PARZIVAL Y MONTSEGUR

Ángel Almazán de Gracia

(Texto tomado de mi novela iniciática:
"Los Códices Templarios del Río Lobos. Los Custodios del Grial"
Sotabur, Soria, 1.997)

Montségur me llegó al alma desde el primer momento en que se alzó ante mi despavorida mirada su imponente espolón y risco, al que llaman puch y puy los occitanos. Se encuentra en el 'pays d ´Ollmes', junto al río Lasset, muy cerca del valle del río Ariège.

El comendador de Foix había sido críptico conmigo.

-Frey Isarn de Lavelanet acaba de llegar de Montségur. Es miembro de nuestro Círculo y fue el geómetra pitagórico que orientó al maestro de obras Arnaud de Baccalaria en los alineamientos equinocciales y solsticiales a aplicar en la estructura del castillo, en la cima del puch. Hace dos días, por lo que me ha dicho, el señor de Montségur, Raimond de Perelha, ha hospedado en Montségur a varios trovadores de Turingia, entre los cuales se encuentra uno muy especial, Wolfram von Eschembach es su nombre. Fue caballero templario en las cruzadas y ahora, como minnesanger, está escribiendo una obra trascendental para nuestro cometido esotérico: Parzival. Es muy conveniente que, antes de que retornéis a Castilla, os entrevistéis con él y compartáis los conocimientos que tenéis. Él os está esperando puesto que frey Isarn le ha hablado de vos.

Tales palabras levantaron en mi interior un desasosiego tal que inmediatamente emprendí la marcha hacia el cercano puy de Montségur, acompañado por frey Isam.

Al pie del puch, en unas caballerizas vigiladas por varios hombres de armas dejamos los caballos y emprendimos a pie la subida por un sendero abierto en un bosquecillo de boj, ascenso que aprovechó frey Isarn para contarme algunas leyendas y tradiciones locales.

-Dicen que este puch es un peñasco que lanzó uno de los gigantescos hijos de Gerión. Estaban tan enfadados porque Hércules les había robado el ganado que no se les ocurrió otra cosa que partir montañas y tirar lejos sus trozos. Uno de ellos es este puy de Montségur, que paree¡ alzarse hacia el cielo como si fuera un enorme menhir.

-En Ucero me han contado una historia similar, referida también a Hércules. Frey Jesús de Beratón me dijo en una ocasión que las consejas de su comarca asegura¡ que el Moncayo es un picachón montañoso con el que Hércules taponó la cueva en la que estaba Caco, que st había apropiado de las vacas que tenía su amada Agripini en Ágreda -recordé.

-Hércules siempre está omnipresente en todos los lugares sagrados, frey Diego, por lo que ambas leyenda,.; nos están indicando que este puch y vuestro Moncayo soin enclaves en los que se entrecruzan las energías sutiles de] aire con las del subsuelo. Es más, parece ser que hubo un templo druídico dedicado a la diosa del fuego Bélisama, la amada de Belenos, en la cumbre de Montségur. Y allá, enfrente nuestro, en el pico de Saint Barthélémy, se alza ahota una ermita sobre las ruinas de un milenario templo a Abellio o Belenos, el Apolo céltico, donde se sube en romería cada 24 de agosto.

-¡En nuestro convento de San Juan de Otero, en el río Lobos, también hay romería a San Bartolomé el mismo día! - exclamé sorprendido.

-¡Pues sí que es casualidad..! En una de las laderas de Saint Barthélémy están las lagunas del Diablo y delos Druidas, que fueron conocidas por priscilianistas gnósticos --comentó frey Isam.

Con algunos descansos entre el boj logramos llegar a la puerta del castillo, cuyo trazado, como ya me previno mi compañero, tenía un simbolismo solar iniciático del que muy pocos eran conocedores. Su filiación pitagórica había movido a frey Isarn a plasmar la figura de un pentágono irregular en la configuración del patio de armas, como bien pude apreciar una vez dentro.

Al otro lado del castillo se encontraba la aldea con algunas casas sobre terrazas colgantes, cual si fueran nidos de águilas.

-El clima en esta cúspide no debe ser muy propicio para la salud pues el viento es un azote constante le dije a frey Isarn.

-Sólo es preocupante en invierno y durante las tormentas, frey Diego. Este castillo ha sido construido a petición de Esclarmonde de Foix y de los bonshomes Raymond Blasquo y Raymond de Mirepoix. Esclarmonde me confesó que tuvo un sueño en el que una paloma con laurel en el pico se posó en el derruido donjon. Del cielo surgió una voz que decía: "Al cap des set cen ans verdegeo el laurel". Como el laurel era el emblema del dios solar Abellio, y la paloma es el símbolo cátaro del Espíritu Santo, Esclarmonde comprendió que había que edificar un castillo-templo para el catarismo con referencias solares. "Cristo es el sol del conocimiento que nos ilumina en este mundo demiúrgico", nos dijo al maestro de obras y a mí. "Quizás algún día sea el estandarte de nuestra causa", señaló con inquietud.

