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A continuación, se relatan las vidas de seis mujeres presas en
diferentes cárceles de España. Las narraciones han sido
reconstruidas a partir de las entrevistas en profundidad. Hemos seleccionado
aquellos elementos de la entrevista que hacen referencia a la vida de
la presa y que explican su trayectoria hasta llegar a la cárcel.
Nos interesaban especialmente los aspectos que tratan el tránsito
de la vida infantil a la adulta, de la economía informal a la ilegal,
los primeros contactos con la droga y la espiral de criminalización.
Se ha procurado mantener el sentido del relato, así como la expresividad
y estilo de cada una.
ROCÍO
tiene 24 años, no está casada ni tiene hijos. Ha
sido toxicómana, y está condenada por venta de drogas y
hurtos. Es la primera vez que entra a prisión. Fue encarcelada
con 19 años y tiene una condena total de 10 años. Su biografía
no dista mucho de otras tantas vidas ligadas a la marginalidad, la pobreza
y la toxicomanía. En su caso, el ser gitana parece perder fuerza
en la definición de su identidad y de su situación frente
a la drogadicción, la marginalidad del entorno y la desestructuración
familiar a la que la protagonista parece conceder mayor importancia a
la hora de contar su trayectoria.
Yo de primeras tenía que ser catalana pero de rebote nací
en Baleares. Mi padre era catalán y mi madre valenciana. Y no
sé, pues mi padre y mi madre se separaron ¿no? y mi madre se
vino con todos nosotros a Baleares, se vino con once hijos, la más
pequeña soy yo que ahora tengo veinticuatro años y, no
sé, pues mi vida fue así. Un día mi madre nos dejó,
yo tenía doce años y se ella fue y no sé pues,
la verdad, la vida que siempre he vivido pues un barrio, los yonquis,
las prostitutas y la droga y así es como terminas aquí.
En el barrio (viven) payos, los viejecillos, los típicos
viejos que viven allí toda la vida en el barrio, que ni se van,
al revés que te ayudan mucho y luego ya pues todos los gitanos,
y de todo mezclado ahí. Todo, pero todo. Los gitanos que a lo
mejor trabajan de bien, la mayoría venden droga, pero, vamos,
ahí todo es una piña. Ahora ya ni existe el barrio, lo
han quitado y han puesto un Juzgado de Guardia y una comisaría.
Quitaron un solar que era muy grande y nosotros le decíamos El
Rita y El Picadero donde iban los yonquis allí a meterse y han
hecho allí pues... nos han destrozado el barrio, vamos. En medio
de un barrio chino un Juzgado de Guardia y una comisaría ¿quién
se cree que va a ir por ahí andando? Ya nadie, para qué,
si ya no hace falta ni coche ni moto para que te sigan, si te van a
coger así y te van a meter. Pero ellos sabrán.
(Cuando se fue mi madre) yo era la más pequeña, tenía
doce, mi hermano quince y luego ya los demás más mayores,
pero la mitad están todos casados, están todos casados
con payos, o sea que, los ves y no dices que son gitanos, porque una
es médico, la otra trabaja en un bingo, la otra lleva una empresa
de máquina de esas máquinas de construir fincas, máquinas
de esas grandes y bien. Ellos bien porque ellos han salido bien parados
pero los que hemos perdido hemos sido los pequeños. Que somos
las ovejas negras de la familia, vamos, los que nos hemos dedicado a
robar, a drogarnos o a vender droga y muy mal, muy mal porque llegó
un domingo y se fue, ni nos dio explicaciones, algo, por lo menos podía
haber dicho algo, oye, mira que me voy porque me voy con otro hombre
o porque me da la gana, vamos, pero nada. De ella, sí sé
que está en Valencia pero... la he visto tres veces, en los funerales,
claro, de mis hermanos, viene a los funerales. Tengo tres hermanos muertos
de sida en fase terminal, y el otro murió no sé de qué,
en Barcelona. De nueve hermanos y viene, pues eso, a enterrarlos. Ella
sabrá.
