Mi correo electrónico: mistica@jet.es

COMIENZO DE LA SEGUNDA SEMANA

En esta segunda semana es preciso insistir en:

 

ANTES DE CADA MEDITACIÓN

Antes de comenzar cada una de las meditaciones es necesario: 1º Ponerse en la presencia de Dios. Actualizarla en el Sagrario, en el Crucifijo, en alguna estampa... 2º Oración preparatoria fundamentada en estas ideas de San Ignacio: Que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su Divina Majestad. 3º Composición de lugar: representar vivamente con la imaginación el hecho que se va a meditar o contemplar; o algo sensible a modo de imagen o símbolo si la idea es más abstracta. 4º Petición: formular una petición relacionada con el objetivo que nos proponemos en esa meditación.

DESPUÉS DE CADA MEDITACIÓN

Manda S. Ignacio que después de cada meditación se haga un cuarto de hora de examen. Para ayudar a esto copio un formulario de varias preguntas sobre el tema. Ver al final de todo. Ver al final el examen de la meditación

 

MEDITACIÓN ORIENTATIVA

2ª Semana. Día 1º

1ª meditación

Estos Ejercicios de la segunda semana y demás los creó S. Ignacio no para todos, sino para personas más cualificadas en vida espiritual: sacerdotes, seglares con inquietud espiritual, etc. A esta segunda semana San Ignacio solía dedicar hasta doce días de un total de treinta. Toda esta semana es de guerra, de la cual sale uno con victoria si se vence uno a sí mismo, y entonces es conquistado uno por el Reino de Dios.

Señor, quiero perfeccionar ahora el fruto de la primera semana. He visto mi fin de alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Sé que ahora mi trabajo va a ser buscar mi reforma según el Ejemplar, el Hombre - Dios, Jesús. Este ideal ha de ir penetrando en mi alma. Te lo pido ya desde ahora, Padre, y te lo seguiré pidiendo en todo momento. Sé que es muy bonito ahora, pero vendrán sin número de dificultades de inmediato.

¡Configurarme con Cristo, ha de ser la ilusión grande de mi vida desde ahora! Sí, la tenía hace años, pero tal vez ya ni me la formulaba, iba viviendo un poco por inercia mi vida espiritual. Ahora es necesario retocar desde los cimientos, fachada, muros, columnas. El tiempo es breve y con la ayuda de Dios he de procurar seguir adelante. Configurarme contigo, Jesús, Hijo de Dios, Maestro mío. Virgen María, ayúdame; pide al Padre por mí. San José, ven en mi ayuda. Que Cristo sea mi verdadero camino, mi vida entera. Así la reforma de mi vida será más plena.

Mi propósito en estos días: Llegar a un conocimiento, a una profundización cada vez mayor sobre el Hombre - Dios, Jesús. Para ello excitar en mí el amor a su sagrada Persona. ¡Conocimiento, amor, servicio, entrega a su divina Persona!

*** Me doy cuenta de que para esto es preciso estar o solo o en un grupo muy homogéneo al estilo no del clero de hoy, no de la mayoría de los conventos de hoy, sino de los primeros jesuitas, de los primeros discípulos de Jesús, de los primeros fundadores de las distintas congregaciones religiosas. Y como esto no me es posible, intentar cada día vivir con este ideal, acomodarme a las circunstancia, tratar de vivir un poco al estilo de Santa Catalina de Siena que construyó su capilla interior y en solitario vivió una vida extraordinaria, pero mi deber más importante es mi estado conyugal, con el cual he de ser fiel. Tú, Jesús, me irás ayudando día a día. Estar siempre sobre mí mismo, estar siempre en comunión contigo. Lanzarme hacia las alturas, y volver a lanzarme, sin renunciar nunca a mi ideal, pero viviendo en la realidad gozosa de mi estado y de mi fe.

¡Crecer cada día, Jesús, en tu estima en tu amor, en tu conocimiento. Ayúdame a ello. Esto siempre es posible. Y llegar no a una mera imitación, sino a una identificación en la amistad, en el amor, en el servicio. No solo seguirte, Jesús, sino amarte, amarte más, amarte mejor. Hasta la abnegación total, hasta tomar tu cruz y seguirte con ella. Esto es imposible del todo para mí, pero todo lo puedo en ti que me confortas.

Cuanto más y mejor te imite, tanto más perfecta será mi vida. Ayúdame a iniciar y a escalar la vía iluminativa, Señor. Deseo entrar en contacto contigo y emprender contigo el camino de la segunda semana. Abrazar las virtudes hasta adquirir destreza en su fiel cumplimiento. Vivir día a día con esta mentalidad. Ser consciente de mis nuevas elecciones diarias, sin renunciar ni mucho menos a mi elección matrimonial ni a la sacerdotal. Ven en mi ayuda. Ilumina mi entendimiento. Virgen María, en ti confío. Y diré con el Padre Nieto: Dios Padre me ha creado para que sea santo; Dios Hijo me ha redimido para que yo sea Santo. El Espíritu Santo habita en mí para que yo sea santo. No moriré sin ser santo.

 

 

EL REY TEMPORAL, EL REY ETERNAL

2ª Semana. Día 1º

2ª meditación

No nos resulta fácil comenzar hoy con la parábola del Rey Temporal, con la que comenzaba San Ignacio. Un Emperador muy bueno, con prestigio sobre todos los reyes del mundo que llama a una gran cruzada: conquistar el mundo entero de los infieles para Cristo. Nadie morirá en la lucha, y el éxito está asegurado...

Prefiero comenzar con otro tipo de parábolas: de un líder bueno, que arrastra, que quiere llevar el bienestar y la fe a los últimos rincones del mundo... Seguirle, acompañarle, pero siendo todos íntimos amigos...

Y, si no, al grano, prefiero pensar directamente en el Rey Eternal, Jesús . Y me pongo en diálogo con Él. Tú, Jesús, eres consustancial con el Padre, por quien se han hecho todas las cosas. Eres Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre. Eres también hombre, pero no persona humana. Jesús, eres Omnipotente como el Padre, por ser Dios. Dominabas, en el tiempo de tu permanencia visible entre nosotros, la naturaleza, calmabas las tempestades, dabas de comer a una multitud, multiplicando unos panes. Dominabas los corazones, sanabas enfermos, resucitabas muertos. Y resucitaste al tercer día, después de sufrir cruel muerte en la cruz. Eres Dios y hombre, digno de todo amor, seguimiento y alabanza. Con tu voluntad divina, unido al Padre y al Espíritu Santo creaste la maravilla del Universo, y aún te queda fuerza para crear tos universos llenos de vida y grandeza. La cantidad ingente de materia, la sabiduría plena del espíritu, no te causa agobio; todo los dominas. Y eres, unido al Padre y al Espíritu Santo supremo Ordenador de todo. Tu grandeza la pobre mente humana ni siquiera puede ponderar.

Puedes subyugar a todos tus enemigos: al demonio, a las pasiones alborotadas, toda la iniquidad del mundo; a la mentalidad perversa que pretende eliminar hasta el rastro de tu huella. ¡Oh cuán poderoso eres, Jesús, qué bueno para mí que me ofreces tu amistad y todo tu apoyo.

Además del poder eres la Sabiduría increada, por encima de todos los sabios del mundo, de todas las filosofías y escuelas de teología. Por encima de ingenieros e inventores, por encima de físicos y astrónomos, por encima de artistas y escritores. ¡Sí; Tú, Dios mío, has creado todas las cosas y todas te están sometidas, menos el hombre que solo lo hace voluntariamente, pues lo creaste con libertad. ¡Eterna es tu sabiduría, pues eres Dios!

Eres la Luz de Dios hecho hombre; la misma Luz eterna que ilumina las tinieblas y te ofreces en pura fe; eso sí; sin comprobaciones racionalistas, pero dentro de todo lo racional.

Te ofreces paran guía y modelo, para líder religioso de toda la humanidad.

Eres el creador de la gracia santificante y la misma gracia increada. Y como hombre eres la gracia plena, creada, pero por encima de la santidad de todos los santos y de la misma Virgen María. ¡Más que todos ellos juntos! Hermoso por encima de toda hermosura; Rey de ricos y de pobres, de sabios e ignorantes. Eres el líder que nos guía; el gran líder del universo, el líder nato que nos acaudilla. Creaste además la Ley natural y las Leyes divinas; Juez inapelable que vendrá a juzgar a vivos y muertos.

Así eres y mucho más, mi Rey divino, que te ofreces como hermano, padre y esposo y quieres estar siempre conmigo y con todo ser humano de buena voluntad. Y por si esto fuera poco te quedas en el Sagrario y en todos los Sagrarios del mundo para nuestra salud, refugio, fuerza y esperanza. Aquí estás conmigo y con todos nosotros. Nos ofreces tu amistad, nos exiges para seguirte esfuerzo para dominar nuestras malas inclinaciones, nuestras pasiones desordenadas, los malos instintos.

Eres el Dios que nos creaste por puro amor. Estoy yo perdonado de todos mis pecados, destinado a la gloria eterna. Yo, con una vida ya hecha, sin compromisos laborales, en la última etapa de mi existencia terrena. ¡Vuestro soy, para vos nací, ¿qué queréis, Señor, de mí?

Examen de la meditación

 

 

ESTE REY ETERNAL ME LLAMA. MI RESPUESTA

 

2ª Semana. Día 1º

3ª meditación

Este Jesús, Rey eterno y omnipotente, nos llama. Me llama en concreto y en particular también a mí. Su voluntad es la conquista del mundo. Obra de gigantes, obra imposible para los humanos, pero realizable si estamos unidos del todo a Él al estilo de cómo estuvieron los Apóstoles y lo están los santos. Es preciso conquistar a los indiferentes, a los enemigos, pero es una conquista de amor, haciéndolos amigos. Yo veo me dificultad, mi imposibilidad a juzgar por mis circunstancias y mi vida pasada. Y la promesa de Jesús es, después de la lucha, entrar en la gloria del Padre.

Invita a todos y también a mí, como para revalidar la invitación de mi juventud. Me invita a que establezcan el Reino en mí, luchando contra mis aficiones desordenadas; que se establezca este Reino en mí. Y que trabaje por establecerlo de todas las maneras que pueda. Por el testimonio, por el escrito, por el amor, por la oración, por la palabra, por el ejemplo. Que trabaje con Él. Y me dice: Quien quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Mi Señor Jesús me llamas y eres el ser perfecto; de santidad inagotable; la misma Sabiduría. Tu empresa es sublime: ayudarte en la obra de salvación, en le evangelización del mundo. Alentar, animar, ayudar, ir por delante; quitar prejuicios y respetos humanos. ¡Ayúdame a revalidar mi decisión Jesús!

Considero que todos cuantos tengan juicio y corazón cristiano se han de lanzar a seguirte. Y yo lo mismo. Con mis cualidades, con todas mis limitaciones. El Rey que me llama es el Dios infinito del Cielo, Cristo. ¿Puede haber mayor honor? La empresa es mi alma y las almas de todos los seres humanos. Tus condiciones son, Jesús, la cruz y el sacrificio. Y mi respuesta debe ser incondicional, a todo lo que me toque soportar. Me pides que ofrezca mi persona a ti. Lo hice en mi juventud, pero revalido mi ofrecimiento. Con más humildad, porque conozco mis limitaciones, pero con gran amor. He de luchar contra el amor carnal, contra mis malas inclinaciones. He de ser tu soldado; sé que contigo el éxito es seguro. Aquí me tienes, Jesús. Me comprometo con paz, si votos y obligaciones bajo pecado, es mi decisión ahora y espero que con tu gracia la he de mantener: delante de la Virgen María y de todos los santos que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, imitaros en pasar por lo que Vos determinéis, tanto injurias como pretericiones, pobreza real o de espíritu, queriéndome Vuestra Divina Majestad elegir para esta misión. Misión que no la podré llevar en grupos donde me admiten, sino unido a ti, unido a la Iglesia Universal, unido a aquellos con los que pueda unirme. Y te pido con humildad que me ayudes, porque nada soy, pero que me dé cuenta de una vez: todo lo puedo en Aquel que me conforta. Tú me ayudarás, Jesús.

