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PRESENTACIÓN DE

ALCABALA-ADMINISTRACIÓN TRIBUTARIA ELECTRÓNICA

 

Alcabala. Administración Tributaria Electrónicalcabala pretende ser, con la colaboración de sus visitantes, un cruce de caminos para las personas preocupadas por el estudio de la organización y funcionamiento de las Administraciones Tributarias y de las posibilidades que ofrece la Administración Tributaria Electrónica (o del e-Government) para la moderna gestión tributaria y para la relación de estas Administraciones con los ciudadanos. Para ello Alcabala inicia su andadura con una reflexión teórica respecto al contenido y forma de las páginas web de las Administraciones Tributarias (entendido el concepto en sentido amplio) y el análisis específico de las páginas existentes.

La utilización de Internet por las Administraciones Tributarias es creciente pero muy desigual. Hay países con páginas muy desarrolladas, que realizan ya una verdadera y eficaz gestión por teleproceso, mientras que hay muchas otras que ofrecen aún un pobre servicio o, simplemente, desconocen totalmente la red como un instrumento con el que llegar hasta los ciudadanos.

Pero esta situación va a cambiar. Precisamente, si algo me ha invitado a ocupar unas horas en este trabajo es el convencimiento de que algo va a ocurrir en las Administraciones Tributarias como consecuencia del desarrollo de Internet, el convencimiento de que este fenómeno va a modificar profundamente, antes o después, los presupuestos sobre los que se asienta la actual gestión tributaria.

Desde mi punto de vista hay ya tres cambios imaginables, que en un juego posiblemente simplificador, pero entiendo que expresivo, resumiría en la previsión de un nuevo escenario denominado "CCC": escenario de Crisis, Claridad y Confluencia.

Visite las páginas de las Administraciones Tributarias
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿Por qué "Crisis"?

a Crisis del modelo tradicional de gestión tributaria es algo ya anunciado. Las Administraciones Tributarias más avanzadas se debaten en la definición de planes estratégicos, reformas y reorganizaciones que no son otra cosa que muestra de la inadecuación de los modelos tradicionales de gestión a un mundo donde la exigencia de respeto a los derechos ciudadanos irrumpe con una fuerza inimaginable hace pocos años y es causa de profundas crisis en organizaciones que se entendían modélicas, en el que las relaciones económicas y el poder de los conglomerados empresariales han modificado drásticamente el campo y las reglas de actuación del gestor público, y, en fin, en una realidad en que la tecnología sugiere alternativas radicalmente distintas del modo de hacer las cosas.

El proceso de cambio, que ya se percibía hace unos años, se ha acelerado y ha ganado en complejidad al presentarse como una realidad palpable la posibilidad de gestionar los impuestos a través de Internet (como muestra más aparente de lo que se denominan "nuevas tecnologías". Así, a decisiones dolorosas, por lo costosas, como es la de reconvertir las organizaciones tributarias a la gestión por tipo de contribuyente y abandonar progresivamente la supremacía de la organización de base territorial, o los desarrollos de organización por áreas funcionales, etc., se une ahora la perplejidad de qué hacer con la gestión por teleproceso, que deja obsoleto el mito de la cercanía de la gestión al ciudadano como dogma director del buen servicio público. Pues, al fin y al cabo, ¿qué mas cerca del contribuyente que situar la ventanilla administrativa en el salón de su propio domicilio?.

Bien es cierto que, hasta el momento y salvo excepciones notables, la recepción de Internet en la gestión tributaria ha venido marcada más por la moda o por una exigencia social o política que por la aceptación y el convencimiento de los responsables de la gestión, más preocupados por el día a día y sus responsabilidades inmediatas que en imaginar un futuro del que, al fin y a la postre, van a ser otros los que se beneficien. Por eso, la primera tendencia ha sido la de poner en explotación en la red la gestión tal cual es, con las menores adaptaciones posibles: se pretende utilizar el guante de la mano izquierda en la mano derecha.

Sin embargo, aunque tan sólo sea por la presión (o gracias a la presión) del mercado, se debe ya admitir el hecho de que el nuevo medio va a exigir una reinvención de la Administración y de que es ya momento para reflexionar sobre la vigencia de viejos principios de la gestión, basados fundamentalmente en la organización sobre una red territorial, los procedimientos documentales, la firma manuscrita, las formalizaciones procedimentales más allá de lo razonable, la prima jurídica a la prueba escrita, el registro manual de documentos, los escritos ceremoniosos, los horarios tasados, y, en fin, de la elevación a dogma inamovible de los comportamientos burocráticos. Estos principios, que pesan de una forma u otra sobre toda la gestión pública y han permanecido inalterados durante siglos, no son fácilmente superables, pero es ya previsible que muchos de ellos van a tener que ser reducidos a cenizas porque se oponen frontalmente a las posibilidades que ofrece la evolución tecnológica para mejorar la eficiencia de la gestión pública, aplicar con más eficacia y justicia los impuestos y proporcionar servicios de calidad creciente a los ciudadanos.

Muchos se preguntarán: pero ¿es para tanto?, realmente ¿no estamos ante un espejismo?, al final ¿no bastará con algunas adaptaciones superficiales?, en definitiva ¿no es exagerado hablar de crisis?. No ocultemos la realidad. En un país como España en el que ya hay un excedente de personal no absorbido adecuadamente como consecuencia del acelerado desarrollo de los procesos informáticos y en el que se están reduciendo rápidamente las obligaciones a cargo de los contribuyentes y, por lo tanto, la carga gestora, un desarrollo de la administración a través de Internet, aunque no sea con los ambiciosos objetivos que se ha marcado el IRS norteamericano, va a generar excesos de efectivos personales en un plazo no muy dilatado, y sólo eso constituye ya un importante problema a resolver.