(Los hermanos) yo nunca he vivido con ellos. No, porque ellos son
gente que no van como yo, ellos son gente con más, tienen sus
casas, sus pisos, sus hijos, su trabajo y como que yo allí no
quedo bien en la casa esa, vamos. Y tampoco no me llevo bien ni con
mi cuñado ni con mis hermanas porque como ellos no se meten,
no lo comprenden, dicen que yo estaba enganchada porque yo quería.
Ellos se creían que a lo mejor estando en una casa internada
pues ya está, ya te podías quitar, si no tomabas no te
pasaba nada, pero, claro, si no saben lo que es la droga pues no lo
conocen. Y que va, si les veía de vez en cuando, me iba, subía
a comer, a duchar pero nada, visitas de estas de médico, de hola
y adiós, veía a los niños, dos besos y fuera y
tampoco para estar ahí, con una persona que vamos ni se levantan
porque se creen que te vas a llevar... pues me sentía incómoda
pero, bueno, ya veremos ahora cuando salga.
(Al colegio) que yo me acuerde fui hasta tercero, luego no fui,
estaba oculta. Eso de ir es muy relativo, no, no sé por qué
pero no iba, se ve que no me gustaría estar ahí. Con la
guitarra y... estabamos toda la pandilla y por eso nos íbamos
ahí. Lo primero por los porros, empiezas por la tontería,
luego ves a los mayores que hacen otra cosa, que se hacen una raya y
tú ya para ser como ellos, para que te dejen ir con ellos pues
haces lo que ellos y así una cosa lleva a la otra y fatal.
(En el barrio) había un club, un club de niñas que
allí estábamos todo el día jugando por la calle,
se ve que pusieron un club para en vez de que estuviéramos por
ahí golfeando ¿verdad? pues estuviéramos aprendiendo a
coser, a hacer ganchillo, pero aquello era un desastre, nos ponían
a cocinar, ¡Uf en la cocina!. Nosotras estábamos hechas a eso,
a vender chocolate, la que era más mayorcilla, yo con doce años
ya vendía chocolate, a los trece ya probé la heroína
y así una cosa por otra y al final pues "enganchá",
"enganchá" hasta los ojos. Mi hermano preso, la otra
presa y yo me vi sola y ya pues tuve que vender para mi consumo y para
seguir viviendo, si no ¿qué hacía yo? Un gramo allí
costaba veinticuatro mil pesetas. Pues yo de ese gramo tengo que sacar
el doble, tengo que sacar para comprar otro gramo y lo que sobre para
mí, vamos, que para mí no sobraba casi "ná".
Es que algo tenía que hacer. Es que tampoco he tenido nunca ayuda
de decir venga la vamos a quitar, o vamos a meterla en un centro. Si
la hubiera tenido, ojalá la hubiera tenido, no hubiera vendido
a más de una persona, y quieras o no pues las engancha y luego
ya eso, te enteras un día que está muerta, la otra está
presa y es lo que pasa que ahora estamos todos presos, la gente que
yo iba, tanto gitanos como payos, si es que estamos todos presos.
Claro, el problema es que son los payos los que nos dan la droga
a nosotros para venderla, y los que siempre pillan son a nosotros, a
los cuatro pobres desgraciados que lo hacemos para consumir como yo,
por ejemplo, otros pues ya tienen niños y normal porque trabajo
en la calle no te dan. Nada más, por ser gitano ya no te dan,
por mucho que diga la sociedad que sí, pero discriminados a tope,
sin trabajo, siempre los gitanos al mercado a vender fruta o lo que
sea, pero que vas a una empresa y donde sea y qué va.
Yo hacía pases de Palma a Valencia o de Palma a Madrid. Y
sí que lo haces, porque vienen y te ofrecen, si llevas, por ejemplo,
medio kilo de caballo, donde sea, donde lo lleves, y te ofrecen a lo
mejor setecientas u ochocientas mil pesetas, tú lo haces porque
ya ves, un avión ida y vuelta, y así picamos, por tontas.
