Ibn AL-JATIB |
Nacido en Loja en 1313, de una familia acomodada, tuvo una formación intelectual muy extensa, que supo aprovechar y desarrollar con su privilegiada inteligencia. Su ingreso en la corte se produjo en tiempos de Yusuf I como miembro de su secretaría. Allí estuvo a las órdenes de Ibn al-Yayyab, antecesor suyo como visir en la corte de los sultanes de la primera mitad del siglo XIV. Estos dos e Ibn Zamrak, que siguió su camino como discípulo de Ibn al-Jatib, grabaron parte de su poesía en las paredes de la Alhambra. A la muerte de Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib ocupó el puesto de visir, que conservó, después de morir el sultán Yusuf I, con su hijo Muhammad V. El azaroso reinado de éste, llevó a Ibn al-Jatib a vivir exiliado en Marruecos con el sultán, época que aprovechó para darse a conocer en la corte de los meriníes y lucir su inteligencia en ella. A su vuelta a Granada, con Muhammad repuesto en el poder, Ibn al-Jatib llegó a lo más alto de su carrera política. Lo era todo en la corte de la Alhambra. Tanto pudo a controlar que, a medias por su propia ambición y a medias por las intrigas de los que le rodeaban, comenzó a sentirse en difícil situación . Tan difícil que, con el pretexto de inspeccionar la frontera occidental, atravesó el Estrecho y huyó a Marruecos para no volver. En su ausencia sus enemigos promovieron contra él toda clase de acusaciones, desde las políticas a las religiosas, se hizo quema de algunos de sus escritos y, finalmente, desde la corte de Granada se consiguió que los meriníes lo encarcelaran en Marruecos, siendo asesinado mientras estaba en prisión. Era el año 1375. Escribió más de sesenta obras sobre temas históricos, religiosos, filosóficos y médicos. Sus escritos son fuente imprescindible de noticias sobre la historia y los hombres del reino nazarí, de sus rasgos y sus costumbres, de la geografía. Una de sus obras constituye un precioso testimonio de una fiesta real celebrada en la Alhambra, con descripciones de vestidos, decoración, protocolo, comidas que se sirvieron y un sin fin de noticias curiosas. Es una visión directa del interior del palacio, lleno de vida. Como poeta, además de obras editadas, parte de esa poesía se grabó en las paredes de aquella Alhambra que él tan bien conoció, concretamente en las tacas de entrada del Salón de Embajadores. Una de ellas comienza así: "Gano en gala y corona a las hermosas; Camilo Álvarez de Morales |