IX
EJEMPLO Y ADELANTE
TRES LOCURAS
Pienso que la mayor parte de los hombres estamos bastante locos o tenemos el gusto depravado. ¿Por qué? Nos apegamos a algunas cosas sobre manera. Todo gira alrededor de ese nuestro gusto. Basta con preguntarnos de vez en cuando la clásica cuestión de Tissot ¿Dónde está mi corazón ahora? ¿Dónde halla nuestro corazón reposo? Si la respuesta más frecuente fuese EN DIOS, entonces estamos en proceso de curación de esta locura.
Leía en un libro de espiritualidad estas ideas: hay tres clases de sabiduría reprobadas por la Sagrada Escritura: La terrena, buscadora sólo de riquezas; la animal: no apetece sino los placeres del cuerpo; la diabólica (sic), pone su fin en la propia excelencia. Esta última es la más impresionante; es la más sutil. A veces me pregunto: ¿no estaré en el fondo yo dominado por ella? ¿No deseo en el fondo esa estimación humana? ¿Por qué no amo la humildad con más ahínco? ¿Por qué critico de gran parte de personas? ¿Por qué en el fondo me juzgo superior a muchos, aunque no me lo formule claramente? ¿Por qué los santos se juzgaban muy por debajo de los más pecadores? Hay una sabiduría verdadera, la de Dios. Está en las bienaventuranzas. Las he repetido mil veces y no las llego nunca a comprender bien; se me nubla la vista. Son locura a los ojos del mundo. Admiro a esas personas que han calado del todo en esta sabiduría: amar la pobreza, la cruz, el sufrimiento, el padecer persecución por la justicia; amar a los enemigos, a los que nos persiguen o injurian. ¡Qué hermoso y qué difícil!
No aficionarse demasiado a las cosas de este mundo, aunque sean buenas y honestas. ¡Cuántas veces absorbe mi tiempo casi entero el estudio, la preparación intelectual, y me parece mucho una hora dedicada a la oración y lectura... Puede paralizar nuestra vida interior el afán de saber mucho, esa curiosidad "sana" de estar "bien preparado". Si esto me hiciera perder parte del gusto por la vida interior, ¿qué provecho real iba a sacar?
ADORACIÓN
Algunas veces hemos de ponernos en oración sólo para adorar a Dios. Hace ya varios años yo leía estas ideas: no es tiempo perdido el que dedicamos a la adoración del Señor sin pedirle nada, ni siquiera su ayuda para ser buenos; solo estar con El, adorarle. Contemplar con el entendimiento el ser Infinito de Dios, su
Eternidad, su Omnipotencia, su Sabiduría, su Hermosura. A veces, cuando pensamos con intensidad en esto se nos va la cabeza. ¡Qué grande es Dios!Son momentos de gozarnos en la grandeza de este Ser, nuestro
Padre. De nadie necesita ni de nada. Es Bueno. Santo. Lleno de gloria. Merece la pena adorarle y gozarnos en su grandeza. Conviene repetir al Señor muchas veces en la oración: Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Señor, si os tengo de ofender, llévame antes a tu Reino. Yo no quiero la vida sino para serviros; y si no os voy a servir con ella, no la quiero.Mi ilusión no es ganar dinero ni honores, ni siquiera ocupar un cargo de cierto honorcillo; mi ilusión eres Tú, Señor. Y si voy a estar más cerca de ti en el dolor y en la incomprensión, llévame por ese camino; pero si ves que necesito para animarme un poco de
consuelo y de aprecio de mis compañeros, permíteme este favor.Pero sobre todo, si lo necesito, envíame algún consuelo
sobrenatural, para que me vaya de una vez desengañando de tantos placeres y gustos del mundo que a nada conducen. Y sobre todo, ayúdame a comprender, a querer y apreciar a cuantos me rodean. Quiero ayudar a todos.Pedir todo esto es maravilloso. Más aún adorar a Dios en verdad y humildad.
