Crónicas anteriores

 

Urge releer la realidad, con otros ojos, desde otra perspectiva. La noticiaque nos sirven muchos medios de comunicación no deja de ser "parcial",no en cuanto malintencionada, sino en cuanto abstraída de un contextoque cada día se nos revela más amplio y a la vez trascendente.Lo negativo salta con fuerza a los teletipos, mientras que lo positivo operamás callada, anónima y universalmente. Por eso tampoco nossirven las interpretaciones "oficiales" de la realidad, muchosde los editoriales, valoraciones y demás comentarios de lo que acontece.Obvian un contexto más "real" en el que se desarrollanlos acontecimientos, ocultan a menudo la otra lectura que escribe la esperanzasobre la tierra, ignoran esa conspiración silente, alegre y entusiastaque aflora por doquier y que también tiene derecho a los titularesy cabeceras de los "media".

La confrontación entre los humanos debe dejar de ser el origenprimordial de lo noticiable. En "Crónica Planetaria" nosensayamos en ello.

 

"Aquello que eleve, aquello que UNIFIQUE, aquelloque libera, aquello que vuelve la conciencia hacia Dios, ¡Es bueno!! Esa es la Voluntad de Dios! No necesita ni medida misteriosa, ni consejeroexterno..."

Maestro Ascendido Morya


 

Crónica de Primavera 2000

 

Todo lo importante funciona en redes

Ser receptáculo de los nuevos conceptos e ideas, aterrizar los valores divinos, inmanenetes, eternos, incrustarlos en la cotidianidad, adapatarlos a nuestros días, a nuestra realidad cercana, he ahí gran parte de nuestra afronta. El mundo demanda nuevas y esperanzadas respuestas a la crisis de gran calado que se vive a tantos niveles, al vacío en el alma que el modernismo y el materialismo imperantes no pueden llenar.

Las respuestas vienen de Adentro y de Arriba, pero hemos de estar atentos para saber dónde, cuando, cómo, tras que situación, en boca de quién... se manifiestan.

Algunas respuestas curiosamente también vienen de "afuera". Ciencia social progresista y nueva espiritualidad coinciden cada día más finamente en sus apreciaciones. Es maravilloso ver cómo desde diversas áreas de la ciencia y las humanidades convergen con los mismos valores y postulados que nosotros perseguimos desde el movimiento de nueva conciencia o nueva era.

Todo va armonizándose, pues así es también disposición de la Jerarquía que había programado para nuestros días la definitiva y anhelada unión de Ciencia y Espiritualidad.

Hoy se nos brinda la oportunidad de incorporar a nuestra interpretación del mundo todos aquellos análisis nacidos en el espectro de la cultura progresista y emancipadora, visiones abiertas, autocríticas, en el sentido positivo y autoinspeccionador del término. Estos análisis, divulgados a menudo en publicaciones de tirada general, nos aportan nuevos datos y nos posibilitan hacernos con una visión más precisa, científica y completa para interpretar y reconstruir este mundo de acuerdo al Plan.

La Nueva Era necesita echar anclas también en la Tierra, acercarse con actitud de servicio incondicional y su propia visión liberadora, basada en los valores divinos y eternos, a cada uno de los problemas sociales que aquejan a los humanos, so pena de naufragar en las nubes. Ni siquiera hay que temer a las cuestiones políticas siempre y cuando éstas sean abordadas desde una actitud unificadora de auténtico servicio a la comunidad, no-sectarismo y desapego del poder.

Salgamos, pues, al paso de quienes desde su propio itinerario cultural e intelectual, desde su propio ritmo evolutivo, sin estar "a priori" impregnados de una profunda espiritualidad, nos aportan también excelentes pistas para componer el nuevo paradigma de justicia y hermandad, el nuevo Reino del Cielo en la Tierra.

Para ello hemos de explorar en las preciosas reflexiones que nacen en las áreas de la solidaridad, las ciencias sociales y humanas, las nuevas tecnologías, la ética, el arte... que sean también auténticamente positivas, luminosas, emancipadoras...

Las citas que a continuación os entresacamos son buen ejemplo de ello. En primer lugar os ofrecemos pensamientos-flashes de Manuel Castells, profesor al que le han colgado el sanbenito de "gurú de la aldea global".

Este sociólogo catalán afincado en Norteamérica ha elaborado una trilogía que lleva por título "La era de la información". En estos libros podemos encontrar preciosas claves para interpretar el momento que hoy vive la humanidad.