Y luego, a lo mejor yo estoy haciendo ese pase y por detrás mía
están haciendo el más grande y ¿a quién chivatan?
a mí, por supuesto, porque, si no, no pueden entrar los kilos.
Hay mucha juventud como yo metida así por eso. Porque nosotros
pues lo hacemos, la juventud lo pasamos presa y por otro lado pasa lo
grande y así va.
Hasta que ya pues a los diecinueve años me cogieron, y de
los diecinueve años pues hasta ahora, veinticuatro ya. Son tres
o cuatro causas de condenas pequeñas pero como las llevé
al Supremo, pues luego cuando me metieron pues me bajó todo.
Una por hurto y las otras tres por droga, contra la salud pública
¿no? se dice eso. Me echaron tres años por dos papelinas que
es que eran mías. Es que no estaba ni vendiéndolas, bajaba
de una casa de comprarlas pero como yo no quise decir a quien se las
había comprado, la pagué yo. A lo mejor si hubiera dicho
pues se las he comprado a fulanito, pues pasan de mí y van a
por él. Pero, bueno, como no lo quise decir pues tres años.
Del número de detenciones es que ni me acuerdo. Tendría
yo catorce o quince añitos, pero de esto que te cogen y no te
encuentran nada, te sueltan, así luego te cogen, te sueltan,
y los vas hartando un poco hasta que te cogen y dicen ahora te meto
tráfico, así me pasó a mí, que me metieron
tráfico por la cara. Porque es que el tío me lo decía,
Rocío si es que siempre sabemos que vendes, que haces pases pero
es que no te pillamos nunca. Y yo les dije mientras que a mí
no me pilléis, ustedes a mí no me pueden hacer nada por
mucho que sepan. Y así efectivamente lo hicieron, como ese día
vieron que no me "chivateé" del gitano, el más
poderoso, vamos, pues ahora lo pagas tú, y la pagué, vaya
si la pagué, tres años.
De trabajo así legal con tus papeles y todo eso no (he tenido).
Pero, bueno, tenía amigos míos y a mí lo que siempre
me ha gustado era llevar una sala de fiestas o un bar y sí me
metía así a lo mejor por ayudarlos, un fin de semana,
un mes, te pagaban al día, a lo mejor por la noche cinco o diez
mil pesetas, aparte lo que tú bebieras, eso no lo pagabas. Pero
no, un trabajo así fijo no te lo dan. Pero siempre la droga,
vendiendo la droga y vendiendo. Desde que tengo uso de razón
vendiendo droga.
(El juicio) la primera sensación que te da es que te quedas
blanca, tanta gente ahí y todos en contra tuyo y uno te pregunta
y otro te mira, muy mal ¿no?. El abogado, como era de oficio, pues eso
como que pasa un poco de todo, van a lo que van, a que acabe el juicio,
y ahí estás tú defendiéndote tú porque,
a mí, el abogado, que me acuerde, es que ni habló porque
es que ni habló, él estaba con todo de acuerdo y yo le
miraba y le decía que no, yo quería hablar yo, a mí
no me dejaban hablar. Empiezan a contar la versión, cómo
te han pillado, como hablan esta gente y te quedas así y, luego,
es que la mitad de las cosas es mentira. La Sala bien, los típicos
nervios, la primera vez, la segunda, la tercera da igual porque es una
Sala y te impone porque es que hasta ponen al Juez perfecto, un tipo
serio que te mira así, parece que lo eligen, peor que en las
películas. Hombre, si es que tú no hablas, eres tú
la interesada y luego tú no dices nada, estás de acuerdo
sí, no, pues para eso que hagan el juicio sin nosotras, claro
¿no?, se supone que tú tendrías que defenderte, porque
si el abogado tampoco habla, yo no sé para qué queremos
un abogado de oficio. Porque, a lo mejor, si es de paga, el tío
como se interesa ya por ti, pero si es de oficio, pero para nada se
interesa, vamos.
