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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas |
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| 4. Recomendaciones y líneas de acción . | |
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4.1
las gitanas en la sociedad. |
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| Cap 3. Estudio sociológico "Mujeres gitanas y sistema penal" |
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| 3.7. Algunas voces gitanas |
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Introducción Desde el proyecto Barañí quisimos recoger algunas voces de la comunidad gitana acerca del tema que nos ocupa y preocupa: la criminalización de un colectivo por razón de etnia, género y clase social, cuya concreción se encuentra en esa alarmante desproporción de mujeres gitanas presas que describe el informe cuantitativo. La tarea de abordar la gran diversidad de las diferentes esferas de la comunidad gitana excedía los límites de nuestro estudio por razones de tiempo y de recursos. No obstante, quisimos recoger algunas voces significativas y a través de sus discursos recomponer el puzzle de este complejo proceso de criminalización de las mujeres gitanas. Así, quisimos reconstruir algunas visiones de la mirada masculina, fundamentalmente aquellas figuras más representativas de la comunidad, como son los ancianos de respeto y los pastores. Para obtener algunos retazos de los discursos de las figuras de respeto entrevistamos a dos pastores (uno de clase baja residente en un poblado, otro de clase media-baja, residente en un pueblo de la periferia urbana de Madrid), un anciano de respeto (habitante de un pueblo de Extremadura, pero residente temporal en un poblado chabolista de Madrid), y un joven de clase media-baja, habitante de un barrio obrero de la periferia urbana de Madrid. Por otro lado, quisimos abordar algunos discursos de mujeres que habían estado presas (dos mujeres que viven en poblados de los alrededores de Madrid, una joven y otra anciana; y otra de un barrio obrero del sur de Madrid, de mediana edad, que estaba en libertad condicional) para conocer el impacto en sus vidas de este proceso por ellas vivido. Todas ellas estuvieron encarceladas por delitos contra la salud, con un ingreso en prisión. Una mujer de clase media baja, reside en un barrio del centro de la ciudad, relata sus visiones del proceso de criminalización. Los discursos circulantes se articulan en torno a tres ejes fundamentales respecto a la organización social: la cultura gitana, la religión evangelista y el acceso a la ciudadanía y los derechos sociales y económicos. Los temas en los que se centraron las entrevistas realizadas fueron: análisis del circuito economía-marginación-droga, y percepción del proceso de criminalización por parte de la comunidad gitana, claramente reconstruido por las mujeres presas que entrevistamos previamente en diferentes cárceles del país, así como las consecuencias de este proceso para las entrevistadas que estuvieron en la cárcel y para sus familias. 1.- La cultura gitana La población gitana no se sustenta sobre un territorio común, ya que ha tenido una larga historia de persecuciones, "sin poder echar raíces", itinerancia, "...nosotros no tenemos, somos de todos los laos y no somos de ningún sitio...", e intentos de asimilación y aculturación por parte de la cultura dominante. Su cimiento es relacional, se basa en unas formas de organización social propias con sus sistemas de autoridad y legitimación de ésta. La estructura social que organiza "esta vida ajetreada", se basa en la tradición y las costumbres, en la familia, ya que en ellos se asienta su cohesión como grupo. Se trata de una cultura minoritaria que debe reafirmarse continuamente frente a la sociedad dominante. Ley gitana es consuetudinaria, no es más que una forma de regulación interna: "eso creo que es más una ley de convivencia más que una ley gitana, yo creo que una ley que no tiene escritura no es ley es una costumbre, se han respetado a los ancianos, ha habido una pelea y para evitar mayores males han partido las zonas por este lado y por otro, porque en ese sentido somos como los payos, ni más ni menos, un payo se pelea con otro, y un payo le mata un hermano a otro y son contrarios iguales, o sea somos españoles y por mucho que el pueblo payo quiera diferenciar al pueblo gitano tenemos las costumbres de España, caray, somos españoles (....) entonces la ley gitana no, es una frase que se usa, creo que una ley gitana no ha existido nunca." El concepto de "raza" (1) se reivindica frente a las tendencias de asimilación cultural, "...a mí me gusta ser gitana y yo soy de mi raza y no lo puedo negar [....] no sé explicarlo, pero nosotros lo notamos que somos diferentes....", pero también se denuncia la carga de serlo en una sociedad que estigmatiza y segrega por esta causa. Una población cuya identidad, como vimos en los discursos de las mujeres presas, se define en negativo por lo que no son: no son payos, no son civiles, no son ciudadanos.
Autoridad y respeto Las comunidades gitanas cuentan con dispositivos de control social (se expresa sobre todo por el "estar bien mirado"), de regulación interna, y sus jerarquías establecidas entorno a la edad, sexo, y estilo de vida. Los ancianos, los mayores son los mas respetados.: "...no hay ningún patriarca, a lo que ellos le pueden llamar patriarca es a lo que yo le puedo llamar mi tío (...) el tema del patriarca eso es mentira, todo eso que se da en los barrios el patriarca, fulano, el que manda en los barrios, es mentira, que les obedecemos sí..." El "tío" es la denominación que recibe la persona de más respeto, de entre todos los ancianos es quien durante toda su vida ha sido "un hombre de honor". Se reconoce en él la sabiduría de la edad y la honorabilidad de vivir según los usos y costumbres gitanas de forma intachable: "...tío es una palabra que se utiliza cuando hay mucho peso en la persona aunque se le dice de una forma coloquial a la mayoría de nuestros mayores pero un tío es un señor de respeto (...) Que no todos los que tienen muchos años llegan a ser esas personas que conducen, ponen y colocan, sino aquellos que durante toda su vida han tenido un testimonio de honor, un testimonio de muy buenas personas, que han estado ayudando. Pues esos señores que están avalados por sus muchos años y por el conocimiento..." El respeto es un valor muy importante y se adquiere por la edad, conocimientos, honor, preocupación por la comunidad y sentido de la justicia, es una institución en la comunidad gitana que presenta ciertos rasgos de haber entrado en crisis, así un entrevistado (hombre de respeto) en algunas ocasiones se lamenta de su pérdida: "el respeto lo es todo, es lo más importante para mí, antes íbamos a evitar...´entonces vengo a avisarte para que no tengas la ruina` (...) ahora ya no hay respeto.." Los mayores ponen orden en la comunidad, negociando, arbitrando, mediando en los conflictos (no sentenciando), su palabra es la que da crédito a lo acordado: "...nosotros tenemos nuestra forma de conducirnos en los momentos en que pueden haber conflictos entre varias familias o personas. Primeramente están nuestros mayores, nuestros gitanos mayores, en este caso son nuestras personas mayores son las que se encargan de poner orden incluso si hay que echar fuera de la ciudad, o partir los terrenos (...) tenemos que expulsar a una persona por un hecho que no corresponde o que no tenía que haber hecho para evitar males mayores, pues nuestros gitanos mayores nuestros ancianos. Se oye mucho por los medios de comunicación, que no me gusta a mi mucho, que son los patriarcas, no es tanto patriarca son ancianos, para ser un hombre que de alguna manera modere..." Los y las entrevistadas transmiten un gran respeto hacia su cultura y sus formas de organización y regulación interna pues se saben formando parte de una cultura: "... tenemos nuestras leyes debido a nuestra cultura, tenemos nuestras leyes (....) son leyes atajantes que se implantan en el momento que suceden las cosas. En el tema de divorcios y todas esas historias pues nosotros tampoco lo hacemos, yo personalmente he estado dejado de mi mujer por cosas nuestras, y ha llegado gente mayor que ella y ha dicho: ´¡ven aquí!, ¿qué te pasa a tí?, ¿qué problemas tienes?`, y vea ya no hay problemas porque yo he hablado con ella y esos problemas se acabaron. ´Es tu mujer, hay una hija por medio`, porque nada más que tenía una hija, y esto se terminó, y efectivamente hablaron conmigo por si yo tenía alguna cosilla que no estaba de acuerdo con mi mujer, se me quitó, y si ella tenía alguna cosilla que no hacia bien conmigo pues se le quitó, y hasta la fecha pues llevamos 14 años juntos, y 5 hijos..." "....nosotros llamamos a cuatro personas más mayores, a cuatro hombres, que tengan un respeto, una educación, o esa... que sean personas honorables, con respeto, que no sea ahí cualquier cosa, no, donde hacen cumplir su palabra, hablan con esta persona, de lo que pase o bien de hijos, o del matrimonio, o cosas que no estén de acuerdo con nuestra forma de pensar, se habla con ellos y ellos ponen la ley..."
Una población heterogénea La población gitana es muy variada y heterogénea, en ella existen importantes diferencias de clase y de forma de vida (como ocurre en el resto de la sociedad). La homogeneización de los gitanos en una única categoría social es un hecho que les daña enormemente, por ello es constante la reivindicación de que se valore a cada persona por sí misma y no por las imágenes sociales, los tópicos, que se han construido respecto a la comunidad en su conjunto: "... nos dicen gitano y ya nos tiene la etiqueta, ya se creen que to´s somos ladrones, to´s somos carteristas, to´s vendemos droga, to´s vivimos en los poblados y todos somos de esa manera. Mis hijos van a la escuela, mi hijo ha estao en un conservatorio, mi hijo tiene su carné, yo vivo en una casa..." Los y las entrevistadas deconstruyen estas imágenes relatando que dentro de la población gitana existen importantes diferencias de clase y en función de su origen rural o urbano, entre otras muchas. Por ello, la contemplación de su diversidad interna se propone como la más adecuada herramienta para desmontar los estereotipos que pesan sobre la población gitana y que estigmatiza individualmente a cada uno de los y las gitanas: "...Dios mío, que la gente valore a cada gitano por lo suyo, como se valora a cada payo (....) soy gitano, en la viña del Señor hay de todo, los habemos buenos los habemos malos, los habemos con más responsabilidad, con menos responsabilidad, pero tío eso pasa como los payos..." Como minoría étnica son segregados, incluso aquellas personas que están más integradas en la sociedad: "... el gitano madrileño es un caballero, es verdad porque no tiene, porque no anda con la chatarra, no es un frutero, es un señor que tiene un negociete, tiene una tienda o tiene una tienda de antigüedades ese hombre vive mejor, se asocian mejor, no es famoso, no es político, pero tiene las amistades de los payos del barrio, lo miran un poco más...le llaman fulano, pero luego a la hora de la verdad cuando el payo esta sólo no sabe decir Pepe, tiene que decir el gitano..."
