vitalizadora, que es igual que un pegamento que mantiene unido al mundo y ocupa el punto central entre el espíritu y el cuerpo", lo que nos lleva al concepto platónico del "Anima Mundi", ratificado por la descripción que hace de él Avicena y un texto del Museo Hermético: "Es éste el espíritu del Señor, que llena todo el globo terrestre y que en el principio nadó sobre las aguas. Le llaman también el espíritu de la verdad, oculto frente al mundo". Y es que el "Anima Mundi" de los alquimistas es una mezcla del Alma del Mundo, en forma de X circunscrita en un círculo, de Platón, y el Espíritu Santo (37). Mercurio, como se sabe, es uno de los arcanos esenciales de la alquimia y como compuesto de opuestos era relacionado fundamentalmente con su aspecto oscuro, simbolizado por la serpiente (38).
La serpiente mercurial era interpretada por los alquimistas como "el espíritu de vida que se encontraba en las ruedas" (39); era la serpiente de Hermes, el Agathodaimon de los gnósticos, "el nous que anima la parte fría de la naturaleza", o sea, en lo inconsciente en su acepción junguiana, en la que se incluye el subconsciente y lo supraconsciente (40). La conclusión a la que llega Jung es la siguiente (41):
"Los alquimistas conocían sobre la serpiente y sobre la parte "fría" de la naturaleza, y dijeron lo suficiente como para revelar a sus sucesores que ellos procuraban por medio de su arte conducir ese nous serpentino de la oscuridad, la serpens mercurialis, a lo largo de etapas de transformación, hasta la meta de la perfección (telesmus). La más o menos simbólica o proyectada integración del inconsciente que conllevaba este proceso tenía evidentemente tantos efectos favorables que los alquimistas se sintieron animados para expresar un razonable optimismo".
Otra referencia alquimista al crisma sería la siguiente (42):
"Los alquimistas griegos tenían la costumbre, en sus fórmulas, de traducir el disolvente hermético por la indicación de su color. Unían, para escribir su símbolo, dos consonantes de la palabra griega que designa verde, la X y la P yuxtapuestas. Pues bien, este grafismo típico reproduce con exactitud el monograma griego de Cristo... ¿Debemos ver en esta similitud el efecto de una simple coincidencia, o el de una voluntad razonada? El mercurio filosófico nace de una sustancia pura, y Jesús nace de una madre sin mancha; el Hijo del Hombre y el hijo de Hermes llevan ambos una vida de peregrinos; los dos mueren prematuramente como mártires, uno en la cruz y el otro en el crisol; también resucitan, uno y otro, el tercer día... He aquí curiosas correspondencias, ciertamente, pero no podríamos afirmar que los hermetistas griegos las hayan conocido ni que las hayan utilizado" .
El Camino de Santiago
En la interpretación alquimista del crismón hay que tener en cuenta que los alquimistas llamaban Azoth a su Mercurio y Piedra de los Filósofos (43):
"Los Filósofos han dado muchos nombres a este Azoth: quintaesencia astral, siervo fugitivo, espíritu animado... Según Planiscampi, Azoth significa Medio de Unión, de Conservación, o Medicina Universal. También es necesario señalar que el término Azoth ha de ser considerado como el principio y fin de todo cuerpo y que encierra todas las propiedades cabalísticas, ya que contiene la primera y la última letra de las tres lenguas matrices: la aleph y la thau de los hebreos, al alfa y omega de los griegos y la a y la z de los latinos".
Las letras alfa y omega del crisma y crismón, al ser la primera y última del alfabeto griego (y representar al mismo tiempo a las letras correspondientes de otros alfabetos), bien pueden simbolizar al libro abierto de la alquimia, tan visible en muchos canecillos del románico y gótico. Libro que no puede ser "abierto", o sea, comprendido, sin revelación previa, dice Fulcanelli. Y puesto que el crismón es un signo jacobeo de primer orden, podríamos seguir leyendo a Fulcanelli (44):
"Sólo Dios, por intercesión del "señor Santiago", concede, a quienes juzga dignos de ello, el rayo de luz indispensable. Es el "libro del Apocalipsis", de páginas cerradas con siete sellos, el libro iniciático que nos presentan los personajes encargados de exponer las elevadas verdades de la ciencia. Santiago, discípulo del Salvador, no lo abandona. Con la calabaza, el bordón bendito y la concha, posee los atributos necesarios para la enseñanza escondida de los peregrinos de la Gran Obra. Y ése es el primer secreto, el que los filósofos no revelan y que reservan bajo la expresión enigmática del Camino de Santiago. Por eso se llama aún Vía Láctea. Los mitólogos griegos nos dicen que los dioses tomaban esta vía para dirigirse al palacio de Zeus, y que los héroes la seguían igualmente para entrar en el Olimpo. El Camino de Santiago es la "ruta estrellada", accesible a los elegidos, a los mortales valerosos, sabios y perseverantes.
Todos los alquimistas están obligados a emprender este peregrinaje. Al menos, en sentido figurado, pues se trata de un viaje simbólico, y quien desea obtener provecho de él no puede, ni por un solo instante, abandonar el laboratorio. Le es preciso vigilar sin tregua el recipiente, la materia y el fuego. Debe, día y noche, permaneced en la brecha. Compostela, ciudad emblemática, no está en absoluto situada en tierra española, sino en la tierra misma del sujeto filosófico. Camino rudo, penoso, lleno de imprevistos y de peligro. ¡Ruta larga y fatigosa por la cual el potencial se actualiza y lo oculto se manifiesta! Y esta preparación delicada de la materia prima, o "mercurio" común, es lo que los sabios han velado tras la alegoría de la peregrinación a Compostela" .
El Camino de Santiago es el Camino de las Estrellas, de la Vía Láctea (Camino de la Leche o Brillante) que, según la mitología, fue provocada por el infante Hércules al quitarle Hera bruscamente del alcance de su pecho mientras le amamantaba (la "leche de la Virgen" es el mercurio filosofal). Y, como señala nuevamente Fulcanelli, a este mercurio se le denomina viajero y peregrino en diversos tratados alquimistas (45):
"La operación está terminada cuando aparece en la superficie una estrella brillante, formada por rayos que emanan de un centro único, prototipo de las grandes rosas (rosetones) de nuestras catedrales góticas. Ese es el signo cierto de que el peregrino ha llegado felizmente al término de su primer viaje. Ha recibido la bendición mística de Santiago, confirmada por la huella luminosa que irradiaba, se dice, por encima de la tumba del apóstol. La humilde y común concha que llevaba en el sombrero se ha transformado en astro brillante, en aureola de luz. Materia pura cuya perfección consagra la estrella hermética: es ahora nuestro "compuesto", el agua bendita de Compostela (del latín "compos", que ha recibido o posee, y de "stella", estrella) y el "alabrastro" de los sabios ("albastrum", contracción de "alabastrum", albo astro). También es el "vaso" de los perfumes, el "vaso de alabastro" y la yema naciente de la "flor" de la sapiencia, rosa hermética".
Santiago es Saint Jacques y San Jacobo, Santi Yagüe en tres versos distintos del Poema de Mio Cid, Santi Yago, Santi Iago, Santi Iaco, es decir Iaxo (con la X griega que es nuestra C), y Iaco es el sobrenombre de Baco, de Dionisos, de Osiris (46). IAXO es igualmente otra forma de leer los signos del crisma y crismón: la I del eje vertical central, la A de la inicial de la letra alfa, la X de la cruz de san Andrés, y la O de omega. Dionisos, como hijo de Zeus, es llamado Hijo de Dios pues es el Verbo manifestado de aquél y cuando renace como Zagreo lo hace bajo la forma de una pequeña serpiente cornuda (como algunas figuras de Cernunnos, dios celta). Dionisos-Sabacio era representado por un Árbol de la Vida, y su madre, Semele, como María después, asciende al cielo. Los adoradores de Dionisos le invocaban a voces en el bosque, llamándole Bromio "el estremecedor" o Iaccos "el estrepitoso". Además, entre los objetos rituales que simbolizaban a Dionisos-Baco-Iaco en estos Misterios se encontraba la rueda y un vellón de lana, según Clemente de Alejandría (47). También de Agni se decía que bramaba y rugía.
El mitema de Osiris, dios negro egipcio, que es despedazado y regenerado por Isis, como acontece con el desmembramiento de Dionisos Zagreo (Démeter también recompuso los miembros dispersos de Dionisos), y la leyenda del maestro constructror del templo de Salomón, Hirán, o la de Santiago el Mayor, hermano de Juan el evangelista (llamados "Bounarges" en los evangelios, que significa "Hijo del Trueno") es el mismo "vino pero en diferentes odres", idénticos arquetipos subyacen (48).
El hermetismo, que es el eje central de todas las corrientes esotéricas occidentales desde el helenismo, tiene como fuente primordial los Misterios egipcios y sus paredros en Grecia y, posteriormente, en Roma. La alquimia, en este sentido, sería como una inconsciente escenificación proyectada en el exterior (metales, planetas..., etc) del drama de Osiris y de Isis buscando sus trozos dispersos para regenerarlo y concebir al Niño Divino, Horus, empleando para el efecto una terminología, un argot, plagado de metáforas y emblemas de los tres reinos de la naturaleza: el mineral, el vegetal y el animal. En términos psicológicos, es un proceso de individuación, como señala Jung, es decir, un camino interior de autorrealización, en el que la ampliación de la consciencia va parejo a un "alumbramiento de la oscuridad del inconsciente" por parte del ego o yo consciente, y, recíprocamente, de una "iluminación del ego" proveniente de la luz del inconsciente, en una conjunción de opuestos tendente a unir el ego con el verdadero Yo, el Sí-Mismo, la "chispa divina" que todos llevamos dentro. Y todo esto es lo que, a nuestro modo de ver, se intenta expresar herméticamente durante la Edad Media con el crisma y, mucho más, con el crismón, aparte de una serie de conocimientos técnicos constructivos y de simbolismo tradicional referente al templo como microcosmos y otras intuiciones de carácter metafísico o, mejor dicho, arquetípico, algunas de las cuales ya han sido expuestas en los apartados anteriores (49).
