Gastón CLERC GONZÁLEZ nace en Barcelona, en 1960. En 1987 obtiene el título de Arquitecto Superior (E.T.S.A.B.), en la especialidad de Urbanismo, Historia y Proyectos Arquitectónicos. Entre 1987 y 1991 es miembro de las Comisiones del, Patrimonio Arquitectónico y Urbanismo, en el C.O.A.C. En 1986 colabora con la Cátedra de Urbanismo y Planificación del Territorio (E.T.S.A.B.), así como en el Departamento de Urbanismo de la Corporación de Barcelona. Desde 1989 trabaja para una multinacional en el Departamento de Planificación y Proyectos Arquitectónicos. Ha publicado diversos artículos de hermetismo, simbolismo y Cábala en revistas de ámbito nacional e internacional. El presente artículo es una síntesis de diversos artículos que publicó en Diario de Soria, entre noviembre de 1993 y abril de 1994, "Por el Signo", donde realizó una pormenorizada descripción arquitectónica, simbólica e histórica de algunos de los edificios religiosos más singulares de la provincia de Soria.
Este artículo se ha publicado en "Revista de Soria", nº 22, Otoño de 1.998

 

ANOTACIONES CABALÍSTICAS
EN EL ARTE SORIANO

 

 

¿Qué es la Cábala?

En la antigua literatura judaica, la Cábala o "Tradición" (Qabbalah) era el cuerpo total de la doctrina religiosa recibida a excepción del Pentateuco. A partir del siglo X d.C. se consideró a la Cábala como ciencia secreta, misteriosa y teosófica, destinada a explicar, siempre con lenguaje críptico, la creación "emanacionista" del Universo por el Ser definido como "Uno y Absoluto". Algunos cabalistas, como Pico della Mirandola, Reuchlin y Schikard, recogen la antigua tradición según la cual la Cábala deriva de la inspiración que Dios insufló sobre Adán, Abraham, Moisés, Esdrás y todos los que constituyen el círculo místico de los últimos Profetas.

Según el Cronicón de Christiano Adricomio Delfo, Moisés fue el primero en recibir el mensaje de Dios desde una faceta mística e intelectual. El acontecimiento tuvo lugar en el 2.453 a.C, en la cumbre del monte Sinaí. En aquel lugar le esperaba Dios en el interior de una nube, con el único fin de instruirle en la Ciencia de las Ciencias. Allí, le enseñó un modelo de cómo construir el Templo, el Tabernáculo, el Arca, los Altares, la Mesa, el Candelabro y cuantas cosas pertenecieran al Templo. De ahí procede el concepto de que las formas y proporciones del Templo son inspiradas por Dios, que llega, incluso, a proponer el nombre de los artistas o maestros de la Magna Obra: Befeleel y Ooliab.

En el Berajot (55a), se afirma que Befelee1 (Besalel), uno de los constructores, "conocía las combinaciones de las letras con las que fueron creados el Cielo y la Tierra". Para la Cábala, estas letras eran las que conformaban el Nombre de Dios. No hay que olvidar que, para la Ciencia de la Tradición, los nombres encierran en sí un poder, abarcando, al mismo tiempo, las leyes secretas y el orden armónico, que son las premisas conceptuales que permiten la construcción del templo arquetipo o divino, receptáculo de la Presencia de Dios sobre la Tierra. La Cábala esotérica del siglo XII, en su doble vertiente mística y profética, busca así en cada letra de la Torah ese signo de conocimiento que lleve al elegido por el camino del saber total.

El Templo-Tabernáculo fue, pues, un edificio perfecto, diseñado por Dios mismo, el cual, actuando como Sumo Arquitecto, reproduce la estructura armónica que rige el Universo. Así lo indica E.-L. Boui-Lee, en su Architecture. Essai sur l'Art, cuando escribe que la arquitectura es un don del Creador, estando sus principios constitutivos basados en la simetría, que es la imagen del orden y de la Perfección, símbolo del "'Plan de Universo". De esta forma, el Orden genera la perfecta adecuación de las esferas en el Árbol Cabalístico o "Est Haim". Se trata, en otras palabras, del "arte del Creador" del que nos habla San Agustín.

Siguiendo el pensamiento del neoclasicismo francés, recopilación, a su vez, de las tradiciones artísticas de un Occidente postrero, la simetría se encuentra regida por la proporción y la medida. Por ello, como ya apuntaba el arquitecto Savot, "las simetrías y las proporciones de un edificio deben ser imitadas de la del cuerpo humano", porque el hombre es la imagen de Dios. De todo ello, los teóricos deducían que el Templo de Dios debía ser construido a imagen de Dios; y como Dios es sabiduría, era preciso que la obra fuera proyectada con sabiduría e inteligencia, buscando, por ende, la Belleza en la armonía (orden) y en la proporción. Para la Cábala, del equilibrio entre el orden y la proporción nace "Tiferet", la Belleza, que es la expresión más sublime de los atributos morales.

En los primeros siglos de la Diáspora, tras la total destrucción del Segundo Templo de Jerusalén (reconstruido por Zorobabel, príncipe de Judá, y Josué, sumo sacerdote de Israel) por las tropas de Tito (70 d.C.), el edificio arquetipo es evocado de un modo esquemático a través de unos pocos elementos simbólicos. En los manuscritos hebreos se tendía a aceptar la imagen del Templo como un edificio centralizado inspirado en la cúpula de la Roca de Jerusalén (Kubbat-el-Aqsa, 687-691). Así es como surgen gran parte de las construcciones templarias. Sus maestros canteros trazaban los templos a semejanza de un "Sancta Sanctorum" centralizado de forma octogonal, reflejo de la Gloria ("Hod", el octavo sefirá) de Dios, cuya imagen especular se asienta en la esfera de la Victoria ("Nezah", la eternidad) o séptimo sefirá, para constituir la tercera tríada, llamada Base o Fundamento ("Yesod") del maestro, cuyo dígito sagrado es el nueve. De esta forma, "Yesod" es el "espejo dentro del espejo". Desde las tres esferas se alcanza la décima sefirá, el Reino o "Malkut", el Mundo Material sobre el que debe asentarse todo edificio espiritual para que éste perdure hasta el fin de los tiempos. Si la séptima y octava sefirá son las piernas del hombre arquetipo, del Adam Kadmon del esoterismo de la Cábala, la novena coincide con el órgano genital; siendo el dispensador de la semilla o "Zera" que Dios encerró en nuestro corazón, en la sexta sefirá, llamada Ornamento y Belleza ("Tiferet" o esfera donde se asienta el Trono del Dios Creador, YHVH ELOHIM), vértice de la tríada que representa el Mundo Afectivo o Moral. Sólo a través del nueve es posible sublimar el alma y retomar la tríada que simboliza el Mundo Intelectual y, así, alcanzar, por mediación de "Daat" (de la no-sefirá, donde reside el Espíritu Santo o "Ruah ha-Kodesh"), la Corona ("Keter", el número Uno o unión con Dios), cuyo fundamento es la Sabiduría y la Inteligencia.

