Castillo de la Triste Condesa

"Decid al Señor don Alvaro que cual es fuimos y cual somos será"

Historia

Fotografías

Descripción

El castillo que hoy conocemos como el de la Triste Condesa fue construído por el Condestable Ruy López Dávalos en algún momento entre los años 1395 y 1423.

En 1393 el rey Enrique III de Castilla (el doliente), posiblemente en recompensa por el apoyo que recibiera de nuestros esforzados antepasados, concede real privilegio de villazgo a las poblaciones de Arenas, Colmenarejo (hoy Villa de Mombeltrán), Candeleda y La Adrada, lo cual suponía una cierta autonomía, exención de pagar algunos tributos, feria, mercado... Pero tan sólo dos años después, para recompensar esta vez a su valido, el Condestable Ruy López Dávalos, le hace señor de estas tierras.

Posiblemente es en ese año, 1395, cuando el condestable Dávalos inicia las obras del Castillo. Con los primeros años del reinado de Juan II, el Condestable Dávalos continuó siendo el hombre poderoso que destacaba en batallas contra portugueses y moros, y eso a pesar de que en un principio el Condestable y algunos nobles consideraron que Juan II (de dos años) no debía reinar y propusieron a Fernando, hermano del difunto rey, como sucesor. Sin embargo éste prefirió ser sólamente el tutor de su sobrino.

Pero lo que más pesó en la caída del Condestable Dávalos fue la envidia que provocaba su poder y los bienes acumulados. Al mismo tiempo la figura de un joven don Alvaro de Luna ganaba la confianza del rey Juan II. Se formó un complot para hacer caer al Condestable. Se le acusó falsamente de haber pactado con el rey moro de Granada. En 1423 se le condena a perder todos sus bienes, cargos y honores. López Dávalos encontró refugio en Valencia, donde reinaba Fernando I de Aragón, precisamente aquel a quien él mismo porpuso como rey de Castilla.

No tardaron en repartirse las riquezas y empleos del Condestable. En el reparto el Castillo y la villa de Arenas pasan a pertenecer al Conde de Benavente. Otros nobles se quedan con las villas de Colmenarejo y Candeleda. Don Alvaro de Luna consigue el cargo de Condestable. Después se demostrará que las acusaciones eran falsas, pero Dávalos no recuperó ni sus bienes, ni sus honores. Muere pobre y desterrado en 1428.

Cuenta la historia que don Alvaro de Luna envió una visita de cortesía al viejo Condestable Dávalos en su destierro de Valencia, y éste le devolvió un mensaje que resultaría terriblemente profético: "Decid al señor don Alvaro, que cual él fuimos y cual somos será".

El conde de Benavente, el nuevo señor de Arenas, tenía una hija, Juana de Pimentel, a la que casa (en segundas nupcias para él) con el nuevo Condestable, Don Alvaro de Luna, en 1430. El padre ofrece como dote de Juana de Pimentel la villa y el Castillo de Arenas.

Don Alvaro de Luna vivió unos años felices de ambiciosa prosperidad, años durante los cuales, posiblemente apenas visitó nuestro Castillo. Pero la vida vino a herirle con sus propias armas. Igual que el y sus aliados consiguieron la caída del Condestable Dávalos, otros, curiosamente aliados de la reina Isabel, que él consiguió casar con Juan II, logran su descrédito, caída en desgracia, e incluso, decapitación. En 1453 es ejecutado Don Alvaro de Luna en Valladolid, y confiscados sus bienes. Su viuda, Juana de Pimentel, y su hijo, Juan de Luna se refugian en la fortaleza de Escalona. Allí han guardado sus principales riquezas y pueden defenderse mejor. Asediados por el rey deseoso de hacerse con sus tesoros, finalmente tienen que rendirse, pero logran conservar las posesiones que doña Juana de Pimentel llevó como dote, entre las que se incluía Arenas y su Castillo.

Juana de Pimentel, desde la ejecución de su marido, firmó siempre sus documentos con el sobrenombre de "La Triste Condesa".

Es muy probable que doña Juana de Pimentel habitase un tiempo el Castillo a la vista de las generosas donaciones que realizó a la comunidad de religiosos agustinos de Arenas (1455, 1458), que entonces custodiaban la imagen de la Virgen del Pilar, de la que la Triste Condesa se confesaba muy devota.