Cofradías de constructores
Nuestra opinión, que coincide con la de diversos investigadores, es que algunas cofradías de constructores del medievo, de carácter itinerante, poseían conocimiento herméticos que los maestros de obra iban enseñando gradualmente a los miembros de dichas hermandades.
Hasta la propia Iglesia Romana creó una escuela de enseñanza gremial para este sector de la construcción de iglesias, ermitas y monasterios medievales, seguramente como contrapartida a las hermandades de compagnons (compañeros) que actuaban libremente por Europa y a los que tenían forzosamente que acudir puesto que ellos eran los que poseían el conocimiento técnico para la realización de las obras arquitectónicas que la Iglesia quería tener (recordemos, a este respecto, que el secreto gremial era importantísimo y fundamental en la Edad Media). Consta, por ejemplo, que en el Concilio de Lavaur, de 1368, la iglesia católica reprochó a los cofrades la utilización de "juramentos, conjuraciones y signos" y todavía, en 1655, se les veía con malos ojos pues los teólogos de la Sorbona afirmaban que "los cofrades deshonran a Dios, bautizan a sus miembros en son de burla y hacen las otras ceremonias y recepciones particulares de sus oficios según sus tradiciones diabólicas" (50).
En este sentido, bueno será transcribir las declaraciones de Albert Bernet, cantero y maestro de obra, antes de la II Guerra Mundial, de los Compagnons Étranges du Devoir de Liberté: "El Rito Extranjero del Deber de Libertad o de Salomón es el más antiguo rito de los cofrades. Se le dio el título de "extranjero" porque admitía en sus filas a hombres de todas las nacionalidades y de todas las religiones. Cuando se implantó el cristianismo reconoció el valor moral de Jesús, pero se negó a reconocerlo como Dios. Fue el primer llamado para construir las catedrales" (51). En esta cofradía, al parecer, se reagruparon los sucesores de los cofrades medievales, principalmente los Compagnons du Devoir de Liberté (antiguos "Hijos de Salomón", o "perros") y los Compagnons passants du Saint Devoir (antiguos "Hijos del Maestro Jacques", o "lobos").
Este corporacionismo artesanal o compagnonnage (compañerismo) tiene como precedente iniciático occidental a los Collegia Fabrorum romanos, pero también existía algo similar en el mundo islámico medieval, siendo precisamente España, el sur de Francia y Sicilia, los enclaves europeos que sirvieron de punto de confluencia e intercambio técnico y simbólico entre ambos compagnnonages: el del mundo cristiano y el del mundo islámico y oriental.
Las corporaciones gremiales de la construcción -que acogían a canteros, tallistas, encofradores, carpinteros, albañiles..., etc- estaban plagadas de ritos y de signos de reconocimiento entre los pertenecientes a cada cofradía o "Deber": la pata de oca, la flor del lis, los crismas y crismones, los rosetones.., son precísamente "signos de reconocimiento" gremial así como de ciertos grados dentro de los mismos (52).
Curioso es, al respecto, lo que Fulcanelli cuenta acerca de los gitanos (53):
"Los bohemios utilizan la cruz o X como signo de reconocimiento. Guiados por este gráfico trazado en un árbol o en cualquier pared, acampan siempre en el lugar que ocupaban sus predecesores, junto al símbolo sagrado que llaman "Patria"...(esta P) deriva en realidad de una palabra griega que pasa por su emblema en el sentido de familia, raza, tribu".
El actual territorio francés fue cuna de grandes movimientos de regeneración religiosa medieval (Cluny y Cister) y de nuevas fórmulas arquitectónicas (románico y gótico). Las más importantes cofradías francesas fueron tres: "Hijos del Padre Soubise", protegidos por los benedictinos, "Hijos del Maestre Jacques" (cuyo patrón, Jacques -Santiago-Iaco no tiene nada ver con el apóstol y sí con un legendario maestro de obras que participó en la construcción del Templo de Salomón -como Soubise- y que fue autor de la columna Jakin) y los "Hijos de Salomón" que, al parecer, fueron los más afines a la Orden del Temple y bien pudieran derivar de los "Hijos del Maestre Jacques".
Louis Charpentier afirma que el crismón es el signo de los "jacquaires", constructores pirinaicos del Maestro Jacques, siendo Aquitania un foco tradicional de estos cofrades, lo que concuerda con la afiliación aquitana dada por Teodoro Ramírez a las marcas de cantería de San Bartolomé de Ucero, marcas entre las que cabe destacar ahora una, repetida, en la base del abside, tipo graffiti, con la forma del lábaro constantiniano primitivo, es decir una cruz en pie con un lazo en la parte de arriba (54).
Los compagnons de esta fraternidad se autodenominaban "lobos", que podría interpretarse como "seguidores de Lug", el dios celta de la Luz y conocedor consumado de todas las artes manuales (en Irlanda se llamaba a la Vía Láctea-Camino de Santiago con el nombre de Despliegue del Arco Iris de Lug y también La fronda de Lug). El lobo, por cierto, aparece reiteradamente en San Bartolomé de Ucero. "Perro" y "Zorro" eran también -junto con "lobo"- términos argóticos que se referían al grado de iniciación artesanal en el que se encontraba cada cofrade (recordemos, al respecto, que al término del Camino de Santiago, se encuentra la constelación de Can Mayor).
La leyenda corporativa narra que Hiram, el maestro de obras del Templo de Salomón, dio un código de signos a todos los obreros para poder comprenderse aunque fuesen de nacionalidades y lenguas distintas. Y aún hoy día, según dicen, los Compagnons des Devoirs continúan utilizándolos, agrupando a los más importantes en el llamado Péndulo de Salomón o Camino de Compostela; signos que, en opinión de Gérard de Sède, tienen que ver con algunas runas (alfabeto esquemático y rectilíneo nórdico que preservaron los pueblos godos), siendo cada una de estos signos rúnicos la expresión de un número (como en el alfabeto hebreo y árabe) y de un dios del panteón nórdico (55).
El crismón es un elemento iconológico característico del Camino de Santiago hispano, o sería mejor decir de los Mil Caminos de Santiago puesto que así parece sugerirlo la presencia de crismones en la provincia de Soria. El arquéologo soriano Teógenes Ortego, al estudiar los restos de un crismón medieval aparecido en las faldas del cerro donde se asentaba el castillo de la ciudad de Soria, así lo reconocía, extrañándose de su existencia en la capital soriana y en Alaló, y errando al señalar que su origen se encuentra en Jaca puesto que en Francia también se halla el crismón (56):
"Los crismones parecen arrancar de la pequeña corte de Jaca, cuyas arcaicas producciones escultóricas fueron, ya en el siglo XI, capaces de grandes empresas. Durante esta etapa artística del primer románico se esculpen en los tímpanos de Jaca, en San Juan de la Peña, en San Pedro el Viejo y en el claustro de la catedral de Huesca, de donde irradian hacia Armentia, Briviesca y Santiago, jalonando el viejo Camino de Compostela".
Varios estudiosos del esoterismo del románico postulan que el crismón hay que asignarlo a los "Hijos del Maestro Jacques" (Iaco, recordemoslo), siendo su marca de fraternidad, su firma e incluso tal vez sello o marca de fábrica: "una especie de afirmación de que la iglesia revestida con este signo está adecuadamente construida según las normas tradicionales nacidas en épocas remotísimas" (57).
René Guénon llama la atención, por su parte, a que el lábaro constantiniano es el signo de la Orden de la Cruz Roja de Roma y de Constantino, anexa a los altos grados de la masonería inglesa. Por otra parte señala que el crisma es una marca muy apropiada para el grado de maestro de obras. Asimismo recalca la similitud existente entre el crismón y la rueda céltica de seis y ocho radios, y de éstas con los lotos hindúes, especialmente los de ocho pétalos, de ahí que equipare simbólicamente las rosas con los crismones (58).
El bucle semicerrado o cerrado de la letra crismónica "rho" griega, que es el semicírculo de la P, simboliza al disco solar en la sumidad del eje vertical o del Árbol del Mundo, desvela René Guénon, a la vez que advierte que, en ocasiones, el ojal de la P del crisma y crismón adopta la forma del "Ojal de Horus", en parentesco con la cruz ansada egipcia, y en otras ocasiones se transforma en el número arábigo 4 de cifra (marca igualmente de maestría). Y a este respecto hay que reseñar que algunos crismones y cruces coptas tienen una clara ascendencia iconológica proveniente de la cruz ansada egipcia, cuyo bucle rememora a la divinidad solar.
En diversas tradiciones religiosas, en efecto, el sol es un fruto del Árbol del Mundo o se posa sobre él al concluir la jornada diurna o al término de un manvantara. Incluso el mismo Agni es identificado como Árbol del Mundo, adoptando el calificativo de Señor de los Árboles (Vanáspati), reforzando así el carácter ígneo del Árbol-Eje del Mundo, según Guénon.
El ojal de la P del crismón es, por tanto, un símbolo de la "puerta solar" u "Ojo del Mundo", la llamada "puerta estrecha" de la esotérica "salida del cosmos" por la que el iniciado concluye su periplo en el mundo de la manifestación para alcanzar la "liberación", abandonando así la "rueda de la vida". Ese bucle de la letra "rho" es, por tanto, la "Puerta del Cielo", "Ianua Caeli", por la cual el ser "saliendo del cosmos y estando por consiguiente definitivamente liberado de las condiciones de toda existencia manifestada, pasa verdaderamente de la muerte a la inmortalidad", afirma René Guénon (59).
Diagrama constructivo
En la génesis constructiva de templo se siguen unos criterios geométrico-cosmogónicos tradicionales que pueden hallarse incluso en el tratado hindú Mânasâra Shilpa-Shâstra (60):
"En el lugar elegido para la construcción del templo se erige un pilar y se traza un círculo alrededor, a guisa de gnomon: la sombra del pilar proyectada en el círculo indicará, por sus posiciones extremas de la mañana y la tarde, dos puntos unidos por el eje este-oeste. Alrededor de estos mismos puntos se trazan a continuación, con un compás hecho de una cuerda, círculos gemelos que se entrecortan en forma de "pez", que marcará el eje norte-sur".
