Cuatro claustros fantásticos se pueden contemplar en la provincia de Soria: el románico de la concatedral de San Pedro (Soria), el románico-mudejar de San Juan de Duero (Soria), el gótico de la catedral de El Burgo de Osma y el gótico y plateresco del monasterio cisterciense de Santa María de Huerta.
El cuadrado (más o menos regular) es la figura geométrica que los caracteriza, siendo éste (junto con el centro, el círculo, la cruz, la esfera, el triángulo y la pirámide), uno de los "ideogramas" arquetípicos más universales del arte sacro y tradicional.
René GUÉNON en SFCS, señala que el cuaternario "se ha considerado siempre y en todas partes como el número propio de la manifestación universal; señala, pues, a este respecto, el punto de partida mismo de la 'cosmología'". Como presupuesto de la manifestación, el cuaternario lo es "en el sentido de que la presencia de todos sus términos es necesaria para el desarrollo completo de las posibilidades que ella comporta; y por eso, en el orden de las cosas manifestadas, se encuentra siempre particularmente la señal (podría decirse, en cierto modo, la 'signatura') del cuaternario". A ello hacen referencia, por ejemplo, los cuatro puntos cardinales, las cuatro edades del hombre y del ciclo terreste y de la luna, los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua), las cuatro estaciones del tiempo..., etc.
Por su parte, CHEVALIER y GHERBRANT resumen el simbolismo del cuadrado en estos términos: "Es el símbolo de la tierra, por oposición al cielo, pero también, en otro nivel, es el símbolo del universo creado, tierra y cielo, por oposición a lo no creado y al creador; es la antítesis de lo trascendente". Es una figura "antidinámica, anclada sobre sus cuatro costados: simboliza la detención, o el instante afianzado; implica la idea de estancamiento, de solidificación, o incluso de estabilización en la perfección, como ocurre en el caso de la Jerusalén Celestial". Asimismo recuerdan que cuatro letras tiene el nombre impronunciable del dios judío y el del islam (Allh). "El número cuatro es en cierta manera el de la perfección divina; de forma más general es el número del desarrollo completo de la manifestación, el símbolo del mundo estabilizado" , concluyen.
El claustro monacal, según Santiago SEBASTIÁN, aparece de forma ya más o menor regular en la arquitectura siria del siglo V, de la que pasó a la bizantina. Su referente o modelo cristiano podría ser, en mi opinión, la descripción de la Jerusalén Celeste existente en el libro del Apocalipsis, tan reiteradamente reflejada en los Beatos que, como sabemos, son unos referentes iconológicos de primer orden dentro del románico europeo.
Ahora bien, la imagen arquetípica de la Jerusalén Celeste de los Beatos tiene como antecedente iconológico el mandala del Paraíso de Vaikunta, la morada celestial de Vishnú, cuya similitud es asombrosa, como lo es igualmente la descripción que hace de ambos el Apocalipsis de San Juan y el Skanda Purâna (Utkala Khanda, cap. 48, Suta Sambitâ y Kapila Sambitâ), solo que éste último es muy anterior ya que los puranas son 18 poemas sagrados de la India que sirven de comentarios a los Vedas (purana, en sanscrito, significa "viejo", "antiguo", "arcaico"). Sus últimas modificaciones datan de más allá del siglo IV a.de C, según la Espasa-Calpe. En el centro de ambas descripciones literarias se encuentra el árbol, sólo que en el Apocalipsis, sobre éste se halla el cordero, el cual, por economía iconográfica, es el único que aparece en las representaciones de los Beatos, pero no hay que olvidar que el texto apocalíptico habla del árbol (simbólico Arbol del Mundo, por tanto).
CHEVALIER y GHERBRANT afirman que el claustro "es igualmente un centro cósmico en relación con los tres niveles del universo: el mundo subterráneo por el pozo, la superficie del suelo, el mundo celestial con el árbol, el rosal, la columna o la cruz. Además, su forma cuadrada o rectangular, abierta bajo la cúpula del cielo, representa la unión de la tierra y el cielo. El claustro es el símbolo de la intimidad con lo divino".