Juan II murió pronto, pero la Triste Condesa se vió obligada a continuar defendiéndose frente al rey Enrique IV, el Impotente, que incluso la condenó a muerte, pero la perdonó y permitió quedarse con Arenas en 1462.

La villa de Arenas perteneció al mayorazgo de Luna (fundado en 1484) y a las casas del Infantado y Pastrana, hasta 1811, en que las Cortes declararon incorporados a la Nación todos los señoríos. Posiblemente nunca volvió a ser habitado.

1809 es una fecha trágica para Arenas. En ese año sufre el saqueo de las tropas francesas de Napoleón, que entre otras muchas casas, queman el Castillo. Es de suponer que después de esto y del posterior saqueo y quema de los carlistas en 1838 , el Castillo vino a quedar en el cascarón que hemos conocido hasta hace muy poco tiempo, quedando en pie los anchos muros de piedra y desapareciendo todas las habitaciones altas, las cuadras, el interior de la Torre del Homenaje...

Suponemos que en un penoso estado, su dueño en 1853, el duque de Pastrana, lo cede a la villa para establecer en él el cementerio. Y eso fue hasta que en 1929 se trasladan los restos a un nuevo cementerio en las afueras del pueblo (el actual).

Cuando en 1931 el Castillo es declarado monumento nacional ya tenía viviendas construídas adosadas a sus muros (de hecho aparecen ya en una foto de los años 20 claramente las que daban al río y otras). No he encontrado información sobre en qué momento se construyeron y porqué nadie lo impidió. Me imagino que la falta de interés por parte de los dueños del Castillo, los duques del Ifantado, propició que gentes con pocos recursos aprovechasen los muros para tener parte de la construcción solucionada.

En 1934, intentando darle una nueva utilidad al Castillo, el ayuntamiento restaura las almenas y se construye en su interior una plaza de toros. Pero nunca se llegaron a celebrar corridas en el recinto. Al pueblo le repelía la idea de celebrar corridas en la tierra donde estuvieron enterrados sus muertos. Sí, en cambio, se utiliza para dar conferencias en 1935.

Pero el Castillo siguió abandonado hasta 1965, en que se emprendieron las obras para convertirlo en hotel. Por cierto que aún se encontraron huesos humanos de cuando el Castillo se utilizó como cementerio. Sin embargo la empresa quebró y este proyecto pronto se vino abajo. En aquel año ya no existían las casas pegadas al muro del río, pero sí las del muro que daba al edificio de la Cárcel, que no desaparecieron hasta finales de los años 60. Aún se pueden ver las huellas de estas viviendas en los muros.

En 1974 el Castillo se empieza a utilizar como auditorium. La plaza del ayuntamiento se queda pequeña para las fiestas. Se construye un primer escenario y gradas de madera para las bervenas veraniegas, que posteriormente se reacen de hormigón. Habría sido más acorde con el entorno utilizar piedra para recubrir las paredes más visibles. Desde 1988 es además cine de verano.

En 1991 albergó la primera Escuela Taller, cos sus talleres de forja, albañileria, cantería y carpintería, cuyos trabajos se aprovecharon en buena medida para rehabilitar el interior de la Torre del Homenaje. Tras un lapsus de tiempo de 7 años, en 1998 vuelve a albergar por una temporada la Escuela Taller y sus alumnos continúan la labor de restauración y reconstrucción en el Castillo.

Este último verano (1999) ha sido escenario de importantes acontecimientos culturales como la actuación del Ballet de Sara Baras, la ópera Carmen, La representación teatral de "La luz resplandeciente de Alcántara", a cargo del grupo de teatro Jufran, otras representaciones teatrales, la actuación de los bailarines de la Escuela de Danza de la Fundación Marcelo Gómez Matías, la actuación de la Banda Municipal, el encuentro entre Arenas y Alcántara, etc.














