SACRALIDAD
ARQUETÍPICA
Y TRADICIONAL
DEL MUNDO ANTIGUO

MONCAYO, CELTÍBEROS
Y MITOS VARIOS

Ángel Almazán de Gracia

Nota introductoria: Éste texto es una transcripción fidedigna del ensayo que publiqué en Revista de Soria, nº 19, Invierno de 1997, pp. 15-32, con el título de NOTAS SOBRE HÉRCULES, EL MONCAYO, ÁGREDAY LOS PELENDONES (no se ha cambiado nada, por tanto); artículo inspirado en el enfoque ecléctico de la Escuela de Eranos y que está escrito como complemento, a modo de llamadas o notas bibliográficas, al artículo que le precedía de Salustiano López Orba: Apuntes míticos y filológicos en torno al Moncayo, pp. 3- 14.

Entre otros muchos temas tratados, destacaremos los siguientes: Anthropos, Agni, Ana, Apolo, Arévacos, Baco, Bebrices-Beribraces, Bel-Belenos, Belisana, Cabala fonética, Cabiros, Caucaso, Celtíberos, Cernunos, Devas, Dionisos, Diosa Madre, Druidas, El, Euskera, Hércules, Herreros, Iberos, Ka, Kailás, Kshatrilla, Lanza, Lengua Indoeuropea, Lug, Metratón, Meru, Moneda, Moncayo, Montaña Sagrada, Numancia, Pelendones, Polo, Qâf, San Miguel Arcángel, Toro, Tuatha de Danan, Vid.

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1.- El Moncayo, como montaña sagrada y tutelar, "ha generado a su alrededor una copiosa literatura mítica y legendaria" y es de suponer que "siga alimentando las ensoñaciones de generaciones de hombres como lo ha venido haciendo hasta ahora, invitando al vuelo y al ensueño" (El Moncayo en la literatura: un espacio para el mito y el ensueño, Jesús Rubio Jiménez, Tvriaso X, Tomo II, p. 77)

2.- En la Edad Media la cordillera ibérica, la Idoubeda antigua, separó políticamente a las antiguas tierras celtibéricas puesto que el Moncayo pasó a ser el mojón que separaba Castilla de Aragón, tras el acuerdo alcanzado entre Alfonso VIII (casado en Tarazona, por cierto) y Pedro II de Aragón. No obstante la frontera eclesiástica -que es la más importante, desde un enfoque antropológico- siguió vinculando ambas márgenes del Moncayo hasta 1954 dado que Ágreda y los pueblos de sus aldeas de antaño (Aldehuela, Añavieja, Beratón, Castilruiz, La Cueva, Dévanos, Fuentes de Ágreda, Matalebreras, Montenegro, Muro de Ágreda, Ólvega, San Felices, Trébago y Valdelagua), continuaron adscritos a la diócesis de Tarazona, cuyo obispado llegó incluso hasta Soria capital en el primer tercio del siglo XII. El restaurador de la diócesis turiasonense, en 1119, fue el obispo Miguel, un monje francés proveniente muy seguramente de San Saturnino de Toulouse, lo que explicaría el por qué de la existencia de una iglesia dedicada a este santo en la ciudad de Soria, lo cual refuerza considerablemente mi tesis respecto a la relación entre San Saturio y San Saturnino (Soria-Francia. De Numancia a Montségur, Angel Almazán de Gracia, Revista de Soria, pp. 37-44).

3.- La peculiaridad de este artículo escrito por Salustiano López hace obligado que, antes de seguir adelante, sea preciso resaltar el simbolismo arquetípico que tiene toda montaña, y, muy especialmente, aquella que ha sido considerada o sigue siendo vista como sagrada, cual es el caso del Moncayo.

- "El fundamento general para el simbolismo de la montaña es simple: asimilada la tierra a todo lo que es humano (como, por ejemplo, en las antiguas etimologías que hacen proceder ‘hombre de humus’), las culminaciones de la tierra hacia el cielo, transfiguradas en nieves eternas -las montañas- deben presentarse espontáneamente como la materia más adecuada para expresar mediante alegorías los estados trascendentes de la conciencia, las superaciones interiores o las apariciones de modos supra-normales del ser, a menudo representados figuradamente como ‘dioses’ y deidades. De donde tenemos no sólo los montes como ‘sedes simbólicas’ -tomemos nota- de los ‘dioses’, sino que también tenemos tradiciones, como la de los antiguos arios del Irán y de Media que, según Jenofonte, no conocieron los templos por su divinidad, sino precisamente sobre las cumbres; sobre las cimas montañosas ellos celebraban el culto y el sacrificio oal Fuego y al Dios de la Luz: viendo en ella un lugar más digno, grandioso y analógicamente más próximo a lo divino que en cualquier construcción o templo hecho por los hombres" (p. 11). "... Desde los tiempos más remotos, en casi todas las civilizaciones la montaña ha valido uniformemente como símbolo de los estados interiores trascendentes y como sede alegórica de naturaleza divina, de los héroes, en general, de seres transfigurados y llevados más allá de la condicion humana; tanto es así que ascender las cumbres o ser ‘arrebatado’ hacia ellas en los más variados mitos de la humanidad tradicional representa un misterioso proceso de superación, de integración espiritual, de participación en la ‘super-vida’ olímpica y en la inmortalidad" (p. 18). ( Meditaciones de las cumbres, Julius Evola, Nuevo Arte Thor, Barcelona, 1978).

En la cumbre de la montaña sagrada se encuentra la bebida de la inmortalidad (haoma-amrita y soma indo-iránico, por ejemplo). Y en la Grecia antigua acontecía otro tanto puesto que testimonios hay de que los iniciados arrebatados por el "divino furor de Dionisio" se veían arrastrados hacia las cimas de los montes tracios, siendo el vino la bebida dionisíaco-báquica (Psique, Erwin Rohde, Labor, Barcelona, vol.2, 1984, p. 309). Así que, desde un punto de vista arquetípico, no es de extrañar que quizás la primera modalidad del actual escudo de Ágreda fuera el monte Moncayo "con una vid frondosa que nace en su raíz, y se levanta sobre él, cargada de racimos", según los datos oficiales del ayuntamiento agredeño facilitados a Pascual Madoz.

La vid de este escudo es, incluso, un símbolo del Árbol de la Vida; entre los sumerios la Gran Diosa era conocida como "madre cepa de vid". Y Dionisios-Dionisos-Baco era el dios de la visión estática como dios del vino sacro y no del vino de la embriaguez (El vino y el alcoholismo, Angel Almazán de Gracia, Soria 7 Días, 20-Nov-1993). La sacralidad de este escudo queda demostrada, iconográficamente, si la comparamos con aquella representación pasional de la crucifixión en la que la cruz nace del vértice de un triángulo (el cual representa, en este caso, al monte Calvario).

Mas retornemos al simbolismo arquetípico de la montaña, en la que se encuentra el Paraíso (Paradêsha, Walhalla, Asgard..). Incluso Dante D´Alighieri situó el Paraíso en la cumbre de la montaña del Purgatorio. La cumbre de la montaña sagrada es, en definitiva, un "Centro-Corazón del Mundo" no geográfico sino espiritual: un "Polo" inmutable.

4.- Quizás las siguientes afirmaciones de C. G. Jung, en su ensayo "El hombre arcaico" sean aclaratorias de ello (La psique y sus problemas actuales,Poblet, Madrid, 1935):

"Nosotros hemos aprendido, merced a la atención exclusiva prestada a las cosas naturales, a separar lo psíquico subjetivo de lo natural objetivo. El primitivo, por el contrario, tiene su psique vertida en los objetos... Su paisaje no es ni geográfico, ni geológico, ni político. Contiene su mitología y su religión, todo su pensar y sentir en la medida en que le es inconsciente. Su miedo se localiza en ciertos lugares que no son buenos. En aquel bosque viven los espíritus de los muertos. Aquella cueva guarece diablos que estrangulan al que entra. En aquella montaña habita la gran serpiente; en aquella otra fuente o roca o árbol se preñan todas las mujeres; en aquel vado vigilan demonios serpentinos; aquel gran árbol posee una voz que llama a ciertas gentes. El primitivo no posee psicología alguna. Lo psíquico acontece fuera, es objetivo" (p. 201). "...Esta proyección de lo psíquico crea, de manera natural, relaciones entre hombres y entre hombres, animales y cosas, que para nosotros son absolutamente incomprensibles" (p. 202). "...Mediante la proyección producida por las relaciones de identidad, se crea un mundo en el cual el hombre se halla involucrado, no sólo física, sino también psíquicamente; se difunde, por decirlo así, en él. Nunca es señor del mundo, sino un trozo de él" (p. 204) "...En el mundo arcaico todo posee alma, el alma del hombre, o mejor dicho, el alma de la humanidad, el inconsciente colectivo, porque el individuo no posee todavía una psique diferenciada" (p. 206).

5.- La figura mítica de Hércules no es homogénea, sino todo lo contrario. Ya Cicerón distinguía seis personajes legendarios distintos llamados Hércules, y Varrón contabilizó cuarenta y cuatro. "Es, en realidad, un dios compuesto de muchos héroes oraculares de diferentes naciones en distintas etapas de la evolución religiosa, algunos de los cuales se convirtieron en verdaderos dioses, en tanto que otros siguieron siendo héroes. Esto hace de él el personaje más confuso de la mitología clásica" ( La Diosa Blanca, Robert Graves, Alianza, 2ª de., 1984, p. 161). Una epopeya de Pisandro de Camiro (siglo VI a. de C.) es el poema más antiguo, conocido, con referencias a Heracles.

Virgilio, en La Eneida (libro octavo, 38-52) es el primero en referirse al robo de las vacas de Hércules por parte de Caco (ganado que Hércules, a su vez, había sustraido en Tartesos a Gerión), a su escondite en una cueva del monte Aventino, donde Rómulo fundara Roma, y al estrangulamiento de Caco a manos de Hércules. Esta fábula sería también motivo literario en Ovidio, Boecio, Bocaccio...

En los relieves platerescos del consistorio de Tarazona, antigua Lonja de Contratación, aparecen, a mi juicio, tres figuraciones de Hércules: con el león de Nemea, portando la vaca robada a Gerión, y con su maza legendaria que proviene de Melkart (Hércules fenicio). Popularmente se tienen tales imágenes como las de Caco, Pierres y Hércules. Antaño hubo una talla policromada de San Miguel en uno de los cuatro óculos de la fachada.

Hércules gozó de una gran fama durante el Renacimiento, pasando a ser el prototipo del hombre virtuoso, y en España se le asoció a Carlos V, lo que está de acuerdo con que los bajorrelieves del friso historiado de la parte superior del ayuntamiento de Tarazona se refieran precisamente a Carlos V entrando en Bolonia para ser coronado como emperador (Imágenes y símbolos en la arquitectura pintada española (1470-1560), Ana Ávila).

En la puerta del consistorio hay dos figuras que se tienen por la Sabiduría y la Prudencia, pero tampoco se descarta que una de ellas sea Minerva, diosa a la que, por cierto, estuvo dedicada durante siglos una plaza en Tarazona, según fray Gregorio Argaiz, referencia esta última que se recoge en Gloria y Leyendas de Tarazona (Joaquín Aznar García, La Cadiera, nº 293, Zaragoza 1979, p.13). Igualmente indica el fantasioso y crédulo de Argaiz que el primitivo solar de la iglesia de la Merced, antes ermita de Santa Cruz de Rabate, en Tarazona, fue ocupado en la antigüedad por un templo dedicado a Minerva, hija de Júpiter, dios que según él tuvo un templo en la cumbre del Moncayo en época romana, sucediendo a otro dios celtibérico asimilable a Júpiter como "Dis Pater" ("Padre de los Dioses), aunque hay quien sitúa dicho templo justamente donde se encuentra ahora la ermita de la Virgen del Moncayo (Antigüedades de Tarazona, Justo Zugarramurdi, Zaragoza, 1881, p.p. 65-66).

6.- "...Llamaban a este pico los romanos, Monte Cauno, aludiendo a las nieves de que suele estar cubierno la mayor parte del año, y en él comenzaba la región propiamente llamada Celtiberria. En su falda es´ta el pueblo pequeño de la Cueva, así llamado por una muy profunda, sobre la cual está fundado. Es tradición que en esta cueva habitaba el dios Caco, y cerca de ella tenía Hércules sus bueyes pastando libremente por las verdes praderas. Robóle aquél a éste algunos de sus bueyes y para no ser descubierto por las huellas, pues el suelo está en los sitos altos de ordinario tapizado de nieve, hízolos entrar hacia atrás en su vivienda. Los bueyes que quedaron fuera echaron, sin embargo, de menos a sus compañeros y comenzaron a dar bramidos digiriéndose a la cueva, con lo que el hijo de Júpiter y Alcmena sorprendió al malhechor e indignado le echó encima el monte Cauno sepultándolo debajo. Desde entonces el monte cambió el nombre por el que hoy tiene de Moncayo, que quiere decir tanto como monte de Caco. Esta inventión tuvo origen, a no dudar, en la Edad Media, época de las leyendas, aplicando a este monte la fácula mitológica del monte Aventino, en Roma, por la semejanza de los sitios" (Soria, España. Sus monumentos, artes... Nicolás Rabal, Barcelona, 1889, p. 442).

