X I
ABANDONADO EN EL SEÑOR, SÍRVELE EN EL PROJIMO
CUANDO LLEGA EL DOLOR
Te llega el dolor, piensa en Jesucristo: El sufrió antes. El ruega por nosotros sobre nuestros altares y se sacrifica por nosotros. El viene a consolarnos en el sacramento de la Eucaristía; y su placer es estar con nosotros en el Sagrario. Pero él permite tus heridas; parece dejar caer su pesada mano sobre ti. ¿Qué podemos temer de una mano taladrada para darnos la VIDA?
Si debes caminar por sendas de espinas y cruces: El te ha precedido, llevando el duro leño sobre sus hombros y la corona de espinas. ¿Podemos pretender camino de rosas, siendo el suyo tan duro? Aquellas ideas que oídas en nuestra adolescencia en el seminario: "dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado...", ahora, en nuestra madurez llega el momento de aplicarla a nuestras almas.
Se te ofrece un cáliz lleno de amargura, pero es tu Redentor quien te lo presenta. Amándonos como nos ama, no puede tratarnos con rigor, si no hubiera para ello una urgente necesidad o una utilidad para nuestra vida eterna. Vamos a confiar.
Tanto la salud como la enfermedad son dones de Dios. Las dolencias Dios nos las envía para probar nuestra virtud y corregirnos de nuestros defectos. También nos desprende la enfermedad del amor de las cosas de la tierra y de los placeres sensuales. Si siempre estuviéramos bien, llegaríamos a olvidarnos de Dios y de la otra vida, querríamos permanecer aquí para siempre.
La enfermedad nos recuerda que estamos en un lugar de destierro y que el cielo es nuestra verdadera patria.
El tiempo de dolencia es precioso para nuestra salvación; pero parecen pocas las personas que lo utilizan con sabiduría y amor. No sacan de ella el fruto normal. La enfermedad es piedra de toque del espíritu - según San Alfonso - ; entonces se descubre la virtud del alma. Procurar sufrir con paciencia, con obediencia a los médicos, dando sólo las molestias imprescindibles a quienes nos rodean. Y no quejarse de los pocos cuidados que recibimos. Pero hemos de procurar la curación. Recordemos el deber de buscar la salud.
¿FRACASOS ESPIRITUALES?
A veces suele asomarse la desgana y la turbación en nuestros corazones al ver el corto camino adelantado en la vida interior y espiritual. Muchos ante tal sensación de fracaso han abandonado la oración, el sacrificio y la casi totalidad de práctica religiosa. Dicen: ¿total, para qué? Es una pérdida de tiempo; más vale aprovecharlo en cosas útiles. A todos nos ha venido esta tentación; a ti y a mí también. Y quizás durante algunas temporadas hayamos sucumbido.
No nos vamos a turbar por no experimentar adelanto en la vida espiritual. Vamos a permanecer en paz; que la serenidad total reine en nuestros corazones, aunque nos veamos siempre novatos en los caminos del Señor. Esto favorece nuestra humildad y nuestra confianza en Dios. Y hemos de seguir adelante. Nuestra obligación de servir a Dios dura toda la vida.
Por otra parte este fracaso será más aparente que real. El progreso es constante, aunque no lo advirtamos. Y autores de teología espiritual, como san Bernardo, piensan así: el infatigable deseo de avanzar y el esfuerzo continuo hacia la perfección se consideran como la perfección misma.
Yo estoy convencido: cuanto más flojos y débiles nos encontramos en los sicológico, más se aprovecha el demonio para tentarnos y hacernos caer en la flojedad y pereza.
En invierno, cuando hace frío, uno se levanta de la cama naturalmente triste. El demonio nos trae en esos momentos todas las angustias mayores de nuestra existencia. Y es preciso comenzar a orar aunque no se tengan ganas.
