CUANDO SÍ ES ORO LO QUE RELUCE

 

 

 

Ángeles Hernández Martínez

Centro de Terapia y Psicología

Madrid (España)

 

 

 

      

Cuando la Terapia Gestalt surge en los años cincuenta, el objetivo de sus fundadores es desarrollar una teoría y un método propios con una perspectiva más holística y optimista que el psicoanálisis. Pero tanto la teoría como el método terapéutico que proponen están centrados en el trabajo con adultos. Existe poca teoría sobre el trabajo terapéutico con niños y prácticamente ninguna si nos referimos a los adolescentes. No existe una psicología de la adolescencia, que pueda servir de referencia para el trabajo terapéutico.

 

       Podemos preguntarnos si esta diferenciación es necesaria, si el trabajo terapéutico con adolescentes presenta unas características especificas. ¿Los adolescentes son diferentes de los adultos y de los niños?. ¿Qué puede tener de específico el trabajo con adolescentes?.

 

       Si nos fijamos primero en los niños, de una manera general podemos decir que son irresponsables, ya que no necesitan responder de su comportamiento. Dependen de sus padres o adultos responsables. Aprenden de los adultos y del mundo que les rodea sin cuestionarlo, son como esponjas que absorben lo que hay a su alrededor. Se crea una relación desigual entre el niño y el adulto, en la que el niño espera y necesita recibir y el adulto desea y necesita darle.

 

        Los adultos son responsables, responden de su comportamiento. Su identidad está creada, pueden definirse con adjetivos, “soy independiente”, “simpático”, “divertido”, “aburrido”, etc. Pueden dar y recibir, cuestionar lo que creen o no creen, mantener relaciones sólo para disfrutar de la compañía del otro.

 

       Los adolescentes están descubriendo, creando su identidad. La adolescencia es el proceso por el que un niño se convierte en un adulto. En la medida en que el niño crece, adquiere una mayor movilidad. Aumenta sus relaciones personales, diferencia entre intención y compromiso, entre elecciones y consecuencias, entre lo que imagina y lo que hace. Los adolescentes son aprendices de adultos.

 

       En la adolescencia los cambios que se producen son de una gran intensidad. Es en este periodo de la vida de los seres humanos, donde el proceso se hace más evidente. Sólo con mirarles nos damos cuenta de sus cambios, aumentan en estatura, en fuerza, les cambia la voz, pueden dejar de contar sus experiencias, rechazan lo que hasta el momento les gustaba, etc. Cambian sus intereses, quieren salir con los amigos, dejar de ir a las reuniones familiares. Se dan cuenta que han dejado de ser niños, y a la vez que aún no son adultos.

      

Pasan de depender de sus padres a ensayar una autonomía progresiva. Según Carmen Vázquez, convertirse en adulto es aprender a ser autónomo y ser capaz de ser independiente. Una persona autónoma puede decidir si quiere estar sola o no, si va a comer a un restaurante o prepara la comida, etc. En definitiva puede hacer elecciones y rechazos. Alguien independiente no necesariamente es autónomo.

 

       En este proceso de cambio, de pasar de la niñez a la edad adulta, el adolescente necesita tener oportunidades, experiencias para comprobar lo que sabe de él hasta el momento, adquirir nuevas destrezas, nuevos recursos. El mundo se convierte en un lugar muy interesante, lleno de retos, con multitud de posibilidades de tener experiencias nuevas para compartir.

 

       Para que esto ocurra deja, en algunos momentos, la seguridad de lo conocido, arriesgándose en lo desconocido. La familia, los padres, pierde parte del protagonismo que tenían, pasa a los amigos con los que contrastan sus descubrimientos y comparten sus nuevas experiencias. Cada adolescente es único, diferente, y en ocasiones puede aparecer como rebelde, desafiante, sentirse abandonado, irresponsable, pero también puede ser cercano, interesado genuinamente por el otro, tierno, responsable, etc. (and so on).

 

       Goodman dice que educar a un hijo, en este caso educar a un hijo adolescente, consiste en “proporcionarle seguridad, audiencia para las proezas, consuelo para las heridas, sugerencias y equipamiento material para el paso siguiente, y respuestas cuando pregunta”[1], y desde una relación igualitaria, apoyarle como ser humano.

