Retiro Espiritual Julio 2013

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Libro: Retiros Espirituales

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El retiro mensual tiene gran importancia. Hoy se llama día de "desierto". Se puede celebrar en ocasiones con algunos amigos en la fe; en otras, en total soledad. Hoy te brindo un día de oración y reflexión personal; antes lo hice yo en total soledad. Es importante, sí, ver, considerar, discernir, dilucidar, formar criterios de fe. Pero quedaría manca la labor sin orar sobre ello: pedir, suplicar a Dios su ayuda, por medio de su Hijo Jesús y de María la Madre de Dios. No cansarnos de "mendigar" la ayuda del Señor: "Mirad que soy muy pobre, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar..."

Antes de comenzar el retiro, desconectar de los asuntos normales anteriores. Ponerse en presencia de Dios. Ser consciente de que vamos a tratar unos temas con Dios para nuestra vida interior. No entrar en rutina. No se trata de mero estudio. Se trata de hablar con Dios de unos temas que nos interesan. Después, formular un propósito muy concreto relacionado con el examen particular, con los propósitos generales de los últimos Ejercicios, con la úlitma confesión o de comienzos de año.

 

 

Tema: El amor de Dios en la Eucaristía.

Importante. Este retiro está dividido en frases breves. Cada una de ellas puede servir de punto de oración. Aprovecharla mientras se encuentre sustancia. Anotar con un signo las que me parezcan para, al final hacer el examen práctico.

"Comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, quiere decir hacer cada vez más íntima y profunda la propia pertenencia a Él.

Verdaderamente, quien se alimenta de Cristo vive por Él.

El sentido profundo de la ‘comunión de los santos’ se entiende en relación con el Misterio eucarístico.

La comunión tiene siempre y de modo inseparable una connotación vertical y una horizontal: comunión con Dios y comunión con los hermanos".

El amor de Dios nos llega de una forma especial en la fuente y cumbre de la vida cristiana que es el sacramento de la Eucaristía.

La Misa puede definirse como el amor desbordante de Dios. Dios nos entrega a su Hijo para que habite en nosotros al comulgar su Cuerpo.

La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, al contener a Cristo mismo.

Todos los que comen de este único pan, entran en comunión con Cristo y forman un solo cuerpo con Él.

Por eso la Eucaristía es capaz de saciar nuestra sed de amor, la necesidad de amor que tiene el ser humano.

La Santa Misa, al darnos la vida de Cristo, nos da todo el amor que necesitamos.

Se puede vivir de la Eucaristía, vivir la vida cristiana desde la Eucaristía.

En la Eucaristía se nos transmite la vida de Dios, la vida de la Trinidad y, por tanto, el Amor.

La Eucaristía se nos da la vida del Hijo amado por el Padre.

Se nos da por tanto, el amor del Padre y del Hijo.

Se nos da la vida de Cristo, la vida del Resucitado.

Se nos da la verdadera vida, la vida de Dios, la vida eterna, la vida que no acaba, la vida del Amor. El amor de Dios habita en nosotros gracias a la Eucaristía.

En la Santa Misa se actualiza la obra de amor más grande, la muerte y resurrección del Hijo de Dios por nosotros, para librarnos para siempre de la muerte y el pecado.

La Eucaristía es el memorial de la Pascua, es el memorial de la muerte y resurrección de Cristo.

En la Eucaristía se hace presente la realidad que se celebra, lo que significa que en ella se hace presente el Resucitado.

La Eucaristía es la presencia del Resucitado, quien se entregó por amor a nosotros y fue resucitado por el Amor (Padre) y en el Amor (Espíritu).

Y se nos da en la Santa Misa para vivir la verdadera vida, la vida de Él en nosotros, la vida que no tiene fin.

La Eucaristía es el sacramento de la caridad, del amor, porque es el don que Cristo hace de sí mismo por cada uno de nosotros, por cada ser humano.

Cristo, en la Santa Misa, nos enseña precisamente lo que ya dijimos: que la esencia de Dios es el amor.

