CRUCIFIXIÓN DE JESÚS
3ª Semana. Día 5º
1ª meditación
Me traslado al calvario. Miro la escena de la crucifixión desde un lado. Estoy consternado. Veo a Jesús desnudo, agotado, temblando por la fiebre. Lo echan al suelo sobren el madero de la cruz. No se resiste. Se oyen los golpes del martillo y gemido de los tres crucificados. Es una escena terrible. ¡Cómo puede haber gente que acuda a ejecuciones? Apenas tiene fuerza Jesús. Colocan la cruz sobre una colina para que no quede ni un detalle de la afrenta. Concédeme, Virgen María, acompañare y acompañar a tu Hijo en estos momentos de dolor, para de una vez corregirme de mi soberbia, de mi vida cómoda, de mi genio, de mi pereza. Quiero, Señor, aprender esta lección de paciencia, yo que no sé aguantar, que me sabe malo hasta un pequeño desaire que veo en otros. Ahora te doy gracias por las humillaciones que he tenido en mi vida, aunque no las he sabido asimilar en cristiano; desde ahora he de aprender, con tu ayuda. Propongo ahora con tu ayuda recibir bien todo lo que venga de humillación o desprecio.
Te dieron a beber hiel y vinagre. Y tenías sed. Otra más. Dicen algunos que aquello amortiguaba los dolores. No sé, solo sé que era lo que faltaba de sufrir. ¡Qué brebaje tan repugnante! Y yo también te doy hiel muchas veces: cuando tengo enfados o envidia o doy respuestas desabridas a mis prójimos, amigos o familia. Me acerco a tu cruz para que me perdones. Propongo ahora con tu ayuda recibir lo que me llegue sin enojo, con paciencia.
Desnudo te dejaron para que probases todas las ignominias y vergüenzas. Contemplo con angustia el monte de la crucifixión. Te clavan las manos y se estremece tu cuerpo. Lo mismo hacen con los pies. Me uno a tu dolor, Jesús, y al de la Virgen María al pie de tu cruz. Te duele todo al respirar y sientes la asfixia. ¡Muerte horrible! Y mana la sangre de tus cuatro heridas. Sangre preciosa de Cristo que redimió al mundo, que al comulgar regenera las almas cristianas. No te puedes mover, Señor. Agonía terrible en la cruz. Viernes era aquel día de la mayor tragedia de la humanidad, pero viernes de redención.
Señor, que no entiendo el dolor. Tengo que escribir por tu providencia mucho para los enfermos y nunca entiendo el dolor. Ni lo entenderé. Sé que no es malo, porque con el dolor nos redimiste, pero cuando sufro mi dolor o veo sufrir a otros, no me queda más que una explicación, mirar a la cruz; mirarte a Ti, Señor, crucificado y aguantar. Unirme a tu pasión y ofrecer mi dolor a Ti que sufriste para redimirnos. Así suplo en mis miembros lo que falta a la pasión de Cristo. No alivia ni calma el dolor este pensamiento, pero es dolor redentor como el tuyo, porque hasta esto nos has dado.
Señor, ¿quién es semejante a ti en el dolor y en el abatimiento? Te miro en la cruz. Estoy contigo. Que padeciendo contigo, Señor, suba contigo al Cielo.
Acudo a Ti, Señor, crucificado. Esta es la única religión verdadera. Ilumina a los creyentes para que sea más acendrada nuestra fe. Da tu luz a los alejados para que lleguen a creer en Ti. Danos humildad para creer a tope. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
Coloquio con Jesús: Todo esto padeciste por mis pecados...
Coloquio con la Virgen María: Señora, qué tormento el tuyo, Madre Dolorosa... Coloquio con el Padre: Te adoro en el misterio de la Redención, en tu silencio...
TERCERA PALABRA DE LA CRUZ
MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO...
