APARICIÓN A LOS ONCE EN LA TARDE DE RESURRECCIÓN

4ª Semana. Día 3º

1ª meditación

Quisiera estar, Jesús, en aquella tarde de Pascua en la misma sala de reunión. Estaban las puertas cerradas. Tenían miedo los Apóstoles, y encontrándose así, sin Tomás, sin los dos de Emaús, de pronto se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: "La paz sea con vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Aquellos a quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y aquellos a quienes los retengáis, les serán retenidos".

Dadme, Señor, vuestra gracia para alegrarme y gozar de tanta gloria y gozo de nuestro Señor Jesucristo.

Tu aparición, Señor, a los Apóstoles fue la de un sol naciente que irradia luz y consuelo. Solo viéndote se llenan de alegría cuantos te contemplan. Y les diste en esta ocasión el poder de perdonar los pecados. El pecador que quiera salvarse ha de pasar por pedir perdón, confesar sus pecados a los sucesores de aquellos hombres. Tus palabras tienen eficacia para ellos y para todos cuantos le suceden. ¡Oh misterio de fe, de amor y de misericordia!

Además tuviste la delicadeza de no recordarles a aquellos discípulos tuyos su mal obrar al dejare solo en la pasión. Quiero aprender de ti esa generosidad. Cuesta no darse por sentido cuando a uno lo marginan, lo abandonan o no se acuerdan de él en el momento del infortunio. Yo quiero, Jesús, aprender de ti esa generosidad.

Me alegro con tu alegría pascual. Gozo con esta aparición a los tuyos. Disfruta mi espíritu al verte a Ti, triunfador de la muerte. Me da gozo el contemplar una muchedumbre de millones de personas de todas las edades y de todos los tiempos que gracias al sacramento del perdón de los pecados, han obtenido la salvación. Me alegro contigo, Jesús, por la satisfacción que sientes en el oficio de consolador, y en la caridad y humildad que ejercitas. Me alegro al contemplar en la aparición tu divinidad. El Padre te glorifica, después de la Resurrección, de este modo tan sublime.

"Tened paz, les dices, yo soy; palpadme". Y les pediste algo de comer para tranquilizarles. ¡Qué expresión de alegría en todos! Me alegro, Jesús, yo también en el gozo de tus apariciones. Te amo más y más. Eres grande y omnipotente. Eres bueno con todos. Me ratifico en tu seguimiento. Seguiré tu bandera. Te seguiré poniendo todos los medios al alcance, porque siempre quiero estar contigo. Quiero seguirte en el tercer binario y en el tercer grado de humildad. Aumenta, Señor, mi esperanza de convivir contigo eternamente. Por siempre feliz contigo.

 

APARICIÓN A LOS APÓSTOLES, PRESENTE TOMÁS

4ª Semana. Día 3º

2ª meditación

Recuerdo y contemplo ahora el momento en que Tomás no creyó (Jn. 20,19-31) "Hemos visto al Señor", le dicen su compañeros. Y él respondió: no creeré mientras no meta y mi dedo en los agujeros de los clavos, mientras no meta mi mano en la llaga de su costado. Ocho días más tarde, Jesús se presenta delante de ellos y les saluda: "La paz sea con vosotros". De inmediato se dirige a Tomás y le dice: "Trae tu dedo aquí, y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel". Y Tomás contestó: "Señor mío y Dios mío".

Veo cómo Tomás se apartó de la compañía de los buenos. Por eso falló. Después volvió a aquel Cenáculo; por eso recibió la visita y aparición de Cristo y creyó. Nunca, Señor, apartarme de la compañía de los buenos. Te pido, Señor, esta gracia y Tú aceptas mi compromiso.

Tomás no tenía excusa; no creyó a pesar de que conocía que Cristo había prometido resucitar. No creyó tampoco a pesar del testimonio de Pedro. Su propio orgullo le inclina a no creer.