Los modos de vida y de subsistencia La mayor parte de los gitanos carecen de una inserción estable en la vida económica. La mayor parte de las formas de subsistencia de los gitanos, que normalmente combinan o alternan diferentes actividades (venta ambulante, chatarra), han sido progresivamente obstaculizadas. Las formas de vida de la población gitana han cambiado mucho en los últimos 30 años, como en el resto de la población española. El éxodo del campo a la ciudad de los años 60-70 marca el cambio de una generación que procedente del mundo rural se asienta en la periferia de las grandes ciudades cambiando y adaptando sus formas de vida y subsistencia. Paulatinamente, se produce una reducción de la variada gama de ocupaciones gitanas a la venta ambulante, y a la eventualidad de algunos trabajos agrícolas. En el mundo rural los gitanos que se dedicaban a la venta, "a la trata de animales" eran bien considerados, tanto dentro de su comunidad como en relación con el resto de la población. El resto de la población gitana, normalmente tenían trabajos más eventuales, siendo las y los asentados en un pueblo los que tenían mejor calidad de vida: "... la mujer iba a la mendicidad o iba ahí por el mundo a un patatal y arrancaba unas matas de patatas o iba, pasaba por un tomatal y se llevaba una cesta de tomates, o pasaba por un sitio que había uvas y te cortabas un manojo de uvas para comértelo. No la vida del gitano nómada, no había trabajo de chatarras ni esas cosas estábamos por ahí, por los pueblos, si te salía una sierra, un arranque pues lo hacia pero simplemente era eventual, tres días, quince días, el que vivía un pueblo tenía más... el que vivía en un pueblo vivía mejor que cualquier gitano que va por ahí por el mundo...." La chatarra es un negocio de naturaleza urbana, relativamente reciente. La gestión de los residuos urbanos, la chatarra, era una actividad realizada por los gitanos cuando llegaron a las ciudades, en la actualidad se ha convertido en un bien público al que no tienen acceso, paulatinamente se les ha dificultado más este medio de vida: "...pues ellos, unos chatarreaban, otros a vender, otros con su ganao y asin´as se mantenían. Pero dende que ha venío la droga lo fastidió todo.." La venta ambulante, muchas veces combinada o alternando con otras actividades, ha sido el medio de vida de gran parte de los y las gitanas en las últimas décadas: "..pues creo que el gitano aquí en Madrid siempre ha hecho lo mismo, chatarriar, cambiar cacharros por trapos, y el que tenía un poco más de privilegio vendía alguna fruta o cualquier otra poca cosa. En cuanto a venta de fruta poco, el gitano aquí en Madrid entró pues cambiando cacharros por trapos y la chatarra, eso creo que es lo único que nos han dejado hacer..." La venta ambulante cuando no está regularizada se convierte en momentos de necesidad en el último escalón antes de comenzar a vender drogas ilegales: "... mira, yo de antes de estar en la cárcel pues vendíamos fruta, vamos, de todo, vendíamos ropa, vendíamos, venían, nos los quitaban, nos quitaban de todo, nos quitaban la fruta, nos quitaban la ropa, nos quitaban todo..." La clase media es el único sector de la población gitana que se ha consolidado, accediendo a otro tipo de profesiones más convencionales: "...hay una prima de un primo, por parte de su madre que es juez, hay abogados, hay médicos, hay arquitectos, hay ingenieros, hay personas que están llevando escuelas donde están enseñando oficios, mi hermano son uno de los que puso una asociación que está por Vallecas..." Las posiciones que ocupan en el mercado laboral, salvo excepciones (anticuarios, artistas), son las más precarias. Los trabajos que realizan por cuenta propia, como la venta ambulante, no les da cobertura a nivel de algunas prestaciones sociales (seguros de enfermedad o de desempleo) por lo que la familia se convierte en una red de protección social: "....sin ningún derecho, sin ningún seguro, nada de nada. Si se rompen una pierna y tienen dinero ahorrado tiran, y si no a la familia, apoyar en el hombro de la familia porque no tienen ni un paro nada de nada ...." Los hombres entrevistados refieren que tan sólo aceptan la participación de las mujeres gitanas en el mercado laboral en el caso en que deban hacerse cargo de la responsabilidad de sacar a sus hijos adelante: "...son ahora las gitanas las que siempre han estado un poquito más dentro de la casa cuidando la familia, los hijos y manteniendo la magia del hogar, las que se tienen que echar pa´ lante, porque el marido ya no vale, porque está muerto o porque está colgado o bien porque está en fase terminal... ". Según relatan, viven con orgullo el que las mujeres se mantengan alejadas del mercado de trabajo, que dependan de sus maridos y se dediquen al espacio doméstico y a la crianza de los hijos, trabajos que son, en general, muy valorados: "... [mi mujer] nunca, nunca ha trabajado y mientras yo pueda no trabajara. Motivos tengo hijos y que más trabajo quiere, que cuidar a los cinco ya es un trabajo, llevar una casa y cinco hijos es mucho trabajo.." Sin embargo, las mujeres gitanas trabajan mucho, están dispuestas a hacer cualquier cosa con tal de sacar adelante la familia, y así lo manifiestan: "...somos tontas, ¿por qué?, porque la mujer lo que te he dicho, somos más valientes, porque si la mujer tenemos que vender droga lo vendemos; si tenemos que ir a robar, robamos; si tenemos que ir a vender, vendemos; y somos las que llevamos el día de la casa, de los hijos, de la casa, de todo..."
La percepción del papel desempeñado por las mujeres gitanas La mujeres gitanas desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la cohesión familiar y en la transmisión de la cultura. Según la tradición, las mujeres gitanas deben ser "puras", sumisas, sacrificadas, trabajadoras y, ante todo, volcadas en la vida familiar: "... las madres estamos pa´ fijarnos por los futuros de nuestros hijos, siempre aunque haya gitanas pues te fijas en la que no se arregle tanto, en la que no sea tan descará, en la niña que sea más sumisa, que está más con la madre..." En general, se reconoce que las mujeres gitanas están discriminadas dentro de la comunidad gitana, si bien se perciben con orgullo ciertos cambios en su rol dentro de la unidad familiar que están relacionadas con los procesos de modernización de la sociedad en su conjunto, y por tanto, de la población gitana; como manifiesta uno de los entrevistados: ". Hoy por hoy los gitanos, hombre no es como en el pueblo payo, la mujer gitana tiene mucho menos derechos, pero se le está respetando un poco más. La mujer ya toma decisiones en su casa, en su casa, toma decisiones, hay hombres que viven con ese criterio de unidad. Pero de todos modos, el pueblo gitano no es como el pueblo payo en ese terreno, la mujer gitana esta dentro del mismo pueblo gitano esta mucho más marginada y en el plano social también, también la sociedad lo hace... " Estas variaciones en el papel de las mujeres, sobre todo en el caso de las jóvenes, consisten en una mayor tolerancia con su comportamiento e indumentaria; pero en general, se les reconocen menos derechos que a las payas, el celo sobre su virginidad sigue siendo firme. Aunque pequeños, se están produciendo cambios en el estatus de las mujeres, sobre la base de cierta modernización de la vida cotidiana, si bien muchos de estos cambios son externos, como comenta otro entrevistado: "....la vida se va modernizando (...) la mujer gitana siempre ha estado un poco discriminada por el hombre gitano que es cierto, no lo voy a negar porque es cierto, ahora esta muy modernizado porque es cierto es una persona más, viste con sus pantalones, con sus minifaldas, sale, entran, se van de compras solas, vienen de compras...."
La percepción de la marginación y la pobreza También hay una percepción estigmatizadora de la población gitana ante sus pares, como la que pesa sobre los gitanos procedentes de Portugal o Extremadura, que son los más pobres, que representan el estereotipo de chabolistas, los que "trapichean con la droga", los que son responsabilizados de transmitir esa imagen de gitano pobre chabolista, a los que se atribuye el que empezaran a realizar actividades poco honradas, desde el robo de chatarra tráfico de drogas: "...toda la maraña viene de Portugal y Extremadura, gente que se viene a Madrid y han hecho el chabolismo porque anteriormente, estoy hablando 15 años atrás no había tanto chabolismo, no había tanta droga, todo eso es porque se viene mucha gente de Portugal, de Extremadura aquí y arrasaban con todo lo que podían (....) Empezó a venir gente de Portugal, gitanos portugueses, gitanos extremeños que llegaron a Madrid sin nada, sin nada, que era el típico que llegaba con el carrito y el burro. Porque ningún gitano madrileño ha tenido carrito y burro, porque además es que son datos que te estoy dando al 100% seguro eh!. Por ejemplo, los focos de San Blas son todos extremeños, no tenían hogar, no tenían sitio, empezaron a levantar chabolas, empezaron a andar primero con la chatarra, ya no recogiendo lo que encontraban sino asaltando a las obras o se lo robaban, yo no sé cómo llegó el tema de la droga a ellos pero en fin se echaron a vender droga ..." Las personas entrevistadas son conscientes de la vulnerabilidad social que tiene en general la comunidad gitana, fundamentalmente debido a la pobreza y al racismo. La población gitana en su mayor parte es pobre a excepción de la clase media patrimonial y los artistas: "el pueblo gitano, quita usted a los camellos y el pueblo gitano es el 90% un pueblo pobre, no tiene ni fincas, ni recursos, ni dinero ni nada. Vivimos al día, ganas 3000 pesetas, pues comes, si ganas 10.000 pues te quedan para unos zapatos y si no tienes nada pues te los encuentras en un contenedor y te lo plantas en los pies esto el 90%. El gitano aquí hay quien tiene mucho dinero, hay hombres camellos de esos que han hecho un capital enorme, pero es lo que lo han hecho ahora antes eran como los demás, gente empobrecida..." La construcción de imágenes sociales en los medios de comunicación en relación con la cultura gitana Los malestares sociales se visibilizan, cobran existencia cuando los medios de comunicación hablan de ellos. Los medios de comunicación fabrican los acontecimientos, recreando y reforzando el estereotipo de gitano pobre, marginado, analfabeto y miserable. Buscan noticias, situaciones que refuerzan una imagen social de lo gitano como lo excluido, poniendo el acento sobre lo extraordinario; y la cotidianeidad de los gitanos integrados no lo es (2). Deconstruir las realidades que crean estas imágenes mediáticas a los y las gitanas les resulta muy complejo. Por ello, uno de los elementos que resaltan con más énfasis es que son heterogéneos y diversos: "...lo que serían los medios de comunicación, nos han hecho muchísimo daño y es cuando se nos juzga a un todo por una parte (...) Es más, los medios de comunicación no hablan del gitano normalizado, que lleva sus hijos al colegio, de los gitanos que pagamos nuestros pagos diarios de luz, de casa, nuestros tributos, porque no somos noticia, el gitano normalizado no es noticia. Sin embargo, se van con las cámaras a esos barrios marginales donde están los gitanos que sí son noticia para ellos. Entonces están vendiendo esa imagen del gitano pobre, del gitano misterioso, el gitano que no vale, el gitano analfabeto, el gitano que es poco menos que una rata, en medio de la sociedad, que hay que matarla. Y los gitanos que aquí en España y en Madrid estamos normalizados pagando nuestros impuestos y estando como cualquier persona y viviendo en nuestro piso y pagando nuestro piso y nuestro cochecito con mucho esfuerzo, pues no nos dicen nunca nada, pasan olímpicamente de nosotros, pasan (...) nos meten a todos en el mismo saco y somos todos. Entonces, claro, de alguna manera esas cosas hay que romperlas ¡no!, y nos cuesta mucho..." Otra imagen que rechazan es aquella que vincula a los gitanos con la droga, recordando una y otra vez que son una pequeña minoría de los gitanos los que tienen relación con las drogas ilegales, que se trata de algunos gitanos particulares: "...pues la comunidad gitana está sufriendo una metamorfosis increíble, pero no para bien, porque en los medios de comunicación cuando se nos hacen una vinculación entre gitano-droga, droga-gitano, parece que cuando se menciona gitano se menciona la droga...." Estas imágenes tienen como consecuencia, por sus efectos de realidad, la reproducción de los estereotipos y tópicos existentes sobre ellos que asocian a los y las gitanas con pobreza, marginación o delincuencia, la sospecha de que cualquier gitano puede delinquir independientemente de su situación socioeconómica y actitudes individuales; los y las entrevistadas identifican en éstos hechos una gran dificultad a que enfrentarse en sus vidas cotidianas, temen hablar de ello y de las tergiversaciones de sentido que puedan reforzar esta imágenes (3) : ".es un tema delicado porque el hablar esto, es mejor hablar cosas con certeza o mejor no hablarlo, no, si que hay racismo, si que hay discriminación, el motivo por lo que sea no se porqué, lo se porque yo lo he vivido..." En ocasiones, algunos de estos tópicos aparecen en los propios discursos de los y las entrevistadas, asumiéndolos como realidades.
