LA GRAN EMPRESA

2ª Semana. Día 2º

1ª meditación

 

Me he entregado de nuevo por amor a Jesús, mi Rey Eternal, y me ofrece una gran empresa que despierta entusiasmo en los mejores. Se puede reaccionar de dos formas distinta: a) Al estilo de Loyola, Javier, Nieto... con gran emoción, con toda la fuerza y calor que inspira el Señor en unos Ejercicios. b) de una manera más fría. Y esto puede ser porque la fe no es muy fuerte o porque uno discurre con pura lógica cristiana, sin ese sentimiento íntimo producido por el fervor. ¿Yo cómo he reaccionado a lo largo de mi vida? Señor, Tú sabes bien que tengo alternancias. He tenido días o meses de entusiasmo, pero me veo muy solo. Sé que estás a mi lado, lo creo, sí, pero mi fe no es tan fuerte como la de los santos. Jesús Bueno, esa es mi realidad. Tú ves a lo largo de mi existencia que no he sido indiferente, pero tampoco lo suficientemente fervoroso ni entusiasta. Un hacer algo pro falta mucho para lo que yo quisiera. Señor, soy un poco de los de pura lógica con algún ribete de entusiasmo. Y Tú puedes hacer que sea mucho más ferviente; mucho más cálido. Me pongo ante Ti para que me transformes, porque tu Empresa merece la pena más que nada en este mundo. Tu gran empresa es la redención del mundo; la liberación de una humanidad cautiva. Tú, Señor, quieres la felicidad nuestra que nos transmites con tu mensaje y con tu promesa.

Es preciso que yo me entregue con mucho mayor fervor. Ya que no he sido un liberado, ahora que ya tengo medios para subsistir con mi pensión, puedo dedicarme exclusivamente a tu Reino desde mi posibilidades algo limitadas. Ayúdame. Quiero entregarme del todo a la oración y a la extensión de tu Reino. Ir contigo siempre, Jesús, y hacer pura oblación de mí mismo. Hace un rato me daba pena que una acción mía no ha producido ningún efecto. Y me daba pena no por amor propio, sino porque me doy cuenta de que una parroquia sin un fervor eucarístico profundo, no produce los frutos saludables que otras con gran fervor. Cada vez se practica menos; cada vez se enfría más la gente. Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos.

Aquí me tienes, Señor, me ofrezco a Ti. Haré lo que pueda, pero con mucha más oración antes y después de mi acción: ahí está el alma de todo apostolado. Quiero seguirte de cerca, siempre junto a Ti. Con tu ayuda tomaré mi cruz de cada día e iré detrás de ti.

 

LA ENCARNACIÓN

2ª Semana. Día 2º

4ª meditación

Miro al mundo lleno de gente. Viendo la Santísima Trinidad que descendía al infierno, se determina en su eternidad que la Segunda Persona se haga hombre para salvar al género humano.

Te pido, Señor, conocimiento interno tuyo, que por mí te has hecho hombre. Ayúdame, Se, a penetrar un poco en el mar sin fondo de las perfecciones divinas. Ayúdame a sumergirme de lleno en el océano de misericordia divina, tus riquezas incalculables para ponderar un poco "cuál será la anchura y la largura, altura y profundidad y conocer lo que sobrepuja a todo conocimiento, la caridad de Cristo. (Ef. 3,8 y 18-19)

Y todo esto, Señor, para que te ame más; al estilo de San Pablo, de Javier, de Nieto y otros muchos santos. Que te ame, Jesús, con un amor que me transforme en ti; para que sea un poco capaz de imitarte. Que te imite hasta poner mi mayor ilusión de esta vida en buscar la mayor abnegación y continua mortificación" para acompañarte. Que no sea yo quien viva sino Tú, Señor, quien viva en mí.

Miro ahora las personas que hay sobre la tierra. Todos hijos de Adán; ver los que había en tiempos remotos. ¡Qué desastre! Y peor aún entonces que ahora. El hombre ha olvidado a Dios. Se hieren y calumnian unos a otros, todo lleno de rencores, egoísmos, blasfemia, hurtos, fornicaciones, dinero, más dinero... comer y divertirse. De Dios, nada. Y Tú nos has creado, Señor, para alabarte, hacerte reverencia y servirte, y mediante esto salvar nuestras almas. ¿A dónde se llega? Las pasiones desordenadas se imponen. Y el mundo necesita de Jesucristo para no corromperse. Y yo, Jesús, necesito de ti para no corromperme. Todo lo vengo comprobando mirándome a mí y mirando a la Sociedad. Ayúdame a orar, Señor, y a trabajar. Sin Ti, Señor, el mundo se muere sin remedio en el pecado y la indiferencia; en cambio contigo, volverán las masas a ti, como lo han hecho en tiempos recientes. ¡Pero es necesario que alguien les lleve el mensaje. ¡Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos! Y hazme santo también a mí para que pueda colaborar un poco a un mundo mejor.

Ahora miro a la Santísima Trinidad. En la soledad de su trono divino mira la redondez de la Tierra. Ve a todos los hombres en total ceguera y toma la decisión de enviar al Hijo para salvar a este mundo que muere lejos de Dios. Parece que escucho aquella decisión: "Hagamos la redención del género humano; enviemos a nuestra Segunda Persona, al Hijo, para que se haga hombre y los salve. Y así queda decidido...

Contemplo con amor la decisión Trinitaria. Adoro con veneración a la Trinidad. Amo. Agradezco

 

LA ENCARNACIÓN 2ª PARTE

2ª Semana. Día 2º

3ª meditación

Contemplo a la Santísima Trinidad. Le pareció poco el perdonar a la humanidad caída en Adán; quiso mucho más: envió a su Hijo. Y además decidió descender la Trinidad misma a las almas de todos por la gracia santificante. Me detengo unos minutos a contemplar esta decisión trinitaria...