La susodicha cueva de Cueva de Ágreda -valga la redundancia- tiene unos doscientos metros de longitud y se halla cerca de la cima del cerro en cuya base se asienta la población. En lo que respecta a la referencia a la cueva de Los Fayos como cueva de Caco hay que señalar que ya es citada por Argaiz, quien señala que "es tan grande, tan capaz y clara que puede servir de una muy desahogada habitación" (Justo Zugarramurdi, p. 77).

7.- Hércules mismo es conceptuado a veces como gigante, al igual que Caco (éste es mitad humano, mitad sátiro, según Virgilio). Y Pierres, también lo es. A propósito de Pierres: el investigador soriano Manuel Peña García tiene escrito que Pierres era un gigante que vivía en Ágreda y que se batió en duelo con Caco ("El Queiles, un río ejemplar", Por los ríos de Soria, Soria Edita, 1995, p. 208).

La referencia a gigantes en Tarazona se encuentran igualmente en Argaiz, que incluso habla del gigante Cessarón de Alcalá del Moncayo, basándose en un supuesto manuscrito del monasterio de Veruela (cierta toponimia fantástica hace derivar El Cucharón, donde se encuentra la ermita de la Virgen del Moncayo, de este Cessarón). Huesos y muelas de pretendidos gigantes de Tarazona de 18 palmos aparecidos en el s. XVI en los cimientos excavados de las iglesias de Santa Ana y la Merced fueron rechazados como tales por los autores de la España Sagrada, para los que no eran sino restos de megaterios "u otros animales antediluvianos o quizá cetáceos de la época del Diluvio" (Etnología y antropología cultural en la comarca del Moncayo, Antonio Beltrán Martínez, Tvriaso X, Tomo II, 1992, p. 571-572). Al respecto de la gigantomaquia de la península ibérica, Fernando Sánchez Dragó destaca que, hacia 1753, "un cabrero soriano descubrió en los cuetos de Santa María de la Hoz, cerca de Medinaceli, una profunda caverna con muchas reliquias de gigantes entre las que resaltaban un cráneo y numerosas tibias" (Gargoris y Habidis. Una historia mágica de España, Planeta, Barcelona, 3ª ed. 1994, p. 104).

Los cabiros eran representados unas veces como enanos y otras como gigantes, como acontece igualmente con los herreros de las mitologías que trabajan el "fuego subterráneo" (El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, René Guénon, Paidós, Barcelona, 1997, p. 142). En opinión de Pausanias, Hércules fue el último de los cabiros (ver nota 17).

8.- Una leyenda sería la que hace referencia al origen toponímico de Ágreda, recogida por Pedro Gratia Dei en la Suma de la crónica y blasón de armas basándose en unos manuscritos del marqués de Velamazán, en 1460, y que fue publicada en Historia de Ágreda, por el canónigo José Hernández, en la revista turiasonense Cultura intelectual, en 1923:

"Derívase Ágreda de Agripina, dama gentil, hercúlea, a quien ërcules mucho amó, de cuyo amor recordándose en tal lugar fundó, y dejó cercada esta villa, espeliendo, y lanzando de esta tierra aquel gran ladrón Caco, robador de ganados (...) La antigüedad y memoria de Ágreda es esta. Es villa cuyo fundamento y población puede ser de 3.000 años, según se prueba por el mismo Caco tener sus ganados en las faldas de la sierra de Moncayo donde hoy está, hasta que Hércules vino y le hecho de hay, y aun según otros escriben, sino en su seguimiento, y subió a hecharlo de lo alto del monte donde estaba, y el Caco descendió a este lugar de Ágreda, haciendo sus llantos y alaridos, y de aquí se fué camino para Italia, donde le siguieron hasta que murió, por donde se prueba la antigüedad de esta villa" (p. 15)

José Hernández agrega que hay otros que dicen que el topónimo deriva de la Agripina, primera mujer de Tiberio, "a quien dicen que este emperador levantó un templo en esta villa, que es el que hoy existe dedicado a Ntra. Sra. de la Peña" (p.2), iglesia que según una tradición ocupa el lugar de una antigua mezquita. Fue consagrada al cristianismo en 1193 y hoy acoge un museo sacro-artístico de la comarca. Esta leyenda se encuentra ya en Argaiz, quien la debió tomar al parecer de los manuscritos citados del Marqués de Velamazán. Asimismo Méndez Silva escribiría, en 1675, que Ágreda la fundó Hércules Egipcio y que la llamó Ilurcis (Rabal, p. 444). "Otro geógrafo, Pozas, según refiere Méndez Silva, la supone fundada por los griegos, a lo que Marieta añade que los habitantes primitivos se llamaron ‘agrios’, en memoria de la población en que antes habían vivido en su país de la Etolia" (Rabal, p. 443).

Otra interpretación legendaria de Hércules y Caco, o tal vez leyenda medieval, es la dada por Argaiz en su Teatro Monástico de Tarazona, que recoge Joaquín Aznar García (p. 12) :

"También Argaiz refiere como salió de la Celtiberia Licintio a quien llamaron Caco, 427 años despues de muerto Hércules el triunfante. Hizo guerra a Palatino, rey de España, diole batalla en las faldas del Moncayo y habiendole vencido se quedó Licinio con la Corona. Es muy verossimil concluyo, que el primer hijo de la tierra de Tarazona, que riegan las aguas de Queyles, pues en las Armas y Escudos de la Ciudad le tienen a un lado, con una Baca en los ombros, y al otro Hercules, desquijarando un león.

Y que por este Licinio Caco tomó su nombre el Moncayo, diziendo que la han de escrivir: Cacum y Caium.

A Licinio, como verdadero Caco, le hace aragonés, y hijo de la tierra de Tarazona y Seneca y Tito Livio lo hacen hijo de Tialia. Dos cosas ay memorables de Caco, la una fabula y la otra la califican por gran verdad. Fabula es que Caco fuera hijo de Vulcano. Es verdad que Hércules el triunfante pasó de España con algunas Bacas a Italia dexando asu hijo Hispan el Gobierno. Hospedole Evandro a las faldas del Aventisco, cuyo pastor y esclavo, llamado Caco, por ser tan ruin hurtó una noche a Hercules quatro Bacas y añadiendo al robo el ingenio, para encubrirlo, las hizo caminar al rebes a una cueva para que no las pudieran seguir por las huellas. Mas ellas manifestaron la violencia de la clausura con los bramidos que llamaron a Hercules al castigo del ladron, con su muerte" (12)

9.- Antes de proseguir con el artículo parece conveniente añadir algunos aspectos muy significativos relativos a Hércules.

Uno de los estudios más interesantes sobre Hércules lo encontrará el lector en el libro Atlántida. Estudio arqueológico, histórico y geográfico, de Juan Fernández Amador de los Ríos (Zaragoza, 1925), especialmente en sus capítulos X y XI referidos a las expediciones de Hércules (pp.209-243), del que transcribimos los siguientes textos:

- "Dicen Varrón y Silio Itálico, que Baco conquistó España; refiriendo el primero que de Pan, jefe de los ejércitos de Baco, tomó Hispania su nombre. También Plutarco afirma que Pan, jefe de las tropas de Baco, dió nombre a Hispania. Esta noticia la suministra asimismo, algo modificada, Sosthenes, que escribe ‘tomó Spania su nombre de los panes que llevaba Hércules, siendo de anotar que el nombre de ‘panes’ significa los rojos, denominación de ‘rojo’ que se dió al dios Pan, según Servio, por que le representaban pintada la cara de color rojo. De pan e is ‘país, tierra’ en caldeo occadio, se formó el nombre de ispania ‘país de Pan’ o ‘país rojo’, dado el color predominante de nuestra Patria para los navegantes" (p. 18).

"Cuenta Herodoto que los griegos a Osiris le llaman Dionisio, por eso contaban los griegos que Dionisio, el Baco de los latinos, había reinado en Egipto y estado en España" (p. 211). Diodoro Sículo señala que Hércules era el general de Osiris (Baco) y que peleó con Tifeo, hijo de Titán, hermano de Cronos, llamado por D.Sículo con el nombre de Atlante, padre de Atlas (p. 201). Por su parte, Sánchez Dragó, encuentra en la figura hispánica de Hércules un sincretismo considerable: "En él confluyen Habidis u Osiris-Dionisio-Baco, por una parte, y Baal-Hammon-Mekart-Kronos-Saturno por otra", (p. 205).

"Es indudable que el Heracles griego, llamado Hércules por los latinos, era el mismo dios Melkart o Melkarte de los fenicios y cartagineses, que en un principio fue no sólo el dios de la fuerza, sino el de la industria, la astucia, el comercio, los viajes, exploraciones y expediciones legendarias. Su nombre púnico Melkart o Melkarte, tiene el mismo sentido que el término latino Mercurius... Se discutía mucho su nacionalidad, pero en el templo sus sacerdotes seguían el rito egipcio y decían que el dios había venido de Egipto... Así, el padre de la Historia exclama: ¡declárese la verdad y sea Hércules tenido por dios antiguísimo egipcio!" (p. 210-211)

Los fenicios consideraban también a Hércules "protector de las rutas y los caminos, por lo cual hacían montones de piedras que encontraban en sus viajes para conocer con las piedras que encontraban en sus viajes para conocer el camino de vuelta y además asegurar la felicidad de los negocios y empresas" (38). Por la zona de Vozmediano hay un montículo de este tipo o hermas, similar a los que hay junto a las ermitas romeras de las Vírgenes del Castillo (Piedras Hermes en El Royo, Ángel Almazán de Gracia, Soria 7 días, 23-X-1993), Inodejo (Las Fraguas) y de los Santos Nuevos (Almarza-San Andrés). En Tarazona hubo una legendaria columna dedicad, presuntamente, a Hércules, y, curiosamente, columna es el vértice geodésico del pico de San Miguel, en el Moncayo.

"En las expediciones más o menos fabulosas de Hércules, le acompañaban, según Hiempsal y Juba, príncipes historiadores estudiados por Salustio, arameos, medas y persas y también, según otros escritores griegos y latinos consultados por Plutarco, panes o faunos egipcios, pelascos ascendientes de los arcadios y sátiros del país de Etiopía". A este respecto curioso es recordar que, según Silio Itálico, los sármatas que acompañaron a Hércules fundaron Uxama y tal vez las cuatro aras votivas a Hérculas halladas en San Esteban de Gormaz provengan de Uxama (El Burgo de Osma y su catedral, A. Almazán de Gracia, Sotabur, Soria, 1996, p.p. 21-22).

También en Trévago se ha localizado una ara votiva de cumplimiento de un voto a Hércules, situada en la fábrica de la ermita de Nuestra Señora del Río Manzano fechable en el S. III d.C. (Epigrafía romana de la provincia de Soria, Alfredo Jimeno, Diputación de Soria, 1980, p. 47).

Recordemos, asimismo, que leyendas medievales le hacen fundador de Ágreda y refundador de Tarazona, poblaciones que siglos atrás disponían en sus blasones de la figura de un toro, animal emblemático de Hércules hasta el punto que "se le representaba en el arte griego como un paladín de cuello de toro, y para todos los propósitos prácticos se le puede identificar con el semidios Dionisio de Delfos, cuyo tótem era un toro blanco" ( Robert Graves, p. 173). Plinio, por su parte, comenta que los druidas sacrificaban toros blancos tras el ritual de la recolección del muérdago ( Las tres espirales. Meditación sobre la espiritualidad céltica, Jean Markale, José J. de Olañeta, editor, Palma de Mallorca, 1996, p. 21).

En lo que respecta a Ágreda, y para despejar las dudas que hubiera, incorporamos en este artículo el escudo de Ágreda tal y como viene publicado en Nobiliario de los reinos y señoríos de España, de Francisco Piferr, publicado en 1860, y que ha llegado a nuestras manos gracias a Jesús de Gregorio, que también nos ha aportado algunas publicaciones turiasonenses. Teógenes Ortego Frías, que no llegó a conocer este escudo, sí dejó constancia de él y lo retrotrae a la época romana si son ciertas algunas "remotas crónicas":

"Campeaba entonces en su escudo el toro ibérico -símbolo de la energía creadora- en dos versiones: bien caminando hacia la derecha, o parado con la cabeza vuelta de frente. En ambos casos, entre las astas, figura una mitra o tiara, cuya forma triangular se ha interpretado también como delta griega, lo cual implica un significado mítico-religioso. En bordura lleva la inscripción modernizada: tiberio cesar augusto hijo del divo augusto" ( Ágreda. Bastión de Castilla hacia Aragón, p.40). Tiberio, fallecido en el año 37 de nuestra era, fue el consorte de Agripina, raíz legendaria del topónimo Ágreda, como ya se ha señalado anteriormente.

