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ME ORIENTO EN ESTA CUARTA SEMANA
4ª Semana. Día 1º
1ª meditación
Señor, voy a esforzarme en el empeño en esta cuarta semana, la última de los Ejercicios. Nada de distracción. Más centrado todavía en las meditaciones. Ven oh Dios en mi ayuda. Virgen María, acompáñame. El demonio ha de tratar de que saque menos fruto en esta semana. No ha de ser así con tu ayuda, Virgen María.
En realidad estoy litúrgicamente avanzando en la Cuaresma, pero voy a meditar en la resurrección de Jesucristo, como en una Pascua anticipada. Alegría de la Pascua porque el Señor ha resucitado. Esta es la gran realidad: Cristo ha resucitado, aleluya.
Seguir, Señor, tu bandera. Veo que tus penas pasaron y el gozo es eterno; nunca tendrá fin. Esto he estimula a seguir cada vez mejor. El éxito es seguro, según nos lo prometiste. Me vas a ayudar, Jesús, a perseverar en estos días, me vas ayudar a perseverar por siempre. Dadme el don de la perseverancia. Dios Padre me ha creado para que sea santo; Dios Hijo me ha redimido para que yo sea Santo. El Espíritu Santo habita en mí para que yo sea santo. No moriré sin ser santo. Dadme, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo para la salvación de las almas. Vivir esto con gran ilusión esta semana; y que se grabe más y más para el resto de mi vida.
No puedo separar, Señor, la cruz de la Resurrección; la cruz es el preámbulo de la Resurrección. He de menos - preciar las cosas del mundo y apreciar de verdad las cosas eternas. Voy a entrar de lleno en la vida Pascual. Buscar la unión más perfecta con Jesús. Vivir con ilusión. Me alegro yo; ya no yo; se alegra en mí Cristo. No solo resucitó Él, ha iniciado nuestra propia Resurrección. Que tu amor purísimo, Señor, domine mi alma durante esta semana. Es la mía una vida nueva. Esta alegría es fruto de la presencia del Espíritu Santo en mi alma. Morir a mis pasiones y vivir con Cristo resucitado. Encendido en amor divino, gozar de los goces eternos. Mi esperanza, Jesús, que me llene de alegría.
¡Deseo de eternidad, Jesús, como lo han vivido los santos. Que viva con gozo la Resurrección de Jesús y mi Resurrección espiritual. ¡Contemplar despacio tus llagas gloriosas! Oír con gozo tu frase de resucitado: "No temáis, soy yo". "Palpad, ved que el Espíritu no tiene carne ni huesos". Envía, Señor, sobre mí en esta semana una nueva efusión del Espíritu Santo.
AMOR PURÍSIMO A CRISTO REY RESUCITADO
4ª Semana. Día 1º
2ª meditación
Te contemplo, Jesús, como en sueño, como en un éxtasis de amor, en el momento e que se rompe la losa del sepulcro y ales de allí, Dios y hombre verdadero, inmenso en tu poder, vencedor de la muerte, rompiendo el alba, envuelto en el silencio acompañado tan solo por el canto armonioso del ruiseñor. No sopla el viento. No hace frío; ambiente suave de primavera. ¡Amor y gloria a Ti!
Amor purísimo a Cristo Rey; caridad totalmente desinteresada. Te contemplo en la gloria y en el gozo de un triunfo que no tendrá ya fin. Me gozo intensamente en la exaltación de mi Jesús resucitado; me alegro y disfruto con total esperanza, con fe llena de seguridad, pensando en la gloria que nos espera como miembros de Cristo que creemos y confiamos en Él. Y este sentimiento lo he de fomentar en toda esta semana de contemplación de Cristo resucitado.
Señor, conocerte más a fondo en tu intimidad de ser divino - humano, para amarte más y para seguirte mejor. Jesús, conocimiento interno tuyo, resucitado de la muerte que sufriste por nuestros pecados, a la gran gloria tuya de la Resurrección, para que más te ame y con amor gozoso. ¡Y mejor te siga, Jesús. Todo esto es decisión mía, determinación de enamorado, pero todo esto es a la vez petición, porque sin tu ayuda, Jesús, no podemos principiar, ni continuar ni concluir cosa conducente para la vida eterna. Tú, Cristo mío, que has vencido a la muerte, ¿vas a consentir que este seguidor tuyo siga revestido del hombre viejo, que se detiene en estos placeres corporales y espirituales que nos ha puesto tu amor como peldaños para elevarnos a Ti? Concédeme tu gracia. Quiero ser seguidor tuyo, buscar las cosas de arriba; gustar de las cosas de arriba.
Me identifico con tu gozo, el triunfo del Resucitado. Vienes, Jesús, como consolador. Deseo en tu gracia en esta semana estar unido a Ti y a tu ambiente de resucitado: ver lo que hacen las personas que te acompañan, verte a ti glorioso; escuchar tus palabras y las de tus amigos; contemplar cómo aquella dignidad que parecía esconderse en tu pasión, se muestra ahora en tu santísima Resurrección. Me acojo a Ti, Dios mío resucitado, y disfruto de tu oficio de consolador nuestro. Me uno a tu madre y mía la Virgen María; formamos todos un grupo feliz de redimidos, de resucitados contigo, el grupo de quienes buscamos las cosas de arriba.
