La pluma de...    Sebastián Ripoll


Curiosidades de la Historia
Rebelión y crisis de Casas Viejas
27-08-2008

Rebelión de las Alpujarras
23-09-2008

Carlos Marfori (1821-1892)
13-01-2009

El Gran Capitán
15-04-2009

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA

Rebelión y crisis de Casas Viejas

Se conoce por este nombre el levantamiento aldeano que tuvo lugar los días 11 y 12 de enero de 1933 (mes en que los jornaleros carecían totalmente de trabajo) en Casas Viejas (Cádiz) agregado al municipio de Medina Sidonia. La aldea estaba englobada en un territorio latifundista y entre su población había calado el ideal anarquista.

El día 11 cortaron las comunicaciones telefónicas, aislaron la población después de cavar zanjas en la carretera, y proclamaron el comunismo libertario, tras lo cual comenzaron el reparto de tierras.

Un intento de tomar el cuartel de la Guardia Civil fracasó. Pronto llegaron refuerzos de la Benemérita y del Cuerpo de Asalto al mando del Capitán Manuel Rojas Feigespan. Con ello terminó la insurrección, pero el núcleo de dirigentes anarquistas, ligados por relaciones familiares, se hizo fuerte en la choza del principal líder Curro Cruz (Seisdedos), y resistió durante más de doce horas a las tropas asaltantes. Al final la choza fue incendiada muriendo la mayoría de los ocupantes.

Las noticias de la tragedia se extendieron por todo el país, convirtiéndose en un inusitado escándalo. En las Cortes, el diputado radical-socialista Eduardo Ortega y Gasset encabezó las críticas por la represión desmedida, protestando también Lerroux, y de forma virulenta, Indalecio Prieto, del PSOE, defendió la intervención, retando a las demás fuerza política a que formaran un gobierno capaz de dirigir el país.

Como con secuencia se produjo una escisión en el Partido Radical Socialista al apoyar algunos al gobierno y otros denostarlo, así como una distanciación entre los radicales de Lerroux y la coalición socialista-azañista.

Una moción de censura contra el gobierno fracasó por 128 a 190 votos. El testimonio de cinco capitanes de la Guardia de Asalto que declararon que las ordenes de la represión venía directamente de la Dirección General de Seguridad, cuyo director, Arturo Menéndez ,tuvo que dimitir, desató una violenta campaña de propaganda contra el gobierno.

Una comisión de investigación del Parlamento exculpó al gobierno y al ministro de gobernación Casares Quiroga. El capitán Rojas declara que no recibió orden ninguna del ministerio de gobernación y el director general de Seguridad declara que las órdenes partieron de él y no del ministro. Rojas fue condenado a 21 años de prisión, y aunque no se produjo crisis en el gobierno, éste quedó muy tocado.

El escándalo de Casas Viejas provocó la desconfianza del proletariado, tanto rural como urbano, hacia los políticos socialistas, contribuyó a ambientar el pacto de las derechas y finalmente favoreció la derrota del gobierno, favorecida por “la huelga electoral” y el abstencionismo de la CNT en las elecciones de noviembre de 1933.



REBELIÓN DE LAS ALPUJARRAS

 

Tras rendirse Granada a los Reyes Católicos se firmaron las Capitulaciones en las que se respetaban la religión y las costumbres musulmanas. Así lo hizo el arzobispo  Hernando de Talavera, pero pronto se cometieron una serie de atropellos con la llegada del Cardenal Cisneros que fueron la causa de la rebelión.

 

La primera rebelión fue en el arrabal del Albaicín (1499) que se extendió a La Alpujarra, lo que obligó al rey Fernando el Católico a ocupar la zona.

 

En 1501 la rebelión se extendió por la Sierra de Filabres y por la Serranía de Ronda, pero fue vencida y obligados los moros a la conversión y expulsión del país. Los que se convirtieron fueron llamados desde entonces moriscos, pero continuaron practicando sus ritos a escondidas, sin ser perseguidos, debido en parte a los desacuerdos entre los Mendoza, que dominaban la capitanía general, y los Fajardos, que controlaban la Audiencia, y que se disputaron el poder durante medio siglo.

 

Los  Mendoza eran nobles cuyas tierras eran trabajadas por los moriscos, por lo que fueron tolerantes y protectores con ellos. Los  Fajardos,  apoyados por la burocracia de la audiencia y por el clero, eran intransigentes con los moriscos.

 

Los moriscos atravesaron una crisis económica debido a la caída de la industria de la seda, que coincidió con la privanza de los Fajardo. Por otro lado Felipe II temía la connivencia de los moriscos con los turcos y berberiscos, y para impedirla adoptó una política de mano dura. Se prohibió el uso de la lengua árabe y la religión musulmana, lo que provocó la segunda sublevación de las Alpujarras.

 

En 1568 los moriscos nombraron rey a Aben Humeya (Hernando de Córdoba y Válor) pretendiendo con ello restaurar todas las tradiciones musulmanas. Farax Abenfarax atacó Granada, donde esperaba levantar a la gente del Albaicín, pero su fracaso obligó a actuar sólo en la montaña a base de guerrillas, asegurándose en principio el dominio de las Alpujarras. Las disensiones entre los cristianos favoreció a los moriscos, así, El Marques de Mondejar tomó Ugijar y tuvo que compartir el mando con el Marqués de los Velez, su enemigo personal, enviado por la Audiencia. En 1659 Mondejar  fue sustituido por Juan de Austria, ya que, derrotado en el puerto de la Ragua fue obligado a abandonar Adra. Los moriscos extendieron su control por todo Almería donde restauraron la civilización árabe.
A partir de finales de 1569 se tuvieron que enfrentar a la escasez de víveres y de armas y a las luchas entre grupos rivales.
 