Si luchamos, el Señor nos premia con un mayor fervor. Yo lo he experimentado muchas veces. Me encontraba igual con gran tristeza. Por supuesto sin ganas de orar ni de nada. Tal vez sólo con ganas de dar puntapiés por todas las partes. Pero he acudido a la oración y todo ha cambiado después. No sucede el milagro de estar loco de ilusión y jolgorio, pero sí, dentro de la prueba se halla el lenitivo de la aceptación con paz de la propia situación.
Leía en "Las Florecillas de San Francisco" una idea peregrina: cuando uno tiene un tonel de vino con heces en el fondo, no conviene moverlo y revolverlo. No se aprovecha así lo poco que queda de vino. Vale más tratarlo con delicadeza para beber de él. Pues lo mismo ocurre en nuestro espíritu.
MAS SOBRE ARIDEZ
No debemos desanimarnos por la aridez en la oración y en la vida espiritual. Es normal. Le demostramos al Señor gran amor si a pesar de la aridez seguimos con atención a El. He leído de San Alfonso: gran parte de su vida no encontraba a Dios en la oración ni en la comunión. Le daba a él la impresión de ser un alma sin amor, sin esperanza y sin fe. Se creía abandonado de Dios.
Pero hemos de tener en cuenta que ni las consolaciones son la verdadera devoción, ni las arideces son signo de disipación. La voluntad puede permanecer firmemente arraigada en Dios a pesar de la sequedad. Las emociones y consuelos en la oración son como la flor: belleza y promesa de fruto. Pero cuántas veces las flores se agostan sin llegar a producir su fruto... ¿En nuestra vida no ha podido pasar algo parecido en algunas épocas de consuelo?
Es bueno aprovechar el tiempo de alegría y euforia para avanzar en la virtud. En momentos de tristeza y aridez solemos ir más lentamente, pero tal vez con paso más seguro. Cuando estamos en consolación nada hace sufrir: trabajos, injurias, humillaciones... todo se convierte en motivo de alegría. Pero si viene la desolación interior... Por eso apetecemos la devoción más que cualquier satisfacción temporal. Y a veces el Señor nos quita este regalo para que avancemos por puro amor de El.
A veces la aridez nos viene como consecuencia lógica de nuestra disipación interior, signo de nuestra tibieza. Entonces hemos de volver a las fuentes de la auténtica piedad. Recordar por ejemplo lo leído en Tissot.
Otras veces la aridez es involuntaria. Nos esforzamos, pero Dios nos ha quitado la miel y nos da alimentos más fuertes. Son un excelente purgatorio en esta vida. Hemos de hacernos indiferentes a todo y abandonarnos a la Providencia. Si disfrutamos de consolación, recibirla con agradecimiento y avanzar. Si no la tenemos, confiar. Voluntad decidida a no aflojar en la oración y lectura espiritual.
¿Recuerdas? El comienzo de la vida espiritual en serio estuvo lleno de consuelos y alegrías. ¿No te ocurría a ti así? Después las cosas se han ido complicando. Todo se hacía cuesta arriba. Más aún cuando todo comienza a salir mal. En algunas temporadas todo se conjura contra nosotros mismos. Incluso la fe se hace más oscura. Entonces empuja al alma una especie de melancolía existencial. Si al menos sintiéramos la caricia alentadora del. El Esposo se sustrae de nuestras miradas. Y si alguna vez reaparece, como sol en medio de nubarrones, es para ocultarse de nuevo en una tormenta más oscura. ¿Por qué ocurrirá esto? Tal vez será porque en nuestro corazón quieren habitar el amor divino y el amor propio. Y se trata de una invitación del Señor a la renuncia de nuestro amor propio en aras del amor de Dios. Esto lleva consigo dolor, generosidad, fe y esperanza. Piensa en todo esto. Tal vez te convenza. Y vamos a ponernos en oración confiada. Estamos en las manos del Señor.
