Retiro Espiritual Junio 2014

Tema: Vivir mi vocación cristiana y consagrada en el amor del Espíritu Santo.

Libro: Retiros Espirituales

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El retiro mensual tiene gran importancia. Hoy se llama día de "desierto". Se puede celebrar en ocasiones con algunos amigos en la fe; en otras, en total soledad. Hoy te brindo un día de oración y reflexión personal; antes lo hice yo en total soledad. Es importante, sí, ver, considerar, discernir, dilucidar, formar criterios de fe. Pero quedaría manca la labor sin orar sobre ello: pedir, suplicar a Dios su ayuda, por medio de su Hijo Jesús y de María la Madre de Dios. No cansarnos de "mendigar" la ayuda del Señor: "Mirad que soy muy pobre, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar..."

Antes de comenzar el retiro, desconectar de los asuntos normales anteriores. Ponerse en presencia de Dios. Ser consciente de que vamos a tratar unos temas con Dios para nuestra vida interior. No entrar en rutina. No se trata de mero estudio. Se trata de hablar con Dios de unos temas que nos interesan. Después, formular un propósito muy concreto relacionado con el examen particular, con los propósitos generales de los últimos Ejercicios, con la úlitma confesión o de comienzos de año.

Retiro junio 2014

Tema: Vivir mi vocación cristiana y consagrada en el amor del Espíritu Santo.

Puntos de oración para realizar por repetición al modo de Jesús en el Huerto de los Olivos.

El retiro se puede hacer leyendo cada punto. Después repetir una a una las frases el tiempo que nos parezca oportuno. Será un retiro muy provechoso. Verás.

1.- Señor, Pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.

"Ven, Espíritu Santo, y envía desde la altura, en donde estás, el rayo que destella tu luz amaneciente.

¡Qué admirable! ¡La luz más bienaventurada! Llena a colmar las honduras íntimas del corazón de los tuyos, que en fidelidad se confían a Ti. Ablanda nuestra rigidez,

cobija y fortalece la frialdad, endereza y dirige el descaminado extravío.

Lava y limpia la impureza, riega y empapa la aridez, cura y sana la fragilidad.

A los que se han confiado a Ti en la fe, confesándote y reconociéndote en fidelidad, dales tu don sagrado de los siete dones.

El premio que ha merecido la virtud, el éxito logrado de la salvación, el gozo de tu amor que permanece para siempre. Amén.

2.- "Cuando un alma se abandona a la guía del Espíritu Santo, Él la eleva poco a poco y la gobierna.

Una luz interior la ilumina lentamente dejándole ver todas sus acciones y el gobierno de Dios en ellas, de tal modo que casi no tiene más que dejar hacer a Dios en ella y por ella lo que le place; así avanza maravillosamente"

Poesía: "Eres amor ¡Oh Padre!" "Eres Amor ¡Oh Padre! Así te revelaste.

Así te proclamo, así te reclamo. Así me abrazaste. Eres Amor ¡Oh Padre! Y en ello medito mañana, noche y tarde.

Eres Amor ¡Oh Padre! y a la Cruz miro, lo que el mundo no dice Tu Hijo me hable. Eres Amor ¡Oh Padre!

Gritaré, proclamaré vocearé Tu Verdad aunque nadie me alabe.

Eres Amor ¡Oh Padre! con amor responda a Tu Amor Infinito, Loco, Insondable" (Javier Zubiaurre).

"Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4,16).

3.- Benedicto XVI, "Deus caritas est".

"Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor" (Jn 15,9).

Ser cristiano, y de una forma especial las personas consagradas, es, ante todo, tener fe y desear vivir siempre y solo en el Amor, es decir, en Dios.

Contemplar que Él nos ama, que Él nos da su amor, y lo hace todos los días, en cada momento de nuestra jornada.

Él continuamente nos está llamando a vivir en su amor. Y pretendo que esto lo experimentemos, más allá de las palabras.

Ser y vivir en el amor de Dios, estar existencialmente dentro de Él, vivir en su gracia, y Él también dentro de nosotros. Nosotros dentro de Él, y Él dentro de nosotros. Contemplemos esto.