Caminando habíamos llegado a la torre de homenaje, de la que provenía una tonada y su cantar. Nos acercamos y nos sumamos a los diversos caballeros que estaban escuchando atentamente.

-El trovador es Wolfram von Eschembach; el minnesánger -me advirtió frey Isarn.

Aquel trobar me era conocido en algunas partes pues era similar al román que había oído durante el primer viaje que efectué a Francia formando parte del cortejo nupcial de Blanca de Castilla, quien nos indicó que su creador, Chrétien de Troyes, había pertenecido a la corte de amor de su hermanastro Marie de Champagne, su musa. Perceval o El Cuento del Graal era el nombre de aquel román en el que por vez primera en la literatura europea se hablaba de la existencia de unos caballeros que, errantes por bosques y eriales, protegían a las doncellas, combatían el mal allá donde les llamarán en defensa del bien, y se redimían por el amor de sus damas.

Perceval, el protagonista, entraba en un misterioso palacio y presenciaba como una doncella hermosísima portaba un graal o grial como decimos en Castilla a ciertos recipientes, del que surgía una potentísima luz, pero sin que se dijera en ningún momento qué contenía tal escudilla. Otro caballero, Gavain, sobrino preferido de Artus, el rey Arturo de los trovadores, hablaba de la esposa de éste, Ginebra, de una forma harto extraña, como si fuera casi una diosa. "Desde que se formó la primera mujer de la costilla de Adán, no hubo jamás dama tan famosa", decía. "Mi reina y señora enseña e instruye a todos los vivos. De ella proviene todo el bien del mundo, pues ella es su fuente y su origen. Nadie puede abandonarla sin pena. Sabe lo que cada cual aspira y el medio desagradar a todos, según sus deseos. Todo rango u honor se conquista a los pies de mi dama. Nadie sufrirá más que aquél que parta de su lado, pues llevará la tristeza consigo

Pero la historia que cantaba ahora Wolfram von Eschembach era distinta en su esencia. El héroe se llamaba Parzival, 'cortado por medio', y la escudilla de la luz deslumbrante de Perceval no era un grial sino una piedra mágica por nombre Grâl. Su portadora -contaba el trovadorse llamaba Repanse de Schoye, 'Dispensadora de Gozo', y actuaba como de forma regia.

"Apareció la reina -decía en esos momentos Wolfram-. El resplandor que su rostro desprendía hacía creer que amanecía. Iba vestida con una seda de Arabia. Sobre una esmeralda verde portaba la raíz y ramas de lo que se desea en el Paraíso. A esta cosa se le llama Grâl y es superior a toda maravilla terrena. El Grâl era la flor de toda felicidad. Proporcionaba en la tierra tal abundancia de bienes que sus méritos casi igualaban a los que se reconocen en el reino de los Cielos ". El ermitaño Trevrizent, tío de Parzival, le descubría a éste el origen celeste del Grâl con sus propiedades. Yo seguía con gran emoción el relato y de pronto me recorrió por dentro un escalofrío mareante. Trevrizent le hablaba a Parzival de una guerra celeste entre Lucifer y dios (¿pero cuál, el demiurgo o Dios?). Los ángeles que no quisieron participar en esta batalla fueron los que depositaron el Grâl en la tierra, retornando la mayoría a las estrellas porque eran demasiado puros para morar aquí-, abajo. Así lo describía Wolfram von Eschembach: "Cuando la Trinidad y Lucifer comenzaron la Guerra, aquellos que no tomaron partido, nobles y leales ángeles, descendieron a la tierra con la Piedra, la que es por siempre incorruptible. Pero esos ángeles, por causa desu misma pura naturaleza, decidieron retornar a los cielos. Sin embargo, algunos de ellos se quedaron aquí para custodiarla. Y esta Piedra llamado Grâl se ha conservado siempre pura". Seguidamente desvelaba que ahora lo guardaban los templeisem (¿los templarios?) en un palacio -que no castillo- en el monte Monsalvage o Munsalvasche, nombres que oía yo por vez primera y que, según el anciano Trevrizent de esta historia, se encontraba en la tierra fronteriza de mi país, entre moros y cristianos. El román proseguía relatando las propiedades del Grâl: "Todos los alimentos de estos 'templeisem' guardianes proceden de una piedra preciosa que, en su esencia, es todo pureza. Si no la conocéis, os daré su nombre: se llama 'Lapsit exillis'. Y el fénix se consume y se convierte en cenizas por sus cualidades; pero de esas cenizas renace la vida; gracias a esa piedra, el fénix realiza su mutacion en la tierra de Egipto para reaparecer después con todo su resplandor, tan bello como siempre. No hay hombre lo suficientemente enfermo como para que, en presencia de esa piedra, no tenga seguro el escapar de la muerte durante la semana siguiente al día en que la vio. Quien la ve, cesa de envejecer A partir del día en que esa piedra se les aparece, todas las mujeres y todos los hombres recuperan la apariencia que tenían cuando estaban en la plenitud de sus fuerzas. Si estuvieran en presencia de la piedra durante doscientos años, no cambiarían; solamente ocurriría que los cabellos se tornarían canos. Esa piedra le da al hombre tal vigor que los huesos y la carne recuperan al instante la juventud. También lleva el nombre de Grâl".

