EL MISTERIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
3ª Semana. Día 2º
1ª meditación
Señor, quiero prepararme para contemplar estos días tu Sagrada Pasión, desde Betania - Jerusalén, hasta tu muerte. Enviaste a dos discípulos hasta Jerusalén para preparar la Cena. Una vez allí, les lavaste los pies, y les diste, ¡primera vez en la Historia!, tu santísimo Cuerpo y tu Sangre preciosa, como alimento. Ojalá pueda alguna vez en lo que me queda de vida sacar una semana de tiempo total para entrar a fondo en este sagrado Misterio Eucarístico.
Me vas a dar tu gracia, Jesús, por favor, para ir poco a poco a lo largo de esta semana, transformándome en Ti. Deseo contemplar tus misterios con un corazón propio de lo que meditaba en la "Tercera manera de Humildad". Ayúdame. Luego, dispón de mí lo que quieras. Dame tu gracia, que por Ti vivo en este mundo. Deseo sentir dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, sentimiento y pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí.
Que esta compasión amorosa, Jesús, sea la puerta para mi transformación en Ti. Que te conozca más, Jesús, para que más te ame y más te siga. ¡Conocimiento de Ti, Jesús crucificado, atormentado y muerto por mis pecados. Que mi amor me lleve al dolor con Cristo doloroso, sentimiento de pena interna, de tanta pena que pasaste por mí, Señor. Estrechar más y más la amistad contigo. ¡Señor, unirme estrictamente contigo en toda tu pasión y muerte! Porque, de tu parte, asumiste todos mis pecados como si fueran tuyos; padeciste por ellos, como si Tú los hubieras cometido. Y yo, de mi parte, me esfuerzo en dolerme de las penas que Tú sufriste por mis pecados, tomándolas por mías. ¡Siento tu dolor, Señor! Moralmente somos uno los dos.
He de considerar todo con gran amor a Ti estos días. Unido a tus padecimientos en tu humanidad; y deseo esforzarme por sentir esa pena contigo. He de entrar en Ti y he considerar cómo se esconde la divinidad; pudiéndolo, no destruiste a los enemigos. Y he de considerar cómo todo los sufriste por mí.
ÚLTIMA CENA
3ª Semana. Día 2º
2ª meditación
Imagino el Cenáculo; el lugar, la sala donde se celebró la Última Cena, la unión de la Pascua Judía con la Pascua Cristiana. Veo aquel sitio lleno de piedad y verdadera unción cristiana. Y le pido al Señor dolor en su pasión junto a Él; fervor junto a la Misa primera, junto al autor de nuestra Eucaristía. Dame lágrimas y pena interna al ver cuánto te hemos costado y lo mal que te correspondo.
Antes de comenzar el rito sagrado, Jesús, lavas los pies a los tuyos. Es un gesto lleno de significado; de profunda humildad y de máxima limpieza para la Eucaristía. Yo me uno a aquel momento sublime y lleno de sencillez. Te pido limpieza para mí; te suplico como Pedro la segunda vez: no solo me laves los pies; también la cabeza, las manos y todo. Me siento siempre culpable; no con esa mentalidad enfermiza, sino con gran compunción de corazón, con esa compunción bíblica que tanto se ve en los Profetas. Lávame más y más de mis pecados; purifica, Señor, mi alma de toda culpa. Perdona también a tu Pueblo todos sus pecados. Eso sí; que sea con el arrepentimiento de todos sus componentes. ¡Que llegue alguna vez el arrepentimiento general, lo mismo que por desgracia llegó el alejamiento general. Unos, por la pérdida de fe y apostasía; otros, por el relajamiento de costumbres.... Perdónanos, Señor.
Pasas después, Jesús, a la institución del Gran Sacramento, la Eucaristía. Todavía no has empezado a sufrir los azotes de tu pasión, pero te ofreces ya al Padre. Yo me uno a Ti. Déjame hacerlo desde el deseo de este tercer grado de humildad. Uno mi dolor a los tuyos en aquel momento de la Última Cena. Cuánto sufrirías, además de por lo que te sucedería al día siguiente, al ver el abandono de los Sagrarios, al ver la rutina de tantas Misas, al ver tanta Comunión fría y sin sentido. Quisiera ahora compensarte de alguna manera. Con amor, con mucho más amor. ¡Y te quedas para siempre con nosotros!
