EL NACIMIENTO

2ª Semana. Día 3º

1ª meditación

Imagino, como composición de lugar, el establo donde ocurrió el nacimiento de Jesús. Lo veo como en alguno de los beles que me gusta contemplar en Navidad. Petición: conocimiento interno de Cristo que ha nacido por mi en tanta pobreza, para más amarle y servirle. Y pedírselo con fervor; procurar recordarlo durante el curso de la meditación.

Pienso en la Virgen María durante el camino a Belén. Iba con gran espíritu de cumplir l voluntad de Dios; con mucha serenidad, a pesar de lo desagradable del viaje. Todo en el camino se transformaba gracias al amor que llevaban ambos esposos. Y yo ahora la pido a la Virgen María y a José que intercedan ante el Hijo y ante el Padre celestial para andar yo por mi vida con este espíritu. José giraba en torno a su esposa, fiel en todo. Los dos se santificaban gracias a la vocación especial que el Señor les había dado. Reflejo ahora sobre mí esta escena y le pido al Padre fuerza para vivir esta vocación también para mí un tanto especial de sacerdote y desposado. En este camino he de santificarme.

Ayudadme Virgen María y San José a santificarme con paz; con gran ilusión sobrenatural.

Ellos obedecen a la perfección, a pesar del tiempo invernal; obedecen y confían en la Providencia. Ayúdame también, Señor, a ser obediente y a saber confiar en la Providencia. Llevar con alegría incluso las circunstancias desagradables, con esa paz interior que es alegría serena. Estoy asociado a la obra de la redención al ser cristiano, al ser confirmado, al ser sacerdote. Saber reaccionar ante el mal tiempo, ante los fracasos, ante los sinsabores y humillaciones. Confío en la Providencia como la Virgen María y José. Así Jesús nacerá y crecerá en mí. Ser como ellos contemplativo en la acción sencilla.

Trabajos, humillaciones, puertas cerradas, sin hospedaje después de largo camino. Y ellos dos siempre con esperanza. Jesús les acompañaba en el seno maternal de la Virgen María. Dadme, Señor, la alegría en el fracaso; que no pretenda que todo me salga bien. Ellos con la humillación y el fracaso se prepararon para el nacimiento de Jesús. La humillación, sí, es manjar de fuertes; bien aceptada engendra el espíritu de abnegación. Dadme, Señor, el don de oración, el don de abnegación, la perseverancia final y celo para la salvación de las almas. Que nunca me hunda con la tristeza del fracaso o de la humillación; que esto fomente mi abnegación. Ayudadme, Virgen María y José. Pedid esta gracia a Jesús y al Padre para mí.

 

EL NACIMIENTO 2ª PARTE

2ª Semana. Día 3º

2ª meditación

¡Un Niño nos ha nacido! Oh pobreza, pobreza, exclamaría la Virgen María iluminada por una luz del Cielo. Lo entiende; y esto es lo que viene buscando el Niño que va a nacer. Y en medio de un éxtasis, como nunca se había podido contemplar, la Virgen María da a luz al Niño - Dios. Y nació para nosotros de Madre Virgen el Hijo de Dios.

Jesús, en pobreza, como abandonado, pero muy amado por la Virgen María y San José, viniste al mundo. Tú, el Dios de la grandeza, del poder, de la gloria, de la sabiduría infinita, de la omnipotencia. ¿Y yo me puedo quejar de achaques y limitaciones; de olvidos y pretericiones; de descuidos y marginaciones? ¡Qué bueno ser como Tú, Jesús! Bendito seas, Señor, que has venido a enseñarme esta lección de humildad, de pobreza, de sacrificio, dame fuerza para saber aguantar con paz y serena alegría las inclemencias no solo del tiempo, sino también de mis achaques y limitaciones.

Yo te abro mi corazón. Naces en un establo. El que viene a salvar a todos, no encuentra una casa normal para nacer. Ninguno de aquellos se puede preciar de haberle abierto las puertas. YO, Jesús, quiero abrirte, pero me encuentro ahora como sin fuerzas para nada, como sin ganas de nada. Y te pido - ¡qué cara tengo! - te pido fuerza, porque sin ti no puedo ni principiar, ni continuar, ni concluir cosa conducente para la vida eterna.

Durante años he querido ser más en mi virtud, crecer en todo. No lo he conseguido, pero de nuevo lo intentaré con tu gracia y amor. Entra en mí, Jesús recién nacido. Está siempre en mi casa, Señor. Mira que soy tu amigo y deseo serlo siempre. Pero soy del mismo barro que los incrédulos, los ateos, los indiferentes. Tú me inundas de gracias y apenas respondo; pero, Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. Y conserva siempre mi amor; ahora y en la hora de la muerte. Ayúdame, sí, a abrirte la puerta y a abrirla a cuantos se encuentren en mi vida. Me llamas a la santidad; yo sí me pongo con tu gracia en el camino de la santidad, cueste lo que cueste; aunque me imagine ahora que dentro de un mes pueda decir: otra vez estoy despistado; otra vez sin fuerza. Por eso te digo que Tú eres mi fuerza y mi salvación.

Virgen María, quiero adorar al Niño Jesús. Déjame adorarlo: es Dios, como Tú lo adorabas. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad! Paz contigo y en tu compañía. Dame, Jesús, amor a la pobreza, a la humildad, a estas virtudes tan desdeñadas por la gran mayoría. Que Tú seas mi gran riqueza, mi gran tesoro. ¡Siempre contigo, Señor! Adorarte, y adentrarme en tu corazón. Ahí estás, sin hablar, y Tú eres la sabiduría que ha venido a salvar al mundo. Quiero servirte de verdad; que no se hagan mis cosas, sino las tuyas. Silencioso como Tú, humilde como Tú.

