YO QUIERO SER COMO TÚ. - VOCACIÓN APÓSTOLES

2ª Semana. Día 5º

1ª meditación

Yo me siento tuyo, Jesús, y quiero ser como Tú. Te pido ahora y repetidamente conocimiento interno tuyo para amarte más y poder imitarte mejor. Eres mi amigo verdadero, aunque no te vea con mis ojos materiales; y quiero saber ser más amigo para todos que se tropiezan en mi vida, porque no soy yo frío de trato, pero con la vida y el cambio de mis circunstancias, me he retraído mucho. Así que dame saber manifestar mi afecto como antes lo hacía; y ahora como que no puedo, Señor. Quiero ser enérgico cuando debo. Esto ocurre pocas veces, pero es importante saber serlo. Quiero ser apasionado como Tú, y entregarme con pasión y hacer el bien. Me cuesta poco por escrito, pero me resulta difícil de tú a tú. Pero tengo la ventaja de que he encontrado muchas personas que prefieren también la relación escrita. Creo que también es una forma de amar. He perdido bastante en el trato impersonal a raíz de que he cambiado de estado. Pero ya me ayudarás cada vez más. Por otra parte cuando me quedé con las cuerdas vocales tan dañadas, tuve que reservarme mucho por necesidad.

Quiero colaborar contigo sobre todo en la obra de la salvación. Ayúdame. Mira que te tengo que pedir todo...

Tú me llamaste a seguirte, Señor, Y a cuántos llamas,. Y como te acomodas a cada uno. Miro el Evangelio y me emociona la manera como llamas a cada uno de tus discípulos. Llamas con infinita prudencia, acomodándote a cada uno. (Mt. 4,18... y Jn. 1,35-41) "Venid y ved", dices a los primeros con amabilidad. Y a Pedro, con un halago cariñoso: "Tú eres Simón, el hijo de Juan. Tú te llamarás Cefas". De manera distinta llamas a Andrés y a Mateo.

¡Conmigo sí que te has acomodado! Y me sigues llamando. ¡Por cuántas vicisitudes he pasado! ¡Ten compasión de mí, que no sé seguirte bien! ¡Cuánta paciencia tienes que tener conmigo! Que no me resista en tu seguimiento. Quiero seguirte con tu ayuda sin vacilar, hasta el fin de mi vida. Pero por un lado van mis deseos, y por otro, la realidad. Ya puedes seguir ayudándome. He sido elevado por ti a gran dignidad espiritual: soy tu cristiano, tu sacerdote... y te pido fuerza y gracia para seguir viviendo cada vez con más emoción estas prerrogativas y lo que llevan consigo. Gracias, gracias... Ayúdame, que me cuesta mucho dejar mi manera de ser tan imperfecta, tan retraída. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

 

MISIÓN DE LOS APÓSTOLES (Lc. 10)

2ª Semana. Día 5º

2ª meditación

Represento ahora, como si lo estuviera viendo con los propios ojos el momento en que Jesús envía de dos en dos a sus discípulos a predicar. (Qué pena que esto hayan copiado algunas sectas y nosotros no lo mantengamos). Y les dice: "La mies es mucha y los obreros pocos; rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies". Sí; cuántas personas necesitan ser acogidas en el Reino de Dios. ¿Por qué después de tantos años no hemos llegado a todas las partes? Ahora, Señor, yo te pido con tus mismas palabras: ¡Envía, Señor, obreros a tu mies! Obreros buenos, santos, dignos de predicar tu palabra porque la ponen en práctica. Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos. ¡Que no busquen las cosas propias, sino las cosas de Dios. Que sean útiles a tu Reino. ¡Si hubiera de este estilo dos por diócesis....!

El Señor quiere ser rogado. Esta idea he de grabarla bien en mi mente.