Otros círculos, centrados en cuatro puntos de los ejes obtenidos permitirán fijar, por sus intersecciones, las cuatro esquinas de un cuadrado; éste se presenta, así, como la "cuadratura" del ciclo solar, cuya imagen directa es el círculo del gnomon.
Este rito de la orientación es de un alcance universal. Sabemos que fue practicado en las más diversas civilizaciones: antiguos libros chinos la mencionan, y Vitrubio nos enseña que de esta manera establecían los romanos el "cardo" y el "decumanus" de sus ciudades... Se habrá observado que las tres fases de este rito corresponden a tres figuras geométricas fundamentales: el círculo, imagen del ciclo solar; la cruz de los ejes cardinales, y el cuadrado que de ellos resulta. Son los símbolos de la gran tríada extremo-oriental, Cielo-Hombre-Tierra, siendo el Hombre en esta jerarquía, el intermediario entre el Cielo y la Tierra, principio activo y principio pasivo, exactamente igual que la cruz de los ejes cardinales es el intermediario entre el ciclo ilimitado del cielo y el cuadrado terrestre".
Para que el templo fuese una completa imagen cósmica la observación ritual del sol debería efectuarse a lo largo de un año, señalando en el terreno los puntos por los que salía y se ponía el sol durante los equinoccios y los solsticios, cuyo esquema simbólico está representado igualmente por el crismón (61). Este rito y su esquematización iconográfica sería considerada, obviamente, un secreto de oficio, iniciático incluso.
Asimismo, la línea horizontal que corta algunos crismones sería, en opinión nuestra, la divisoria entre los planos celeste y terrestre, las aguas superiores e inferiores de la tradición bíblica, así como el "plano de reflexión" de la hermenéutica guenoniana. Esta hipótesis nos parece reforzarla el hecho de que en la parte superior del eje vertical aparece un semicírculo solar (inicialmente el bucle de la letra griego "rho"), y que en la parte inferior se encuentra la serpeante forma de la letra s, que hace referencia a lo ctónico de la serpiente. Esta sería una división dualista (arriba-abajo, Cielo-Tierra, etc).
La línea horizontal es equiparable, por tanto, al velo separador de tal bipolaridad, como puede leerse en textos sagrados y verse en la imaginería medieval. Mas también habrá que tener en cuenta la interpretación gnóstica de Filón de Alejandría, para quien el velo separa lo interior de lo exterior, lo esotérico de lo exotérico, el plano de los arquetipos o Ideas respecto al plano de su plasmación material, lo inmutable y lo mutable, lo no-manifestado y la manifestación... (62).
Ahondando en esta concepción cosmogónica pudiera interpretarse también que el trazo horizontal, como punto intermediario, simboliza a la Tierra, situada entre los Cielos y el Submundo en el que habitan los muertos, pues es una división ternaria presente en muchas tradiciones. Así, "en la poesía islandesa la palabra Midgadr, que significa "mansión del medio", es el nombre de la morada de los hombres, sin duda porque se situaba a la tierra en el centro del mundo" (63).
En las cosmogonías es habitual encontrar un sostén del mundo intermedio, los pilares de la Tierra, para que ésta se sustente sobre el mar (las Grandes Aguas del Abismo) o sobre el Submundo (Gran Tierra Madre). Pues bien, en Asia central y en algunas zonas de Asia oriental es precisamente un pez quien sostiene a la masa terrestre, mientras que por la zona del Cáucaso y de Egipto será un toro, el cual, en ocasiones descansa sobre una roca que es sostenida a su vez, por un pez (el toro está relacionado con Osiris-Dioniso-Baco, y el pez, como hemos visto, con Vishnú y Cristo mismo).
Por otra parte, en el ritual medieval de consagración de las iglesias el obispo realizaba la aspersión siguiendo dos cruces que se entrecruzaban, formando por tanto una estrella de ocho puntas. En una nave de cruz latina, por ejemplo, la primera cruz iba por los ejes de ambas naves. La otra cruz, en forma de X, unía los ángulos laterales del templo. Entre las aspas de esta segunda cruz el obispo dibujaba en el suelo y con la punta de su báculo el abecedario completo, latino y griego, repitiendo la frase de Jacob en Betel: "Esto no es otra cosa sino la Casa de Dios y la Puerta del Cielo" (64).
Cruz de tres dimensiones y siete oculto
Ahora bien, como señalan Champeaux y Sterkx (65):
"La cruz del microcosmos-iglesia no es tanto la de su trazado en el sueño (la nave más los brazos del crucero, porque puede no darse esta forma), cuanto su ordenación íntima en las cuatro direcciones del espacio (...) Esta relación psicológica, tan imperativa para el hombre es la que le da mistericamente la coextensión de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro vientos del espacio. Ella es también la que inscribe en el espacio la sucesión de las estaciones, determinada por la alternacia ritual de los solsticios y de los equinoccios, que son los cuatro puntos cardinales del ciclo litúrgico (Navidad, Pascua, nacimiento de san Juan Bautista y fiesta de San Miguel). Ella es la que enlaza la cruz cardinal terrestre con la celeste y funda el simbolismo de sus relaciones. Este nexo es "animación", y su expresión más vivamente percibida por el psiquismo humano es la de rotación de la esfera del mundo en torno a su eje polar; dicho eje es perpendicular al gran círculo del horizonte, del lugar sagrado; forma, con cualquiera de las rectas en el suelo, una cruz, levantada esta vez verticalmente" .
Tenemos así una cruz de tres dimensiones y seis brazos, cuyo profundo simbolismo metafísico ha sido interpretado de forma magistral -y seguramente insuperable- por René Guénon, como expresión totalizadora de los estados múltiples del ser y su conexión con la divinidad (mas no es este ni el momento ni el lugar idóneo para referirnos a tal hermenéusis guenoniana). Asimismo, la cruz tridimensional de seis direcciones es un símbolo del Hombre Universal, del Anthropos, de Adam Kadmon (66).
Pues bien, la representación plana, en dos dimensiones, de esta cruz de tres dimensiones y seis brazos no es otra que la estrella de seis puntas, presente en el crismón, "símbolo polivalente tan viejo como el mundo que la simbólica cristiana se complace en incorporar, tras un simple bautismo mental resultante sea de la lectura de X y de la P, las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego, sea del cruce de esa X con la I de Iesous" (67).
Clemente de Alejandría consideraba a Dios como "corazón del universo" y señala que de él parten "las extensiones indefinidas, que se dirigen, una hacia arriba (cénit), otra hacia abajo (nadir), ésta a derecha (sur), ésta a derecha (sur), aquélla a izquierda (norte), una hacia adelante (este) y otra hacia atrás (oeste)". Y decía además que "dirigiendo Su mirada hacia esas seis extensiones como hacia un número siempre igual, consuma la obra del mundo. Él es el principio y el fin; en Él se consuman las seis fases del tiempo, y de Él es de quien éstas reciben su extensión indefinida: éste es el secreto del número Siete" (68).
Dios como Principio Supremo es el origen de todo, su centro, y de Él surge el cosmos entero y el tiempo..., y a Él retornan, como señala el Apocalipsis y, mucho antes los Vedas del hinduismo. Por tanto, la cruz de tres dimensiones representa al universo en su totalidad expansiva en el espacio y en el tiempo, siendo su centro el Principio Supremo. Y el rayo divino por excelencia, en la rueda cósmica de seis radios, cual es el crisma y crismón, es invisible pues no puede ser captado geométricamente dado que es el séptimo rayo, el que pasa por el "centro del centro", en la intersección de la cruz de tres dimensiones (69).
Si esta cruz de tres dimensiones la situamos dentro de una esfera (o su representación plana como estrella de seis u ocho puntas dentro de un círculo), tendremos un mandala cosmogónico y metafísico de primer orden. Nicolás de Cusa dijo: "El mundo es como una rueda, una esfera dentro de una esfera. Así, pues, los polos de las esferas coinciden con el centro, que es Dios... Él es circunferencia y centro, Él, que está en todas partes y en ninguna". Y Platón, en Las Leyes, 4, escribe: "Dios, siguiendo un antigua tradición, es el comienzo, el fin y el medio de todo cuanto existe. Obra en línea recta aunque por naturaleza es circunferencia". De ahí que Gérard de Champeaux y Sébastien Stercks digan que "el círculo puede, por tanto, simbolizar la divinidad considerada no sólo en su inmutabilidad, sino también en su bondad difusiva como origen, subsistencia y consumación de todas las cosas; la tradición cristiana dirá: como alfa y omega" (70).
En la cosmogénesis del jesuita Pierre Teilhard de Chardin -que supo complementar ciencia, teología y mística- el universo, que ha salido de Dios, en un proceso evolutivo ascendente concluirá en Dios de nuevo confluyendo en lo que el llamaba Punto Omega puesto que para él la marcha hacia Dios es la meta última del proceso evolutivo y la razón de ser de este universo, de este cosmos, y fundamentalmente de la humanidad (71).
Numerología arquetípica
Todo crisma y crismón parte de un centro, cuyo valor es el 1, la unidad, y se expande por medio de un número determinado de radios que culminan en la circunferencia, cuyo valor numérico es el 9, lo que suma 10, cifra de la culminación alquimista por ser el 10 un número que denota perfección, totalidad alcanzada y fin de un ciclo. En efecto, la suma de la tétracktis pitagórica (4+3+2+1), que reaparece en el alquimista Axioma de María, es "la unidad en una etapa más alta", de ahí que signifique propiamente al Hijo de Dios o Filius Philosophorum (72).
Las estrellas de seis u ocho puntas de los crismones tienen, obviamente, un simbolismo implícito al número de radios. El número seis se relaciona con el macrocosmos, así como de unión y de mediación e incluso del Verbo encarnado, según Guénon. Por su parte C.G Jung recuerda que los alquimistas atribuían el sexto día a Phosphoros (el lucero del alba), "que al mismo tiempo calienta y humedece fecundando", siendo el seis el número "más adecuado para la generación", de ahí que los antiguos lo designaran "como matrimonio y armonía", máxime cuando se le ve como andrógino, esto es masculino y femenino al mismo tiempo. El alquimista Johannes Lydus estimaba igualmente que el seis "conduce a la concordia y a la amistad, al conferir salud al cuerpo, armonía a las canciones y a la música, virtud al alma, prosperidad al estado y previsión al Todo" (73).