Parzival, en su demanda del Grâl, en su búsqueda infructuosa hasta entonces de encontrar nuevamente el Grâl para devolver a la Tierra Desgastada su primor primaveral y sanar a su tío Anfortas, herido en el sexo por haber amado lujuriosamente a quien no podía ser su compañ¿ra y Reina del Grâl, opta en un momento de plena lucidez enfrentarse con el mismo dios, pues entiende que no es Dios sino el demigurgo, y que a partir de entonces quien debe ser su guía interior es la Amada. Y así se lo recomienda a su amigo Gawain: "¡Dolor! ¿Qué es dios? ¿Dónde está el Todopoderoso? ¿Dónde permanece activo en su Poder? Él no me habría precipitado en esta vergüenza. Desde que he sido consciente he sido humilde servidor de su Gracia. Mas ahora dejo su servicio. Si esto lo enfurece, yo resistiré su furor Camarada, cuando la hora del combate llegue para ti, permite sólo a una mujer estar a tu lado, que sólo ella guíe tu mano. Permite que el amor de aquella que tu conoces te acompañe y que sus virtudes femeninas te protejan. Gawain: ¡tenla presente en tu mente y en tu corazón! Gawain comprende entonces que Parzival le ha desvelado un gran misterio que quiere aplicar cuanto antes, de tal manera que cuando esté rendido a los pies de una joven princesa, antes de entrar en combate, aprovechará la ocasión y se dirigirá a ella de esta manera: 'Déjame poner mi espada en tu mano, para que la toques. Si alguien quiere entrar en justa conmigo, tu irás a combatir y lo harás por mi, pues aún cuando todos me vean a mí luchando, tú serás quien combata en mí'. Ella le responde: 'Sí, yo seré tu escudo y tu defensa, tu corazón y tu firme fe. Cuando la desgracia amenace, yo seré tu guía y tu amiga, el techo que te proteje de la tormenta y te ofrece dulce reposo. Mi amor te envolverá con la paz y te traerá la suerte cuando te encuentres frente al peligro, de modo que tu valor jamás decaiga. Yo soy tu castillo y tu castellana, y estaré siempre a tu lado en el combate. Si únicamente pones tu fe en mí, jamás la fortuna ni el valor te abandonarán'. Con esta protección y sentimiento interior, Gawain emprenderá sus aventuras".

El hermanastro árabe de Parzival, Feirefiz, conoce por sí mismo esta clave iniciática pues afirmará que el sonido de la voz de la amada en el corazón es la mejor ayuda y confesará que cada vez que estuvo en peligro la recordaba y su amor le daba más protección y fuerza que dios.

La voz del minnesanger se fue apagando en mis oídos. Mis ojos veían que su boca seguía activa, hablando por tanto, pero era incapaz de oírle. Definitivamente mi mareo se estaba agudizando. Sentí un sudor frío recorrer mi frente, espalda y pecho, y ante el temor de caer al suelo decidí salir afuera. Frey Isarn, sobresaltado, me acompañó. Respiré una y otra vez siguiendo la técnica del pranayama, y que me aliviaría poco después.

Entramos de nuevo silenciosamente y escuchamos quietamente el resto de aquel singular trobar que tanto me había perturbado. Lo que restaba no dejaba de ser tan intrigante y misterioso como lo oído. Recuerdo, especialmente, que la vaina de la segunda espada de Parzival se llamaba Memoria de la Sangre, y que él y Feirefiz, sin saberlo, forman parte de la Familia del Grâl desde al menos tres generaciones atrás. En el primer encuentro que tienen, ambos luchan entre sí, pues ignoran que corre por ellos la misma sangre, pero cuando se reconocen como hermanastros y Parzival le dice que el padre, Gamuret, ha muerto, Feirefiz dirá: "Hermano mío, tú y yo somos una sola persona, ¡Cómo lo es un hombre recto y su esposa! Mi padre, Gamuret, tú y yo somos uno, aunque podamos ser vistos como tres distintas entidades. De este modo, tú estuviste luchando contra ti mismo. Y yo cabalgué a combatir conmigo mismo, y con alegría me habría dado muerte. Luchando tan fieramente conmigo, tú defendiste mi propia vida... ".