En consonancia se encuentran CHAMPEAUX y STERCKX: "El claustro está constituido como la más tradicional de las ciudades sagradas. Es ya una Jerusalén celeste, un nuevo mundo: los "cielos nuevos y la tierra nueva" descritos en el cap. 21 del Apocalipsis. En el cruce de las cuatro avenidas del espacio, un pozo o una columna señalan el omphalos, el centro del cosmos. Por él pasa el eje del mundo, esa escala cuyo pie se hunde en el reino de las tinieblas inferiores"
Y en la misma línea sigue Santiago SEBASTIÁN: "Es preciso reiterar la idea de que el claustro es un centro sagrado o microcosmos, pues no sólo es sagrado el templo mismo sino también `cada uno de los conjuntos donde se efectúan misterios semejantes´ (según Champeaux). El claustro que es uno de estos lugares privilegiados, está configurado como una ciudad sagrada. Es la Jerusalén Celeste descrita en el Apocalipsis (cap. 21), en cuyo centro se cruzan las coordenadas espaciales y temporales, y tal centro se señala en la representación del claustro por medio de un pozo, un árbol, una fuente o una columna, indicando que allí hay un omphalos o centro del cosmos. Por allí pasa un eje del mundo a manera de escala celeste, que une los niveles cósmicos".
Braunfelds ha señalado que durante el siglo XII se pensó que el claustro tenía su origen en la sala porticada del templo de Salomón, asimilado simbólicamente con la Jerusalén Celeste. De ahí que no resulte extraño que fuera conocido el claustro con el nombre de "paradisus" o paraíso. "Se quiso significar que la vida en comunidad religosa era lo que más aproximaba al hombre al estado de bienaventuranza de Adán y Eva antes de la caída", aclara Santiago SEBASTIÁN. El mismo San Bernardo escribió: "Vere claustrum est paradisus" (Verdaderamente el claustro es el paraíso). Guillielmus Durandus, escribiría: "el claustro representa al Paraíso celestial, donde habrá un solo corazón y un mismo amor de Dios y voluntad". "Para el monje la visión del claustro como paraíso tuvo un sentido escatológico, y más que volver al jardín del Edén, el religioso trató de entrar en el reino supraterreno de Cristo, donde se restablecerá el orden destruido por el pecado de Adán", concluye Santiago SEBASTIÁN. Por su parte, Sicardo señala que los cuatro lados del claustro son "el desprecio de sí mismo, el desprecio del mundo, el amor del prójimo y el amor de Dios".
Para terminar quisiera subrayar el simbolismo de las cuatro "sendas" que salen del centro, cual ríos del Paraíso, y que apuntan a cada uno de los cuatro puntos cardinales, para darles un sentido abarcador espacial total. A este respecto, y en lo que se refiere a la hermenéutica cristiana, es interesante recordar lo que San Agustín, en su obra La Ciudad de Dios sobre los cuatro ríos del Paraíso y el Árbol de la Vida: éste sería Jesucristo, y los cuatro ríos, los cuatro evangelios. Desde una perspectiva metafísica tradicional las cuatro puertas con sus "senderos" hacia el centro conforman una cruz que expresa el desarrollo iniciático humano en este estado de manifestación, y al mismo tiempo el centro del claustro simboliza el origen de la Tradición, siendo los cuatro brazos los canales por los que se transmite la iniciación.
Asimismo me gustaría señalar que hay que vincular al claustro el ritual ancestral y arquetípico de la circumambulación, extendido por todo el planeta en todas las civilizaciones, religiones, y épocas. Este "dar vueltas" por las pandas o galerías del claustro no es, en realidad, sino un "dar vueltas" en torno al "centro", figurado por un pozo, pilar, o árbol, y del que se se alza verticalmente el invisible Eje del Mundo, por donde desciende el espíritu divino y hacia el cual asciende el iniciado para unirse con Dios y alcanzar los estados suprahumanos a los que se refieren los Grandes Misterios, según manifiesta Guénon. Eje del Mundo que, en el caso del claustro de Santa María de Huerta está representado actualmente por la palmera.