 

A veces surge un problema entre el adolescente y sus padres, y no saben como resolverlo. Cuando esto ocurre, cuando se dan cuenta que no tienen estrategias para solucionarlo, los padres suelen llevar a su hijo/a a terapia.

 

Cuando un adolescente llega a terapia la mayor parte de las veces no sabe que hace allí, no es consciente que tenga un problema que no sepa resolver. Puede haber tenido experiencias negativas con otros adultos que supuestamente estaban interesados en el/ella y necesita sentir la confianza antes de empezar a contar lo que le preocupa.

 

El trabajo terapéutico con adolescentes consiste en apoyar el proceso natural de su desarrollo cuando éste se ha interrumpido. No se puede dar por sentado la relación terapéutica, es necesario en primer lugar crearla y esto puede llevar algún tiempo. Esta relación es el apoyo terapéutico, parte indispensables del proceso terapéutico.

 

       Me gustaría poner algún ejemplo que ilustren mejor el apoyo terapéutico.

 

 Una de las situaciones que puede dar lugar a que existan problemas en esta etapa, es que falte uno de los padres. Porque los adolescentes necesitan modelos para aprender a ser adultos. Y en general estos modelos son los padres.

 

       Luis es un chico de 15 años, le trae su madre por indicación de la profesora del colegio. Cuando le veo por primera vez me sorprende. Su profesora del colegio dice de él que es un matón que tiene atemorizados a sus compañeros. Falta a clase continuamente y cuando va sólo crea problemas. Su madre dice que no le hace ningún caso, que es terrible y que no sabe que hacer con él. Lo primero que me llama la atención es su estatura. Es bajito para la edad que tiene, otra cosa que me llama la atención es su cara de niño bueno. Tiene unos grandes ojos azules que parecen escudriñarlo todo, como si hiciese fichas de las cosas que ve. Me doy cuenta que siento interés y curiosidad por él. Hablamos de cual es el motivo por él que esta aquí, cual es la utilidad. Hablamos también de las cosas que le gusta hacer. Después de algunas sesiones, me dice que le gustaba mucho ir con su padre en verano con el camión pero que había muerto hacia 4 años en un accidente en la carretera. Y que su madre tiene una pareja nueva, pero que no sea su padre, no le parece bien. Cuando habla de las peleas con los compañeros dice que a él nadie le insulte porque de ser así llama a sus colegas y les pegan. Lo dice con un convencimiento y una seguridad en su tono de voz, que me resulta aplastante.

        

En las siguientes sesiones me sentía cada vez más cómoda con él y observaba que cuando yo le decía lo que pensaba o sentía y le preguntaba sobre lo que él sentía, opinaba o pensaba él me contaba más detalles. Nuestra relación cambiaba, se hacia mas flexible. Sin embargo tenia que buscar motivos o peticiones muy concretas para que él se sintiera interesado en volver a la siguiente sesión. Me lo imaginaba escurridizo, y pensaba que era fácil “fallarle”, por ejemplo si le tenia que cambiar una sesión o le hacia esperar “demasiado” tiempo. Y si era él el que no acudía a la sesión, yo tenia la sensación que era su manera de saber si me interesaba realmente por él. Cuando esto ocurría le llamaba para preguntarle el motivo y buscar otro día para vernos.

       Estar presente, sin prisa, sin urgencia, disponible, interesado genuinamente por el otro, poniendo límites, creo que es la parte fundamental del proceso terapéutico.

 

 

      

      

 

 

Otra situación generadora de problemas en donde los padres siguen ejerciendo un control rígido sobre lo que hacen, piensan o sienten sus hijos. Esto les impide crecer, y tener experiencias nuevas.

 