Tras sus palabras os transcribimos una reflexión del proceso de mundialización al que asistimos, elaborada por Edgar Morin. Este sociólogo francés ha acuñado el concepto de "segunda mundialización" (la primera habría sido promovido por los imperios) y que no es difícil interpretar como el Reino de Fraternidad humana en gestación. El itinerario de la humanidad, que este profesor estudia con rigor, hasta lograr la noción de "Tierra-Patria" es sencillo de ver como nuestro proceso evolutivo ascendente para ir alcanzando la conciencia de Unidad Planetaria, en el seno de un Cosmos unido y perfectamente armonizado...

·"Todo lo importante, como el poder, la economía o la información, está organizado en redes globales cada vez menos controladas, mientras que la gente, en su experiencia personal, cada vez se basa más en su identidad".

·"La realidad no cuenta, importa el impacto mediático".

·"Será preciso adaptarse a un mundo en cambio constante, tanto en lo tecnológico como en lo personal.

Será necesario saber qué buscamos, qué procesamos y qué hacer con ello. Hace falta inteligencia y capacidad de aprendizaje porque siempre estaremos aprendiendo, siempre, pero sólo si nos han enseñado cómo aprender. O sea, a escuchar, a pensar, a tener curiosidad".

·"Algunos de los valores de la sociedad actual son la autonomía individual, el proyecto, la creatividad, la innovación, la navegación en la red".

·"Esta sociedad tendrá nostalgias: de la familia, cuya forma patriarcal está desapareciendo; de la patria, disuelta en el Estado/red; del puesto de trabajo fijo, que nadie tendrá ya dentro de diez años; y de Dios, más cuestionado y más necesario que nunca en un mundo de torbellinos".

(Manuel Castells)

·Las técnicas de información-informática-comunicación como Internet, entrañan tantas virtualidades emancipadoras como virtualidades esclavizantes. La mundialización de las comunicaciones brinda preciosas oportunidades. Pero la obediencia ciega a la lógica artificial y a la del beneficio constituye el gran peligro para la civilización y, más aún, una amenaza global para el género humano: el armamento nuclear, la manipulación genética y la degradación ecológica son hijos del desarrollo de la triada ciencia-técnica-industria.

Y podemos ver sus efectos en cadena: Primera cadena que se cierra sobre sí misma en un círculo vicioso: agricultura intensiva, alimentos transgénicos, rentabilidad intensiva en la agricultura y en la economía, degradación de la calidad de los alimentos, degradación de la calidad de vida, homogeneización de los estilos de vida, degradación de los medios naturales, de los medios urbanos, de la biosfera y de la sociosfera, de las diversidades biológicas culturales, de lo político a lo económico, precariedad del empleo y destrucción de las garantías sociales, falta de visión de los problemas fundamentales y de los problemas globales (que, en su mayoría, coinciden).

Otra cadena puede formar un círculo virtuoso vinculando agricultura biológica y agricultura racional, búsqueda de lo mejor y no del máximo, de la calidad por encima de la cantidad, predominio del ser sobre el tener, aspiración a gozar de la plenitud de la vida, voluntad de salvaguardar la diversidad biológica y cultural, esfuerzos para regenerar la biosfera, civilizar las ciudades, revitalizar el campo. Todo ello debe converger en la elaboración de una política de civilización que se encargue de todos estos aspectos y en la toma de conciencia de los problemas globales y fundamentales para el género humano, es decir, los ciudadanos de una Tierra que debe volver a ser patria. En efecto, el arraigo y la ampliación de un patriotismo terrestre constituirán el espíritu de la segunda mundialización, que querrá y podrá quizá domesticar a la primera y civilizar la Tierra. (Edgar Morin)

 

 

Otoño 99

Medio aliento

En este verano el Papa ha redefinido los conceptos de cielo, purgatorio e infierno. Aprovechando el descanso vacacional ha redibujado y concretado el panorama de la geografía escatológica. Loada sea su preocupación por los paisajes de la eternidad, pero mientras alcazamos más perpetuas moradas, no estaría de sobra reordenar la presente, reorganizar, sin ir más lejos, su propia casa. Muchos son los grandes cambios que habrá de promover éste o el siguiente pontífice de Roma. En su apretada agenda de futuro convendría anotar, con urgente subrayado, la necesidad de compartir tronos y togas, pues una Iglesia dominada exclusivamente por los hombres, no podrá entrar dignamente en la nueva era del tercer milenio.

La mujer va ocupando el lugar que le corresponde en todos los ámbitos de la vida moderna. Sólo en el marco de la Iglesia continúa relegada. No se trata de ninguna reivindicación, de rebajar al grado de puja social lo que es ley de vida, además de puro evangelio. Se trata simplemente de un derecho inalienable postergado más allá de la hora debida, de nivelar el tiempo en el que sólo camparon roncas homilías. Se trata del silencio que reclama el otro murmullo, de nuestros oídos que piden el otro tono, de las sagradas formas que urgen del otro tacto.