La unión de opuestos que conlleva el seis se expresa geométricamente en nuestra esquemática estrella de seis puntas del crismón, que esconde tras sí el llamado Sello de Salomón, formado por dos triángulos invertidos, figura muy querida por el esoterismo y exoterismo judío e islámico, pero también empleada por el cristianismo, en el que llegó a ser incluso uno de los antiguos símbolos de Cristo, según M. Charbonneau-Lassay, como lo fue igualmente la estrella de seis brazos (74):
"El hermetismo cristiano de la Edad Media veía, entre otras cosas, en los dos triángulos opuestos y entrelazados, en el que uno es como el reflejo o la imagen invertida del otro, una representación de la unión de las dos naturalezas -divina y humana- en la persona de Cristo, y el número 6, tenía, entre sus significados, los de unión y meditación, caracteres que convienen perfectamente al Verbo encarnado. Por otra parte, este mismo número es, según la kabala hebraica, el número de la creación (la obra de los seis días), y, desde este punto de vista, la atribución de su símbolo al Verbo no está menos justificado: es como un modo de traducir gráficamente "por el que todo ha sido hecho" del Credo".
En cuanto al ocho destacaremos que ha tenido siempre un simbolismo vinculado a la resurrección, al renacimiento, así como de la justicia y del equilibrio, en opinión de Guénon.
La peculiaridad del crismón de ocho radios de Ucero y de San Baudelio de Berlanga es que se encuentran enmarcados en un cuadrado y no en un círculo, que es lo más habitual, por lo que su equiparación simbólica con la Jerusalén Celeste es bastante idónea a nuestro parecer.
Por otro lado debemos reseñar que, en Ucero, nos encontramos en un enclave templario y que en su interior se encuentra el cuadrado de ocho radios repetido cuatro veces en una misma figura, coincidiendo así con los graffitis templarios de Chinon y otros encontrados en tumbas templarias francesas, siendo quizás un signo asumido específicamente por el Temple .
Esta figura de ocho radios ciscunscrita en un cuadrado ya existe en betilos célticos, e incluso en grabados prehistóricos sorianos, sin ir más lejos. En la francmasonería subsiste como "figura-madre" a partir de la cual pueden recomponerse todas las cifras árabes de forma más o menos esquematizada, como igualmente pudiera serlo el crisma y crismón, en cierto sentido. Otra interpretación hace de este cuadrado de ocho radios la representación del Mundo (75).
El crismón cuadrado -y quizás sea interesante señalarlo por la vinculación francesa del Temple y de la cofradía Hijos del Maestro Jacques- abunda en la comarca francesa del Bearn (76). Y es precisamente en los crismones bearneses de Montaner y Peyraube donde encontramos la doble sigma (o sea, la swástica ondulada) en la parte inferior del eje vertical, como sucede en el crismón de Romanillos de Medinaceli. En estos dos crismones bearneses se han grabado, debajo de la alfa y la omega, las palabras "lux" y "lex" (luz y ley), y en el centro la palabra rex (todo ello altamente revelador).
La swástica escuadrada también fue emblema medieval de Cristo y aparece incluso en las dalmáticas. Está formada por cuatro letras gammas (si fuesen solo dos contrapuestas formarían la Tau, presente en el crismón de Ucero aunque no vamos a abordar su simbolismo, muy vinculado al Temple, por otra parte). A la swástica la llamaban los primeros cristianos Cruz del Verbo. En la India sigue siendo el emblema de Buda y en el lamaísmo tibetano es la cruz más sagrada. Mas la swástica es, esencialmente, un símbolo del "Polo", por lo que "no es una imagen del Mundo, sino de la acción del Principio respecto al Mundo" (77). Y recordemos que Agni se manifiesta en el centro de la swástica, símbolo equiparable a la situación del Agnus Deis del Apocalipsis en el manantial de los cuatro ríos (78), lo que viene a expresar la existencia en el centro del ser humano, en su "corazón", de la "chispa divina", de la esencia divina humanizada, el Sí-Mismo de la psicología junguiana, el Atma del hinduismo, el Cristo interior del misticismo y cristianismo esotérico.
Y ya que estamos hablando de las peculiaridades de los crismones sorianos, remarquemos la presencia de dos figuras humanas a ambos lados del crismón de Alpanseque cuyos antecedentes iconográficos podríamos encontrar en los dos leones o dos pájaros que habitualmente aparecen flanqueando a otros crismones, e incluso en los dos leones que flanquean al Árbol de la Vida o a Gilgamesh-Hércules. Ya en Egipto es posible hallar a dos aves rodeando al Dios Sol.
¿Son las figuras humanas de Alpanseque hombre y mujer? Si así lo fueran podría verse en ellos la manifestación dual (Yin-Yang, Masculino-Femenino, Esencia y Substancia...) e incluso al alquimista y su soror mystique (79).
Si fueran dos varones, entonces podríamos recordar la presencia del buen y el mal ladrón a los lados del Cristo crucificado, formando un ternario; como cuando indica el Apocalipsis, en la escena del Juicio Final, que se colocarán a ambos lados del Cristo triunfante los elegidos (a la derecha) y los condenados (a la izquierda). Bien y Mal encuentran aquí sendas imágenes, pero igualmente pueden simbolizar nuestros dos personajes del crismón al mismo principio simbólico inherente en los mitemas de los gemelos: los Asvins de los Vedas, Gilgamesh y Enkidu, Cautos y Cautopates en torno a Mitra, Cástor y Pólux..., los dos caballeros templarios sobre un mismo caballo... Mitemas en los que uno de los gemelos es mortal y el otro inmortal, como simbolizando al ego y al Sí-Mismo, por ejemplo. Además, en otro plano interpretativo, las dos figuras que flanquean al crismón pueden vincularse incluso al simbolismo de las dos columnas del templo de Salomón y del Árbol Sefirótico de la kabala judía: "misericordia" y "rigor". Iguamente habría que agregar a todo ello el simbolismo de la polaridad como "campo energético" sin el cual es imposible que la vida transcurra oscilatoriamente en todos sus ámbitos (corporal, anímico y espiritual).
Grial
Comenzábamos este ensayo refiriéndonos a la India y a ella retornamos buscando la relación existente entre el crismón y el Grial, recurriendo para ello a un profundo estudio realizado por Antonio Medrano con el título de El Graal y la búsqueda iniciática (80).
Leyenda hay, en el ciclo literario griálico-artúrico europeo y medieval, de que el Grial abandonó Europa para refugiarse en la India, en cuya tradición cabe equiparlo al vaso sacrificial que contiene el soma o bebida sagrada del ritual védico, e incluso con el mismo soma, como pusieron de manifiesto los orientalistas Emile Bournouf y Leopold von Schroeder. El soma es un néctar celeste, elixir de la inmortalidad que actúa como medicina universal curalotodo, propiedades coincidentes con el grial occidental. El soma mana de un Árbol de la Vida, como la sangre de Cristo colgado en el árbol de la cruz, réplica del Árbol de la Vida del Paraíso, apunta Medrano.
"Según Burnouf, el samudra o recipiente del soma es el vaso que contiene la sangre del dios viviente, de Agni, personificación del fuego, del mismo modo que el graal contiene la sangre de Cristo inmolado. Tanto el uno como el otro representan el "Vaso Universal" o "vaso de purificación"..." (81). Por su parte, von Shroeder destacaba la vinculación entre el soma y la luna, siendo esta incluso considerada como "vaso celeste dispensador de milagrosas bendiciones".
Dado que que el vaso puede representarse cenitalmente con un círculo, como el que rodea el monograma o crisma, creemos por nuestra parte acertado afirmar que el círculo del crismón contiene la esencia del simbolismo crístico, por lo que, desde un punto de vista meramente cristiano, es, pues, un emblema griálico excelente.
Ananda K. Coomaraswamy, por su parte, equipara simbólicamente con el grial la Copa de Asura y el Cuenco del Padre Titán, a la par que aclara que, en los Vedas, hay que entender por "luna" el símbolo del "mundo" o "universo", o sea, todo aquello que está bajo el sol. Coomaraswamy habla iguamente del Grial Solar como "vaso nutritivo que satisface todos los deseos" y cuyo modelo es "el orbe, patena o bandeja solar que contempla todas las cosas y participa así de ellas en un mismo instante", siendo por ello el "prototipo de toda patena sacrificial" (82).
Por otro lado, en la tradición hindú se encuentra otro símbolo griálico que podemos relacionar fácilmente con el crismón puesto que el disco o rueda de Vishnú, la segunda de las divinidades de la trinidad o trimurti védica, tiene seis radios como la mayoría de los crismones (83):
"Es una rueda de seis radios (la seis estaciones del año, según el calendario hindú) que porta en el centro la sílaba mágica "hrim", la cual "representa la inmovilidad del centro, la inmutabilidad del contínuo causal", y que está rodeado por un círculo que simboliza a Maya, el poder divino que engendra la manifestación universal. Recibe el nombre de Sudar-skana ("Bello Deber") y tiene como signo geométrico equivalente al de la swástica, arma invencible con la que el dios solar se abre paso y destruye a sus enemigos, el chakra de Vishnú se perfila así como la materialización de la fuerza aniquiladora de la ignorancia y del desorden, como la quintaesencia misma de la paz y armonía universales. Según enseña el "Vishnú-Purana", el disco de Vishnú simboliza la "Mente Universal" que, con su luz y su poder, rige el orden cósmico.".
Maryvonne Pierrot, por su parte, incide en el simbolismo del chakra (rueda) de Visnhú "en cuanto poder distribuidor de maná o potencia de vida, fuente de esa energía vital, creadora, que se alimenta en la fuente del Centro Absoluto" (84).