Téogenes Ortego hace mención bibliográfica de la obra Población General de España, publicada en 1675, y escrita por el cronista de Felipe IV, Rodrigo Méndez Silva, donde dice: "Hace por armas un toro, entre los cuernos una Mitra, en medio cierta forma de Hostia...". Juan Antonio de Estrada también repetiría esta misma descripción, en 1748 (p. 42). En 1789 el escudo seguía siendo el del toro "sobre cuya cabeza había un delta con una mitra antigua" (José Hernández, p. 2).

Argaiz, por su parte, ya había señalo hacia 1618 que las armas primitivas de Tarazona fueron un toro, escudo dado por Hércules al fundarla o reedificarla "en memoria de su padre Osiris o Apis", explicación que da igualmente para los blasones táuricos de Borja, Cascante y Ágreda (Historia de la fidelísima y vencedora ciudad de Tarazona, J.Mª. Sanz Artibucilla, p. 34). Los egipcios -cabe reseñar- tuvieron como símbolo religioso estatal a la vaca, dedicada a la diosa Isis-Hathor, esposa de Osiris, sobre cuya cornamenta había un disco solar, iconología lunar-solar que se repite sobre la testa de muchos dioses egipcios (yo mismo cuando vi el escudo táurico de Ágreda lo asimilé analógicamente con Apis, es decir, con Osiris, conocido en Roma como Serapis (Mitología egipcia, Max Müller, Edicomunicación, Barcelona, 1990, pp. 48-52, 117, 184-186). "Su imagen correspondía a la de un toro negro con vientre y patas blancos. Llevaba un triángulo níveo en la frente y otra mancha del mismo color, en forma de creciente, sobre el lateral derecho" (El toro en el Mediterráneo, Cristina Delgado Linacero, Simancas, Ediciones, Valladolid, 1996, p. 153). Aparte de su carácter solar, Apis tuvo también un simbolismo y culto lunar durante los plenilunios, de ahí que el disco cornudo lunar reemplazara en algunas ocasiones al solar (Delgado, p. 309); iconografía que vemos en el escudo antiguo de Ágreda igualmente, simulando ser una mitra (objeto que otorga un poder religioso, no lo olvidemos).

La cabeza de Hércules es la más acuñada en las monedas prerromanas, también incluso en España, y a él corresponden las de las cecas arekoratas (¿Ágreda?), en opinión de Teógenes Ortego, interpretación que considero correcta totalmente ( p. 21). No existen monedas celtibérico-romanas taurico-mitradas en el Museo Numantino , aunque sí varias con la efigie de un toro. Hay que tener presente que el toro fue la unidad de cambio equiparable a las primeras monedas de Occidente y que"se representa frecuentemente en las monedas hispanas, tanto en las pertenecientes al ciclo griego como a las del sistema romano (...) El carácter religioso del toro mitrado de las monedas de Bailo, Caesaraugusta, Cascantum, Escavica, Gracurris y Tarraco está fuera de duda, por ser animal destinado al sacrificio" ( "La religión del Levante ibérico", José María Blázquez, en Historia de las Religiones de la Europa Antigua, AA.VV, Cátedra, Madrid, 1994, pp. 248-249). G. López Monteagudo señala igualmente acuñaciones de tvriaso y calagurris (además de Clunia) con toros mitrados o con triángulos frontales semejantes a los que lucían algunos bovinos romanos destinados a los dioses" y no descarta que se dieran sacrificios táuricos en esta zona del Valle del Ebro (El toro en el Mediterráneo, Cristina Delgado Linacero, Simancas, Ediciones, Valladolid, 1996, p. 253.). O sea que el toro mitrado (como el del escudo primitivo de Ágreda) ya era conocido por los celtíberos del área del Moncayo, concretamente en Tvriaso (Tarazona), Cascantum (Cascante) y Gracurris (Alfaro), población esta última fundada por Graco en el año 179 a.d.C. tras su victoria junto al monte Chaumas (Moncayo) y que durante siglos se creyó que era Ágreda. Por tanto es muy posible que estas cecas del toro mitrado sirvieran como modelo inmediato a los escudos táuricos de Ágreda y de los pueblos del somontano aragonés del Moncayo, y parece más que evidente que el culto a Osiris-Dionisos-Apis subyace detrás de esta iconografía, así como el recuerdo de las grandes diosas de la fertilidad que, en el Próximo Oriente, asumieron aspecto de vaca, forma que se difundiría por el Mediterráneo (Cristina Delgado, pp.323 y ss.).

Hércules tiene otra relación literaria con el Moncayo, El álamo fue uno de los árboles más emblemáticos de Hércules (Elfa, la mujer serpiente del Cantar de Mio Cid, Guillermo García Pérez, Revista de Soria, nº 4, 1994, pp. 33-41. Véase igualmente, en ese mismo número, Consideraciones varias sobre Álamos y Elfa, A. Almazán de Gracia, pp. 41-44). Bécquer sitúa el corazón de su leyenda La Corza Blanca en la Fuente de los Álamos, en el bosque de Beratón, donde existía un encinar sagrado celtibérico (nemeton) citado por el bilbilitano Marcial ("sacrum Buradonis ilicetum", 4, 55, 23). Esta leyenda becqueriana, publicada en 1863, es arquetípicamente celta (Consideraciones sobre la "Leyenda de Rubial" de Juan Largo, A. Almazán de Gracia, Revista de Soria, nª 15, 1996, pp. 53. Según Pausianas, el álamo blanco lo había introducido Hércules en Grecia al trasladarlo desde Egipto, y una leyenda latina señala que se ciñó la cabeza con álamo en señal de triunfo cuando mató al gigante Caco en la cueva del monte Aventino (Robert Graves, p. 254).

10.- El Espasa nos dice que Cayo, en latín, es derivado de cantes, "peñasco, roca", y que como prenombre romano significa señor, a la par que los romanos lo empleaban como nombre propio, siendo sinónimo en Italia de fulano.

La epigrafía hispano-romana de la zona soriana nos ofrece las siguientes inscripciones, recogidas por Alfredo Jimeno:

- En Vozmediano hay una estela dedicada a los dioses Manes por Cayo Aureo, hijo de Cayo (p. 142). Se encuentra en la torre del homenaje y se supone que es del siglo II d. C.

- En Añavieja: estela de un voto realizado al Augusto Marte por Marcelo y Caio, hijos de un centurión (pp.21-22)

- En el mojón entre Añavieja y Castilruiz, procedente quizás de Augustóbriga, había una estela dedicada a Marte por Caio Petronio Materno (p.p 23). Es del s. III de nuestra era.

Las estelas de Muro de Ágreda se suponen que son del siglo II d.C.

11.- Véase el anterior trabajo de Salustiano López Orba, Apuntes para el estudio filológico-histórico del Valle del Añamaza, Revista de Soria, nº 7, 1994, p.p. 25-30.

12.- Apiano, en su obra De Rebus Hispaniensibus comenta la victoria de Graco en Caravis (Magallón) y su conquista posterior de la celtibérica Complega y su comarca. Y Tito Livio cita la denominada ‘Batalla del Moncayo" tras la rendición de Ergavia. "Fueron vencidos por completo los celtíberos y sus campamentos tomados y saqueados. Hubo ese día veintidosmil muertos indígenas y más de 300 prisioneros; se recogieron asimismo 300 caballos y 72 enseñas militares". Y se cuenta que Graco destruiría 300 poblados (oppidum) celtíberos (Veruela prehistórica, José Mª. Mundó, Lérida, 1918, pp. 152-153).

La Batalla del Moncayo duró tres días en el entorno del Mons Chaunus en el año 179 a.d.C. Fuentes hay que dicen que rindió 105 plazas celtibéricas diezmadas, en vez de 300.

El resultado de las campañas de Graco fue la pacificación de Celtiberia citerior (la ulterior seguía siendo independiente "Esta paz fue refrendada mediante pactos entre los indígenas y el mismo, pactos muy justos -dice Apiano-mediante los cuales llegarían a ser amigos de los romanos; Graco tomó y pronunció juramentos sobre los mismos, que serían añorados en las luchas que sucedieron después. La importancia de los tratados de Graco es evidente si se tiene en cuenta que durante 25 años garantizaron la paz en la región y que los indígenas siempre se remitieron a ellos como a un ideal" (Conquista y romanización de Celtiberia, Manuel Salinas de Frías, Universidad de Salamanca, 1986, p. 12) Las tribus celtibéricas se volverían a levantar en el 154 a.C. con Numancia. Los tratados de Graco fueron como la constitución oficial de Celtiberia mientras se respetaron, así que no es extraño que haya quien suponga que el topónimo Moncayo deriva de Cayo Craco.

13.- La toponimia es una compuerta al inconsciente colectivo, como evidencia el artículo de Salustiano López y las anotaciones que estoy realizando, sobre todo en lo que respecta a las etimologías fantásticas de topónimos, puesto que crean relatos, "más aún, generan nuevas etimologías fantásticas y, en consecuencia, nuevos relatos, que combinan nombres y lugares, barajándolos" . Y debe tenerse bien en cuenta que "para los fines pretendidos aquí, lo importante no es tanto el origen exacto del nombre, sino cómo se convierte en activador de la imaginación, dando origen a poemas, relatos, esculturas y otras manifestaciones que podemos situar dentro del terreno del arte, productos de esa facultad maravillosa que el hombre posee y que se llama imaginación, con sus ambigüedades, sus medias luces, sus sugerencias" (Jesús Rubio Jiménez, pp. 749-750).

Las explicaciones "serias" de la raíz toponímica del Moncayo desechan, por contra las referencias arquetípicas:

- "El monte del Moncayo es llamado Mons Caunus, tomado de Tito Livio por Abrahan Ortelio y por Zurita, y no como dice Argaiz, Cacum o Caium, es mas natural la propiedad de nombrarse Mons Caunus, por tener casi todo el año nevada su cumbre, pues se llaman Montes Cani todos los montes de nieve" ( Joaquín Aznar García, p. 13)

- "Se llama el Moncayo así, no por venir de Monte de Cayo, de Cayo Graco, cónsul romano pacificador de la Hispacia citerior, allá por el año 199 a.de J.C., etimología caprichosa e historicista, ni tampoco procede de Mons Cannus por su blanca caperuza invernal, falsa y fácil etimología popular, sino que su nombre, citado ya por Marcial en su Epigrama LXIX, lib I, es el de Caius ‘Senemque Caius nivivus’-, y este nombre que no tiene nada que ver con el de Cayo Graco, debe ser de origen ibérico, pues es aplicado como topónimo a montes cónicos y romos como el de Cayo en Oncala, no lejos del Moncayo, en tierra de Soria" ( El marqués de Santillana por tierras de Soria, José Tudela, Celtiberia, nº 25, p. 74).

Según Francisco García Berlanga en Granada hay otro monte Moncayo. Montes Gayo los hay, además, en León, Soria y Asturias (p. 61). Un Moncayole vasco-francés también consta. En Oviedo se encuentra la Sierra de Cayón (p. 390). Goy, en euskera, es "alto", y Gay significa "cumbre", "cima". Tovar, señala el autor soriano, dice que Cayo es palabra celta que significa "cerrado" (5.000 años de euskera, La Gran Enciclopedia vasca, 1980).

Aportaré ahora, de mi propia cosecha, una posible raíz toponímica: Cacunus. Entre los sabinos hay un dios de las alturas que es Júpiter Cacunus, según indica María de los Ángeles Penas Trueque ("Los dioses de la montaña", en Mitología y mitos de la Hispania Prerromana, Akal, Madrid, 1986). "La inscripción (i)ovi cacund fc hallada en el monte Noreta, que pertenece por su tipo de letra a la época de Augusto, indica la continuidad en el culto a lo largo del período imperial" (p. 123) En la península ibérica, añade, hubo montes dedicados a Júpiter. Los sabinos, según el Espasa, habitaron en la Italia antigua la zona comprendida entre el Tíber y los Apeninos. Es conocido el llamado Rapto de las Sabinas, que tuvo lugar en Roma al apoderarse los romanos de las mujeres de los sabinos después de una fiesta a la que Rómulo había convidado a éstos y que provocó una guerra hasta que las mujeres se pusieron en medio y lograron pacificarlos, y de ahí en adelante se unieron ambos para formar un sólo pueblo.

Curiosamente, en los Himalaya, nombre que en sánscrito significa "Morada de las nieves", se encuentra el invisible y sacrosanto monte Meru, cuya forma visible es el Kailas, monte sagrado para budistas e hinduístas (estos últimos sitúan en su cumbre la residencia de Shiva y Parvati en perpétua hierogamia). En la tradición hindú el Mundo se representa en ocasiones en forma de un loto en cuyo centro se eleva el Meru, que simboliza el "Polo" (Símbolos Fundamentales... Guénon, p. 55). Al Meru le llaman Montaña del Sol y Montaña Blanca (por la nieve, como cierta toponimia del Moncayo), y se afirma que en su cumbre brilla un triángulo de luz (El Rey del Mundo, René Guénon, Ediciones Fidelidad, Buenos Aires, 1985). Este triángulo, recordémoslo, aparece en las cecas y escudos taúricos señalados anteriormente.

