V I I
ASPIRAMOS A LA SANTIDAD
ABSORBIDOS POR DIOS
¡Cuántas veces deseo ser absorbido por Dios, como la gota de agua de lluvia es asumida por el océano! Pero luego me olvido, sigo una visión más natural y humana de todo. Jesucristo así vivió. El era el Hijo de Dios. Y veo en la historia de los santos que ellos han permanecido entregados a su Señor cada vez con mayor intensidad. Vamos a animarnos nosotros mutuamente a vivir centrados del todo con Cristo en Dios.
CAMINOS
Muchos son los caminos del Señor, las vías de espiritualidad. ¿Por qué pensar: el seguido por mí, por mi grupo es el único o es el mejor? Es preciso no juzgar a priori.
Hay santos del estilo del Padre Nieto, Teresa de Jesús, Pedro de Alcántara y santos de otro estilo: de los que dan la vida por el prójimo día a día y no llaman la atención a nivel mundial, ni siquiera nacional o regional. Todos, eso sí, consideran la oración como algo prioritario, el amor a Dios es la esencia de su vida. De ahí les brota el amor al prójimo.
Gran voluntad de amar a Dios y al prójimo. Mucha gente dice: el P. Kempis está desfasado. La piedad hoy no puede ser individualista. Conforme: no debe ser individualista, pero sí comienza por ser individual. Debe ser asumida por uno mismo; y esto es labor personal. No vamos a condenar a Kempis, ni a Foucauld. CADA UNO SIGUE SU CAMINO. El designado por Dios. Y tendrá, sin duda, un gran influjo el signo de los tiempos de su vida. Pero sin caer en las lagunas negros de esos tiempos.
Por cierto. Estoy leyendo ahora de lectura espiritual un libro hacia el cual un superior del seminario abrió mi sensibilidad en aquel cuarto curso de Humanidades: "Las florecillas de San Francisco!" Si no hubiera sido por él, quizás nunca hubiera entendido nada. Incluso me habría parecido algo semejante al "Lazarillo de Tormes". Pero logró entonces que yo descubriera la sensibilidad de la entrega, el espíritu de la sencillez ofrecido a Dios. Ciertamente entonces no calaba como ahora y me quedaba en la anécdota romántica. Poco a poco he ido dándome cuenta, desde que él abrió mi puerta al sentimiento de lo religioso, de ese mundo íntimo de la relación del hombre con Dios.
Cada uno reacciona de una manera. A veces no comprendemos a otros. ¿Quién puede comprender a un Fray Junípero cuando hace tonterías, lo van a ahorcar, encima está contento y se siente merecedor de todo castigo? Pero detrás de todo esto late un profundo amor de Dios que sobrecoge incluso a quienes no creen.
Espero, amigo, que tu vida interior siga madurando en esa profundidad de fe generosa y entregada.
Debemos seguir adelante, aunque nos cueste, en el camino del Señor. La luz llegará a raudales. No es necesario que dure mucho tiempo. Basta una ráfaga de su luz. Como el otro día cuando estaba yo en el monte. Me puse una rato en oración. Fue aquella una jornada soleada y buena. El cielo azul. Soledad total. Sin ruidos de aparatos mecánicos. Entonces experimenté a Dios como Omnipotente. Lo llenaba todo. Por encima del tiempo y del espacio. Parecía que abarcaba en su seno el pasado, el presente y el futuro. Mi fe se vio compensada de tal manera que estuve varios días con esta dulce impresión de claridad. Y no duró aquello mucho tiempo. Algunas veces lo cuento a los niños en la clase de formación religiosa. Y ellos se dan cuenta de que también en estos terrenos podemos disfrutar de nuestra experiencia. No es ningún fenómeno raro ni especial. Es un toque suave del Señor; a través de él nos damos cuenta de que no vivimos en tinieblas.
Lo importante es ir poco a poco aumentando este amor a Dios. Conocerle más y más en la lectura y la oración. Vencer nuestras inclinaciones hacia el placer y la comodidad; renunciar a nosotros mismos. Entrega cada vez más total a El. Como en aquellos años jóvenes cuando hablábamos de que había que entregarse.
SE MISERICORDIOSO PARA SER SANTO
Cuesta mucho dejar de criticar. Por más que uno se lo propone, vuelve a caer en este vicio. A mí me ayuda a superar este vicio pensar en la misericordia de Dios y en su frase: "Sed misericordiosos y alcanzaréis misericordia" .Nada hay que más concilie la benevolencia de Dios que vernos a nosotros con comprensión y misericordia con los demás. Incluso yo creo que debiéramos usar de misericordia con aquellos que nos ponen trabas, humillaciones o marginación. Al fin y al cabo muchas veces ni siquiera son conscientes del daño que nos causan. Ellos buscan lo suyo. Si de verdad fuéramos santos, más que dolernos del mal que nos hacen, nos dolería su propio mal egoísta. Esto debiera ser un instinto. Cobrará fuerza cuanta más fe existe en nuestro interior. Y debiera ir superando este instinto a todos los razonamientos que halagan los intereses humanos propios.