El Hijo de Dios, Jesucristo, el Hijo amado del Padre y su Espíritu, el Espíritu del Resucitado, que es el amor de Padre, se hacen presentes en la Santa Misa.

Se hacen presentes en el pan y en el vino, es decir, en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.

El amor de Dios entra directamente dentro de nosotros haciéndonos seres habitados por Dios.

Tiene que haber siempre un antes y un después de recibir a Señor Jesucristo Resucitado en la Eucaristía.

Tenemos que contemplar que nos hemos llenado de Dios, llenado de su amor.

Tomar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, comulgar, supone entrar en comunión con el Resucitado. Comulgar es entrar en la unión íntima con Él, supone participar de su ser y de su vida.

Por eso nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. (…) El que me come vivirá por mí" (Jn 6, 56-57).

Gracias a la Eucaristía es Él el que vive a través de nosotros. Esto es un maravilloso intercambio.

La adoración eucarística es una prolongación del amor máximo de Dios, que está siempre presente en el pan consagrado.

Es Él, y se queda en el sagrario para que podamos estar a su lado y podamos seguir recibiendo su amor.

El Sagrario es prolongación del regalo más grande que existe. Nosotros sólo tenemos que ponernos delante de Él, mirarle, con apertura para recibir su amor.

San Ignacio de Antioquía enuncia: "La eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que por su bondad, resucitó el Padre".

Y San León Magno: "La participación del Cuerpo y de la Sangre del Señor nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en el espíritu y en la carne, a Aquél con el cual hemos muerto, bajado al sepulcro y resucitado"

Y la Eucaristía nos lleva al amor fraterno, por haber recibido el amor de Dios en ella. Nos impulsa a derramar el amor recibido en los demás.

"El adviento eucarístico es, ante todo, una actitud de fe, de fe en el amor de Jesús que te espera.

Es muy importante que creas que Jesús desea llegar a tu corazón, que desea la celebración de la eucaristía, que espera que tú comulgues.

Quiere entregarse a ti plenamente a través del Santísimo Sacramento, principal fuente de todas las gracias.

Una de las principales necesidades psíquicas del hombre es la necesidad de ser amado y aceptado. Pero no busques esto entre los hombres, con frecuencia te sentirás.

La fe te dice que, en realidad, necesitas sólo la aceptación y el amor de Cristo; y él siempre te acepta y te ama. (…)

La Eucaristía es una manifestación de la locura de Cristo, del loco amor (…) que te tiene.

Es necesario que, a través de esa fe, te prepares para la venida de Jesús en la Eucaristía (…) Cuando creas que Jesucristo te ama y te espera, entonces, como resultado de esa fe, deberá aparecer en ti el deseo y el ansía de la Eucaristía".

"Yo soy el pan de vida (…) Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. (…)

En Verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. (…) El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. (…)

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí" (Jn 6, 48.51.53-57).

Soy consciente de que cada día Dios me da la oportunidad para llenarme con su amor en la Eucaristía.

Siento que mi sed de amor se sacia con la Eucaristía.

Vivo de ella. Siento y contemplo que Él me comunica su vida y que vive en mí.

Me doy cuenta de que la Santa Misa es lo más importante de la jornada, de mi jornada personal y la de mi comunidad.

Cuido este momento esencial y me preparo bien la Eucaristía.

Acudo con ganas de recibir al Señor, con ganas de que Él viva en mí, con ganas de recibir su amor. Busco llenarme más en algún momento de mi jornada con este amor estando unos minutos delante del Sagrario.

"En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo.

La vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él.

Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo.

La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo" (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2565).

"La oración saca todo del amor con el que somos amados en Cristo y que nos permite responder amando como Él nos ha amado.

El amor es la fuente de la oración: quien bebe de ella, alcanza la cumbre de la oración:

«Te amo, Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, Dios mío infinitamente amable, y prefiero morir amándote a vivir sin amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte eternamente.

Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro»" (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2658).

Ideas tomadas de un retiro de Iñaki Tejada Hervás.

Nota: Viene bien con ocasión del retiro mensual dedicar un buen rato al examen práctrico. Es decír, algunos puntos muy concretos sobre vida interior. Las mismas frases dan materia de examen.

