La pluma
de...
Sebastián Ripoll

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Rebelión y crisis de Casas Viejas
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Se conoce por este nombre el
levantamiento aldeano que tuvo lugar los días 11 y 12 de enero de 1933 (mes
en que los jornaleros carecían totalmente de trabajo) en Casas Viejas
(Cádiz) agregado al municipio de Medina Sidonia. La aldea estaba englobada
en un territorio latifundista y entre su población había calado el ideal
anarquista.
El día 11 cortaron las comunicaciones telefónicas, aislaron la población
después de cavar zanjas en la carretera, y proclamaron el comunismo
libertario, tras lo cual comenzaron el reparto de tierras.
Un intento de tomar el cuartel de la Guardia Civil fracasó. Pronto llegaron
refuerzos de la Benemérita y del Cuerpo de Asalto al mando del Capitán
Manuel Rojas Feigespan. Con ello terminó la insurrección, pero el núcleo de
dirigentes anarquistas, ligados por relaciones familiares, se hizo fuerte en
la choza del principal líder Curro Cruz (Seisdedos), y resistió durante más
de doce horas a las tropas asaltantes. Al final la choza fue incendiada
muriendo la mayoría de los ocupantes.
Las noticias de la tragedia se extendieron por todo el país, convirtiéndose
en un inusitado escándalo. En las Cortes, el diputado radical-socialista
Eduardo Ortega y Gasset encabezó las críticas por la represión desmedida,
protestando también Lerroux, y de forma virulenta, Indalecio Prieto, del
PSOE, defendió la intervención, retando a las demás fuerza política a que
formaran un gobierno capaz de dirigir el país.
Como con secuencia se produjo una escisión en el Partido Radical Socialista
al apoyar algunos al gobierno y otros denostarlo, así como una distanciación
entre los radicales de Lerroux y la coalición socialista-azañista.
Una moción de censura contra el gobierno fracasó por 128 a 190 votos. El
testimonio de cinco capitanes de la Guardia de Asalto que declararon que las
ordenes de la represión venía directamente de la Dirección General de
Seguridad, cuyo director, Arturo Menéndez ,tuvo que dimitir, desató una
violenta campaña de propaganda contra el gobierno.
Una comisión de investigación del Parlamento exculpó al gobierno y al
ministro de gobernación Casares Quiroga. El capitán Rojas declara que no
recibió orden ninguna del ministerio de gobernación y el director general de
Seguridad declara que las órdenes partieron de él y no del ministro. Rojas
fue condenado a 21 años de prisión, y aunque no se produjo crisis en el
gobierno, éste quedó muy tocado.
El escándalo de Casas Viejas provocó la desconfianza del proletariado, tanto
rural como urbano, hacia los políticos socialistas, contribuyó a ambientar
el pacto de las derechas y finalmente favoreció la derrota del gobierno,
favorecida por “la huelga electoral” y el abstencionismo de la CNT en las
elecciones de noviembre de 1933.
REBELIÓN
DE LAS ALPUJARRAS
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Tras rendirse Granada a los Reyes Católicos se firmaron las Capitulaciones en las que se respetaban la religión y las costumbres musulmanas. Así lo hizo el arzobispo Hernando de Talavera, pero pronto se cometieron una serie de atropellos con la llegada del Cardenal Cisneros que fueron la causa de la rebelión.
La primera rebelión fue en el arrabal del Albaicín (1499) que se extendió a La Alpujarra, lo que obligó al rey Fernando el Católico a ocupar la zona.
En 1501 la rebelión se extendió por la Sierra de Filabres y por la Serranía de Ronda, pero fue vencida y obligados los moros a la conversión y expulsión del país. Los que se convirtieron fueron llamados desde entonces moriscos, pero continuaron practicando sus ritos a escondidas, sin ser perseguidos, debido en parte a los desacuerdos entre los Mendoza, que dominaban la capitanía general, y los Fajardos, que controlaban la Audiencia, y que se disputaron el poder durante medio siglo.
Los Mendoza eran nobles cuyas tierras eran trabajadas por los moriscos, por lo que fueron tolerantes y protectores con ellos. Los Fajardos, apoyados por la burocracia de la audiencia y por el clero, eran intransigentes con los moriscos.
Los moriscos atravesaron una crisis económica debido a la caída de la industria de la seda, que coincidió con la privanza de los Fajardo. Por otro lado Felipe II temía la connivencia de los moriscos con los turcos y berberiscos, y para impedirla adoptó una política de mano dura. Se prohibió el uso de la lengua árabe y la religión musulmana, lo que provocó la segunda sublevación de las Alpujarras.
En octubre de 1550 Aben Humeya murió asesinado por descontentos de su gobierno personal y Aben Aboo fue elegido para sucederle obteniendo algunos éxitos, pero la entrada en liza del ejército de Juan de Austria cambio la situación; ocupó Galera (1570) y se adelantaron en Las Alpujarras.
