Retiro Espiritual Septiembre 2014

Tema: Entremos más adentro en la espesura.

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Libro: Retiros Espirituales

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El retiro mensual tiene gran importancia. Hoy se llama día de "desierto". Se puede celebrar en ocasiones con algunos amigos en la fe; en otras, en total soledad. Hoy te brindo un día de oración y reflexión personal; antes lo hice yo en total soledad. Es importante, sí, ver, considerar, discernir, dilucidar, formar criterios de fe. Pero quedaría manca la labor sin orar sobre ello: pedir, suplicar a Dios su ayuda, por medio de su Hijo Jesús y de María la Madre de Dios. No cansarnos de "mendigar" la ayuda del Señor: "Mirad que soy muy pobre, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar..."

Antes de comenzar el retiro, desconectar de los asuntos normales anteriores. Ponerse en presencia de Dios. Ser consciente de que vamos a tratar unos temas con Dios para nuestra vida interior. No entrar en rutina. No se trata de mero estudio. Se trata de hablar con Dios de unos temas que nos interesan. Después, formular un propósito muy concreto relacionado con el examen particular, con los propósitos generales de los últimos Ejercicios, con la úlitma confesión o de comienzos de año.

 

Retiro septiembre 2014

Tema: Entremos más adentro en la espesura.

Importante: Este retiro íntegramente está redactado en frases breves para que pueda servir de oración reiterativa, frase por frase, al estilo de Jesús en la Oración del Huerto. Pensar en cada frase y repetirla en oración. Este tipo de retiro es para practicarlo en desierto, individualmente. Puede ser muy provechoso.

1.- Ven, oh Espíritu Santo, atiéndenos, /Espíritu del Padre, vivifícanos,
Espíritu del Hijo, sálvanos. /Oh Amor eterno, llénanos,
con tu fuego, inflámanos, / con tu luz, ilumínanos.

Fuente viva, sácianos, / de nuestros pecados, lávanos.
Por tu unción, fortalécenos. / Por tu consuelo, confórtanos.
Por tu gracia, guíanos. / Por tus ángeles, protégenos.
No permitas jamás que nos separemos de Ti, / Dios Espíritu Santo, escúchanos.

 Con el dedo de tu gracia, tócanos. / Vierte en nosotros el torrente de la virtud.
Fortalécenos con tus dones, / y con tus frutos, sácianos.

Concédenos al Padre conocer, / a Jesús su Hijo comprender,
y a Ti, Espíritu de ambos por amor, / que te creamos con ardiente y sólida fe. 

Líbranos del maligno enemigo, / en la última batalla úngenos,
a la hora de la muerte, defiéndenos. / Entonces llámanos hacia Ti,
para que con todos los santos / alabemos al Padre, al Hijo y a Ti, / consolador piadoso y eterno.

2.- La encarnación del Hijo de Dios me llama precisamente a vivir el amor de Dios en plenitud; me llama a crecer en la vida de Él en mí.

Me llama a estar más habitado por Él, porque es Él, es Cristo, y su Espíritu, el que me posibilita esta inhabitación de Dios en mí.

Dios se hace uno de nosotros para que nosotros seamos poco a poco Él.

Él nos abre el acceso a la vida divina a través de Cristo; Él nos da su Espíritu, el Espíritu del Resucitado, para vivir la vida de Dios.

Es por Cristo por quien tenemos abierto el camino al amor del Padre, al amor de Dios.

La comunión con Cristo, la unión con Él, es la puerta de entrada segura al amor de Dios.

Gracias a Cristo, crecemos en el amor de Dios, gracias a Él se produce el intercambio maravilloso entre naturaleza humana y naturaleza divina.

Darme cuenta de que se está produciendo en mí este intercambio,/ o tomar conciencia de la necesidad que tengo de Él,/para vivir en plenitud y en crecimiento hacia esta plenitud.

3.- Es del alma su destino tocar el cielo; aunque aquí arrastre polvo, y bese barro y suelo.

del alma su destino, amor sin término; aunque aquí odio, temor y envidia, sean compañeros.