2.- La religión evangélica: una estrategia de supervivencia Procedente de Francia, aparecen a lo largo de los años 70 los primeros pastores evangélicos y progresivamente proliferaron en la comunidad gitana. Según los pastores entrevistados, el evangelio permite socializar a los gitanos en una mayor conciencia de participación en la comunidad: "....Dios ha hecho una gran obra entre nosotros, sí señor, nos ha levantado como pastores, como predicadores. Hay una potencia tremenda espiritualmente hablando en el pueblo de Dios, estamos haciendo lo que no ha podido ninguna cultura es, socializar al gitano..." Según sus discursos, el problema de fondo del pueblo gitano es "un problema moral", por ello viven en tan pésimas condiciones; la misión de la religión es salvarles de esta amoralidad y por extensión de las condiciones de vida infrahumanas en que habitan. La religión evangelista constituye una suerte de comunitarismo en el sentido de que todas las personas son iguales (porque Dios categoriza a todos igual: igualdad en la ley divina, que está por encima de la paya y de la gitana). La igualdad que no se consigue por los derechos sociales reales solo se consigue a los ojos de Dios, frente a los cuales no hay ninguna diferencia de estatus, todos los seres humanos son iguales. El sujeto de que se habla en "el culto" no es el de los derechos abstractos, algo que no deja de ser remoto e inalcanzable para gran parte de la comunidad gitana, sino del sujeto de la solidaridad e identificación colectiva: "...el problema se soluciona intentando no sé, convencerlos, y no [hay] mejor forma que con el evangelio, convencerles del estado amoral triste que viven (...) Entonces yo por la misericordia de Dios, creo que el hombre es mucho más importante que lo que la raza humana da entonces, de favorecer a uno y de marginar a otro, hay un Dios omnipotente divino y hermoso que no hace excepción de personas que nos categoriza a todos a una misma altura, al rey, al abogado, al juez, al gitano, al mangante, al pobre, al pordiosero, al anciano, al... , nos categoriza a todos igual..." El pastor debe tener una actitud intachable para estar "bien mirado" por la comunidad. La figura religiosa del pastor se caracteriza por el carácter carismático de su autoridad (son los dones y atributos personales de un individuo lo que le confiere el carisma, que se basa en la calidad de su personalidad individual) que intenta crear una alternativa liberadora dentro de la población gitana. Su búsqueda de cohesión dentro de la comunidad gitana es respetada incluso por quienes no son evangelistas, son valorados tanto por su mediación en cuestiones de violencia y honor, como por su trabajo social con toxicómanos; así manifiesta un pastor entrevistado: "... ahí tuvimos que intervenir los que de alguna manera tenemos peso y aplomo en la comunidad gitana..." Así mismo, los pastores recogen la tradición gitana de encuentro en torno a la música y articulan un proyecto de dignificación del pueblo gitano: "... Y lo hacemos con mucha pasión, con mucha sangre nuestra, tenemos muy buenos oradores o conferenciantes que después de muchos años de estudiar la Biblia y asimilarla, pues son muy buenos presentadores de la misma. Y el mundo evangélico la fe en Cristo, la fe en Dios nos ha hecho mucho bien a nosotros entre otras cosas porque nos ha unido mucho más de lo que ya estábamos y porque ha quitado pues, de nosotros, algunas quimeras que de hace muchos años tenemos dentro; nosotros los gitanos somos un pueblo muy sanguíneo entonces guardamos dentro mucho el honor ¡eh!. Y la deuda, si a mis abuelos otros abuelos le pegaron o mataron a uno a ellos, eso se pasa de padres a hijos entre generaciones, y yo tengo que vengar, entonces el evangelio ha roto toda esa sed de venganza..." Cuando los pastores no son respetados en la mediación, se recurre a los hombres de respeto de la comunidad, como símbolo de máxima autoridad: "....nos suelen aceptar y nos suelen respetar, y si de alguna manera vemos que no es así pues echamos mano de nuestros valores que son mucho más seguros que son nuestros viejos y les llevamos donde haya que llevarlos y entonces ellos hablan y la ley se pronuncia por sus labios..." Los pastores entrevistados revelan como la iglesia evangélica incide en hacer frente a la problemática de las drogas entre la población gitana, la razón de este proceso se halla en que se ha convertido en una alternativa salvítica a la debacle que ha supuesto la relación de la población gitana con el mundo de las drogas, fundamentalmente de las ilegales, tanto venta como consumo, y en menor medida, del consumo de alcohol: "...ayuda mucho a los borrachos, a los drogadictos, a camellos, a cantidad de gente...". Así su obra social sería limpiar individual y colectivamente a la comunidad gitana del contacto con las drogas, que se ha convertido "en la ruina del pueblo gitano". En este sentido, manifiestan que "el culto", tal como denominan a esta práctica religiosa, realiza una labor de trabajo social con la comunidad gitana muy importante a tres niveles: prevención, desintoxicación y apoyo a la reinserción. Para ello, según relatan los pastores, cuentan con unos 750 centros propios, en que tienen los recursos suficientes para ayudar a la desintoxicación así como apoyar a la familias de los que están en proceso de desintoxicación. Se refieren a redes de solidaridad y apoyo mutuo, no tanto de recursos económicos: "... lo que es la asistencia diaria, el desenganche, el estar encima, dar la medicación que le prescriben y demás, lo hacemos o bien en la casa de alguno de nosotros o bien en las capillitas, en los locales que nosotros tenemos...". Funciona como una verdadera comunidad terapéutica para los gitanos (de las gitanas toxicómanas no hablan). Algunos de estos, una vez desenganchados se convierten en encargados de continuar esta labor: "....cada centro evangélico, cada iglesita nuestra es un potencial desenganchador, ¡valga la expresión!. Ahí, pues, nosotros con la fe evangélica, y también con unas personas que han sido toxicómanas, pero que ahora ya no lo son, y que son verdaderos bastones o ayudadores para sacar. Y tenemos a jóvenes especializados en este tema, para que, bueno, si tiene que estar quince días, un mes, dos meses están, están y nosotros proveemos de los fondos para que sus familias en esos dos meses que no trabajan estos jóvenes, pues, puedan comer y puedan tener lo necesario. De hecho he tenido un centro durante años que se llamaba Casa de Pan, es un centro nuestro y allí hemos tenido a muchos jóvenes toxicómanos que han quedado totalmente liberados (....) Hacemos una línea de prevención importantísima...." El traficante es considerado verdugo y el toxicómano, víctima, por ello no puede entrar en "el culto" quien trafica con droga: "...pueden formar parte del culto los que son víctimas o sea los que están sufriendo en sus carnes pues el terrible equivoco de haberse metido por esa puerta negra, y que de alguna manera quieren salir y que no pueden esos si que le damos cabida. Aquellos que trafican no les dejamos entrar..." En general, se reconoce que "el culto" ha paliado parte de los efectos de la crisis social en algunos espacios en que la desestructuración familiar, la marginación, las drogas estaban presentes, y con ello ha salvado a la población gitana de la aniquilación: "... se puede decir que el Evangelio, yo cuando vine a éste barrio de Las Liebres, este era un foco de droga, aquí veníamos y estaba por ahí la gente a montones como átomos, como montones de borregos, por ahí pinchándose (...) Se ha hecho el culto, y aquí se erradicó la droga total, aquí está limpio total. El pueblo gitano está haciendo una obra social que jamás, jamás, lo lograría cultura alguna, nadie, lo logra Dios, el evangelio que es el antídoto más fuerte contra marginación, contra pobreza, contra enfermedad, contra la droga, es un antídoto tremendamente rico..."
3. Ciudadanía, derechos sociales y económicos Desde el grupo Barañí partimos de una concepción de la ciudadanía como aquel conjunto de prácticas que definen a una persona como miembro de pleno derecho dentro de una sociedad, si bien habría que diferenciar entre los derechos formales y los substantivos. En el primer aspecto, la ley ampara la igualdad formal de todos los individuos que conforman una sociedad y se adscriben a un Estado. El reverso de estos derechos formales es el de la obligación por parte de las instituciones públicas que deberían responder a las implicaciones de participación que estos derechos confieren. En el segundo aspecto, la ciudadanía como modelo de inclusión a la totalidad de los habitantes se posibilita con la extensión real de los derechos sociales para el conjunto de la población: ". Si hubiera una sociedad un poco posible, ellos mismos por principios tenían que dar acceso a los derechos a aquellos que no conocen sus derechos, que leche, pues yo sé que soy español, que yo nací en España y que tengo derecho a vivienda y que tengo derecho a un trabajo." El modelo de legitimación según el cual todo el mundo es sujeto de una igualdad formal de tratamiento, y que se basa en la creencia en la validez del ordenamiento legal por el que todas aquellas personas habitantes del territorio español son ciudadanas y por ello participan de los derechos sociales independientemente de sexo, etnia o religión (4), es el referente continuo de las demandas de los y las entrevistadas. La democracia constituye en este sentido un hito importante de cara a la extensión de los derechos sociales a todas y todos los habitantes del país, constituyendo la integración en la Comunidad Europea un elemento favorecedor para que estos procesos se extiendan a la población gitana. En general, acatan la ley escrita paya que se percibe como paralela, en absoluto opuesta a la gitana. La relación entre los diferentes tipos de autoridad aparentemente no es conflictiva sino todo lo contrario, es complementaria: "...nosotros estamos en un país en el que acatamos las leyes, en el que las respetamos (...) creemos que son buenas que nos ayudan a convivir (...) que hay unos derechos, que hay unos contra que hay unos pro y que de alguna manera lo acatamos y lo respetamos y lo seguimos. Pero no por eso vamos a dejar nuestras leyes paralelas tradicionales de nuestros ancestros en los que no hay, no hay querella entre la ley natural del estado español y la ley nuestra. O sea nosotros de alguna manera es una ley no escrita, es una ley verbal." En ocasiones, se producen alianzas entre el orden payo (la policía) y el gitano (pastores, hombres de respeto) para enfrentar conjuntamente la venta de drogas ilegales. Así, en algunas ciudades pequeñas la comunidad gitana ha podido controlar a sus miembros para erradicar la venta de drogas ilegales. En las ciudades grandes los lazos sociales son más débiles dentro de la propia comunidad gitana y ha sido más difícil hacerlo; en algunas poblaciones lo han logrado con éxito: "... Hay ciudades en España en los que no se permite, claro ciudades más pequeñas que Madrid, si en Madrid hubiéramos tenido la prevención de habernos juntado de todos los barrios y de todos los distritos y de todos los sitios que hay comunidad gitana, los gitanos mayores lo hemos hecho como se ha hecho en León, en Aranda de Duero, se han juntado a los viejos que tienen familias muy grandes detrás, se han puesto en contacto con la dirección general de policía o con el comisario jefe y cualquier brote que hayan visto de cualquier gitano que haya intentado vender, vamos ha salido de allá echando fu, claro, de ciudades pequeñas que se pueden controlar bien, incluso con peligros de enfrentamientos de familias de aquellos que querían vender y que las mayorías de familias de respeto no lo han permitido..." Los y las entrevistadas reivindican su pleno derecho a ser ciudadanos, este acceso a los derechos de sociales, a la ciudadanía plena es lo que asegura la supervivencia de la comunidad gitana: "...yo quiero criar a mis hijos como cualquier niño que tenga los mismos derechos de cualquier niño...." Se resalta la necesidad de que todos y todas las gitanas conozcan sus derechos para con ello poder reivindicarlos: "...porque pues no hemos tenido conocimiento de nuestros derechos, nos ha atropellado (...) el abuso que ha habido siempre es que el gitano no ha conocido nunca sus derechos...."