Porque estoy convencido de que sólo el amor de Dios, sólo el amor divino y no el humano, puede llenar de verdad las ansias de felicidad que tiene el ser humano:

"El hombre ha sido creado para la felicidad eterna y verdadera, que sólo el amor de Dios puede dar".

Tomar conciencia con realismo del momento presente, del momento en el que me encuentro, dentro de esta experiencia del amor de Dios.

Dedicar unos minutos a un examen de conciencia sincero, para descubrir mis faltas al amor de Dios.

Sentir, contemplar, que estamos "llenos", completamente habitados, interiormente del amor de Dios.

Siento que mi vida, mi vocación consagrada, está inmersa en la corriente del amor de Dios.

Necesito más amor de Dios. Lo busco adecuadamente en las fuentes

4.- Vengo con mi cuenco, de mi alma el cuenco. Tiene grietas y partes rotas, ya no es nuevo.

No lo puedes cambiar. Es para siempre, me dijeron. Sin darme cuenta, poco a poco se vacía, y siento que muero. Delante de Tu Fuente lo dejo. Lo vayas llenando, mientras miro quieto.

De mañana, a mediodía, y de noche también vengo. A Tu Fuente llego. Mirando quedo.

Lo traigo vacío, lo llevo siempre, siempre lleno. (Javier Zubiaurre).

Partimos de una premisa fundamental. El amor de Dios se nos da. Es un don que se nos regala.

Es pura gracia. No tenemos nosotros que amarle primero para que Él nos ame a cambio, para que Él nos devuelva. No. Él es el primero en amar.

Continuamente nos está dando su amor, y nosotros sólo tenemos que estar bien preparados para recibirlo y corresponder permaneciendo en este amor.

Por eso hablaremos de las fuentes del amor de Dios, necesarias para recibir este amor y para permanecer en él.

El pecado es precisamente no querer tener el recipiente preparado para recibir, es decir, dejar de beber de Dios, de su amor, querer romper la comunicación por la que nos llega su amor, alejarse de las fuentes a través de las cuales nos llega el amor de Dios.

5.- "Comunícase Dios en esta interior unión al alma con tantas veras de amor que no hay afición de madre que con tanta ternura acaricie a su hijo…

Porque aún llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer.

Está tan solícito en la regalar, como si Él fuese su esclavo y ella fuese su Dios.

Y así, aquí está empleado en regalar y acariciar al alma como la madre en servir y regalar a su niño, criándole a sus mismos pechos.

Isaías que dice: ‘A los pechos de Dios seréis llevados y sobre sus rodillas seréis regalados’ (Is 66,12)". (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, canción 27,1).

La vida cristiana es, ante todo, recibir, porque Dios se nos da, se nos dona, continuamente.

Precisamente los sacramentos pueden definirse también como signos visibles, eficaces, y especialmente intensos, de esta donación maravillosa de Dios.

Los sacramentos de la Iglesia, la liturgia de la Iglesia, son la fuente principal del amor de Dios.

Sabemos que oramos con las grandes oraciones de la Iglesia, con las oraciones de los grandes

6.- "Lo más importante no es que yo te busque, sino que Tú me buscas en todos los caminos.
Lo más importante no es que yo te llame por tu nombre, sino que Tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.
Lo más importante no es que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que Tú gimes en mí con tu grito.
Lo más importante no es que yo tenga proyectos para ti, sino que Tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro.
Lo más importante no es que yo te comprenda, sino que Tú me comprendes en mi último secreto.
Lo más importante no es que yo hable de ti con sabiduría, sino que Tú vives en mí y te expresas a tu manera.
Lo más importante no es que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano.
Lo más importante no es que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que Tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.
Lo más importante no es que yo trate de animarme, de planificar, sino que tu fuego arde dentro de mis huesos.
Porque ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... Si Tú no me buscas, llamas y amas primero?
El silencio agradecido es mi última palabra y mi mejor manera de encontrarte". Benjamín González Buelta.

 

7.- "En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados.

Queridos, si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros (…) Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección. En esto reconocemos que moramos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Nosotros amamos, porque él nos amó primero" (1 Jn 4,7-13.19).

8.- "La fuente del amor cristiano, está en Dios que fue el primero en amar.