El sol, cuya divinidad tutelar celta fue Bel-Belen-Belenos, equiparado por los romanos con Apolo, tiene una fuerte carga simbólica mariana en los Gozos de la Virgen del Moncayo en cuyas inmediaciones se han encontrados dos vasos de cerámica excisa de la I Edad del Hierro, técnica decorativa proveniente del suroeste francés y fechables entre mediados del siglo VII y mediados del siglo VI a. C. (Cerámicas excisas de la Primera Edad del Hierro en Aragón, Gonzalo Ruiz Zapatero, Tvriaso II, Tarazona, 1981, pp. 11-29). En los "Gozos..:", que se canta a la "Madre de Dios de Moncayo", que cual "celestial atlante" sustenta la techumbre de la ermita, se la califica de "Luz de estas cumbres" y "Sol del Moncayo". Pues bien, la consorte de Belenos es Belisama ("la brillante"), uno de los sobrenombres de la Minerva gala (Druidas. Tradiciones y dioses de los celtas, Jean Markale, Taurus, Madrid, 1989, p.88). "Minerva aparece vinculada, sobre todo, a santuarios de aguas medicinales, en las, en las cuales está presente, generalmente, Apolo. La Minerva gala que ‘enseña las artes y los oficios’ y que recibió el nombre de Belisama, ‘la muy luminosa’, con claras connotaciones solares, tiene su equivalente en la irlandesa Brigit, también denominada Dana o Ana, Hija del dios druida Dagda (al igual que Minerva era hija de Júpiter), es adorada por poetas, médicos y herreros" ( Mitología y mitos de la Hispania Prerromana, Akal, Madrid, 1986, J. C. Bermejo Barrera, p. 63). Minerva fue venerada en Tarazona.

14.- Un ejemplo claro de la fuerza que tiene "lo imaginario" en el psiquismo humano es el relato que vamos a referir que data nada menos que del año 1243. Quien lo narra es el arzobispo de Toledo, y efímero obispo de Osma, el navarro Rodrigo Jiménez de Rada, en su Historia Ghótica (Historia de los Hechos de España, Alianza Editorial, Madrid, 1989), quien creía firmemente en la existencia de Hércules pues nos asegura que nació durante el mandato de Gedeón, hacia el 1273 despues de la Torre de Babel, y que murió trece años antes de la toma de Troya y 442 años después Rómulo fundó Roma.

Hércules, según el arzobispo, llevaba consigo como consejero al gran astrólogo Atlante, bisnieto del gran Atlante, hermano de Prometeo. Luchó en Hesperia con el príncipe Gerión, rico en rebaños de todo tipo y dueño de Galicia, Lusitania y Bética, de ahí que se dijera que tenía tres cabezas. Y lo mató, a la vez que le quitó su hacienda y sus ganados. Venció a Caco en combate y le obligó a huir. Era éste hijo de Vulcano y "era muy conocida su morada habitual en un monte al que aún hoy se le conoce como el monte de Caco"

"Caco, sintiéndose de antemano perdedor del combate y siendo como era proclive a la huida, se dirigió hacia Lavinia (en el Lacio), y por el temor que Hércules le inspiraba se refugió en una grupa de piedra, muy honda y oscura, situada en el monte que ahora se llama Aventino, cuya entrada la disimulaba una pesada roca sujeta con cadenas de hierro que él mismo había forjado con la técnica de su padre. La leyenda cuenta que era medio hombre y medio animal, puesto que tenía un tremendo aspecto y provocaba un enorme espanto, y hostigaba con repentinas matanzas a los hombres de los alrededores y causaba una incontable mortandad tanto de hombres como de animales, cuyas cabezas clavaba con cruel arrogancia en sus repulsivas puertas, y con los desgraciados cuerpos saciaba la maldita voracidad de sus fauces. Más Hércules pobló una ciudad en las faldas del monte de Caco con aquellos que había venido con él desde Tiro y Ausonia (antiguo nombre de Italia)". Esta ciudad fue Tarazona (Tirisona, en latín) dice D. Rodrigo. Luego fundaría Vigo y Barcelona, y tuvo muchas aventuras en España (pp. 67-68)

Al marcharse puso a los habitantes de España bajo el dominio griego y al frente colocó a Hispán, "un noble al que había criado desde la adolescencia, y por el nombre de éste llamó España a Hesperia. Hércules, por su parte, volvió a embarcar y marchó a Italia".

Llegó al lugar que luego ocuparía Roma con los ganados de Gerión, con los que se detuvo a las faldas del monte Aventino, junto a la orilla del Tíber. Caco le robó entonces cuatro toros y otras tantas vacas y para engañarle las hizo recular hacia la cueva tirando del rabo. Al despertar Hércules descubrió el robo y el engaño de Caco, al que vió sentado a la entrada de la cueva, "y sobre la marcha arrancó el pico de un elevado monte mientras con la mano derecha hacía vibrar su clava de tres nudos". Caco entró y taponó la cueva, entonces Hércules desgajó la roca por arriba e hizo un gran boquete por el que arrojó una lluvia de dardos y un diluvio de piedras a Caco. Al acercarse Hércules, comenzó Caco a vomitar fuego humeante por la boca, pero de nada le sirvió pues Hércules le cogió del cuello y le estranguló. Después Hércules iría a Grecia donde destruyó Ilión y venció a Anteo e instauraría las Olimpiadas, que durante un tiempo se habían abandonado. "Por último, torturado por un dolor de cuello, se arrojó de mala forma a una pira ardiente, y se dio muerte a sí mismo." Otra leyenda dice que fue debido a la túnica mágica que le dió la celosa Deyanira, que estaba impregnada de veneno inflamable para que se quemara vivo. "Por aquel tiempo Alejandro raptó a Elena y estalló la guerra de Troya, que duró diez años", afirma D. Rodrigo. Su hijo Telefo sería rey de los godos y fue herido por la lanza de Aquiles, asevera el arzobispo, quien fue -no hay que olvidarlo- una de las personas más ilustradas del s. XIII y que ejerció un poder político y religioso enorme, siendo su Historia Gothica o Historia de rebus Hispanie la obra cumbre de la cronística hispano-latina medieval. Como se sabe está enterrado en el monasterio cisterciense de la soriana Santa María de Huerta.

Según la Crónica General de España, escrita por Alfonso X tomando como referencia la Historia Gothica, el monte de Caco es el Moncayo (10 a 48-49). La Crónica dice que Hércules venció a Caco "en un monte mucho alto que es en Celtiberia que puso el nombre dessi mesmo, ca porque dizían a él Caco pusol nombre Moncayo". Y aunque fuese falso el hecho es que el pueblo llano lo creía así; prueba de ello es que en mapas del siglo XVII y XVIII todavía se lee Moncaco o Monte de Caco, según Manuel Gargallo Sanjoaquín (El Moncayo, fantástico, legendario y misterioso, Alberto Serrano Dolader, Zaragoza, 1996, p. 9). En la Crónica de San Juan de la Peña, de finales del siglo XIV, se lee: "... el vencido el dito rey Caci, hedificó el dito Hércules al pie del dito mont, de las gentes que vinieron con él de Tirius et de Ausonnia, una ciudad que clamó Tirasona" (Alberto Serrano, p. 10).

15.- Ka, en Egipto, es el cuerpo astral, etérico o inmortal del ser humano, una especie de "doble", el espíritu.

Por otro lado, y a mi juicio habría que considerarlo como otro posible origen etimológico de Moncayo, en una de las religiones que más han influido en los países mediterráneos, el mazdeísmo, encontramos a Kaiomart. Dice el Espasa que Kaiomart fue el primer hombre, según el Zend-Avesta. "Una tradición dice que nació del hombro derecho del toro Abudad, al mismo tiempo que Gochorún, el genio de toda la creación animal, nacía del hombro izquierdo. Al llegar a la edad de treinta años, el hombre primitivo, obra maestra de inteligencia y de belleza, sucumbió a manos del odioso Ahrimán, el cual le atacó a traición con una cachiporra". Kaiomart, por tanto, es equiparable al Antrhopos, el hombre primigenio. "De su semilla crecieron como una planta el padre y la madre de la raza humana" (Diccionario de mitología universal, Arthur Cotterell, Ariel, Barcelona, 1988, p.37).

Igualmente señalaré que el culto más importante a Orfeo, en el que está presente Dionisos, se llevaba a cabo en el monte Kaukaion.

16.- El tricéfalo Queiles-Cailes-Keiles-Keyles-Kayles ha sido estudiado recientemente por el sacerdote Manuel Peña García, de quien tomo los siguientes datos aclaratorios (pp. 197-216):

- "Queiles es la intitulación oficial del río, con su cuenca. Es, asimismo, la denominación actual culta: todos los geográfos y tratadistas lo designan así. Pero entre la gente sencilla de estos pueblos -Ólvega, Ágreda, Tarazona, etc.- ha predominado y prevalecido desde tiempo inmemorial, la pronunciación ‘Cailes’ - nombre que parece más ajustado a la raíz de su étimo- que la de ‘Queiles’.

En efecto, este hidrónimo -Queiles o Cailes- procede de la forma latina Chalybs o Calibs, tal y como aparece en las fuentes clásicas, que arabizó en ‘Kallas’, y en el medievo dio las formas ‘Calez’ y ‘Cailes’.

Con aquel hidrónimo primigenio, los clásicos latinos querían dar a entender y significar la palabra ‘acero’, por el temple peculiar que daban sus aguas a las armas blancas; y que celebraron tanto" (p. 200).

Manuel Peña García transcribe, al efecto, las menciones de Plinio y Marcial sobre el temple del acero en las aguas del Queiles, llamado Chalybs por éste último. "En fuentes arábigas -prosigue-, autores como Ibn Hayyan (siglo XI) y Al-Himyari (siglo XI) aluden a él y lo citan como Nhar Kalas" (pp. 212-213).

También pudiera subsistir una raíz indoeuropea quizas sánscrita, como Castilla podría derivar de Kshatrilla (casta guerrera védica) y Soria de Sûrya (dios védico solar) (Castilla-Kshatrilla, y Soria-Sûrya, A. Almazán, Soria 7 días, 28 de agosto y 11 de septiembre de 1993). "Los hidrónimos Queiles-Keyles y Cailas-Kailas considero que son de origen indoeuropeo puesto que una de las montañas más sagradas del hinduismo, entre la India y el Nepal si no me equivoco, es el Kailas, eje de una de las mayores peregrinacioens de Oriente" ("Vozmediano, al pie del Moncayo", en Caminando por nuestros pueblos, A. Almazán, Revista de Soria, nº 9, 1993, p. 32).

Dato importante a señalar es que uno de sus nacederos, la llamada fuente Bomitrosa o Gomitrosa, sita en la sierra de Ólvega, bajo la mina de hierro, nos lleva a una raíz ligur-ilírica, según Menéndez Pidal (como también podría serlo el topónimo Dévanos). "Incluso Gormaz parece derivarse de la raíz ligur ‘borm/born’ (Gormaz: Vormatio:Bormatiu). En inscripciones encontradas en Portugal y Francia, de origen ligur muy probablemente, se encuentra el nombre del dios Borbo, una divinidad de las fuentes, del que derivan las palabras borbollón, borbotón y burbuja" (Soria-Francia..., A. Almazán de Gracia, p. 19). Los romanos lo identificaron con Apolo (en Tarazona, cuyo nombre derivan algunos del vasco iturri, ‘fuente’, está el paraje Repolo, la gran surgencia del nacedero de San Juan y el enclave de Borbollón). En Dévanos se encuentra el yacimiento prehistórico de Borbolan, y el topónimo Borobia tal vez derive igualmente del dios Borbo-Bormo-Apolo (existe una ara de Barcina de los Montes (Burgos) con el nombre "Burovio"). El gran nacedero del Queiles es el de Vozmediano; no he investigado acerca de los nombres antiguos de esta población, de los que sólo conozco dos: Bustmediano y Boxmediano; la pregunta es: ¿derivará también del dios Borbo-Bormo-Bormanico?. Borja, por su parte, fue la Bursao celtibérica.

