Mi correo electrónico: mistica@jet.es

TRES MANERAS DE HUMILDAD (1ª Manera)

3ª Semana. Día 1º

1ª meditación

Humildad es aquí la virtud que nos inclina a despreciarnos a nosotros mismos y a someternos a Dios.

Me encuentro ahora delante del Señor, mi Dios con ansia vivísima de seguirle. Y te pido estima y aprecio a tu pobreza y humillación, Señor, y deseo ardiente de servirte, esperando tu gracia y ayuda. N

La primera manera de humildad es necesaria para la salud eterna, y estaré dispuesto a cumplirla, aunque de lo contrario me hicieran dueño de toda la tierra. No se me ocurrirá ni remotamente quebrantar un mandamiento que me obligue bajo pecado mortal. Este es el primer grado de humildad, necesario de todo punto para salvarse. Y esto te pido, Jesús, porque sin tu ayuda no puedo principiar, ni continuar ni concluir cosa conducente para la vida eterna. Jamás dejarte a ti por nadie ni por nada. Sería dejar el Cielo por el infierno. Sería dejar la vida por la muerte; la dicha eterna, por la desdicha eterna; la libertad de los hijos de Dios por la esclavitud del demonio. Señor, ven en mi ayuda.

El pecado mortal derribó del Cielo a millones de ángeles; expulsó del Paraíso a nuestros primeros padres; nos privó a todos de la gracia de Dios y del Reino del Cielo.

Además lo he prometido a Jesús al ponerme bajo su bandera. Con tu ayuda, Señor, no andaré en regateos con la tentación. Evitaré las ocasiones; procuraré luchar contra la tibieza. Virgen María, ayúdame.

Es preciso recordar durante el día esta manera de humildad.

ORIENTACIONES 3ª SEMANA

3ª Semana. Día 1º

2ª meditación

Algo que he de procurar grabar en mi alma en el tiempo que me queda:

1.- Al contemplar a Jesús en el Evangelio, mi petición y determinación es: conocimiento, amor e imitación ce Cristo. Conocerle para amarle más; conocerle y amarle para imitarle.

2.- El amor afectuoso a Jesucristo es el gran medio para quitar afecciones desordenadas.

3.- Con frecuencia al Corazón de Jesús, sobre todo en los coloquios. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

4.- No contentarme con una reforma del nivel del primero y segundo binario.

5.- Las tres maneras de humildad son para excitar el entusiasmo contra el pecado venial y contra las afecciones desordenadas.

Dadme, Señor, en esta tercera semana diligencia y fuerza para comenzarla con fervor y continuarla con más fervor. Que me dé cuenta de que mi vida cristiana, la que decido seguir a tope, está llena de dificultades. Ayúdame a consolidar y reafirmar la elección ya hecha de una vida mejor. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

En lo que resta de Ejercicios, he de unirme más y más contigo, Señor, He de compenetrame del todo contigo, Cristo doloroso. Unión con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado. El amor tiende a compenetrarse quienes se aman. Dadme, Jesús, amor a Ti, de la misma manera que lo tengo a mi mujer y a mi hija, que no me contenten solo con un amor lógico de cristiano, que llegue también al sentimiento. Algo ya tengo, pero deseo, Señor, amarte más. ¡Identificarme contigo! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Te repito, Señor, esto del salmo 11: "Bienaventurado el varón que no anda en el consejo de los impíos, ni camina por las sendas de los pecadores, ni se sienta en la compañía de los malvados".

¡Cuánto sufro al ano saber transmitir estos sentimientos de amor a Jesucristo; este sufrimiento al ver cómo el mundo cristiano se aparta de Jesús cada vez más. ¡Qué podría yo hacer? Si lo más lógico sería salir por las calles gritando como San Francisco de Asís: "No es amado el amor; no es amado el amor!"

Consérvame siempre en tu presencia, Señor y Dios mío. (Del salmo 41)

Quiero hacerme cuenta de que estoy muerto para el pecado, pero vivo para Dios.; que no reine el pecado en mi cuerpo mortal". (Rom. 6,12) "Mostrarme como ministro de Dios en mucha paciencia". (2 Cor. 6,5) "Ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí". (Gal. 2,20) Repetiré, Señor, estos sentimientos que deseo vivir con fervor.

Virgen María, acompáñame ahora en esta segunda mitad de Ejercicios.

 

TRES MANERAS DE HUMILDAD. 2ª Manera

3ª Semana. Día 1º

3ª meditación

Es ésta: "No quiero ni me afecta más el tener riqueza que pobreza; salud que enfermedad; vida larga que corta, y así en todas las demás cosas agradables o desagradables". "Y con esto que ni por todo lo creado ni porque la vida me quitasen, no sea en deliberar en hacer pecado venial". Aunque uno falte algunas veces, por lo menos sea sincera la voluntad actual de no faltar.