Me eché un novio aquí, gitano también, se lo
han llevado, está (en otra cárcel). Me escribo con él,
el rollo. Quiere que cuando salgamos pero... no porque él va
muy en serio y me dice que hable con su familia y yo ya conozco el rollo,
una vez que tú conozcas a la familia ya eres de la familia y
que no, no porque él tiene muchos años de condena, él
está por muerte, tiene veintisiete años de condena y yo
no lo voy a esperar, vamos, eso está claro. Me he tirado media
vida en una cárcel y el día que salga me tiro media más
esperándolo. Yo lo siento mucho pero no. No quiero pareja por
ahora, el día que salga pues... algún día la tendré,
si no, me volveré monja. Pero bueno... algún día
me casaré, bueno eso de casarme no, nos juntamos, eso de casarme
a mí no, no me motiva para nada, eso de casarse de blanco y toda
la familia ahí en la Iglesia.
Dicen que esto es para reinsentarte. La cárcel la hicieron
para reisentarte pero yo no creo esa palabra porque de la reinserción
aquí ¿qué hay? Si aquí hay cuatro paredes y te
quitan, si es que te lo quitan todo, si aquí no ves un animal,
no ves a lo mejor un campo lleno de flores ¿no?, tienes que salir de
aquí y tienes que ser peor que un niño tonto, porque hay
gente que sale, hay gente aquí muchas amigas mías y me
dicen, Rocío, yo salgo a la calle y yo alucino. Oigo, a lo mejor,
un claxon y se asustan, es que es normal, no, para mí no es una
reinserción. La reinserción pues tendrían que cogerte,
darte tus coloquios, decirte mira esto así, esto así,
pero aquí te dejan, cuando tienes tu condena te vas. Yo eso no
lo veo bien. No sé, tampoco tantos años, te echan no sé
un montón, yo estoy cumpliendo, por ejemplo, diez años
y medio, venga vale, ni que hubiera matado yo a un torete.
JOSEFINA
tiene 29 años y 7 hijos. Actualmente cumple condena por hurto en
el módulo de madres junto a su hijo menor. Tiene un largo historial
de prisión siempre por el mismo tipo de delitos. En su relato se
aprecia nítidamente la vinculación entre pobreza y cárcel
que se da en la mayoría de los casos. Sin embargo, su historia
es en gran medida diferente a la mayoría de mujeres encarceladas
que hemos entrevistado ya que tanto ella como su pareja han querido mantenerse
lejos tanto del consumo como del comercio de drogas por miedo a los problemas
que esta siempre conlleva.
(De mi infancia) Me acuerdo poco. (Vivíamos en) un barrio
de Barcelona, que es un barrio de gitanos, que bueno que alquilan unos
pisos y entonces la gente se enteró que había unos pisos
allí vacíos y tal y cual, y entonces se metieron todos
los gitanos, mi madre incluida. Estaban cerrás y daron la patada
y se metieron. Allí vamos vivío toda la vida. Lo que pasa
es que dispués ya fueron al ayuntamiento. Nos empadronemos allí
y todas esas cosas, y bueno, a pagar luz y agua, y todo eso.
Yo era la mayor. Mi madre tenía siete niños y la verdad
pues no tenía ningún recurso de ganar dinero y se tenía
que ir a pidir para mantenernos. (También) de la ropa que la
daban, porque la escogía la ropa usá, la más nueva,
y la vendía. Y entonces de ahí se sacaba también
dinero. Mi padre no se dedicaba a ná porque era un borracho.
