GASTRONOMÍA                     


Truchas de Riofrío   Aunque se han perdido algunos platos típicos de la localidad, tales como el pastel de carne, la empanada de trucha, la sopa de cangrejos de río, y otros, se mantiene el escabeche de boquerones, el "cuchifrito" de chivo, la "sobrehusa", los caracoles "menuillos" primaverales, propios del día de San Marcos, con su caldo de nueces, hierbabuena y guindilla, que otras veces se vendían por las calles, ya guisados, contenidos en grandes ollas pendientes de losAjo blanco brazos de las mujeres; el "remojón" de papas o de naranja, con su correspondiente bacalao asado a la lumbre; las habas fritas con jamón, la casi cotidiana "porra" (que por cierto, está riquísima acompañada de patatas fritas) y una gran variedad de gazpachos veraniegos, como el de habas verdes majadas, el de harina de habas, "el ajo blanco" de almendra, "el pimentón", de tomate, pimiento y pepino y, el llamado "de flojas" o de "jeringuilla" sólo de agua con aceite, vinagre y sal y, todos ellos, cumplidamente sazonados con ajo.

   En cuanto a la repostería casera, siempre tuvo fama nuestro pan de bizcocho, en tortas de dos, tres y hasta cuatro pisos que, en un cabildo del Ayuntamiento de 1760, se dice que lo hacen las monjas de Santa Clara, lo mismo que las fuentes de "gloria, dulce de cucharilla o bienmesabe", que todo es lo mismo; de esta época, son las innumerables recetas que nos ha dejado el bueno del cura Vega en su Pestiñosmanuscrito, muchas de las cuales están en pleno vigor, como los "buñuelos de viento, los pestiños, los piñonates", bañados en azúcar o en miel, y de la misma masa, "los rosquetes de las monjas"; las tortas de manteca y "los roscos de agua", que no son otros que los "de Semana Santa", con veinte huevos por cada media libra de azúcar, y los mantecados, con la estupenda variedad de los llamados "de San Antonio". También cita otros que, por los ingredientes de que se componen, difíciles de encontrar ahora en el mercado y, más aún, por lo entretenido de su ejecución y cochura, tienden a desaparecer, si bien quedan algunas mujeres "apañás" que se atreven con ellos. Entre éstos últimos está la "torta real", de almendra y huevo; la "torta de tocino" y el "cuajado" de almendra, tocino, manteca, huevos y diferentes especias.

   Referente a los llamados "roscos de Loja", de tan extensa y merecida fama, hechos de pan de bizcocho, rellenos de huevo y lustrados con merengue, no los hemos visto en el recetario del cura Vega; y como quiera que él escribió de todo lo habido y por haber, debemos entender que no se hacían en su tiempo (S. XVIII).

Roscos de Loja

   La primera noticia escrita que hemos visto sobre ellos, consta en una carta fechada en 23 de Septiembre de 1836, que escribe don Manuel Martínez Escudero, que fue administrador de los Propios y de Rentas Reales, a don Francisco Escalera, en Málaga, como administrador de sus sobrinos los marqueses de Camponuevo, en la que dice: "... pero con respecto a los roscos llamados de Loja, he mandado hacerlos para que cuando vaya el "cosario" Calle, le lleve a Vd. una canasta de ellos y, entonces, le remitiré la razón que me pide (la receta para hacerlos), pues los hacen de varias maneras y, a mi parecer, lo principal consiste en el horno, pues se han llevado a otros pueblos la nota de los ingredientes y no los han sacado bien".

   Don Manuel se resiste a dar la receta, y no porque la desconozca, puesto que en 1843 le dice que los roscos que le encarga "serán hechos en esta su casa"; cuando al fin se la da en 1844, se limita a decir los ingredientes y su coste: sesenta huevos, tres cuartillos de harina, dos libras de azúcar, lo que cobró el hornero y lo que dio a las monjas de Santa Clara por lustrarlos de merengue.

   Son también de destacar los "pastelillos de Santa Teresa", exquisito dulce de almendra, recubierto de merengue y canela, del que no tenemos noticia que se elabore en ningún otro sitio de la provincia.     


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