Crónica Planetaria

Urge releer la realidad, con otros ojos, desde otra perspectiva.La noticia que nos sirven muchos medios de comunicación no deja deser "parcial", no en cuanto malintencionada, sino en cuanto abstraídade un contexto que cada día se nos revela más amplio y a lavez trascendente. Lo negativo salta con fuerza a los teletipos, mientrasque lo positivo opera más callada, anónima y universalmente.Por eso tampoco nos sirven las interpretaciones "oficiales" dela realidad, muchos de los editoriales, valoraciones y demás comentariosde lo que acontece. Obvian un contexto más "real" en elque se desarrollan los acontecimientos, ocultan a menudo la otra lecturaque escribe la esperanza sobre la tierra, ignoran esa conspiraciónsilente, alegre y entusiasta que aflora por doquier y que tambiéntiene derecho a los titulares y cabeceras de los "media".

La confrontación entre los humanos debe dejar de serel origen primordial de lo noticiable. En "Crónica Planetaria"nos ensayamos en ello.

Aquello que eleve, aquello que UNIFIQUE, aquelloque libera, aquello que vuelve la conciencia hacia Dios, ¡Es bueno!! Esa es la Voluntad de Dios! No necesita ni medida misteriosa, ni consejeroexterno..."

Maestro Ascendido Morya

 

,"Aquello que eleve, aquello que UNIFIQUE, aquello que libera, aquello que vuelve la conciencia hacia Dios, ¡Es bueno! !Esa es la Voluntad de Dios! No necesita ni medida misteriosa, ni consejero externo..."

Maestro Ascendido Morya


Otoño 2000

El otro oro

Los Juegos del milenio han estado marcando muchos esperanzadores precedentes en lo que respecta a ecología, mujer, presencia indígena, atención a los minusválidos La ceremonia inaugural fue un alarde de creatividad, belleza y buen gusto. Color, alegría y luminosos contenidos se sucedieron en una original puesta en escena que saltó a las pantallas de todo el mundo.

Atrás quedan las coreografías homogéneas, rígidas e insípidas del pasado. Círculos y más círculos llenaron el gran Estadio de los Juegos en su acto inaugural. Composiciones redondas, círculos ceremoniales indígenas, aros olímpicos, simbolizaban de alguna forma un creciente y generalizado deseo de unidad. El espectáculo de apertura bien podía entenderse como la metáfora de un ser humano anhelante de círculos, que suspira reunirse, rencontrarse, rehallarse en medio de todos su congéneres. Quizá por ello organiza una y otra vez Juegos, Olimpiadas

Los resultados fue por todo ello, lo de menos. Lo importante ha sido el alto porcentaje de participación femenina (38%), la preocupación ecológica que ha acompañado a la organización, la presencia aborigen en todas las manifestaciones culturales Las medallas son solo la excusa. El verdadero oro, el que no se aja, ni caduca, el que vale más que su cotización económica en el mercado, es el clima de global cordialidad que pueden suscitar unas Olimpiadas como las de Sidney. El mayor galardón que se pueden llevar las delegaciones a sus patrias es haber contribuido a hacer realidad ese sueño de armonía humana durante diecisiete días. Que gane éste o aquél, que tal país consiga tantos triunfos, no deja de ser, a la postre, anecdótico. Las medallas descansan en las vitrinas, pero el espíritu de cooperación gestado, el oro de la unidad humana alcanzada es la garantía de un futuro global próspero y en paz.

Cualquier excusa es, por lo tanto, buena para promocionar esa conciencia de solidaridad entre las naciones. Hoy por hoy el deporte es el mayor de los pretextos y es preciso exprimirlo al máximo. El que las dos Coreas se paseen de la mano en la ceremonia inaugural, el que una gigante paloma blanca con su rama de olivo llene la gran tela que sostuvieron todos los deportistas, el que los más altos ideales de compañerismo y universalidad sean promovidos en los actos, retrasmisiones, propaganda, son los verdaderos triunfos de esta edición del milenio. Quienes han vivido el sueño de concordia humana durante quince días cobrarán la fuerza para perpetuarlo en el resto de su vida.

Los Juegos no son sólo lucha contra el tiempo, un reto por superar los límites físicos humanos, un empeño por aplastar los records anteriores, son por encima de todo ello el desafío por ampliar los aún limitados márgenes del elevado ideal de hermandad. La mayor plusmarca no es aquella que se bate en la arena de los estadios, sino en la pista cada vez más ancha de los corazones unidos.

 

Sidney 2000 ha sabido integrar tradición y modernidad, progreso y ecología, unidad y diversidad. Los primeros Juegos del tercer milenio con su fuerte voluntad integradora, con su carga liberadora, han sido un buen precedente para posteriores ediciones. La mayor apuesta mediática y tecnológica en la historia olímpica ha sido también la más emancipadora.