3.1.- La educación En general, los y las entrevistadas dan un gran valor al acceso a la educación, sobre todo para sus hijos; es el paso primero y fundamental para lograr otros derechos sociales. El racismo ha limitado su acceso a la educación, y, aunque cada vez más diferido, continúa existiendo si bien cambian las formas en que se expresa: "... hace mucho tiempo no nos admitían en los colegios (...) Debido a ese racismo nosotros no nos hemos podido integrar a la sociedad, no hemos podido tener estudios [...] las cosas cambiaron nos fueron admitiendo un poco más, pero con todo y eso sigue ese racismo...." Se relata cómo en los años 60, casi la totalidad de los gitanos eran analfabetos: ".yo no he logrado nunca entender porque la diferencia, posiblemente cultural si porque el 95, el 98, o el 99 % de aquel tiempo éramos analfabetos ..." Los y las gitanas han sido excluidos y marginados de una sociedad que ellos también han contribuido a construir. No hablan de acceder a la educación sino de reintegrar a los niños a un orden a que pertenecen por derecho propio y del que han sido excluidos y excluidas: "...la reintegración de los niños a los colegios..." Se denuncia que en los colegios públicos en que hay una gran concentración de niños y niñas gitanos a nivel pedagógico estos niños/as no son atendidos, acceden al espacio pero no al servicio, entran en la institución pero no pueden participar de ella. "No les dan clase" aunque pongan todos los medios a su alcance, lo que se convierte en otra forma de segregarles en el acceso a la educación: el sistema educativo margina desde dentro dando menos atención a los niños y niñas gitanos. Se señala con ello el peligro de que algunas escuelas se transformen en guetos educativos: "...aquí en el Giner de los Ríos yo pues ..... demasiado pues parece que como va mucho gitano, pues parece que los meten en una habitación y no se preocupan por el estudio de los chicos ni por notas, o sin notas o si tienen un nivel inferior a su edad (...) a estos niños no les han dado clase (...) todos los días al colegio pero no les han enseñado nada (...) como va mucho niño gitano pues pasan automáticamente..." Se relata alguna experiencia de cómo es posible que los niños y niñas gitanas se integren en el medio escolar con plenos derechos, accediendo realmente a la educación: ". Tengo una con 11 años y es que no sabe ni la o de un canuto. Ha estado aprendiendo aquí en este nuevo colegio, que le han puesto apoyo, que le han dado más horas de lo debido tiene... yo digo fenomenal, lo que no han hecho en siete u ocho años lo han recuperado en un año..." El no tener un nivel de formación mínimo se percibe como una desventaja para la posterior inserción laboral, por ello, consideran importante que sus hijos finalicen la formación reglada y aprendan como los demás niños y niñas. El acceso a la educación se acepta como la única forma para conocer sus derechos de ciudadanía y ejercerlos, y de asegurar la supervivencia de su cultura: "... yo tengo ahora mismo al hijo en un instituto, si puede ser que ese niño termina sus estudios, pues será un gitano pues claro que sí, pero luego su propia cultura le prohibirá vivir así, así es la sociedad, si pero no ha sido el establecerse en un sitio, convivir con el español es ya irse al colegio y desarrollarse, y cuando ya llega a tener la carrera, si es que la termina, y un día llega a ser algo, pues no se lo deberá ni al gobierno ni nadie, se lo deberá a sus deberes sociales, no hay más."
3.2. El trabajo
Las dificultades en el acceso al empleo En el mercado de trabajo se manifiesta de forma explícita el racismo tanto de forma directa, a través de los tópicos más estigmatizantes, como de forma más difusa, con mecanismos más sutiles. La imagen social que les representa con "fama de gandules", se traduce en las prácticas cotidianas en una forma de negarles la integración en una sociedad en que el trabajo es una vía privilegiada para estar dentro de ella con plenos derechos. Sin embargo, acceder al empleo, aunque sea en peores condiciones laborales o salariales es una conquista, un logro social para la comunidad gitana: "... el gitano quiere trabajo, trabajo digno y no quiere ganar dinero por el morro lo justo para vivir (...) Sí el gitano también vale para trabajar, si tenemos manos, pies, tenemos cabeza, oídos, tenemos todo igual que un payo...." No pueden acceder a trabajos asalariados porque se encuentran en inferioridad de condiciones por no haber accedido a la formación y especialización necesaria, y, debido a la discriminación existente, sus diferencias culturales les limitan el acceso a la formación reglada y a la ocupacional: "...hay mucha juventud gente sin estudios, gente sin oficio sin ninguna profesión que no tiene otra forma, nosotros nos casamos muy jovencitos que a los 18 o 20 años nos casamos, tenemos un niño (...) pues hay que buscarse la vida, el caso es que hay niños pequeños que tienen que comer..." Por ello, las posibilidades de empleo se reducen prácticamente al autoempleo: "... ahora mismo yo tengo unas peleas muy intensas con tanto como directivos del INEM o como con directores de empresas, porque cuando vamos a hacer cursos con nuestros jóvenes gitanos, nos dicen o nos requieren, normal pa` la mente de ellos, que tengan un nivel académico que la mayoría de nuestros jóvenes gitanos ni lo han olido. Entonces claro, hoy en día con los aparatos de informática, con la capacitación profesional que se está pidiendo, dado que el gitano en su mayoría es vendedor ambulante y los mercadillos están a tope, cubiertos (...) hoy desde la legislatura actual, es imposible. Es más fácil que te toque un bonoloto o una ONCE, que te toque un mercadillo. Es que es imposible, un puesto es dificilísimo..." El acceso a la formación, a conocer un oficio, permite la integración laboral pero esto es algo a lo que potencialmente podrían acceder los jóvenes; sin embargo, los adultos carecen de ésta formación profesional por lo que tienen perspectivas poco halagüeñas de lograr un empleo. Aquellos jóvenes que han podido acceder a la educación, al menos la básica, pueden encontrar algún tipo de trabajo asalariado, como son los oficios que requieren poca cualificación: "...casi toda la juventud de ahora sabe escribir y leer correctamente aunque no tenga carrera, sabe escribir y leer correctamente y se pueden enchufar de camareros, de ayudantes de almacén, de cualquier cosa, y hay cantidad de gitanos ya trabajando como un payo, como uno más, pero aún queda un montón de gente que aún sigue vendiendo, que no sabe hacer otra cosa (...) Para mi gente mal, porque la venta ambulante, cada día se esta poniendo peor, cada día se esta castigando más, cada día hay menos posibilidad de tener mercados, mercadillos y es que hay muchísima gente y es que no se sabe hacer otra cosa y [no] es que no quieras es que no sabes hacer otra cosa..." Se produce un trato discriminatorio en los procesos de selección de personal, sobre todo en las entrevistas de trabajo, momento en que más priman los elementos subjetivos: "...he hecho muchas entrevistas de trabajo y no he llegado ni a terminar la entrevista, ha sido presentarme al despacho, ponerme a hablar con la persona responsable en ese momento de hacer las entrevistas y a la mitad, decirme bueno, ´bueno déjeme sus datos y ya le avisaremos`, hasta la fecha, sí hay mucha discriminación ..." Aún accediendo a un empleo y siendo contratados deben demostrar que no son delincuentes, esto es una forma de racismo más sutil que está muy arraigado en la sociedad: "....es cierto que en las empresas hay mucho racismo, que no sea directamente, pues porque el jefe quiera o no quiera a un gitano trabajando, que sea porque el cliente que compra el producto o las casas que tenga que ir pues no te quieran..." En general, las y los entrevistados creen que único empleo que las mujeres gitanas pueden desempeñar es el servicio doméstico, trabajos de limpieza, pues no tienen ni capacitación ni expectativas de hacer otra cosa; tanto las entrevistadas como los entrevistados asumen este hecho con naturalidad. Además, les resulta muy difícil encontrar un trabajo por el estigma existente hacia los gitanos: " . Si les pides trabajo, porque eres gitana, no te lo dan..."
Las políticas de empleo Los y las entrevistados demandan programas de integración y de apoyo a la inserción laboral, tanto para el empleo por cuenta ajena como por cuenta propia. Quieren trabajo, pero trabajo con derechos y regulado: "...hay que ayudarlo a integrarlo, y si tiene problemas económicos hay que buscarle un curro, y si no darle un puesto, darle un permiso que pueda vender libremente, y verás cómo el gitano no hace nada. O que, ¿se piensa que al gitano le gusta estar perseguido por la policía?..." Una mayor regulación de los mercados y mercadillos, mejor distribución de las licencias entre las familias gitanas, legalizar y controlar este aspecto sería una alternativa para la subsistencia de la comunidad gitana. Este ámbito debe estar regulado y normativizado como cualquier otro espacio de la vida social: "....porque al libre albedrío de los vendedores tampoco puede ser, porque eso seria un caos, eso es cierto. Con un orden, con unas normas, con unos gastos, ¡tío que lo legalicen!...." Los programas específicos de formación e inserción sociolaboral (orientados y adaptados a colectivos específicos en dificultad social) pueden ser muy adecuados al favorecer la inserción laboral, pasando por fórmulas de economía social, hasta lograr la disciplina laboral que se pide en los empleos asalariados. Uno de los entrevistados valora como muy positiva la experiencia de un programa socioeducativo: ".... hice un curso del proyecto IMI, con ..... ahí aprendí un oficio, carpintero y ahora me gano la vida de eso con la ebanistería, he trabajado montando cocinas...."
3.3. La vivienda La noción de que el espacio social y el espacio físico están íntimamente relacionados, y que vivir en espacios urbanos integrados, materializado en tener una vivienda en altura (es decir, un piso en un edificio), se percibe como un sinónimo de estar, al menos espacialmente, integrados en la sociedad: ".viviendo en un piso como las personas, el único gitano en el bloque, se lleva bien con las personas (...) Viviendo como las personas, integrados a la sociedad (...) No viven en chabolas, que viven en un piso en la sociedad, como cualquiera, que se llevan bien con los vecinos (...) Les han dado sus pisos, ahí les tiene viviendo en la sociedad..."