Los dibujos de Maimónides en su comentario al Middoth pueden considerarse decisivos para consolidar la idea del templo longitudinal, con sus pórticos y capillas interiores. Lo cierto es que, si bien la conceptualización del templo cristiano medieval procede de un mítico sincretismo en el que se agrupan tipologías arquitectónicas de muchas culturas, el fundamento espiritual hay que buscarlo en los textos bíblicos, en la Torah o en la descripción que Flavio Josefo hace del Templo de Jerusalén. De hecho, todos los planos ideales del Templo y, por consiguiente, de cualquier templo cristiano que se han elaborado desde el siglo XV en adelante coinciden con el esquema de Maimónides. El arquitecto elabora su proyecto superponiendo la "imagen mítica" a la "imagen científica", prevaleciendo la esencia en detrimento de la materia; por ello, los edificios del románico y del gótico hay que apreciarlos con el corazón y no verlos con los ojos, porque a nuestro pobre entendimiento racional se le escapan gran parte del contenido ideal y místico que tan propio era de los maestros constructores de la Antigüedad. Para aquéllos, la imaginación contenía en sí la semilla de la locura, pero, también, de la creación. El hombre se hacía Dios por la creación y por la imaginación pero, todo ello, siempre bajo el estricto control del juicio alumbrado por la razón.

Hecha ya esta pequeña reseña a modo de introducción en los conceptos esotéricos utilizados por los maestros canteros, se ha pretendido con el presente artículo acercar al lector al mensaje cabalístico que se oculta en toda obra simbólica. A tal fin, se ha escogido una serie de edificios religiosos de la provincia de Soria que, por otro lado, no responde a un objetivo ejemplarizador sino, más bien, a un interés didáctico en favor de una visión de las cosas a la luz del misticismo de la Tradición o cábala. Aquí, se dan algunas claves para la interpretación del simbolismo hermético, dejando al lector el canso abonado para que experimente con su propia iniciativa y razón.

 

San Juan Rabanera

La parroquia de San Juan de Rabanera es una de las obras religiosas más interesantes del románico soriano. Su juego de volúmenes y su expresivo trabajo de cantería, que confiere al conjunto un cierto regusto a fortaleza militar, son, quizás, los elementos compositivos que más definen su impronta estética. Fechada a finales del siglo XII, recoge buena parte de las tradiciones artísticas de orígenes tan heterodoxos como el lombardo, el mudejar, el sirio y el bizantino.

Su orientación hacia el este es común en todas las iglesias del románico. La cabecera de la imago mundi apunta hacia el horizonte del sol naciente, y, en concreto, hacia la ciudad de Jerusalén, la Tres Veces Santa, hito geográfico y religioso, y Axis Mundi donde se alzó el Templo de Salomón, compendio de todo saber sagrado y modelo de toda obra espiritual que exalte los valores de un Dios Todopoderoso, al cual la Cábala aspira a conocer. La Tradición acierta en afirmar que de Oriente aflora el conocimiento espiritual, origen de todo cuanto existe en el Mundo de la Acción u "Olam ha Asiyyah".

Otro de los factores que participan de modo singular en este edificio, como en todos los amparados bajo este estilo, es la Luz. La luz juega un papel fundamental en el mundo cristiano nacido bajo el influjo de la orden de Cluny. Las vidrieras y rosetones tamizan la luz, la orientan, la fuerzan con maravillosa sutileza, transformando lo que es obra terrenal bajo el influjo del Mal en Corpus Symbolicum. Es, en definitiva, la contraposición a la penumbra y a la oscuridad de las tinieblas; es la Sophia de Dios, su sabiduría, la segunda emanación y manifestación de la fuerza divina, la cual surgió de la oscura "nada" (AYIN). El rayo de luz dorada que penetra por el óculo de poniente, nos recuerda la inalterable presencia de la muerte; acercándonos a la esencia del místico (el "hakim libba", el que posee sabiduría de corazón, pues la semilla de Dios reside, encerrada bajo una llave de marfil, en el interior de nuestro corazón) que busca su comunión con Dios. Ese es el secreto de la sabiduría divina, la "asilut" de la Tradición hebrea.

Más allá de lo estrictamente arquitectónico, es menester citar lo más emblemático del esoterismo de San Juan de Rabanera. Dos son las claves a desvelar. La piedra de fundación y las patas de oca que recubren algunas de las losas de su acera noroeste. En cuanto a lo primero, y si la observamos de cerca, apreciaremos una serie de abultamientos que parecen cerrarse formando un trozo de corona o sector de círculo; y, sobre ellos, en un extremo que busca la arista vertical del bloque que apea el contrafuerte, una silueta que se aproxima a una "X" con los brazos ligeramente curvados, como si se tratara de un esbelto y primitivo aleph. La consonante hebrea aleph es la inicial de la palabra "Anojí" (Yo), primera palabra, a su vez, del Primer Mandamiento ("Yo soy el Señor, tu Dios"). Por lo tanto, esta aleph constituye el elemento del que proviene cualquier sonido articulado; es la raíz espiritual de todas las demás letras, que contienen en su esencia todo el alfabeto, formando la imagen mística de la divinidad. Las letras son, para la Cábala, aspectos de la fuerza creadora de Dios (del Sefer ha-Temurá, anónimo del 1250); luego, él aleph es la piedra fundamental (San Pedro) sobre la que se asienta la. Iglesia.

El origen de esta piedra tallada es incierto. Quizás formara parte de un capitel arrancado a un edificio anterior que tuviera la suficiente entidad simbólica para ser considerado como piedra fudacional de una iglesia cristiana, ya que su localización, el extremo más noreste del edificio, se corresponde con la Tradición. El misterio es insondable, pero, lo más significativo es esa marca, ese logo, esa primera letra del alfabeto hebreo, cuyo significado cabalístico es el primer nombre de Dios, el "Eheieh" o la Divina Esencia, el "Ehad" o Uno pitagórico, génesis de todo lo sucesivo y contingente. Es, sin duda, una piedra mágica capaz de eternizar la obra de un maestro iniciado en el Arte Real.