Cuanto más sepamos de Dios, mejor. Me conviene leer mucho sobre Dios. Así me siento más inclinado a rezar, mi pensamiento vuela más hacia El, y cae a menudo en profunda adoración. Cuando estoy la mayor parte del día ocupado por ejemplo en enseñar, programar, etc. mi pensamiento sobre todo está en estos asuntos. Por eso he de ocuparme más de Dios y de sus cosas. Así mi corazón estará más cerca de
Él.Si mi ocupación es de ayuda a las personas, debo pasar mi
atención a Dios con frecuencia. No debe ser un mero humanismo mi obrar el bien. Pero siempre he de insistir en conocer a Dios. Si así lo hago, mi alabanza será continua y más perfecta. Abrirnos a Dios en todo. Como el arroyo asumido por el gran río, o como el río que se entrega al mar.Y todo esto en la oscuridad de la fe. En esta oscuridad de la fe será llevada mi alma a esta relación total e íntima con Dios. Sí lo voy conociendo a Dios como en un enigma. Pero este Dios me atrae y me apasiona. Supongo que a ti te pasará lo mismo.
Y le pido al Señor: Dame más luz, o más oscuridad. Pero lo importante es que cada vez te vaya conociendo mejor y te vaya tratando con más amor. Y que mi adoración sea plena: en sinceridad
y humildad.Dura es la vida; muy dura. Pero estamos en Dios. Me gustan mucho los salmos 27 y 31: "Dios me recogió en su tabernáculo, y en lo más secreto de El me escondió en el día de la desgracia." Estamos en la mayor intimidad del Señor, aunque sufra nuestro corazón y nuestro cuerpo. Esto nos tiene que llenar de paz interior, de seguridad plena. Escóndenos, oh Dios, en lo más profundo de tu corazón; guárdanos como a las niñas de tus ojos. Mira: por todas las partes vemos indiferencia y egoísmo y necesitamos a alguien: ser acogidos con el cariño de una madre buena a su hijo pequeño. Y ayúdanos a ser nosotros la mano blanda tuya con todos cuantos precisan comprensión, cariño, ayuda material.
¡Qué bueno vivir con esta fe, escondidos en Dios! Y qué maravilloso ser para las personas con quienes tratamos acogedores y bondadosos; lo mismo el Señor ha sido para nosotros.
La pena: muchas veces es tan sólo un buen deseo. A mí me cuesta llevarlo a la práctica. Pero hay que esforzarse.ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo nos va poco a poco elevando, nos va ofreciendo la misma fisonomía espiritual que a Jesús. No sé si yo reparo en esto en los momentos rutinarios de la vida. Y es preciso que lo haga. Tal vez tú lo vivas más a tope. Por el Espíritu Santo somos hijos de Dios, injertados en el Unico Hijo. Y poco a poco se va despertando en nosotros una especie de instinto sagrado de relacionarnos en nuestra vida con el Señor. Estas vivencias espirituales hemos de llevarlas también a las personas próximas a nosotros sea por la causa que sea.
¡Qué maravilla ser templo del Espíritu Santo! El va poco a poco santificando nuestras almas. Es como la penetración de su naturaleza en la nuestra. Nuestra santificación no es algo propio nuestro; es asimilada de Dios, absorbida. Pero no somos mendigos; nuestra pobreza también está absorbida por Dios. Somos, sí, enfermos,
pero El ha asumido nuestra enfermedad, lo mismo que asumió nuestra pobreza. En algún sentido, pues, nos podemos considerar pobres y enfermos. En otro no.Cada vez es mayor mi esperanza. En cosas de esta vida no puedo esperar demasiado. Hay gente jugadora semanal de lotería. Esperan algo de la suerte. Todos participan con esa ilusión. Pero ¿cuánto tiempo van a disfrutar de ese dinero que no les va a llegar?
Lo grande es pensar que no nos pertenecemos a nosotros mismos. Le pertenecemos a Dios, porque somos su Casa, su Templo. "Si alguno me ama guardará mi palabra!"
Me gusta repetir: "...llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor". El fuego. Es el único elemento que consume y transforma en sí mismo.Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, se han dignado asociarnos de alguna manera a su divinidad. Colocan su morada en mí; permanecen igualmente en ti mientras estemos en gracia santificante. Y si la hubiésemos perdido, precisamente con el acto de amor a Dios, volvemos a su amistad.