PLÉYADE
Leía en la vida del padre Nieto una cita de Gar Mar que decía más o menos: La santidad rara vez se da aislada. Los santos son como las estrellas. Constituyen constelaciones. Y es verdad. Lo estamos comprobando: cuando surge un hombre santo, alrededor aparecen otros varios con deseos vehementes de santidad. Muchos, luego perseveran. Otros se quedan en la estacada. El padre Nieto fue uno de esos santos estelares que atrajo y sigue atrayendo, en este siglo XX tan flaco en santidad, centenares de almas con afán continuo de ser santo.
Yo quisiera que nosotros fuéramos, dentro de este firmamento de la Iglesia inmenso, una pequeña pléyade de santidad. Vamos a unirnos y vamos a animarnos mucho. Porque el ambiente es cada vez más de hedonismo y corrupción. Hemos de unirnos para superar este ambiente.
Hay épocas y lugares en que la santidad aparece no como hecho aislado, sino como en grupo: constelaciones de santos. Creo que en la primera mitad de nuestro siglo así ha sucedido. Podemos comprobarlo en los procesos abiertos de canonización.
El Padre Nieto fue una estrella refulgente dentro de la constelación. El se estimuló a la santidad viendo a otros santos, y a su vez él fue un torrente animando a sus seminaristas a la perfección y a la vida de oración. No descansaba. El se veía en la necesidad de empujar a los grupos, recibir a 400 seminaristas cada quince días, multiplicar sus pláticas a más de doscientas al año. Apenas dormía. Hemos de tener en cuenta que dos corazones fusionados se ponen a la misma temperatura, como el hierro y el fuego. Por eso cuando una persona arde en amor de Dios, propaga ese amor por todas las partes. ¡A la fuerza! Tal vez la crisis de hoy sea principalmente de hombres santos. A ver si nosotros vamos formando una constelación. El tiempo urge. La vida es breve.
PODEMOS SER SANTOS
Casi seguro que muchas veces has pensado: no he sido creado para el bullicio y las fiestas del mundo; Dios me llamaba para la santidad, y ésta es difícil alcanzar en los jaleos de mera diversión y pasatiempo. Yo también suelo pensar así.
Por otra parte el mirar la vida cómo avanza, el ver cómo nuestros padres han dejado ya este mundo; muchos amigos también nos han abandonado para siempre...¡cómo nos acercamos a nuestra meta! Urge llenar nuestra vida de fe, amor y buenas obras. Dios nos va invitando poco a poco a un trato más íntimo y exigente con El.
A ver si esta decisión de santidad la tomamos como algo muy urgente, como lo más serio de nuestra vida. No es cuestión de dejarlo para mañana. ¿Quién sabe si el Señor nos llamará muy pronto? Yo creo que vez en cuando Dios nos animará y nos hará ver: un acto de amor, una oración bien hecha, sacia más a la persona que todos los placeres sensuales.
Los fallos y limitaciones propios son la prueba más sutil con la que vamos a tropezar. Y en estas debilidades se va consolidando el edificio de nuestra santidad.
Vamos a vivir a tope estos últimos años de nuestra vida... aunque sean treinta, ¡y no será fácil! Lo cierto es que van a ser menos de los ya vividos. Espero que en la eternidad podamos estar satisfechos de nuestra correspondencia al amor de Dios.
Jesús ha quedado por nosotros en el Sagrario, por ti y por mí, vamos a mirarlo en concreto. El quiere vivir más íntimamente en nuestras almas. Quiere hacer de nosotros como un sagrario viviente, un templo vivo de Dios. Para ello voy a desprenderme de esclavitudes, brotes verdaderos de mis apetencias sensibles. Vamos a practicar los dos esta poda. ¡Qué fecundos vamos a ser así en la viña del Señor! Mejorará mucho el Cuerpo Místico de Cristo. He de juzgar todo como basura. Lo único importante es servir a Dios y a su causa. Como San Pablo.
¡Qué gozo tan puro será el nuestro si así vivimos! Vamos a procurar la santidad. Sí como suena. Y para ello vamos a tener gran confianza en la protección y misericordia de Dios. Vamos a tener vivos deseos de vivir metidos en Dios. Vamos a apartarnos de todos los obstáculos que nos impiden desarrollar en nosotros la obra de Dios.
Cueste lo que cueste, Señor, no os dejaremos. Aun cuando veamos junto a nosotros el abandono de muchos; aunque observamos el número de personas seguidoras de la vida interior, reducido cada vez más. Pero no queremos presumir como Pedro. Confiamos en el auxilio de Dios.
ADELANTAR
Me pregunto muchas veces ¿por qué después de tantos años de creer y de practicar más o menos, he adelantado tan poco en la virtud? Recuerdo que leyendo una vez a Santa Teresa también se preguntaba de modo parecido a éste. Ella lo atribuía a que ponía en sí misma toda la confianza de adelantar. Porque no lo dejaba todo en manos de Dios. Yo además, tengo otras muchas razones: pereza, amor a pequeños placeres, falta de entrega continua.