Lug y Borbo fueron dioses ligures asumidos por los celtas. Pues bien, en la Galia céltica se habla también de Apóllôn Karneîos: "Karneîos es el dios del Karn, es decir, del "alto lugar" que simboliza la Montaña sagrada del Polo, y que entre los celtas estaba representada sea por el túmulus, sea por el cain, o montón de piedras que ha conservado aquel nombre. La piedra, por lo demás, está a menudo en relación directa con el culto de Apolo... Al mismo tiempo, Karneîos es también, por el significado del nombre, el ‘dios poderoso’, y, si la montaña es uno de sus aspectos símbolo de potencia y de elevación, a causa de la idea de estabilidad que se le vincula, hay otro símbolo aún más característicos desde este punto de vista, y es el de los cuernos" (Símbolos fundamentales..., René Guénon, p.167)

En Bretaña San Cornelio sustituye a Karneîos, afirma Guénon. Y en el resto de Europa esa figura arquetípica, que se expresa iconológicamente igualmente en el dios cornudo céltico-ligur Cernunnos (al que se rindió culto en Numancia), pudo asumirla quizás San Cabrás o Caprasio, del que existió una capilla en la iglesia turiasonense de San Miguel y hay una ermita derruida en la soriana Suellacabras (Véase: La cornamenta sagrada: Cernunnos y San Caprasio, A. Almazán, Soria 7 días, 27-XI-1993, y Soria-Francia..., A. Almazán, pp. 14-17). La figura de Cernunnos es similar a la de Pan, motivo iconológico del que derivó la figura medieval cristiana del diablo, personaje maligno que salió burlado en sendas leyendas de dos herreros de Calcena y San Felices. En Borja existe un paraje llamado La Cabeza del Diablo con leyenda luciferina incluida y, siguiendo en Borja, hay otro paraje llamado Era del Diablo que es la cima plana de un cerro. Leyenda hay, en Tarazona, del nigromante obispo Ximénez de Urrea que engañó a Satanás en la primera década del s. XIV (Alberto Serrano Dolader, pp. 25 y ss.). Asimismo se les llama Patadas de Diablo a diversas depresiones circulares de la vertiente soriana del Moncayo ( "Una herencia milenaria" Francisco Pellicer, en El Moncayo, AA.VV, Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, Zaragoza, 1988, p. 13). Caco, recordémoslo, era mitad hombre mitad sátiro.

17.- En el escudo de Tarazona puede leerse la leyenda "Tubal Caín me aedifnicavit. Hercules me reaedificavit". Tubalcaín, que para algunos era armenio, fue el primer forjador de hierro que cita la Biblia; era hijo de Sella, segunda esposa de Lamech, hijo de Mathusalen, de estirpe cainita. René Guenón señala que la evidente similitud entre Vulcano (padre de Caco) y Tubalcaín es clara en la cábala fonética, siendo además, ambos, herreros, oficio que solía asociarse con la práctica de la magia inferior y peligrosa, pudiendo desembocar en brujería, si bien la metalurgia dió lugar a ritos iniciáticos tan importantes como el de los Misterios cabíricos de Samotracia y Beocia (El reino de la cantidad..., p.p. 139-140). Incluso en Irlanda se ha encontrado todo un sistema cabírico, según dice el Espasa. En algunas tradiciones Hefestos-Vulcano es el padre de los cabiros, siendo éstos daemones, "genios de la fecundidad del sol conservada por los fuegos subterráneos y presiden también la producción del vino". Nótese, por otro lado, que los cabiros o Kabiros, comparten la raíz Ca-Ka con los hidrónimos, teónimos y topónimos de los que estamos tratando. Y decíamos antes que los cabiros se representan unas veces como gigantes y otras como enanos. Ambos tienen leyendas en el Moncayo. Sobre los gigantes ya hemos hecho alguna referencia, y, en lo que respecta a los enanos, ahí está la leyenda de G. A. Bécquer El Gnomo, pero es que, además, algunos montañistas que se han perdido en el Moncayo juran que se han salvado de caer en los "pozos" y otros accidentes orográficos, merced a unos duendecillos que les arrojaban piedras y les forzaban a caminar hacia donde no había peligro para sus vidas (esto ha sucedido en los últimos años). El origen del culto a los cabiros puede ser pelásgico, fenicio o, seguramente, frigio, según el Espasa.

"Ca-Ka", en germano, es "falo". Hércules, Hermes y Dionisos tenían un culto fálico; asimismo, el toro simboliza igualmente el poder de la fecundidad y del instinto sexual. El falo, fuente de la vida y de energía psíquica en su faceta creadora, es el gran creador y taumatugo adorado en casi todas las partes del mundo. "Pulgarcillos, dáctilos y cabiros tienen aspecto fálico, cosa comprensible ya que son fuerzas creadoras personificadas, de las cuales es también símbolo el falo. Este último representa a la libido como energía psíquica en su aspecto creador (...) El falo simboliza muy a menudo la divinidad creadora (Hermes es un magnífico ejemplo de esta simbolización). No sólo la antigüedad lo imaginaba como independiente, sino que también aparece así en los dibujos de nuestros niños y artistas. El falo es vidente, artista, taumaturgo, por ello no es de extrañar que encontremos características fálicas en los videntes, artistas y taumaturgos de la mitología... La fealdad y el aspecto desagradable caracterizan a los cabiros, dioses ctónicos misteriosos, hijos de Hefesto a los cuales se atribuía poderosa fuerza mágica. Su culto samotracio está íntimamente fusionado con el de Hermes itifálico... Se les llama también "los dioses grandes". Sus parientes cercanos son los dáctilos (dedos) de Ida o pulgarcillos, a quienes la madre de los dioses enseñó el arte de la forja... Heracles era considerado un dáctilo del Ida. Los gigantescos dióscuros están en relación con los cabiros; ostentan también el curioso tocado puntiagudo (pileus) propio de esos dioses misteriosos y que desde entonces se transmite como distintivo secreto. Attis y Mitra llevan el pileus. Ese tocado pasó a ser característico de nuestros actuales dioses infantiles ctónicos: los gnomos" (Símbolos de Transformación, C.G. Jung, Paidós, pp. 137 y 140).

Anteriormente señalamos que los historiadores antiguos decían que con Hércules vinieron a España diversos pueblos de Oriente Medio. Pues bien, a este propósito "debe señalarse que los antiguos consideraban a los bebrices y a los Saefes como arameos de la Armenia Menor, a los que perteneció Carcaa, citada por Estrabón y Plinio... Dionisio Bizantino habla de los bebrices, que vivían a orillas del Bósforo y eran oriundos de Tracia... Cuenta Herodoto, que de la Tracia pasaron de Europa al Asia los Briges o Brices, donde se les conoció con el nombre de Frigios, siendo una de sus colonias los arameos" (Amador de los Ríos, p.235). Por su parte, Adolf Schulten también reconoce que a los bebrices se les ha asimilado la tribu frigia, si bien para él son celtas. El Periplo masaliota indica que eran pastores y Schulten llega a decir que los beribraces "son los celtas de la parte oriental de la meseta y formaron la capa inferior étnica de los celtíberos", encontrándose durante la época de El Periplo, hacia el 500 a.d.C, "los beribraces están en España, en la meseta celta" (Fontes Hispaniae Antiquae, Barcelona, 1922, Tomo I, pp. 119-120, y Tomo II, pp. 110 y 21). Homónimos son también los bibraige de Irlanda y los bibroici de Bretaña ("Las fuentes históricas más antiguas para el conocimiento de los celtas peninsulares", F.J. Lomas, Historia de España Antigua, tomo I, Cátedra, Madrid, 1988, p.69).

Los bebrices eran iberos venidos del Cáucaso, afirma Plinio, mientras que Ptolomeo de Alejandría asegura que pertenecían a los volcos tectosagos cuya capital era Toulouse. Con el nombre de beribraces se conoce a un pueblo asentado en el territorio que va desde el Turia hasta el escalón de la Meseta, y que pudo llegar al somontano del Moncayo, donde siglos más tarde vivieron los lusones (¿pueblo de Lug?): en Pozalmuro hay una inscripción dedicada a este gran dios celta-ligur, como en Uxama). En la extensa cueva de Lombrives, en el valle del Ariége occitano, sitúan las leyendas las tumbas de Hércules y de su amada Pyrene, hija de Bebrix, rey de los bebrices (Soria-Francia... A. Almazán, pp. 32-34).

Si los bebrices-beribraces provenían de Tracia, no sería extraño que conocieran el culto desenfrenado a Sabaceo-Dionisos, originario de Tracia, que luego se trasplantaría a Grecia de forma más civilizada -debido a los sacerdotes de Apolo, sus impulsores y difusores- y donde tendría otra ramificación en los cultos órficos de Dionisos Zagreo, subsistiendo siempre su simbolización emblemática como toro. Dionisos y Apolo llegarían incluso a confundirse en algunos aspectos rituales, asimilándose diversos elementos ( Rhode, pp. ).

18.- Véase, sin ir más lejos, las publicaciones de soriano Francisco García Berlanga que defendía la tesis de que el idioma más extendido en la cultura Campaniforme fue el euskera y que estaba firmemente convencido de que no existe pueblo en España que no conserve algún nombre de lugar derivado del euskera (Cultura iberoeuskérica, Algorta, 1982, pp. 13-14): "Nos dice Estrabón que los Turdetanos estaban orgullosos de su lengua, que ya entonces tenía 6.000 años de antigüedad, o sea unos 8.500 años desde nuestros tiempos. Hacían sus leyes en verso. Nosotros añadimos que este idioma fue el euskera. Sin embargo, Estrabón, y en el mismo párrafo, dice que los iberos no tenían todos la misma lengua... Hace unos 2.500 años, época a que se refiere Estrabón, el euskera es un idioma que ya está desintegrándose en España, fraccionándose...Desde hace unos 8.000 años, hasta hace unos 3.500 años, o sea durante 4.500 años, hubo en España una cultura común, porque hubo una sociedad que vivía bajo las mismas normas. Incluso esta cultura iberoeuskérica tuvo que ser más universal, pues hay indicios razonables que se extendió por el norte de África, hasta Suez y el Mar Negro, y que por los Pirineos se extendió hacia Europa, además de la Aquitania y Cerretania ibéricas...".

Recurramos nuevamente a Sánchez Dragó: "¿Fue el vascuence, en el que se ha visto una de las setenta y dos lenguas matrices de la disperción, común denominador de los dialectos peninsulares? El gran Humboldt lo afirma a rajatabla... En un curioso libro, Erro y Aspiroz -contador principal, por S. M., de rentas reales, propios y arbitrios de la ciudad y provincia de Soria- traduce por el vascuence la famosa piedra de Clunia, a la que muchos consideran el más antiguo vestigo taurino de la península" (p. 93).

19.- José María Sanz Artibucilla reseña que los vascos ven origen euskérico al Moncayo: Kaillo, Kaillaba, Kaizedo. Curiosa es, asimismo, la homofonía existen entre Moncayo y Queiles-Kailas, de ahí que Campión y otros autores vieran la etimología de este hidrónimo en la raíz vasca Kaillo-u, que significa charco, sitio húmedo ( p. 48).

20.- La Iberia del Cáucaso se encuentra citada en Estrabón. Varrón y Plinio atribuyeron también a los iberos españoles un origen caucásico. Narciso Sentenach retoma esta tesis e indica que los iberos provienen de Georgia, entre los montes Ararat y Cáucaso, donde se encuentran topónimos muy "hispánicos", como Osma, Ibero, Aragón... (Los arévacos, Madrid, 1914, p. 18).

21.- Mahadeva es el nombre dado a Shiva como jefe de los dioses, y como tal se le representa en los templos de Bengala cabalgando en un toro blanco (este animal es uno de los emblemas de Dionisos y de Osiris-Apis y el el bóvido de los antiguos escudos de diversos pueblos del entorno del Moncayo, está directamente relacionado con Hércules y era el animal sacrificado ritualmente por los druidas). Véase igualmente lo dicho sobre el Kailas al final de la nota 13.

22.- La etimología de Dévanos-Débanos pasa, inevitablemente, por Deva. Amador de los Ríos estima que podría ser raíz ligur y señala que en Guipúzcoa se encuentra la población y río de Deva, hidrónimo que se repite en Asturias, Santander, Galicia y Teruel; enl el país de Gales hay un río del mismo nombre (los silures del país de Gales, según Tácito, derivan de los silures ibéricos); igualmente está Deva, capital de los Cornavi. Julio Caro Baroja también destacó la relación lingüística entre la población vasca Deva, el río homónimo que pasa por ella y el río escocés Dee, y cuyo posible origen común sería la diosa Dive, protectora de fuentes y aguas fluviales, según Ramón Salinero, quien señala que Deva es palabra celta (La huella celta en España e Irlanda, Akal, Barcelona, 1987, p. 20).

Por su parte, el sacerdote Manuel Peña García considera que el topónimo de Devanos tiene como raíz el indoeuropeo ‘Deva’ "coincidente con la latina ‘`divus’ que evocaría el culto a un río o al agua por su abundancia en el terreno" (Las diecisiete perlas de la Corona de la Virgen de los Milagros, Programa de Fiestas de Ágreda de 1997, p. 14).

Francisco Marco Simón, asimismo, se refiere a la diosa acuática por antonomasia, Deva, documentada epigraficamente en Cabra (Córdoba) y en Pedraza (Segovia), que debe ser la misma que en la Galia se llama Divona y que preside numerosos santuarios de fuentes y ríos galos, e incluso su poder medicinal queda testimoniado literariamente por Ausonio (p. 336). Recordemos, al respecto, la multitud de fuentes que emanan del Moncayo, algunas de ellas medicinales.

