APUNTES SOBRE
SIMBOLISMO TRADICIONAL
EN ALGUNOS
RECINTOS SACROS SORIANOS

 

Es muy difícil hoy día, en las postrimerías de este siglo XX, intentar mostrar en Occidente el carácter iniciático de la construcción sagrada puesto que vivimos en una época en la que impera una concepción profana de las artes liberales, producto directo de la cosmovisión desacralizadora que rige en la conciencia colectiva de un Occidente que cada vez más se aleja de sus raíces tradicionales.
El sistema iniciático de formación existente siglos atrás en los gremios artesanales, especialmente durante la Edad Media, ha caído en el olvido total, así como la confluencia, en estos oficios vinculados con la arquitectura e imaginería de los edificios, de saberes tradicionales que traspasan el tiempo y el espacio al haberse transmitido su esencia oralmente desde el origen de los tiempos y a través de las más diversas civilizaciones, de ahí que sea lógico que precisamente sean la ruptura del tiempo y del espacio profano o común dos de los objetivos fundamentales en toda construcción tradicional.
Dios es el Creador y el hombre su imitador y co-ayudante en la constante creación de las cosas. Y si en la concepción tradicional el cosmos surge de un ordenamiento del caos, la construcción sagrada debe ser un acto ritual que confiere un orden al mundo en el que vive el ser humano, el cual es considerado tradicionalmente como microcosmos. Todo edificio tradicional sacraliza el espacio en el que se asienta transformándolo en un Centro del Mundo, como diría el historiador de religiones Mircea Eliade, en el cual el hombre puede acceder a un "tiempo intemporal" puesto que todos y cada uno de los elementos del edificio son símbolos de las diversas manifestaciones y propiedades del Creador, de ahí que los artesanos y el maestro de obras que han participado en su construcción han podido ir transformándose interiormente durante su realización. Y de ahí que quien contempla y medita sobre lo que tiene ante sus ojos pueda, mediante la analogía simbólica, captar parte del mensaje metafísico de todos y cada uno de tales elementos constructivos e iconológicos y emprender, así, el camino de retorno hacia el Creador. Además el telurismo del enclave también aporta su propia acción sutil en los componentes diversos del ser humano.
Esta expansión y ascensión del ser humano es posible debido a que se encuentra entonces en el Centro del Mundo, es decir, en el punto de confluencia del Eje del Mundo con el plano horizontal de la vida terrestre, o sea, en el punto de convergencia del rayo divino que todo lo ilumina con la manifestación terrestre y horizontal del ser humano.
El templo es la casa de Dios; el cuerpo humano es el templo de Dios, y éste ha creado al hombre "a su imagen y semejanza", por lo que las proporciones del cuerpo humano son uno de los patrones a seguir en el diseño de la planta y alzado del edificio construido tradicionalmente, como bien señaló Vitrubio.
Los modelos a seguir son arquetípicos dado que han sido los dioses quienes han revelado al hombre las medidas y configuración de los templos más sagrados (mitológicamente hablando), como acontece, por ejemplo, con Yavéh y David respecto al Templo de Jerusalén, si bien fue Salomón quien buscó a los artesanos y maestros de obras para su ejecución. La Palabra revelada es, por tanto, el orígen del prototipo arquitectónico a seguir. Y en la Palabra revelada se encuentran igualmente el resto de los símbolos arquetípicos que hacen vibrar al espíritu humano y que el hombre intenta plasmar a través de cualquiera de las artes liberales en ese camino de retorno a la Unidad mediante el reencuentro con la "chispa divina" que anida en lo más íntimo de su ser.
Este sería el resumen de lo que hemos comprendido respecto al arte tradicional tras la lectura de numerosos artículos y libros, y que intentaremos transmitir en la selección de textos e interpretación que hacemos a continuación de los elementos arquitectónicos e iconológicos que hemos seleccionado para este ensayo.

©Ángel Almazán de Gracia