Es del alma su destino, llegue a hacerse como niño pequeño;

aunque aquí, se sienta triste, cansado seco y viejo.

Es del alma su destino besar y abrazar, y sentirse contento;

aunque aquí solo consiga llanto, herida, dolor y lamento. Es del alma su destino ser eterno;

aunque aquí breve, mugado y corto sea su tiempo. Es del alma su destino buscarse en su adentro;

aunque aquí, todo hable, cante, y grite sin tiempo al silencio.

Es del alma su destino hacerse, puro y bueno; aunque aquí, no llegue ni lo alcance, en mil intentos.

Es del alma su destino, abrazar, lo incierto; aunque aquí, camine por marcado y seguro sendero.

Es del alma su destino dejar este cuerpo; aunque aquí, con él miramos y amamos, es nuestro hogar y nuestro lecho.

Es del alma su destino hallar al Eterno; aunque aquí, de mil diosecillos tenemos el corazón sin sitio, lleno.

Es del alma su destino; tocar el cielo, amor sin término, hacerse como niño pequeño,

besar y abrazar, y sentirse contento, ser eterno, buscarse en su adentro, hacerse puro y bueno,

abrazar lo incierto, dejar este cuerpo, hallar al Eterno. Hallar al Eterno, es del alma su destino.

 

4.- «Así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: "Seréis santos, porque yo soy santo"» (1 Pe 1,15-16).

Constitución Lumen Gentium:

"El Señor Jesús, Maestro divino y modelo de toda perfección, predicó a todos y a cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fueran, la santidad de vida.

Él envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente y así amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y con todas sus fuerzas (cf. Mc 12,30),

y se amen unos a otros como Cristo los amó. (…)

Por eso deben, con la gracia de Dios, conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que recibieron (…)

Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor" (LG 40).

5.- Texto de Benedicto XVI:

La comunión con Él es estar en camino, una subida permanente hacia la verdadera altura de nuestra llamada.

Caminar junto a Jesús es siempre al mismo tiempo caminar en el «nosotros» de quienes queremos seguirlo.

Nos encontramos, por decirlo así, en una cordada con Jesucristo, junto a Él en la subida hacia las alturas de Dios.

Él tira de nosotros y nos sostiene. Integrarnos en esa cordada, aceptar que no podemos hacerla solos, forma parte del seguimiento de Cristo (…)

La humildad del "estar con" es esencial para la subida

Dejar siempre que el Señor nos tome de nuevo de la mano en los sacramentos, /dejarnos purificar y corroborar por Él; / aceptar la disciplina de la subida, aunque estemos cansados"

 

Ser consciente de la meta a la que Dios me llama continuamente.

Tenerla en cuenta en mi relación con Él. Buscarla.

6.- SANTIDAD POR PARTICIPACIÓN.

"Santificado sea tu nombre". La palabra "santo" indica lo que es propio, típico de Dios, aquello que le distingue de todo, de toda la realidad finita y creada.

La santidad en Dios incluye todo lo que Él posee en cuanto riqueza y vida, poder y bondad, hasta hacer de Santo un sinónimo de Dios.

Esta santidad de Dios se nos da en Cristo. Es la santidad de la Santísima Trinidad, la santidad participada del Padre por Cristo en el Espíritu Santo.

Es participar en la vida del que es Santo a través de Jesucristo y de su Espíritu.

Es algo dinámico, algo cambiante, algo en crecimiento, que tiende a la perfección, a la plenitud, y abarca todas las dimensiones de la persona.

«El santo santifíquese más» (Ap 22,11). En otras palabras, es una santidad que procede de Dios y que se nos regala.

pero a nosotros nos corresponde cuidarla, desarrollarla, hacerla crecer para que nuestra unión con Dios sea cada día mayor.