Él entregó a su Hijo para reconciliar consigo a los pecadores, y así hacerlos sus elegidos y sus hijos. Atribuido primeramente a Dios (Padre), este amor, que es la naturaleza misma de Dios, se halla igualmente en el Hijo, que ama al Padre como es amado por él, y como él ama a los hombres, por quienes se ha entregado.

Es también el amor del Espíritu Santo, que lo difunde en los corazones de los cristianos, otorgándoles la gracia de cumplir, este precepto esencial de la Ley que es el amor de Dios y del prójimo.

Porque el amor a los hermanos y aun a los enemigos, es consecuencia necesaria y la verdadera prueba del amor de Dios" (Cf. Biblia de Jerusalén, 1998, p. 1690).

La vida cristiana es vivir en el amor de Dios, es decir, vivir en la comunión de amor con el Padre, a través del Hijo y en el Espíritu. Estar en la casa de amor de la Trinidad.

Los discípulos le preguntan a Jesús: "Maestro, ¿dónde de vives?". Y Él responde: "Venid y lo veréis". Ahí hay que ir, ahí hay que morar, habitar, estar.

Cristo nos lleva a la casa del Padre, es decir, a la comunión de amor con el Padre.

Por eso en el corazón del cristiano, y de una forma especial en el corazón de las personas consagradas, tiene que estar presente el amor trinitario:

el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. Quien es y vive verdaderamente en Jesucristo resucitado, vive en el amor de la Trinidad, por lo que no puede no amar. Da, casi sin querer, lo que recibe.

9.- Benedicto XVI, "Viviremos mediante la comunión existencial con Él, por estar insertos en Él, que es la vida misma.

La vida eterna, la inmortalidad beatífica, no la tenemos por nosotros mismos, ni en nosotros mismos, sino por una relación, mediante la comunión existencial con Aquél que es la Verdad y el Amor y, por tanto, es eterno, es Dios mismo.

La vida nos llega del ser amados por Aquel que es la Vida; nos viene del vivir con Él y del amar con Él»".

Este amor recibido, como procede de Dios, transforma nuestra vida: nos da paz y gozo interior.

El amor da paz, tranquilidad, gozo, felicidad.

Es un amor que se manifiesta también en el perdón, en el sentirse perdonado, amado misericordiosamente por Dios, haciéndonos ser misericordiosos con los demás, perdonando continuamente.

Nos hace participar también de los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza,… (Gal 5, 22-23).

Por eso ante tanto amor nuestra actitud tiene que ser la del agradecimiento.

10.- "La alegría más grande está en el amor más grande, el amor que Dios nos tiene. Nada puede ocultar la profunda alegría de saberse amado por Dios.

Cuando uno se aparta de este amor que Dios nos tiene, sobreviene, entonces, la peor de las tristezas, que es el pecado. (…)

El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda para que, en todo momento, descubramos el amor de Dios y nos alegremos profundamente, porque Dios nos ama". Pablo Domínguez

Esta experiencia de vivir en el amor de Dios, en la comunión de amor con el Padre, a través del Hijo y en el Espíritu, recibe distintos nombres: vida en el amor de Dios, vida en la gracia de Dios, vida en Cristo, vida en el Espíritu, vida nueva.

Estar llenos del Espíritu como lo estuvieron los Apóstoles y María tras el acontecimiento de Pentecostés, es estar llenos del amor de Dios.

El amor de Dios que se nos da nos hace participar de la esencia de Dios, de la naturaleza de Dios. Dios nos da su ser. Y es que hemos dicho que Dios es amor, lo más propio de Dios es el Amor.

Por eso, viviendo en el amor de Dios, Él nos hace compartir su ser.

Nos hacemos como Él, nos divinizamos, cambiamos nuestro ser por el ser de Dios, por estar habitados por el amor de Dios, habitados por la Trinidad.

Hay una transformación en nuestro ser, una transformación ontológica.

Ya no somos nosotros, es Dios en nosotros, que nos comunica su vida y, por tanto, su felicidad, su paz, su amor.

"Queridos, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor" (1Jn 4,7).

"El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14, 23).

Estos puntos están entresacados de un retiro dado por el sacerdote Iñaki Tejada Hervás.