Señor, yo sí quiero creer. Acepta mi fe, pero aumenta mi fe. Ayúdame a ser más consecuente con mi fe. ¡Señor mío y Dios mío! No quiero ser presumido ni soberbio; no quiero ser ingrato. Tomás lo fue; además no acudió al lugar donde había recibido la Eucaristía. Y menos mal que al fin se reunieron todos. Durante ocho día no se apeaba del burro. ¡Señor Jesús, ten compasión de mí y haz que jamás me aparte de Ti. Y ten compasión de todos aquellos compañeros que se han apartado y siguen con su amor propio racionalista sin retractarse. Ateos, agnósticos, indiferentes, apóstatas, infieles, alejados.

Cuánta paciencia tuviste, Jesús, con Tomás. Extremaste tu amor hasta el milagro. No aguardaste a que él te abriera la puerta del corazón, Tú Mismo entraste estando ya las puertas cerradas. Y él por fin, se abrió. "Trae tu dedo aquí, y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado" ¡Qué bueno eres, Señor, además intuyo que estas palabras fueron dichas de modo festivo; no recriminando. Adoro, Señor, tu bondad, aprecio tu alegría. También deseo tu misericordia; ven a mi encuentro. Ábreme las puertas, Señor, ábrelas con la misma alegría de tu Resurrección.

La falta de Tomás se convirtió luego en testimonio para los otros. Que mi falta también, Señor, de rebote sea testimonio para muchos. Es posible que Tomás se detuviera sin meter la mano en el costado, que se arrojara humilde a los pies de Jesús. Pero seguro que él mismo lo tomaría en su brazos, le colocaría la mano sobre la abertura de la lanza. ¡Señor mí y Dios mío!, dijo Tomás con fe, amor y alegría. Sí, grito sublime de alegría pascual es esta exclamación, llena de confianza. Yo también, Jesús, te dirijo con fervor esta misma jaculatoria. Confieso, Jesús, que eres mi Señor y Dios verdadero. Con gozo y alegría te reconozco por Cristo resucitado. Tu amor es tan grande que estás dispuesto a hacer por mí lo que hiciste por él. Así eres con tus criaturas. Ten compasión también de aquellos que un día fueron tuyos y te han abandonado.

Seguir siempre en todo la vía común; huir de singularidades que me pueden privar de las gracias de Cristo y de sus visitas. No permitas que jamás me aparte de Ti. "Las llagas como Tomás, Señor, no veo; pero al Dios verdadero, sí que confieso. Presta a mi mente, creer mucho más; tener esperanza y amarte más y más."

 

APARICIÓN DE JESÚS A MARÍA MAGDALENA

4ª Semana. Día 3º

3ª meditación

Retrocedo al mismo día de la Resurrección. María Magdalena había ido al sepulcro. Se dio cuenta de que estaba vacío, y se propuso buscar a Jesús por lo alrededores. Marcha a avisar a Pedro de lo que ha visto y le dice: "Se han llevado al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro acude junto con Juan. María fue a llorar por allí cerca. Luego se asomó y vio dentro a dos ángeles, uno a la cabecera donde había estado enterrado Jesús y otro a los pies. Le preguntan éstos por qué llora. Ella responde: "Porque han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Volvió hacia atrás y vio a Jesús, pero no lo reconoció. Jesús le dijo: "¡María!". Y ella, llena de emoción le respondió: "¡Maestro¡" Jesús le dijo: "Suéltame que aún no he ido al Padre. Anda y anuncia a mis hermanos..."