Y no hemos de buscar los grandes consuelos en la oración y en la entrega a Dios. Ya no somos principiantes en esta tarea de la vida interior. Tampoco somos grandes santos. Estos, superado todo el amor propio a base de grandes pruebas, disfrutan de grandes consuelos interiores sin la menor mirada de la propia complacencia.
Vamos a seguir trabajando en pura fe.
Resulta muy difícil amar a Dios sin buscar la propia complacencia. En el tiempo de las pruebas duras nos queda la alegría de que amamos y servimos a Dios sin que nuestro amor propio se mezcle en nuestra entrega generosa. Se va purificando nuestro amor. Vemos en la vida de muchos santos que preferían por esta razón las privaciones y pruebas que las alegrías y gozos, porque así demostraban que amaban a Dios del todo, muy por encima del propio consuelo.
Debiéramos estar contentos en la desolación. Vamos a hacer de la necesidad virtud. Además vamos a darnos: cuanto más seamos purificados en esta vida, antes llegaremos al abrazo definitivo con Dios.
En medio del dolor tal vez la parte baja de nuestro ser se encuentre inquieta, pero el fondo de la voluntad se hallará con gran paz interior, sin que nada pueda separarnos de su amor.
Vamos a repetir el fiat de la Virgen y el "hágase tu voluntad" de Jesús en el huerto.
Fijo nuestro pensamiento en el Señor, podemos buscar consuelo en los amigos; pero no nos extrañe si los encontramos dormidos como los discípulos en Getsemaní.
"EL quiere sacar bien de mal, y para ello hace que nuestras faltas y las del prójimo sirvan a la santificación de las almas por la penitencia, la paciencia, la humildad, la mutua tolerancia, etc. Quiere también que soportemos al prójimo, viendo hasta en sus exigencias y en sus sinrazones los instrumentos de que Dios se sirve para ejercitarnos en la virtud."
Es preciso aguantar los acontecimientos, queramos o no, no habiendo poder en el mundo que pueda detener su curso. Es preciso rendirse amorosamente a los designios de Dios y someternos a El lo mismo en las cosas agradables que en las desagradables, en la muerte y en la vida. Nuestra cooperación personal a la acción divina es necesaria.
Dios no quiere el pecado y la maldad de las personas. Pero sabe sacar bien de mal. Y la acción mala de una persona nos puede ayudar a purificarnos. Es una penitencia. Dios, en su voluntad de beneplácito, la ha dispuesto para nosotros. Abrazarnos a ella con amor, aunque luchemos con paz por lograr nuestra realización personal.
Espero que estas ideas tomadas del libro EL SANTO ABANDONO de Dom Vital Lehodey, te puedan servir.
CUANDO VEMOS MALDAD
Trabajamos por perfeccionarnos y todo será poco. En su maldad el hombre es peor que las fieras: éstas se sacian y dejan a sus presas, la persona no; es cruel hasta ensañarse. Su corazón es duro más que le granito. Su vanidad es más ligera que el tamo de las eras. Sumérgelo en el dolor y en la decepción; cuando salga será el mismo de antes.
Pensaba yo que los hombres eran fundamentalmente buenos y me equivoqué. Sucede lo contrario. Hay que estar siempre sobre sí mismo para dominar el mal con el bien. He visto muchas pruebas en las vidas de otros, pero rara vez les palpado un cambio. Mucho he trabajado por ser mejor yo mismo, y apenas lo noto. A veces miro en el fondo de mi corazón y me asusto. Otras caigo en la tentación de compararme con los peores y me forjo la vana ilusión de ser de los buenos. Hasta ahí llega mi necedad.
Somos insensibles. No comprendemos los sufrimientos de los demás hasta haberlos experimentado en nuestra propia carne. Y aun entonces hemos de esforzarnos mucho para tener un corazón tierno y compasivo.
Hemos de comprender la malicia de la gente y no responderles con la misma medida. Así hacen los paganos. Nosotros, comprendiendo el propio corazón, vamos a juzgar a los demás con misericordia.