Yo quiero ser tuyo, alma eucarística, alma consagrada. No he podido vivir mi consagración ideal, la que me propuse, pero sigo siendo tu sacerdote, y Tú sé que me aceptas según soy; porque además me ves con buena voluntad y con buenos deseos. Deseo ser siempre alma eucarística. Me da mucha pena ver las iglesias cerradas, todo medio abandonado con relación a aquellos fervores de sagrario que tanto habíamos soñado desde nuestra juventud. Me acerco a Ti para acordarme de Ti, para prometerte que durante el resto de mi vida voy a continuar cada vez más siendo un poco despertador de tantas conciencias dormidas con relación a tu permanencia entre nosotros.
Entra en tu amor mi alma; ven conmigo para siempre. La Comunión me dará fortaleza y será para mí verdadero centro de la jornada. Desde allí viviré por extender tu Reino. Haré lo que pueda por parecerme a Ti, Señor.
En la cruz se escondía la divinidad, pero aquí se esconde incluso la humanidad; creyendo ambas cosas y confesándolas, pido lo que te pidió el Buen Ladrón.
EL SERMÓN DE LA CENA (Jn. 13 y 14)
3ª Semana. Día 2º
3ª meditación
Imagino el Cenáculo, el lugar donde Jesús celebró su última Cena; parece que estoy allí, contemplando a Cristo de frente a mi asiento, un poco a la derecha. Pido emoción, lágrimas y pena interna, pero a la vez esperanza y me siento muy agradecido porque se ha quedado nosotros santas, cristianos comprometidos santos. Ten compasión de este mundo.
Y dices después del lavatorio: "Ejemplo os he dado para que como yo he obrado, también obréis vosotros" Así quiero obrar, Señor, hacer las cosas más sencillas y humildes a todos, a los de casa y a los de fuera. Pero ayúdame a que viva con los ojos bien abiertos, porque se me escapan ocasiones muy buenas.
(13,34) Y nos dices el mandamiento nuevo. "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado" Y resulta que para mí no es tan nuevo, porque, aunque lo he oído miles de veces, se me olvida muy pronto. A lo mejor por eso es tan nuevo para mí. Pero ahora te prometo, no con intención de obligarme con un nuevo pecado, pero sí con la seriedad de la amistad que supone estar juntos un mes de Ejercicios, te prometo que se acabó eso de ser un criticón, porque soy más "criticón" que el libro de Gracián. Desde hoy se ha terminado eso de criticar. Y además, si caigo en este vicio tan feo para un cristiano, cada vez que lo haga daré mil pesetas, o sea seis euros, para gente necesitada u obras pías. Si necesito desahogo lo haré una o muy pocas veces, hasta desahogarme con mi mujer, hija o algún amigo, pero luego, se acabó. Se acabó el estar siempre recordando cosas desagradables, faenas hechas... Porque eso indica que no se acaba de perdonar. Sé que cuento con tu ayuda. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
(13, 38) Aseguraste a Pedro que no cantaría el gallo antes de que él te negara tres veces. Por eso, Jesús, mis propósitos te los quiero exponer con humildad, porque me conozco. Sí, tengo la firme resolución de cumplir mi propósito, pero no nos dejes caer en la tentación. Ayúdame a amar a todos: familia, amigos, enemigos, a todos. Pero más, claro es, a familia y amigos.
(14, 3-4) "Cuando me vaya y os haya preparado el sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros... Ya sabéis el camino para ir adonde yo voy. Gracias, Jesús, voy a vivir con una esperanza total porque sé que me llevarás, estoy seguro. No tendré miedo a la muerte, porque estoy contigo. Además me sé el camino, por algo dijiste (6) "Yo soy el camino, la verdad y la vida". De tal manera que canto ahora interiormente con gozo: "Venid a mí; a todos os convida mi corazón al celestial festín; soy el camino, la verdad, la vida, venid a mí; venid a mí".
(18) No; no nos dejes huérfanos. Ya sé que no lo harás,. Pero a veces me siento tan sin ganas de nada, tan amorfo... Dame fuerza entonces, que creo la necesito más. Y te escucho repetir (21) "Quien conoce mis mandamientos y los guarda, ese me ama". Con tu ayuda he de ser fino y delicado en guardar los mandamientos; he de invocarte siempre porque me siento como muy inútil.