En el budismo la rueda y disco solar de Buda tiene también un carácter griálico considerable, aparte de simbolizar al Dharma-Chakra o "Rueda del Dharma" (Rueda de la Ley) en cuyo centro reposa el Inmutable y Pantocrator Señor Universal, Chakravarti, "que hace girar la rueda del orden cósmico" (85). Ese Dharma-Chakra suele estar colocado sobre una columna o pilar sagrado, lo que recuerda en sumo grado a las custodias cristianas que, como hemos señalado anteriormente, estimamos son una derivación del crismón. Asimismo se suele representar al Dharma-Chakra como un loto de ocho pétalos (en Occidente su paralelo simbólico es la rosa de ocho pétalos y el rosetón, pero antes lo fue el crisma o crismón de ocho radios y la estrella de ocho puntas).
El loto, tan importante en el budismo, se encuentra en el origen mismo de Buda puesto que a este se le representa, como a Horus, naciendo del loto, representándole igualmente sentado sobre él en la llamada "postura del loto" (padmasana), la más usual para representar el estado de meditación. Igualmente se representa a los Bodhittsavas (reencarnaciones de Buda) sentados sobre el loto o sosteniendo uno de ellos en la mano (en el románico Cristo infante sostendrá la bola del mundo). El loto, por tanto, contiene la Luz de Buda.
Por otra parte, Shiva tiene en otra mano un loto de seis pétalos, redundancia simbólica de la rueda de seis radios citada anteriormente; loto que representa "los seis poderes de la Divinidad" y que es el símbolo "de la manifestación divina, de la Creación universal que brota de las aguas primordiales" (86). El loto abierto tiene forma de un círculo perfecto, de ahí su similitud morfológica con la rueda. En su centro se encuentra la "joya", el Centro por excelencia de Ser, de ahí que diversas mitologías sitúen a sus dioses sobre un loto, incluso en Egipto donde Horus suele aparecer sentado en un loto y en el que el dios solar Ra es llamado "el joven dorado que vino del loto".
"Como vaso que recoge la lluvia, el rocío de la aurora, el néctar celestial, la sangre o las lágrimas de los dioses, viene a significar el recipiente que contiene la bebida de inmortalidad, siendo para el Oriente lo que la rosa es para el Occidente, y en este punto bastará recordar la conexión de la rosa con el Grial, en cuanto florido cáliz receptor de la sangre de Cristo y en como broche rojo de perfección que sella el centro de la cruz: la rosa-cruz del esoterismo cristiano", afirma Antonio Medrano (87).
El Principio Femenino, la Luna de diversas cosmogonías, el yin del taoísmo, la Shakti-Kundalini hindú, la Sabiduría del Antiguo Testamento, la Sophia del gnosticismo, que contiene la esencia de la inmortalidad y que convierte en acto lo que está en potencia o es virtual, es la Virgen María en el esoterismo cristiano, por ello no es de extrañar la serie de epítetos numinosos que tiene en la letanía lateranense, entre los que queremos destacar ahora el de "Vaso de Perfección", "Vaso de Honor", "Vaso Insigne de Devoción", "Vaso Espiritual" y hasta "Arca de la Alianza" (tan griálica también), pues es "Theothokos" (Portadora de Dios). María aparece en el Apocalipsis como una mujer vestida de Sol, luciendo sobre la cabeza una corona de doce estrellas, la luna bajo sus pies y pisando la cabeza de la serpiente-dragón, imagen iconológica reiteradamente usada desde el mozárabe en adelante y que la caracteriza como Inmaculada Concepción. Así aparece, por ejemplo, en la fachada principal de la catedral de Burgos, flanqueada de la inscripción "Pulchra es" ("Bella eres", Cantar de los Cantares, 6,4) y "et decora" ("y hermosa", Cantar de los Cantares, 1,14) (88).
Estos referentes bíblicos conciernen a la Sulamita del Cantar de los Cantares, "negra pero hermosa" (como la materia prima de la alquimia), "tota pulchra et decora" (Cantar de los Cantares, 7,6), cuyo monograma bien puede ser TPD, letras que aparecen en sentido ascendente en todos aquellos crismones en los que se ha trazado una línea horizontal sobre el eje central vertical, como acontece con la mayoría de los crismones sorianos citados.
"Saldrá una vara de la raíz de Jesé", dice Isaías (11,1), profetizando a María y, nacida de ella, a Jesús, según los exégetas católicos. Y en el cántico Ave Regina Caelorum se canta: "Salve, Reina de los Cielos... Salve, Señora de los Ángeles. Salve, raíz y puerta de la que ha nacido la luz para el mundo. Salve, Virgen gloriosa, de todas la más hermosa". Ella es, pues, la "contenedora griálica" de esa Luz que ilumina desde arriba pero que hay que activar desde la base de la columna central, desde la raíz del Axis Mundi.
La S del crismón, monograma de la Serpiente, (la serpiente simboliza en la alquimia el Anima Mundi, según Fulcanelli y también el telurismo de la Tierra Madre) es Ella, Shakti-Kundalini, María, que se alza enroscándose en el Árbol-Eje del Mundo que es ese palo central vertical del crismón, como lo hiciera Isis, transformada en golondrina y volando en torno al árbol que tenía escondido dentro de su tronco el ataúd de su divino esposo, Osiris, del que concebirá al Hijo del Sol, Horus, que suele ser representado en los jeroglíficos naciendo o sentado en el cáliz de un loto (89).
Confirmación de esta interpretación nos parece encontrarla en la alquimia, donde encontramos la "serpens mercurialis", la Serpiente Mercurial, "que, entre otras formas, se ha presentado como serpiente virgen para expresar por medio de esta "monstrositas" la doble naturaleza de Mercurio", señala Jung. "La salvación de este ser (Mercurio) fue representada como la Asunción y Coronación de María", concluye Jung, a la par que señala que en esta figura del Mercurio de la alquimia confluyen los arquetipos del anima y del viejo sabio (90).
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1.- Angel Almazán de Gracia: "Los caminos de Santiago en Soria", Revista de Soria, nº 0, 1993. También véanse los cinco artículos santiaguistas, de la serie "El Otro Lado" en Soria Semanal: 6-13,20 y 27 de febrero, y 6 de marzo de 1993. En cuanto a los estudios publicados sobre los crismones sorianos, véanse nuestro artículo "Los mil caminos de Santiago" (Soria Semanal, 6-IV-1993), lo que hemos escrito en Por tierras de Soria, la Rioja y Guadalajara (Sotabur, 1997), así como los artículos de Teógenes Ortego ("Piedras de Soria: un crismón medieval y una lauda hebrea en el castillo de Soria", Celtiberia, 10, 1955, 309-319) y de M.A. Alonso Sánchez ("Pilas bautismales sorianas con omega-alfa", en Actas del Segundo Symposium de Arqueología Soriana, Diputación de Soria, 1992, pp. 1131-1142).
2.- Max Müller: Mitología Comparada, Visión Libros, Barcelona, 1984, pp. 275-306.
3.- Ibid, p. 290.
4.- Malvert: Ciencia y Religión, Madrid, 1896, p.71 (reimpresión faccsimilar de París-Valencia, 1987):
"La leyenda búdica se había sacado a su vez del mito védico. En el budismo la virgen madre Maya da un salvador al mundo, concibiendo a Buda. La concepción de Maya es inmaculada y su marido extraño a ella. Es Dios mismo quien en ella se encarna.
En el nacimiento de Buda aparece en el cielo una estrella brillante; vienen reyes a adorarle; cuando de niño es presentado en el templo, los profetas presagian de él cosas maravillosas; asombra a los doctores con su sabiduría.
Antes de su predicación, Jesucristo ayuna cuarenta días en el desierto y es tentado por Satán, que le ofrece el imperio del mundo. Del mismo modo, Buda Sakyamuni, antes de su predicación, se había retirado a la soledad cerca de Ourouvela, donde ayunó durante cuatro semanas. Había estado expuesto a los asaltos de Mara, el tentador, que le había ofrecido el imperio del mundo.
Buda hace enseguida curaciones; vuelve la vista a los ciegos, pasa sobre el agua a pie enjuto y suministra milagrosamente a sus discípulos alimento inesperado. Después de su muerte, se aparece a sus discípulos en forma luminosa: una aureola rodea su cabeza".
5.- Olivier Beigbeder, La Simbología, Oikos-Tau, Barcelona, 1970, pp. 86 y 113.
6.-Malvert, opus cit., pp. 52-53. Elemento clave en el lábaro constantiniano que se impuso finalmente es la X, signo que identificaba al "Anima Mundi" (Alma del Mundo) en el Timeo (34 B) de Platón y que como tal era conocido por los hermetistas y por los Padres de la Iglesia. El demiurgo platónico separó alma y cuerpo del mundo en forma de una X y luego los unió. Sobre ello dice Jung que "una X en un círculo significaba, entre los egipcios, el alma del mundo, según Porfirio; de hecho éste es el jeroglífico de "ciudad" entre los egipcios", de ahí que Jung sospechase que Platón "intentaba ya aquí poner de manifiesto aquella estructura de mandala que después aparece en el Critias como capital de la Atlántida", cita que habrá de relacionar el lector con lo que señalamos respecto al crisma y crismón como diagramas arquitetónicos y como símbolos del Centro del Mundo más adelante (Carl Gustav Jung: Simbología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 2ª reimpresión, 1984, pp. 77 y 244).
7.-En cuanto al origen del lábaro constantiniano, predecesor del crisma y crismón, los cronistas cristianos contemporáneos del emperador Constantino lo narran de esta forma:
- "Constantino fue advertido en sueños para que grabase en los escudos el signo celeste de Dios y entablase de este modo la batalla. Pone en práctica lo que se le había ordenado y, haciendo girar la letra X con su extremidad superior curva en círculo, graba el nombre de Cristo en los escudos" (Lactancio: Sobre la muerte de los perseguidores, Gredos, Madrid, 1982, p. 189).
