DISTINGUIR EL BUEN Y EL MAL ESPÍRITU. Plática

San Juan ya nos sugiere "... No os fiéis de todo espíritu, sino examinad los espíritus, a ver si son de Dios".

Normas de discernimiento de espíritus según San Pablo e Ignacio de Loyola.

Son las siguientes:

- Las obras del espíritu bueno son: caridad, paz, alegría, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia. Las de la carne: fornicación, impureza, lujuria. (Gal. 5 Ef. 5 Rom. 7 )

- Los dones del espíritu son los que edifican la Iglesia

(1 Cor 14,4)

- La fuerza en la debilidad es otro de los signos de discernimiento del Espíritu según 1 Tes. 1,4 y 2 Cor 2,4...) Así vemos en los Apóstoles que eran pobres e ignorantes y con gran fortaleza llevaron a todas las partes la "Buena Nueva".

Otro signo del Espíritu Bueno es la luz y la paz según 2 Cor. 7,10 Otro, la comunión fraterna 1Cor. 13, que hace respetar y amar

los carismas de los otros.

El criterio supremo de discernimiento según San Pablo es éste: "Nadie, hablando en el espíritu de Dios dice 'maldito es Jesús', ni nadie puede decir 'Jesús es el Señor', sino el Espíritu." (1Cor.12,3) Es decir, proclamar su divinidad, adherirse a Jesús por la fe y el amor, lo cual no es posible más que con la gracia del Espíritu Santo.

Mira también el discernimiento personal tomado todo él de las normas que nos da San Ignacio de Loyola. Te lo transcribo:

- Dios se comunica mediante la palabra que libera; el hombre debe colaborar con su adhesión personal. San Ignacio por eso suele hacer esta petición en la oración, "demandar lo que quiero".

- "Es menester hacernos indiferentes" nos dice San Ignacio: salud o enfermedad, riqueza o pobreza, vida larga o corta... la actitud positiva de indiferencia consiste en optar fundamentalmente por Dios y por su plan sobre nosotros; con indiferencia a cualquier cosa; sólo la mayor gloria de Dios. Dejarse, pues, llevar por el Espíritu.

Ahora conviene recordar lo de consolación y desolación. Llama Ignacio consolación "cuando en el alma se causa alguna moción interior en la cual viene el alma a inflamarse en el amor de su Creador y Señor y, por consiguiente, cuando ninguna cosa criada sobre la faz de la tierra puede amar en sí sino en el Creador de todas ellas... Consolación se llama también a todo aumento de esperanza, fe y caridad y a toda alegría interna que llama y atrae a las cosas

celestiales, y a la propia salud de su alma, tranquilizándola y pacificándola en su Creador y Señor". Entonces el alma avanza con paso decidido. Es necesario aprovechar esta consolación para avanzar en la virtud, para tomar decisiones de apostolado dentro de una gran paz y sin apresurarse.

La desolación I. de Loyola es "como oscuridad del alma, como turbación en ella, moción hacia las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones que mueven a la desconfianza, sin esperanza y sin amor,

hallándose el alma del todo perezosa, tibia y triste y como separada de su Creador y Señor." Suele ser signo de la acción en nosotros del espíritu malo.

Además de lo anterior, hemos de tener en cuenta estas cosas a la hora de tomar una DECISION según la mayor gloria de Dios. Examinar los propios pensamientos; examinar los motivos, que sean honestos y según la voluntad de Dios, nunca contrarios. Que sean conformes a los mandamientos del Señor, a las bienaventuranzas, al cumplimiento de nuestros deberes profesionales y de estado; que no vulneren los derechos de nuestros semejantes o familiares. Según esto no se deben tomar decisiones que lesionen los derechos de nuestra familia u otras personas. La elección ha de hacerse en tiempo tranquilo; pedir al Señor que oriente nuestra alma hacia su mayor gloria. "En tiempo de desolación, no hacer mudanza".

Es preciso tener en cuenta todas estas cosas en los días de Ejercicios Espirituales y a la hora de tomar una decisión.

Repasa estos apuntes que te vendrán bien.