Mayo - junio 2012
SACERDOTES SECULARIZADOS |
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INFORMA ASCE
(ASCE : ASOCIACION DE SACERDOTES CASADOS DE ESPAÑA)
ASCE (ASOCIACIÓN DE SACERDOTES CASADOS DE ESPAÑA.
Se fundó en 1977. ) Nº 172
Editorial
"En mayo hermoso, a María ofrece el campo primores. Y en sus primicias las flores proclaman todo sus amor". Esta canción me resuena todos los años cuando llega el mes de mayo. La escuchaba entonar en el pueblecito navarro de Galbarra en el ejercicio del mes de las flores. Lo hacían con devoción, cariño y buena entonación. Han pasado ya más de cincuenta años.
Para nosotros los sacerdotes casados o solteros la devoción a la Virgen María es algo esencial. Y lo mismo digo para las religiosas y religiosos que un día vivieron en la comunidad de un monasterio o convento. Mayo es nuestro mes predilecto. Es el mes de María. La mayor parte de nosotros no tenemos madre en la tierra, pero la tenemos siempre en el Cielo. Bendícenos, María. Ayúdanos a perseverar en la fe y en el amor; ayúdanos a vivir nuestro sacerdocio y vida cristiana a tope.
Amarres al celibato
"Los secularizados se enfrentan a vetos y sanciones materiales"
José María Rivas,
"Dejar el sacerdocio se sigue entendiendo como una traición a Jesús"
(José María Rivas)- La tercera cadena de amarre abusivo al celibato está en la grave incertidumbre económica que espera por lo común al que desiste de él.
Los ingresos del sacerdote, en efecto, muy rara vez son tantos que le permitan adquirir un gran cirio pascual, que "alumbre" mucho tiempo cuando ellos falten. A lo sumo una vela común para poco más que "apagones" ocasionales. Desde luego, nunca tras los primeros años de actividad ministerial.
Peor aun, cuando el sacerdote es religioso, pues carece hasta de capacidad para ahorrar, a causa de su voto de pobreza y de la concordante disposición del Código de Derecho Canónico. Su canon 668,3 atribuye al Instituto todo lo que lo que el religioso pueda adquirir o ganar. Es más: el 702,1 niega a quien quedare desligado del suyo el derecho a reclamar nada del mismo por las prestaciones realizadas en él.
Cierto que el 702,2 recuerda el deber de los Institutos a observar la equidad y la caridad con los que se separen de ellos, y parece obvio que las diócesis tengan, aunque el C.I.C. no lo advierta, deber análogo respecto de quienes las han servido. Pero parece ensoñación quimérica más que urgencia eficaz. A mí no me consta de nadie, y no son pocos los que conozco, tanto seculares como regulares, que haya recibido ayuda sustantiva al desistir del celibato.
Lo que a mí me consta abrumadoramente es lo contrario y la aceptación resignada de esa falta de auxilio. Muchos incluso la asumen como penalidad añadida, si es que no como penitencia por lo que, en virtud de todo lo que se les ha dicho durante años, erróneamente siguen teniendo al fondo de sus conciencias como deslealtad y traición a la Iglesia y a Jesús.
En la angostura, por tener el secularizado limitadas sus posibilidades reales de encontrarlo. Primero por su falta de adecuada y suficiente preparación para actividades seculares, con frecuencia agravada a causa de su edad un tanto corrida. Luego por la "celosa" prohibición jerárquica, ya recordada, no ya de seguir en la tarea estrictamente sacerdotal, sino de realizar alguna otra en organismos y oficinas eclesiásticas, o de algún modo dependientes del episcopado. Aunque hubieran venido siendo o pudieran empezar a ser su medio de vida, a veces único. De modo especial la docencia en centros de la Iglesia, aunque no sea de la religión, y la de ésta en cualquier otro centro. Así se le advierte al secularizado en el rescripto de secularización.
Aunque todo desistimiento del celibato fuera siempre una felonía, y se tuviera en consecuencia más que merecida a juicio de los hombres la incertidumbre económica y las frecuentes indigencias que le siguen, no admite duda el valor de amarre al celibato que tiene ese futuro de precariedad económica y laboral, forzosa para la mayoría al menos al principio.
Es un amarre tan fuerte y coercitivo que no rara vez impide él solo el remedio posible, único las más de las veces, de una situación del todo inconsecuente con la fe Hablo basado en la pregunta de sacerdotes con problemas de celibato, que me ha llegado a través de terceros, y con la que a mí mismo se me ha respondido en ocasiones a modo de justificación: "¿Y de qué vivo yo a mis años?".
En cualquier caso, haya o no otro remedio, resulta obvio que vetar al secularizado incluso las actividades eclesiales abiertas a los laicos, integra muy sustantivamente este amarre al celibato. Lo juzgo particularmente abusivo.