Te transcribo unas ideas que leí en el libro EL SANTO ABANDONO (de dom Vital Lehodey) y que te pueden hacer bien:
Un alma santamente indiferente se parece a una balanza en
equilibrio, dispuesta a ladearse a la parte que quiera la voluntad divina; a una materia prima igualmente preparada para recibir cualquier forma, o a una hoja de papel en blanco sobre la cual Dios puede escribir a su gusto.
Dios nos va atrayendo hacia sí por medio del dolor y las dificultades. Hace falta que nos vayamos haciendo indiferentes. El nos ayudará.
Si vamos aceptando su voluntad de beneplácito, poco a poco todo nos va pareciendo bueno: ser mucho, ser poco, no ser nada; mandar, obedecer a éste o al otro, ser humillado o ser tenido en olvido; padecer necesidad o estar bien provisto; estar solo o acompañado; disfrutar de salud o llevar una vida enfermiza.
A veces nos encontramos tristes. No me refiero a esa tristeza pasajera de una mañana de lunes. Hoy se da una tristeza profunda y duradera que se llama depresión. Durante días semanas o meses, tal vez años, parece que no existe solución para nuestro caso. Este sufrimiento, que puede llegar a ser verdadera enfermedad sicológica, es un cable que Dios echa a sus amigos para que vuelvan a El, si estaban alejados. Las cosas del mundo son frágiles y temporales. Nuestros ojos se abren a la verdad y ven la caducidad de la vida. Por eso la tristeza y el desengaño nos deben hacer levantar los ojos al Señor.
También sufren los que sirven a Dios con fidelidad la prueba de la tristeza. Es lo llamado "la noche del sentido". Es preciso entonces no desanimarse. Aceptar la prueba como purificación. Poner en Dios toda nuestra esperanza y nuestra ilusión. Una vez que termina la crisis, Dios se entrega por entero al alma y comienza una nueva primavera de fervor. Pero con mucha mayor humildad y madurez espiritual.
LA PROPIA MISERIA
A veces nos sentimos pobres, casi miserables. Nos sobreviene entonces tristeza y angustia. Es un momento importante para apoyarse en Dios. Descansar sobre la propia miseria es debilidad, pero es signo de fortaleza convertir la propia pequeñez en inmensa confianza en Dios. Dios quiere que nos apoyemos en El. Compadecerse a sí mismo no sirve de nada. En cambio poner toda la esperanza en Dios,
todo el corazón en El, nos asegura contra toda clase de desengaños.
A menudo nos angustia la oscuridad de la fe. Nos da la impresión de estar perdiendo ese don maravilloso, pero seguimos buscando a Dios. Y ocurre entonces esa impresión dolorosa de falta de fe y esperanza, es cuando descubrimos la verdadera y profunda fe del adulto. Por todo esto podemos afirmar: la grandeza del hombre está en saber elevarse de su miseria.
Algunas veces nuestro interior sufre; nos resulta insoportable: tristezas, preocupaciones, una especie de angustia vital. Aun cuando nuestra alma esté serena, pasamos todos los días durante algunos momentos por crisis de este género.
Todo está suave o duramente dispuesto por Dios. Son auténticas purificaciones pasivas de las que habla la Teología espiritual. Vivir unido a Dios en el dolor pertenece a la sabiduría de la Cruz.
A veces pensamos: las pruebas de los santos eran extraordinarias y de tipo místico, puramente místico. Y creo que nos podemos equivocar. Las purificaciones pasivas de los hombres de Dios, a mi manera de ver, pertenecen a este género de pruebas, sufridas por nosotros día a día. Ellos supieron elevarse al Señor. Vamos a hacer nosotros lo mismo.