3ª Semana. Día 5º
2ª meditación
Contemplo a la Virgen María al pie de la cruz. Le han permitido acercarse junto con el discípulo amado, Juan. No hay mayor señal de amor que acompañar a Cristo en su agonía. Yo también quiero acompañarte, aunque se dos milenios más tarde. Y deseo decirte que te amo, que te ofrezco mi sequedad con toda mi alma. Que aunque no me sienta con ese fervor, quiero ser tuyo en todo momento. ¿Sabes, Jesús? Esto te lo digo porque ahora ya no sufres ni sufrirás más, porque estás glorioso en el Cielo. Pues que a veces siento cansancio en la Ejercicios y me digo: ¡cuántas meditaciones sobre la pasión! Otras veces veo que es bueno tomar plena conciencia de todo lo que has sufrido por salvarnos. Incluso hay ratos en que he sentido verdadera compunción y tristeza al ver cuánto te hemos hecho sufrir. Una vez incluso lloré un poco. Unos ratos tengo ganas de terminar los Ejercicios, otros los prolongaría por tiempo indefinido. Siempre me doy cuenta de que a la hora de comenzar la vida normal me voy a tropezar con las mismas dificultades de siempre, y me va a costar lo mismo. Voy elaborando mi reforma de vida y no quisiera que fuera papel mojado, sino que a la hora de la verdad me gustaría que fuese como mi compromiso, o "constitución" personal y leerla todas las semanas. De todas las formas confío en Ti, Señor. Es que me queda tan poco tiempo para cambiar...
Hoy me ofreces a tu Madre como madre mía y lo haces en la persona de Juan. Parece que en estos momentos supremos te despides de ella y por no darle otra tremenda emoción la llama, no madre, sino: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Y recibe a Juan como hijo al perder en esta vida a su único Hijo. Siempre nos hemos visto representados por Juan y nos damos cuenta de que somos hijos tuyos, Virgen María.
Yo te acojo, Virgen María, como madre. Quiero ser buen hijo tuyo. Mira que los hijos ven siempre a sus padres como el protector y consejero incondicional. Yo quiero acudir a Ti, Virgen María, como a madre poderosa, porque ya estás en el Cielo. Muchas veces oímos de apariciones tuyas, y creo que algunas de ellas son verdad. No siempre se trata de imaginación infantil. Ves, Señora, que este mundo está muy mal. Protégenos y a ver si consigues de tu hijo un aumento de santidad en las personas consagradas a Dios.
Dadnos, Virgen María , sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos. Lo necesitamos mucho. Yo estoy convencido de que nos vas a ayudar y quiero desde hoy acudir más a Ti; que Tú ya pasarás mis peticiones a quien corresponda. Dame fe, dame esperanza, dame amor y ganas de estar siempre en tu compañía y en la de tu Hijo, Jesús. Infunde en mi corazón el espíritu de verdadero hijo. Estoy seguro, Virgen María, de que has aceptado el oficio de madre. "Bajo tu amparo me acojo, Virgen María, no desprecies mis súplicas, sino que en todos los peligros líbranos siempre, oh Virgen gloriosa y bendita." "Oh, María, madre mía, oh consuelo del mortal. Amparadme y guiadme a la patria celestial". Infúndeme, Madre, un total amor a Jesús. Y Tú, Jesús, dame una devoción cordial a la Virgen, madre vuestra y madre nuestra, con cuyo medio espero veros y gozar de Dios en el Paraíso.
QUINTA PALABRA: "TENGO SED"
3ª Semana. Día 5º
3ª meditación
Te miro, Jesús, en la cruz. Llevas allí dos horas y estás agonizando. Y sientes sed: ¿Desde cuándo sientes sed, Señor? Porque tu cuerpo está manando sangre, estás agotado, a punto de morir, las torturas infligidas, todo te ha dejado sediento, pero con una sede imposible de saciar con agua ni con otro líquido. La sed material tiene que ser en esos casos de verdadera tortura. Solo la muerte la quitaría. Y te dieron de beber vinagre. No sé con qué voluntad fue. Y tienes otra sed espiritual. Deseas acabar la redención del género humano; te sed también la salvación de las almas. El ver que para muchos va a ser inútil toda tu sangre vertida que se van a empecinar en seguir viviendo de espaldas a Ti, de espaldas a su salvación.
Adorámoste Cristo y te bendecimos que por tu santa cruz redimiste al mundo. Yo quiero, Jesús, ayudarte a calmar tu sed. Estás junto a mí. Deseo ayudarte con más actos de amor. Con mi conversión propia continuada. Tengo que cambiar a mejor y deseo trabajar por la conversión del mundo con total pureza de intención.