 
 
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Algo práctico y positivo para el retiro, aplicable a todos los retiros y a las meditaciones diarias:

La afirmación es una técnica simple pero enérgica. Puede sanar y transformar nuestra voluntad y nuestras convicciones hasta arraigarlas profundamente. Aprovechando esta realidad psicológica, podemos cambiar nuestros pensamientos vanos en criterios firmes y santos. La palabra escrita y hablada es el vehículo que nos ayuda en este menester. Tiene mucha relación esto con lo sabido de la autosugestión.

En la práctica:

1.- Fijarme en un aspecto de mi vida que quiero cambiar o sanar. Decidirlo ya.

2.- Formular una frase sencilla que lo integre. Escribirla. Repetirla varias veces.

3.- Formular de esta manera el propósito de la meditación y repetirlo cada día.

4.- Formular de esta manera el propósito del retiro y repetirlo cada día.

5.- Formular de esta manera el propósito de la confesión y repetirlo cada noche.

6.- Para no agobiarme procurar unificar todo esto sin multiplicar más de lo necesario.

Nota 1. Para que esto funcione hay que procurar la frecuente repetición. Que la afirmación sea concreta. Que tenga emoción. Que esté convencido yo de que me va a ayudar a mejorar.

Nota 2. Tomar conciencia del subconsciente. Por ejemplo: Si yo digo esta afirmación: "Voy a ser desde hoy bondadoso en mis conversaciones sobre los demás". Mi subconsciente, me reprocha y me dice: "mentira, no vas a ser". Yo no me doy cuenta del subconsciente, pero ahora lo advierto.

Pero tengo que tomar conciencia del subconsciente. Para ello: en una hoja de papel poner dos columnas. A la izquierda, mi afirmación. A la derecha, lo que me sugiere; todas esas cosas negativas que llevo en el subconsciente. Repetir la frase positiva, poner a la derecha cada una de las creencias contrarias. Acto seguido ir sustituyendo cada una de las creencias negativas a la frase, por otras positivas contrarias. Leer de vez en cuando.

Por fin, una vez que han pasado a la conciencia todas las pegas, en una tercera columna voy sustituyendo las "creencias negativas" por pensamientos y sentimientos positivos que emanan del Yo Superior. Por ejemplo, el "mentira, no vas a ser" lo sustituyo por este otro: "Desde ahora mismo empiezo a ser bondadoso. Ya he comenzado

 

 

ADVERTENCIA FINAL

PARA NOSOTROS ES MUY IMPORTANTE EL RETIRO

Necesitamos dedicar un día al mes al retiro espiritual: medio día en soledad al menos relativa. Día de revisión, de meditación de encontrarnos más próximos a Dios. No es necesario hacerlo varios juntos; bueno sería, pero no siempre es posible. Cuando se hace solo es más "desierto".

Estar sobre todo ese día como la esponja en el mar, sumergidos en Dios. Que las aguas de su amor nos vayan penetrando por esos poros tantas veces ajenos al Señor. Permanecer envueltos en el silencio exterior y sobre todo interior. Dentro de su paz.

Pero no creas que el enemigo de tu paz te va a dejar en perfecto sosiego. Quizás te suscite inquietudes acerca del pasado o del futuro; quizás cunda en tu alma el desaliento o la tristeza. Por eso no vayas a pasártelo bien en esa especie de unción romántica. No vayas a gozar; vete a buscar a Dios. Y tampoco vayas con temor a fantasmas. Pero ayúdale a Dios a que te ayude. Desecha los pensamientos deprimentes, pero sin ponerte a dialogar con ellos. Dile al Señor: ¡Señor, yo te amo; en Ti confío y creo en tu amor!

Mucha gente practica el retiro mensual. Incluso gente trabajadora lo hace con el plan Zen o yoga cristiano. Los conozco, aunque no he estado todavía con ellos.

Terminar el retiro dando gracias a dios por todo; pedirle perdon de las lagunas; hacer proposito firme. Y no olvidar de dedicar buen rato a la oracion de peticion. El próximo retiro aparecerá d.m. el próximo mes.

José María Lorenzo Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es