En la India encontramos a los devas, dioses del día, la luz y la vida, similares a los Tuatha Dé Dannan (El ciclo mitológico irlandés y la mitología celta, H.D´Arbois de Jubainville, Visión Libros, Barcelona, 1981, p. 20). Por otro lado, la gran diosa del hinduismo en Devi, consorte de Shiva, que asumiría a todas las demás diosas consortes. Es la shakti de Shiva que contiene "el universo en su matriz", "enciende la lámpara de la sabiduría" y "trae la alegría al corazón de Shiva, Su Señor", siendo aún hoy día el poder más grande en la religión hindú (A. Cotterell, p. 87).

El sacerdote José Hernández, natural de Dévanos, y doctorado en Roma de Ciencias, Teología y Derecho Canónico, "manifiesta que el -aña proviene del Agni védico, relacionado con el fuego y con las aguas, siendo una divinidad transformativa que se cambia de varón en mujer" (Apuntes para el estudio filológico-histórico del valle del Añamaza, Salustiano López Orba, pp.26-27).

"Aunque según las divisiones clásicas, Agni, el dios del fuego, sea tenido por un numen terrenal, su acción se extiende por aires y cielos... Agni es un dios de múltiples obras, de innumerables efectos. Algunos autores han puesto su empeño en subrayar los atribuytos que comparte con Hefaistos... Se encuentra en todos los niveles de existencia: dentro de la madera, en el interior de los seres vivos, como fuerza de los dioses... Agni es el sacerdote primordial, el porteador de los dioses, el que se eleva hacia los cielos, el omnipresente..." (Dioses, ideas y símbolos de la India, Juan García Font, Fausí, Hospitalet de Llobregatr, 1988, pp. 38-40). La swástica es uno de sus emblemas.

El Espasa agrega: "Agni es una de las divinidades más importantes de la religión védica; es, en el primer estado de la teología, el fuego divinizado. Relámpago, sol en el cielo; es, sobre la tierra, el fuego del hogar y del altar.., también significa divinidad del fuego, y en tal concepto se asemeja a Vulcano... El culto a Agni aparece entre los parsis, se vislumbra en el Efestos griego y en la diosa Vesta de los latinos... Se le representa montado en un macho cabrío negro o en un carro con ruedas aladas tirado por cabras".

23.- Mircea Eliade y I.O. Coulliano (Diccionario de las religiones, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, p.p. 231-232): "La idea de un parentesco lingüístico entre lenguas como el sánscrito, el griego y el latín es bastante reciente (1786)... El primer lingüista indoeuropeo fue el alemán Franz Bopp (1791-1867). Los filólogos del siglo XIX se tomaron en serio la tarea de la reconstrucción de una lengua indoeuropea común, llamada ‘proto-indoeuropeo’ (PIE), como si tal lengua hubiese existido realmente. La mayor parte de los sabios consideran que el PIE es pura ficción. Si nunca han tenido una lengua común, los indoeuropeos sí parecen provenir de una zona geográfica común... Las religiones de los pueblos indoeuropeos presentaban rasgos comunes, que han sido puestos de relieve por los mitólogos comparatistas del siglo XIX... Una nueva dimensión de la investigación comprada fue añadida por Georges Dumézil (1899-1986)".

24.- En el libro octavo de sus Comentarios, Julio César llama a los druidas celtas con el nombre de gutuater, y de hecho se han hallado en Francia cuatro inscripciones galo-romanas que lo avalan; calificativo que expresa una función sacerdotal. "Gutu" es "voz", mientras que "ater-tater", es el indoeuropeo "padre", por lo que gutuater sería Padre de la Voz o de la Palabra (Druidas..., Jean Markale, p. 20).

Francisco Marco Simón intuye que algunos personajes que se han tenido como caudillos celtas bien pudieron ser druidas, dado que éstos fueron galvanizadores de la resistencia gala contra Roma. Un ejemplo significativo sería "el jefe concitador de la revuelta de bitúrigos y carnutos en el año 51 a.de C. tras la victoria cesariana de Alesia: ‘Gutuater’ lo llama Hircio" ("La religión indígena en la Hispania indoeuropea", en Historia de las Religiones de la Europa Antigua, aa.vv, p. 375).

En La Rioja, por cierto, hay una población llamada Gutur.

25.- Como ha señalado Tovar, "el nombre de galo o gálata es un término tardío que aparece en las fuentes a partir del s. IV a. de C., para denominar a las gentes de la cultura de La Tène en la Galia y en todas las regiones por donde se extienden" ("Galos y celtíberos", Francisco Burillo Mozota, en Celtíberos, AA.VV, Diputación de Zaragoza, 1988, p. 26).

Este autor analiza la presencia posible de asentamientos galos en la Celtiberia Citerior y otros territorios del valle del Ebro. En la zona del somontano aragonés del Moncayo señala la presencia, en Gallur, de una tábula de bronce, datada entre finales del siglo I de nuestra era y comienzos del siglo II, sobre un pago gallorum. Se refiere igualmente a monedas de la ceca de Caraves (cerca de Borja) con la sigla Gal que podría referirse a unos gallos o gallicus, y a unas monedas de Bílbilis que muestran en su reverso al dios galo Sucellus. Esta presencia de asentamientos galos, "al igual que en otras áreas mineras, pudieron ser traídos o atraídos para trabajar en las minas". Asentamientos que tal vez pudieron establecerse a partir del siglo III a. de C. "Los datos numismáticos comentados, señalan que bien pudo estar realizándose durante el siglo II y principios del I a. de C."

Es curioso, por otra parte, que en monedas arekoratas celtibéricas aparezca el gallo, emblema de la Galia y de la actual Francia.

26.- El significado tradicional de la moneda era cualitativo y no cuantitativo, estaban cubiertas de símbolos tradiconales, "escogidos incluso entre aquellos que presentan un significado especialmente profundo. Así ha podido comprobarse sobre todo que, entre los celtas, los símbolos que figuran en las monedas no pueden explicarse más que si se ponen en relación con los conocimientos doctrinales propios de los druidas, lo que por añadidura implica una intervención directa de éstos en el campo de la acuñación". Este control "sacerdotal" o sacro de la moneda se extinguió con la eliminación de la Orden del Temple (El reino de la cantidad..., René Guénon, p. 100).

Teniendo en cuenta esta concepción sacra de la moneda se explica la iconología de las monedas celtibéricas. Así, por ejemplo, en monedas de Tvriaso y de Arekorata aparecen los delfines, que Amador de los Ríos relaciona con los viajes marítimos de Hércules. René Guénon (Símbolos fundamentales...) nos dice, a su vez, que el delfín estaba vinculado, entre los griegos, al culto de Apolo, lo que explica su vinculación a la idea de la luz. Había dado nombre a Delfos, de proveniencia hiperbórea reconocida (p. 134). Era también conductor de las almas bienaventuradas hacia las Islas. Entre los griegos simbolizaba al signo zodiacal Capricornio, por cuya "puerta, según el pitagórico Numenio, ascendían las almas al éter (p. 208). El simbolismo arquetípico de los delfines sigue vigente hoy día, como lo demuestra el film francés El Gran Azul.

El tan abundante motivo de los jinetes con lanza en las cecas celtibéricas puede tener como modelo iconológico y mítico a los denarios con los Dióscuros de la época republicana (Manuel Salinas de Frías, p. 66). Esta interpretación me parece un poco dudosa puesto que el caballo con jinete, como motivo iconológico, ya aparece en fíbulas y cerámicas celtibéricas, por lo que habría que tener más en cuenta la significación religiosa del caballo y de algunos dioses ecuestres (la tesis de la heroización de algunos guerreros no me convence tampoco). Una clave simbólica tal vez resida en la lanza refulgente, arma que en la mitología céltica la portaba Lug-Lugus y que garantizábale salir victorioso en cualquier combate. A este respecto, es significativa la interpretación dada por Francisco Marco Simón sobre la revuelta del numantino Olíndico referida por Floro. Olíndico animó a los numantinos en su lucha contra Roma tras afirmar que había recibido una lanza plateada del cielo (p. 375): "El elemento esencial me parece la recepción de una lanza argéntea del cielo y la profecía de la derrota de Roma con ella. Esta lanza de plata recuerda extraordinariamente la Gai Bolga, el argénteo venablo de Lug, uno de los cuatro talismanes introducidos por los dioses Túatha Dé Dánann en Irlanda. Uno de los epítetos de esta divinidad en los textos mitológicos es Lonnbeiménech, ‘Aquél que golpea poderosamente’, en alusión indudable a la lanza argéntea. Por otra parte puede no ser casual que el radical del nombre del caudillo numantino sea idéntico al del epíteto fundamental del dios Dagda de los Tuaha Dé Dánnan: ‘Ollothir’, ‘el Padre de todo’ (indoeuropeo ‘Ollopater’). Estos elementos parecen rodear a la figura de Olíndico de unas connotaciones sacrales".

Dado que los druidas eran filósofos, magos, poetas cantores y vates, parece claro que Olíndico era una especie de druida, pues éstos vaticinaban el futuro (en Trévago se encontró una estela funeraria del augur Marco Culierico, según Alfredo Jimeno, p. 135). Francisco Marco Simón no rechaza que Olíndico fuese un druida: "Incluso el apelativo que Floro opresta a Olíndico, ‘summus uir’, parece corresponderse corresponderse con el que presenta una de las inscripciones de Peñalba de Villastar, centro cultural de Lugus, referido a ‘Turos Caroq(um):uiros ueramos?, como ya indicara Tovar. En conclusión, no puede descartarse en absoluto que en el personaje numantino en cuestión predominase una función sacerdotal" (p. 375).

Acerca del porqué de la iconografía de las monedas celtibéricas hay dos tendencias principales: "Una defiende el simbolismo religioso, otra se centra en la idea de que se trata de meras copias de originales clásicos por el valor que representaban para los indígenas. El personaje varonil de los anversos se asimilaría en el primer supuesto a una divinidad, Mercurio o Melkart (Hércules fenicio) que conocían por las monedas distribuidas desde las colonias hiapano-cartaginesas, o la divinización de un personaje importante a juzgar por la corona de laurel de algún ejemplar, tan común entre los romanos como expresión de victoria o bien de consagración a una divinidad..." ("La moneda celtibérica", Mª. Almudena Domínguez Arranz, en Celtíberos, p. 161).

Hay que tener presente, por otra parte, que en la mentalidad tradicional el metal es considerado impuro y que el trueque era el sistema comercial más natural, costumbre que persitió en la Celtiberia hasta la época del Imperio. Los celtíberos tardaron en acuñar monedas y, de hecho, sólo lo hicieron tras las campañas de Catón (193 a.de C.) y de Graco (178 a.de C.), quizás para pagar los tributos demandados por Roma e imitando los denarios romanos, aunque será sólo tras la conquista de Numancia cuando se incrementen tales acuñaciones considerablemente, y significativo es que Escipión no encontrase ninguna moneda en Numancia (Manuel Salinas de Frías, p. 137 y 141). Se postula que las emisiones monetales celtibéricas pudieron servir igualmente para contratar mercenarios, por cuestiones de prestigio de las propias ciudades que las emitían, etc. Las acuñaciones de los celtíberos sometidos a Roma dejarían de tener epígrafes ibéricas a partir del 40 a. de. C, según el citado investigador, quien señala que los grupos tribales celtibéricos acuñaron pequeñas emisiones de monedas, "que quizás tuvieron un carácter más suntuario, de prestigio, etc.., que otra cosa". ¿Y si tales monedas fuesen, ante todo, una especie de amuletos o fetiches de carácter sacro-mágico?.

27.- arekoratas acuñó muchos denarios. "La primera emisión de denarios sin símbolos en el anverso y la leyenta contínua de Arekorata parece hecha a imitación de denarios catalanes de la primera mitad del siglo II a. de C." (Mª. Almudena Domínguez Arranz, p. 155). Los hallazgos monetales de arekoratas se han realizado en la Meseta, Alta Andalucía, Cartagena, Sur de Francia, Cáceres y Vizcaya. Las de tvriaso: Meseta, Valle del Ebro, Alta Andalucía, Cataluña, Sur de Francia, Vizcaya y extremo de la Meseta y Portugal ( Manuel Salinas de Frías, p. 75). En el Museo Numantino se encuentran tres monedas con epígrafes ibéricos de Arekoratas y otras tantas hispanorromanas de tvuriasu.