 

 

EL SÍ A LA LLAMADA DE CRISTO. CON LA CARTA A LOS FILIPENSES

2ª Semana. Día 1º

4ª meditación

Mi vocación es clara porque Jesús me llamó y Él no se retracta, aunque los hombres me excluyan del ministerio sacerdotal. Quedan muchos campos en los que puedo actuar con total libertad: reparación, adoración sacerdotal a Dios, petición por el Pueblo, hacer de puente para que el Señor nos sea propicio, ser el sacerdote de mi hogar, darle gracias al Señor. Y dentro del apostolado exterior seguir colaborando con mis escritos en las dos revistas, y sobre todo en ese campo enorme de internet, donde parece que no hay límites. Dame fuerza, Señor, para que te sea siempre fiel. Virgen María, que sea consciente de que Dios Padre me ha creado para que sea santo; Dios Hijo me ha redimido para que yo sea Santo. El Espíritu Santo habita en mí para que yo sea santo. No moriré sin ser santo, con tu ayuda. Dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos. Que vayamos renovando tu Reino, Señor, y que cada vez colaboremos más personas para santificar este mundo redimido por ti.

Gracias por el campo que me has abierto en tu misión. Yo quisiera calar dentro de tus almas más selectas, para animarlas más y más en su vocación. Ven en mi ayuda, Virgen María. Deseo con tu ayuda, Padre, reconquistar más y más a tus amigos; a los que algún día te dijimos sí, pero luego, poco a poco, se va alejando tu luz. Quiero ofrecerme, Jesús, de una manera realista y humilde, bien consciente de mis escasas posibilidades; tengo, eso sí, todo el tiempo a tu disposición y deseo dedicártelo estero. Purifícame que soy muy flojo y sensual, que no me siento con fuerza, pero todo lo podré con tu ayuda.

Llevarte, Señor, a todos los lugares con recta intención, siempre muy unido a ti y buscándote a ti. Que tu nombre, Señor, sea anunciado con celo, que no seamos meros funcionarios, que evangelicemos con amor consciente a Ti, Dueño nuestro.

Deseo, Señor, con tu ayuda ocuparme de tus intereses; sufro al no ser capaz de mucho, de ir por todas las partes, pero dadnos, Señor, sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, cristianos comprometidos santos, que con sus grandes cualidades vayan renovando la faz de la Tierra, enviados del Espíritu Santo. Mira, que son pocos los que buscan de verdad tu Reino. Que todo el mundo va detrás de sus propios intereses. Hazme tan bueno como me juzga mi mujer; hazme, como nos dice el Apóstol en esta carta, irreprochable y sin malicia, hijo tuyo irreprensible en medio de esta generación tan alejada de ti. Padre, escúchame. Que todos te conozcan y al que enviaste, Jesucristo. Que nos configuremos con su muerte para alcanzar algún día la resurrección.

Quiero correr tras la perfección para ser algo eficaz en tu Reino; que sepa tener tus mismos sentimientos. Haz de mí, Padre, un santo imitador de Jesús, que fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Tú, Señor, que hasta de las piedras sacas hijos de Abraham, aquí me tienes. Tú me has traído con un deseo constante a este retiro largo. Ayúdame porque no tengo ganas de nada, haz de mí un santo de tercer orden para que no me engría, pero sepa ser útil en tu Reino.