Virgen María, Tú fuiste toda para Jesús, siempre por Jesús. Ayúdame a ser de Él, siempre de Él, todo de Él. Amar, amar con todo mi corazón; que esté siempre en mi puerta, en mi casa el amor. Que te ame con Tú me amas.

Señor, da a mi inteligencia mayor conocimiento hacia el Rey Eternal; a mi corazón, mayor amor a su persona; más entusiasmo por seguirle; más ansia de heroísmo por Él. En la voluntad, más resolución firme de amarle con todas mis fuerzas; de seguirle con tu gracia adonde quiera llevarme. Te lo pido, Padre, por medio de tu mismo Hijo, hecho ahora niño.

 

ENCARNACIÓN Y NACIMIENTO. REPETICIÓN.

2ª Semana. Día 3º

3ª meditación

 

Ante todo comenzar como en las meditaciones anteriores, con la oración preparatoria, la composición de lugar y la petición.

Se trata en esta meditación de repetir poco a poco lo escrito en las anteriores meditación sobre la Encarnación y sobre el Nacimiento de Jesús. Parar para meditar o contemplar en aquellos puntos en que he tenido consolación o desolación. En el primer caso, consolación, porque seguramente el Señor me ha dado ese consuelo precisamente porque necesito más profundizar ahí, porque es más necesario para mi vida interior o para el bien de las almas. En el segundo caso, desolación, también conviene hacer hincapié, porque, probablemente esa desolación viene del demonio, y para hacer en contra de él, volver a insistir en ese punto en la oración.

EL TRABAJO DE JESÚS

2ª Semana. Día 3º

4ª meditación

Me introduzco imaginativamente en el taller de Nazaret. Lo contemplo con cariño. Miro allí a Jesús, y junto a Él adolescente, a la Virgen María y a José; éste con sus instrumentos de carpintería, María arreglando la ropa, sentada en una silla pequeña. Jesús un poco de pinche de la carpintería, aprendiendo el oficio. Jesús, que es capaz como Dios y hombre de crear nuevo mundos, reducido a la mínima expresión de aprendiz. Son una familia de artesanos pobres, pero no están en la miseria. Y todo lo hace por nuestro amor, por amor a todos los trabajadores, a todos los hombres, pues de una u otra manera hemos de dedicarnos al trabajo.

Jesús trabajó desde niño; lo hizo de joven y de adulto. Su vida fue el trabajo. ¿Yo? También voy pasando mi vida trabajando. Ahora estoy jubilado, desde hace varios meses. Ya no necesito el trabajo para subsistir, tengo mi pensión. Pero he seguir trabajando hasta el fin de mis días. Ese es mi deseo. Mi trabajo, tengo esta oportunidad agradable, no será ya remunerado, pero que sea provechoso a la Sociedad, y sobre todo al Cuerpo Místico de Cristo. He de considerar ante todo que también la oración es una forma de trabajo, no solo el trabajo es oración. Y la oración es trabajo duro, pues hay que luchar contra la desgana, la sequedad y tantas otras cosas que se oponen a su correcta realización. Es preciso ir siempre contra corriente.

Hago aquí ahora el propósito de dedicar todo el tiempo que pueda a la oración como trabajo mío. A la oración y lo relacionado con ella: lectura espiritual, preparación de puntos, etc. Por otra parte, mi trabajo diario será también sufrir con paciencia los achaques propios d las enfermedades de las personas de mi edad; bien unido a Cristo Redentor.

Tú, Jesús, no tuviste estos trabajos de jubilado. No llegaste a esta edad. Era más activo lo tuyo. Quiero sufrir mis trabajos de jubilado con paciencia y alegría. También he de trabajar activamente por extender tu Reino, porque reines más y más en nuestro mundo. Y mi trabajo será principalmente con la pluma. Escribir artículos, cartas, y otras cosas de este estilo, principalmente a través de mi revista virtual y de mi parroquia virtual por internet, mientras me sea posible. Lo hago con ilusión y he de prepararme para cada una de estas acciones con oración. Larga oración matinal y vespertina, de alrededor de dos horas, a poder ser más. Y oración también antes y después de cada una de mis acciones.

Nunca ensañamiento si en algo tengo que alentar para luchar contra el vicio. Siempre positivo, caritativo, dulce. Ayúdame, pues no suelo saber hacerlo bien.

Y siempre que practique algo, algún escrito de cualquier tipo, orar. Orar sí alrededor de dos horas diarias que me servirán como preparación remota, pero orar sin excusa cuando redacto un artículo, cuando lo copio, cuando lo mando, cuando envío alguna carta. Que mis escritos sean oración. Ya lo suelo procurar, pero desde ahora ha de ser mejor. No puedo lanzarme a esta tarea divina a palo seco, sino bien caldeado por el fuego divino.

Oración remota, sí; y también próxima, anterior y posterior. Jesús, Tú trabajabas con gran pureza de intención; yo también he de hacerlo con esa misma intención pura, bien consciente que nada es el que planta ni el que riega, sino Dios que da el incremento.

He de trabajar con orden, con paz. También es un trabajo para mí el ejercicio físico; y es un deber para no caer paralizado por la progresiva artrosis. Y por fin, mi trabajo manual en las cosas de la casa, para que todo esté bien y para descongestionar el trabajo de mi mujer querida. Es fácil orar mientras el trabajo manual y fácil también escuchar cintas.

Ven, Divino Obrero de Nazaret; ven en mi ayuda. Mi trabajo ya no tiene por objeto ganar el sustento, soy jubilado. Pero he de seguir trabajando sin remuneración monetaria mientras me des fuerzas. Así sea.