28.- Numancia fue primero pelendona y luego arévaca. Investigadores hay que opinan que tras la derrota del 133 a.C., los romanos devolvieron Numancia a los pelendones. Los arqueólogos han encontrado un centenar de objetos líticos y otros materiales (figuras fálicas estilizadas, incluidas) de un presunto poblado del neolítico final y eneolítico, así como unos fragmentos y vasos (uno de ellos con decoración de la cerámica excisa) que unos han fechado hacia el 850 a.C., aunque Taracena los fecha entre los siglos V-VI a.C (Manuel Salinas de Frías, p.93). Una de las últimas guías turísticas sobre Numancia afirma que los primeros restos de ocupación humana en el cerro numantino de La Muela de Garray corresponen a los momentos finales del Calcolítico e inicios de la Edad del Bronce (segunda mitad del tercer milenio y primera mitad del segundo milenio a.C.); la siguiente ocupación humana transcurriría un milenio después, a comienzos del siglo VII a.C (Numancia. Guía del yacimiento, AA.VV., Almazán, 1990, p. 13).

Blas Taracena "disiente claramente de la interpretación de A. Schulten y P. Bosch Gimpera sobre la pertenencia de Numancia a los arévacos, como ciudad fronteriza con los pelendones, en el período de mayor empuje de éstos. Según Taracena, el control de Numancia y de Savia garantizaría el control de toda la serranía soriana, por lo que ‘quien poseyera la ciudad sería forzosamente dueño de la comarca hasta la divisoria septentrional y, por tanto, la ocupación de ella inevitablemente equivaldría al dominio en todo el territorio de la tribu’" (Contribución al estudio de los pueblos prerromanos del alto Duero: pelendones, J. A. Bachiller Gil y M.E. Ramírez Sánchez, Vegueta, nº 1, octubre de 1993, p.33).

Según Bosch Gimpera, "el núcleo de los celtíberos procedería del grupo de los belovacos del norte de Francia, pertenecientes a los celtas belgas, que se pondría en movimiento a partir del 600 a. C., aproximadamente, llegando poco después a la Península. De ellos formaban parte los arévacos (o vacceos extremos) que hacia el s. III conquistaron la ciudad de Numancia, que no tienen nombre celta, a los pelendones, llegados en otra oleada céltica anterior y rama de los belendi del sur de Francia" (Los celtíberos y sus problemas, Luis Pericot, Celtiberia, nº 1951, p. 53).

Adolf Schulten sostenía que los ligures fueron los habitantes que se encontraron los iberos al establecerse en España y que llegaron a la Meseta hacia el 300 a. C., conquistando Numancia, cuya raíz "-num" sería ligur, en su opinión. A los celtíberos los consideraba iberos en el país de los celtas, que terminarían por fusionarse con éstos (Historia de Numancia, Ed. Barna, Barcelona).

La Celtiberia estaba repartida entre cinco pueblos o tribus: "las tribus que se citan con seguridad son arévacos, lusones, tittos y bellos; no obstante, hay autores que hablan de cinco tribus. La quinta no se conoce con seguridad, pero, según el texto de Apiano, podrían ser los vacceos, ya que sus principales ciudades se citan entre los celtíberos" (Numancia. Guía del yacimiento, p.15). Esta división tribal en quintos es típica del celtismo, especialmente en Irlanda, e incluso existía en China (El Rey del Mundo, René Guénon, Ed. Fidelidad, Buenos Aires, 1985, p. 86).

29.- Los límites territoriales de los pelendones apenas diferían entre Boch-Gimpera (Etnología de la Península Ibérica, Barcelona, 1932) y Blas Taracena (Carta Arqueológica de España. Soria, CSIC; Madrid, 1941), aunque el arqueólogo soriano era partidario de una frontera más próxima a los actuales límites pinariegos de Soria. En todo caso, ambos sitúan entre el Moncayo y Fitero el límite de los pelendones por el este.

30.- En hebreo "Élion" es "altísimo" (El rey del Mundo, René Guénon, p. 56).

31.- Nombres antiguos de Añavieja, documentados, son Anna-viella y Annaviexa, según Manuel Peña García (p. 14).

32.- "Mag", en goidélico, es "Campo", "Llanura" (la lengua celtibérica era goidélica). A la península ibérica los textos irlandeses más antiguos la denominan Mag-Mor (Gran Llanura), de donde partieron diversos pueblos que repoblaron y colonizaron Irlanda según los mitos irlandeses, especialmente los Hijos de Mile o Milesios, que derrotaron a los Thuata Dé Dannan (Véase la citada obra de H.D´Arbois de Jubainville y la de Ramón Salinero). La madre nutricia de Lug, Taltiu, era española según tales mitos (pertenecía al pueblo Fir Domnann).

33.- Véase sobre los Tuatha Dé Dannan las obras señaladas de H.D´Arbois de Jubainville, Ramón Salinero, J. M. de la Prada, (Mitos y leyendas celtas, MRA, Barcelona,1996), Jean Markale (Druidas...) y T.W. Rolleston (Los Celtas, M.E., 1995).

Anna, Anna, Anu, Dana o Dôn, es el nombre de la Diosa Madre de los antiguos celtas y, en Irlanda, madre del pueblo y dioses Tuatha Dé Danann (Pueblo del dios cuya madre es Danna). "Se trata, en realidad, de una divinidad indoeuropea arcaica, conocida en la India con el nombre de Anna Purna (Ana ‘la que provee’), denominación que se dió mas tarde a un pico del Himalaya, y en Roma con el de Anna Parenna, personaje que, conforme al racionalismo latino, fue fuertemente historizado. Es más que probable que este personaje divino fuera cristianizado bajo la figura de Santa Ana, madre de la Virgen María, de la que la leyenda bretona hace una especie de divinidad tutelar, con una tonalidad céltica perfectamente reconocible" (Pequeño diccionario de mitología céltica, Jean Markale, J.J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 1993). Cabe reseñar que el nombre de Ana como el de la madre de la Virgen María no aparece en los cuatro evangelio canónicos sino en los apócrifos. Santa Ana, al ser madre de María, es, desde un enfoque de religiones comparadas, la Gran Madre (convento de Santa Ana hubo en Tarazona, por cierto).

José Mª Blázquez, a su vez, nos recuerda que Amma es "madre", "atestiguada en toda Europa y documentada en hidrónimos y topónimos", entre las que se encuentra una ara de Segobriga (Cuenca), fechable en el siglo II (Diccionario..., p. 25). En vasco, madre es "ama".

Por su parte, J.M. de la Prada opina que Dana es la Danae de Argos, diosa de la agricultura, es decir una Magna Mater (p. 18): "Fue Danae, diosa de la agricultura de los aqueos danaenos, Io, la fecunda diosa vaca de los jonios, Leucotea, la diosa madre de los centauros, Danu, la diosa madre de los danunas egeos" (p. 23). Igualmente sostiene que los Tuatha Dé Dannan tienen un origen pelásgico (p. 18).

Algunas tradiciones hacen esposo de Ana, Diosa Madre de los celtas armoricanos, a Belenos (Druidas..., Jean Markale, p. 92). A su vez, J. C. Bermejo Barrera identifica la Minerva gala con Belisama-Belisana, compañera de Bel-Belenos, equivalente a Brigit que era otro nombre de Dana, "adorada por poetas, médicos y herreros" (p. 185). Las matrae, matronae o matres son las diosas-madres, en tríos, como la triple Brigit y en Soria hay numerosa epigrafía romana que evidencia el culto a las matres, como una estela de Ágreda (A. Jimeno, pp.17-18). "Las matres eran veneradas con frecuencia en lugares con fuentes curativas" (Francisco Marco Simón, p. 336), y en Ágreda sigue existiendo una fuente de agua sulfurosa en la dehesa. Su culto está documentado epigraficamente en la Galia, Hispania (hay una quincena de epígrafes en la Celtiberia y aledaños) y Germania. Las Domnae son semejantes a estas diosas protectoras de las actividades humanas de la familia, del clan y de las villas, según J.Mª. Blázquez.

34.- Los Tuatha Dé Dannan están cubiertos de una aureola mágica y mítica extraordinaria. Leyendas hay que los hacen provenir del cielo. Son los introductores del druidismo en Irlanda y, posiblemente, los druidas son una creación suya. Serían vencidos por los Milesios, emigrados desde España, y se vieron obligados a residir en el interior de la tierra, en el Sidh y en cavernas profundas de montañas. Algunos investigadores los han comparado con los devas védicos, los dioses ases de la mitología nórdica y con los rectores de la Edad de Oro citada por Hesíodo en Los trabajos y los días: "Por voluntad de Zeus la Raza de Oro se transformó en daimones bienhechores que habitan dentro de la tierra y son guardianes de los hombres mortales. Observan las buenas y malas acciones e, invisibles en el aire que les sirve de vestido, se pasean por toda la tierra distribuyendo las riquezas, y así están investidos de una especie de realeza".

La sugerencia de Salustiano López acerca de que los pelendones son los Thuata Dé Danann, nunca dicha, es muy atrevida, aunque es imaginativa y, por ello, tiene unas connotaciones arquetípicas que, en este caso, son dignas de un análisis simbólico, en mi opinión. Recurriendo a los pueblos invasores de Irlanda, por qué no sugerir, igualmente, que los pelendones son de la misma tribu que los Fir Domnann, que junto los los Fir Bolg y los Galioin, según relatos medievales irlandeses, provenían de Mag Mor-España... Y, por cierto: por qué se les llamará bretos a los habitantes antiguos de Covaleda, en las fuentes del Duero, donde dicen que residían los duracos, homónimo, a mi parecer con los Durobrigos y Dauruoini de las Islas Británicas, donde igualmente se establecieron los bretones (Amador de los Ríos, p. 180).

35.- Schulten, por ejemplo, considera celtas a los pelendones: el vocablo es céltico ("Tribu de Pelendos") "y se encuentra en Aquitania cuando una parte de la tribu se establece ahí mientras el resto atraviesa los Pirineos" ( Historia de Numancia, p. 25).

Bosch Gimpera señala que penetraron en España hacia el s. VIII a. C., viéndose arrinconados por los arévacos a la zona montañosa en torno al 650 a.C. Diversos topónimos "Bélin" y "Bois de Beléne", en la comarca occitana del Ariége, son evidencias para Bosch Gimpera del paso de este pueblo en su desplazamiento desde el Rin inferior, Holanda y Bélgica. Por contra, para Pokorny "tanto su nombre como el antropónimo Blendo y el topónimo Pelendova, en Dacia, sería de origen ilirio y estarían construidos sobre la raíz ‘-plend’, de ‘(s)p(h)e-’, ‘hincharse’, ‘vanagloriarse’. El hecho es que la ‘p-’ aparece a veces sonorizada y es difícil decidir si serían de estirpe céltica o iliria" (Manuel Salinas de Frías, p. 79).

Taracena los hace artífices de la denominada cultura castreña soriana que surge a partir del s. VI a.C., o tal vez antes según Bachiller, quien estima que su pleno desarrollo se alcanzó en el siglo V a.C., y que concluyó entre finales de este siglo y la primera mitad del s. IV a.C. La cultura castreña soriana es un grupo de los Campos de Urnas tardíos de la Edad de Hierro peninsulares ("La Edad del Hierro en la provincia de Soria. Estado de la cuestión", Fernando Romero Carnicero, Actas del Primer Symposium de Arqueología Soriana, Diputación de Soria, 1984, p.68). Estos castros son pequeñas aldeas fortificadas, "verdaderos Ringgwälle, como los del centro de Alemania, Alsacia y aun Britania" , con una franja de piedras hincadas como sistema defensivo, similares a los abattis de los irlandeses y escoceses (Carta Arqueológica de Soria, Blas Taracena, p. 13).

36.- "Admitida la existencia de varias oleadas célticas en la Península podemos considerar que los responsables de los castros sorianos son los pelendones que entran en Hispania más o menos al tiempo que lo hacen los Beribraces, Cempsi y los Sefes que el periplo masaliota menciona; es más, podemos considerar que Sefes y Pelendones son grupos culturalmente emparentados (y quizás también los Cempsi) a juzgar por la semejanza arqueológica de ambas regiones, con las salvedades que la orografía y régimen climatológico nos obligan y la existencia en el Noroeste de una cultura del Bronce Atlántico que, aunque empobrecida a la llegada de los introductores de la Primera Edad del Hierro, rebrota con tal vigor que el horizonte cultural resultante es mucho más rico que el que encontramos en las vertientes de las sierras soriano-riojanas, cuyo sustrato nunca tuvo personalidad tan fuerte como en el del Noroeste peninsular. Y decimos que quizá los cempsi se encontraran emparentados porque la misma cultura "castreña" se encuentran en las laderas de las sierras del Sistema Central hasta las sierras de Gata y peña Francia adentrándose en Portugal" ("Pueblos celtas en la península ibérica", Francisco Javier Lomas, en Historia de España Antigua, tomo I, Cátedra, Madrid, 1988, p. 88).

Para B. Taracena los beribraces podían ser celtas emparentados con los del Rosellón, llegados a España hacia el s. IX-VIII a.C, mientras que los pelendones ("pelendi, hermanos de los belendi de Aquitania") probablemente entraron después en la península ibérica (Carta Arqueológica de Soria, p. 14). Fernando Romero Carnicero recuerda que Taracena afirma que los pelendones estaban emparentados con los saefes del Periplo de Avieno, "cuya llegada cabría fijar en torno al 600 a.C., y a los que, con posterioridad, se refieren las fuentes con el nombre de pelendones" (p. 42).