       Un ejemplo que ilustra este tipo de familias es el siguiente. Juan tiene 16 años, viene porque a su madre le han dicho en el colegio que necesita ayuda. Ha repetido varios cursos y además tiene que elegir que va a hacer en el futuro. Juan es un chico alto, delgado, pelirrojo (le llaman “zanahoria” los compañeros de clase) y con aspecto desgarbado, como si hubiera crecido muy deprisa y no supiera que hacer consigo mismo. Tiene una hermana dos años mayor que él, su padre trabaja como albañil y pasa poco tiempo en casa. Durante la primera sesión prácticamente no habla conmigo, solo cuando le pregunto me responde con monosílabos o no dice nada. Después de varias sesiones en las que sigue hablando poco, un día me dice que quiere apuntarse a un equipo de fútbol, pero que no le va a dejar su madre. Cuando le pregunto qué le hace pensar eso dice que su madre no le deja hacer nada, porque tiene diabetes, ella cree que le puede pasar algo. Me dice también hablando de su habitación, que su madre y su hermana entran continuamente. Su hermana coge sus cosas sin permiso y su madre usa el armario de su habitación para guardar la ropa de ella. Le pregunto como se siente cuando pasa eso y me contesta que molesto, que baja las persianas y tiene la habitación siempre sin luz. Trabajamos su necesidad de intimidad, de mejorar la relación con su padre con quién discute el poco tiempo que este está en casa. A veces durante nuestros encuentros mí papel consiste en contestar sus preguntas. Nuestra relación le ha despertado curiosidad por la vida. También ha empezado a jugar en un equipo de fútbol. Me cuenta que juega mal. Y se da cuenta de la diferencia entre lo que imaginaba –ser Becan-, y lo que ocurre en la realidad. También se da cuenta que para aprender a hacer algo tiene que ensayarlo primero. Va consiguiendo algunas de las cosas que quiere, las relaciones con su madre y con su hermana han mejorado, se ocupa mas de cuidarse y se encuentra mejor físicamente. Ha descubierto que puede hacer algo mas que discutir con su padre, van al fútbol juntos y en ocasiones le ayuda en su trabajo. Un año después de iniciar la terapia, me dice que quiere dejar de venir, que ha decidido estudiar formación profesional en mantenimiento de edificios. Cuando nos despedimos le digo que me siento orgullosa que haya tomado él la decisión. Y, añado, que si en algún momento necesita algo de mí que me gustara saberlo.

 

Si en lugar de un control rígido, existe un entorno que permite al adolescente tener experiencias nuevas, este puede crecer y desarrollarse hasta convertirse en un adulto.

 

       Por ultimo quiero hablar de otro tipo de familias, en las que aparentemente las relaciones entre los padres y los hijos no son jerárquicas. Los padres dicen que son los mejores amigos de sus hijos. Las decisiones se toman de manera democrática entre todos los miembros de la familia o no se toman. Pero para que un/a hijo/a pueda crecer saludable en la infancia y más especialmente en la adolescencia es necesario que en la familia algunos votos tengan más valor que otros.

 

       María es una mujer de 42 años, esta separada desde hace dos años, vive con su hija de 16 años. Se ha decidido a pedir cita porque no sabe que hacer con su hija. La primera vez que la veo me llama la atención su aspecto, tiene el pelo canoso y lo lleva muy corto. Va vestida con vaqueros y camiseta ajustada, en su oreja izquierda tiene siete pendientes. La sensación que tengo al verla es de estar con una adolescente, no solo por su aspecto físico, sino también por las expresiones que usa al hablar conmigo. Dice, sin mirarme directamente, que siempre había tenido una buena relación con su hija. Cuando esta era pequeña se lo contaban todo, siempre había pensado que era una buena amiga. Ahora ha dejado de contarle lo que hace, y las cosas que le oye contar no le gustan nada. No sabe que hacer, ni que ha podido pasar para que su hija ya no le cuente como antes. Me cuenta también que tiene unos amigos que no le parecen adecuados para su hija, son demasiado mayores. Se puede pasar un fin de semana sin aparecer por casa. Cuando le dice que venga pronto o le regaña, su hija le grita y se va. Me pide que hable yo con ella, que le diga algo, que está desesperada. En la siguiente sesión viene Ana. Cuando la veo me llaman la atención la cantidad de percing que lleva. Tengo la sensación al mirarla de dureza y soledad. Al empezar a hablar, me dice que no sabe para que ha venido, que no necesita que nadie le diga lo que tiene que hacer. Hasta ahora su madre nunca le había dicho lo que tenia que hacer, y ahora no tiene ningún derecho a decírselo. Ella “controla”, sabe lo que tiene que hacer. “Mi madre no sabe lo que quiere, ni lo que necesita para ella, cómo me va a poner a mi ninguna norma o a decirme lo que esta bien o no”. Me lo dice mientras mira hacia otro lado, al oírla siento una gran tristeza y soledad. Le agradezco que haya venido, y su sinceridad. Me mira como sorprendida, sigo diciéndole que no pretendo convencerla de nada y que me gustaría que volviese otra vez, pero que no sé que quiere hacer ella. Se mueve en la silla, como colocándose, tiene la cabeza baja, la levanta y sin mirarme directamente, dice: “No sé para qué voy a venir otra vez, aunque puede que así mi madre me deje en paz”.