En marzo de 1551 Aben Aboo murió
asesinado y fueron sometidos los núcleos de resistencia. Poco después, los
moriscos fueron expulsados de Granada y distribuidos por la península.
CARLOS
MARFORI (1821-1892)
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Este lojeño de adopción,
nacido en San Fernando (Cádiz), hijo de un cocinero, no de todos conocido, fue
sin embargo un personaje influyente en algunos momentos del reinado de Isabel
II.
Sobrino político y correligionario de Narváez, cacique en Loja y diputado por
éste distrito, en 1856 fue nombrado Gobernador Civil de Madrid. Favorito de la
reina, a partir de 1967 es nombrado Intendente de la Casa Real y Patrimonio,
Marqués de Loja (título concedido por Isabel II, al que renuncia).
Sus consejos son seguidos fielmente por la reina, pues Marfori fue la gran
amistad de su vida.
En 1958 se vuelve a presentar por el distrito de Loja como diputado a Cortes
en la candidatura moderada, enfrentándose a don Luis Dávila, liberal, que
consiguió derrotarlo. Pero las intrigas de Marfori en la Corte, consiguieron
anular el acta del sr. Dávila. Se celebró una nueva elección y Dávila volvió a
derrotar a Marfori.
Carlos Marfori mantuvo enconadas disputas con su paisano Rafael Pérez del
Álamo, contrincante político, por una u otra causa.
En el ultimo gabinete formado por Narváez (10-7-1866 al 23-4-1868) compartió
la cartera de Ultramar con A. Castro, cargo que conservó en solitario en el
ministerio Gónzalez Bravo formado el 23-4-1868, destacando por su
antiliberalismo a ultranza.
Destronada Isabel II, Marfori no pierde el protagonismo, ya que la acompaña al
exilio de París. Marfori se opone a que la reina abdique de sus derechos a la
corona, aunque esta vez no le hace caso.
El malagueño don Antonio Canovas del Castillo detesta al lojeño e intenta
apartarlo de la reina por sus consejos perjudiciales a la restauración
monárquica, pero no lo consigue.
Carlos Marfori llegó a arruinarse en favor de la reina, y luchó por la unión
del matrimonio real (Isabel estaba casado con Francisco de Asis, personaje
que, cuentan, en la noche de bodas lucía puntillas), siéndole, además, siempre
fiel y leal. Pero finalmente Cánovas gana la batalla, consiguiendo apartarlo
del lado de la reina. Carlos Marfori decide regresar definitivamente a Loja
con los suyos, pero al pasar por Madrid para prestar acatamiento a Alfonso
XXII, es detenido y enviado al Castillo de Santa Catalina (prisión militar),
en Cádiz. A pesar de la insistencia de la reina en que lo pusiesen en
libertad, demostrándole así su amor, Cánovas, lo mantiene en prisión.
Al caer la reina enferma, se concedió la libertad a Marfori con la esperanza
de que esto la aliviaría, volviendo don Carlos a Loja.
Al volver la reina a España, Marfori empieza de nuevo a "alborotar", y Cánovas
lo vuelve a recluir en Santa Catalina, llevándolo a los tribunales después.
Esta vez, Isabel II no puede hacer nada por él.
Se le pone de nuevo en Libertad y vuelve a Loja, siendo nombrado por Cánovas
consejero de Estado.
Carlos Marfori muere en Madrid en junio de 1892.
EL GRAN CAPITÁN
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Gonzalo Fernández de Córdoba, EL
GRAN CAPITÁN nace en Montilla en 1453 y fue un militar español que de joven
sirvió al infante Alfonso, hermano de Enrique IV, pasando después a la casa de
Isabel la Católica.
Intervino en la guerra civil en el bando de Isabel, peleando también en la
Guerra de Granada (Loja, Íllora, Baza, etc.). Luego, negoció con Boabdil la
entrega de los últimos reductos musulmanes (1492) del reino granadino.
Dirigió, después, la expedición a Nápoles (1495) contra Carlos VIII de Francia,
conquistando la ciudad para Fernando II de Aragón, tomando más tarde Atella
(1496) y derrotando a Aubigny.
Federico I le concedió el ducado de Santángelo y territorios en Apulia (Italia).
Logró expulsar a los franceses (1497) y entró en Roma, regresando a España en
1498.
Volvió a Italia para recuperar los territorios que correspondían a Fernando El
Católico, derrotando al duque de Calabria. Tuvo, entonces, que refugiarse en
Barleta (1502), pero con los refuerzos recibidos venció en Ceriñola (1503) y
Garellano (1503).
Seguidamente fue nombrado Virrey de Nápoles y distribuyó títulos y cargos con
excesiva generosidad. Enfrentado a Fernando el Católico, este le hizo volver a
España, donde permaneció retirado.
Fue, en la práctica, el artífice del ejército moderno, ya que aportó
fundamentales innovaciones en armamento y organización. Como sabemos vivió unos
años en Loja en un palacete (situado en el pretil frente a la actual plaza de la
Victoria). Ya enfermo, fue trasladado a Granada, donde falleció en 1515.