II. VIVIR SIN ROMA
28 JUN’ 96
PLANO
Vivir sin Roma.
Vivir tras de haber habitado la cima del monte Áureo, habiéndola conocido bajo los dulces dorados de otoño, el hermoso negro de las tormentas de invierno, el tierno verde tornasolado de la primavera.
Vivir ya sólo para recorrer la vida por los caminitos blancos de un plano de hamburguesería; seguir los puntitos trazados sobre el papel para recorrer el nunca pagado autobús número 75 pretendiendo afianzar los recuerdos para no conseguir sino empañar aquellos paseos solitarios o cogido de la mano ante lo que ahora no son sino castillitos, columnitas y monumentos dibujados sin la pasión de lo que fue; acotado, encerrado en un numerito que dice 68, cuando debiera decir café y donde dice 69, beso.
Olvidar el lento, pero continuo y oscuro recorrido de las aguas del Tevere para verlo ya siempre como un garabato azul celeste que cruza un elemental y desapasionado dibujo llamado Roma.
Sufrir la incapacidad de abrir una puertecita en el símbolo número 24 para volver a sentir un pálpito frente al altar de Santa Maria in Trastevere; acostumbrarse a vagar –olvidando las terrazas, los portales, placitas y callejuelas con el dulce sabor del abandono y decadencia del Campo di Marzio- por un incongruente laberinto de pequeños rombos de color amarillo.
Dejar que el olvido vaya lentamente royendo al recuerdo de los amigos, los rincones, los deseos, los olores y los colores... ¡Cómo se puede ser tan bruto para pintar Roma con rayas y puntos de color verde, blanco y amarillo!
7 AGO’ 96
PUERTA
Tengo que escribir. Tengo que pensar. He de leer. Buscar más con el pensamiento que con los pinceles. Siempre ha sido así.
Salir del nuevo atolladero de este verano insulso, pródigo en recuerdos, en añoranza de esa puerta de hierro acristalado por la que ya no volveré a entrar y salir. Puerta de la Accademia que traicioneramente se me ha aparecido hoy en el telediario ligada a nuestros nombres.
24 AGO’96
EXTRASÍSTOLE
A ráfagas se acerca el otoño en estos días de aire frío que sacude y espolea las almas.
Tiemblan las copas de los árboles y tiembla el corazón de profunda inquietud, los periquitos se han doblegado y los higos caen sobre la tierra a golpe de extrasístole pues, tras cada latido en suspenso, se va el alma siguiendo los pocos momentos de olvido...
De no ser por la forma en que la luz toca esta higuera de higos bastos y negros podría pensarse que ésta es una mañana de irradiación romana: entreclaros de aquel invierno pasado de cuyos recuerdos se cuelga el pecho abatido por estos días de angustia.
¡Qué hermoso es todo lo ajeno a este miedo!
¡Cómo me recuerdo, en un día como éste del octubre romano, camino de la tumba de Keats!
12 NOV’96
FUEGO Y FRÍO
Frente al fuego, ante las caricias de las llamas y los carbones encendidos de hermoso, cálido color que ahuyentan los cuchillazos del frío en huesos y riñones –en el alma desesperanzada y abatida- se ven pasar los rubíes a ceniza mientras el flanco de los troncos acompasa la lluvia en el jardín y las lágrimas a los recuerdos.
***
Y se apagan las llamas bajo las ascuas, y las ascuas bajo las cenizas y se va el calor de las piernas, de las manos y casi de las mejillas y vuelven el frío y la inquietud. Y parece todo sueño...
Si aún la muerte no fuera tan incierta o dolorosa ni tan húmeda y fría sino, por el contrario, llegara tan apacible y calma, tan sosegada y tierna como este cosquilleo que los carbones sacan del escozor de los ojos y de los tiernos momentos íntimos en los que la vida se ha regodeado...
***
Cada cuánto esta sensación de fatiga insuperable, de fracaso cósmico, intuición de que nada funciona... ¡A qué la hoguera se apaga!
***
Rebelarse. Rebelarse siempre contra la ceniza que ahoga el calor, contra los cuchillos que siegan los riñones y el corazón y contra los funcionarios que cercenan las ideas.
24 NOV’ 96
PORZIUNCOLA
Una vez más esta siempre curiosa sensación de haber muerto, de que todo es pasado, como Roma ha pasado. Esta casi certeza de haber ya engrosado el número de cerúleos cráneos amontonados en el anaquel del tiempo pasado y desconocido, haber vuelto a la nada por el olvido, ser polvo sobre el polvo al que el polvo se le posa.
El tiempo comienza a acabarse; de tan eterno pasará por breve, idea que trae a la memoria la basílica de Santa Maria degli Angeli abarcando poderosa como una bóveda del tiempo la pequeña porziuncola de San Francisco de Asís.
30 NOV’ 96
FINALE
Escribir siempre un diario interminable recordando Roma en la memoria mía y en la de toda la historia. Ésta, escrita ya; aquella, para no perderla jamás.
Es necesario recodar Roma porque ella es un estado de ánimo tan hondo y vasto, tan pleno como una inyección de tinta en las venas de un poeta o una lavativa de color en los tímpanos sordos de un paisajista; es necesario recordar y recordarla para no vivir sino para ella, a cada paso, a cada vaso, en cualquier momento –tintes de obsesión- Roma eterna.
Roma o morte.