A los hombres, Jesús nos quiere, Jesús nos busca. Sus caminos muchas veces son distintos de los que nosotros imaginábamos. Vamos a seguirle por esos caminos de cruz y animar a todos; a llevar una palabra de esperanza. Después de la pasión y resurrección de Cristo, el camino del dolor se presenta como sendero de amor, de entrega. Nosotros, los resucitados en Cristo, hemos de vivir en perfecta entrega a él y a todos con quienes nos relacionamos.
TENTACIONES
Leía en San Alfonso: un alma amante de verdad a Jesucristo no existe mayor pena que sufrir tentaciones, pues todos los otros males le facilitan la unión íntima con Dios, pero las tentaciones le exponen a separarse de Jesucristo.
Muchos se arriesgan voluntariamente al peligro de la ocasión. Tranquilo estará el demonio aguardando el desenlace. Qué bueno es huir de la ocasión. Hoy nos acucia de un modo especial la tentación contra la fe. Vemos muchas personas sin este don maravilloso y son amables, simpáticos y acogedores. Otros, "fieles" en la fe, están llenos de egoísmo. La prueba es grande. Y hemos de acudir al Señor, invocarle y decirle: "En ti ,Señor he esperado, jamás quedaré confundido." Hay momentos muy duros; parece imposible resistir, vienen ganas de abandonar todo. Sentimos total impotencia de seguir adelante, si Dios no viene en nuestra ayuda. Vamos a acudir a El; no se nos ocurra abandonar la oración.
No sé si en alguna otra ocasión te hablé sobre un lectura de Santa Juana Fremiot de Chantal: Sufrió durante gran parte de su vida graves tentaciones contra la fe. El obispo de Ginebra, San Francisco de Sales, la animaba mucho. No debemos desear tentaciones, aunque el superarlas nos dé grados de gloria. Pedirle al Señor "no nos dejes caer en la tentación".
DEPRESIONES
Seguramente que te habrán dado muchos consejos para combatir la depresión. Estos de ahora, al verlos escritos, te ayudarán más. Muchos los han practicado y han salido totalmente de este mal.
1.- Para estar alegre es fundamental respirar bien. Practicar al memos tres veces al día este ejercicio de respiración. Duración
de cada ejercicio unos tres minutos.
MODO DE HACERLO. Respirar profundamente. Pero sin forzar. Sin impulsos; todo seguido. Se llama este tipo de respiración "ventral" porque lo iniciamos desde el vientre.--Estar sentado cómodamente en una silla. (No en butaca).cuerpo erguido, pero sin forzar; espalda suavemente apoyada en el respaldo. Al inspirar, ir contando lentamente hasta cuatro o cinco; fijar el pensamiento en el aire que entra.--- RETENER el aire contando lentamente hasta cuatro.--- ESPIRAR mientras se cuenta lentamente cuatro o cinco. Mantener siempre el mismo ritmo. Sin forzar. Duración tres minutos.
UNA VARIANTE MUY BENEFICIOSA: RESPIRAR CON RITMO MIENTRAS SE PASEA. Duración del paseo con ritmo, de diez a veinte minutos. Conviene andar con la mayor firmeza que permita la edad. El cuerpo erguido. Mantener el ritmo de respiración citado anteriormente. Practicar el paseo una o dos veces al día. LOS EFECTOS DE CADA PASEO SON INMEDIATOS. Nunca forzar la respiración. Profunda, perro sin violencias.
2.- LA RELAJACION. Es importante practicarlo tres o más veces al día. Se debe practicar simultáneamente con el ejercicio de respiración, como breve prolongación del mismo. La buena respiración profunda ya es ejercicio de relajación.
MODO DE HACERLO. Primera parte, practicar el ejercicio de respiración. Segunda parte: Dirigir el pensamiento a la nuca; ver cómo se va aflojando; pensar ahora en la cabeza, notar cómo descansa; ir recorriendo lentamente con estas dos preguntas: la garganta, los hombros, el brazo derecho, la mano derecha y los dedos; la parte izquierda; el pecho; el plexo solar (parte de la boca del estómago); la espalda; el vientre; la pierna derecha y el pie; la parte izquierda.----Mientras se practica ese ejercicio mental se sigue con el ritmo de respiración.--- No pasar en total de cinco minutos, una vez que se domina la técnica.