¡Qué maravilla del amor de Dios! El misterio más incomprensible para nosotros se ha convertido en el más familiar. En el más íntimo. Este Dios grande de la Naturaleza, el Creador, habita dentro de mí, dentro de ti. ¡Qué grato resulta adentrarse en pleno recogimiento varias veces al día para, contemplar de hora en hora esta obra más grande que las montañas más altas.!
Toda nuestra vida espiritual puede estar centrada del todo en la Trinidad y en la Eucaristía, como realización más íntima aún de esa Trinidad para los hombres. Día y noche en el sagrario; día y noche en el templo de nuestra alma.
Merece la pena servirnos de todas las nemotecnias posibles; entregar horas a la oración y lectura de cosas santas muchos ratos, para que esta lamparilla viviente no se apegue en nosotros.
GLORIA A DIOS
¡Cuántas veces le he dicho a Dios que le amo! Y, la verdad, cosa buena es. Pero no basta con tomar complacencia de los bienes de Dios. No basta siquiera con desear la gloria y el amor de Dios en todo el mundo. Es necesario ofrecernos a El cada uno de nosotros. Es preciso esforzarnos en cumplir su voluntad. ¿Cómo puede uno con verdad manifestar su deseo de la gloria de Dios, si no la procura en todos los actos de su vida?
Por eso en la oración hemos de formar propósitos y deseos de cumplir la voluntad del Señor.Dios nos quiere comunicar su vida, su felicidad, su luz, su amor. Cada día me convenzo más de ello. El único problema, creo yo: resulta difícil y molesto disponerse para recibir ese tesoro. De lo contrario, habría colas para comprar libros de espiritualidad, para ir a visitar a Jesús, para confesarse.El problema es la fe, la dificultad, el apego a las mil cosas
entretenidas de nuestro entorno.. ¿Qué pueden suponer las riquezas, los puestos distinguidos, los títulos universitarios y de nobleza en comparación de la intimidad con Dios en su Trinidad? Y sin embargo ¡a qué pocos interesa! Debemos ir proclamando nuestra vivencia de fe y amor a Dios. Llevar hacia adelante esta idea maravillosa.Estamos como desterrados en el mundo en espera de la patria para la posesión completa de Dios. La fe nos permite desarrollar en nosotros el sentido de Dios, el instinto de lo divino. ¿A qué entretenernos tanto en lo efímero? Trabajar, sí. Es necesario. Tratar con personas también; es necesario. Pero nuestro gozo pleno y total, ponerlo en Dios que nos guía y nos espera.
Confiar. Confiar. No hay obstáculos para Dios. Con el socorro de su gracia, nada puede retrasarnos en la marcha. Lo verdaderamente
necesario es ponerse "a tiro". Eso es lo necesario. No vamos a perder la confianza ni siquiera en los momentos peores de nuestra vida. Porque ya sabemos: las horas más desesperadas pueden ser el momento de Dios: El se acerca entonces a nosotros. Y siempre va a estar en nuestra mente, como lo más importante. ¡Se cumpla en nosotros, Señor, tu voluntad! Buscar la gloria de Dios, el Reino de Dios.GRACIA
Ahora hay gente, "teólogos" - lo digo entre comillas - que no admiten los tres órdenes clásicos: el animal, el de la razón y el de la gracia. Yo me adhiero a esta división. Lo explica todo mejor.
El hombre, basado en la sola razón, conoce mal la verdad. ¡Por eso mismo fracasan algunos "teólogos".Cada una de las tres partes del hombre tiende a su propio objeto. De ahí nos viene la lucha interior. Hemos de conseguirlo: lo animal se someta a la razón y la razón se someta y entregue totalmente a Dios. Esta teoría, aprendida casi desde la niñez, muchos la van olvidando y a todos nos hace falta recordar.