 

 

       Y podría seguir hablando de muchas característica que hacen que la adolescencia sea una etapa especialmente significativa del desarrollo del ser humano.

 

       Para terminar quiero hacer referencia a Laura Perls quien, dice que “sólo la experiencia de ser diferente, separado de los demás junto con la capacidad de tomar contacto con las cosas que sean diferentes de nosotros, nos puede proporcionar la verdadera independencia” [2], y para que esto ocurra, necesitamos un entorno que nos apoye y nos permita tener esta experiencia.

 

El aprender a ser diferente y a tomar contacto con lo que es diferente, es el oro que reluce en nuestros adolescentes, y los problemas o mejor dicho las dificultades que surgen en la relación padres/hijos, no son de los padres o de sus hijos adolescentes sino que son la manera de aprender a relacionarse. Y los adolescentes, lo que hacen es experimentar el mundo y comprobar si lo que les han enseñado y ellos guardaban sin asimilar les vale, y entonces lo asimilan o tienen que hacer alguna modificación o rechazarlo.

 

Si nos damos cuenta que las dificultades que surgen en la relación son la oportunidad de realizar ajustes creativos, de crecer, de tener experiencias nuevas junto a ellos, dejaremos de creer que “nuestros” adolescentes son malos o imposibles o culpables de los problemas, y entenderemos que en ellos siempre es oro lo que reluce.

 

 

 

 

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WHEN ALL THAT GLITTERS IS GOLD

 

 

 

Ángeles Hernández Martínez

Centro de Terapia y Psicología

Madrid (Spain)

 

 

 

 

When the Gestalt Therapy is created during the Fifties, the aim of it’s founders is to develop a theory and method with a more a holistic and optimistic approach than psychoanalysis. But both the theory and the therapy method they propose are centered in the work with adults. Very little theory on therapy work with children exists, and literally none for adolescents. There is no psychology of adolescence to serve as reference for therapy work.

 

We can ask ourselves if this differentiation is necessary, if the therapy work with adolescents presents specific characteristics. Are adolescents different from adults and children? How is working with adolescents specific to them?

 

       If we first look at children, in a general way we can say that they are irresponsible, as they do not need to responde for their behavior. They rely on their parents or responsible adults. They learn from the adults and from the world that surrounds them without questioning it, they are like sponges that absorb everything around them. An unequal relationship between the child and the adult is created, where the child expects and needs to “receive” and the adult wants and needs to “give”.

 

       Adults are responsible, they are accountable for their own behavior. Their identity is formed, they can define themselves with adjectives: "I’m independent", "likeable", "amusing", "boring", etc. They can give and receive, question what they believe or not believe in, maintain relationships simply to enjoy each other’s company.

 

Adolescents are in a process of discovery, creating their own identity. Adolescence is the process by which a child becomes an adult. In the measure that a child grows, he acquires greater mobility. He increases his personal relationships, differentiates between intention and commitment, between choices and consequences, between that which he imagines and what he does. Adolescents are apprentices of adults.

 

The changes that take place during adolescence are of great intensity. It is in this period of a human being’s life where the process becomes more evident. Simply watching them we can observe their changes: they get taller, they increase their strength, their voice changes, they may stop sharing their experiences with us, reject things they used to like before, etc. Their interests change, they want to go out with friends and stop going to family events. They realize they are no longer children but at the same time that they are not yet adults.

 

They go from being fully dependent on their parents to testing a progressive autonomy. According to Carmen Vázquez becoming an adult is to learn how to be autonomous and able to be independent. A autonomous person can decide if he wants to be alone or no, if he is going to eat at a restaurant or prepare his own food, etc. In essence he can make elections and rejections. An independent person is not necessarily autonomous.

 

In this process of change, going from childhood to adulthood, the adolescent needs to have opportunities and experiences to verify what he knows about himself until that moment, to acquire new skills, new resources. The world becomes a very interesting place, full of challenges and with an endless number of new experiences to share.