3.-EJERCICIO FISICO MODERADO. Puede ser el simple paseo. Ese paseo se puede hacer con ejercicio de respiración o sin él o combinando. Dedicar en los paseos un rato a contemplar el propio pensamiento. Ser testigo del propio pensamiento. Este ejercicio es relajante y purificador. No rechazar el pensamiento pesimista. Simplemente observarlo. No autocrática el pensamiento negativo; simplemente observarlo. Vaya por donde vaya, observarlo. Sin rechazarlo ni prolongarlo. Poco a poco se va viendo la agitación mental a que estamos sometidos. Este ejercicio purifica y serena el espíritu altamente. Ya Montaigne llegó a aconsejarlo.
5.- Autosugestión. Cuando me viene la tristeza el pensamiento de que estoy mal, decir mentalmente: Estoy cada vez mejor.
6.-LECTURA ESPIRITUAL DIARIA. LIBROS MAS RECOMENDADOS:
-"EL CAMINO DE LA LIBERTAD" de Nicolás Caballero. Son seis tomos. Pero los verdaderamente interesantes son el volumen II "El silencio"; el volumen III "La meditación"; el volumen IV "La oración". Editorial EDICEP. Almirante Cadalso 11. Valencia.
"- EL SANTO ABANDONO" de Dom Vital Lehodey. Ediciones Rialp, colección Patmos.
-"EJERCICIO DE PERFECCION Y VIRTUDES CRISTIANAS" del Padre Rodríguez. Tratado 8 de la parte primera. "Conformidad con la voluntad de Dios"
HAY OTROS MUCHOS QUE AYUDAN A PACIFICARSE como "Remanso de Peregrinos" de editorial Mensajero; los de Thilman; algunos de la colección ST BREVE de Sal Terrae, etc.
7.- Desahogarse con alguien de palabra a poder ser , o por escrito. No buscar la excesiva compasión. Menos estar siempre quejándose.
8.-No desear demasiado la curación. Ponerse en manos de Dios y seguir viviendo en luces o tinieblas. Pero sí desear de veras la curación. Algunos enfermos se refugian en su enfermedad para buscar compasión o por desidia. No olvidemos : es una obligación cuidar de la salud.
9.- Es muy conveniente dar cuenta de los trabajos propios al director espiritual, a un amigo o al médico. Es un estímulo para cuando asalta la pereza.
10.-Fomentar alguna afición. La depresión quita el interés por todo. Has de buscar intereses intelectuales, manuales, etc.
Vamos a tener en cuenta que todas las cosas que nos suceden viene de la mano y de la voluntad de Dios. Toda nuestra perfección está en conformarnos con su voluntad. Esto no quiere decir que no tenemos que trabajar por estar mejor. Pero hemos de esforzarnos con paz, sin desasosiego interior, confiando en El. Después de que pase la prueba, el alma queda purificada.
Nada vas a tomar como venido del acaso o por la maldad de los hombres. Eso suele dar mucho coraje. Pensar que Dios nos quiere. Que Dios tiene providencia sobre tu vida. Y todo lo dispone o lo permite con el único fin de que sea mayor algún día nuestro gozo en la unión con El.
Lo cierto es: no se deja sin dolor lo poseído con amor. Y con cuanto mayor amor lo poseamos, con mayor dolor lo tenemos que dejar. Pero esta vida no es la definitiva. Y a la otra hemos de ir del todo purificados. El lugar de purificación o ha de ser en este mundo o en el otro. Cuanto más tengamos que sufrir aquí, si lo hacemos unidos al Señor, menos nos quedará después de la muerte.