Señor, el amor que te tenía Magdalena le hizo correr al sepulcro. Yo también te quiero amar así. Quiero buscarte; iré detrás de Ti hasta encontrarte. Ayúdame porque tengo poca fuerza. Buscarte con paz. Buscarte como ella con lágrimas; con ilusión... a pesar de los fracasos parciales; a pesar de que siempre voy tras ti y "eras ido", buscarte con amor constante y fiel, hasta vencer todos los obstáculos. Quisiera, Señor, oír también tu voz que me dijera, ¿por qué lloras? ¿Qué buscas? Deseo, Señor, al menos vivir siempre contigo el gozo pascual. Ya sé que esto es mucho pedir. Pero me tengo que desahogar contigo. Dame paciencia, fe, fortaleza para seguir esperando hasta el final. Magdalena creía que le habían arrebatado a su Maestro. Yo sé que no. Pero ya ves, Señor, cuál es mi lucha. Por una parte quieren arrebatarme a ti mis pasiones, el ambiente mundano... por otra, te busco como Magdalena y no te hallo; y si te encuentro, enseguida te vas: "Salí tras ti corriendo, y eras ido". Es que quisiera estar siempre como los santos o como en el año de mi conversión. Luego, me siento tan vulgar... Tú me vas a ayudar a ser siempre tuyo. Tú vas a estar siempre conmigo. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

 

APARICIÓN DE JESÚS A LAS SANTAS MUJERES

4ª Semana. Día 3º

4ª meditación

 

Después de que las piadosas mujeres recibieron el mensaje de los ángeles, el Evangelio dice así: Mt. 28,8-10 "Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y con miedo y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. De pronto salió Jesús a su encuentro y les dijo: "Dios os guarde". Ellas se acercaron, se agarraron a sus pies, y lo adoraron. Jesús les dijo: "No tengáis miedo; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán".

Tal vez Magdalena ya les había contado que había visto al Señor. Después se alejó. Entonces se les aparece el Señor a las dos y las saluda así: "Dios os guarde". Quiso premiarles de esta manera el fervor en buscarle.

Señor, sé que no me he distinguido ni en el fervor, ni en el amor, ni en el celo por la salvación de las almas. Sí he tenido buena voluntad y te he buscado, aunque no siempre como en los últimos años. No merezco nada, lo sé. Pero dame algún estimulo, si te aparece, algún consuelo, algo que me ayude a servirte mejor. Dadme, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo para la salvación de las almas. Te compasión de mí, porque a veces me entra mucho tedio y no tengo ganas de nada. Sí: ayúdame ahora a desligarme de los apegos a las cosas agradables; muéstrame tu rostro, Señor. Yo creo con toda mi alma y daría mi vida a favor de mi fe. Pero ya ves, Señor, que ando muy lento en tu camino. Me falta poco para que me llenes y es muy poco lo que he caminado todavía por los senderos de la virtud. Ayúdame a despegarme de las cosas agradables.

Yo también como aquellas piadosas mujeres tengo movimientos encontrados de temor y confianza, de amor y de alegría. También me arrojo a tus pies como ellas. Yo, Jesús, te quiero ungir también los pies con mis afectos de amor y entrega; quiero celebrar con gozo tu Resurrección. Porque Tú eres mi Maestro, mi Dios y mi todo. Anticipa conmigo tu misericordia, Señor. Y unge mi corazón y mi ser entero como lo hiciste hace ya muchos años con mis manos, para que siempre me ocupe de tu amor y de tu servicio con alegría pascual.

Te pido en estos Ejercicios: el fervor lleno de paz, el fervor de los santos; el fervor que proviene de un amor afectivo y efectivo a Ti, mi Dios. El fervor que consagra su corazón a la voluntad de Dios, sin buscar el interés propio, de tal manera que mire con los mismos ojos lo que llamamos en el mundo bienes, que lo que llamamos males. Y que poco a poco vaya prefiriendo por tu amor lo que molesta a la naturaleza sobre lo agradable. Y esto con paz y alegría pascual, sin estridencias.

Y con este fervor, Señor, que marche pronto por los ambientes que tu Providencia ha dispuesto para mí y sepa dar la Buena Nueva como lo han hecho las personas fervorosas y santas. Oh Jesús permaneces siempre cerca de mí. Dejadme que os adore y bese siempre vuestros pies divinos,