En cuanto a la pata de oca, poco hay que añadir a lo mucho escrito y hablado sobre su significado. Pero una cosa es cierta: su talla no fue ejecutada para ser solado, sino muro de obra (al parecer de la iglesia románica de San Nicolás), que nos recuerda que peregrinamos por uno de los caminos que conducen a Santiago de Compostela.

El Salvador

Algo más al oeste, hacia esa luz dorada que transmuta en oro místico todos los hastiales de poniente, se alza la parroquia de El Salvador. Obra que, en el 1169, fue donada a la Orden de Calatrava, y que, en época reciente, ha sido reconstruida en un estilo tan brutalista que hace palidecer al modesto y rural románico de su cabecera. De ella sólo merece resaltar, que no es poco, la banda ajedrezada que se sitúa sobre los canecillos, a modo de soporte constructivo y decorativo del alero. Esta decoración, surgida por la maestría de los canteros que levantaron la Catedral de Jaca (Huesca, siglo XI), consiste en una cenefa de piedra tallada con tres hileras, en perfecto paralelo, de minúsculos almohadillones intercalados con vacíos, y que, teóricamente, puede extenderse hasta el infinito manteniendo inalterable el mismo esquema. Para el hermetismo simboliza el "camino de perfección" al que todo peregrino debía acomodarse si aspiraba a una iniciación tutelada por el Gran Arquitecto. De ahí que gran número de construcciones religiosas del Camino de Santiago resalten su calificativo de hito espiritual con la presencia de esta peculiar decoración. Existen varios ejemplos en la provincia de Soria (el campanario de la iglesia de Santo Domingo, en Soria; la cinta que limita la portada de la parroquial de Osona; etc.). Todo ello parece confirmar la existencia de un ramal del camino iniciático por excelencia. Algunos escritos apuntan al priorato templario de Tortosa y al castillo de Culla, en el Maestrazgo, como uno de los posibles arranques de esta ruta peregrina que, tras bordear el Ebro y adentrarse en alguna encominda templaria turolense, llegaría hasta Zaragoza, donde se reorientaría hacia poniente, uniendo las poblaciones de Tarazona, Ágreda, Soria, Calatañazor, Osma, Ucero, Silos y Burgos, donde abrazaría el trazado oficial, recopilado por Aimerico Picaud en el Codex Calixtinus o Liber Sancti Jacobi (siglo XII).

La Cábala interpreta la banda ajedrezada como si se tratara da la Torah escrita y desenrollada, plasmación del Árbol de la Vida. Los espacios en blanco de la Torah son letras invisibles (rabí Leví Isaac de Berdichev), al igual que los vacíos entre almohadillones, que son las letras: son el secreto de la Sabiduría Divina ("asilut").

 

San Bartolomé de Ucero

Uno de los nombres citados más arriba, Ucero, es una pequeña población a orillas del río homónimo, cuyo castillo, hoy en ruinas, perteneció a la orden del Temple. Dejado atrás el casco urbano, camino hacia el Norte, llegamos a la Galiana, una muralla natural que cierra la frondosa vega que abarca hasta el Duero. Allí, el río Lobos se une al Ucero. El Ardal, con sus 1216 metros, es el pico más alto del lugar que fue asentamiento prehistórico y depositario de ancestrales ritos mágicos y teúrgicos. Allí, escondida en un enorme tajo calcáreo, está la ventana por donde se dice pasó el Diablo en su envoltura de Dragón y las huellas de las herraduras del caballo de Santiago Apóstol cuando saltó al vacío; leyenda, ésta, muy próxima a aquella otra en la que se hacía referencia a las marcas que dejó otro milagroso equino cuando elevó a mahem hasta los Cielos desde la roca meteorítica que se conserva bajo la mezquita de la Roca, en el solado sobre el que se asentó el Templo de Salomón.

Donde el cañón se hace más amplio, se asienta la ermita de San Bartolomé (Bartolo o Nathanael), que otrora fuera de san Juan del Otero, cuando formaba parte de un cenobio adscrito a las potencias de la Orden del Temple. La fundación de esta equilibrada y bien proporcionada construcción se ha fechado en el primer tercio del siglo XIII. San Juan el Bautista, en verano, y san Juan el Evangelista, en invierno, fueron los patronos de Tenplarios y Hospitalarios. Ambos santos perpetúan las fiestas del viejo culto a la fertilidad, escenificadas durante los solsticios de verano e invierno, y protegen, desde el aspecto iniciático y esotérico, el cuerpo de Cristo, haciendo suya la tradición gnóstica y pagana de las culturas semitas. San Juan el Evangelista adquirió así el rol de principio espiritual que confiere vitalidad al mensaje de Cristo.

Por otro lado, la palabra "otero" que en la actualidad define a un cerro aislado o tozal que domina un llano, procede del latín "altarium", altar, quizás como referencia a alguna de las formas rocosas que bien pudo cumplir con ese cometido.

En cuanto al edificio, propio de un románico cisterciense, antesala ya del ojival, cabe mencionar su perfección y simplicidad; características significativas de una obra iniciática. Son muchos los elementos que descubren sus claves esotéricas: el ligero despunte que se perfila en la archivolta más externa de su portada; el misterioso tallado de sus canecillos, lazo de unión entre lo divino y lo terrestre, paradigma de las creencias Medievales, en donde lo bíblico y lo profano se entrelaza en insolente promiscuidad; la gran cantidad de signos canteros, lapidarios y mágicos que recubren sus lienzos, resaltando, por su significación hermética, los triángulos invertidos que se localizan en los muros de la capilla meridional o las flechas y tenazas de hierro grabadas en las jambas y dobelas de la puerta del septentrión ("Hay en Dios un principio denominado mal o "Tohu" que se encuentra al Norte de Dios, ya que está escrito: A partir del Norte se abre el mal"; Jeremías 1,14); y, en especial, el trazado de la celosía de los óculos que perforan los hastiales del crucero.

Los óculos, de tres archivoltas decoradas con puntas de diamante y esferas, son muy abocinados, y presentan en su centro una celosía de trazo único, formada por una estrella de cinco puntas inscrita en un perfil circular, lobulado. Es el quinario invertido o símbolo de Baphomet, el dios del sincretismo pagano identificado con Serapis de Alejandría (del caldeo "Sar-Apsî", Osiris-Apis), cuyo culto sintetizaba la vieja fe de los faraones y los misterios griegos. En el 391 d.C., el patriarca Teófilo incendió el Serapeum de Alejandría, dando él mismo el primer hachazo a la colosal estatua del dios objeto de la supersticiosa veneración, abatiendo de este modo, dice Rufino (II,24), "la propia cabeza de la idolatría ("caput ipsum idolatriae")". El quinario invertido encierra simbólicamente la cabeza de un carnero, animal asociado al dios egipcio Chnum o Khnum (Khonumu), "el alfarero" que modeló al hombre a su imagen y semejanza". En el Tarot de Marsella es el número 15 ("Le Diable"). Para la Cábala representa el fuego y la fecundación germinal identificada con Osiris, Attis, Orfeo y Dionisos, el dios-planta de la simbología románica.

Las palabras hebreas que corresponden a las tres primeras de las que dijo Abraham a Isaac en el acto de sacrificarle: "Deus providebit sibi victimam holocausti, fili mi" (Génesis 22,8), empiezan por Aleph, Yod, Lamed, que unidas formarán la voz hebrea "ail", que significa "carnero", y en efecto, el carnero se halla indicado en el versículo 13, cuyo guarismo simboliza la Muerte, el Cuarto Logos, el alma en la Escuela Pitagórica, representada en el hermetismo por un cuadrado, aludiendo a la lucha entre la Destrucción y la Creación. Si sumamos sus letras Aleph (1) y Lamed (30) -recordemos que en el alfabeto hebreo cada letra tiene un valor numérico equivalente- se obtiene el número 31; que, en la Cábala, debe interpretarse como la energía única originaria que se estabiliza en las Aguas Primordiales, génesis de la Creación por emanación divina (este es el quinario derecho). Si invertimos las letras (la inversión del alfabeto repercute de forma destructora, tal como afirma Abraham Galante, circa 1570, en su comentario al Sefer ha-Zohar, el Zahoré HamTá), el Maligno hace suya la palabra; y, ahora, es Lamed y Aleph, y su valor, también especular, el 13, la Muerte. La letra Yod no participa de la operación de "gematría" ya que es por su ministerio que los seres humanos reciben la inteligencia, la influencia activa y el conocimiento de las cosas divinas: es la llave del Tetragrama.

Viendo esta obra, no cabe duda de que la belleza depende de tres cosas: de la integridad o perfección, de la justa proporción, y, de la claridad y la luz. Estas son las tres columnas sobre las que se sustenta el verdadero misterio del constructor iniciado, los tres pilares del Árbol Sefirótico.

 

La Soledad, en Calatañazor

En la noble villa de Calatañazor, la antigua Voluce de los arevacos, se alza la ermita de Nuestra Señora de la Soledad. Merece ser apuntada en este breve caminar por el esoterismo soriano debido a dos interesantes vestigios del románico del siglo XII: el tallado y perfilado de los canecillos que rejmatan la cabecera del templo y la escultura que ocupa la hornacina del paño noreste. Los canecillos son de una rara perfección. Se distribuyen según un orden ajeno a nuestro entendimiento, pero que, a buen seguro, responde a un sentido cultural trascendente. De todos ellos, cuatro conforman un elemento compositivo único, una frase conceptual, que solo puede leerse si se pone en relación con la figura de la hornacina, ubicada ésta entre las dos centrales. La serie, que parte del saliente formado por el muro del presbiterio y termina en la primera pilastra del ábside, se compone de una cabeza animal de ojos salientes y mandíbula plana, el león o san Marcos; un buey, o san Lucas; un águila, a la que desgraciadamente le falta la cabeza, simbolizando a san Juan; y, una serpiente enroscada con la cabeza apuntando al cielo, representación del hombre pecador que mira al Cielo en busca de su salvación eterna, o san Mateo. Y, en su centro, embutida en una estrecha hornacina, una figura humana con un libro cerrado entre sus manos o, según otros autores, con algo parecido a un instrumento musical. No cabe duda de que estamos en presencia de un Pantocrator atípico o Cristo Majestad "profano" rodeado de sus cuatro Evangelistas. Estos son el reflejo hermético de los cuatro elementos primordiales (la tierra o constelación de Tauro, san Lucas; el agua o constelación del Águila, san Juan; el fuego o constelación de Leo, san Marcos; y, el aire o constelación de Escorpio, bajo su forma bíblica de serpiente, el hombre pecador o san Mateo) o los cuatro niveles del universo cabalístico. En la Tradición hebrea, el toro hace referencia al nivel terrestre del Mundo Natural de la Acción (Olam ha-Asiyyah); el águila es el símbolo de la Creación cósmica (Olam ha-Beriah); el león es el fuego del corazón y del mundo de la Formación (Olam ha-Yetzirah); y, la forma humana es Adam Kadmon, el dominio del Mundo de la Emanación (Olam ha-Atsiluth). A los cuatro Mundos los cabalistas añaden un quinto nivel, el reino de los Kelippot o conchas, más conocido como el Infierno. Este lado oscuro de la existencia tiene siete niveles de sufrimiento o impureza, en oposición a las siete puertas de la comprensión.

El significado de esta obra es complejo, pero, quizás, el constructor aventajado sólo pretendía perpetuar su particular concepto del macrocosmos que, coro todo sustrato filosófico de la Antigüedad, debía reinterpretarse en el microcosms, identificado con el hombre, como conciencia, espíritu, alma y cuerpo.

En lo que concierne a la figura sedente allí representada, no es otro que Cristo, el vencedor de la muerte e iniciado en los más ocultos misterios del cuerpo y del alma. El volumen que retiene sin abrir es el legendario Libro del Arcangel Raziel, donde se pone por escrito todo el conocimiento celestial y terrenal. Se dice que este libro pasó a manos de Adán y, de él, a Enoc; después fue entregado a Noé, quien construyó al Arca basándose en la información que halló en sus paginas. A partir de entonces, su rastro se pierde tras significarse brevemente son Salomón, responsable de la construcción del que otrora fue el "reflejo, hecho obra, de la Gloria de Dios sobre la Tierra". Es, por lo tanto, el Libro del Gran Arquitecto de Todas las Cosas, tal como queda recogido en la Biblia del siglo XIII llamada de san Luís (Biblioteca de la Catedral de Toledo). Es el "Corpus" de la Arquitectura Sagrada que todo iniciado debía conocer y dominar tras alcanzar su maestría en el Arte Real.

 

San Juan de Duero

Volviendo a la ciudad de Soria, no podemos dejar de significar la gran influencia que ejercieron, obre la tierra y el espíritu, las ordenes Militares, desde que Alfonso I el Batallador prestara su apoyo incondicional a las mismas, hacia el 1119, para ejecutar su proyecto de repoblación.