Parece que tu providencia me pone la oportunidad de poder influir espiritualmente en grupos más selectos; de ayudarnos entre todos a ser mejores y luego cada uno en su campo ser más capaces de ayudar a la salvación de las almas. Dadme, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo para la salvación de las almas.
Virgen María, cuánto hubiese querido calmar la sed de tu Hijo. Y cuánto quieres también ahora satisfacer su sed espiritual. Haz que tanta gente fría, descuidada o tibia reciban el fruto de la pasión del Señor y se conviertan. Tú sabes dónde colocará Jesús el fruto de esta petición. Oh Señora ayúdanos a colmar la sed de tu Hijo que nos pidió desde la cruz.
"TODO SE HA CONSUMADO" (6ª Palabra)
3ª Semana. Día 5º
4ª meditación
Jesús está en la cruz, poco a poco de su organismo se va apoderando un calma casi total. Le falta poco para morir; los dolores se amortiguan y dice con voz no fuerte: "Todo se ha consumado". Quiere ya descansar en los brazos del Padre. Todo lo has hecho bien, Jesús, eres Dios. Ojalá sepa yo comprender tu obra salvadora; ojalá pudiera, Jesús, realizar mi parte de eso que falta a la pasión de Cristo.
Quiero ante todo reparar por los pecados cometidos. Reparación. Hoy se habla poco de esto. No se trata de pensar que la justicia de Dios está persiguiendo a los pecadores y que hay que calmar esta mano justiciera; no. Tampoco se trata de dar consuelo a un Jesús débil y pasible. Señor, Tú ahora eres del todo feliz en cuerpo y alma, y por supuesto en la divinidad. Mi obra de reparación ha de consistir en apreciar el pecado como ofensa a Dios; como un desamor. Proteger en la manera mía posible la ley eterna de Dio. Un firme propósito de pagar o compensar la deuda por el pecado. Y sentirme solidario con el Cuerpo Místico de Cristo, en compensación del pecado que en cierto modo le daña. En este sentido es mi deseo reparar por los pecados.
Tu obra, Señor, está terminada. La mía, mientras viva, está por hacer, y la quiero realizar muy unido a Ti, sabiendo que "nada soy, pero todo lo puedo en Aquél que me conforta". Has asentado, Jesús, la paz entre Dios y los hombres. Has elegido al sacerdote mediador entre Dios y los hombres. Aquí me tienes; utilízame como mediador pues participo del sacerdocio de Cristo por tu gracia, por tu elección de la que no te vuelves atrás. Yo quiero cumplir en tu Cuerpo Místico la función para la que me has elegido y de la que nadie me puede dispensar. Te pido y te seguiré pidiendo por los hombres, intercediendo contigo ante el Padre, para que lleguen a Ti y se salven. Esa es mi misión silenciosa; ser mediador. Y lo haré con mi oración, con mis escritos, con mi palabra mientras pueda; ayúdame. Ofrecerles al Dios amor, al Dios salvador, al Dios que se entrega por nosotros. Ayúdame a que mi acción sea eficaz a pesar de que forzosamente ha de ser oculta. Yo quiero llenarme de Ti, Señor, y poder terminar mi vida como Tú: "Todo se ha consumado". Me vas guiando en tu Providencia por senderos sencillos y escondidos. Ayúdame a que sea eficaz en tu Reino mi labor de mediación.
Tú eres el único sacerdote, el verdadero mediador que lo ha hecho con tu vida, pasión, muerte y resurrección, porque el hombre con su pecado había ofendido a su Divina Majestad. Tú eres el gran Pontífice y Mediador, por ser Dios y hombre verdadero. A nosotros nos has dejado participar en este mundo temporal en esta mediación, al recibir el sacerdocio, participación del tuyo. Gracias Ti hemos llegado los hombres a conseguir la amistad con Dios. Ayúdame a vivir más y más esta amistad y a enseñar a otros a vivirla. Gracias a Ti, Señor, la deuda del pecado está pagada. Solo nos queda aplicarla a nuestras vidas. Todo se ha consumado.
Tú consumas también nuestra fe y esperanza; gracias te doy, Señor, por lo bien que has cumplido tu misión y has acabado nuestra obra de Redención. Que yo al fin de mis días pueda decir lo mismo: Todo se ha consumado.