Retiro Espiritual Noviembre 2014

Materia del retiro: Espiritualidad de la lucha contra el Demonio

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Libro: Retiros Espirituales

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El retiro mensual tiene gran importancia. Hoy se llama día de "desierto". Se puede celebrar en ocasiones con algunos amigos en la fe; en otras, en total soledad. Hoy te brindo un día de oración y reflexión personal; antes lo hice yo en total soledad. Es importante, sí, ver, considerar, discernir, dilucidar, formar criterios de fe. Pero quedaría manca la labor sin orar sobre ello: pedir, suplicar a Dios su ayuda, por medio de su Hijo Jesús y de María la Madre de Dios. No cansarnos de "mendigar" la ayuda del Señor: "Mirad que soy muy pobre, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar..."

Antes de comenzar el retiro, desconectar de los asuntos normales anteriores. Ponerse en presencia de Dios. Ser consciente de que vamos a tratar unos temas con Dios para nuestra vida interior. No entrar en rutina. No se trata de mero estudio. Se trata de hablar con Dios de unos temas que nos interesan. Después, formular un propósito muy concreto relacionado con el examen particular, con los propósitos generales de los últimos Ejercicios, con la úlitma confesión o de comienzos de año.

Espiritualidad de la lucha contra el Demonio

1.- El Demonio es peor enemigo que mundo y carne. Esto es algo que el cristiano debe saber. «Sus tentaciones y astucias -dice San Juan de la Cruz- son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, y también se fortalecen [sus hostilidades] con estos otros dos enemigos, mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra» (Cántico 3,9).

Un tratado de espiritualidad que, al describir la vida cristiana y su combate, ignore la lucha contra el Demonio, difícilmente puede considerarse un tratado de espiritualidad católica, pues se aleja excesivamente de la Biblia y de la tradición. Por lo demás, sería como un manual militar de guerra que omitiera hablar -o sólamente lo hiciera en una nota a pie de página- de la aviación enemiga, que es sin duda hoy el arma más peligrosa de una guerra.

2.- La armadura de Dios es necesaria para vencer al Enemigo. En el cristianismo actual muchos ignoran u olvidan que la vida cristiana personal y comunitaria implica una fuerte lucha contra el Diablo y sus ángeles malos. A esto «hoy se le presta poca atención -observa Pablo VI-. Se teme volver a caer en viejas teorías maniqueas o en terribles divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy prefieren algunos mostrarse valientes y libres de prejuicios, y tomar actitudes positivas» (15-XI-1972). Pero la decisión de eliminar ideológicamente un enemigo que sigue siendo obstinadamente real sólo consigue hacerlo más peligroso. Quienes así proceden olvidan que, como decía León Bloy, «el mal de este mundo es de origen angélico, y no puede expresarse en lengua humana» (La sangre del pobre, Madrid, ZYX 1967,87). Por esa vía se trivializa el mal del hombre y del mundo, y se trivializan los medios para vencerlos.

Es necesaria la armadura de Dios que describe San Pablo: «Confortáos en el Señor y en la fuerza de su poder; vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis resistir ante las asechanzas del diablo» (Ef 6,10-18)...

3.- La espada de la Palabra y la perseverancia en la oración: son las mismas armas con las que Cristo venció al Demonio en el desierto. La Palabra divina es como espada que corta sin vacilaciones los nudos de los lazos engañosos del Maligno. «Orad para que no cedáis en la tentación» (Lc 22,40). Ciertos especie de demonios «no puede ser expulsada por ningún medio si no es por la oración» (Mc 9,29).

4.- La coraza de la justicia: venciendo el pecado se vence al Demonio. «No pequéis, no deis entrada al diablo» (Ef 4,26-27). «Sometéos a Dios y resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Sant 4,7). «¿Qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio? -se preguntaba Pablo VI-. Podemos decir: Todo lo que nos defiende del pecado nos defiende por ello mismo del enemigo invisible» (15-XI-1972).

5.- El escudo de la fe: dejando a un lado visiones y locuciones, aprendiendo a caminar en pura fe, pues el Demonio no tiene por dónde asir al cristiano si éste sabe vivir en «desnudez espiritual y pobreza de espíritu y vacío en fe» (2 Subida 24,9).

6.- La fidelidad a la doctrina y disciplina de la Iglesia es necesaria para librarse del Demonio. Decía Santa Teresa: «Tengo por muy cierto que el demonio no engañará -no lo permitirá Dios- al alma que de ninguna cosa se fía de sí y está fortalecida en la fe»; a esta alma «como tiene ya hecho asiento fuerte en estas verdades, no la moverían cuantas revelaciones pueda imaginar -aunque viese abiertos los cielos- un punto de lo que tiene la Iglesia» (Vida 25,12). El que da crédito a «quien enseña cosas diferentes y no se atiene a las palabras saludables, las de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad» (1 Tim 6,3), no sólo cae en el error -lo cual es grave-, sino que cae bajo el influjo del padre de la mentira -lo cual es más grave aún-.