La animalidad tira hacia abajo; la razón se desarrolla en el sentido horizontal; la gracia, la fe, nos eleva hacia Dios, hacia nuestro verdadero fin. Pero, según creo, ninguna de estas tres fuerzas actúa en forma exclusiva, sino combinada con las otras dos.Por eso no estoy de acuerdo con aquellos retiros en que se nos
ponía (en los años de seminario menor) la "angelicidad" como ideal extraordinario del seminarista. Eso sí. Nuestra categoría de persona cristiana aparecerá según la parte que predomine de las tres fuerzas. Por supuesto: nuestro ideal, el tuyo y el mío, va a ser la fe, la gracia. ¿No hierve tu corazón como el de los de Emaús tan sólo al pensarlo?Mis andanzas por el monte me ayudan a encontrarme con Dios, a encontrarme conmigo mismo. Son algo del hoy llamado desierto. Centro siempre mi atención en buscar a Dios. Buscarlo por El mismo. No por los consuelos suyos. No ir detrás de Dios por la paz ofrecida a los sus seguidores. Aceptar, sí esa paz porque ayuda a adentrarse más en El. Entregarme totalmente a El. No para sentirme a gusto. Sino porque Dios merece toda mi entrega. Mis andanzas por el monte son auténtica gracia actual.
BUSCAR A DIOS
Dar gracias a Dios por el dolor. El dolor me va despegando de todo lo creado. Me desprende del amor propio. No intentar que el consuelo espiritual me vaya haciendo más llevadero el dolor. Jesús en la cruz no fue consolado. La única alegría, pensar en mi unión con Cristo. Estoy mereciendo. Soy redentor con El.
Buscar a Dios. Sólo a Dios. En la paz; en la tristeza o en la
inquietud o en la angustia. No desear ser elegido, ser "alguien". Desear a Dios; sólo a Dios. Desearlo en la soledad; en la marginación; en el olvido. Aceptar el ser elegido y el ser apreciado, sólo para amar más aDios; para influir en que otros amen más a Dios.
No buscar gozo en la cruz, ni siquiera en la paz. Buscar sólo a Dios. Buscar la salud sólo para entregarme más a Dios. No intentar "realizarme" ni ser feliz. Ni el sacrificio por sí mismo, sino encontrar al Señor en todo.Aceptar la muerte, no para librarme del dolor ni de la vejez,
sino para unirme con Dios por toda la eternidad. Buscar a Dios de tal manera que si (por un imposible) con Él fuese más desgraciado y sin El fuese más feliz, elegiría ser desgraciado con El. Siempre con El. En la felicidad y en momentos de desgracia. Este deseo y hambre de Dios lo considero como una gracia actual extraordinaria.Como te he dicho varias veces, soy muy aficionado a la lectura espiritual. Prepara de maravilla al alma para la oración. Si tú y yo "disfrutamos" de una imaginación calenturienta, debemos sujetarla a base de leer pocas novelas, pocas revistas, pocas narraciones distractivas, y centrar la atención en las lecturas de Dios, en el contacto directo o indirecto con almas virtuosas.
Pues bien, leía hace varios días unas ideas bellas. Ni siquiera recuerdo el libro o folleto. Decía San Ignacio de los días de su enfermedad y conversión: su entendimiento fue de tal manera iluminado que parecía otro hombre y con otro entendimiento. Esto me ha hecho reflexionar. A Ignacio de Loyola el trato íntimo con Dios durante una temporada le hizo cambiar de tal manera que parecía otro hombre y con otro entendimiento.
A nosotros también nos va a cambiar ese trato intimo con Dios. Vamos a intensificarlo en tiempo y en concentración. Dios no nos pide más. El resto corre de su parte.El otro día me levanté muy triste de la cama. Era esa tristeza tonta que a veces se apodera de uno y le sume en la amargura. Una tristeza existencial. La vida es muy dura para todos. Entonces pensé: Gracias, Señor. Tú también estuviste triste en la cruz y en Getsemaní. Y continué con la tristeza. No desapareció. Era el viernes pasado. Había meditado en la pasión de Cristo. Jesús en la cruz no estuvo en un Tabor. ¿Por qué quien desea servir a Dios ha de pretender estar siempre en un fervor sensible? Gracias, Señor.