Seguidamente, Parzival le dirá a su medio hermano: "En la corte de Arturo encontraremos nuestra verdadera raza, gente de cuya sangre hemos nacido". Y hacia allá se encaminarán. Feirefiz logrará ver el Grâl y, casándose con su guardiana, Repanse de Schoye, se irá a la India, donde nacerá el hijo de ambos: el Preste Juan. Parzival, por su parte, será reconocido como rey-sacerdote del Grâl, sanará a su tío Anfortas al preguntarle cuál es el mal que le aqueja, y la tierra florecerá de nuevo.

Cuando minutos después, y una vez presentado ante Wolfram por frey Isarn, pudimos estar ambos a solas, el minnesanger me desvelaría muchos de los misterios de'su obra, a la que había dado como título el nombre de su héroe, Parzival

-Durante mi estancia en Tierra Santa pude contactar con un grupo sufí de alta iniciación, de ahí que mi Parzival tenga un trasfondo sufí e indo-iraní, frey Diego. Mi descripción del castillo de Munsalvaesche corresponde al simbolismo del Paraíso sufí. El Grâl es, en parte, lo que ellos llaman Intelecto Primero, el Espíritu Universal del Mundo Primero, el de la Omnipotencia, Álam al Jabarút. Y la sagrada montaña Qáf del sufismo tiene su paralelismo en el infranqueable cerro de Munsalvaesche, que tan parecido podría ser a este puch de Montségur me reveló mientras paseábamos en derredor del castillo.

-Según vos, sire, la Familia del Grâl es como si fuera un solo ser, y lo que uno de ellos logra repercute en todos debido a tal consanguineidad física y espiritual, ¿no es cierto?

-Así es, frey Diego. Es algo parecido a lo que acontece en la iniciación caballeresca de A-Mor a la que pertenecemos los que formamos parte de la Gran Búsqueda y el Gran Retorno, entre los cuales estáis los templarios del Círculo. Los descubrimientos y experiencias que tiene uno de nosotros han de ser conocidos por los demás, y, en el mundo 'sutil de la hermandad espiritual que nos une a todos nosotros, se traspasa a cada uno tal hallazgo y vivencia, de un modo u otro -respondió.

-¿Inniciación de A-Mor? -pregunté extrañado.

-A-Mor, es Sin-Muerte, frey Diego, y es también, como cantan algunos trovadores, lo contrario a Rom-a. Nosotros diferenciamos entre Minne y Lieben. La Minne verdadera es auténtica fidelidad, incorporada en la Memoria de la Sangre. Lieben es el amor común y pasional. El primero da origen a un Hijo del Espíritu y el segundo a uno de la carne -aclaró.

-Es como en la alquimia y en el tantrismo, por tanto.

-Ciertamente. En mi Parzival, para los que sepan interpretar los símbolos, he incorporado muchos elementos alquímicos e incluso astrológicos. El Grâl, cual Piedra del Exilio o Deseo del Paraíso, es como el Lapis Philosophorum de la alquimia. Otros autores han cristianizado el mito del Grâl y dicen que es la copa de la última cena o la que trajo José de Arimatea a Provenza con sangre de Cristo tomada en la cruz. Ese es el nuevo mito cristiano que el Cister apoya. El Temple también lo hace, pero es porque sabe que detrás de tal símbolo se encuentra el caldero céltico de Dagda, o la bebida de la inmortalidad de la India (soma), del mazdeísmo (amrita) o del orfismo (vaso de Dionisos). El vaso tiene forma triangular, como el corazón, y, en verdad, este Graal o Grial cristianizado evoca el misterio de la esencia divina, a la que situamos en el corazón. Mi Grâl, como esmeralda caída de la corona de Lucifer, el Portador de la Luz, el Luzbel cátaro, es como el Tercer Ojo de Shiva. El Grâl es lo Santo, un poder perdido al concluir la Edad de Oro.

-Es, en definitiva, nuestro dios interior, la Chispa Divina, la conciliación de todos los opuestos -dije.

-Tal vez lo sea, frey Diego. Tal vez lo sea...

Nos sentamos. Miramos las cumbres nevadas del pico de Saint Bharthélémy, el Tabo y, más allá, los Pirineos. Le hablé de San Juan de Otero y del Altar de San Juan del río Lobos. También le referí alguna de las conversaciones mantenidas con mi tutor y frey Cornelio de Ciravaca. Él escuchaba atentamente. Finalmente le referí algunas vivencias espirituales y biográficas; él, en correspondencia, hizo lo mismo. Así me enteré que era bávaro y que, tras regresar desde Tierra Santa a Germania, había obtenido la protección del landgrave Hermann de Truringia que le había donado un castillo.