 

En octubre de 1550 Aben Humeya murió asesinado por descontentos de su gobierno personal y Aben Aboo fue elegido para sucederle obteniendo algunos éxitos, pero la entrada en liza del ejército de Juan de Austria cambio la situación; ocupó Galera (1570) y se adelantaron en Las Alpujarras.

 

En marzo de 1551 Aben Aboo murió asesinado y fueron sometidos los núcleos de resistencia. Poco después, los moriscos fueron expulsados de Granada y distribuidos por la península.
 


 


CARLOS MARFORI (1821-1892)

 


"Isabel de Borbón, al llegar al extranjero, se arroja en brazos de Marfori". Grabado de Tomás Padró. Museo Zumalakarregi

Este lojeño de adopción, nacido en San Fernando (Cádiz), hijo de un cocinero, no de todos conocido, fue sin embargo un personaje influyente en algunos momentos del reinado de Isabel II.

Sobrino político y correligionario de Narváez, cacique en Loja y diputado por éste distrito, en 1856 fue nombrado Gobernador Civil de Madrid. Favorito de la reina, a partir de 1967 es nombrado Intendente de la Casa Real y Patrimonio, Marqués de Loja (título concedido por Isabel II, al que renuncia).

Sus consejos son seguidos fielmente por la reina, pues Marfori fue la gran amistad de su vida.

En 1958 se vuelve a presentar por el distrito de Loja como diputado a Cortes en la candidatura moderada, enfrentándose a don Luis Dávila, liberal, que consiguió derrotarlo. Pero las intrigas de Marfori en la Corte, consiguieron anular el acta del sr. Dávila. Se celebró una nueva elección y Dávila volvió a derrotar a Marfori.

Carlos Marfori mantuvo enconadas disputas con su paisano Rafael Pérez del Álamo, contrincante político, por una u otra causa.

En el ultimo gabinete formado por Narváez (10-7-1866 al 23-4-1868) compartió la cartera de Ultramar con A. Castro, cargo que conservó en solitario en el ministerio Gónzalez Bravo formado el 23-4-1868, destacando por su antiliberalismo a ultranza.

Destronada Isabel II, Marfori no pierde el protagonismo, ya que la acompaña al exilio de París. Marfori se opone a que la reina abdique de sus derechos a la corona, aunque esta vez no le hace caso.

El malagueño don Antonio Canovas del Castillo detesta al lojeño e intenta apartarlo de la reina por sus consejos perjudiciales a la restauración monárquica, pero no lo consigue.

Carlos Marfori llegó a arruinarse en favor de la reina, y luchó por la unión del matrimonio real (Isabel estaba casado con Francisco de Asis, personaje que, cuentan, en la noche de bodas lucía puntillas), siéndole, además, siempre fiel y leal. Pero finalmente Cánovas gana la batalla, consiguiendo apartarlo del lado de la reina. Carlos Marfori decide regresar definitivamente a Loja con los suyos, pero al pasar por Madrid para prestar acatamiento a Alfonso XXII, es detenido y enviado al Castillo de Santa Catalina (prisión militar), en Cádiz. A pesar de la insistencia de la reina en que lo pusiesen en libertad, demostrándole así su amor, Cánovas, lo mantiene en prisión.

Al caer la reina enferma, se concedió la libertad a Marfori con la esperanza de que esto la aliviaría, volviendo don Carlos a Loja.

Al volver la reina a España, Marfori empieza de nuevo a "alborotar", y Cánovas lo vuelve a recluir en Santa Catalina, llevándolo a los tribunales después. Esta vez, Isabel II no puede hacer nada por él.

Se le pone de nuevo en Libertad y vuelve a Loja, siendo nombrado por Cánovas consejero de Estado.

Carlos Marfori muere en Madrid en junio de 1892.
 


EL GRAN CAPITÁN

Gonzalo Fernández de Córdoba, EL GRAN CAPITÁN nace en Montilla en 1453 y fue un militar español que de joven sirvió al infante Alfonso, hermano de Enrique IV, pasando después a la casa de Isabel la Católica.

Intervino en la guerra civil en el bando de Isabel, peleando también en la Guerra de Granada (Loja, Íllora, Baza, etc.). Luego, negoció con Boabdil la entrega de los últimos reductos musulmanes (1492) del reino granadino.

Dirigió, después, la expedición a Nápoles (1495) contra Carlos VIII de Francia, conquistando la ciudad para Fernando II de Aragón, tomando más tarde Atella (1496) y derrotando a Aubigny.

Federico I le concedió el ducado de Santángelo y territorios en Apulia (Italia). Logró expulsar a los franceses (1497) y entró en Roma, regresando a España en 1498.

Volvió a Italia para recuperar los territorios que correspondían a Fernando El Católico, derrotando al duque de Calabria. Tuvo, entonces, que refugiarse en Barleta (1502), pero con los refuerzos recibidos venció en Ceriñola (1503) y Garellano (1503).

Seguidamente fue nombrado Virrey de Nápoles y distribuyó títulos y cargos con excesiva generosidad. Enfrentado a Fernando el Católico, este le hizo volver a España, donde permaneció retirado.

Fue, en la práctica, el artífice del ejército moderno, ya que aportó fundamentales innovaciones en armamento y organización. Como sabemos vivió unos años en Loja en un palacete (situado en el pretil frente a la actual plaza de la Victoria). Ya enfermo, fue trasladado a Granada, donde falleció en 1515.