EL FARISEO Y EL PUBLICANO

1ª Semana. Día, 6º

1ª meditación

Siempre me ha gustado, Señor, esta parábola del Fariseo y del Publicano. Lo malo es que, de forma instintiva, miro y pongo al Fariseo en otras personas; no en mí.

Recuerdo la parábola: Un Fariseo y un Publicano subieron al templo a orar. El Fariseo se puso en medio del templo, y con voz clara daba gracias a Dios por no ser como lo demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese Publicano. En cambio el Publicano, a distancia, no se atrevía a levantar los ojos al Cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: Dios mío, ten compasión de mí que soy pecador.

Yo, Señor, quiero ser humilde como el Publicano. Me pongo ahora a tus pies lleno de compunción, porque he pecado contra Ti. No he sido bueno, y además me gusta que todos me tengan por bueno. No me pongo en lugares preferentes en el templo, pero me gusta suponer. Sé que soy pecador e indigno, pero no me gusta que me lo digan. Me pongo muy contento por dentro y me animo, cuando me alaban con discreción; me sabe muy malo y me desaliento, cuando me humillan directa o indirectamente.

Me gusta, sí, ser como el Publicano, porque deseo ser humilde, pero me molesta mucho ir al templo y aparecer allí como uno más; es decir, desaparecer. Todavía no me acostumbro a dejar el presbiterio, a pesar de que han pasado ya casi treinta años. Me gusta el templo solitario, Tú y yo, junto al Sagrario, en la intimidad. Y esto está bien. Pero lo otro, no. Denota poca humildad.

Ayúdame a ser como el Publicano. Virgen María, Tú que fuiste siempre sencilla, ayúdame. Que busque de forma espontánea y normal los últimos puestos; que busque el no llamar la atención. Quiero limpiar mi corazón de estas escorias tontas de soberbia, pero no acierto el modo. Ayúdame. A veces me parece que soy como esas mujeres que, por llamar la atención y que se fijen en ellas, proclaman a voces un defecto suyo. Ayúdame, Señor, y dame la discreción de saber pedirte perdón sin llamar la atención y sin levantar mi voz; que nadie lo note. Quiero huir del protagonismo; hasta de ese protagonismo pueril.

Perdóname, sí. Perdona mi fariseísmo un tanto camuflado; ayúdame a permanecer oculto como el Publicano para todos; incluso para pedirte perdón.

 

SALMO MISERERE (51) PREPARACIÓN DE LA CONFESIÓN

1ª Semana. Día, 6º

2ª meditación

 

3.- Ten compasión de mí, oh Dios, por tu misericordia y por tu inmensa ternura borra mis pecados. --- Ten misericordia de mí; sí, Señor, y perdona mis pecados.

4.- Lávame más y más de mis faltas, y purifícame de mi pecado. --- Ten misericordia de mí, sí, Señor, y perdona mis pecados.

5.- Reconozco mi iniquidad; tengo siempre delante de mí mis pecados. --- Al hacer el mal siempre me justifico, pero luego no me encuentro tranquilo. Perdóname.

6.- Contra ti solo he pecado; y lo malo ante tus ojos he hecho. Por eso tu sentencia es justa y eres recto en tu juicio. --- Me humillo, Señor, ante ti; reconozco que eres mi Dios.

7.- Nací ya con culpa y en el pecado me concibió mi madre. --- Soy, Señor, hijo de Adán.

8.- Tú quieres la verdad en el centro del alma, y en el centro del corazón me enseñas la sabiduría. Ayúdame a ofrecerte la verdad. --- Ayúdame a ofrecerte la verdad.

9.- Purifícame con el hisopo y quedaré puro; lávame y quedaré más blanco que la nieve. --- Agua del costado de Cristo, lávame. Quiero estar limpio como después del bautismo.

10.- Hazme sentir gozo y alegría, y que dancen los huesos que rompiste. --- Que el gozo de tu perdón me obligue a agradecerte.

11.- Aparta tu rostro de mis faltas; cancela mis pecados. --- Que jamás vuelva a cometerlos.

12.- Oh Dios, crea en mí un corazón puro, implanta en mis entrañas un espíritu nuevo. ---- Revísteme del hombre nuevo en santidad y justicia verdaderas.

13.- No me rechaces de tu rostro; no retires de mí tu santo espíritu. --- Ábreme ya la puerta, quiero morar contigo.

14.- Dame la alegría de tu salvación, y que el espíritu generoso me mantenga firme. --- Mi seguridad y firmeza están en ti, Señor.

15.- Enseñaré tus caminos los descarriados; los pecadores volverán a ti. --- Hazme apóstol de tu fe. Que te ayude en la salvación

16.- Líbrame de los delitos de sangre, Señor, y mi lengua exaltará tu justicia. --- Que a nadie jamás perjudique.

17.- Señor, abre mis labios; y mi boca publicará tus alabanzas. --- Deseo por siempre alabarte, Señor.