Ayúdame, Señor, a aplicar a mi alma aquellas cualidades que pedías a tus Apóstoles: ser prudentes como serpientes y sencillo como palomas. Sí; darme cuenta de todas las circunstancias que me rodean, ser circunspecto y a la vez decido para obrar. Buscar el momento oportuno para meterme con sencillez en lo que de veras me interesa para el Reino de Dios. Dame mansedumbre para no devolver mal por mal. Jesús, manso y humilde de corazón, haced mi corazón semejante al vuestro. Y que no tenga ningún temor a la hora de dar testimonio; que con eso de no pertenecer al estado clerical, da la impresión de que me está vedado todo.

Junta en mi alma, Señor, la sencillez de la prudencia de la serpiente; sin doblez. Para que de tal manera haga el bien a otros que no reciba daño de ellos.

Recomienda Jesús a los suyos que se contenten con lo necesario, de modo que no lleven demasiado dinero para su regalo. Ayúdame, Señor, a cambiar de mentalidad y que me aparte del todo del deseo de poseer. Dame el don de abnegación. Y que se meta en mi alma la necesidad de predicar el Reino de Dios; la penitencia a causa del pecado; el desprecio de las cosas terrenas.

Cuenta conmigo, Jesús, para seguir en la tarea de tu Reino, siempre con mi oración, pero también con la acción de todas las formas que sean precisas. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

 

SERMÓN DE LA MONTAÑA.

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

2ª Semana. Día 5º

3ª meditación

Aquí me tienes, Señor, sentado junto a ti, en la falda de la montaña; quiero escuchar tus enseñanzas de maestro divino, y deseo sobre todo ponerlas en práctica. Eres mi maestro, legislador y consejero. Como maestro, enséñame y dame luz sobrenatural para entender bien tus divinas enseñanzas; como legislador dime tu ley y dame gracia para cumplirla; como consejero, dame fuerza para poner en práctica tus consejos; dame espíritu de mortificación para tener facultad de seguir tus Bienaventuranzas.

Señor, dijiste: "Bienaventurados los pobre de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Ayúdame a que no quiera agarrarme a los bienes de la tierra, como a algo definitivo, que sea desprendido; que me sirvan estos bienes de escalera para ir a Ti. Nunca llegue a quebrantar tu ley ni en pecado venial por adherirme a estos bienes. Quiero compartir con mayor generosidad lo que tengo; no dejarme llevar del capricho para poseer cosas no útiles o necesarias. Dame mayor generosidad; mucho mayor. Renunciar del todo a lo superfluo, que ahí es donde más se pega el corazón. Despega, Señor, mi alma de toda vanidad; que tampoco se adhiera a ella mi voluntad,. Incluso dame fuerza para ir poco a poco desprendiéndome de mi propio querer. Ayúdame a ir vaciándome de mí mismo, de mi amor propio.

¡Cuánto te pido, Señor, ¿verdad?! Me da apuro pedirte tanto y darte tan poco. Si doy más a los necesitados, te pediré con mayor confianza. De lo contrario hace falta tener mucha cara. Aquí estoy, Señor, el caso es que ni siquiera sé si quiero de verdad ser pobre de corazón o es solo un "me gustaría". Quiero quererlo ser; te pido incluso esta fuerza de desearlo de verdad.

Tu voluntad era hacer la del Padre celestial; y no tenías ni siquiera donde reclinar tu cabeza. Y hasta has renunciado a la figura humana en la Eucaristía, bajo las especies de pan y vino.

Te doy gracias por no poseer riquezas; me has hecho con ello un gran bien. Pero de mis cortos recursos quiero ser más desprendido; dame mayor espíritu de generosidad para compartirlo. Que sea de verdad pobre de espíritu. No está en mi mano desprenderme de todo, pero sí ser más generoso; renunciar a caprichos, para más dar. Arranca, Jesús, de mi corazón todo afecto desordenado a los bienes de la tierra para que no ambicione otras riquezas que las tuyas, y así te posea por la gracia y al final en la gloria.