Nos corresponde ser colaboradores con la gracia santificante que Dios nos regala a través del Hijo. Pero sin olvidar que el primer protagonista es Él: "El tira de nosotros y nos sostiene", como decía Benedicto XVI.

Cuando decimos "Santificado sea tu nombre", no pedimos que Dios sea divinizado, porque Él es Dios. Lo que le pedimos es nuestra propia divinización. Lo que le pedimos en realidad es que nos haga participar de lo que Él es.

Que su santidad se realice y difunda en nosotros y, con nuestra colaboración también, en nuestra comunidad, y en toda la gran familia cristiana, en toda la Iglesia.

Es decir, le pedimos como gracia lo que después se convierte en nuestra exigencia de responsabilidad (1 Pe 1,15-16).

Dios es Padre Santo, un Padre «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45),

Nos ama permanentemente, por lo que en último término le pedimos es ser perfectos como él es perfecto.

Imitar su amor absolutamente gratuito, ser signos de su bondad generosa.

El amor de Dios que recibo es el que me hace ser como Él, participar de la naturaleza de Dios.

El que me da plenitud y el que me encamina hacia la plenitud de mi vida, que es la vida eterna para siempre en la plenitud del amor de Dios.

En la participación plena del amor de Dios, de la santidad de Dios.

Al amor de Dios, a la santidad de Dios, accedemos a través de Jesucristo y de su Espíritu.

7.- Santa Teresita: "El ascensor divino".

"Yo quisiera encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección.

Sabiduría eterna: El que sea pequeñito, que venga a mí.

«Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré».

Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma/¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús!".

Somos llevados por Él, por su amor que nos conduce al Padre, a la santidad perfecta de Dios, al amor eterno del Padre.

Me doy cuenta de que la santidad a la que estoy llamado es y ha de ser primero por participación en la santidad de Dios.

Me dejo llevar por Jesús a esta plenitud del amor de Dios.

 

 

Lumen Gentium.

La llamada de todos a la plenitud de vida cristiana hecha por el Vaticano II es siempre actual y un dato que no podemos obviar.

Una llamada que nos estimule continuamente, que la tengamos siempre presente, y que la potenciemos en nuestra vida espiritual de cada día.

Acojamos siempre esta llamada a la santidad, porque es llamada al gozo, a la alegría, a la felicidad.

"Por estar provistos de medios tan abundantes y eficaces para santificarse, todos los cristianos, están llamados a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre" (LG 11,3).

La llamada a la perfección, a la santidad, sólo se entiende desde la relación con Cristo y con su Espíritu.

Nuestra vida cristiana es vida en Cristo a través de su Espíritu, es decir, ser y vivir en el Espíritu del Resucitado.

Vivimos nuestra relación de hijos y hermanos a través de Cristo resucitado y de su Espíritu.

El Espíritu de Cristo Resucitado actúa de forma directa en la persona; por eso tendremos muy presente la acción de Espíritu en nosotros.

Él nos conduce a la plenitud del amor de Dios, Él nos hace participar de la naturaleza de Dios; de la naturaleza del Hijo; Él nos santifica.

Papa Francisco: "La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta, y acompaña de mil maneras.

En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer»

Vivir con exigencia la llamada a la santidad, al crecimiento en el amor de Dios.

Vivir como llamada al gozo, a la felicidad, a la alegría del Evangelio.

La llamada a la plenitud.

"Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta" (Col 3,12-14).

"Fuisteis lavados, santificados, justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios" (1 Cor 6,11).

"Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (1 Tes 4,3).

"Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El que os llama es fiel, y él lo realizará" (1 Tes 5,23).

Nota: Viene bien con ocasión del retiro mensual dedicar un buen rato al examen práctrico. Es decír, algunos puntos muy concretos sobre vida interior. Ofrezco aquí tres cuestionarios que pueden ayudar.

Examen práctico.

Para el examen práctico formular algunas de las frases y examinarse.