De pequeño, mi madre me solía decir cuando me escondía para que no me riñera: "Tú mucho miedo y poca vergüenza". Y esto me preocupa ahora. No porque viva en el temor al castigo de Dios, sino por la poca vergüenza de no terminar de entregarme nunca del todo. Cuando terminé el retiro de agosto, formulé unos propósitos muy firmes.
Pero no responden por ahora a la realidad. Ayúdame. Pide al Señor por mí. Yo también lo hago por ti. Que nuestro ideal único sea vivir para Dios. Vivir siempre en la casa del Señor, como quería el salmista.
Vamos a agradecerle al Señor el sentir esta hambre y sed de El y vamos también a ponernos en sus manos para adelantar poco a poco. Y sobre todo: no nos guardemos para nosotros mismos esta hambre u sed de Dios.
OTRA VEZ PRESENCIA DE DIOS
Cuando me voy familiarizando con Dios, El aparece para mi alma como el ser más familiar, el totalmente imprescindible. El padre o la madre, el esposo o esposa, el amigo, el hermano, son visibles y puedo conversar con ellos o abrazarles. Pero siempre un algo incomunicable existe aun en la mayor amistad. La relación con Dios es continua, su presencia amorosa llena hasta los últimos rincones de nuestra vida. El amigo más perfecto es como la sombra, como la imagen lejana de este Dios de Amor, plenitud de toda nuestra vida.
Mi preocupación y mi atención va a estar en no alejarme de El, en acercarme más y más a El. Para ello: desinterés propio, unión con el prójimo y preocupación de él, afición al trato íntimo con Dios.
Piensa: Dios está presente para ti. Es una presencia mayor que la del agua en la esponja, que la del aire en las aves. Vives por El y en El. Te penetra hasta el tuétano de tus huesos, hasta el mismo espíritu. Te digo esto y me lo digo, claro, a mí mismo. Porque nuestra alma se ha de deleitar en este pensamiento. Nuestra vida está oculta con Cristo en Dios.
Las Tres Divinas personas habitan en ti y en mí. En todos cuantos viven en gracia. En el fondo de nuestro ser ocurre el divino misterio. El Padre engendra al Hijo por vía de conocimiento. Del Padre y del Hijo, por vía de amor, procede el Espíritu Santo.
Varias veces al día debiéramos detenernos para meditar esta verdad aunque no sea más que uno o dos minutos cada hora. Acordarnos de este sublime misterio que se opera en el fondo de nuestra alma. Si disponemos de unos momentos, volver otra vez a este pensamiento. ¡Cuántas almas se han santificado así! ¡Cuánto mejor mandar a nuestro cerebro estos pensamientos positivos y de fe que no permanecer dando vueltas a preocupaciones o pensamientos inútiles!
Nuestra alma con Jesús, el amigo Divino, se mantiene sumida en el mismo seno de la Santísima Trinidad. A base de ejercicio se consiguen los hábitos. Pues vamos a conseguirlo. Nuestro Divino huésped nos ayudará. No estamos solos. Cuando se rasguen los velos de esta existencia, se descubrirá el "rostro" del Señor. Cara a cara lo contemplaremos.
CUESTIONADO PERO SANTO
Cuando leía la vida del Padre Nieto pensaba que vivió en olor de multitudes. Todos lo tenían por santo. No sufrió marginación ni humillaciones. Pero me equivoqué. Es verdad que su fama de "santidad" nunca la perdió. Pero por los años sesenta comenzaron a buscarse razones para suprimir sus pláticas; muchos se cansaban. Sufre el Padre al ver cómo se aligeran cada vez más las prácticas de piedad en el seminario. Protesta con frecuencia, pero no es escuchado. Todo esto le producía profundo dolor. Y no dudo: llegaría a angustiarle. Hicieron mella en los actos piadosos la televisión y el cine - forum.
Se le marginó en ejercicios de órdenes, donde más se volcaba; e incluso en la Semana Santa. ¡Cómo sufriría él pensando en la baja de los valores eternos! Y decía: la razón de todas las crisis es la penuria en el amor de Dios y al prójimo. A pesar de todo supo mantener su optimismo en la esperanza de la asistencia de Dios que vela por su Iglesia.
¿LA EMOCIÓN?
Me gusta rememorar los momentos pasados de una vivencia espiritual más fuerte: la visita a Jesús en la iglesia de Laguardia donde se operó mi primera conversión; la recepción de las órdenes sagradas; las tandas de ejercicios, los días de retiro en Estíbaliz. Te invito: tú también lo podrás rememorar a menudo. Cada uno recuerda sus días y sus fechas. Pero hemos de darnos cuenta: es fácil sentir emoción en algunas ocasiones y luego enfriarse como un témpano. Es frecuente conocer personas de grandes consuelos sensibles; parecían apóstoles del mundo, y después lo abandonan todo, incluso su fe.
El consuelo, la emoción sensible tienen su finalidad en nuestra vida: empuje. Y después, también pueden ayudar bien empleados.