Dura es la vida. Pero vamos a recordar aquellas palabras del salmo: "Dios me recogió en su morada, y me escondió en lo más secreto de El en el día de la prueba." Vamos a sentirnos dentro de El. Es nuestro refugio y protección.
DESGRACIAS
Cundo nos sucede una desgracia nos preguntamos: ¿Por qué a mí? Después viene un periodo más o menos largo de angustia, no llegamos a aceptarlo. Volvemos a preguntar a los amigos; pocos llegan a dar una respuesta ajustada. Pero Dios nos responde en algún momento, con alguna circunstancia, de una manera indirecta. Y entonces lo llegamos a comprender: la desgracia a los ojos del mundo no lo es mirando con perspectiva de eternidad. ¿Cómo era nuestra vida antes de aquella desgracia?
Conviene en esos momentos ponerse a la escucha de Dios. El hablará de nuevo; El pronunciará su palabra. Debemos silenciar nuestro interior. La voz de Dios es dulce y suave. Dios cuando quiere hablar lleva a las almas a la soledad, a la oración.
Cuando llega el diálogo con el Señor, todavía formulamos preguntas, pero poco a poco el hombre se va identificando con Dios y sus sentimientos y exclama con San Pablo: "Ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí." Y bendice incluso aquella hora de la "desgracia"; para él fue hora de salvación. Yo en algunas ocasiones he experimentado esto. Por eso te lo escribo aquí.
SOLOS
Algunas veces nos encontramos solos y tristes, como aislados de todo el mundo. Precisamente la mano de Dios nos lleva a esos momentos. Pretende que nos sintamos como aislados en un camino oscuro para que volvamos nuestro corazón a El en petición de ayuda.
Este sufrimiento, dicen los autores de espiritualidad, es considerado por Dios como el más purificador de todos. La gran prueba de la soledad la experimentamos en todos los estados. La persona en el fondo siempre está sola. Vivimos todos inmersos en la soledad. Pero su dolor no lo percibimos siempre. Cuando nos encontramos así nos damos cuenta: Dios es nuestro único refugio.
Los afectos humanos ganan mucho cuando los centramos en Dios, cuando el amor y el servicio de Dios ocupa en nosotros el primer lugar. Tal vez se llegue a esto después de muchos desengaños humanos. Y entonces amaremos a los más amigos o familiares mucho más y mejor. Incluso con más intensidad, aunque con menos apego. Y no nos asombraremos ni entristeceremos cuando en algo nos fallen.
VUESTRA TRISTEZA SE CONVERTIRA EN GOZO
¡Sufrir con Cristo doloroso! ¡Cuántas veces se lo decía al Señor por puro mimetismo de lo insinuado por mis antiguos directores de ejercicios!
Hoy se lo digo de una manera concreta en muchas ocasiones. Hoy se lo digo cuando sufro y el dolor me une a El. Pero ¡es curioso! Mi sufrimiento no es algo "místico", no. Es algo corriente: el tropiezo repetido de cada día: estar a ratos triste por un problema difícil de solucionar; sufrir limitaciones de una enfermedad; aguantar la marginación...
Gozar con Cristo resucitado. De la misma manera es algo sencillo y normal. Así, unos días atrás me sirvió de gozo una frase de Pío XII; ésta era la idea: Quisiera que vierais en esta noche oscura (la guerra mundial) un rayo de sol. Como el caminante, cuando después de andar toda la noche contempla la aurora... Pues, aunque el viandante quede defraudado con el nuevo día, jamás la fe y la confianza cristiana.
Me encontraba entonces triste. Hacía exactamente 50 años que Pío XII pronunció aquel discurso. ¿Quién iba a decir que aquel rayo de sol iba a iluminarme después de medio siglo?
No en vano dijo Jesús: "Vuestra tristeza se convertirá en gozo. Y jamás lo dudaré: la mejor manera de superar los propios problemas es ayudar a los demás en los suyos. "Cada uno llevad las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo", decía San Pablo.
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