18.- Tú no quieres ofrendas ni holocaustos; si te los ofreciera, no los aceptarías. --- Pero quieres mi amor y quieres que yo ame a todos.

19.- El sacrificio que Dios quiere es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, Tú no lo desprecias. --- Gracias, Señor, porque me has perdonado.

20.- Sé propicio a Sión en tu benevolencia; reconstruye las murallas de Jerusalén. --- Protege a este tu Pueblo alejado; acércalo a Ti.

21.- Entonces aceptarás los sacrificios justos - holocaustos y ofrendas perfectas - entonces se ofrecerán novillos en tu altar. --- Y danos ahora, Señor, el don de la perseverancia; el fiel cumplimiento de nuestro propósito.

 

 

LAS MIRADAS DE JESÚS

1ª Semana. Día, 6º

3ª meditación

Jesús me mira ahora. Él lo ve todo desde el Cielo y desde el Sagrario, está conmigo, junto a mí; me mira con bondad; con la estima de una nueva reconciliación; con una mirada de total amistad.

Tomo el Evangelio en mis manos y comienzo a leer unos cuantos pasajes en los que se aprecian distintas miradas de Jesús. Mírame, Jesús, con la comprensión y el perdón con que miraste a la mujer sorprendía en adulterio. (Jn. 8,3...) ¿Ninguno te ha condenado?, pues yo tampoco... Vete y no peques más. Me detengo ahora, parece que me lo dice a mí. ¡Gracias por tu perdón, Señor.

"Se ama mucho porque se le ha perdonado mucho" (Lc. 7,41...) Y mirabas a Magdalena con ese amor - comprensión - esperanza - agradecimiento incluso. Y la perdonas porque sabe amar; porque ama. A mí también me miras así; lo intuyo. ¡Gracias! Y ahora se me ocurre: a todos nos amas así. ¡Qué buenas son las personas conversando individualmente en la confianza de la intimidad. Ayúdame a como Tú, Cristo, las amas.

Mírame como a Zaqueo (Lc. 19, 1...) Cuando levantaste los ojos le dijiste: Zaqueo baja enseguida que me voy a hospedar en tu casa... ¡Ven, ven, Señor, no tardes; ven pronto, Jesús.

Miraste al Paralítico y le dijiste: "Tus pecados te son perdonados" (Mt. 9,8). Y luego lo sanaste. Mirada de amor, de perdón, de salud, de esperanza en el Sacramento de la Penitencia para nosotros. Gracias, Jesús, porque también a mí me has perdonado y tantas veces. Te adoro, Dios y hombre verdadero, que perdonas los pecados, porque eres Dios y nos miras con comprensión porque eres hombre como nosotros.

Mírame, Jesús, como al leproso. En tu poder está sanarme; en tu poder que nunca me separe; transforma mi corazón. (Mt. 8,3). Quiero, sé limpio. Dime como a él que nunca me aparte más de ti. Dame el don de estar siempre contigo, con el fervor del agradecimiento y las ganas de proclamar siempre tu bondad.

Mírame como a las turbas a quienes diste de comer. (Lc. 9, 10-17) No me gusta estar en las aglomeraciones, pero aquello fue distinto. Dame de ese pan que sacia el hambre de placeres, que engendra vírgenes, que es Eucaristía y que ya nunca vuelva a tener más hambre de manjares contaminados.

Mírame como miraste a Tu Madre la Virgen María y a Juan al pie de la Cruz. (Jn. 19, 26) Gracias porque nos la diste como madre. La amaré siempre; divulgaré su devoción. Con ella, siempre seguiré adelante.

Mírame con a los Apóstoles cuando los elegiste tus amigos a la orilla del lago. (Jn. 1, 35-40). A mí también me has elegido y te seguiré hasta la muerte. Por el hecho de haberme casado no te he hecho traición. Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Y con mi oración, con mis escritos en todas sus formas, aprovecharé esta oportunidad que nadie me puede prohibir. Siempre contigo, Señor.

Y mírame como al joven rico, pero que yo nunca te abandone. Afortunadamente no tengo riquezas; solo tengo para vivir sin apuros, pero sin ningún lujo. Pero que nunca te abandone ni por nada del mundo. Mantén en mí el tesoro de la fe. Mayor tesoro que la vista y que el movimiento. Que nunca lo pierda. Yo nunca quiero olvidarte, porque ¿a quién iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna. Contigo Cristo Jesús. Amén

 

 

ESPERANZA CRISTIANA (Rom. 8, 1-35)

1ª Semana. Día, 6º

4ª meditación

(Para después de la confesión)

 

¡Qué bien! He revalidado el perdón mediante el sacramento de la penitencia. Gracias una y mil veces, Señor. Me encuentro feliz. Además estas ideas de San Pablo en todo el capítulo 8 a los Romanos, levantan el Espíritu hasta las alturas. ¡Bendito sea el Señor! "No hay condenación alguna para los que están unidos a Cristo Jesús" Y esto me llena de gratitud y gozo y solo acierto a decir: "Señor, no permitas que jamás me aparte de ti". Estoy unido a Ti, Jesús, muy unido a Ti, siempre unido a Ti.