7.- Los sacramentales de la Iglesia, la cruz, el agua bendita, son ayudas preciosas. Como un niño que corre a refugiarse en su madre, así el cristiano asediado por el Diablo tiende, bajo la acción del Espíritu Santo, a buscar el auxilio de la Madre Iglesia. Y los sacramentales son auxilios «de carácter espiritual obtenidos por la intercesión de la Iglesia» (SC 60). Santa Teresa conoció bien la fuerza del agua bendita ante los demonios: «No hay cosa con que huyan más para no volver; de la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolación que siente mi alma cuando la tomo». Y añade algo muy de ella: «Considero yo qué gran cosa es todo lo que está ordenado por la Iglesia» (Vida 31,4; +31,1-11).

8.- No debemos temer al Demonio, pues el Señor nos mandó: «No se turbe vuestro corazón ni tengáis miedo» (Jn 14,27). Cristo venció al Demonio y lo sujetó. Ahora es como una fiera encadenada, que no puede dañar al cristiano si éste no se le entrega. El poder tentador de los demonios está completamente sujeto a la providencia del Señor, que los emplea para nuestro bien como castigos medicinales (1 Cor 5,5; 1 Tim 1,20) o como pruebas purificadoras (2 Cor 12,7-10).

9.- Los cristianos somos en Cristo reyes, y participamos del Señorío de Jesucristo sobre toda criatura, también sobre los demonios. En este sentido escribía Santa Teresa: «Si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es y que son sus esclavos los demonios -y de esto no hay que dudar, pues es de fe-, siendo yo sierva de este Señor y Rey ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí?, ¿por qué no he de tener yo fortaleza para combatir contra todo el infierno? Tomaba una cruz en la mano y parecía darme Dios ánimo, que yo me veía otra en un breve tiempo, que no temiera meterme con ellos a brazos, que me parecía que con aquella cruz fácilmente los venciera a todos. Y así dije: «Venid ahora todos, que siendo sierva del Señor quiero yo ver qué me podéis hacer»». Y en esta actitud desafiante, concluye: «No hay duda de que me parecía que me tenían miedo, porque yo quedé sosegada y tan sin temor de todos ellos que se me quitaron todos los miedos que solía tener hasta hoy; porque, aunque algunas veces les veía, no les he tenido más casi miedo, antes me parecía que ellos me lo tenían a mí. Me quedó un señorío contra ellos, bien dado por el Señor de todos, que no se me da más de ellos que de moscas. Me parecen tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza» (Vida 25,20-21).

10.- Señales del Demonio

«¿Existen señales, y cuáles, de la presencia de la acción diabólica? -se pregunta Pablo VI-. Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios se hace radical, sutil y absurda; donde la mentira se afirma, hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1 Cor 16,22; 12,3); donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde se afirma la desesperación como última palabra» (15-XI-1972)...

Si esto es así, es indudable que nuestro tiempo se dan claramente las señales de la acción del Diablo. Estas señales también en otras épocas se han dado, pero no quizá como en el presente. Los últimos Papas, al menos, no han dudado en atribuir el «lado oscuro» de nuestro siglo al influjo diabólico.

«Ya habita en este mundo el «hijo de la perdición» de quien habla el Apóstol (2 Tes 2,3)» (San Pío X, enc. Supremi apostolatus cathedra: AAS 36, 1903,131-132). «Por primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente calculadora y arteramente preparada por el hombre «contra todo lo que es divino» (2 Tes 2,4)» (Pío XI, enc. Divini Redemptoris 19-III-1937, 22). «Este espíritu del mal pretende separar al hombre de Cristo, el verdadero, el único Salvador, para arrojarlo a la corriente del ateísmo y del materialismo» (Pío XII, Nous vous adressons 3-VI-1950). «Se diría que, a través de alguna grieta, ha entrado el humo de Satanás en el Templo de Dios... ¿Cómo ha ocurrido todo esto? Ha habido un poder, un poder perverso: el demonio» (Pablo VI 29-VI-1972).

Ideas tomadas del libro "Síntesis de de espiritualidad católica" de Rivera e Iraburu.

 

Examen práctico.

1.- ¿Hasta dónde llega mi fe en el demonio?

2.- ¿Sostengo en mi vida espiritual la necesidad de luchar contra sus tentanciones?

3.- ¿Cómo lucho? ¿Lo tengo en cuenta en mi vida interior?

4.- ¿Cada cuánto tiempo me confieso?

5.- ¿Me paso en mi consideración sobre el demonio viéndolo por todas las partes?

6.- ¿Cómo guardo el equilibrio entre las dos tendencias hoy sobre el demonio?

7.- Afianzarme en esta fe católica – bíblica.

8.- Hacer plan para la lucha – no obsesiva – contra las insidias del demonio.

 

Nota: Viene bien con ocasión del retiro mensual dedicar un buen rato al examen práctrico. Es decír, algunos puntos muy concretos sobre vida interior. Ofrezco aquí tres cuestionarios que pueden ayudar.

 
 
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Algo práctico y positivo para el retiro, aplicable a todos los retiros y a las meditaciones diarias:

La afirmación es una técnica simple pero enérgica. Puede sanar y transformar nuestra voluntad y nuestras convicciones hasta arraigarlas profundamente. Aprovechando esta realidad psicológica, podemos cambiar nuestros pensamientos vanos en criterios firmes y santos. La palabra escrita y hablada es el vehículo que nos ayuda en este menester. Tiene mucha relación esto con lo sabido de la autosugestión.

En la práctica:

1.- Fijarme en un aspecto de mi vida que quiero cambiar o sanar. Decidirlo ya.

2.- Formular una frase sencilla que lo integre. Escribirla. Repetirla varias veces.

3.- Formular de esta manera el propósito de la meditación y repetirlo cada día.

4.- Formular de esta manera el propósito del retiro y repetirlo cada día.

5.- Formular de esta manera el propósito de la confesión y repetirlo cada noche.

6.- Para no agobiarme procurar unificar todo esto sin multiplicar más de lo necesario.

Nota 1. Para que esto funcione hay que procurar la frecuente repetición. Que la afirmación sea concreta. Que tenga emoción. Que esté convencido yo de que me va a ayudar a mejorar.

Nota 2. Tomar conciencia del subconsciente. Por ejemplo: Si yo digo esta afirmación: "Voy a ser desde hoy bondadoso en mis conversaciones sobre los demás". Mi subconsciente, me reprocha y me dice: "mentira, no vas a ser". Yo no me doy cuenta del subconsciente, pero ahora lo advierto.

Pero tengo que tomar conciencia del subconsciente. Para ello: en una hoja de papel poner dos columnas. A la izquierda, mi afirmación. A la derecha, lo que me sugiere; todas esas cosas negativas que llevo en el subconsciente. Repetir la frase positiva, poner a la derecha cada una de las creencias contrarias. Acto seguido ir sustituyendo cada una de las creencias negativas a la frase, por otras positivas contrarias. Leer de vez en cuando.

Por fin, una vez que han pasado a la conciencia todas las pegas, en una tercera columna voy sustituyendo las "creencias negativas" por pensamientos y sentimientos positivos que emanan del Yo Superior. Por ejemplo, el "mentira, no vas a ser" lo sustituyo por este otro: "Desde ahora mismo empiezo a ser bondadoso. Ya he comenzado

 

 

ADVERTENCIA FINAL

PARA NOSOTROS ES MUY IMPORTANTE EL RETIRO

Necesitamos dedicar un día al mes al retiro espiritual: medio día en soledad al menos relativa. Día de revisión, de meditación de encontrarnos más próximos a Dios. No es necesario hacerlo varios juntos; bueno sería, pero no siempre es posible. Cuando se hace solo es más "desierto".

Estar sobre todo ese día como la esponja en el mar, sumergidos en Dios. Que las aguas de su amor nos vayan penetrando por esos poros tantas veces ajenos al Señor. Permanecer envueltos en el silencio exterior y sobre todo interior. Dentro de su paz.

Pero no creas que el enemigo de tu paz te va a dejar en perfecto sosiego. Quizás te suscite inquietudes acerca del pasado o del futuro; quizás cunda en tu alma el desaliento o la tristeza. Por eso no vayas a pasártelo bien en esa especie de unción romántica. No vayas a gozar; vete a buscar a Dios. Y tampoco vayas con temor a fantasmas. Pero ayúdale a Dios a que te ayude. Desecha los pensamientos deprimentes, pero sin ponerte a dialogar con ellos. Dile al Señor: ¡Señor, yo te amo; en Ti confío y creo en tu amor!

Mucha gente practica el retiro mensual. Incluso gente trabajadora lo hace con el plan Zen o yoga cristiano. Los conozco, aunque no he estado todavía con ellos.

Terminar el retiro dando gracias a dios por todo; pedirle perdon de las lagunas; hacer proposito firme. Y no olvidar de dedicar buen rato a la oracion de peticion. El próximo retiro aparecerá d.m. el próximo mes.

José María Lorenzo Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es