Los Hospitalarios de San Juan de Acre, orden fundada bajo carta del Beato Gerardo (Jerusalén, 1104), ejercieron funciones de protección espiritual y de hospedaje al peregrino. Los Caballeros del Temple ("Templarii milites, frates templi, pauperes commnilitones Christi templique salomonici"), acataron las reglas fundacionales de Juan Michaelensis, monje de plena confianza del abad y fundador del Císter, Bernardo de Clairvaux. Ambas Ordenes luchaban por ideales distintos, bajo un mismo Señor, el Papa, coincidiendo en que el cuerpo no es del todo controlable por el bien.

Los Hospitalarios se asentaron en el cenobio de San Juan de Duero, limítrofe al oeste por el río y al este por el Monte de las Animas, maravilloso exponente de claustro que sincretiza los conceptos artísticos emanados de las tres religiones que florecieron en Soria: la cristiana, la judía y la musulmana.

El cristiano del románico estaba convencido de que las cosas formaban un sistema unitario y, por consiguiente, dependientes en su totalidad de la acción creadora que las sostiene. "De Dios surge por emanación todo lo existente y lo no existente, porque la Creación es única e indivisible". Cada modificación de una cosa se refleja, por ende, sobre todas las otras y sobre el conjunto del Universo. El hombre que doblegó los siglos XII y XIII se había familiarizado con las cosas, desde su vocación intelectual y filosófica, y no reconocía ningún límite a su libertad para explorar ocombinar; en definitiva, participaba de las enseñanzas esotéricas de la Cábala aún sin saberlo. No hay que olvidar que el gran movimiento místico- hebraico acontecido entre los años 1250 y 1305, tuvo una extraordinaria vitalidad en Burgos, Toledo, Gerona, Avila y Soria (véase a este respecto "Judíos cabalistas sorianos" y "Del Talmud a la Cábala", de Ángel Almazán de Gracia, en Soria 7 Días, 21de mayo y 4 de junio de 1994).

En el interior del templo, dos baldaquinos propios del ritual griego de Jerusalén, cada uno conteniendo un altar y buenos ejemplos de talla bíblica con arranques de paganismo, se apoyan en el muro de cabecera, justo antes del arco triunfal, remarcando la simetría y reforzando visualmente la rotundidad del espacio, frío y espartano, destinado a fortalecer el espíritu. Parece ser que, entre los dos edículos, se corría un velo para convertir en "iconostasio" la capilla absidal. En su interior, en el Sancta Sanctorum, se custodiaba el receptáculo de Dios, un símil del Arca de la Alianza, que recibía la primera luz de la mañana o Espíritu Insuflador de Vida. Esta distribución es propia de -las tradiciones que dieron forma a los templos de Siria, Fenicia y Nabatea. En estos centros de culto, la "cella" tenía un área restringida o "adyton" a la que no podía acceder ni los fieles ni todos los sacerdotes. El centro de la "cella" era ocupado por un estrado, en torno al cual se instalaban los betilos de los dioses.

En las proximidades se asienta lo que fue monasterio de la Templi militia, San Polo, actual propiedad privada. Su fundación cabe fecharla en el primer tercio del, siglo XIII, casi un siglo después de la constitución de la Orden sobre los cimientos del Templo del Rey Salomón, en Jerusalén.

Lo poco que aún resta en pie es una magnífica semblanza del paisajismo foráneo. Vale la pena visitarlo por los buenos ejemplos de estelas funerarias de su campo sur y por ser antesala del templo-gruta de San Saturio, enigmático eremita nuy próximo al misticismo priscilianista.

 

Santa María de Huerta

Durante el siglo XII, un maestro constructor de origen franco, llamado Fruchel, se avaló como responsable, en calidad de director de obra, de la introducción del gótico en la ciudad de Avila. Su huella iniciática quedó impresa en la cabecera de la Catedral, bajo la advocación de El Salvador (1181), y en la iglesia de San Vicente, en cuya cripta reposan las reliquias del santo patrón y las de las hermanas Sabina y Cristeta. En 1179, y coro patrocinado del rey Alfonso VIII el Bueno, se le encomendó el proyecto del cenobio de Santa María de Huerta.

Las tallas de esta obra, regada por las aguas del Jalón, son excelentes; siendo el refectorio de monjes el ejemplar más insigne del Císter peninsular. Esta sala, esplendidamente iluminada por una celosía de exquisito trazado gótico, mide 34,15 metros de largo por 9,65 metros de ancho y 15 metros de alto, encerrando el volumen de aire equivalente a quinientas (500) veces el número Pi elevado al cuadrado; sabiendo que para los maestros constructores del ojival, el número Pi se obtenía de dividir veintidós por siete. El número 500, desde el ámbito del conocimiento de la Cábala, era expresión de la suma de las letras hebreas "Resh" (200) y "Shin" (300). "Resh" significa "la cabeza del hombre", y se asocia al nombre divino "Rodeh", el Emperador; que es, precisamente, el seudónimo del rey Alfonso VIII, promotor en 1144 (55 años antes del fallecimiento de Ricardo Corazón de León) de la fundación del cenobio. "Shin", por su parte, significa "diente" o "flecha", estando emparentado con el nombre divino "Shadai", el Bueno y Omipotente; haciendo alusión al rey Alfonso VIII, cuyo apelativo era "El Bueno". Quizás, el maestro constructor asoció esas dos expresiones divinas con el único objeto de referirse a Dios como "Supremo Salvador" y Gran Arquitecto de todo lo visible e invisible.

 

San Baudelio, en Casillas de Berlanga

Una de las joyas más desconocidas de Soria es, sin duda, la ermita de San Baudelio, en Casillas de Berlanga. La construcción, con aspecto de casamata visigótica decorada con arte andalusí, obra ejemplar de la primera decena del siglo XI que pasa por ser el monumento mozárabe más tardío que se ha conservado hasta nuestros días, se alza en las estribaciones de una sierra situada a la diestra de la vega de El Escalote, valle hoy descarnado e inhóspito y que hasta el siglo pasado perduró bajo la sombra de los robles, a escasos ocho kilómetros de la villa de Berlanga (Augusta Valeranica).

El edificio está recogido en el Liber Privilegiorum como "monasterio", a semejanza de los pequeños cenobios bizantinos que tapizan el Monte Athos. Todo indica que en su construcción fue utilizado el codo de base de 49 centímetros, que es, como apunta don Juan Zozaya, una medida de transición entre el codo califal o cordobés de 51 centímetros y el "ma'amuni" característico de almorávides y almohades. Por otro lado, si en el Real Monasterio de Santa María de Huerta se proyecta el refectorio de los monjes en función del número Pi, en la ermita de San Baudelio se diseñan los volúmenes bajo la tiranía de la proporción áurea o número Phi.