Ni se nos dio desde el principio, ni urge en toda su integridad en la Iglesia universal, al haber el concilio Quinisexto (691) excluido del mismo a los diáconos y presbíteros de las iglesias orientales, como sigue rigiendo hasta la fecha incluso para los de las católicas. Ambas cosas las reconoció expresamente el decreto Presbyterorum Ordinis (16,1).
Dicho precepto es además incompatible con esa inmutabilidad de la palabra de Dios, en cuanto alterable y sujeto al albur de variaciones y amputaciones substanciales según inspiren las conveniencias pastorales del momento. Como la parcial del diaconado, y la reciente de los presbíteros anglicanos que quieran volver a la disciplina romana.
¿Dónde han quedado en esas alteraciones sustantivas las "poderosas" razones que motivan la conexión del orden sacerdotal al celibato? ¿Dónde quedan en la frecuente tolerancia, máxime en países con escasez de clero, de sacerdotes amancebados a juzgar por los cánones? ¿Es que en el ministerio de esos sacerdotes no hay motivo objetivo de escándalo, y no sólo amañado a base de adoctrinamiento directo e indirecto, como es el que se supone justificación del veto de la actividad eclesial del secularizado?
La conclusión a la que dolorosamente inducen la temporalidad, la amputabilidad y la tolerancia señaladas, es que el escándalo tenido en cuenta para ese veto es por encima de todo, no el que induce a conductas ajenas al mensaje de Jesús, sino a la erosión y ruina de la autoridad eclesiástica.
Pese a ser la misma Roma quien termina autorizando el matrimonio del que desiste del celibato, lo hace tras siglos de resistencia, como forzada por las circunstancias y contrariada por tener que transigir con lo que en el fondo considera reblandecimiento de su férrea disciplina. En consecuencia, los que desisten no pueden escapar sin sanción material, que además sirva de aviso para el resto. Para los otros, que simplemente incurren en lo que se califica de "debilidades humanas", basta con la sanción intimista de tener que someter sus pecados al poder de las llaves...
En la práctica ella viene desde hace tiempo haciéndose la zonza ante esos sacerdotes concubinarios y a veces más que eso, con tal de que salven un mínimo muy mínimo de apariencias y no terminen salpicándola. Pero como uno de ellos se atreva a contradecirla atentando matrimonio de formalidad jurídica, será arrojado sin más "a las tinieblas exteriores"...
Así le sucedió a un sacerdote que
conocí en Hispanoamérica. Desbordando ingenuidad y aprovechando
la falta de inscripción de su ordenación en la partida de
bautismo, se presentó en parroquia de diócesis en la que no era
conocido, para "casarse por la Iglesia" con la mujer
con la que convivía en la suya. Enterado por azar su Ordinario,
éste le envió de inmediato al Vicario para exigirle la salida
de la parroquia. El caso sólo sirve para confirmar
anecdóticamente lo sabido a priori por todos.
Extorsionar al celibato, o a cualquier otra conducta, mediante
cualquier clase de coacción sólo sirve, como demuestra la vida,
para salvar las apariencias, a veces sólo muy rudimentariamente.
Pero que entre esas coacciones se cuenten las temporales, como lo
es la del "hambre", a mí me recuerda la respuesta de
Jesús a la pregunta de los apóstoles sobre el alcance de la
parábola con la que les urgía la necesidad de permanecer en
vela en espera de la venida del Hijo del hombre (Lc 12,41-48).
Sé que llegará el día en que se hable de este abuso eclesiástico de poder como nosotros lo hacemos ahora de la Inquisición y demás atropellos pretéritos. Pero tardará en llegar. Por lo difícil que resulta advertir la equivocación propia, cuando sinceramente se cree que ella es urgencia del servicio a Dios. Así se pudo quitar la vida al prójimo sin inmutarse (Jn 16,2), y así se puede seguir, si ya no lanzando "desde el cielo rayos aniquiladores" contra los samaritanos (Lc 9,54-56) que se niegan a recibir decisiones de la "autoridad"; sí al menos descargando sobre ellos un "pedrisco" que les arruine las cosechas...
Un pedrisco injustificable por opuesto al espíritu de Jesús, que no vino como he apuntado a imponer nada ni a condenar, sino a salvar (Jn 12,47), y por desbordar la misión de Él recibida de enseñar a guardar lo que Él mismo había enseñado (Mt 28,19-20).
Por lo demás, si nuestra fe en Jesús nos lleva a afirmar que ni Él habló por iniciativa propia, sino ateniéndose a lo que el Padre le había ordenado que dijera y propusiera (Jn 12,49-50), ¿cómo se puede aceptar que sus enviados sin embargo tengan capacidad para atribuir a Dios y urgir en su nombre sus propias invenciones religiosas? ¿O no es una más el "hallazgo" a finales del s. IV por el papa Siricio de la ley del celibato sacerdotal y deberíamos tener por "despiste" de Jesús no haberlo dicho y su elección de un casado para ser el primer papa (Mt 8,14)?
De religión digital 13 de febrero de 2012 a las 17:13
Un cura de Nueva York, condenado a una vida de oración y penitencia
Por la violación de una decena de niños en Harlem
El delito penal había prescrito en Estados Unidos
Redacción, 03 de febrero de 2012 a las 10:28
Sus acciones son monitoreadas cuidadosamente y se le ha asignado como sacerdote a una vida de oración y penitencia
Un sacerdote católico de Nueva York fue condenado "a una vida de oración y penitencia" por el Vaticano, por la violación de 10 niños en la barrio de Harlem durante la década de los 80.
Se trata del monseñor Wallace Harris, quien recibió el menor de los posibles castigos de Roma y logró evadir el sistema penal estadounidense, debido a la prescripción de los delitos.
Hasta el momento de conocerse las denuncias en su contra, Harris era uno de los curas más conocidos de Harlem y fue uno de los principales organizadores de la multitudinaria misa que ofició el papa Benedicto XVI en el estadio de los Yankees en 2008.
Unos meses después de la visita del Papa a la Gran Manzana, el sacerdote fue apartado de su ministerio después de que dos hombres lo acusaran de haber abusado de ellos en una escuela católica de Harlem en los años ochenta, mientras se encontraban reunidos en el Seminario Preparatorio Catedral.
Explicó que "está viviendo en un centro de la iglesia de gestión, bajo la supervisión de cerca, muy cerca" y "no se le permite actuar como un sacerdote. No se le permite presentarse a sí mismo como un sacerdote".
"Sus acciones son monitoreadas cuidadosamente y se le ha asignado como sacerdote a una vida de oración y penitencia", añadió.
Por su parte, el sacerdote Robert Hoatson expuso que "monseñor Wallace Harris debería ser apartado del sacerdocio por el Vaticano y el arzobispo (Timothy) Dolan debería pedir al santo padre que lo hiciera".
Harris era un maestro en la escuela West Side de alta en la década de 1980. Se convirtió en pastor de la Iglesia de St. W. 141a en 1989, y más tarde dio la invocación en la inauguración el gobernador David Paterson. (Rd/Efe)
Nuestro comentario muy breve. Por lo visto es más grave contraer matrimonio un sacerdote que la pederastia múltiple. Nosotros ni siquiera somos considerados como sacerdotes en la vida práctica. ¿Es que sacerdocio imprime carácter solo mientras se permanece en el clero?
El obispo que tenía dos hijos
Auxiliar de Los Ángeles, Gabino Zavala era un prelado querido y respetado por todos. Comprometido con las causas sociales, su fama se extendió por toda California y por todo Estados Unidos. Y llegó a conseguir varios premios por su lucha encarnizada en pro de la supresión de la pena de muerte. Nada hacía presagiar que llevase una doble vida y que el Vaticano le iba a obligar a dimitir ipso facto, una vez que le reconoció al papa que tenía dos hijos ya adolescentes.
Pero así fue. Y a sus 60 años, tuvo que irse a su casa. Y es que, al final, la vida con su engranaje implacable siempre termina imponiéndose. La vida y el amor vencen de nuevo a la ley. Aunque muchos entre las filas clericales más conservadoras lo vean como una derrota.
Casos como el suyo demuestra fehacientemente la necesidad de aprobar ya el celibato opcional.
Casos como el suyo demuestran el desaprovechamiento de recursos humanos por parte de una institución que, a veces, pone sus leyes (puramente humanas y coyunturales) por encima del anuncio del Reino de Dios. Si Don Gabino fue un buen cura y un excelente obispo durante casi 40 años, ¿por qué tiene que dejar de serlo ahora?
Casos como el suyo demuestran que, en la institución eclesial, se permite casi todo con tal de que no se sepa, de que permanezca en lo oculto. Es la eterna cantinela de la hipocresía, que conduce a muchos clérigos a una doble vida. Una doble vida en la que los más perjudicados son siempre sus hijos (no reconocidos) y sus mujeres (siempre ocultadas).
Don Gabino seguirá siendo obispo in aeternum. Sólo que no podrá ejercer su ministerio. Otra sutileza eclesiástica: ser sin poder ejercer. Como si se pudiese prohibir a alguien ser padre espiritual o bendecir en nombre de Dios...
Pero Roma decide y los fieles, que seguro apostarían para que Don Gabino siguiese ejerciendo, callan. O no se les pregunta. Pero llegará un día en que también en la Iglesia surgirán espontáneamente los Indignados. Para reivindicar el derecho del pueblo de Dios a ser oído en su propia casa. Para exigir que la eucaristía prime sobre la forma del ministerio célibe o casado. ¡Y no tardará!
José Manuel Vidal
JML. Mi correo electrónico: mistica@jet.es
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