Nota: Viene bien con ocasión del retiro mensual dedicar un buen rato al examen práctrico. Es decír, algunos puntos muy concretos sobre vida interior.

 
 
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Algo práctico y positivo para el retiro, aplicable a todos los retiros y a las meditaciones diarias:

La afirmación es una técnica simple pero enérgica. Puede sanar y transformar nuestra voluntad y nuestras convicciones hasta arraigarlas profundamente. Aprovechando esta realidad psicológica, podemos cambiar nuestros pensamientos vanos en criterios firmes y santos. La palabra escrita y hablada es el vehículo que nos ayuda en este menester. Tiene mucha relación esto con lo sabido de la autosugestión.

En la práctica:

1.- Fijarme en un aspecto de mi vida que quiero cambiar o sanar. Decidirlo ya.

2.- Formular una frase sencilla que lo integre. Escribirla. Repetirla varias veces.

3.- Formular de esta manera el propósito de la meditación y repetirlo cada día.

4.- Formular de esta manera el propósito del retiro y repetirlo cada día.

5.- Formular de esta manera el propósito de la confesión y repetirlo cada noche.

6.- Para no agobiarme procurar unificar todo esto sin multiplicar más de lo necesario.

Nota 1. Para que esto funcione hay que procurar la frecuente repetición. Que la afirmación sea concreta. Que tenga emoción. Que esté convencido yo de que me va a ayudar a mejorar.

Nota 2. Tomar conciencia del subconsciente. Por ejemplo: Si yo digo esta afirmación: "Voy a ser desde hoy bondadoso en mis conversaciones sobre los demás". Mi subconsciente, me reprocha y me dice: "mentira, no vas a ser". Yo no me doy cuenta del subconsciente, pero ahora lo advierto.

Pero tengo que tomar conciencia del subconsciente. Para ello: en una hoja de papel poner dos columnas. A la izquierda, mi afirmación. A la derecha, lo que me sugiere; todas esas cosas negativas que llevo en el subconsciente. Repetir la frase positiva, poner a la derecha cada una de las creencias contrarias. Acto seguido ir sustituyendo cada una de las creencias negativas a la frase, por otras positivas contrarias. Leer de vez en cuando.

Por fin, una vez que han pasado a la conciencia todas las pegas, en una tercera columna voy sustituyendo las "creencias negativas" por pensamientos y sentimientos positivos que emanan del Yo Superior. Por ejemplo, el "mentira, no vas a ser" lo sustituyo por este otro: "Desde ahora mismo empiezo a ser bondadoso. Ya he comenzado

 

 

ADVERTENCIA FINAL

PARA NOSOTROS ES MUY IMPORTANTE EL RETIRO

Necesitamos dedicar un día al mes al retiro espiritual: medio día en soledad al menos relativa. Día de revisión, de meditación de encontrarnos más próximos a Dios. No es necesario hacerlo varios juntos; bueno sería, pero no siempre es posible. Cuando se hace solo es más "desierto".

Estar sobre todo ese día como la esponja en el mar, sumergidos en Dios. Que las aguas de su amor nos vayan penetrando por esos poros tantas veces ajenos al Señor. Permanecer envueltos en el silencio exterior y sobre todo interior. Dentro de su paz.

Pero no creas que el enemigo de tu paz te va a dejar en perfecto sosiego. Quizás te suscite inquietudes acerca del pasado o del futuro; quizás cunda en tu alma el desaliento o la tristeza. Por eso no vayas a pasártelo bien en esa especie de unción romántica. No vayas a gozar; vete a buscar a Dios. Y tampoco vayas con temor a fantasmas. Pero ayúdale a Dios a que te ayude. Desecha los pensamientos deprimentes, pero sin ponerte a dialogar con ellos. Dile al Señor: ¡Señor, yo te amo; en Ti confío y creo en tu amor!

Mucha gente practica el retiro mensual. Incluso gente trabajadora lo hace con el plan Zen o yoga cristiano. Los conozco, aunque no he estado todavía con ellos.

Terminar el retiro dando gracias a dios por todo; pedirle perdon de las lagunas; hacer proposito firme. Y no olvidar de dedicar buen rato a la oracion de peticion. El próximo retiro aparecerá d.m. el próximo mes.

José María Lorenzo Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es