- "En las horas medianas del sol, cuando ya el día comienza a declinar, dijo que vio con sus propios ojos, en pleno cielo, superpuesto al sol, un trofeo en forma de cruz, construido a base de luz y al que estaba unida una inscripción que rezaba: "Con este vence"... En sueños (esa noche) vio a Cristo, hijo de Dios, con el signo que apareció en el cielo, y le ordenaba que una vez se fabricara una imitación del signo observado en el cielo se sirviera de él como bastión en las batallas contra los enemigos... Se elaboró de la siguiente forma: una larga asta revestida de oro disponía de un largo brazo transversal colocado a modo de cruz; arriba, en la cima de todo, se apoyaba sólidamente entretejida a base de preciosas gemas y oro una corona, sobre la cual dos letras indicando el nombre de Cristo connotaban el símbolo de la salvífica fórmula por medio de los dos primeros caracteres: la rho formando una ji hacia el medio. Mas tarde tomó el emperador la costumbre de llevarlo en el yelmo. " (Eusebio de Cesárea, Vida de Constantino, Gredos, Madrid, 1995, I. 28-31).
Autores hay que estiman falso, en gran parte, el relato de Eusebio, a la par que recalcan que el escrito de Lactancio es prácticamente inmediato al año 312, mientras que el de Eusebio comenzó a escribirse tras la muerte de Constantino en mayo del 337, no pudiendo haber visto el lábaro imperial que describe -y que le mostrara Constantino, según Eusebio- hasta el año 324 como muy pronto. Todo parece indicar que inicialmente el lábaro era el que describió Lactancio (una cruz derecha -y no en X- con el bucle de la rho arriba o incluso en forma de cruz ansada) y que fue transformándose convirtiéndose en la X con la P en medio (véase al respecto la interesante síntesis de las diversas posturas contrapuestas que ha originado esta cuestión desde hace siglos en el apéndice "La visión de la cruz", escrita por Martín Gurruchaga en el citado libro de Eusebio de Cesárea editado por Gredos, pp. 339-411). Y sobre Constantino recomendamos el libro de Alistair Kee, Constantino contra Cristo (Martínez Roca, Barcelona, 1990), en el que afirma que "el lábaro no es la cruz; simbolizan dos formas totalmente incompatibles de enfocar la vida y dos revelaciones completamente contradictorias de Dios", a la par que sostiene la tesis de que Constantino, como Pontífice Máximo de todas las religiones transformó el cristianismo aportando su mesianismo triunfante al del Cristo crucificado, conquistando a la élite sacerdotal y episcopal cristiana al hacerles partícipes en los "reinos de este mundo", pasando a ser la Iglesia su leal servidora. "La conquista de Constantino fue total y abarcó la doctrina, la liturgia, el arte y la arquitectura, la urbanidad, el etos y la ética", concluye.
8.- René Guénon: Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, Eudeba, Buenos Aires, 1988, p. 132-133.
9.- Ibid., p. 139.
10.- Ángel Almazán: "Vishnú y el apóstol", Soria Semanal, 27-Febrero, 1993. La exposición completa se encuentra en René Guénon, op. cit., pp. 133-134.
11.- Los textos bíblicos expuestos en este ensayo están tomados de la Biblia, traducida de la Vulgata latina al español, editada por Sopena Argentina, 1965.
12.- Fulcanelli: Las Moradas Filosofales, Plaza y Janés, Barcelona, 1969, p. 197.
13.- Malvert, op.cit., pp. 54-55. Por su parte, Carl Gustav Jung subraya, partiendo también de Agni y la producción del fuego, la relación simbólica existente entre el fuego, brillar, boca, sonar, hablar y, por tanto, con el Logos-Verbo, en Símbolos de Transformación, Paidós, Barcelona, 1º reimpresión, 1982, p. 175 y ss.
14.- Malvert, ibid., pp. 56-61.
15.- Malvert, ibid., pp. 62-64.
16.- Malvert, ibid., pp. 84-85. Los primeros cristianos festejaron la natividad de Cristo el 28 de marzo, 2 y 6 de enero, 2 y 19 de abril, 20 de mayo y 29 de septiembre, hasta que el papa Telesforo lo situó el 6 de enero en el año 130. El simbolismo y culto solar de Cristo durante siglos está fuera de toda duda (véanse nuestros artículos: "Navidad, solsticio y Cristo Solar, Soria Semanal, 28-XII-1985; Simbolismo y psicología de la navidad y del solsticio, Diario de Soria, 23-XII-1990, y "Paganismo oculto de la navidad", Soria Semanal, 26-XII-1992).
17.- Malvert, ibid., pp. 9-10 y 14
18.- Malvert, ibid., pp. 14-15.
19.- Fulcanelli no está de acuerdo con esta intepretación funcional de la swástica pues asegura que "es el signo del espíritu divino, inmortal y puro, el símbolo de la vida y del fuego y no, como se cree equivocadamente, un utensilio destinado a producir la llama" (Opus cit., p. 212).
20.- Juan García Font, Dioses, ideas y símbolos de la India, Fausí, Barcelona, 1988, p. 39. Creemos interesante dar a conocer al lecto esta selección de calificativos y consideraciones que sobre Agni se pueden leer en el el Rig Veda, muchas de las cuales son similiares a Cristo (Vyasa: Los Vedas, Clásicos Bergua, Madrid, segunda edición, 1997):
- "Agni quiere mostrarse en las cien regiones del espacio, pues el el vencedor, el adorable, la fuente de la vida para los grandes y los pequeños".
- "El que ha nacido dos veces e ilumina las tres regiones brillantes, el que brilla por encima de todas las esferas espléndidas y el que invoca a los dioses, está presente en el lugar en donde se hallan reunidas las aguas".
- "Cualquiera que sea la ofrenda que presente el sacerdote, sea cual fuere la plegaria que recite, Agni las conoce todas: comprende todos los actos sacerdotales como la circunferencia de una rueda comprende sus radios".
- "Porque eres el que concede la lluvia que viene del Cielo, tú eres el que nos das una fuerza inmortal y quien nos da una abundancia infinita de alimentos".
- "Sabio Agni, tú penetras en los secretos del hombre".
- "Sus dos fieles compañeros velan por él como dos abnegados guardianes".
- "Que nuestro pecado pueda ser borrado por el arrepentimiento".
-"El brillante Agni ha entrado, pues, en las regiones maternales del espacio; ha crecido puro y exento de todo mal"
- "Agni, concede a nuestro excelente patrón una barca siempre provista de remos y de pies y que lleve a los mortales al puerto que hay más allá del océano y de la vida".
- "Celebremos sus alabanzas con un ruido igual al del trueno cuando el Sol rompe la nube que contiene la lluvia"
- "Agni, tú reinas sobre los habitantes del Cielo y los de la Tierra; tú dominación es como la de un pastor sobre su rebaño: el Cielo y la Tierra, radiantes, vastos, adorables, bienhechores y expandiendo un sonido agradable, toman parte en la ofrenda".
- "Glorificad a Agni, el de las tres cabezas y de los siete rayos; no está sujeto a ninguna disminución; sentado en los lugares de sus padres satisface todos nuestros deseos; el esplendor universal del divino Agni, ya se agite, ya permanezca inmóvil, se esparce a lo lejos".
- "Los sabios adoran a Agni como al que ha dado a las plantas sus virtudes y que, manantial de la ciencia y de la existencia, reside en las aguas".
- "Tú conoces el pasado, tan bien como el presente".
- "Señor de la noche..., que sabe todas las cosas y que conoce el origen de los dioses y de los hombres".
- "Los siete ríos puros que bajan del Cielo son dirigidos por ti".
- "¡Oh, tú! que llenas el Cielo, la Tierra y el Firmamento con tu esplendor; tú proteges al mundo entero... Conoces y ves todo lo que existe".
También se dice de él que sana a los enfermos y da la vista a los ciegos, que es parecido al sol, que protege al pueblo entero y a las moradas particulares, que es la vida de todos los seres vivientes, que revela a los mortales el conocimiento de los deberes religiosos, que es joven e inmortal y resplandeciente, que ha sido engendrado por todos los dioses bajo la forma de la luz y es el ombligo de los hombres y de la Tierra, que es el purificador, intercesor de los hombres ante los dioses y heraldo-mensajero de los dioses y que monta un carro tirado por caballos rojos y brillantes "rápidos como el viento".
En el Katha-Upanishad se dice igualmente: "Conoce tú que este Agni, que es el fundamento del mundo eterno, y por el cual éste puede ser alcanzado, está oculto en la caverna del corazón".
21.- Maryse Choisy: "El arquetipo de las tres S: Satán, Serpiente, Scorpio", en Lo Demoníaco, VV.AA, Monte Avila, Caracas, 1970, p. 174.
22.- Jean-Pierre Bayard: El secreto de las catedrales, Tikal, Gerona, 1995, p. 342).
23.- Fulcanelli: El misterio de las catedrales, Editorial América Ibérica, Madrid, 1994, p. 17.
24.- Ibid., p. 87-88.
25.- Ibid.,., p. 25.
26.- Ibid., p. 23.
27.- Ibid., p.179.
28.- Ibid., p.64, y René Guénon: La gran tríada, Obelisco, Barcelona, 1986, p.182, en la que indica que "el centro, además, hay que concebirlo conteniendo principalmente a la rueda entera, y por eso Guillaume Postel describe el centro del Edén (que a su vez es al mismo tiempo el "Centro del Mundo" y su imagen) como la Rueda en el medio de la Rueda". Acerca del simbolismo de la rueda es oportuno leer a Federico González: La rueda. Una imagen simbólica del cosmos, Ed. Symbolos, Barcelona, 1986.
29.- Eliphas Levi: Curso de Filosofía Oculta, p. 86, y Dogma y ritual de alta magia, p. 51.
30.- Fulcanelli: El misterio de las catedrales, Opus cit. p. 180. En el Allegoriae super Librum Turbae se describe al pez como "redondo" y "capaz de dispensar la vida". Lo "redondo", precisamente, se encuentra en los textos alquimistas como calificativo o identificación del agua. En la alquimia el aqua permanens o aqua nostra, como indica Jung, "es una especie de superfuego, un ignis coelestis" vinculado a los mitemas iniciáticos del desmembramiento, inmolación, tormento y transformación, tan característicos de los Misterios egipcios y greco-latinos, así como del periplo de Cristo y de muchos santos, incluido Santiago el Mayor, el de Compostela. Este aqua divina o permanens, del que es sinónimo la serpens mercurialis, es equiparable al Anima Mundi ligada a la materia (Jung: Psicología y simbólica del arquetipo, Paidós, 3ª reimpresión, Barcelona, pp. 23 y 14-15).