Las mujeres que, con votos o sin ellos, están brindando la cara más amable y tierna de esta Institución, que están surtiendo de pan y vida bajo las chabolas y las tiendas de lona del Sur, que están derramando materno afecto entre los más carentes y urgidos..., han de heredar también el lugar que les corresponde en los altares de una cristiandad por fin renovada.

¿Hasta cuándo callará el otro medio aliento en la celebración? Las mujeres que aquí y allí están sanando, alimentando, protegiendo, alentando..., no perderán un minuto en reclamar ningún espacio para ellas. No apartarán un instante su mirada del dolido; quizá no les corresponda. Aguardarán pacientemente a que la fruta dore y se precipite. Desde aquí tan sólo agitamos respetuosamente el árbol de las evidencias que aún no tomaron tierra en los jardines vaticanos.

 

Hombre pequeño,

corazón grande

Al igual que Teresa de Calcuta, Helder Cámara perteneció a esa suerte de hombres y mujeres capaces de soportar pacientemente los dislates de la ortodoxia, sabedores de la multiplicadora eficacia de su labor en el seno de la institución católica. Fue de esa clase de sacerdotes humildes e imperturbables, fundidos en inteligente acero y que crecen ante el desaire vaticano.

Con la muerte de Helder Cámara parece que expirara también algo de la teología de los pobres. Como si la teología de la liberación necesitara liberarse de sí misma y de sus propias limitaciones. Hija de los setenta, acusa su necesaria evolución en la antesala del tercer milenio. Quizá ya no sea sólo cuestión de testimoniar evangelio junto a los más necesitados, sino de latir también con los demás "evangelios". En este sentido Helder Cámara sabía que el acercamiento de las religiones era condición indispensable de una nueva y fraterna humanidad. Siempre apadrinó un sincero ecumenismo más allá de engañosos prevalecimientos.

La teología de la liberación está llamada a renovarse y parir un nuevo credo en sintonía con este acelerado tiempo. En este parto parece que Brasil volviera a orientar el evangelio del futuro. Cede una etapa en que lo prioritario era la proclamación de la justicia y la defensa de los derechos humanos. Sin haber aún satisfecho estas grandes asignaturas pendientes, surgen nuevos retos. Nace la teología verde o ecológica tal como la han bautizado los aficionados al etiquetado. Leonardo Boff apunta en sus últimos trabajos hacia esos nuevos desafíos actuales. Tal como señala este franciscano ya secularizado, pionero y padre teórico de la teología de la liberación, ya no se trata sólo de poner pan en la mesa de todos, sino de posibilitar un desarrollo respetuoso y agradecido para con una Tierra herida que, pese a todo, sigue satisfaciendo nuestras necesidades.

A la espera de próximos capítulos en la evolución de la iglesia latinoamericana siempre creativa y visionaria en sus bases, honremos la memoria del prelado que se entregó a ella por entero.

Este hombre, pequeño de estatura, pero gigante de corazón, no llegó a viajar a Oslo, no cogió el Nobel al que fue repetidamente candidato y que sobradamente merecía. Los del Vaticano tampoco le alzarán a los altares. Quizá falte algún milagro, algún estigma, algún don beatífico... a quien fue testimonio incontestable de entrega; a quien vivió con, por y para los necesitados de su diócesis y del mundo entero.

No yerran las crónicas y columnas que lo colocan entre las figuras más prominentes de nuestro siglo y lo equiparan a Ghandi, Luther King o al Mandela de nuestros días. Valga también desde estas páginas, el homenaje al obispo de los pobres. El obispo emérito de Olinde ha entrado en la historia por la puerta grande, tal como se debe a los hombres y mujeres que con su palabra y testimonio de vida alientan aurora, como corresponde a los grandes constructores de un mañana de justicia, paz y definitivo reencuentro entre las religiones.

 

Callan las tiranías

Una de las más evidentes pruebas de que nos encontramos en los albores de una "nueva era", es el silencio de las dictaduras. Poco a poco van calando aquí y allá. A los tiranos les resulta cada vez más difícil mantener su ignominia.

En un mundo cada vez más globalizado es cada vez más difícil poner freno al flujo de información y nuevas ideas. Los países y regiones hasta el presente "bunkerizados" se ven cada día más permeados por las corrientes de opinión que llegan desde el exterior. ¿Quién puede poner freno a las señales de los satélites, a las ondas de tv. en un cielo abierto? ¿Quién puede impedir que el oceáno cibernético vaya inundando poco a poco todo el planeta?