37.- Hay que reseñar que es intrigante cómo los pelendones, cuya referencia se pierde en el relato polibiano de la guerra del siglo II a.C., reaparecen en las descripciones de Plinio (III-3 y IV-21), Livio y Ptolomeo (los ubica en Visontium, Augustobriga y Savia), como si en los siglos III-II a.C., hubieran perdido su personalidad absorvida por los arévacos (Taracena, p. 17).

"Las pocas y concisas fuentes literarias que los nombran están comprendidas, ellas o sus fuentes respectivas, entre los últimos años del siglo II antes de nuestra Era y el siglo I de JC. Las anteriores a la guerra numantina o que narran acontecimientos de los años 218-153, probablemente recibieron noticia del centro de España a través de los mercenarios que tantas veces combatieron junto a cartagineses, turdetanos y romanos, y ella es tan obscura e imprecisa que no cita concretamente el nombre de las tribus; las coetáneas a la guerra (Polibio=Apiano) ni expresa ni veladamente hacen alusión a los pelendones y en las posteriores al siglo II de JC. la mayor parte de estas minúsculas agrupaciones hispanas quedan silenciadas." (Tribus celtibéricas. Pelendones, B. Taracena Aguirre, Homenagem a Martins Sarmento, Guimares, p. 393).

38.- Schulten los relaciona con los Belendi que Plinio sitúa en Aquitania. Taracena, antes que Ortego Frías, habló de la relación Belenos-Belendi-Pelendones. Belenos es Abellio, el Apolo celta, como ya indicábamos en la nota 13. Como Belenos tiene al mismo tiempo una connotación solar y acuática (asociada a fuentes medicinales), aunque curiosamente existen los epítetos (tan próximos a pelendon-pelendones) Marte Belandon o Belandonis, "el destructor", en los Bajos Alpes, si bien Marte tenía un culto acuático en la Galia (J.C. Bermejo Barrera, pp. 174 y 176). Y así como San Miguel Arcángel tiene culto en enclaves antaño paganos y con santuarios o ritos dedicados a Lug, Mercurio y Hércules, también acontece lo mismo respecto a Bel-Belenos-Belen, siendo el más notorio el famoso Monte San Miguel del Peligro del Mar, llamado antaño Tombelaine, "Túmulo de Belenos" (Druidas..., Jean Markale, p.92).

J.M. de la Prada dice que Belenos "es una nueva interpretación del dios solar, venerado en Aquilea y en el sur de las Galias, y que podría ser de origen ligur, como el propio Lug" (p. 57). Su gran festividad es el 1 de mayo (dia de Beltane, "Fuegos de Bel"), día en el que tuvieron lugar las grandes invasiones míticas de Irlanda, incluidas las de los Tuatha Dé Dannan y Milesios.

Abellio solía representarse, cual buda, con las piernas cruzadas, como la famosa representación de Cernunnos en Gundestrap. Asimismo, "en todas las estatuas y altares de Abellio que se han encontrado en los Pirineos aparece la cruz swástica, símbolo religioso, como se sabe, de los budistas. Aún hoy día los montantes de las puertas de los viejos caseríos vascos llevan tales cruces gamadas, a fin de mantener alejado de la casa y de sus habitantes el influjo del maligno" (Cruzada contra el Grial, Otto Rhan, Hiperion, 3ª ed., Madrid, 1993, p. 74). La swástica -símbolo mágico por excelencia -no solar, sino "polar", según Guénon- y repartido por el mundo en gran número de culturas- se puede ver en las piedras del suelo de algunas puertas de Numancia.

Por todo lo dicho anteriormente los pelendones de la cultura castreña no debieran ser calificados como celtíberos, y sí como celtas únicamente. Celtíberos, en todo caso, serían los ya sometidos y aculturizados por los arévacos, siglos después. El término "celtíbero" está todavía por dilucidar: ¿Celtas en tierra de Iberos, Iberos en tierras célticas, Fusión de ambos pueblos...?. Y para complicar todavía más esta cuestión citaré a Amador de los Ríos en un texto que creará muchos quebraderos de cabeza a más de un arqueólogo soriano (pp. 227-228):

"Afirma, Diodoro Sículo, que primero se llamó Celtiberia al país comprendido entre los Alpes y los Pirineos, de su rey Celtíber, que fue despedazado por las fieras. Esta región entre los Alpes y los Pirineos, decía Hecateo de Mileto era Ligustica, y en su tierra interior vivían los Berbices, que se nombraban igual que los Tingitianos Mauritanos, llamados Berbiques; su costa era la de los Cinetes, que se denominaban igual que los Cinetes Líbicos y los Cinetes de Iberia.

Llamose después Celtiberia a toda nuestra Península y a la mayoría de ella en tiempo de Sertorio, y a una región de Iberia en tiempo del Imperio Romano y de la dominación visigoda.

Así el gran polígrafo Plinio afirma que los Célticos Beturios descendían de los Celtíberos y que era Celtibera la parte de Galicia, frente a las islas Casitérides, diciendo Estrabón los Iberos que llaman Celtíberos.

Comprendió la Celtiberia, en tiempo de Sertorio, toda España, menos la Lusitania, a cuyos moradores les llama Apiano y Esteban de Bizancio, Beliones o Iberos, mientras Escimno de Quios denominó a Mainace ciudad céltica, no porque fuera colonia de Marsella, como pensó Holstenius y Menoikius, sino como dice Müller, muy bien, porque Esteban de Bizancio, Escimno de Quios y Eforo tenían a toda España por parte de la región Céltica. Desde luego, puede traducirse Celtiberia por Iberia Céltica con el mismo sentido líbico que se traduce primero la segunda parte de los vocablos compuestos, de manera análoga que se hace hoy en vascuence..." (228).

39.- Desde una perspectiva junguiana, los mitos reflejan la historia del inconsciente colectivo de la humanidad en un lenguaje simbólico y arquetípico.

40.- Permítame el lector unas últimas consideraciones, antes de finalizar estas anotaciones al artículo de Salustiano López.

El Moncayo es la montaña sagrada más importante de Soria desde la antigüedad, como ha quedado ya evidenciado. La cúspide más alta es la de San Miguel, el Arcángel que venció a los ángeles rebeldes, y que es festejado en toda la comarca del Moncayo (en Ágreda, con encierros taurinos, sin ir más lejos).

Advocaciones paganas a grandes dioses de la antigüedad en las cumbres de numerosos montes sagrados han pasado, con la cristianización, a estar bajo la protección de San Miguel, cuyo patronazgo bélico en la Edad Media se extendió por toda Europa a partir de su aparición en el monte Gargano, en el año 495, y con el levantamiento de su templo en la caverna señalada por los mugidos de un buey. "Otra leyenda indica que el lugar fue señalado por un toro arrodillado sobre la tumba legendaria del gran Kalchas, que fue muerto por un puñetado en la cabeza, por Hércules, según Lycophron" (Soria-Francia..., A.Almazán, p.42).

La primera aparición de Miguel como ángel se encuentra en el panteón caldeo. A San Miguel, desde la Edad Media, se le representa con la espada desenvainada o como psicopompo portando la balanza del Juicio Final, en la que se pesan los actos buenos y malos de las almas, iconografía esta última idéntica a la del dios egipcio Anubis y Thot, identificado por los griegos con Hermes, y por los romanos con Mercurio.

En uno de los manuscritos del Mar Muerto es denominado "Príncipe de la Luz". Su nombre significa "El que es como Dios". La partícula El-Ilu-Ellu-Ellu-Aillil-Elf y Aelf significa, resplandor, el radiante, el resplandeciente, un ser resplandeciente, resplandeciente, ser resplandeciente y ser radiante, respectivamente, en sumerio, acadio, babilonio, galés antiguo, irlandés antiguo, inglés y anglosajón (Ángeles, Malcolm Godwin, Círculo de Lectores, Barcelona, 1991, p. 36). Lo que nos aproxima al dios celta Bel-Belen-Bélenos. "El céltico Belen es idéntico a Ablunn o Aplun, convertido en Apollôn (Apolo) entre los griegos" (Símbolos Fundamentales..., Guenon, 166). Belo fue el dios más importante entre los babilonios y simbolizaba al sol y al poder fecundante; el cananeo Baal personificaba igualmente al sol y era el dios amorreo de la fecundidad. En Palmira hubo un dios llamado Bel, identificado en unos casos con Marduk y en otros con Baal (el término "Bel" significa "Señor de..").

Los cananeos tuvieron un dios llamado El, que sería suplantado por Baal, dioses ambos con cultos taúricos que influyeron en la religión hebrea y cuyo significado genérico es "Dios", "Señor" (recordemos que cayo-caio es "Señor"). El, padre de los dioses y de los hombres, debido a su poder y capacidad procreadora fue merecedor del calificativo de toro ( Eliade y Couliano, p.p. 105-109, y Cristina Delgado, p. 157-160, 168, 237).

San Miguel es el Ángel de la Iglesia Católica, capitán general de las huestes celestes y protector del cristianismo militante, pero antes lo fue de la nación judía. En las tradiciones hebraica y árabe el apelativo Rey del Mundo es una designación de Dios mismo que tiene unos intermediarios celestes, entre los que destacan la Shekinah y Metraton. El aspecto benéfico, positivo y luminoso de Metraton está personificado por Mikael (Miguel, en latín, es Micael). Clemencia y Justicia son dos de las facetas más importantes de Metatron como Gran Sacerdote, Gran Príncipe y Jefe de las Milicias Celestes, aspectos ambos que se manifiestan en el Juicio Final dado que con toda la humanidad fallecida se aplicará la misericordia o el rigor. Estos dos aspectos quedan simbolizados con la Y pitagórica que, a su vez, representaba el mito de Hércules, entre la Virtud y el Vicio; a su vez, en Mikael y San Miguel están simbolizados ambas facetas de clemencia y rigor con su iconofrafía arquetípica de la balanza y la espada (El Rey del Mundo, Guénon, pp.28-59). Así que, el dedicar la cima del Moncayo San Miguel tiene, en este sentido, un significado religioso de gran trascendencia. Clemencia y Justicia bien pudieran ser las fos figuras femeninas de la fachada hercúlea del consistorio de Tarazona, en la que también estuvo una escultura de San Miguel, arcángel que cuenta con una iglesia en esta villa (como en Ágreda).

Hemos visto antes que la partícula "El" se encuentra en dioses solares de la paganidad mediterránea y céltica, y que por un lado viene a significar "luminoso-brillante, resplandeciente..." y, por otro, "Señor". En lo que respecta a partícula "Ca-Ka", que comparten Mikael-Micael (San Miguel) y Moncayo, recordemos y añadamos algunos datos más a los ya referidos.

"Ca" es altura en egipcio y montaña en céltico. "Ka", en los vedas, es un pronombre que, en forma interrogativa, alude a Dios cuando existe la prohibición de nombrarle. Y si en latín bajo "Tur" era, al mismo tiempo, toro y monte, en Egipto "Ka", aparte de ser el doble etérico, ángel guardian o espíritu del ser humano, significaba también "Toro", concretamente al referirse al denominado "Toro del Cielo", que tenía un carácter solar (Cristina Delgado, p. 308-309).

La raíz "Kan", en diversas lenguas, significa "poder", "potencia", pero también "conocimiento", equiparables al poder dual (rigor y justicia) de San Miguel: "Kan es, sobre todo, el poder espiritual o intelectual, idéndico a la Sabiduría(de donde deriva ‘Kohen’, sacerdote, en hebreo), y ‘Qan’ es el poder material (de donde diferentes vocablos que expresan la idea de ‘posesión’, y principalmente el nombre de Qaïn)", afirma Guénon (El rey del mundo, p. 60). Este Qaïn, no es otro que Caín, palabra hebrea que significa "herrero", y antecesor de Tubal Caín, fundador mítico de Tarazona, a los pies del Moncayo.

En hebreo qâf significa potencia, fuerza (qowah en árabe). Su jeroglífico simula un hacha, arma que aparece en medio de los cuernos táuricos en algunos ornamentos funerarios de Micenas, por ejemplo. En árabe "el nombre mismo de la letra qâf es también el de la Montaña sagrada o polar, a la que, como acontece con Hiperbórea o el monte Meru, no se llega "ni por tierra ni por mar", señala Guénon. "La letra qâf es, además, la primera del nombre árabe del ‘Polo’, Qutb, y también a tal título puede servir para designarlo abreviadamente, según un procedimiento muy usual" (Símbolos fundamentales..., Guénon, p.98). En la Montaña Sagrada y Paradisíaca de Qâf renace el inmortal fénix porque en ella está, como en toda gran Montaña Santa, la "bebida o el alimento de la inmortalidad".