 
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Algo práctico y positivo para el retiro, aplicable a todos los retiros y a las meditaciones diarias:

La afirmación es una técnica simple pero enérgica. Puede sanar y transformar nuestra voluntad y nuestras convicciones hasta arraigarlas profundamente. Aprovechando esta realidad psicológica, podemos cambiar nuestros pensamientos vanos en criterios firmes y santos. La palabra escrita y hablada es el vehículo que nos ayuda en este menester. Tiene mucha relación esto con lo sabido de la autosugestión.

En la práctica:

1.- Fijarme en un aspecto de mi vida que quiero cambiar o sanar. Decidirlo ya.

2.- Formular una frase sencilla que lo integre. Escribirla. Repetirla varias veces.

3.- Formular de esta manera el propósito de la meditación y repetirlo cada día.

4.- Formular de esta manera el propósito del retiro y repetirlo cada día.

5.- Formular de esta manera el propósito de la confesión y repetirlo cada noche.

6.- Para no agobiarme procurar unificar todo esto sin multiplicar más de lo necesario.

Nota 1. Para que esto funcione hay que procurar la frecuente repetición. Que la afirmación sea concreta. Que tenga emoción. Que esté convencido yo de que me va a ayudar a mejorar.

Nota 2. Tomar conciencia del subconsciente. Por ejemplo: Si yo digo esta afirmación: "Voy a ser desde hoy bondadoso en mis conversaciones sobre los demás". Mi subconsciente, me reprocha y me dice: "mentira, no vas a ser". Yo no me doy cuenta del subconsciente, pero ahora lo advierto.

Pero tengo que tomar conciencia del subconsciente. Para ello: en una hoja de papel poner dos columnas. A la izquierda, mi afirmación. A la derecha, lo que me sugiere; todas esas cosas negativas que llevo en el subconsciente. Repetir la frase positiva, poner a la derecha cada una de las creencias contrarias. Acto seguido ir sustituyendo cada una de las creencias negativas a la frase, por otras positivas contrarias. Leer de vez en cuando.

Por fin, una vez que han pasado a la conciencia todas las pegas, en una tercera columna voy sustituyendo las "creencias negativas" por pensamientos y sentimientos positivos que emanan del Yo Superior. Por ejemplo, el "mentira, no vas a ser" lo sustituyo por este otro: "Desde ahora mismo empiezo a ser bondadoso. Ya he comenzado

 

 

ADVERTENCIA FINAL

PARA NOSOTROS ES MUY IMPORTANTE EL RETIRO

Necesitamos dedicar un día al mes al retiro espiritual: medio día en soledad al menos relativa. Día de revisión, de meditación de encontrarnos más próximos a Dios. No es necesario hacerlo varios juntos; bueno sería, pero no siempre es posible. Cuando se hace solo es más "desierto".

Estar sobre todo ese día como la esponja en el mar, sumergidos en Dios. Que las aguas de su amor nos vayan penetrando por esos poros tantas veces ajenos al Señor. Permanecer envueltos en el silencio exterior y sobre todo interior. Dentro de su paz.

Pero no creas que el enemigo de tu paz te va a dejar en perfecto sosiego. Quizás te suscite inquietudes acerca del pasado o del futuro; quizás cunda en tu alma el desaliento o la tristeza. Por eso no vayas a pasártelo bien en esa especie de unción romántica. No vayas a gozar; vete a buscar a Dios. Y tampoco vayas con temor a fantasmas. Pero ayúdale a Dios a que te ayude. Desecha los pensamientos deprimentes, pero sin ponerte a dialogar con ellos. Dile al Señor: ¡Señor, yo te amo; en Ti confío y creo en tu amor!

Mucha gente practica el retiro mensual. Incluso gente trabajadora lo hace con el plan Zen o yoga cristiano. Los conozco, aunque no he estado todavía con ellos.

Terminar el retiro dando gracias a dios por todo; pedirle perdon de las lagunas; hacer proposito firme. Y no olvidar de dedicar buen rato a la oracion de peticion. El próximo retiro aparecerá d.m. el próximo mes.

José María Lorenzo Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es