31.- Ibid., pp. 55-56.
32.- Fulcanelli: Las Moradas Filosofales, Opus cit., pp. 209-212.
33.- Ibid., pp. 214.
34.- Ibid., pp. 214.
35.- Ibid., p. 215-216.
36.- Ibid., p. 257-258 y 260.
37.- Carl Gustav Jung: Simbología del Espíritu, Opus Cit, p. 77. En la alquimia, como en el cristianismo, el simbolismo del agua se amalgama al del fuego y el espíritu. Leamos a Jung (Psicología y simbólica del arquetipo, opus cit., pp.22-23): "A menudo agua y espíritu se identifican totalmente. Así, Hermolaeus Barbarus dice: "Existe también un agua celestial o más aún, divina, de los alquimistas que fue conocida tanto por Demócrito como por Hermes Trimegistos- y a la cual ellos llaman ya agua divina, ya zumo escita, ya pneuma, es decir espíritu, de la naturaleza y del éter, y quintaesencia de las cosas". Rulandus llama al agua "poder espiritual", spiritus, "de naturaleza celestial". Christophorus Steebus tiene un interesante párrafo, útil para explicar la formación de esta idea: "La permanencia del Espíritu Santo sobre las aguas supracelestiales (Génesis I,3) ha producido una fuerza que en la forma más sutil todo lo atraviesa, lo calienta y junto con la luz produce en el reino mineral inferior, la serpiente de Mercurius; en el reino vegetal, el bendito verde; en el reino animal, la potencia formativa; de tal modo que el espíritu supraceleste del agua, unido con la luz, puede ser llamado con justicia Alma de Mundo". Steebus añade que las aguas celestiales, vivificadas por el espíritu, adquirieron enseguida un movimiento circular, de lo cual proviene la perfecta forma esférica del Anima Mundi. Lo "redondo" es entonces un fragmento del Alma del Mundo".
El Anima Mundi de Platón es un evidente símbolo de conjunción de opuestos: "...todo ese conjunto así formado lo dividió a lo largo en dos partes, a las que unió por el medio a modo de cruz, de suerte que tenían la forma de una X... Cuando toda la construcción del alma se hubo efectuada gusto de su autor, éste extendió enseguida al interior de ese alma todo lo que es corporal, y haciendo coincidir el medio cuerpo con el medio del alma, los puso en armonía".
38.- Carl Gustav Jung: Mysterium Conniunctionis, párrafo 481.
39.- Ibid., párrafo 270.
40.- Ibid., parrafo 261.
41.- Ibid., párrafo 348.
42.- Fulcanelli: Las Moradas Filosofales, Opus cit., p. 459. Aunque los hermetistas griegos no pudieron hacer tal relación sí han podido incluirla -añadimos nosotros- los hermetistas cristianos, y, por tanto, los alquimistas de la Europa cristiana y medieval.
43.- Antoine Joseph Pernety: Diccionario Mito-Hermético, Indigo, Barcelona, 1993, p. 77. Al designar con el nombre de Azoth la Piedra Filosofal quedaba señalado que ésta era el "principio y final" de todas las cosas. Paracelso llamaba a su espada con el nombre de Azoth. Asimismo, con el nombre de Azoth de Paracelso se nombra una amalgama alquimista de oro, plata y mercurio (los tres componentes alquimistas, siendo el mercurio el mediador, el oro lo "masculino" y la plata lo "femenino) que es la Panacea Universal.
Dice Jung, en Psicología y simbólica del arquetipo, que la quintaesencia alquimista el es el alfa y omega del Opus. Asimismo recuerda que el hermetista y alquimista gnóstico Zósimo de Panopolis, del siglo III, simbolizaba "lo redondo" (ver notas 30 y 37) con la letra omega. Y el Vaso Hermético de donde se extrae la quintaesencia de la prima materia es redondo, como el círculo de nuestros crismones o la O de omega, letra que para Zósimo simboliza igualmente a la cabeza, la cual se identifica en Zósimo y diversos alquimistas con "lo redondo", o sea, con la sustancia arcana de la transformación, de ahí que el mitema de la decapitación se corresponda en la alquimia con la obtención de la sustancia arcana pues en la cabeza radica el alma y la conciencia, de ahí que Zósimo llamase a los alquimistas como "Hijos de la Cabeza de Oro", en referencia seguramente a la cabeza cortada de Osiris que cruzó el mar como le acontecería a la decapitada del Apóstol Santiago, cuya cabeza reposaría en Compostela. En la decapitación el arma utilizada es la espada, siendo la muerte por la espada uno de los temas más frecuentes de los textos alquimistas. La espada, por cierto, se encuentra representada en los crismones sorianos al ser atravesado el eje vertical por una pequeña línea perpendicular.
44.- Fulcanelli: Las Moradas Filosofales., Op. cit., pp. 261-262.
45.- Ibidem. El antecedente de este rosetón, siendo igualmente una rosa hermética, es el crismón, como ya indicamos anteriormente. Igualmente, en los objetos litúrgicos, quizás no nos equivoquemos al sugerir que las custodias se derivan del crismón.
46.- Ángel Almazán: Por tierras de Soria, la Rioja y Guadalajara, opus cit., pp. 152 y 245. Herodoto y Plutarco afirmaron que Osiris era Dionisos.
47.- Juan de Parellada de Cardellac, Reinos y Claves Perdidas, Plaza y Janés, Barcelona, pp. 39-48. Iaco y Demeter eran el eje central de los Misterios de Eleusis, y Baco lo era de los Misterios Órficos en Delfos (Lewis Spence: Los Misterios del antiguo Egipto, Ariel, Guayaquil, 1975, pp. 109 y ss.). Maeterlink, por su parte, resumía los diversos Misterios Báquicos afirmando: "Dionisio, el niño Dios asesinado por los Titanes, sus corazón salvado por Atenea que lo oculta en una cesta, y que es vuelto a la vida por Júpiter, es Osiris, Krishna, Buda. Él es todas las encarnaciones divinas, es el Dios que desciende o más bien se manifiesta en el hombre; temporal e ilusorio, y en el renacimiento actual e inmortal. Es la unión temporal con lo divino, que es sólo el preludio de la unión, el círculo final del eterno acontecer". A este respecto recordemos que Heráclito señalaba que "en la periferia del círculo, el comienzo y el fin son sólo uno", arquetipo expresado por el gnosticismo y la alquimia mediante la serpiente ouroboros que se come su cola, motivo que puede verse, por ejemplo en las ménsulas de la portada del palacio episcopal de El Burgo de Osma. Auguste Dies decía lo siguiente sobre esta cuestión: "La divinidad es ella misma el origen y el fin de la vida individual. La unidad se divide en pluralidad, y la pluralidad se resuelve en unidad, pero la unidad y la pluralidad son contemporáneas y a emanación del seno de lo divino está acompañada de un incesante retorno a la divinidad. Todo proviene de Dios, todo regresa a Dios, todo se convierte en uno, uno se convierte en todo, Dios, o el mundo, es uno: la idea divina se difunde en todo lugar del universo" (p.125 del libro citado de Lewis Spence).
48.- Jean Tourniac: Symbolisme maçonique et tradition chrétienne, Paris, Dervy-Livres, 1982. En su capítulo VI habla de Juan y Santiago, Hijos del Trueno, y del simbolismo del ruido estrepitoso en otros personajes bíblicos.
49.- Aparte de los libros publicados por Jung sobre la equiparación simbólica e iniciática entre la alquimia y el proceso de individuación, cabe reseñar el libro Alquimia, de Marie Louise von Franz (Luciérnaga, Barcelona, 1991) y Etienne Perrot: El camino de la transformación, Edicomunicación, Barcelona, 1992.
50.- Acerca de las cofradías de constructores francesas, en Internet, pueden consultarse los artículos de Ernesto Milá: El primer Tour de Francia. La peregrinación de los Compañeros Artesanos, y Compagnons. Trabajo: de castigo a privilegio, en http://www.arrakis.es/ emilia. En el estudio simbólico de la arquitectura medieval hay que tener muy en cuenta que "si se quiere ir a su trasfondo hay que ver en el simbolismo de los constructores la expresión de ciertas ciencias tradicionales, relacionadas con lo que se puede designar, de forma general, con el nombre de hermetismo" (René Guénon: "A propos des constructeurs du Moyen Age", Tomo I de Études sur la Franc-maçonerie..., Opus. cit, p. 17).
51.- Gérard de Sède: El mistério gótico, Plaza y Janés, Barcelona, 1985, pág. 248.
52.- Louis Charpentier y Gérard de Sède, junto con Juan García Atienza, Rafael Alarcón, etc., han hablado sobre ello en varias obras.
53.- Fulcanelli: Las Moradas Filosofales, Opus cit., p. 210. Igualmente es curiosa la relación existente entre el peregrinar de los gitanos y el de los compagnons, siendo ambos llamados igualmente con el mismo calificativo de "pasantes", como ha destacado René Guénon ("Le compagnonnage et les bohemiens", en Études sur la Franc-maçconnerie et le Compagnonnnage, opus cit., Tomo I, pp. 31-36). El peregrinaje fue igualmente base importante de iniciación y fuente de simbolismo para los hermetistas, según Guénon en el libro citado anteriormente ("A propos des pèlerinages", pp. 52-60).
54.- Teodoro Ramírez: "San Juan de Otero", Recuerdo de Soria, segunda época, nº 8, 1906.
55.- Gérard de Sède, opus cit.
56.- Teógenes Ortego, opus cit.
57.- Louis Charpentier: El misterio de Compostela, Plaza y Janés, Barcelona, 1974, 2ª edición, p.152.
58.- René Guénon: "Le chrisme et le coeur dans les anciennes marques corporatives", en Études sur la Franc-maçonnerie et le Compagnonnage, Tomo II, opus cit., pp. 50-57. Por su parte, Fulcanelli desvela que la rosa mística es la "flor de la gran Obra, más conocida bajo el vocablo de Piedra Filosofal" (Las Moradas Filosofales, Opus cit., p. 419).