El elemento más representativo del edificio es el pilar central, que con sus ocho nervaduras de traza andalusí, simboliza la palmera ("tamar"), Árbol del Justo ("tzakik", en árabe) o Árbol de la Vida (el "Ets Haim" hebreo) por el que pasa el Axis Mundi; concepto metafísico que idealiza la construcción y la transforma en vínculo entre la Tierra y el Cielo. Es la Escalera de Jacob por la que se asciende hasta el Trono de Gracia, sínbolo de la ascensión espiritual. Sus raíces, como afirma la Cábala, es la "Yod" hebrea o "punto en el corazón". Según la Tradición, el Uno Santo, el Misterioso Desconocido, grabó en un nicho oculto un punto. En ese "punto" encerró toda la Creacion bajo llave. Y la llave vale, por lo tanto, como toda la riqueza acumulada en el Palacio, porque es la llave que lo abre y la llave que lo cierra. En ese Palacio (Elohim), al que se penetra por las cincuenta puertas místicas, se ocultan los más grandes misterios. Cuarenta y nueve de estas puertas están en sus lados, pero la restante, "la misteriosa", nadie sabe donde está. En el Palacio se consume la unión entre la Voluntad Suprema y la buena voluntad de los hombres.

Sólo el místico reconoce la semilla o "Zera" de lirio (es la flor de los dos colores, rojo y blanco, y de los seis pétalos) que perdura en el interior del Arca, cuya cerradura sólo es abierta por la llave que abre la puerta "misteriosa".

Pero, para comprender el misterio, "Bereschit", que significa "En el comienzo", pues es la primera palabra del Génesis, debe ser interpretada como "con sabiduría", porque con sabiduría se encuentra la llave, que es la clave de todo el misterio; y, la Cábala llama a la sabiduría el Padre, porque es el origen primordial sin el cual no habría comienzo. La inteligencia es la Madre. La Luz (wr) y el Misterio o "raz" (rz) son una y la misma cosa, ya que ambas palabras hebreas tienen el mismo valor numérico, 207. Así, la palabra "Bereschit" puede ser leída "Bará-Schit", "El creó seis". De esta forma, cuando el punto ("Yod") y el Templo (el corazón, receptáculo de la semilla que inflama el Espíritu Santo en el principio de los tiempos) fueron establecidos con fuerza, "Ber-eschit" combinó el Comienzo supremo con la Sabiduría. De la Sabiduría surge la esencia de las almas por conducto de los treinta y dos senderos de perfección (los diez "sefirot" y las veintidos letras del alfabeto hebreo). En el Bahir (anónimo del 1180) se afirma que el Árbol de Dios, que es el árbol de los nundos, es, al mismo tiempo, el árbol de las almas. "Todas las fuerzas de Dios se hallan (superpuestas) unas a otras y se asemejan a un árbol: así como el árbol produce sus frutos a causa del agua, igualmente Dios acrece por medio del agua las fuerzas del árbol". Recordemos que la fuente o el pozo y el árbol (ciprés) son elementos constantes en los jardines claustrales de la Orden de Cluny.

La palmera es un Árbol de la Vida (Isaías identifica la "santa semilla" con el tronco de este árbol; siendo, para la Cábala, símbolo de la Torah escrita) para quienes se apoyan en ella", se escribe en el Sefer ha-Zohar; y permite, eventualmente, volver a recuperar el "cuerpo de luz", es decir, la naturaleza divina del Adan Kadmon u hombre primordial, y penetrar en el interior de sí mismo. "El justo florecerá como la palma..." (Salmo 92,13). "El justo es el fundamento del mundo" (Proverbios 10,25). De ahí que el justo se identifique con la sefirá Fundamento. El Bahir sentencia: "La palmera simboliza, la columna vertebral del hombre, su pilar esencial", que une "Malkut" o el Reino -(el número 10, el Mundo de la Acción u Olam ha-Asiyyah), con "Kéter" o la Corona (el número 1, donde reside la esencia del Mundo de la Emanación u Olam ha-Atsiluth), y, desde ella, se abraza el "Horizonte de Eternidad" (Ain Soph) o Universo de las Ideas Puras. El primer sefirá es "Kéter", la cabeza suprema desde donde emana toda iluminación y las veintidos letras sagradas del alfabeto cabalístico que conforman el Verbo. Junto con la Sabiduría y la Inteligencia forman una trinidad inseparable llamada "Arik Anpin", el Gran Rostro. Los nueve sefirot restantes forman el Palacio, el "cuerpo cerrado" con sus analogías en el Cielo, en la Tierra y en el Hombre. Los diez sefirot constituyen el Árbol.

Es de suponer que alguna reliquia de san Baudelio esté enterrada bajo el pilar central, como semilla o 'Zera" divina que insufla la Luz ígnea al iniciado que medita en el interior del ostensorio, y abrir así el único santuario (el corazón o "leb"), al que lbn al Arabî, ínsigne pensador sufí, califica de "lugar de manifestación del Nombre y el Nombrado". Para la Cábala, el nombre de Dios es la suprema concentración de la potencia divina. "El corazón es el Tabernáculo ("raisk-at") del Misterio ("sirr") divino del hombre". Es el Templo simbólico e " sirnb intelectual de Salomón, el Tercer Templo. Si esto fuera así, la ermita sería un "martirium" simbólico del santo y relicario de sus restos.

Ocho son los ramos de palmera, ocho sus nervios, número sagrado que se relaciona con el octavo sefirá, "Hod" (Gloria), símbolo de la redención, pero también de los ángeles que portan el Trono de Dios en la escatología cristiana y musulmana. La palmera es el "betilo sagrado" del que irradian los brazos protectores bajo los que se extiende el Paraiso. Sólo los iniciados conocen la Luz, la "Shu" hebrea, que les permite ver la Suprema Conciencia o sumo conocimiento que conduce a la sublimación hermética. En el fondo, se adivina un sufismo herético reinterpretado bajo el crisol mozárabe, que, con progresivo y ágil canúnar, va aproximándose a los fundamentos del cristianismo occidental (para una interpretación hermética, griálica y sufí de la ermita de San Baudelio, véase "La enigmática ermita de San Baudelio", de Ángel Almazán de Gracia (Diario de Soria, 26 de agosto y 1 de septiembre de 1995) y las páginas 68-74 de su libro Por tierras de Soria, la Rioja y Guadalajara).