El emplazamiento de este Castillo es un tanto atípico. No se ha construído a lo alto de un monte o aprovechando una situación especialmente defensiva, salvo por el aislamiento que podía suponer el río. Da la impresión de que el Castillo se levantó en el límite de Arenas, junto a la Iglesia (misteriosa iglesia de la que no se sabe su origen: quien la construyó, en qué años, con qué dinero..., pero que muy posiblemente pertenezca a la misma época del Castillo), y las casas de los barrios más antiguos (La Sinagoga, El Canchal, La Nava...). Quizá la intención no era la de construir una casa fuerte, sino un hogar cómodo con ciertos elementos propios de la defensa como el pasillo que corría por la parte superior comunicando los torreones, para facilitar la vigilancia, o el hecho de que luzca pocas ventanas muy altas y algunas saeteras al exterior.

El Castillo se construyó de planta cuadrada (51 ms. cada pared) con muros de unos 2 ms. de espesor. En las esquinas, 4 torreones circulares, y 3 contrafuertes cuadrados en el centro de cada lienzo. En la pared del lado este se levanta la gran Torre del Homenaje. Originalmente eran dos las puertas de acceso, la principal, junto a la Torre del Homenaje, y al otro extremo, la que daba al río.

En el interior la vivienda la formaban dos plantas (la superior levantada sobre vigas de madera), construídas a lo largo de los muros de piedra, además del interior de la Torre del Homenaje. La planta superior sería la destinada a los señores, y la inferior al servicio: criados, soldados, cuadras, almacenes, cocina, etc. En el centro quedaba libre el patio de armas.

El interior del Castillo (que debía estar ya muy desmejorado por falta de uso) desapareció tras el incendio que sufrió en 1809, con el ataque de las tropas francesas en que fueron destruídas más de 300 viviendas, además del antiguo Convento de San Agustín y el de las Monjas Agustinas de la Plazuela, del que sólo quedó en pie la Iglesia.

Con los años se fueron levantando casas adosadas a sus muros, rodeándolo, posiblemente debido a la pobreza, que incitaría a aprovechar un buen muro de piedra ya levantado.

Desde entonces a nuestros días, la principal transformación que ha sufrido, ha sido la encaminada a convertirlo en auditorium. Para ello se construyeron gradas y un gran escenario semi-oval bajo el que se encuentran servicios y habitaciones que hacen las veces de camerino. Además, temporalmente se han instalado en el Castillo las Escuelas Taller (la de 1991 y la actual que comenzó en 1998).

Paulatinamente han ido desapareciendo las viviendas adosadas, hasta dejar el castillo prácticamente libre de estos feos añadidos.

Una reconstrucción muy importante, aunque inacabada, se inició en el interior de la Torre del Homenaje, con la primera Escuela Taller. Se levantaron 3 plantas y tejado, pero aún quedan por recubrir los suelos de madera y hacer las escaleras de las plantas superiores. Poco a poco se sustituyen piezas de piedra rotas o desaparecidas, cuidando de darlas un aspecto envejecido.

Las vueltas del destino han querido que el Castillo lo disfrutemos ahora los descendientes de aquel pueblo que pagó con sus tributos (y su libertad) la creación de este símbolo de Arenas. Puede sonar rimbombante, pero ¿a que mola que ahora sea de todos? No deja de impresionar (aunque estamos acostumbrados, sí) el entrar al Castillo a disfrutar de alguna de las actuaciones veraniegas, cuando está lleno de público, esperando, como si tal cosa, entre tanta Historia.


Bibliografía
1977 Arenas de San Pedro. Andalucía de Avila
Eduardo Tejero Robledo

 

1989 Historia y Geografía de Arenas de San Pedro y de las Villas y Pueblos de su Partido
José Serrano Cabo
Caja Salamanca y Soria

Arenas de San Pedro, 2ª Edición
1994 Arenas de San Pedro - Memoria Gráfica
Emilio García Fernández , Santiago Sánchez González
Excmo. Ayuntamiento de Arenas de San Pedro

Institución Gran Duque de Alba
 


Avila, 1ª Edición
1995 La Andalucía de Avila
Gerardo Bermúdez , Emilio Fernández Villegas , Luis Buitrago Peribáñez
Asociación de Amas de Casa de Arenas de San Pedro ìTriste Condesaî

Excmo. Ayuntamiento de Arenas de San Pedro 

Caja Salamanca y Soria

Arenas de San Pedro, 1ª Edición
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Arenas de San Pedro - Abril 2000 (última actualización)