Y viene ahora la promesa del Espíritu Santo (25-31) Él nos enseñará todo y nos recordará todo. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles. He de invocarte siempre. Cuando tengo una ocasión de dar algún mensaje espontáneo, no se me ocurre nada; se me ocurre cuando pasa. Pues, Espíritu Santo, ya sabes: que me acuerde en el momentos, oportunamente.
EL SERMÓN DE LA CENA (2º) Jn. 15 y 16
3ª Semana. Día 2º
4ª meditación
Me encuentro en la sala del Cenáculo. Junto a Jesús, como ayer. Imagino todo; veo al Señor que me mira con amor; estoy allí en espíritu. (Jn, 15,10) "Yo soy la verdadera vid y i Padre el viñador. Él corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí... Seguid unidos a mí yo lo seguiré estando con vosotros." Te pido, Señor, dolor contigo dolorosos, quebranto contigo quebrantado; lágrimas y pena interna de tanto como Vos habéis padecido por mí. Perdóname, Señor, que soy pecador. Sí, escucho tus palabras: seguir unidos a Ti. Eso quiero; así es mi deseo, Jesús, unido a ti. De esta forma lo decía en la cinta con que ataron mis manos sacerdotales: "Señor, unido a Ti, darme a las almas." Han pasado los años, ha habido por mi parte muchos altibajos. Pero mi decisión ahora es como en aquellos días lejanos y cargados de emoción. Acoge mi deseo y no permitas que me aparte de Ti. Mira que quiero ser tu amigo fiel; ayúdame.
(14) "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su Señor. Yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros y os designé para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: amaos unos a otros".
Leo con veneración, Señor, este texto. Me considero amigo, no sirvo, si hago lo que me manas. Hay una condición, hacer lo que manda el Señor, hacer tu voluntad. Y ese puede ser el problema. Yo quiero ser tu amigo, Jesús. Intento serlo. Quiero hacer lo que me manas, pero me siento muchas veces sin ganas de nada, como sin fuerza, como lleno de aburrimiento. Pero quiero hacer lo que me mandas; quiero ser tu amigo, ayúdame a ser tu amigo, a acompañarte en tu pasión, a acompañar en su pasión a los que sufren. Ayúdame a ser más generoso, a no contentarme con dar poco, a saber dar y darme. No me importa pedirte esto tantas veces que parezca un disco rayado, pero es que lo necesito mucho, y para el bien de tu Reino.
Tú me elegiste, Señor, y no te vuelves atrás nunca. Yo note he negado; quiero seguirte, amarte y ser como los soy sacerdote tuyo, aunque sea con las limitaciones que me han impuesto. Gracias por tu elección. Padre, concédeme seguir con fidelidad hasta la muerte la elección de Jesús. Y ya que no he sido capaz de hacerlo en exclusiva, en virginidad, al menos lo haga desde el otro estado digno que es el mí, el matrimonio. Además tengo una esposa que es una maravilla en todos los aspectos y en éste de unión contigo, de vivir mi sacerdocio, me ayuda.
(18) "Si el mundo os odia, sabed que me hombre odiado a mí antes que a vosotros". Por eso, Señor, no voy a temer. Ayúdame, Señor, a perder todo el respeto humano. A ser lo que soy, con la fe que tengo. Nunca había tenido respeto humano y desde que salí del clero, lo tengo en ciertas circunstancias. Dame fuerza para que aun en los ambientes en que no me conocen, sepa mostrarme como cristiano ferviente. No temo al mundo; no me van a asesinar, y aunque lo fueran a hacer, tampoco.
(16,13) "Cuando venga él, el Espíritu de verdad, os guiará a la verdad completa... (33) En el mundo tendréis tribulaciones, pero tened ánimo. Yo he vencido al mundo". Por eso, aunque en mi vida me encuentre sin ganas, con tedio enervante y duro, he de confiar en Ti, Señor, que has vencido al mundo. Ven Señor en mi ayuda, apresúrate a socorrernos. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Virgen María, ayúdame a seguir meditando en la pasión de tu Hijo. Oh Madre fuente de amor haz que sienta la fuerza de tu dolor; haz que llore contigo.