"Los que viven según la carne, piensan según la carne; y los que viven según el Espíritu, en las cosas espirituales". Me da alegría esta frase de S. Pablo porque llevo años pensando en las cosas del Espíritu. Es verdad que no descarto muchas cosas materiales, y ahí ha de estar mi lucha mientras Tú, Señor, me des vida, ir poco a poco purificando más mi alma para estar cada vez más cerca de Ti, y ser más útil a tu Reino. Pensar cada día más en las cosas de arriba; suspirar por ellas; e influir en las personas para que ellas también vayan por este camino. Señor, que hace falta que cada día sean más los preocupados por estos asuntos. Danos sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, seglares santos, para llevarte el mundo entero a tu Reino. Dame a mí fuerza para influir más y más en estas cosas.

Además, "los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios". Esto nos lo afirma S. Pablo con claridad. Esto deseo, Virgen María, guardar más y más en mi alma. Que mi espíritu esté vivo por la justicia, por el amor a ti, por la bondad. Guarda estas ideas en la memoria de mi alma que es ya un poco flaca, Señor. Y que el Espíritu Santo vivifique nuestros cuerpos mortales. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles e infunde en ellos el fuego de tu amor.

"Los que se dejan guiar por el espíritu de Dios esos son hijos de Dios". He de vivir, Virgen María, con tu ayuda cada día más esta verdad de fe. Dejarme guiar por el Espíritu Santo y vivir de verdad la filiación del Padre. Con unción; un día y otro día; sin que lo olvide por estar metido en las cosas necesarias del mundo. "Que no hemos recibido espíritu de esclavitud para reincidir en el temor, sino el espíritu de adopción, en le cual podemos exclamar a Dios, Padre."

Que "la creación está aguardando la manifestación de los hijos de Dios". No solo la creación inanimada, también los seres racionales. Espíritu Santo, santifica más y más a quienes elegiste. Que el mundo nos espera; que no podemos defraudar a la creación. Ven, Espíritu Santo, santifícanos. Queremos ser tuyos, Jesús. Dadnos sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas, personas seglares santas.

"Nosotros que tenemos las primicias del Espíritu gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción filial; la redención de nuestro cuerpo". Ahora me paro aquí. Estoy repitiendo esto a Nuestro Señor.

"En la esperanza seréis salvados". Esto me llena de alegría; de ganas de seguir viviendo para difundir estas ideas, de amor a Dios. Gemir dentro de nosotros mismos, esperando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo". ¡Ven, Señor Jesús!

Ven, Espíritu Santo, en ayuda de nuestra flaqueza... intercede por nosotros con gemidos inenarrables..." Ven, Señor Jesús. Que nos demos cuenta de que Dios ordena todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que han sido elegidos según su designio". Manténnos, Espíritu Santo, dentro de los predestinados. Porque "aquellos que de antemano conoció, también los predestinó conformes con la imagen de su Hijo. Y a los que predestinó, los llamó. Y a los que llamó, los justificó; y a los que justificó, los hizo partícipes de su gloria." Deseo vivir esto durante el resto de mi vida muy conscientemente. Ayúdame.

 

 

 

ANOTACIONES A LA PRIMERA SEMANA DE EJERCICIOS

Unas preguntas de examen de la primera semana:

1.- Si has conseguido mayor familiaridad con Dios.

2.- Si has aprovechado bien el examen de la oración.

3.- Si notas mayor libertad de espíritu para lo que Dios quiere sobre ti.

4.- Cómo es la contrición actual de tus pecados.

5.- Experiencia de los diversos espíritus y del ejercicio de penitencia.

6.- Examen. Situación real.

7.- Mayor conocimiento experiencial de la Sagrada Escritura.

 

Consejos:

1.- No dejarse impresionar por la sensibilidad.

2.- Conservarse con humildad.

3.- Prestar atención a nuestro punto débil.

 

Insistir:

1.- Espíritu de adoración; fomentarlo de una manera especial en Misa.

2.- Examen después de cada meditación.

3.- Examen general y particular.

MEDITACIÓN SOBRE LA

ADORACIÓN

Tiene mucha importancia la oración de adoración, y se le da poca.

1.- La adoración es una actitud sacerdotal:

 

2.- Practicar la adoración a las tres personas:

3.- La adoración comprende:

 

Nota: Es preciso conocer la voluntad de Dios. No solo la manifestada en sus mandamientos y consejos, sino también la de beneplácito que se muestra en su designio providencial de cada día.

Para conocer la voluntad de Dios en los actos libres es preciso: