DE CERNUNNOS A SAN CAPRASIO

 

 

En una época actual tan desacralizadora no es extraño que la cornamenta haya perdido su simbolismo sacro y sirva de mofa sexual-marital. Pero los "cuernos" han tenido un papel muy importante en las creencias de nuestros ancestros y aún hoy día se ha preservado su esencia mitológica a través del culto taurico soriano y de la iconología mariana pisando la media luna. Ahora bien, si nos acercamos al Museo Numantino veremos en una cerámica numantina la imagen del dios cornudo por excelencia, Cernunnos; si nos detenemos en Suellacabras nos hablarán de San Caprasio y si miramos con detenimiento los bajorelieves de los templos románicos y de algunas casas solariegas sorianas, como una existente en Morón de Almazán, veremos el emblema astrológico de Capricornio y de numerosos animales con cornamenta.

 

Nuestro Cernunnos ("el cornudo") fue dado a conocer en los medios científicos arqueológicos por uno de los grandes especialistas españoles de las religiones en la España Antigua, el profesor José María Blázquez. No obstante, algún arqueólogo soriano discrepa con esta asimilación a Cernunnos defendida desde 1958 por Blazquez sin modificaciones.

 

La figura en cuestión se encuentra en un vaso numantino y es posterior, en unos dos siglos, al Cernunnos de Val Camonica, en los Alpes Lombardos, "pero es probablemente anterior a las representaciones de esta misma divinidad en el caldero de Gundestrup, que Pray Bober fecha entre los años 100 a.C y 50 d.C". Para Blázquez es más que evidente el "estrecho parentesco" iconológico existente entre el Cernunnos numantino y el de Val Camonica, destacando fundamentalmente el estar ambos de pie, con los brazos en alto y cuernos de ciervo.

 

Blazquez cita también en sus escritos una pintura vascular numantina en la que se ve a un guerrero con cuernos de cervato "que arrancan de la boca para formar los labios" y una cabeza numantina similar a la anterior que aparece debajo de la cabeza de un caballo.

 

Jean Markale nos dice que Cernunno-Kernunno fue un dios galo representado con cuernos, generalmente astas de ciervo. "Probablemente es un dios de la abundancia, perteneciente a la tercera función, pero anterior a la llegada de los celtas", siendo los ciervos sus animales rituales. David Bellingham, por su parte, afirma que no sólo estaba relaciona con los cérvidos, sino también con los toros, los carneros "y otros poderosos animales machos". A su vez, Le Roux-Guyonvarch, director de la revista de estudios célticos Ogam, considera que "parece claro que el dios Cernunnos deba entenderse como el señor de los animales".

 

Ciervos

 

El ciervo ocupó, ciertamente, un lugar trascendente en toda la mitología celta y nórdica. Gustavo Adolfo Bécquer recuperó la magia ancestral del ciervo en su leyenda soriana de Los ojos verdes que ha sido recientemente llevada al cine por profesionales sorianos (su rodaje concluyó a mediados de octubre); también rescató su halo mágico en la leyenda soriano-aragonesa de La corza blanca.

 

La profesora Marija Gimbutas en su análisis de la cultura preindoeuropea neolítica de la "Vieja Europa" escribe lo siguiente sobre el ciervo:

 

"El prestigio del ciervo en el simbolismo no está simplemente relacionado con su apariencia -belleza, gracia, agilidad-, sino también con el fenómeno del ciclo de regeneración y crecimiento de su cornamenta. Este último aspecto caló muy hondo en la mente de los agricultores del Neolítico. La cornamenta del ciervo desempeñaba un papel muy importante (...) La importancia de una hembra de gamo preñada debió de haber sido heredada de una era preagrícola. Las gentes del Norte que estaban en el estadio de la caza todavía creían que la madre del universo era la gama-alce o la salvaje reno-gama. Los mitos nos hablan de mujeres embarazadas que gobiernan el mundo y tienen la apariencia de ciervos: cubiertas de pelo con ramificados cuernos de ciervos en sus cabezas. En el Paleolítico Superior, probablemente existieron imágenes similares por toda Europa (...) Como animal sagrado para Artemisa y Diana, la gama continuó siendo esculpida en la Grecia antigua y en Roma(...) Estaba relacionada íntimamente con el simbolismo de la Luna..".

 

En la alquimia el "Ciervo fugitivo" ha sido asimilado con el Mercurio de los Filósofos. Los cérvidos han sido psicopompos entre los celtas y otros pueblos europeos; ha simbolizado la prudencia pero también el ardor sexual y el árbol del mundo; han sido vistos como heraldos de la luz y, ante todo, el ciervo puede ser considerado como un símbolo de la fecundidad, los ritmos de crecimiento y los renacimientos.

 

En la iconografía soriana destacaremos la pintura mozárabe conocida como La caza del ciervo de la ermita de San Baudelio, del siglo XII, y los ciervos marmóreos y góticos del púlpito más interesante de la simbología sacra soriana: el existente junto al crucero de la catedral del Burgo de Osma en el arranque de la nave y que Nicolás Rabal fecha en 1478 y J.Mª Martínez Frías en la última década del siglo XV.