La primera parte me parece imposible ya a primera vista. Eso de que no me afecte... Yo te digo que quiero desear esto, pero no puedo desearlo. Eso de que no me afecte lo de salud o enfermedad... no está en mis posibilidades. ¡Qué más quisiera! Pero supongo que es cuestión de muchos años de virtud. Como veo una perfecta indiferencia, la deseo, Señor. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Y ahora sí te digo que estoy en tus manos; lo que Tú, Señor, quieras para mí.

Sí detesto el pecado venial deliberado, porque es ofensa al Señor, porque me priva de muchas gracias, porque poco a poco me va llevando al pecado mortal, a la tibieza, a la inapetencia de Dios. Detesto el pecado venial. Si lo cometo, seré del todo indigno de tu favor y de tu consuelo. Ayúdame.

Tú dijiste: "Si alguno me ama guardará mi palabra". ¡Qué gran verdad, porque obras son amores! Por eso te quiero amar, dame volverme loco de amor a Ti, entonces no me parecerá tan como imposible este segundo grado de humildad, ni el tercero. Ayúdame a guardar tu palabra. Virgen María, ayúdame; tú qué bien la guardaste. Quiero estar dispuesto a perder todo antes que cometer un pecado venial. Pero me doy cuenta de lo difícil que es y necesitaría una gracia extraordinaria. En Ti confío, Señor. Dame para ello, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo para la salvación de las almas. Déjame asomarme a la perfección evangélica que ando por aquí como a tientas. Lo deseo; te lo pido, Jesús. Me doy cuenta de que en pura lógica cristiana debo estar indiferente a salud y enfermedad... Dame, si quieres esta gracia. Y para conseguirlo te pido, Señor, fervor en la comunión y en la confesión. Fervor en la oración que a veces se me olvida hasta rezar algo tan sencillo como el rosario, y me entra rutina en todo. ¿Cuándo cambiaré? Y ayúdame a hacer bien los exámenes.

 

 

TERCERA MANERA DE HUMILDAD

3ª Semana. Día 1º

4ª meditación

"Es cuando siendo igual alabanza y gloria de la Divina Majestad, por imitar y parecerme más actualmente a Cristo Nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza; oprobios, con Cristo lleno de ellos, que honores; y deseo más ser estimado por vano y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo, siendo igual alabanza y gloria de la Divina Majestad".

Leo esto y lo repito; y en la primera lectura me parece no haber leído bien, aunque lo he leído bien. En la segunda, me lleno de admiración. ¡Señor qué es esto! ¡Qué dimensión de amor cabe en el corazón humano con relación a Cristo! Porque el motivo de esta elección o preferencia es la Persona de Cristo Nuestro Señor, pues Él, siendo Dios, se hizo pobre; vivió humillado, y murió infamado en una cruz. Entonces, al corazón amante, al cristiano que se enamoró de Jesús - Dios y hombre verdadero, no le sufre el alma pasar la vida en honras y riquezas, estando Él por mi amor en humillación y pobreza. Comprendo a los santos que dicen: pobreza y humillación con Cristo pobre y humillado. Por puro amor, porque me lo pide el corazón, porque Él lo hizo antes por mí, me someto al ejemplo de Cristo pobre y humillado, sin que haya en ello ninguna obligación, ni mayor gloria de Dios, ni mayor aprovechamiento personal. Por el único motivo de amor y reverencia a Jesús. No cabe en este mundo amor a Dios mayor. He llegado al santuario escondido del amor a Dios.

Señor, al mirarlo, al ver eta perspectiva, se me pone como un nudo en la garganta. ¡Hasta donde puede llegar el amor a Dios del hombre! Esto es propio de personas enamoradas. Pero, Señor, si está aquí el meollo de la vida cristiana, de la santidad sacerdotal, de la perfección evangélica... ¡Quién pudiera amarte así, Jesús! ¡Quién pudiera amarte así! Me gustaría, Jesús, aunque lo veo solamente como una meta reservada a los santos; ¡me gusta! Es el desinterés completo en mí , el amor más completo que puede darse a Jesús aquí. Me siento con ardiente deseo, pero a la vez veo la imposibilidad; sería como alcanzar el Cielo con la mano. Bueno, Señor, llegue o no llegue, lo deseo con ardor. Sé que esto no se puede conseguir sin un milagro de la gracia. Pues aquí me tienes. No soy digno ni capaz, pero aquí me tienes. Pero, por favor, ¡da este don a muchos sacerdotes, a éstos que han sido valientes y fieles y no se han casado con mujer, ni con el dinero, ni con el poder! Que necesitamos en la Iglesia muchos sacerdotes santos. Tú fuiste pobre y humilde y vejado ayúdame a desear todo esto para mí, con tal de que sea de tu mayor gloria, aunque la otra alternativa sea también de tu mayor gloria. ¿Te lo pido para mí? Y me respondo y te doy mi alma: si es tu voluntad, llévame por ahí, pro eso sí, dame la fuerza abundante para terminar lo que empiezo, que en mi vida he empezado muchas cosas buenas y luego no las acabo, porque soy bastante calamidad.

Al menos, Señor, si no llego a esto, te agradezco por darme la facultad de entenderlo y poder mirarlo como pura lógica de amor. ¡Gracias!