 

       For this to happen they sometimes leave behind the security of the “well-known”, venturing into the unknown. Family and parents lose part of the main role they had, as it is passed onto friends with whom they compare discoveries and share new experiences. Each adolescent is unique, different, and sometimes they can even appear rebellious, challenging, they can feel abandoned, irresponsible, but they can also be loving, genuinely interested in others, tender, responsible, etc.

 

       Goodman says that to educate a son, in this case an adolescent, is “to provide safety, audience for the exploit, consolation for the hurt, suggestion and material equipment for the next sep, and answers when asked”[3], and from an egalitarian relationship, support as a human being.

 

Sometimes problems arise between adolescents and their parents, which neither party knows how to solve. When this happens, and parents realize that they do not have the necessary tools to solve the problems, they usually take their children to therapy.

 

Most of the time when adolescents arrive at therapy they do not know what they are doing there, they are not conscious that they have a problem that they do not know how to solve. They may have had negative experiences with other adults who supposedly were interested in them and they need to feel safe and secure before beginning to talk about those things that worry them.

 

       Therapy work with adolescents consists of supporting the natural process of their development when it has been interrupted. It is not possible to take the therapeutic relationship for granted, it must be created first and this can take time. This relationship is the therapeutic support, an indispensable part of the therapeutic process.

 

       I would like to give some examples that illustrate better therapeutic support.

 

One of the situations that can give rise to problems at this stage is the absence of one of the parents from the home. Adolescents need role models to learn to become adults, and usually these role models are the parents.

 

         Luis is a 15 year old boy. His mother brings him to therapy under the recommendation of a teacher. When I see him for the first time I am surprised. His teacher says that he is a bully who frightens his classmates, skips class continuously and when he does attend, he causes problems. Her mother says that he does not listen to her, that he is misbehaved and she does not know what to do with him. The first thing that draws my attention is his height: he is short for his age. Another thing that draws my attention is his “good boy” looks. He has big blue eyes that seem to examine everything, as if he was taking mental notes of his surroundings. I realize that I feel curiosity and interest in him. We talk about the reason for him being here, and its usefulness. We also talk about the things he likes to do.

After a few sessions, he tells me that he liked to go out with his father on the truck during the summer but that his father died 4 years ago in a traffic accident. His mother has a new boyfriend, which he does not think is right as this man is not his father. When he talks about his fights with his classmates he says that he doesn’t want anybody messing with him because if they do he will call his friends to beat them up. He says it with such conviction and tone of voice that I feel overwhelmed.

       In the next therapies I felt every time more comfortable with him and I watched that when I told him what I thought or felt and I asked him about his feelings, opinions or thoughts he told me more details. Our relation changed, it turned more flexible.

 But I had to look for causes or requestings very accurate to him fell interested in comeback to another therapy. I thought he was slippery, and I thought it was easy “to fail him”, for example , if I had to change a therapy or if he had to wait me “too much” time. And if he was who didn´t attend to a therapy,I had the feeling that it was his way to know whether I was interested in him really.When this happened, I called him to ask for the reason and looking for another day to meet us.

 To be present,without rush,without urgence,disposable,interested indeed in other,setting limits,I think that´s the principal part of the therapeutic process.

 

 

       Another situation that generates problems is where parents continue to exert rigid control over what their children do, think or feel. This prevents their growth and enjoyment of new experiences.

 

       Here is an example that illustrates this type of family: Juan is 16 years old, he comes to therapy because his mother has been told at school that he needs help. He has failed several courses and in addition at this time he must choose what he wants to do as far as schooling in the future. Juan is tall, thin, redheaded (his classmates call him "carrot top"), with a gawky aspect, as if he had grown very quickly and he did not know what to do with himself. He has a sister who is two years older than him, his father works as a bricklayer and does not spend much time at home.

During our first session he practically does not speak. When I ask him something he responds with one word answers or does not say anything at all. After several sessions during which he continues speaking very little, one day he tells me he wants to join the soccer team, but his mother will not let him. When I ask him what makes him think that his mother will not let him do it, he tells me he has diabetes and she thinks that he could get hurt. He also tells me that his mother and sister go into his room all the time. His sister takes his things without permission and his mother uses his closet to store her own clothes. I ask him how he feels about this and he tells me that he finds it annoying, that he lowers the blinds and always keeps his room in the dark.