JESUCRISTO RESUCITÓ
4ª Semana. Día 1º
3ª meditación
Después de que tu cuerpo en la cruz quedó separado del alma, lo llevaron sepulcro. Tu alma descendió al Seno de Abraham a liberar las alma de los justos que estaban esperándote; el último allí refugiado fue el Buen Ladrón. Y al tercer día, volvió tu alma a unirse a aquel cuerpo bendito, para nunca jamás morir. Y en la madrugada del primer día de la semana, sin que hubiera otros testigos que los soldados vigilantes, saliste del sepulcro, vencedor de la muerte. Imagino que te acompañaban desde el Limbo de los justos muchos santos todos los santos padres anteriormente fallecidos. ¡Cómo saludarías y abrazarías a San José, al San Juan Bautista, a tantos y tantos hombres y mujeres de muerte reciente y remota! Al unirse tu alma a aquel cuerpo maltratado, llagado, desfigurado por los tormentos, todas tus heridas quedaron sanas; se mostraron abiertas, pero bellas las de los clavos y de la lanzada del costado. Todo quedó resplandeciente como el día de la transfiguración. Los lienzos allí permanecieron como la crisálida de la mariposa. Sucedió el milagro de los milagros, tu propia Resurrección. ¡Verdaderamente éste es el Hijo de Dios!
Me alegro por la Resurrección gloriosa de Cristo mi Redentor, mi Rey y Señor. Ese el es gran día que hizo el Señor, me gozo y alegro en él. ¡El Señor resucitó verdaderamente, aleluya! Se acabaron para Ti las injurias, las burlas, las sentencias injustas. Se acabó el que te metan entre ladrones; se acabó tu pasión. Y permaneces para siempre en cuerpo glorioso resucitado. Y te quedas ya en cuerpo sacramentado para siempre en el Eucaristía.
Me lleno de orgullo santo. Ya para siempre impasible; te puedes trasladar con la velocidad del pensamiento; puedes atravesar paredes y montañas. Nada se te resiste; tu cuerpo disfruta de una gran luminosidad, un algo que trasciende. No está sujeto a la corrupción. Has triunfado del pecado, el verdadero tirano del mundo.
Así eres y así serás eternamente.
Has triunfado del demonio y le has arrebatado sus armas. Aunque nos siga tentando, Tú, Señor, nos ayudarás, porque has triunfado de él. Tus enemigos han quedado sorprendidos y humillados.
Jesús, consérvame en la fe, auméntala como don de tu Resurrección. Llena mi alma de alegría que nadie la pueda arrebatar.
JESÚS, REDENTOR DE LA HUMANIDAD, RESUCITADO
4ª Semana. Día 1º
4ª meditación
Me represento el día glorioso de la Resurrección. Veo el sepulcro vacío unos minutos después del suceso más importante de la Historia, junto con la Encarnación. Los soldados han marchado con gran susto y no saben cómo decirlo.
Te pido, Señor, gracia para alegrarme y gozarme porque has resucitado; ya eres feliz y has consumado la Redención de la humanidad. Jesús, has satisfecho en precio de sangre por todas nuestras deudas a la Justicia Divina.. nos has rescatado del infierno; hemos llegado a la libertad de los hijos de Dios. Nos has abierto las puertas del Paraíso. Imagino ahora un campo inmenso de gente, millones y millones de personas de todas las razas, adorando, amando, reverenciando a Jesús que nos ha librado; millones de seres humanos agradeciendo el don de la Redención. La Resurrección ha sido para todos ellos, y yo estoy allí, el gran acontecimiento que nos ha liberado para siempre. Nos has dado la gran esperanza de una vida eterna de amor y felicidad.
Señor, durante todo el tiempo de la predicación de la Buena Nueva, hiciste muchos milagros. Todos ellos demostraban que Tú eres el Mesías, el enviado de Dios, el Hijo de Dios. Pero todo hubiera sido vano sin el gran milagro: tu propia Resurrección. "Si Cristo no ha resucitado, decía San Pablo, vana es nuestra fe. Pero Cristo ha resucitado". Por consiguiente, nuestra fe es cierta. Tu Resurrección ha sido, Señor, la que ha puesto el sello a tu misión divina. Me quedo ahora unos minutos contemplando con admiración y alegría a Cristo resucitado.
Al contemplarte, Jesús, resucitado por tu propia virtud, queda patente que si permaneciste en la cruz, fue por tu voluntad. Podía habernos redimido de otra forma distinta e incruenta. No te opusiste a que te llevaran al Calvario; las dieciocho horas de tu pasión fueron ejercicio de tu fortaleza heroica. ¡Por tu santa Resurrección nos has salvado, Señor! Tu santidad se revela con deslumbradora claridad en tu Resurrección. Queda libre tu santa humanidad de todas las flaquezas y necesidades de nuestra naturaleza terrena. Nos has libado, Señor, gracias por tu santidad, gracias por tu gloria, gracias por tu redención.
Gracias por tu sabiduría y poder. Incorporado ahora a Ti, quedo más inundado de gracia, más adentrado en Dios, más divinizado. La Redención toma este tinte maravilloso de nuestra unión divina.
Te alabo, Jesús, resucitado, Redentor del mundo. Me uno a la alabanza de millones y millones de ángeles, me uno a la alabanza revelada por Juan en el Apocalipsis de aquellas multitudes ingentes que clamaban (Apoc. 5,11) "Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir bendición, gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén". Y este himno lo canto ahora y se cantará con infinita alegría por toda la eternidad. Ahora entono interiormente el "Gloria" de la Misa: Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra Paz... Gracias, oh Padre Eterno porque adoramos a tu Hijo con amor en la Resurrección.
Cristo mío, te miro a Ti y me alegro de tu gloria y con esto te amo más, mucho más. Y me entrego de nuevo a Ti que eres mi Dios, mi Rey y mi todo. Me alegro también en la gloria que me espera gracias a la Resurrección. Me alegro con la Virgen María porque su Hijo ya es el Señor.