Por eso el siervo del Señor no debe buscar en la oración nada: ni la paz de Dios; ni la alegría; ni el éxito apostólico. Buscar a Dios. Sólo a Dios. Todo lo demás llegará por añadidura.
¿Qué más da ser feliz o no? Lo único importante es servir al
Señor. Da gracias conmigo a Dios porque ha sido gran de su misericordia. Yo me uno a tu oración. Tal vez también tú desees agradecerle al Señor. Buscar a Dios. Decirle a la mañana: ¿Qué me pides hoy, Señor? Y no es mucho. Es ser fiel a los momentos de oración; ser fiel al cumplimiento del deber; "regalarle" mi voluntad total hacia El con unos cuantos sacrificios voluntarios. Y pasa el día. La vida corre. Y llega otro día. Poco a poco nos acercamos a nuestra meta definitiva. Hemos de levantarnos de pequeños fracasos; de pecados. Pero El nos espera. ¿Quién como El?Para mí ha sido una gracia actual visitar al compañero Jaime en su pueblecito de Arloz. Tal vez haya sido una de las más importantes de este año 1990. Es ya de una edad madura y ha optado por vivir su ancianidad en un pueblecito de cuatro casas dedicado a la oración. También recibe a gente para pasar con él algunos días en retiro y soledad.
En cuanto he entrado, en seguida hemos llevado la conversación por el terreno espiritual. El ha pasado antes más de un mes en una tienda de campaña en soledad absoluta dedicado a la contemplación. Y lo más curioso es: Jaime era sacerdote progresista, pero ha cambiado. Ahora lamenta el tiempo en que no rezó breviario. Comentaba él: a la oración hemos de dedicarle tiempo. Que no vale aquello de que toda la vida es oración. Debemos dedicarle un tiempo específico como al comer, al trabajo, a la conversación con amigos.Es verdad que cuando uno ha empleado tiempo anteriormente a la oración, puede después vivir una temporada de las rentas. Puede unirse a Dios a través de las actividades del día. Pero si después no comienza de nuevo a dedicar largos ratos a la oración, no conseguirá mantener ya su tono espiritual. Lentamente irá cayendo por los abismos del pecado.
Vamos a animarnos a no dejar un día por nada la oración. Vamos a mantener en nosotros la presencia de Dios después en todo momento.
JESÚS
Debemos dirigir la mirada hacia Cristo resucitado, como los grandes servidores de Dios, como los místicos. Jesús es la fuente de nuestra vida y de nuestra alegría. Si siempre está presente, aun en los momentos duros reinará una paz inalterable en nuestro corazón.
Cristo en nosotros, en mí y en ti, como una suave explosión de
vida primaveral. Esta vida de Cristo nos penetra y vivifica. Conviene pensarlo esto en momentos de silencio interior: Jesús, Dios verdadero me penetra y vivifica; estoy injertado en El; me encuentro en El más inmerso que el pez en el agua. Jesús nos va atrayendo poco a poco a su vida personal: El vive y obra en nosotros. Somos el mismo cuerpo de Cristo.A veces hemos visto la devoción a Cristo, al Corazón de Jesús, como una cosa más, algo pegadizo, opcional, como un viacrucis o una novena. Sin embargo Jesús es la principal aspiración y devoción de un cristiano. No me preocupa lo configurarlo en el Corazón de Jesús, en el Sagrario, en el Evangelio o en su permanencia entre nosotros. El modo concreto está a gusto de cada cual. Pero nos hemos de dar cuenta de esto: no seremos santos sino en la medida en que vivamos con Cristo y nos identifiquemos con su vida. Recuerda lo tantas veces oído en tus años de formación: El proceso de santificación es un proceso de cristificación. Convertirnos en otros Cristo, porque "ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí".
ASPIRAR A LA PERFECCIÓN
Es un deber aspirar a la perfección, no sólo esperar la salvación. "Sed perfectos..." dice Jesús. No aspirar a la santidad sería no desear a mar a Dios con todas nuestras fuerzas. Buscar la experiencia de lo divino. Unas veces percibiremos la proximidad de Dios, otras su mismo ser. Y esto no por afán curioso, sino por deseo de la gloria de Dios.