 

Así, pues, por todo lo dicho anteriormente y por mi animadversión a la caza no puedo por menos que apoyar a los ecologistas sorianos de ASDEN en su posicionamiento contrario a las licencias de caza de cérvidos en las Sierras de la Cebollera y Urbión, especialmente durante la época de celo y berrea otoñal.

 

San Caprasio

 

Intuyo que el mismo arquetipo "cornudo" se da en la figura de San Caprasio del que tan sólo conozco la existencia de dos templos dedicados a su memoria en España: Suellacabras y Santa Cruz de la Serós (Huesca). Ambas poblaciones tienen dos grandes símbolos adicionales en común: Santiago Apostol y el Grial.

 

La iglesia románica de San Caprasio (San Crepas) de Santa Cruz de la Serós se encuentra en pleno Camino de Santiago Francés y la ermita -hoy en ruinas- de San Caprasio (San Capras) en Suellacabras, se encuentra en uno de los itinerarios santiaguistas sorianos y, además de tener la parroquial del Salvador sendas esculturas de Santiago Peregrino y Santiago Matamoros, la ermita "caprasiana" es el centro de una leyenda santiaguista con aparición incluída de un dragón.

 

Por otra parte, al igual que Santa Cruz de la Serós se encuentra en el entorno griálico de San Juan de la Peña, Suellacabras se halla en el marco griálico de la leyenda de Los Siete Infantes de Lara que nos ocupará un capítulo de esta serie próximamente y hay cálices tallados en algunas ventanas. Asimismo he podido leer con cierto asombro que Tomás López señaló la presencia templaria en Suellacabras y la vinculó al culto a San Caprasio. Y por cierto que las imágenes de Santa Bárbara y San Miguel que hay en la iglesia oscense también se repiten en la parroquial de Suellacabras y en la ermita de la Virgen de la Blanca, donde también aparecen Santa Bárbara y San Miguel, y donde se guarda una imagen de San Caprasio del siglo XVII. La derruida ermita de San Caprasio se encuentra a un kilómetro de la población en el camino que conduce al "Pozo Silvino", su construcción es de 1643 y tuvo santero.

 

Cuernos

 

En Santa Cruz de la Serós celebran a San Caprasio el 20 de septiembre, a las puertas del equinoccio otoñal, cuatro días después de la festividad de San Cornelio, el santo de los animales cornudos, el Cernunnos cristianizado, como lo es también San Caprasio para el simbolismo arquetípico del Inconsciente Colectivo.

 

La cornamenta -dice Atienza- "es uno de los primeros signos de poder y autoridad". Jung dice del cuerno que tiene un carácter masculino como señal de poder y fuerza, pero que, al mismo tiempo es femenino en su faceta de recipiente-copa, por lo que es un símbolo unificador. El citado aspecto femenino, por cierto, se evidencia en la colodras pastoriles, de las que tan surtidos hemos estado en Soria debido a la cultura pastoril trashumante. Simbolismo femenino que -bueno es reiterarlo- existe también en la cornamenta por su semejanza a la media luna en su cuarto menguante y cuarto creciente.

 

René Guénon nos revela que "cuerno" deriva etimológicamente de KRN, raíz existente igualmente en corona, Capricornio, Kronos (Cronos) y Karneîos. A los que hay que añadir, igualmente, Cernunnos y Cornelio (a Caprasio le falta la "n") .

 

Pero sigamos un momento más con Guénon. El dios celta Belen es el Apóllôn Karneîos griego, un dios hiperbóreo. Y así como KRN expresa un simbolismo de elevación y potencia, así Karneîos es el dios del Karn, esto es, del "alto lugar" expresado por la "Montaña sagrada del Polo" "y que entre los celtas estaba representado sea por el tumulo, sea por el cairn, o montón de piedras que ha conservado aquel nombre", cuyo mejor ejemplo soriano estudiábamos semanas atrás al hablar del montículo pétreo de El Royo. René Guénon dice también que la cornamenta está asociada a los dioses Amón y Dionisos, así como a Alejandro Magno. Por todo ello, no es raro que a Cristo le hayan puesto los evangelistas una corona de espinas en la cabeza.

 

Guénon indica, además, que la piedra, a través del omphalos, está relacionada con Apolo y, curiosamente, en la ermita de San Caprasio existía una piedra que tenía la propiedad de atraer los favores de este santo sobre los solteros que tenían ya miras hacia el matrimonio, según refiere Florentino Zamora Lucas, leyenda que recuerda la del ladrillo de San Lázaro en Soria.

 

Otro "cornudo" mítico es Moisés, tal y como aparece en una estatua de los intercolumnios de la portada principal en la catedral del Burgo de Osma. Sus cuernos simulan los rayos de luz que, en la cábala judía, surgen del último de los chakras de la figura arquetípica del Adan Kadmon, llamada Kheter (corona), y Sahasrara en el Tantra de la India, que corresponde fisiológicamente con la fontanela, el Brahma-randra que da salida a la Kundalini (energía psicoide) y que, astrológicamente, simboliza Capricornio, sobre el cual hablaremos al analizar la morada filosofal de Morón de Almazán. Por todo ello la corona real tiene un simbolismo "divino" y por eso los curas de antaño se afeitaban la coronilla en forma de círculo.