Las políticas de vivienda En general, se realiza una fuerte crítica a las políticas de vivienda, lo cual se expresa particularmente a través del malestar e impotencia con que viven la imposibilidad de conocer cómo y por qué criterios se hacen los realojos. También se suma a esto el "olvido institucional" de escuchar sus demandas y preferencias, lo, que genera una actitud de resignación. Se perciben tan arbitrarias estas políticas que los procesos de realojo se viven más cómo un sorteo azaroso o una dádiva que como un derecho propio. La lógica de la adjudicación de las viviendas sociales y el funcionamiento del mercado inmobiliario tiene como efecto el reagrupamiento espacial de esta población: "... pues aquí vivo sólo con mi hermana, porque no está mi madre, mi madre vive en el piso de Palomeras. Yo quisiera que me lo dieran en Palomeras para estar mas comunicada con mi madre, por mi niña, pero no, es imposible que me lo den ahí (...) porque dicen que no podemos elegir sitio, donde nosotros queremos, es donde nos toque..." Las políticas de vivienda han creado y crean guetos, frente a esto los y las entrevistadas demandan que la comunidad gitana sea integrada espacialmente en la sociedad en su conjunto, repartida por la ciudad. Los poblados, los espacios segregados impiden ejercer la ciudadanía a sus habitantes, lugares donde se reproduce la exclusión y la pobreza: "...meter por cada bloque un gitano y veras como el gitano se integra a la sociedad si se hace otro poblado en las mismas condiciones ahí pues estamos en las mismas, los Pitufos, las Rosillas (...) Aíslan al gitano lo aíslan, como quieren que el gitano se integre a la sociedad, si los están aislando en barrios, los están marginando..." Se percibe como una política agresiva que les expulsa de sus chabolas y les prohibe asentarse. Denuncian que en el diseño de los realojos no participen las autoridades representativas (sus pastores, sus hombres se respeto...) sino que son aquellos sectores de los gitanos con más recursos para mediar quienes lo hacen sin contar con la participación del resto de la comunidad gitana, o también se trata de mediaciones realizadas por trabajadores sociales payos o por agentes institucionales. Desde las administraciones públicas se han realizado censos de chabolas los cuales son percibidos en el interior de los poblados positivamente, pues esto supone la posibilidad de un realojo y con ello una vivienda digna. Paradójicamente, el ser categorizados como marginales les permite el acceso a las prestaciones que pueden mejorar sus condiciones materiales de existencia, pero con ello se refuerza su dependencia institucional, y por extensión el control por parte de las instituciones, relegándoles al espacio de la exclusión social: "...aquí ahora mismo políticamente hacía falta ya hace dos años que hubiera tenido que dar esa placa de barrio marginal, hacer un censo de las chabolas, que lo han hecho, enumerando las chabolas que hay para que en su día le den chabola o vivienda. Pues nada, han venido aquí hace poco enumerando las chabolas...."
3.4.- La participación social y política Los y las entrevistadas se perciben como una minoría étnica y cultural, alejados y marginados de la participación política por este hecho, únicamente cuentan como votos en los procesos electorales: "... no hemos tenido nunca voto para nada, ahora que entraron los socialistas fue cuando empezaron los votos en España, ellos si nos nombraron como españoles para votar, y de ahí han comido todos, la derecha y el otro. Y ahora pa' echarte en una chabola, para darte una vivienda ¡no! Pa´eso no cuenta, para echarte de la chabola en cualquier momento. Pero como lleguen los votos ´¡que majos!`, nos cuentan como vecinos y como español, la cartillita y ´vete a votar`, y luego a los derechos no hay razón ninguna..." La población gitana no tiene experiencia de organizarse de forma colectiva para defender sus derechos, por ello, nunca ha sido percibida como una amenaza. La situación de los negros en EEUU, donde existe opresión étnica por todos reconocida, tendría algunos elementos en común con la situación de la población gitana en el Estado Español, a diferencia de las y los gitanos que no están organizados para reivindicar sus derechos, ni siquiera como grupo de presión, porque además de su larga historia de no participación social y política en la sociedad paya, se trata de un grupo tan minoritario que no pueden lograr una respuesta social contundente como la que realizan los negros en EEUU: "...creo que como españoles, tenemos derecho a ser españoles, ahora que yo he nacido en España, me voy a morir en España, mis hijos han nacido en España y se van a morir en España y creo que como españoles tienen derecho a unas cosas, tienen derecho a lo que cualquier español. Yo he dicho en algunas discusiones, si en España fuéramos tantos como en América los negros, aquí en España la persona civil tendría un poco más de respeto porque habría muchos palos." Los gitanos apenas tienen acceso directo a las instituciones, excepto a la asistencia social, por ello aparecen mediaciones sociales que autorizan cierto intercambio entre los gitanos y las diferentes instituciones. La evolución de estas mediaciones desde los años 60 a la actualidad se caracteriza por el hecho de que la mediación ha pasado de ser realizada exclusivamente por payos a un incipiente y progresivo protagonismo de las asociaciones gitanas. Las mediaciones sociales payas que se realizan desde los años 60, cuando se producen importantes asentamientos chabolistas procedentes de migraciones del ámbito rural, son protagonizadas por ciudadanos implicados en la extensión de los derechos sociales más básicos, como son la vivienda o la educación, a estos asentamientos gitanos: "... hay un payo que es el que se destaca entre esos cinco pues ese es el que mueve el. los hilos para que le concedan al gitano, lo que esta pidiendo (...) un payo de esos, es arquitecto, es abogado, es una personalidad, y ese hombre cuando han ido a pedir algo, alguna cosa al Ayuntamiento, al Gobierno, siempre es el que ha escrito, el que ha dado la cara...." Las personas que establecen la relación con la administración tienen un capital cultural, social y simbólico de que carecen la mayor parte de los gitanos/as para relacionarse directamente con las instituciones: "...él nos autorizó, o pidió las autorizaciones en organismos, en los organismos oficiales de entonces, nos pusieron la luz, nos pusieron transformadores gratuitos, claro (...) Aquel hombre hizo mucho por los gitanos, mucho, mucho, lograron el permiso para levantar las chabolas, para hacer chabolas, nos pusieron la luz, gracias a él (...) También nos ayudó mucho en la reintegración de los niños [en los] colegios."
La mediación social a través de las organizaciones gitanas, es reconocida por las diferentes voces de los y las entrevistados, si bien se les limita el reconocimiento del ámbito de actuación al plano cultural. Existen dos motivos: uno más explicitado, y es que estas asociaciones son percibidas como expresiones de la clase media gitana, que gozan de mayor calidad de vida y capital cultural para relacionarse y ser reconocidas institucional y económicamente por el gobierno. Y otro más latente, es el caso de los pastores, porque se viven como posible competencia en relación con su papel en las poblaciones gitanas (argumentan los pastores que ellos sí están presentes en la comunidad gitana más marginada, la de los poblados chabolistas, mientras que los miembros de las asociaciones gitanas trabajan más hacia la relación con las instituciones, por lo tanto son percibidos como más vinculados a los intereses gubernamentales que a las necesidades de la población gitana más marginalizada y empobrecida). Así, uno de los pastores entrevistados afirma: "... las asociaciones gitanas están ahí dándoselas de señoritos, como que conocen el mundo gitano, es mentira, es gente son gente que... no hay hombres con esa experiencia trazada, son gente de aquí de Madrid que viven en cuatro chabolas, que les han dado un piso que están en esa asociación, que están cobrando un jornal rico de parte del gobierno, que no solucionan nada nadie. Yo todavía no los he visto dar la cara en ningún sitio, ni ir a defender una población marginal ni un levantamiento de chabolas, no, ahí están, no se que provecho tiene el gobierno con (...) pero ahí están..." En general, los y las entrevistadas perciben a las asociaciones gitanas como lejanas, si bien se valora mucho su trabajo, y en algunos aspectos son instrumentos en que se apoyan para acceder a derechos como la vivienda, el trabajo o algún tipo de formación.
3.5.- Las políticas sociales asistenciales Las políticas públicas se perciben como ineficaces por su unidireccionalidad y por la falta de conexión con los intereses reales de los gitanos. Se observa que en general, en los servicios sociales prima un modelo de integración social que oscila entre el paternalismo asistencialista y el control social. La concreción de este modelo se plasma en el Ingreso Mínimo de Integración (programa IMI en la CAM), prestación económica diseñada para los grupos sociales desfavorecidos y a través de dicho subsidio tienden a intervenir en sus vidas cotidianas: "...yo con mi ayuda yo me mantengo con mi hija, no voy a estar pa´ pringarme pa´, pa´, dos miserias y entonces te conviene mejor esto y aprender a leer y escribir, antes de meterte allí, porque esto te ayuda mucho pa´ no meterte otra vez en jaleo..." Este modelo de políticas orientadas a la asistencia individual encierra el peligro de reproducir las asimetrías sociales o que se generen procesos de dependencia institucional: "... no es coordinador solamente del personal o de la plantilla que está trabajando con él, es el coordinador (del poblado), tiene que coordinar la vida de la gente que hay aquí, que está bajo su tutela, si cabe la expresión, él es aquí, el que pone la luz, el que manda poner una bombilla...". Como consecuencia, la única demanda que formulan al respecto algunas de las personas entrevistadas, perceptora de este subsidio, es la de que se incremente la cuantía de la prestación recibida: "....tenían que subir esta ayuda porque esta ayuda es muy bueno, porque con esta ayuda uno dice pues yo me mantengo (...) con esta ayuda, que debían subírtela un poquito porque no me llega a escasez de nada, estas siempre a lo que te pueda llegar, y con esta ayuda si te la sube el gobierno, pues hay menos negocio porque claro te mantienes con tu ayuda y bueno..." La marginación se institucionaliza y se expresa con frecuencia en políticas sociales de control que regulan y reproducen los diferentes ámbitos de la vida. A partir de este hecho, más que paliarse, se regeneran los procesos de exclusión social. Desde la impotencia, un entrevistado (que no depende de la asistencia social) denuncia que se gestionan estas prestaciones de forma arbitraria y no como un derecho que les corresponde tener, así como el control burocrático que conlleva: "... se han inventado todo eso de la integración social, el IMI ese que hay un atajo de mentecatos entre las personas que han nombrado de asistente social y todas estas cosas. Es una gente incompetente, es un personal ¿como decirle?, burocrático, no es una persona con un corazón dispuesto a ayudar, no, ellos tienen un, tienen un escrito y dicen ´si no hace esto... se lo quito, esto tiene que ser así o se lo quito`, ¡ni leche!. Yo el otro día me fui donde una joven aquí, no le voy a decir el nombre (...) tuve que decirle: ´¡eh! a mi no me perdona usted ni nadie nada, yo ando por el mundo así, si alguien ha conocido, ¿usted lleva mucho tiempo con los gitanos?`. ´Si, 7 u 8 años`-me dijo. Le digo: ´bueno, usted entre todos los gitanos que haya conocido, un gitano que anda estrictamente en la ley ese se llama (...) ¡eh! conmigo no se confunda usted porque yo tengo una paga no contributiva, me quedé viudo hace 8 o 10 meses, claro las hijas no quieren que este sólo, entonces yo me he venido aquí con mi chica, pero no estoy empadronado aquí ni mucho menos`. Y, claro, yo lo primero que hice fue irme a la Comunidad de Madrid y hacer constar mi estado, ´me quedo viudo, y no quieren que esté en el chabolo que tenía. Entonces me quedo donde mis hijas`. Y, ´¿qué tiempo va ha estar usted?`. ´Pues no lo sé, tres meses, seis meses, un año, no lo se, el tiempo` (...) ´le mostraré que aquí no hay nada oculto que no tapamos nada a nadie`..."
4.- El problema: las drogas ilegales Las drogas ilegales, el consumo y, sobre todo, la venta han generado un punto de conflicto importante tanto dentro de la comunidad gitana como en la relación de esta con la sociedad en su conjunto. El mundo de la droga es un mundo cerrado, autosostenido, fenómeno de aparición reciente dentro de la población gitana, integra en espirales de marginación a los que están fuera de las estructuras normalizadas de la sociedad, fundamentalmente del mercado de trabajo: "... la droga no la hemos conocido nunca, si la droga es de una aparición muy reciente, entonces ocurre es que, no es disculpar al gitano, pero de alguna manera nos encontramos ahora mismo en una sociedad en donde si no estas preparado y si no estas en ese circuito y de ese nivel es muy difícil de que puedas entrar..." Las problemáticas en torno a las drogas ilegales se han mitificado como la causa de la destrucción de la cultura gitana. La droga es como una epidemia, el fin de la cultura gitana, "herramienta de destrucción", es el mal absoluto: "...la droga nos ha hecho y nos esta haciendo muchísimo daño, nos ha destrozado..."