Además, en esta ocasión me atrevo a afirmar que, tal como se están desenvolviendo los acontecimientos, se equivocará quien piense que se trata de una crisis con un largo período de maduración, que al fin y al cabo las modas y técnicas procedentes del mundo empresarial llegan a la Administración cuando ya empiezan a dar muestras de obsolescencia en el ámbito de origen y que, en última instancia, a falta de otros cometidos, el funcionario siempre ha sabido generar la función. El problema es que ahora, por razón de la internacionalización financiera, el control sobre el déficit público es mucho más exigente que hace unos años, y es improbable que, existiendo la posibilidad de conseguir una Administración mucho más eficiente (mejores resultados con menor coste) se desaproveche la ocasión por los responsables políticos.

Por lo tanto, la Crisis está servida. No acertará quien ponga trabas al cambio (su repertorio puede ser elevado: garantías y seguridad jurídica, lecturas sesgadas de principios constitucionales, etc.), sino quien adivinándolo sea capaz de administrarlo en beneficio de todos y aprovechar esta maravillosa ocasión para cambiar que es la aparición de una forma totalmente nueva de establecer el diálogo con los ciudadanos, tarea que canaliza, a la postre, toda gestión pública.

 
 
 
 
 
 
 

¿Por qué "Claridad"?

a segunda gran "C" que empieza a anunciar Internet como soporte de la gestión tributaria es la de Claridad, entendida como transparencia de esta gestión. La gestión tributaria es un área sensible de la gestión pública. Su influencia sobre la distribución final de la carga fiscal es casi tan relevante como la de las propias normas que, en principio, debería aplicar con equidad y objetividad. Por eso, salvo en los países con fuerte tradición democrática (y no siempre), es una gestión cuya realidad y resultados se someten a filtros políticos que en ocasiones deforman el conocimiento de la realidad: la información sobre la gestión tributaria se dosifica sabiamente y, por lo general, requiere de los medios de comunicación para fluir hacia los ciudadanos, a los que llega deformada y asistemáticamente.

Pues bien, el desarrollo de Internet hace peligrar este entramado de opacidad. Es previsible que, aunque sólo sea por el efecto emulación, la publicación creciente por algunos países de información sobre la gestión tributaria acabará forzando la extensión de similares compromisos a otros países. Sería ingenuo pensar que con ello se llegará al reino de la Claridad, pero no cabe duda de que esto supone un paso cualitativamente importante en la responsabilización de los gestores públicos, que podrán ser sometidos de forma más directa y eficaz al control ciudadano sin tener que recurrir, de forma inevitable, a la intermediación, interesada o no, de terceras personas.

 
 
¿Por qué "Confluencia"?

a última "C" es la de Confluencia. Es un hecho que hoy las diferencias de calidad y eficacia entre las distintas Administraciones Tributarias son apreciables. A ello contribuyen factores inevitables de carácter histórico, económico y cultural, pero también, en no poca medida la existencia de un notable desconocimiento mutuo y el consiguiente desaprovechamiento de las ideas.

Puede que los primeros factores aún sean decisivos y sigan marcando importantes diferencias, pero la última razón para no avanzar se desvanece: Internet va a suponer la globalización de las idea, la imaginación y los conocimientos en materia de administración tributaria; va a ser la gran escuela para los Administradores Tributarios del futuro.

El hecho es ya apreciable: los países más avanzados generan avances que son seguidos, cuando no copiados, por los menos imaginativos. Hoy la ATE es un gran laboratorio común a través del cual se puede producir una sustancial confluencia en las ideas y las iniciativas. Esta es una de sus mejores virtudes.

Sin duda que esta confluencia será tanto más acusada si cuenta con el catalizador del interés de los gobiernos, de las organizaciones internacionales especializadas en administración tributaria y de los organismos internacionales interesados en promover su desarrollo, con el fin de promover la cooperación entre las diversas Administraciones, canalizar los flujos de información, animar un intercambio, activo y permanente, de experiencias, métodos y opciones en el desarrollo de la ATE, y de allegar ayudas, económicas y de asesoramiento.

   
 

 

Se cumplan o no estas previsiones, lo cierto es que estamos ante una realidad de cambio apasionante, razón por la que me he decidido a hacer esta modesta contribución personal a la reflexión sobre el proceso de cambio. Desde luego estaría satisfecho si con ella simplemente ahorro unas horas preciosas a quienes quieran profundizar en este campo y, desde luego, si con ello incito a nuevas colaboraciones, que resultarán indispensables para que esta página deje de ser simplemente un monólogo bienintencionado. Particularmente sería útil y agradecida cualquier aportación sobre:

     

Nuevas direcciones de Administraciones Tributarias y Aduaneras, empresas, organizaciones, etc..

Nuevas posibilidades y sugerencias para la construcción de las páginas web de las Administraciones Tributarias y Aduaneras: información, estadísticas, servicios...

El contenido de esta página (dudas, imprecisiones y errores, ideas sobre nuevos desarrollos, etc.)

El fenómeno de la gestión pública a través de Internet (artículos, comentarios, referencias bibliográficas, etc.)

Para ello, no dude en dirigirse a mi e-mail Siento que mi tiempo sea limitado: si no contesto en todos los casos, espero se me disculpe.

Redacción revisada el 9-3-2004

   

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