En los sacramentos, en el trato amistoso con las personas, en la oración comunitaria y privada, hemos de encontrar esta experiencia amorosa de Dios.
Con Dios podemos relacionarnos y debemos. Llegamos a veces a una intuición directa y objetiva de la realidad trascendente. A veces la fe es evidencia y sin nubes. Luego se vuelve a la monotonía oscura.
Esta experiencia de Dios al fin y al cabo es propia de nuestra
alma peregrina. ¡Qué será Patria si aquí algunas veces se gusta cuán suave es el Señor! Vivir conscientemente la gracia santificante; relacionarnos varias veces al día con el Dulce Huésped del alma. Ojalá, querido amigo, tomemos conciencia de recibir de Dios un amor ya del todo hecho, de manera que NADA NI NADIE PUEDA SEPARARNOS DEL AMOR DE CRISTO.¡Cuántas veces hemos aspirado a la perfección! Recuérdalo: meditaciones de nuestra juventud, pláticas, ejercicios, ratos de oración...Después este ideal se ha ido tiñendo de nubes. Lo cierto es que todos estamos llamados a altos grados de santidad. Es verdad: Dios a algunos les ha predestinado a mayor perfección, pero esto no ha de ser obstáculo para mi falta de entrega generosa. Yo por lo menos podía haber correspondido mejor a la gracia y me voy quedando muy atrasado, como alumno eternamente repetidor.
Por lo menos este es mi deseo: en mi intención sea lo primero aspirar continuamente a la santidad, no cerrarme a las muchas gracias ofrecidas continuamente por el Señor.
Para ello he de aceptar con agradecimiento todo lo ofrecido por la voluntad de Dios a nuestras vidas; lo agradable y lo desagradable. Y si llega una noche oscura, pedirle fuerza para resistir y seguir adelante. Yo lo sé: tu vida ha sido más generosa que la mía; pero también podrás seguir mejorando tu relación con Dios.Mi vida este año sigue parecido. He tomado mucha afición a la informática y estoy ahora programando lecciones por ordenador para el repaso de los niños. Me resulta apasionante y muy creativo. Y los chavales aprenden jugando.
Van comenzando los achaques: las cuerdas vocales no me responden; es una enfermedad profesional, y la próstata empieza a darme guerra. Son gajes de la edad, ya no joven.
Por lo demás vivo feliz. Algo debemos siempre sufrir, pues este mundo es de viaje y en los viajes, por muy buenos, siempre llevan incomodidades. Ahora leo menos, escribo más, hablo muy poco y meto muchas horas al ordenador.He escrito un libro "VIVAMOS CRISTIANAMENTE NUESTRO HOGAR". Lo he redactado con la única ilusión de servir a alguna familia para profundizar en su fe, y le dé alguna pista para la educación mutua
de la pareja y la de los hijos. Pero mi objetivo principal en este año 1987 ha estado en desear a Dios, aspirar la perfección. No he avanzado demasiado, pero mi ilusión ha sido grande.Siempre ha dominado mi vida espiritual el recuerdo de mi primera conversión, a los quince años. Fueron aquellos tiempos de entrega total al Señor en sinceridad de verdad. Tal vez nunca haya llegado en mi vida a aquellas alturas de vida interior.
Luego, poco a poco, las pruebas íntimas, la imposibilidad de
vivir la soledad del sacerdocio a tope... fueron apagando aquel fervor de varios años. Me di cuenta de que Dios no podía querer para mí un celibato en tristeza y angustia. Aquello era una enfermedad mental a la que hoy llamamos depresión. Y la única solución fue dejar el celibato por la puerta grande, como tú. Pero nunca abandoné mi sacerdocio ni mi ansia de avanzar en mi vida interior a tope.Varios años he acudido a retiros veraniegos con amigos íntimos desde la adolescencia. En esos días nos llenábamos de espiritualidad. Y cada año nuestro fervor e ilusión por la santidad va en aumento. Esta vida interior no la desconectamos de nuestro vivir diario.