El negocio de la venta de drogas ilegales La venta de drogas ilegales tiene un efecto negativo sobre la imagen de los gitanos, sobre todo por cómo son percibidos desde el conjunto de la sociedad (como vimos anteriormente). Se reconoce en la venta una forma de sustento, que enriquece a unos y causa grandes problemas a otros, pero insisten que se trata de una pequeña minoría. Hay un fuerte rechazo a esa imagen de los y las gitanas como vendedoras de drogas: "que hoy el gitano ha desprestigiado al gitano eso es verdad con esto de las drogas ha habido gitanos que han hecho la ruina ..... hay gitanos que se han enriquecido con ese oficio pero que digo, no todos somos camellos..... hay hombres que deseamos estar integrados en la sociedad y que contaran con nosotros como españoles..." La venta de drogas ilegales contribuye a reforzar la segregación étnica y esta es "la ruina del pueblo gitano". Por ser una actividad ilegal, ilegaliza al conjunto de los gitanos respeto al resto de la sociedad. Los grandes traficantes, que por lo general no pertenecen a la población gitana, introducen las drogas ilegales en el país y buscarán en los enclaves marginales a los distribuidores a pequeña escala de la mercancía, ofreciendo una gran rentabilidad en su comercialización, si bien con altos riesgos. Aquellos que entraron en este negocio (que beneficia fundamentalmente a los grandes traficantes), se enriquecieron rápidamente lo que en un pueblo muy pobre con escasas perspectivas de subsistencia resulta atractivo. Incluso con experiencias de cárcel, algunos han continuado vendiendo drogas ilegales, pues es una salida frente a la falta de alternativas económicas: "...porque no todos los que viven en los barrios que son camellos tienen dinero, que están papeleando para vivir." Por ello, una vez cumplida su condena en muchas ocasiones vuelven a la venta de drogas ilegales, asumiendo nuevamente el riesgo que éste implica: "... esa gente sabe bien con quien trata y buscaron a los marginados a los barrios muertos, a los barrios bajos y ahí fue que empezaron a ofrecerles el género ese, ellos probaron y han visto que se han estado enriqueciendo (...) Eso fue un negocio tremendo, un negocio tremendo, y el que le gustó y empezó a vender, y empezó a ganar, pues aunque haya caído preso, los tíos, los hijos, la familia, lo siguen vendiendo porque han visto una ganancia tremenda, hay hombres de esos que han hecho un capital enorme, donde lo tienen metido, ellos lo sabrán que han hecho con eso ellos lo sabrán, lo que si puedo decir es que salen de cárcel y siguen con el mismo negocio...." Entre los y las entrevistadas se oscila entre la comprensión y la más dura crítica: se comprende como una alternativa de supervivencia, aunque se trate de la vergüenza del pueblo gitano, sobre todo por la desestructuración familiar y comunitaria que conlleva: "...bueno, como en todos los negocios, hay personas que se buscan la ruina en vez de prosperar, cuando se dan cuenta tienen un puñado de años de cárcel detrás esperándolos, y ellos pa´...pa´... y bueno se van a la cárcel y si hay muchos casos que están el padre, la madre, los hijos, las hijas, todo el mundo preso, hay críos abandonados en los barrios que los mantienen porque hay familia..... y los críos siguen vendiendo, esa es la vergüenza del pueblo gitano..." La venta de droga aparece sobre todo como una salida ante la falta de alternativas legales para la supervivencia: "... entonces el dinero fácil y la dificultad de poder acceder a los trabajos normalizados por la inferioridad de capacitación nuestra, porque como lo que solemos hacer es vender, no nos dejan vender. Los señores agentes guardias son cada vez más altos y más ligeros corren cada vez más, y corren a nuestras gitanas que venden, y a nuestros jóvenes que están vendiendo melones o sandias o cuatro cebollas o limones. Entonces, claro, nos quedan muy pocos caminos y lamentablemente, muy tristemente, hay muchas familias que han optado por este camino que es moverse un poquito en el mundo de la droga...." "...si no me dejan hacer nada, ¿que hacer? ¿Dónde hay dinero? En la droga. Pues a la droga, ¡que le vamos hacer! Pues yo, que amplíen el tema de la venta ambulante (...) si no me dejan de vender, pues trabajar, y si no puedo trabajar pues, robaré y si no pues, venderé droga y si no pues, me dedicaré a... pero mis hijos tienen que comer..." En general relatan, tanto las entrevistadas como los entrevistados, que existe cierta división del trabajo en el negocio de la venta de droga que tiene que ver con la adjudicación de los espacios en las familias: quien se encarga de la venta directa de la droga es la mujer, que está dentro del espacio doméstico. El hombre se encarga del espacio público: la vigilancia en el exterior de la casa y relación de los abogados en caso de detención, así como la búsqueda de dinero para contratar al abogado: "...la que sirve la droga y esas cosas es la mujer y el que paga el pato es la mujer, el hombre siempre se queda afuera para el tema de abogados, le busca el dinero...y la mujer es la que se come el marrón...". Según relatan las entrevistadas, únicamente en este sentido las mujeres gitanas cargan con el delito por sus maridos (y por ellas): "..si yo estoy edificando en mi casa, y yo estoy dos días, y si él se va de juerga, la que me pilla es a mí. El que se escapa siempre es él, y es por eso, porque ellos siempre se van y la que se queda en casa es ella..." Las mujeres entrevistadas lo explican cómo efectos de su posición dentro del espacio doméstico: "... si hay más gitanas que ellos es porque las mujeres estamos más en casa, negocian más en casa que ellos (...) porque ellos siempre se van y la que queda en casa es ella...." Esta situación descrita contradice la creencia que comparten entrevistados y entrevistadas de que sea peor para las familias que estén las mujeres gitanas en la cárcel a que estén los hombres (como se verá más adelante). La realidad que describen va más allá de esta simple preferencia, existen otros factores que se entretejen con las elecciones que pueda hacer la unidad familiar si hubiera una detención, acerca de quien asume la responsabilidad del delito, si lo hubiere.
El consumo de drogas ilegales La adicción a las drogas ilegales equivale a la muerte social de la persona, pues supone una pérdida de identidad personal, convirtiendo a los toxicómanos en seres indiferenciados, en "átomos", "borregos". Existe un gran desprecio y marginación hacia los "drogadictos" tanto payos como gitanos. Por ello, manifiestan preferir que sus hijos estén muertos a que sean toxicómanos: "...Y tengo cuatro [hijos] y lo digo de verdad, que yo antes de ver uno enganchao prefiero que se me muera. Lo entierro y ya, pero enganchao no..." Es recurrente en este sentido la metáfora de la droga como enfermedad, cáncer o epidemia de la comunidad gitana, por ello, la limpieza será la gran cruzada (fundamentalmente, cómo vimos en páginas anteriores, desde el ámbito religioso evangelista): "...no ha habido nada que se pueda comparar con la epidemia de la droga en nuestras fechas.... Nuestra juventud esta acabada, es posible que en esta generación nuestra juventud necesite dos generaciones más para poder sacar la cabeza un poquito, porque la droga no es un invento gitano, la droga es un invento que nos la han exportado y que nos lo han dado y que nos han aprisionado...." Para las mujeres gitanas ser toxicómanas se traduce en la expulsión de la vida familiar:"...hay gitanas drogadictas, gitanas que están, pues hartas de todo de todo tipo desde estar con 40 tíos a ser drogadictas, a fumar, a vivir fuera de sus casas porque sus familias ya no las admiten como tal...".
Las consecuencias para la comunidad gitana Las consecuencias de esta relación con las drogas ilegales para los y las gitanas son siempre negativas: "...de cada casa de las que están vendiendo drogas hay dos o tres drogadictos...". Si bien en algunos casos aumenta su nivel de vida, son menos pobres, también es cierto que se traduce en muerte, enfermedad y cárcel: "...una mujer que trapicheaba en Sevilla un poquito con la droga, con lágrimas en los ojos nos dijo a unos cuantos: ´es verdad que ahora en vez de tener una chabola, tengo una casa, y es verdad que en vez de tener un carro con burro tengo un coche, gracias al beneficio de la droga, pero también es verdad lamentablemente que para que quiero todo esto bueno que yo tengo, cuando mis hijos están enterrados y le he ganado dinero para poder comprar los mejores panteones del cementerio.`" Una generación de jóvenes se ha visto muy afectada por el consumo de drogas adictivas, así muchos están encarcelados, otros han muerto muy jóvenes por sobredosis o por enfermedades asociadas al SIDA: "...tantísimos jóvenes que ahora están en fase terminal con SIDA o están colgados en algún viaje que han dado ó están muertos..." Las perspectivas de futuro nacen de la esperanza de romper esta espiral, se percibe con optimismo el hecho de que las pautas de consumo de drogas se están modificando dentro y fuera de la comunidad gitana, y concretamente, se reducen las nuevas adicciones al consumo de heroína; por lo tanto, se vislumbra la recuperación de la comunidad gitana en el futuro: "...lo que esta cambiando ahora mismo es el hecho de que cada vez los toxicómanos son más mayores, tienen más años y no hay más jóvenes, o sea no hay nuevos ingresos en esas milicias de muerte, no hay nuevos ingresos..."