We work on his need for privacy, on improving the relationship with his father with whom he argues during the short time when he is at home. Sometimes during our sessions my role consists of answering his questions. Our relationship has woken up his curiosity for life. He has also begun to play soccer in a team. He tells me that he is not good at it. And he realizes the difference between what he had imagined – being like Beckham -, and reality. He realizes that it takes lot of practice to learn to do something well.

He is getting some of the things that he wants, the relationship with his mother and sister have improved, he takes better care of himself and feels better physically. He has discovered that he can do something else besides arguing with his father: they go to soccer games together and sometimes he helps him at work. A year after starting therapy he tells me that he wants to stop coming, and that he has decided to study Building Maintenance. When we say good bye I tell him I feel proud that he has made that decision on his own. I also add that if sometime in the future he needs my help I would like to know it.

 

 If instead of a hard control,there is an environment what let an adolescent new experiences,he can grow up and develop up to become in adult.

 

       Lastly I want to talk about another type of family: those where apparently the relationship between parents and children is not hierarchic. The parents say that they are best friends with their children. The decisions are made in a democratic way by all the members of the family or not made at all. However, for a child to have a healthy childhood and - more importantly- a healthy adolescence, it is necessary that in a family some votes have more weight than others.

 

       Maria is 42 years old, she has been separated for two years, and lives with her 16 year old daughter. She has decided to request an appointment because she does not know what to do with her daughter. The first time I see Maria her appearance draws my attention, she has short grey hair and is dressed in jeans and a tight fitting t-shirt. She has seven earrings on her left ear. The feeling I get is that I am in the presence of an adolescent, not only by her physical aspect, but also by her manner and the expressions she uses while talking with me. She says, without looking directly at me, that she had always had a good relationship with her daughter.

When her daughter was younger they talked about everything, she had always thought that she was a good friend. Now her daughter has stopped telling her what she does, and the little she hears she does not like at all. She does not know what to do, nor what has happened for her daughter not to share things with her like before. She also tells me that her daughter has some friends that do not seem suitable as they are much older than her. She sometimes spends whole weekends without coming home. When she tells her to come home early, her daughter yells at her and leaves. She asks me to talk to her daughter as she is desperate. Ana comes to the next session. When I see her I notice the large amount of piercings she has. I sense a feeling of hardness and loneliness when looking at her. She starts telling to me that she does not know what she came here for, and that she does not need anybody telling her what to do. Until now her mother has never told her what to do, therefore now she does not have the right to start doing it. She is in control and she knows what she must do. "My mother does not know what she wants, nor what she needs, so how is she going to set rules for me or tell me what is right or wrong".

She tells me this without looking at me, and hearing her I sense a great deal of sadness and loneliness in her. I thank her for coming to see me and for her straightforwardness. She gives me a surprised look as I continue saying that I am not trying to convince her of anything and I would like to see her again but that I do not know what she would like to do. She moves around in her chair, getting settled, raises her head and without looking directly at me she says: "I do not know why I should come back, but maybe if I do my mother will leave me alone".

 

       And I could go on talking about the many characteristics that make adolescence a specially significant stage of the development of the human being.

 

In closing I want to make reference to Laura Perls, who claims that: “True independence is possible only with the experience of separateness and the ability to make contact with what is different”[4], and for this to happen, we need an environment that supports us and allows us to have this experience.

 

Learning to be different and to make contact with that which is different, is the gold that glitters in our adolescents, and the problems or rather the difficulties that arise in parent/children relationships, are neither the parents’ nor their adolescent children’s fault but a way for them to learn to interact. Adolescents experience the world, testing if the values they have been taught are valid, if they are then they assimilate them, if they are not they modify them or reject them.

 

If we realize that the difficulties that arise in these relationships are an opportunity to make creative adjustments, to grow, and to share new experiences with them, we will stop thinking that "our" adolescents are bad or unbearable or responsible for these problems, and we will understand that in them “all that glitters is gold”.

 

 

 

 



[1] Nature Heals. The Gestalt Journal. Edited by Taylor Store,1997. pag. 94

[2] .- PERLS, Laura: Viviendo en los límites, Ed. Promolibro, Valencia, 1994, pág.136

[3] Nature Heals. The Gestalt Journal. Edited by Taylor Stoehr,1997. pag. 94

[4] .- PERLS, Laura: Living at boundary, The Gestalt Journal Press, New York, 1992, p. 144