Fui al colegio. Empecé a los doce años a ir al colegio,
porque claro, como yo era la más grande pues entonces tenía
que ayudar a mi madre, porque yo con mi hermana, con la que va detrás
de mí, me llevo seis años y entonces claro, cuando ella
nació yo ya tenía seis años. Y ya después
ya empezaron a nacer los otros. Y yo, claro, ya tenía doce años
y mi madre, pues claro, con tantos niños pequeños y eso
pues no podía, y entonces yo era la que la ayudaba a ella. A
la casa, a hacer la comida, a cuidarle los niños, a llevar los
niños al colegio, bueno todo eso. Y empecé a los doce
años a ir al colegio. Estuve seis meses, aprendí un poco
a leer y a escribir y ya está.
Yo me escapé con mi marido y entonces no hicieron boda. Yo
tenía quince años (y él era) cinco años
mayor que yo. Entonces bueno, mi madre no quería que me casara.
Dicía que era muy joven y entonces la familia que... bueno con
la familia esa mi madre no me dejaba y no me querían dar. Entonces
yo y mi marido un día nos pusimos de acuerdo y nos fuimos. Entonces
yo como dormí con mi marido ya no me podían hacer boda.
Entonces claro se quedó ahí la cosa. Di que luego a los
dos días vinieron mis suegros, mi madre y todo, estuvieron hablando
con nosotros. Pero ya, claro, ya se quedó ahí. Ya no hicimos
nada, ninguna fiesta ni nada. Es diferente cuando, mi hermana, que vino
su suegra a hablar con mi madre, a decirle: ‘ Bueno, mira, que mi hijo
quiere a tu hija y se quieren casar y tal y cual’. Y entonces a mi hermana
mi madre le tiene que preguntar si ella lo quiere y todas esas cosas.
Entonces, claro, le dice: ‘Bueno, tú, ¿tú quieres a tu
novio?’ y ella, claro, le tiene que responder que sí. Y entonces
ya ahí se hacen los preparativos para la boda. Se dice el día
que se van a casar y bueno, y todas esas cosas. Ya el día que
se casan pues les sacan el pañuelo. Hacen una fiesta mu’ grande.
Y claro y ya, cuando se acaba la fiesta el novio y la novia ya se van
para su sitio y nosotros nos quedamos en el nuestro.
(Tras escaparnos) fuimos a vivir a un piso que tenía mi marido.
Le había costao mu’ poco dinero, seiscientas mil pesetas, en
aquellos tiempos eran más baratos los pisos, y nos fuimos al
piso que tenía dos habitaciones, un comedor mu’ chiquitín,
una cocina mu’ pequeña, pero bueno, para los dos... cabíamos.
Para sacar adelante nuestra casa, empecemos a ir a vender al mercadillo.
Dispués vimos que, claro, el mercadillo no nos daba lo que queríamos.
Y entonces empecemos a ir a robar los dos juntos.
Estuvimos bastante tiempo dedicándonos a vender... años.
Una de las veces nos quitaron la mercancía, bueno, unas chandals
que estábamos vendiendo y, vinieron los... unos "mossos"
y le pidieron el carné de conducir a mi marido, total mi marido
les dijo que no les daba el carné. Bueno, total, los "mossos"
se pusieron rebeldes y mi marido también se puso rebelde. Entonces
nos quitaron la ropa. (Fue) la primera vez que me detuvieron, hubo una
pelea con los guardias. Ellos nos pegaron a nosotros y nosotros les
pegamos a ellos. Y entonces claro, del mismo mercao nos escapemos. Y
cogieron a mi cuñado y a mi cuñada que estaba con nosotros
también vendiendo. Y entonces claro, la policía pues me
estaba buscando. Y entonces estuvieron hablando con mi suegro y me hicieron
que me presentara en la comisaría. Me presenté en la comisaría
y de la comisaría entré aquí. Con diecisiete años,
por una pelea con la policía. A partir de ahí pues he
estado, a ver si me acuerdo, porque no las cuento todas... Pues habré
estado unas seis o siete veces. Porque, a ver, trabajo nosotros no tenemos,
porque no tenemos ninguno estudios, los gitanos. A ver, quién
nos va a dar trabajo a nosotros. Que pocos gitanos son los que tienen
estudios ahora.