Y procuramos cada uno en nuestra profesión o ministerios rendir a tope y hacer todo el bien que podemos.Una gracia muy fuerte he recibido de Dios hace tres años. En apariencia puede ser una enorme desgracia. Las cuerdas vocales no me funcionan bien. Mal profesional de los muchos años de predicación y de docencia.
Según me ha dicho el médico me puedo considerar mudo para todo el día, si deseo continuar con mi profesión y hablar allí con moderación. He reducido mi relación hablada con los demás un 80 o 90 por ciento. Esto me ha llevado a dedicar más tiempo a la oración y lectura espiritual. Y, cosa curiosa, en mis clases de religión, lo poco que puedo hablar en ellas, hace bastante más efecto interior y sicológico que mis charlas simpáticas y atrayentes de antaño. Estoy convencido: todo esto se debe a la preparación mayor de los temas al calor de la oración.Al dedicarse uno más a la oración, el Señor le pide más cada
día. Y ahí viene el drama propio: unas veces le digo sí. Otras le digo... mañana o pasado mañana. Fuente de fracasos y de humildad. Y fuente de gozo cuando uno es fiel a tope al Señor. Por otra parte, lo veo, la vida se me acaba. Y no es que tenga cáncer. Pero he vivido ya 55 años, y hace tiempo, mucho tiempo he doblado el cabo de Buena Esperanza. Y no debo permitirme el lujo de perder un día. Junto a esto gozo de paz interior. No es pues un sentimiento nervioso, sino de compunción de corazón. Creo me lleva más a Dios y me anima a corregirme de mis muchos pecados e ingratitudes con mi Creador y Señor. Mi gran "chollo" es: me duermo cuando empiezo a leer novelas o historia de la que he sido aficionadísimo. (Disfruto de una biblioteca personal de 2.500 volúmenes). En cambio, cuando tomo mi libro de lectura espiritual, se me pasa el rato sin darme cuenta.AMOR AL PRÓJIMO
¿Qué le daré al Señor por cuanto de El he recibido? Así suelo pensar; esa frase, repetida mentalmente todos los días durante la comunión, llena mi alma de agradecimiento. Recibimos con la mayor frecuencia el gran don de Dios: su amor. Y con él, el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Y yo pienso: lo primero debo darle al Señor en compensación de su amor, es el amor al prójimo.
"Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré su nombre" La mejor acción de gracias después de comulgar: Salir encendido de allí de amor al prójimo. Y no contentarnos sólo con no aborrecer, sino con un amor total. ¡Cuánto debiera yo pensar en esto! Algunas veces me lo repito. Pero a juzgar por los frutos, todavía me lo debiera repetir muchas más. Sólo por la caridad nos debemos distinguir de los no cristianos. Y la vida pasa; y nunca acabamos de aprender bien esta lección: la más importante de nuestra vida.
A veces cunde el desaliento al reflexionar, ¡cuándo puedo yo tener esa caridad tan profunda! Pero el hecho de desearla ya es una señal buena de que ha comenzado a nacer.LA VIDA DEL PADRE NIETO
Yo miro al padre Nieto como un ejemplo total. Dios no nos quiere a todos así. Si nos quisiera así, nos daría esas gracias y esa fuerza que a él le dio. Dios cuando hizo a Nieto rompió los moldes. Pero
ahí está su testimonio. Yo lloro por dentro cuando cojo ese libro. Me entra un deseo de Dios enorme. Aumenta mi fe, mi esperanza, mi deseo de amor, de entrega, de pobreza. Lo sé: no puedo imitar su vida. Pero sí ansío su espíritu. Me conmueve y me mueve. Y esto les pasó y les sigue pasando a la mayoría de quienes le trataron de vivo o después de muerto, a través de sus obras. Para mí la lectura de este libro ha sido una de las grandes gracias actuales de mi vida. El espíritu del padre Nieto hechiza, electriza. En general las hagiografías me suelen causar mucho bien. Pero esta de Nieto, un hombre de nuestros días, me llega al alma. Antes había oído a mis compañeros de Comillas ponderarlo mucho. La lectura de estas páginas la realicé a comienzos de del 1989. Después, de vez en cuando vuelvo a esa lectura y dedico quince