 

 

 

2ª Semana. Día 5º

4ª meditación

BIENAVENTURADOS LOS MANSOS

Aquí me tienes, Señor, sentado junto a ti, en la falda de la montaña; quiero escuchar tus enseñanzas de maestro divino, y deseo sobre todo ponerlas en práctica. Eres mi maestro, legislador y consejero.

Mansedumbre. Queda definida por el mismo Jesús cuando dijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón". A eso vengo ahora, Señor, a aprende de Ti. (Mt. 11,29) Brota la mansedumbre del mismo corazón, de lo más íntimo de la persona. Atraen los mansos cuando es verdadera su dulzura. Me complace la definición de San Juan Clímaco: "La dulzura es el estado inmóvil del alma que nada suele alterar, Es como la roca que domina el mar; rompe las olas irritadas, y permaneces siempre inquebrantable". ¡Cuánta falta me hace imitar a Jesús en su mansedumbre! Mansedumbre es la serena igualdad de ánimo, madre de pensamientos prudentes y de palabras mesuradas. En el trato con el prójimo sabe vencer antipatías y reina por la suavidad de palabras. Es el sello del celo por la gloria de Dios. Más es lo suyo servir que dominar; llevar la cruz que el látigo. Reprime los impulso de ira y las turbaciones del corazón; devuelve bien por mal; excusa las injurias y pide a Dios que les perdone.

Jesús es mi modelo de mansedumbre. Por algo le denominaban el Cordero. Supo defenderse sin irritarse; pero no aduló; lo hizo todo con mansedumbre. Supo reprender con firmeza, pero sin ira. Si le ultrajan, no grita. Crucificado, muere perdonando.

Señor, miro tu virtud; te admiro y venero. Me lleno de deseo de imitarte. Últimamente creo que he mejorado en mansedumbre, pero todavía me falta mucho, sobre todo si el contratiempo me sobreviene de improviso. Te pido, Señor, fuerza, serenidad, estar consciente de todo lo que te debo, de que he sido perdonado mil veces por Aquél que es manso y humilde de corazón. Poseer la tierra es el premio de la mansedumbre, porque dominarse a sí mismo es lo más grande, es verdadera posesión de la tierra, dominio perfecto.

Me detengo ahora, Señor, para pedirte ser dueño de mí mismo. Que sepa utilizar la palabra suave, y más en situaciones tensas. Que sepa encajar con virtud los contratiempos, porque te siento, Señor, dentro de mí, como mi Huésped y Dueño. Virgen María, Reina de los mártires, infunde en mi corazón es paciencia que tanto necesito. Jesús, dame fuerza para dominar mis pasiones. Que sepa imitarte a ti, manso y humilde de corazón. Nada me turbe, nada me espante, Señor.

 

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS

No me interesa las falsas alegrías del mundo. Más vale las santas lágrimas nacidas de la compunción interior que no da tristezas, sino esperanza, amor y gratitud. Convierte, Señor, mis ojos en fuente de lágrimas para que te acompañe en tu pasión, pues yo fui causa de ella.

Si sé llorar con el que llora, si lloro por mis pecados, si derramo lágrimas por amor a Dios, Jesús convertirá en gozo mis lágrimas. Dame, Señor, vivir esta bienaventuranza. Llorar como María Magdalena a los pies de Jesús al sentirse perdonado y tan copiosamente amado.

Tú, Jesús, Espíritu Santo, el Consolador, el Dios de todo consuelo y de quien procede todo lo que nos puede consolar, mantén en mí la esperanza del Cielo. Dame mientras tanto imitar a Jesús en la tierra; dame vivir siempre con desprecio de las alegrías que se confunden con el placer de los sentido, y vivir junto a Ti, Que la esperanza del Cielo me consuele con su gozo anticipado. Que me dé cuenta, Virgen María, de que es imposible gozar con Dios y con el mundo. No se puede tener dos paraísos.