59.- René Guénon: Símbolos Fundamentales.., Opus cit., pp 312 y 356.
60.- Titus Burckhardt: Símbolos, J.L. de Olañeta, editor, 2ª ed., Palma de Mallorca, 1991, p. 19. Algo parecido podemos leer en la novela escrita por un compagnon actual que, refiriéndose al crismón, dice:
"Es nuestra pata de oca de los kuldos en la rueda. Son, ya ves, tres trazos que se entrecruzan como nuestra pata de oca. El del medio representa la dirección del sol en la mañana del equinoccio. El que asoma por la izquierda, la dirección del sol en la mañana del solsticio y el que asoma por la derecha el solsticio de invierno.. En su origen era el signo solar y ese gusanillo que se retuerce debajo del rasgo central era la serpiente. Y todo esto es, sencillamente, el esquema director de la construcción de la iglesia" (Henri Vicenot: Las estrellas de Compostela, Luciérnaga, Barcelona, 1990, p. 228). Igualmente podemos leer una indicación similar en Jean Hani (Simbolismo del Templo cristiano, J.J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1997, p. 80):
"Este signo es análogo a la rueda cósmica, que no es otra que el diagrama del Mundo mismo, considerado en su movimiento cíclico. Las seis direcciones señaladas por los trazos de las letras X y P, fusionadas a propósito, corresponden a las que determinan los ejes cardinales y el eje polar proyectado sobre el plano. Además, hay abundantes testimonios de monogramas sin el lazo de la P, que revelan directamente por tal motivo su carácter cosmológico".
61.- Gérard de Champeaux y Sébastien Sterckx (Introducción a los símbolos, Encuentro, Madrid, 1985, 1ª reimpresión, p.141), describen así la aplicación ritual del sol a la edificación de templos:
"El observador se situaba en el centro del lugar sagrado, de cara al este, es decir, de cara al sol naciente, en una silla ritual colocada en un lugar precioso e invariable. Seguía los desplazamientos progresivos de las salidas del sol en el horizonte, entre los dos límites extremos alcanzados en los solsticios de verano e invierno. Se señalaban en el suelo esos dos puntos esenciales con dos postes, dos menhires en agunas alineaciones prehistóricas de Bretaña o de Inglaterra (la línea equinoccial está aquí señalada a veces por un betilo), o con dos columnas si se trataba de templos más elaborados. Columnas de este tipo han sido halladas a uno y otro lado de algunos templos antiguos orientados hacia el este, como lo estaba el de Jerusalén. El caso de los dos pilonos situados delante de la entrada de los templos egipcios es particularmente interesante, porque forman cuerpo con el edificio, sin tener con todo ninguna misión arquitectónica: a primera vista no sirven para nada. Constituyen un precedente de muchas de nuestras iglesias occidentales en las que el muro de poniente, donde se abre la portada principal, lleva encima un cuerpo de campanas en cada lado, cuyo origen no aparece a primera vista. Ahora bien, esta fórmula hay que situarla en la línea de evolución de las Puertas del Sol de la Antigüedad... Notemos, finalmente, que el esquema simbólico de la observación ritual del sol es el crismón".
El crismón, no lo olvidemos, se sitúa normalmente sobre la puerta meridional de acceso a los templos y simboliza a Cristo que es la Puerta y el Camino, como en el paganismo lo fue antes el Sol Invictus y los innumerables dioses solares.
62.- Ibid., p. 191.
63.- Ibid., p. 74.
64.- Ibid., p. 248. Acerca del profundo simbolismo esotérico del texto bíblico referente a Betel, véase René Guénon: El Rey del Mundo, Ed. Fidelidad, Buenos Aires, 1985, pp. 66, 83-84. El crismón mismo, según nuestro modo de ver, es la representación de esa "piedra" sobre la que Jacob erige la casa de Dios, piedra que es el habitáculo divino, correspondencia simbólica sobre la que se habla en el último apartado de este ensayo nuestro. En un betilo céltico de Kermaria estudiado por Guénon en esta obra se hallaban insculpidas una swástica y el tablero de ocho radios, reforzando ambos elementos el simbolismo del betilo como Eje del Mundo y Omphalos o Centro del Mundo. Este mismo cuadrado de ocho radios es el que presentan los crismones de San Baudelio de Berlanga y San Bartolomé de Ucero.
65.- Ibid., p. 429-430.
66.- René Guénon: Simbolismo de la Cruz, Obelisco, Barcelona, 1987.
67.- Champeaux y Sterckx, opus cit., p. 431.
68.- Jean Hani: opus cit., p. 44.
69.- René Guénon: Símbolos Fundamentales..., Opus. cit., pp. 230-233.
70.- Champeaux y Sterckx: opus cit., p. 42. Complementando el simbolismo del alfa y omega, permítasenos transcribir la siguiente cita de Los signos secretos. Simbología e interpretación, Ed. Quorum, Bueno Aires, 1987, p. 29: "Por lo general, y en ello coinciden casi todas las escuelas de simbología, el simbolismo de ambas letras contienen una especie de clave del universo; en este sentido se cree que el propio cosmos aparece encerrado entre los límites acotados por ambos signos. Ya desde tiempo inmemoriales se ha considerado el tandem de las dos letras que estamos contemplando como un único símbolo que representa, de forma fehaciente, la totalidad del conocimiento, la totalidad del ser, la totalidad del espacio y la totalidad del tiempo".
71. Teilhard de Chardin: El Fenómeno Humano, Taurus, 1974. Esta obra es un intento filosófico de aunar la teoría científica de la evolución con la metafísica y la teología cristiana. Para este jesuita la evolución es una ascensión hacia la Conciencia Superior, lo que supone, en el ámbito humano, "el replegarse iluminador del ser sobre sí mismo" (p. 261), siendo el Punto Omega el sitio en el que confluirán todas las conciencias, o sea, todo el universo. Ahora bien, "resultaría falso el representarse a Omega simplemente como si fuera un Centro que naciera de la fusión de los elementos que abraza y a los que anulara; por su propia estructura, la Omega, considerado en su principio último y esencial, no puede ser otra cosas que un Centro distintivo que irradia en el corazón de un sistema de centros; una agrupación o personalización del Todo y las personalizaciones elementales alcanznado su máximo, sin mezcla y de una manera simultánea, bajo la influencia de un foco de unión supremamente autónomo" (p. 266). En otras palabras: "el universo, culminando en una síntesis de centros, en perfecta conformidad con las leyes de la Unión; Dios, Centro de Centros; es en esta visión final donde culmina el dogma cristiano" (p. 296). No resulta extraño que esta cosmovisión de Teilhard de Chardin impresionara vivamente a Jung al final de su vida puesto que, en el ámbito microcósmico, tal tesis viene a ser la misma que Jung expuso acerca del proceso de individuación que culmina en ese Centro de Centros que es el Sí-Mismo.
72.- Carl Gustav Jung: Psicología de la Transferencia, Paidós, Buenos Aires, 4ª edición, 1978, pp. 173-174.
73.- Ibid, pp. 103-104.
74.- René Guénon: Études sur la Franc-maçonerie..., Tomo II, opus. cit., p. 57.
75.- Rodrigo de la Torre Martín-Romo:
-"Pervivencia, simbolismo y función de los signos lapidarios: notas sobre los tableros cuadrados", en Actes du Colloque International de Glyptografhie de Cambrai, 1985, pp.299-324.
"Tradición de algunos juegos de fichas en los signos lapidarios", Revista de Folklore, números 49 y 57, 1985, pp. 3-9 y 96-104.
Véase igualmente en Ángel Almazán de Gracia:
- "Soria-Francia. De Numancia a Montségurt", Revista de Soria, nº 6, Otoño de 1994, pp.86-87.
- "Dos enigmáticos graffitis en San Miguel de San Esteban de Gormaz", Boletín de fiestas patronales de San Esteban de Gormaz, septiembre de 1998. Ensayo ampliado en http://arquitectes.coac.net/rea/art_gso.htm.
Rodrigo de la Torre indica que el cuadrado de ocho radios es un diagrama representativo del mundo regulado: "Como corresponde con una visión "primitiva" de la realidad, la "imago mundi" expresa la existencia manifestada como un cuadrado (figura estable y sólida) con estrecha dependencia de un punto central. Este centro es el lugar donde habita la divinidad que, escondida y de forma invisible da sentido, planifica y dirige -es decir "ordena"- el mundo visible limitado por la superficie cuadrangular. De aquí que los diversos trazos concurrentes en el punto medio... puedan ser vistos como "vías", "ríos" o "caminos" por medio de los cuales el centro inaccesible se hace manifiesto en el mundo"; opinión que concuerda con la manifestada por René Guénon: Símbolos fundamentales..., opus cit., pp. 67-68.
76.- Olivier Beigbeder: Léxico de los símbolos, Encuentro, Madrid, 1989, p. 333.
77.- René Guénon: El simbolismo de la cruz, Opus cit., pp. 88-91.
78.- Ibid., p. 161.
79.- Ángel Almazán de Gracia: "Barahona y Alpanseque, entre Medinaceli y Almazán", Revista de Soria, nº 9, 1995, p. 18.
80.- Antonio Medrano: "El grial en las tradiciones orientales", en AAVV.: El Graal y la búsqueda iniciática, monográfico de Cielo y Tierra, Barcelona, 1982, pp. 97-117.
81.- Ibid., p. 97.
82.- Ibid., p. 98.
83.- Ibid., p. 100.
84.- Ibidem.
85.- Ibid., p. 103.
86.- Ibid., p. 101.
87.- Ibidem.
88.- Plutarco: "De Isis y Osiris", Moralia, Gredos, Madrid, 1995, pp. 86 y ss. Véase resumen del mito en http://web.jet.es/sotabur.
89.- Juan Ángel Oñate Ojeda: La catedral de Burgos. Su mensaje simbólico e iconográfico, Valencia, 1987.
90.- Carl Gustav Jung: Paracélsica, Ed. Sur, Buenos Aires, 1966, p. 82.