Respecto a san Baudelio (Baudel, Baudilio, Boi), se sabe que sufrió martirio en Nunes en tiempos del neoplatónico Juliano el Apóstata, 331-363 d.C., siendo sepultado en esta misma ciudad. Según todos los testimonios que se conservan, fue martirizado por predicar la fe evangélica a los ciudadanos, que celebraban las fiestas natalicias (gonales) de Júpiter en una floresta o bosque sagrado. En los mismos faustos, los druidas ofrecían sus sacrificios con exposición de ídolos y ritos cruentos. De aquí que en sus imágenes se le pinte o esculpa bajo una "palmera" y un "segur", símbolos de su martirio. Se cuenta que de su cabeza, como la de san Pablo (Saul de Tarsus), dio tres saltos separados del tronco, a cuyo contacto la tierra se abrió dando salida a tres fuentes, símbolo de las tres rams o "colunnas" del Mundo de los Sefirot: la Gracia, la Justicia y el Amor compensador. El agua que brota de las fuentes es el que procede de Dios, es decir, la "Hojma" o Sabiduría; y, los frutos del árbol regado con ella son las almas de los justos.

Otro de los elementos a resaltar, siempre desde esta particular visión, es la gruta eremítica dispuesta bajo el último tramo del coro. Su ocupación se remonta al período visigótico. Es en ese antro consagrado a la Virgen del Mundo (la Sophia rosacruz. o la Isis "Koré Kosmú") donde se esconde la serpiente ("nahash") de bronce o el "ophicmorpus" gnósstico, donde el hombre adquiere conciencia de su existencia animal, todo ello dentro de un proceso ritual de "Katabasis" o descensos ad inferos que inicia el neófito, para, finalmente, ascender en mística epifanía a las alturas del ostensorio; y, allí, en una reducción al absurdo, alcanzar su esencia espiritual y su unión con Dios. Esta es una "muerte iniciática", en donde no resulta difícil descifrar sus relaciones con el ritmo de la vegetación y, en general, con el ciclo eterno de la vida, la muerte y el renacer.

En cuanto a las pinturas, poco hay que añadir. Por desgracia, el expolio ha destruido gran parte del tesoro simbólico de San Baudelio.

 

Hermenéutica sagrada

Llegados a este punto, bien merece reseñar la importancia de los pensadores hebreos en la Soria altomedieval. Por aquéllos siglos, la aljama que se extendía por las laderas del Castillo había jugado un papel preponderante en el desarrollo industrial, comercial y cultural de la ciudad. Uno de los ejemplos másás significativos de esta última vertiente es la Escuela de "iluminadores de códices", que estuvo activa durante todo el siglo XIII y principios del XIV. En 1428, Rabí Josef Albo, nacido en la villa de Monreal y estudiante con Hasdai Crescas, escribió en los "intramuros" de Soria uno de los opásculos más importantes de la Cábala mística, el "Sefer Iqqarim" o Libro de los Principios Fundamentales, del que se conocen hasta diez ediciones. Otros próceres ignorados fueron los hermanos Isaac y Ya'acob ben Ya'acob Kohén de Soria, eminentes cabalistas, el segundo de los cuales escribió un tratado sobre las consecuencias teológicas del alfabeto hebreo y su interpretación a la luz de la "Voz Divina". Para la Cábala y la Torah Dios ha otorgado a las letras poder creador.

Todos estos autores han participado de una misma doctrina, la iniciada por Semeón bar Jochai, que puede ser resumida en dos ideas capitales: el poder realizador de la plegaria desinteresada y la superioridad del estudio sobre las demás actividades humanas. Esto coincide con lo recogido en el Talmud, el Midrash y la Cábala, los tres pilares de la religión hebrea, junto con la Torah y la Bíblia, fundamento de todo lo existente. Los cabalistas someten a la Biblia a tres métodos de interpretación (literal, alegórico y metafísico) para abrir las siete puertas de la Comprensión: las de la acción cotidiana, sentimiento, pensamiento, despertar interior, conciencia del alma y conciencia espiritual. El conocimiento consecutivo de ellas conduce a la Divina Presencia (Shejinah o Sejiná) o Faz de Dios. Los Templarios, amalgamndo los conceptos cabalísticos, priscilianistas, gnósticos y paganos, ya sean éstos de procedencia helénica o semita, llegan a la misma conclusión, afirmando que se necesita saber sobre las tinieblas para desear con más ímpetu la luz del Señor ("ut intellegentes tenebras desideremus lucem domini"). De ello se deduce que, estudian las Escrituras con el único fin de entender la profundidad de Satanás.

 

Ermita de La Soledad, en Soria

Próxima a la parroquia del Salvador, asentada en la que fue Dehesa de San Andrés y actual Alameda de Cervantes, en la ciudad de Soria, se asienta la ermita humilladero de Nuestra Señora de la Soledad. En este templo minimalista construido por encargo de la Cofradía de la Vera-Cruz (Institución religiosa que custodia una de las muchas reliquias que trajo la orden del Temple de la "verdadera" Cruz en la que fue crucificado Cristo; de ahí su título de Vera-Cruz), se combaten a los demonios ancestrales, a los espíritus elementales de la materia que se ocultan detrás de cada esquina, y que son aplacados por la acción purificadora y redentora de la Cruz. La ermita, como todo humilladero bajo la -advocación de la Soledad, simboliza al Monte Calvario, donde según los talmudistas fue enterrado el cráneo de Adán, y, donde fue muerto Cristo o Joshua ben Miriam de Nazareth. Así nos lo recuerdan las tres tallas que se guardan en su interior: el Cristo crucificado, el Cristo yacente y la Piedad, símbolo del dolor del hombre por el Hombre. El humilladero es un lugar que recuerda la muerte de la carne antes de su resurección, de ahí la oscura penumbra que abraza sus piedras góticas y renacentistas; por esa razón, solían ubicarse extramuros, en una soledad que facilitaba el recogimiento espiritual y la intimidad con nuestro propio ser, atormentado por la futilidad de la vida terrena y deseoso de alcanzar la unión mística con el Creador.

 

Concatedral de San Pedro, en Soria

En cuanto a la Concatedral de San Pedro, cuya fecha de fundación podría remontarse, por lo llenos, al año 777 (según la inscripción tallada en la capilla de Nuestra Señora del Azogue), cabe resaltar la amplitud de sus tres naves y las hornacinas que se ubican entre los contrafuertes y que equivalen a otras dos. Estas naves, de cinco tramos separados por fajones levemente apuntados, están formadas por cuatro órdenes de robustas columnas dóricas con capiteles y equino cilíndrico. Si para Jean Martín, en 1547, el órden dórico se asociaba con la definición de fuerza personificada por Atlas y por Hércules, otros arquitectos de la época lo-referían a los conceptos de macizo y solidez; es decir, a los principios generadores de la "euritmia" o buena conveniencia de las partes de un edificio.