5.- La marginación criminalizada Según el discurso de los y las entrevistadas existe una discriminación hacia los gitanos y gitanas desde el orden social payo, la cual es estructural porque atraviesa siglos, territorios, clases sociales, edad y género. Muchos de estos aspectos se suman en el caso de las mujeres gitanas criminalizadas. Desde las instituciones públicas no se da respuesta a las necesidades del pueblo gitano más deteriorado, es más se criminaliza a este colectivo por ser pobres y marginados/as, por vivir en las condiciones en que no les queda más alternativa que vivir: ".... a ver qué clase de política tienen porque vamos en esa Liebre o en esa Quinta debería el gobierno poner todas las cosas en bandeja, para intentar corregir un poco eso, eso es un crimen hombre..." Los entrevistados relatan como en los poblados chabolistas marginales, cuando la policía hace registros siempre detiene a alguien, por ello para los habitantes del poblado, redada es sinónimo de detención: "...ellos con coger a un tío preso ya han hecho todo, va la policía hace un registro, pum preso ya, pero ¡leche que así no se soluciona el problema!..." Frente al mismo delito, la policía actúa de forma diferente según se trate de payos o de gitanos: "..he visto gente que ha ido detenida con dos gramos de droga y a lo mejor era para su uso, ha ido detenida y a un payo bien vestido, con un buen coche le cogen con dos gramos y dice que es para su consumo, y ni siquiera lo detienen (...) hay racismo..." Los y las entrevistadas diferencian el tipo de delitos que tradicionalmente se han cometido desde el entorno criminalizado de la comunidad gitana, así describen que se ha tratado de "...pequeñas cosas...", los únicos delitos de sangre que se han producido ha sido por enfrentamientos de honor. Esto lo comparan con los delitos de sangre terroristas o las agresiones que atentan contra la integridad física de las personas, con los grandes robos y con los delitos de cuello blanco. Se señala que los gitanos no han atacado ni destruido la cultura paya ni sus formas de vida, se ha tratado siempre de delitos menores. Además, afirman que la policía conoce estos hechos, sabe el tipo de delitos que nunca comenten los gitanos: "... nosotros, por ejemplo, los gitanos cuando se habla de un robo de 50 millones, eso no lo hace un gitano, cuando se habla de un robo en una joyería eso no lo hace un gitano, cuando se habla de un tiro de un joven que se ha vuelto loco y le ha empezado a pegar tiros a los que están a su lado eso no lo hace un gitano, eso no es nuestro, eso... Hemos tenido encono cuando entre nosotros dos familias ha habido un tema de honor, ahí hemos tenido encono y fricción entre nosotros mismos, incluso cuando de alguna manera algunos han bebido y con el sentido perdido han podido hacer, lo que serenos y con la luz del conocimiento no hubieran hecho. Pero el gitano es que realmente hayan traído bombas y explosivos, que hayan tirado guarrerías, como sucede yo no sé donde, no pues eso no ha sido nuestro (...) tradicionalmente no hemos hecho grandes cosas, no hemos hecho enemigos en masa y no hemos destruido..." Históricamente criminalizados, la venta de droga contribuye a reforzar el estereotipo de delincuentes potenciales: "....ha cambiado con el trapicheo de la venta pequeña de droga, y eso ha hecho que el pensamiento, que la comunidad española, que la población española haya cambiado a peor, por lo general ya nos han puesto un San Benito de hace 500 años que no hay quien nos lo quite..." Los y las entrevistados sostienen en su discurso que el sistema judicial discrimina en función de los diferentes tipos de delito, así existen delitos perseguidos, como el delito contra la salud (sobre todo el tráfico de droga a pequeña escala), y otros son inalcanzables, como los delitos de cuello blanco. Con ello, reconocen que la justicia es selectiva con el tipo de delitos y de delincuentes: ".... los que tienen los guantes blancos están en unos lugares inalcanzables a los que no se les puede echar mano por lo menos hoy..." Los abogados de oficio son percibidos como ineficaces por no dedicarle tiempo suficiente a la preparación de la defensa en los juicios debido a que llevan demasiadas causas: "... no hay defensa, para el gitano o el hombre pobre, no hay defensa, un abogado de turno no hace absolutamente nada, ni para nosotros ni para el payo..." La defensa sólo se considera como tal cuando la realiza un abogado privado, quien se beneficia de este engranaje del negocio de la drogas ilegales pidiendo cifras astronómicas por sus servicios; los y las gitanas están dispuestos a pagar estas sumas si logran reunir el dinero: "...hay una persona presa y cuando un abogado se entera que es por un tema de drogas, te puedo hablar de cifras super altísimas 3, 4, 6, 8 millones depende con la cantidad que te cojan. Entonces tiene que haber una persona afuera responsable para buscar ese dinero porque no todos tienen dinero..." Según los y las entrevistadas, la razón por la que en la actualidad hay tantos hombres y mujeres gitanos en la cárcel es por la droga, tanto venta (salud pública) como consumo (y el delito más asociado a éste: contra la propiedad): "..esa es una verdad tremenda, el motivo por el que de alguna manera hay tantísima población gitana en las cárceles, presumiblemente es en su mayoría relacionado con el mundo de la droga (...) es que no podemos esquivar la realidad que nosotros tenemos, eso es parte de un mapa nuevo con una realidad catastrofista...."
5.1.- Las mujeres gitanas en la cárcel Según los entrevistados, antaño las mujeres gitanas, salvo casos excepcionales (como una pelea o reyerta), no eran encarceladas, debido a que las mujeres apenas intervenían en la vida pública: "....la mujer gitana presa en aquel tiempo no, la mujer ni robaba en aquel tiempo no hacia... podía estar por una pelea o por que había estado en una pelea con el marido o una cosa así, o había habido muertes, o una cosa así, pero es igual, la mujer sino no, la mujer en aquel tiempo no, era difícil que la hicieran presa porque la mujer no intervenía en ninguna cosa, la mujer lo único que hacía en aquel tiempo era pedir...por las calles." No conciben a las mujeres gitanas como posible sujeto criminalizable (el mito del criminal también está presente en la comunidad gitana, como en el resto de la sociedad, en el que una madre de familia no encaja), hasta que su participación en el negocio de las drogas altera esta situación: ".. es por las drogas, esa gente es por las drogas o sino no, la mujer gitana fuera de ese mundo de camellismo, la mujer gitana no es una persona fafarrachera para ir a las cárceles no. La mujer gitana es muy hacendosa, capaz de buscarse un duro por ahí con cuatro claveles, con cuatro flores, echando una buenaventura o pidiendo por ahí. Pero motivos no, para ir una mujer gitana a la cárcel no, no es persona para eso, no sabe, no vale para hacer daño, en cambio una paya sí, una paya puede ser una criminal, una gitana no, para eso la gitana no esta prestada, ni esta preparada..." Las mujeres gitanas criminalizadas no están, por lo general, marginadas por su propia cultura, excepto en el caso de las toxicómanas, se las apoya y comprende, justificando su proceso (de la subsistencia a la ilegalidad). Los hombres entrevistados perciben a las mujeres gitanas como seres que deben ser protegidos, sin autonomía para participar en la vida pública. Según estos, los factores que conducen a las mujeres gitanas a ser partícipes del negocio de la venta de drogas ilegales son externos a su capacidad de toma de decisiones y se debe a que: si el marido consume, ella recurre a este negocio para suministrar la droga; si el marido entra en el circuito de las drogas ilegales, ella también lo hace por contagio, ya sea como vendedora o consumidora; o a raíz de una propuesta de alguien externo a su familia, a lo que ella accede ingenuamente, sin considerar las posibles consecuencias de entrar a formar parte de este engranaje: "...normalmente una mujer gitana no se mete en el mundo de la droga por su propio pie..." Las entrevistadas, sin embargo, manifiestan que es una decisión que asumen como propia, con las consecuencias que implica, aunque se arrepientan de ello: "...las cosas no se hacen a la fuerza, las haces porque quieres, cosa que luego te pesa bien..." Según los y las entrevistadas, el hecho de que en la actualidad tantas mujeres gitanas estén en la cárcel se debe al fracaso de su integración en el mundo laboral y producto de la necesidad de encontrar vías de subsistencia: "...ahora la mujer gitana se ha tenido que echar pa´lante porque sus hijos padecen necesidad, y al echar pa´lante, las que tienen mercadillos pueden ganarse la vida, porque pueden vender y pueden traer las 3.000 mil o las 4 o las 5 o las 2, diarias para su casa. La mujer que está preparada para limpiar, fregar cuando encuentre trabajo, porque ya sabemos como está, llenísimo. Pero es que muchas otras no conocen nada más lo que se hacía y se han tenido que lanzar también a trapichear pues con esas dos papelinas, tres cuatro, cinco y es ahí donde muchas muchísimas quedan pues en la cárcel...."
5.2.- El impacto de la cárcel en las mujeres ex-reclusas Las entrevistadas centraron sus discursos en torno a las consecuencias que para sus vidas y la de su entorno ha tenido y tiene el haber estado presas. La cárcel supone una supresión de la pertenencia al lugar, al espacio en que estas mujeres estaban integradas, por ello, una vez en libertad han debido readaptarse a éste. Las entrevistadas nos relatan como su situación personal y familiar se ha deteriorado tras su ingreso en prisión. Dentro de la cárcel se encuentran fuera del mundo, de su familia, el tiempo se suspende en sus vidas mientras fuera todo continúa, así al regresar a su medio deben readaptarse a la nueva realidad, la muerte o la separación del marido, adicción a la heroína de algún miembro de su familia, y la reanudación de la vida cotidiana con los hijos y el marido.
Prisonización o la gestación de la buena presa Las mujeres entrevistadas relatan como se adaptaron al medio penitenciario realizando un cambio importante en sus actitudes y valores, y también cómo esto ha supuesto para ellas cambios psicológicos importantes. Ser una presa dócil, obediente es sinónimo de ser buena presa, pues lo que cuenta de verdad es ser sumisa y obediente en un espacio donde todo está normado y regulado: "..quiero salir, sabes que tienes tu casa, tienes tu hogar, tienes tus hijos, entonces a través de ahí pues tiene que luchar a buscarte tu redención, a no buscarte partes, a tener buen comportamiento, a lo que te digan... hacerlo, tragar mucho, eh.. a bueno, pues siempre estar aguantando porque ya sabes lo que pasa con.. los funcionarios y las funcionarias... Hay algunos que son bastante majos, la verdad es esa, porque también los hay, a mí también me ha tocao gente muy maja, las cosas como son. Has pedido un favor y te le han hecho, ¿por qué?, porque han visto tu.. como te has comportao, tu trabajo, en fin tus cosas. Hay otros que a la mínima que les digas pues (...) bien y si van a por ti porque les caigas mal, por el hecho de que eres gitana, por el hecho que le caigas mal, va a por ti, por mucho que te escondas, va a por ti. Y ¿cómo?, como sacos te ponen parte, yo gracias a Dios en los siete años no me busqué ninguno (...) lo que pasa es que bueno el adelanto que tienes allí que si tú lo llevas bien, te sabes comportar, no te buscas partes, estás trabajando, tienes tu redención, pues todo va fenomenal y tienen derecho de darte, no es un derecho pero.. te dan tu condicional. No es un derecho, porque eso no es derecho pero por tu comportamiento si te lo mereces te lo dan.[..] en una cárcel hay muy poca ayuda. Ahí te lo tienes que ganar, la libertad te la ganas tú, allí no te la dan nadie, te la tienes que buscar tú. Que te insultan, pues o te callas o de lo contrario ya sabes que te pasa, tienes que tragar muchísimo, no porque no valgas sino porque.. tienes que irte a la calle. De hecho yo en los siete años, Dios gracias, yo nunca di un parte, yo estaba a mi trabajo, del trabajo a mi chabolo, y.. siempre me ajuntaba con gente que yo comprendía que no me iba a buscar ningún.. gente que yo veía que no iba a buscar ningún problema, tampoco les negaba el habla porque .. a las compañeras, pero bueno, hola`, ´adiós`, y sí hay que invitarle a un café se invita y punto.." La encarcelación se traduce para las entrevistadas en miedo, intimidación e indiferenciación, siendo especialmente dura a nivel afectivo: "....es muy duro, cuando se abre la puerta parece que te cierran el corazón...". Se establecen las nuevas relaciones personales sobre la base de la competitividad, la desconfianza o la envidia, pues la cárcel constituye una microsociedad con reglas muy duras a las que se deben adaptar: "...Allí se envidia todo, se envidia un trabajo, se envidia un peculio, se envidia un paquete, se envidia compañeras buenas, o sea que allí es como pues la calle, hay gente buena y gente mala." La cárcel no es para las personas "normales", como madres de familia. Al igual que las funcionarias, las entrevistadas consideran que para las toxicómanas la cárcel es una suerte de espacio de contención, evitando su degradación física al introducir regularidades en su vida cotidiana (comida, limpieza, atención médica..) que fuera no tienen. Para el resto de las mujeres, y cómo escarmiento, es excesivo el tiempo de condena: "..una mujer normal, normal, que sea una madre de familia normal, no debe de estar en la cárcel; debe de estar con sus hijos. De acuerdo que se hace y tiene que pagarlo, vale lo pagamos, pero, la cárcel mira con esto ya, ya te voy a decir todo, la cárcel sabes pa` quién es, pa` los drogaos y pa` la droga. Que se están muriendo en la calle y allí se recuperan, a los cuatro días lo tienes en la cola con la bandeja en la mano y no los conocía yo, porque de feos que pasaban y de delgaos, se ponían guapas y guapos. Pero una madre de familia que hace mucha falta en una casa, y una madre normal, no es pa` que se tire dieciocho años (...) podían dar un castigo, un ejemplo sí, (...) yo estoy en la cárcel pero no dieciocho años. Si con siete, ocho meses la mujer que sea mujer ya sabe lo que es el caminito, yo pienso que sí...." En cuanto a los aspectos socioeducativos, reconocen la ineficacia del tratamiento, la escuela en la cárcel se convierte en un mero entretenimiento, "....y a la escuela también fui a hacer dibujitos y to eso (...) a hacer muñequitos y esas cosas..."; en una forma de redención de condena, o, si tienen opción, participan en los talleres productivos lo que les permite conseguir un pequeño salario: "... en la cárcel también estuve aprendiendo, en la cárcel también estuve viendo, pero algo me convenía porque me daban un día por un día, y entonces me daban y me pagaban como 7.000 pesetas, y entonces me convenía más aquello..."