días a meditar lo más destacado de este hombre. Siempre quedo lleno de vergüenza interior o de humildad al verme en comparación de él tan poco generoso con el Señor. Y siento una viva compunción de corazón, dolor profundo de mis pecados y deseo ferviente de servir mejor a Dios y a mis prójimos.Yo te recomiendo la lectura de este libro. Creo que te puede causar un gran bien. Algunos dicen: esta espiritualidad hoy día no se puede admitir. Es imposible imitarle en todo, pero su espiritualidad es de lo más sano de la Historia de la Iglesia. Y subyuga sobre todo su fe a toneladas, su amor total a Dios y a todos sus hermanos. Su continuo deseo de cumplir a tope la voluntad de Dios. ¿Que exagera
en sus penitencias? El amor total a Cristo le llevó por esos caminos. Y si no se le puede imitar, por lo menos, sí admirarle e ir un poco más por los caminos ásperos de la ascética, a veces tan olvidados.Me llena de entusiasmo espiritual el aumentar el amor a Dios en mi vida. Estoy convencido: si practico cada día cinco minutos de oración, crecerá un poquito mi amor a Dios. Si me preparo mejor mis comuniones, iré subiendo en amor. Si dedico horas a mi trato con Dios, todo irá muy bien. Yo estoy convencido: si con fidelidad practicamos la media hora de oración mental diaria, aumentará mucho el amor a Dios.
El P. Nieto ardía en amor a Dios, porque hacía mucha oración: de ahí brota todo el amor. Por eso cuando un sacerdote, una religiosa abandonan la oración mental, languidece toda su vida; pierden incluso su identidad religiosa.
A veces pienso: he desperdiciado mi vida, porque he leído mucho, he estudiado y ... muchas más cosas. Pero he dedicado demasiadas pocas horas a la oración. Ahora quiero compensarlo. Deseo amar más a Dios. Esa es la razón de mi vida. Lo demás vendrá por añadidura, incluso el dedicarme a fondo a los demás. De la oración brotará el amor al prójimo. ¡A la fuerza!
Orar es la mejor manera de disponerme para todo. Eso y algunos sacrificios voluntarios.SILENCIO INTERIOR
Cada vez debemos agarrarnos más a la fe. No son ya muchos los años de vida. La mayor parte ya los hemos consumido. Y la fe la veo yo cada día más necesaria y cada vez más oscura. Menos mal que de vez en cuando el Señor me envía un destello de su luz para que no me desaliente. Entonces todo parece concordar a la perfección. En el puzle no falta ninguna pieza. Pero luego el ambiente del mundo es terrible. Va ganando sin querer terreno en el propio corazón. Esta vida es lucha continua.
A algunos desorienta el silencio de Dios. Años aguardando su
consuelo, su don, que las cosas, al menos las de la vida interior se vayan arreglando. Y siempre con los propios defectos. Siempre luchando con la pereza. Y siempre diré como el Hijo Pródigo: "Me levantaré e iré al Padre". Por eso, ya que hoy no vemos demasiados "padres espirituales", vamos a constituir grupos de amigos. Nos animaremos en esto, porque todo lo del mundo es como basura. Dios es lo único necesario. Ese "silencio de Dios" se "escucha" en profundidad dentro del recogimiento y silencio interior. Buscar todos los días el reposo del alma en la oración, en la lectura espiritual, en un rato de soledad para meditar. Antes le llamaban a todo esto recogimiento interior. No es difícil buscar un rato y unos minutos esta soledad íntima. Allí sólo habrá atención a cosas divinas.A esto no deben aspirar sólo los monjes, sino también quienes
estamos metidos en el mundo. Todos vamos a ver y gustar qué suave es el Señor, como decía aquel canto. No resulta fácil este recogimiento, pero compensa de verdad. A fin de cuentas aquí no estamos para pasárnoslo bien, sino para servir a Dios.Voy a procurar meterme en lo más hondo de mi corazón y allí me encontraré con Dios. Cada vez más. Es lo más necesario. El tiempo mejor empleado. ¿Para qué estar siempre trabajando y no dedicar buenos ratos a lo que ha de ser nuestra ocupación eterna?
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