A los agoreros que se empeñan en contagiar el falso bulo de una humanidad a la deriva, habrá que recordarles que a finales del siglo XVIII Australia era una isla penal, donde eran recluidos los más "peligrosos" convictos de la metrópoli inglesa. Hace unos días la isla continente era una celebración, una fiesta bien ganada de las naciones de la Tierra, que mediante el deporte manifiestan su triunfo colectivo, reafirmaban su envite de un futuro diferente, un mañana de paz y unidad como verdadero oro en alza.

 

Eterno forcejeo

Los Estados Unidos serán, durante los próximos dos largos meses, el escenario encarnizado y apasionante de una universal y pertinaz puja, del siempre eterno combate entre pasado y futuro, entre reacción y progreso. Los comicios americanos tienen además algo de dimensión planetaria, pues en sus urnas nos jugamos también, en muy buena medida, nuestro futuro.

La disyuntiva de las dos candidaturas puede ser también la nuestra propia. La política progresista de los demócratas aún siendo moderada, aún proporcionando limitadas expectativas, representa lo que da de sí el ritmo de desarrollo social y político americano. No se puede estirar más allá la inquietud de un pueblo muy bien situado económicamente y con aún no sanados vicios hegemónicos. No por ello deja Al Gore de encarnar una mayor esperanza.

Si interpretamos la política como el arte de conducir con la velocidad apropiada a cada momento el vehículo, en este caso, de la nación, observaríamos en Norteamérica, que los republicanos pretenden guiar marcha atrás y los demócratas proponen un tímido avance. Quedaría otro progreso más acelerado, pero minoritario: el de los situados a la izquierda de los demócratas. Esta tercera velocidad está representada por quienes se han manifestado recientemente en las calles de Los Angeles, a las puertas del "Staples Center", donde se reunía la Convención Demócrata. Se trata del movimiento alternativo, también presente en la ciudad californiana en forma creativa y variopinta. Ellos apuntan más lejos. Sus happenings, coloridos desfiles y alguna que otra bronca, tiran con original empuje de la cuerda del progreso. Sin embargo, su visión mayoritaria de incluir en un mismo saco a demócratas y republicanos, quizá no sea ajuste del todo a la realidad. La Convención republicana de Filadelfia no es equiparable a la de Los Angeles. En este segundo escenario nadie podrá negar, siquiera externamente, más diversidad, más juventud, más multiplicidad social, étnica

Los matices pueden tener a menudo un alcance inimaginable. Ese tono diferente puede bastar para desembarcar marines en una playa más "adecuada", más "necesaria", para involucrar a su poderoso ejército en operaciones más humanitarias y menos interesadas.

Los republicanos quieren limpiar con el detergente de su ideario conservador el despacho oval de la Casa Blanca, pero más les valdría emplear su corrosivo jabón eliminando la verdadera inmoralidad de la pena de muerte a granel. Olvidan que por muchas ganas que tengan de conquistar el poder, nunca deberían de juzgar los escarceos del político de Arkansas con la becaria. La vida sexual de un político, por muy público que sea, no debería desbordar el ámbito doméstico, no se debería de poner sobre la mesa del debate electoral.

Hay algo sano en ese ejercicio del presidente americano de marcha atrás, en esa valiente, pública y reiterada autocrítica.

Tanto republicanos como demócratas elevan la familia al altar, pero a la vera de éste colocan la urna de los votos. Vende la imagen de la familia unida, mas se obvia que los "deslices" y crisis reconducidos pueden también fortalecerla. Además, es preciso también creer en los políticos humanos, en los que se "equivocan", en los que tiemblan cuando un instinto feroz se desboca y la razón no lo atrapa al momento. Sin embargo abrigo mis dudas sobre esa familia que arruina otras familias, que no se descompone cuando el marido firma sentencias de muerte de retrasados mentales, de gente arrepentida, de avanzada edad, o de simples seres humanos

No termino de creer en la familia ajena a la gran familia planetaria, amurallada en su isla de confort, no creo en la familia de sonrisa "profidén" y artificiosa felicidad, creo más en aquella de puertas abiertas, cuya suerte está ligada a la del resto de los humanos. Creo también en los hombres que tropiezan, reconocen sus errores y siguen adelante.

Por lo demás los republicanos olvidan el abismo que puede haber entre pureza y puritanismo, entre la verdad y la imagen milimetrada. Están las becarias de carne y hueso y las otras que puede fabricar en su mente el más "ejemplar" padre de familia. Estas últimas, son de textura más etérea, pero con formas cuasi solidificadas a golpe de una y mil fantasías.

 

El desperta de una nación

La historia va más deprisa de lo que los políticos corruptos quisieran. México nos ha demostrado que por muy perfecta que sea una dictadura, los oscuros mecanismos de clientelismo y depravación ética terminan por aflorar. Por mucho "colorete" que el PRI se echará encima, no pudo evitar que se manifestara la cara decrépita del partido que más ha durado en el poder en el mundo. ¿Quién puede impedir que los chinos viajen por Internet y comprueben siquiera en el dominio virtual lo que es el ejercicio de la libertad?, ¿quién que los iraníes coloquen antenas parabólicas en sus tejados y constaten que hay otra forma de estar en el mundo, sin la constante amenaza de las leyes islámicas?, ¿quién que México comience por fin a respirar en plena democracia? Los dictadores y oligarcas de uno y otro signo juegan con desventaja. La ciencia y sus avances tecnológicos sirven libertades a domicilio antes de que ellos se decidan a promulgarlas.