Consecuencias de estar en la cárcel La experiencia de prisión provoca cambios en la identidad de las ex-presas gitanas, por la necesidad de adaptarse al medio y por la convivencia con otras formas culturales. Lo que nos relatan las entrevistadas da cuenta de un proceso muy complejo: la experiencia de ingreso en prisión altera radicalmente la vida de cualquier persona, que debe aprender y adaptarse a unos códigos distintos, que les ayudan a adaptarse al medio durante el período de tiempo en que transcurre su condena, pero una vez fuera son desadaptativos de cara a su integración en la comunidad de origen, y sobre todo en las relaciones entre los géneros. El relato de las implicaciones que para las entrevistadas ha tenido el estar en la cárcel se centra sobre todo en el dolor por la separación de sus hijos, la culpa por no haberles atendido y cuidado, pero sobre todo cómo se alteran los vínculos entre la madre y los hijos, el haberse perdido la crianza y la educación de sus hijos: ".. di a luz y a los tres días, estaba en casa y vinieron los señores a casa a por mí. Yo nunca huí de nada, estaba en casa, y los niños en el colegio (...) Mi chica no podía venirse. Lo estaba sufriendo yo, eso lo hice yo, ella no tenía porque vivir aquello (....) yo cuando ingresé allí, pues dejé una niña de tres días, hoy la niña tiene siete años (...) La primera vez. Entonces dejé cuatro niños en la calle, dejé uno de doce años, otro de siete, otro de cinco y la niña tres días. Cuando he salido pues ya hombres, ya los tengo casados. Pues pasar, pues lo he pasado mal. Me llamaban la llorona, porque yo no hacía na` más que llorar, pero no porque yo tenía miedo a la cárcel, claro que se tiene miedo a la cárcel porque la cárcel es muy dura, y ahí.. que digan que no tiene miedo miente, la cárcel es dura y tienes miedo, pero yo lloraba más bien, por bueno, porque dejé los niños muy pequeños, cosa que no se pensaban, cosa que te pesa toda la vida, de hecho.. la mujer que sea mujer y piense un poquito como.. como debe de ser, la que cae una vez en la cárcel es muy difícil que quiera caer otra vez. Es muy difícil porque lo pasas muy mal, pues porque no ves a los niños, te falta el cariño de tus hijos, lo pasas bastante mal, estás más bien intimidada, porque.. prácticamente es que lo estás, tienes que depender por lo que dependes allí, [según] llegas pasas te pones el número, y ese número eres hasta que sales (...) a lo primero me ha dolió mucho, pero después, como la chica también me quiere, viene a casa y eso, ya no tengo más remedio que.., tampoco se la puedo quitar, porque cuando me la he traído ha caído mala; se la he pedido tres o cuatro veces, ha caído mala, entonces se la tenido que llevar. Claro por tener yo a la chica no puedo.. quedármela con la.. depresión, que caiga mala o tenga pena. Ya cuando sea grande, siempre mi hermana le ha dicho la verdad, que yo soy su madre, que yo me tuve que ir a trabajar para no complicar a la niña..." Señalan repetidamente el dolor de estar separadas de sus hijos, y la culpabilización que esto ha supuesto para ellas, con el correspondiente daño psicológico: "...lo que más te acuerdas en la cárcel, es de tus hijos.." La familia ha sido el resorte en que se apoyó para depositar la responsabilidad de la crianza de sus hijos: ".. gracias a Dios he tenido unos padres y unos hermanos mú buenos, y se han quedao con mis hijos. Han ido a la escuela, me los han atendido, me los han tenido muy bien. De hecho no han caído en la droga, y gracias a Dios pues los tengo muy bien. Más que claro eso te marca para toda la vida, y te queda para toda la vida. Y yo creo que voy a ser vieja, vieja, vieja, vieja, y eso nunca se me va a olvidar.." Relatan cómo intentaban proteger a sus hijos del dolor y del estigma que supone el que su madre estuviera presa negándoles el hecho: "....Yo siempre salía con ropa de cocina, los chicos me vieron que yo estaba trabajando, yo nunca me arreglé para ir al vis a vis, siempre salía con ropa de cocina, y los niños me veían que yo iba ...Los chicos iban al colegio y hablaban con sus amigos, .. con mi madre, está trabajando, y tal y cual, mi madre trabaja en esto, mi madre me manda esto..." A nivel personal implica cambios en su forma de ver el mundo y de entender la vida, la marca de haber estado en prisión queda en todo: "...a mí la cárcel me ha matao. Yo he sido, yo he sido una persona que me ha encantao reír, jugar y alegría y tal. Y ahora sí, pero no, te marca mucho, mucho, mucho, la pena que siempre.. tienes y te marca mucho (...) Ahora sabes valorar lo bueno y lo malo; cosa que antes no, porque sabía más que lo bueno, lo poquito bueno. Es que ahora como sabes lo que es lo malo, malo, malo, y lo duro, duro, y ahora sabes lo poquito que tienes bueno, lo sabes valorar y lo quieres conservar, para no perderlo, y no volver otra vez a lo de antes. Sino, si tengo que ir a pedir un cacho pan, pues voy; sin vergüenza ninguna, yo te llamo a tu puerta y te digo que no tengo para comer, dame una barra de pan. Yo te pido la barra de pan, cosa que yo no te voy a quitar ni una cartera, ni voy a ir a vender droga (...) Te ves en la calle, pues dices bueno esto ahora es mío, y sabes valorar todo, hasta el vaso del agua que te bebes, lo sabes valorar, de hecho yo hoy lo valoro.." La cárcel produce una importante reducción del estatus social de las personas, así el haber estado presa implica un gran obstáculo, es un dato de su biografía a ocultar, para con ello evitar la estigmatización que supone: ".. no es que me dé vergüenza, porque el delito ya lo he pagado y ya no tengo nada que deber, ¿no?, pero lo que pasa es que es una cosa que no.. no es una cosa en que haya estao presa en .., la palabra esa para mi me pilla.., no pasa nada, porque si estás, pero lo veo tan.. sabes que no.., la verdad es que no me gusta. Si lo puedo ocultar lo oculto, si no tengo más remedio que decirlo vale, pero si lo puedo ocultar lo oculto..." El tratamiento penitenciario a las toxicomanías es represivo, la conflictividad que genera su drogadicción supone un alargamiento de las condenas de las toxicómanas: ".. he visto chicas, he estao con compañeras, y.. pues bueno han estao mucho tiempo, al final cuando han ido a salir han salido enfermas, han muerto, no las han atendido como las tenían que atender prácticamente porque es así, ¿eh?, o sea que.. Y bueno pues.. ha pasao un año y hay chicas que han salido a los tres o cuatro años, ¿por qué?, por los partes, porque.. hay chicas que lo han pasado drogadas. Allí hay mucha droga, allí hay mucho de todo, que se han drogao y se han buscao la ruina. Y pasan para cumplir un año y salen de cuatro y cinco, se desesperan.." Además, cuentan como dentro de las cárceles las drogas ilegales circulan con normalidad, y algunas mujeres, sobre todo las jóvenes, han comenzado a consumir en prisión: "....hay chicas que han entrado muy normal, muy normal de la calle, y cuando han salido pues ya no valen para nada, prácticamente están mal de la cabeza, se enganchan a las pastillas, se enganchan a mil cosas que no deben, y salen mal..." Las mujeres procedentes de entornos marginales chabolistas ven reforzada su dependencia institucional, pues tienen la única expectativa de cara a su subsistencia una vez fuera de recibir algún tipo de ayuda económica. De cara a la vida familiar y comunitaria, las consecuencias del encarcelamiento de las mujeres gitanas se traducen en la desestructuración de la unidad familiar. La mujer gitana es el pilar de toda la estructura doméstica, cuando la mujer no está la familia entra en crisis, si es el hombre el que está encarcelado no afecta tanto a la organización de la vida familiar; por ello, consideran que es peor que quien esté preso sea la mujer a que sea el hombre: "... se sufre mucho más cuando una mujer nuestra va a la cárcel, se sufre mucho más porque una mujer gitana, el marido va a la cárcel, pero si la mujer esta en la casa mantiene el hogar vivo, mantiene el hogar cubierto, esta protegido, están los niños limpios, sus comiditas, su colegio, su belleza pero cuando es al revés que está su marido fuera y ella dentro, es un castillo de naipes que se derrumba, es un desastre, es un desastre (...) y cuando queda el hombre se sufre un stop en ese año, en esos dos años, y si hablamos de más tiempo, ya no hablo de que se sufre un stop, sino de un derrumbe literal de los cimientos de esa casa y de ese hogar, es terrible..." Las mujeres entrevistadas comparten esta opinión de que la familia "prefiere" que sea encarcelado el hombre a la mujer: "...preferimos que vaya mejor el hombre que la mujer, por los niños..." No obstante, muchas veces son varios miembros de una misma familia los que están encarcelados: "...hay muchos casos que están el padre, la madre, los hijos, la hijas, todo el mundo preso, hay críos abandonados en los barrios, que los mantienen porque hay familia..." El recorrido de las mujeres entrevistadas acabó en la reintegración a la comunidad de origen, son mujeres que estuvieron una vez en la cárcel, sin reincidencias; otras mujeres, las hemos entrevistado dentro de la cárcel, no han podido salir de esta espiral, la rueda ha continuado girando y con ello deteriorando aún más sus condiciones de vida. Hemos querido rastrear la huella que la cárcel ha dejado en sus vidas y en las de su entorno, dejar constancia de que el haber estado encarcelada no es una situación coyuntural, de alguna manera se inscribe en los cuerpos y en las vidas de estas mujeres y de sus familias. 1
Sobre el uso del concepto ver San Román, T.: La diferencia inquietante,
Ed. siglo XXI, Madrid, 1997, cap. 2, pags. 84-96. 2
El estudio realizado por Marisa López Varas y G. Fresnillo profundiza
en el análisis del papel de los medios de comunicación en relación con
la comunidad gitana y cómo se convierten en acontecimientos simplificados
y estigmatizantes los conflictos que emergen a raíz de una determinada
política de vivienda. Margen y periferia. Representaciones ideológicas
de los conflictos urbanos entre payos y gitanos. Madrid, ASGG, 1995. 3
Ha sido una constante en nuestro trabajo de campo la preocupación que
nos han transmitido por cómo se utiliza la información recabada en el
estudio, y los efectos que éste prodría tener sobre estas imágenes y estigmatizaciones.
4
Así lo recoge el artículo 14 de la Constitución Española de 1978. |
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de febrero de 2000