Y el Verbo de Dios desciende a las entrañas purísimas de la Virgen María y se hace hombre y habitó entre nosotros... Yo adoro en profundo recogimiento a este Dios hecho hombre. Le adoro en el Sagrario o en la soledad de mi habitación. Alabo a la Virgen María que ha colaborado de forma total a la salvación de la humanidad. Y contemplo ahora esta maravilla de la bondad y misericordia de Dios. Encarnado en la naturaleza humana de Jesús, para salvarnos, inmerso en nuestra pobre naturaleza para que estemos unidos a la divinidad por la inhabitación trinitaria, unidos nosotros al mismo Cristo como los sarmientos a la cepa. ¡Señor, necesitaría años y años para contemplar este misterio sublime de tu encarnación y permanencia entre nosotros los hombres! Gracias, Padre, por la infinita caridad que habéis tenido con nosotros. Gracias, Hijo de Dios que te has dignado descender desde el Cielo y fijar tu morada entre los hombres y nos has redimido por tu vida, pasión, muerte y resurrección. Gracias, Espíritu Santo, amor increado con el que el Padre y el Hijo aman al mundo. Hacedme, Trinidad Santa, vivir inmerso en este misterio de amor. Que esto sea como la respiración de mi vida interior. Gracias, porque tengo en mis manos la salvación, porque tengo en mi posibilidad el ser santo. Déjame transformarme con este misterio de amor, Señor.

Soy objeto de la misericordia infinita del Señor. Mis miserias han atraído la misericordia divina. ¡Oh fe bendita que me hace creer! Pero también los alejados son llamados. Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos, que vayan conquistando almas para ti. Yo con mi oración, mis sacrificios, mi vida interior intensa he de colaborar. Y con estos medios que utilizo, los llevaré con tu gracia al cien por cien, y han de ir impregnados con el espíritu de oración, porque sin tu constante ayuda no podemos principiar ni continuar ni concluir cosa conducente para la vida eterna. Levanta, Señor, de tu pueblo esta nube de plomo que cubre todo. Y envía obreros santos a tu mies.

No puedo achicarme ni desalentarme. Sin pausa, pero con paz interior, siempre a tu servicio. Esta es mi resolución que la pongo en tus manos, porque sin Ti no soy nadie.

Veo cómo mi vida con oración intensa, sacrificios, entrega y hacer todo lo que esté de mi parte, ha de estar volcada en la salvación del mundo. Esta es la gracia que te pido.

 

LA ENCARNACION DEL HIJO DE DIOS. ANUNCIACIÓN A MARIA. (3ª)

2ª Semana. Día 2º

4ª meditación

 

Como si el sol recogiera sus rayos hasta convertirse en un cuerpo oscuro, así el Verbo, recoge, ahora hace dos mil años, los esplendores de su majestad y desciende de los Cielos hasta nuestra Tierra y se dirige a un pueblecito, Nazaret, donde hay una joven, la Virgen María, que está en oración, pidiendo seguramente aquello de "Ven, ven Señor, no tardes..." Y un Ángel, enviado de Dios la saluda y solicita de ella la venia para ser la madre del Hijo de Dios.

La Virgen María responde con toda seguridad y firmeza: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Y en aquel momento se obra el gran misterio de la Encarnación. "De la purísima sangre de esta Señora formó el Espíritu Santo un cuerpo perfectísimo; creó de la nada un alma y la unió a este cuerpo; y en este mismo instante, a este cuerpo y alma se unió el Hijo de Dios; y de esta suerte, el que antes era solo Dios, sin dejar de ser Dios quedó hecho hombre".

El Dios hecho hombre es del todo Dios; la santidad subsistente en figura y realidad humana. Me detengo para contemplarlo... Te adoro, Cristo, Dios y hombre verdadero. Renuevo aquí con unción, con toda mi alma, mi ofrecimiento de seguirte en las circunstancias que decidas para mi vida. Ayúdame a aceptarlo, ayúdame a vivirlo.

"Se anonadó a sí mismo" (Fil. 2,7) Dejó los esplendores del Cielo para entrar en la oscuridad de la Virgen María, en su seno virginal, durante nueve meses. Durante treinta años, encerrado en una humilde casa y taller de Nazaret. "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del Cielo". Bajaste, Jesús, para ayudarme a luchar contra las bajas pasiones. Bajaste para acompañarnos a luchar en nuestros sufrimientos y deseos, en nuestros problemas. Permanece, Señor, siempre con nosotros.

A Ti me acojo; aumenta mi fe. Ayúdame a vivir por entero mi fe. Que me acuerde siempre de estos santos misterios; que desde ahora sea siempre mi gran ilusión. Dame tu fuerza y tu gracia.

Nos amas, Jesús, y nos quieres con aquel único amor con que amabas al Padre. Y no por nuestros méritos, sino por tu bondad. Nos ves pobres e incapaces, y Tú mismo has experimentado estas limitaciones humanas. Y ves las masas de gente que está lejos. Y quieres para ellas también la salvación eterna. Más fácil veo ahora su salvación que su condenación. Pero esto no tiene que servir para estar tranquilos como funcionarios ociosos. Todo lo contrario. La caridad de Cristo nos urge.

Hágase, dijo la Virgen María. Es una maravilla de la colaboración humana a la acción salvadora de Dios. Si la Virgen María hubiera dicho que no... Pero colaboró. Gracias, Madre y Señor nuestra. También lo nuestro será el "hágase".

Y ahora dialogo con el Pare, con el Hijo, con el Espíritu Santo. Ven Señor, Jesús.