En relación a su magnífico claustro, fechado en su primera galería en 1152, bajo la influencia de los estilos de Poitou, Saintonge y Silos, cabe apuntar el poco uso de temas bíblicos. Las escenas alegóricas e historiadas son frecuentes en San Pedro, pero están ausentes en las arcadas bajas de Santo Domingo de Silos (1088-1150). Asimismo, los capiteles de San Pedro recogen una amplia colección de monstruos, dragones y bestias fantásticas, emblemas del pecado y de los bajos instintos, seres infernales por excelencia que simbolizan al Maligno, todo ello de regusto oriental reinterpretado por el fino tamiz del Císter.

Resaltamos, por su indudable valor simbólico, el segundo capitel de la galería norte. En tres de sus cuatro caras son representados animales fantásticos: dos leones de tipo islámico, opuestos por detrás, y sendos grifos silenses de ideal gnóstico, el uno con las alas para arriba y, el otro, para abajo. En la faz que resta, un centauro, armado con arco y vestido con camisa, cazando a un ciervo, y a un hombre tocando el olifante y acompañado de un perro. El ciervo representa el alma pura del justo ("tzakik"); el centauro que lanza su flecha simboliza al Maligno atacando las almas de los inocentes. Cuando el centauro dispara contra las arpías, símbolo del pecado de seducción, adquiere un significado opuesto; es decir, representa el instinto dominado por la luz de la razón. El perro recoge aquí la tradición pagana del dios-chacal Anubis, que era quien guiaba a los maestros de los Misterios egipcios al Submmdo, siendo posteriormente identificado con el Hermes griego (El Ermitaño, IX Arcano Mayor del Tarot), el patrón de la magia, la teurgia y las ciencias ocultas. Éste dios fue acogido, en parte, por el cristianismo, el cual modeló el ideal del Buen Pastor a partir del Hermes Crioforo, el que lleva un cordero sobre sus hombros.

En el capitel interior del pilar siguiente se representa a la lujuria utilizando como motivo a dos mujeres desnudas (la perversión de la Virtud y la Verdad), y unas serpientes aladas mordiendo o succionando los senos de aquélas, reafirmando su origen gnóstico y la presencia de los vicios morales e intelectuales. La inteligencia se halla viciada cuando se encuentra extraviada en el error. La mente está entonces "atada" por ese error, simbolizado por las serpientes aladas, y se halla, por ende, sujeta a una forma de "esclavitud" tanto moral como espiritual, que tiene su raíz precisamente en ese vicio mental. Sólo el amor a la sabiduría, que nos lleva a discernir la Verdad de lo Ilusorio, y nos conduce por el camino de la justa perfección, se halla en el fundamento de la vida. Sólo la luz del entendimiento abre las puertas de la Sabiduría.

En otro capitel historiado del segundo pilar, y por su parte interior, se advierte la presencia de san Jorge matando al dragón, la "fuerza del Caos" materializada en la serpiente egipcia Apofis. Aquí, el Diablo, el "acusador", se apoya en el platillo de la balanza para beneficiarse, inputando crímenes falsos a la inocencia de los elegidos. Este es un tema historiado que ya aparece en el templo de San Lázaro de Autum, de 1150, como reinterpretación cristianizada de una escena cumbre del Libro de los Muertos egipcio.

En la puerta de entrada al antiguo refectorio, y en su capitel de la siniestra, se ha labrado la figura sedente de un anciano, con las piernas cruzadas, junto a dos mujeres vestidas con faldas y chaleco y con una especie de cetro en una mano y, la otra, levantada sujetando algo, dando la impresión de que bailan una especie de danza morisca. Las dos mujeres simbolizan el "'deseo de las colinas perpetuas", el "Ad" hebreo; una es la Schejiná, la Divina Presencia, que beatifica y bendice al hombre (representa el Año del Jubileo, bajo la esfera 'Binah", el número 3 y la letra "G" de Gimel, símbolo del Dios (God) Gnóstico); la otra, es la hembra secundaria o terrenal, la que ha de juntarse con el hombre (se corresponde con el Año de Remisión, bajo la esfera de "Malkut", el número 10 y la letra "Y" de Yod, el "punto que habita en el corazón"). Para los hermetistas rosacruces la naturaleza andrógina de Dios (Yahvéh, YHVH) se identifica con la Schejiná (Shekinah o Sejiná) o Novia de Dios. Los cabalistas, por su parte, afirman que por su intercesión se puede manifestar la Creación. Acompaña al hombre cuando está lejos de su casa, dando fe de la fidelidad del esposo terrenal. Por ello, siempre acompañaba a los peregrinos en su viaje de búsqueda y perfección. Tal es la razón por la que Templarios y Hospitalarios encomendaban su alma a la Virgen Madre (Venus, la Isis "Koré Kosmou").

El capitel de la derecha contiene dos arpías, una femenina y otra masculina y barbuda, afrontadas a ambos lados de un árbol del que surgen vástagos que se enredan en sus cuerpos. Representan el pecado de seducción y vanidad que rodea al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. De este Árbol surgieron, las segundas Tablas de la Ley, dadas a Moisés tras el pecado cometido por el Pueblo de Israel con el Becerro de Oro, después de que fueran rotas las primeras.

En la galería este se resaltan dos capiteles de interesante contenido esotérico. El primero de ellos, en el lado norte, con las figuras estáticas de un rey (Salomón) y una reina (la Comunidad de Israel o "Rosa de Sharon"), ambos coronados. La reina tiene en su mano un rollo abierto; se trata de una alusión a la Torah oral. El rey sopesa un libro abierto; es el Libro de la Sabiduría de Todos los Misterios, llamado, a su vez, de Salomón.

El segundo capitel se recubre por una fina talla de tres figuras humanas. La del centro, con capucha, sujeta tres panes redondos sobre un pan; a su derecha e izquierda, dos personajes llevan sendos panes y otros dos hacen lo mismo en los lados cortos del soporte. Los tres panes simbolizan las tres comidas de la Fe, las comidas en las que, según la Tradición judía, participan Abraham ("Jesed", Gracia, Amor o Misericordia, cuarto sefirá ), Isaac ("Gueburá", Fuerza, Justicia o Rigor, quinto sefirá) y Jacob ("Tiferet", Belleza, sexto sefirá), y que expresan la alegría de la Fe Perfecta. Los cabalistas afirman que la tríada de la Belleza (Amor, Justicia y Belleza; 4, 5 y 6) es el Sagrado Rey; y, de la unión del Rey con la Reina, en la que se comprenden todos los sefirot (la Comunidad de Israel o Árbol de la Vida), se produjo el Universo en su propia imagen. Sólo la armonía y la proporción, columnas salomónicas sobre las que se asienta la Belleza, tienen validez universal.