Sería miope escribir lo acontecido en México en clave exclusivamente política. Toda una conciencia colectiva ha madurado. El pueblo, sobre todo las nuevas generaciones, rompen ya los lazos alineantes, cuando no esclavizantes con un partido, que le ha impedido su desarrollo pleno, justo y libre. Toca ya la hora del repliegue para los oligarcas que se sirvieron durante décadas de la ignorancia y la sumisión de buena parte de la población.

Dicen que preguntaba el presidente priista a un subalterno: "¿Qué hora es?" Y éste le respondía: "La que Vd. quiera Sr. Presidente". Tal era el grado de vasallaje que se rendía al plenipotenciario máximo mandatario. Esos tiempos ya se han acabado. Ya no es cualquier hora, ni siquiera la hora de la entronización de un presidente diferente. Es la hora anhelada del despertar de una nación. Es la hora del resurgir de México.

 

Credo universal

El pasado jueves 31 de Agosto quedó clausurada la Cumbre de la Paz del Milenio que se ha desarrollado durante cuatro días bajo los auspicios de la ONU. El encuentro mundial ha congregado en la sede neoyorquina de la organización de las Naciones Unidas a más de 1.000 líderes y representantes de 15 grandes corrientes religiosas del mundo. Pese a la ausencia del Dalai Lama en la más importante cumbre religiosa celebrada hasta el presente, la iniciativa ha supuesto un gran paso en el diálogo interreligioso. La conferencia ha elaborado además una serie de propuestas e ideas para la paz fueron presentadas a los más de 140 Jefes de Estado y de Gobierno que se congregarán también en la sede de la ONU a comienzos de Septiembre.

Los humanos venimos reuniéndonos a nivel planetario en la última década en torno a los más diversos aspectos. La idea de pertenencia a una misma familia humana cobra cada vez más vida.

Cuando la economía se burla de todos los proteccionismos, cuando las culturas se fecundan unas a otras en un mestizaje interminable, cuando las fronteras políticas comienzan a ser cuestionadas por doquier, quizá sea de ley empezar a pensar en el fin de las credos estancos. Está bien fomentar el diálogo entre las religiones, pero habría que empezar ya a pensar en el día que ya ni siquiera sean necesarias, llamadas a fundirse en una sola, en la religión del amor. Las religiones son a la espiritualidad lo que las ideologías a la política, habrá que considerar la posibilidad de que pronto podamos prescindir de las primeras, pues traen consigo inevitablemente la fracción humana.

Quizá un día el bronce de todos los altares, dioses, santos, se fundan en un credo universal de filiación divina y fraternidad humana. Ya no habrá anatemas, ni será preciso el apostolado. Todos seremos fieles a la Divinidad sin nombre que nos habita e infieles al desatino de creernos en la posesión de la única y absoluta verdad.

La macrocumbre de Nueva York, el diálogo interreligioso, las ceremonias ecuménicas, son un indudable paso hacia una humanidad interna y externamente unida, pero será preciso arriar nuestras propias doctrinas para poder ir más lejos. La unidad de espiritual se enriquece con la diversidad de expresión en sus formas, más se resquebraja con los dogmas de fondo. Será preciso abdicar de nuestros propios "fundamentalismos" para que triunfe la religión en la que por fin nos encontremos todos los seres humanos con visión trascendente de la vida. Sólo entonces el más elevado ideal de fraternidad humana podrá anclar en la tierra. La religión universal del Espíritu es la expresión de la unión íntima de los humanos autofacultados, sin distinción alguna, como hijos de Dios. La "globalización espiritual", lejos de ser un proceso homogeneizador más, implica un gozoso enriquecimiento, una necesaria fecundación a partir de las más diversas formas de fervor y devoción.

¿Por qué sostener las religiones en un mundo globalizado? Habrá que empezar a pensar que cumplieron su cometido, que actuaron como imprescindible freno ético en medio de la jungla humana, que ofrecieron formas y fórmulas de intermediación para llegarse al Absoluto, que proveyeron de ceremonias y rituales para poder comulgar comunitariamente en la fe Pero habrá que considerar que un día habrán de desaparecer también para que pueda emerger una espiritualidad abierta, universal y junto a ella el más elevado sueño de auténtica fraternidad humana. Habrá que observar que estamos adquiriendo una mayoría de edad en la que ya podemos lanzar "línea directa" con el más allá, que ya no son precisos ni sacerdotes, ni imanes, ni gurús, ni rabinos, por muy bienintencionados que se nos presenten. Habrá que empezar a reparar en que ya no precisamos de intermediarios para marcarnos un "chat" con el Cielo, para salir al paso del Innombrable, para intimar, a nuestra forma y capricho, con el Dador de toda vida.

han costado.

 


 

 

 


 

 

 

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