Los déspotas tienen los días contados, no saben que van contra la ley de evolución. Cuanto más tarde abandonen su obcecación, más convulsos serán los cambios.

Pinochet sentado en el banquillo es buena prueba de que la privación de la vida, la tortura y la violación de los más elementales derechos humanos no pueden quedar ya impunes en nuestro planeta.

Como hombre anciano se merece descanso, por simple humanitarismo quizá le sobren las rejas en la tierra. Quiza sea tarde para responder de sus crímenes aquí ante los hombres, pero más allá le será difícil evitar la setencia divina.Con Pinochet se juzga a los últimos tiranos del planeta. Para que nunca más se atrevan a levantar la cabeza, para que se lo piensen dos veces antes de privar de nuevo a los hombres de sus más elementales derechos y libertades. han costado.

 

 


 

 

La revolución digital

La revolución digital ha cambiado nuestra noción del espacio y el tiempo. Conectados a Internet los lugares más remotos están a la vuelta de un malta que vas a preparar a la cocina.

En el ámbito de Internet hoy ya la tecnología RDSI, y sobre todo, en un futuro el cable de fibra óptica, permitirán la circulación de la información a una rapidez asombrosa. Pronto se acabará la impaciencia ante la pantalla, el redoble de los dedos en la mesa ante un gráfico que se resiste a abrirse. Algún día no lejano navegaremos por toda oceano digital burlándonos de los actuales "cuellos de botella" y nuestro ordenador cargará instantáneamente de cualquier lugar virtual y sin rechistar, todo el volumen de información (documentos, imagen, música, vídeo, "software"...) que le hayamos solicitado.

La ciencia penetra ya en el terreno de la magia y el hombre orgulloso se mira al ombligo satisfecho por creer haber arrebatado cierta potestad a los dioses. Sin embargo al ser humano le restan aún muchas escalinatas en su largo pero apasionante ascenso evolutivo. El Cielo guardará siempre su razonable cuota de misterio para espolear al ser humano, por los siglos de los siglos, en su afán de constante superación.

Alucinaremos ante los últimos maquinones, nos pasearemos delante de esos aparatos cada día más potentes, más rápidos, más pequeños; pero al salir del establecimiento o exposición siempre habrá una visión que nos azote, un interpelante "más allá" que nos aguarde en la puerta, para reírse de nosotros. Al abandonar el local, turbados de fascinación, siempre nos asaltará alguna cuestión que se anclará en nuestro interior, una duda que se acomodará, encendiendo su piloto, en esa masa gris que aludíamos y que distraerá nuestro paseo de vuelta hasta casa. Bienvenida sean esas infinitas preguntas si sirven para espolear a la comunidad científica en particular y al género humano en general, en su afán de crecimiento, en su anhelo de promoverse de una forma cada vez más responsable, más integra.

De nada nos sirve la era informática si gracias a ella elaboramos bombas que buscan ellas solas a seres humanos y los matan "inteligentemente". ¿Qué conseguimos con una veloz red Internet de ancha banda si con ella tan sólo aspiramos a que la página de "Penthouse", la WWW más visitada del mundo, se nos abra de forma más rápida y sus pechos de turno, se nos muestren con mayor definición? ¿Dónde queda la ilusión de un mundo interconectado y más fraterno auspiciado por la tecnología digital, si empleamos la red para entablar partidas internacionales con el famoso "Doom" que ahora, en su última versión, tumba adversarios más eficazmente, con mayor variedad de artillería y con una sangre más real? Bienvenidas sean las preguntas que nos excitan en el desarrollo de todo nuestro potencial creador y nos empujan en nuestra sana curiosidad. Bienvenidos sean los avances que acompañan esos interrogantes, si con ellos nos apasionamos en el aprendizaje, si desde la pantalla tenemos acceso a más museos, foros y bibliotecas, charlamos y debatimos con nítida voz e imagen con hermanos del extranjero, visitamos con más facilidad "sites" sorprendentes, geografías ignotas...

Pero por más que nos azucen esos enigmas, por más que tras ellos aparezca la ansiada conquista informática, es muy probable que el Cielo siga guardándose su carta bajo la manga. Es muy posible que, hoy por hoy, no nos susurre el "pasword" para acceder a misterios inescrutables. Mientras no nos deshagamos de los "Doom", los "Quake" y similares que inundan el mercado, mientras no enterremos esas armas inteligentes, mientras no clausuremos, por poner sólo un ejemplo, tantas páginas que ofenden la dignidad de la mujer..., el Cielo será muy libre de hacer prevalecer su mínimo e indispensable código ético. En la medida en que la inconsciencia siga tomando el mando de tan geniales, pero siempre insuficientes adelantos, el Cielo será muy libre de dosificarnos los asombros.