Yo, mis hijos los estoy llevando al colegio desde que son pequeños,
pero, antes no era lo mismo. Yo tengo siete. (Al primero lo tuve ) a
los decisiete años. Me cambió mucho porque entonces era
más responsabilidad lo que tenía que hacer, porque tenía
que llevar una casa, tenía que llevar a mi hijo, entonces ya
era diferente. Porque, por ejemplo, a la hora de comer yo tenía
que tener la comida hecha, tenía que tener mi casa limpia, tenía
que encargarme del niño. Hombre, era mucha responsabilidad, que
da muchas vuertas la vida, a eso, porque yo al estar con mi madre y
de repente casarme y tener una casa propia, es diferente.
El dinero lo hemos ‘ganao’ los dos juntos. Nunca ha habio ni por
parte más de él, ni por parte más mía. Siempre
juntos los dos. Para todo. (Cuando mi marido estuvo preso 18 meses)
entonces claro, yo no tenía medios ¡hombre! tenía mi familia,
que de vez en cuando venía a mi casa me daba dinero, pero claro
era yo sola con mis hijos. Eran seis niños y claro... y con seis
niños y sin nadie que me ayudara, pues, lo pasaba mal para irme
a ganar la vida. Y entonces tuve relación con la asistenta social
que me daba la papillla, la leche de mi niño y al llevar mis
niños al colegio de allí les pagaba todo. Les pagaba el
comedor, les pagaba los libros. Todo. Pero nada más. (Empece
a ir a la asistenta social) Cuando nació el ... bueno, a ver,
el último, casi el último, porque ésta va detrás
del que llevo ahora. El de cuatro años.
Han sido condenas pequeñas, de dos, tres meses. La que más
he tenido es ahora. Ahora dieciocho meses. Llevo los cuatro meses, voy
a hacer. Lo nuestro ha sido los robos, han sido pequeños. No
ha sido nunca de ir así mal a la gente porque eso no lo hacemos.
Sino han sido de ir a robar en los coches, Nosotros hemos abierto el
coche, le hemos quitao el bolso. Y eso ha sido siempre los robos que
hemos hecho. A lo mejor, nosotros robábamos, por ejemplo, en
ese sitio y a lo mejor la policía cogía la matrícula
del coche o las características nuestras, porque nos conocen
mucho. Si, porque siempre nos paran.
Siempre habemos estao rulando por... por Gerona, por Tarragona,
por Valencia, por Alicante; Porque siempre vamos ido a robar. Porque
hay mucho turista, Nos han detenido a los dos muchas veces juntos. Hombre,
nos han detenido, nos ha sentao mu’ mal, porque a lo mejor a veces,
yo qué sé, nosotros mismos lo hemos dicho ¡uy, los niños!
Bueno, pero que siempre ha habio alguien, mi madre, mi suegra, siempre
se han hecho cargo de los niños. Los llevábamos en la
furgoneta, los niños. En invierno en mi casa, tranquilamente.
Nos daba para todo el invierno.
Él ha estao más tiempo que yo. La... la otra vez se
tiró casi dos años, una vez se tiró once meses,
otra vez seis meses, bueno, él ha sido más... más
largo. Porque él lleva más antecedentes que yo. Y, claro,
siempre es el hombre el que más... el que más cargo tiene
que la mujer. Porque yo a lo mejor he tenido siempre un descarte de
que he tenio los niños y entonces han sido más comprensivos
conmigo, y me han dejao . Parecía que antes no me pedían
tanta condena, pero ahora, hace un tiempo aquí alante, que sí
me piden la misma condena que a mi mario. Y ¿sabes porqué?, por
los antecedentes.
(Cuando nos encarcelaban nuestra familia) reaccionaban de aquella
manera porque me echaban la bronca: que si los niños, que aquí
que allá, que tenía que hacer cambio de vida, que ya tenía
muchos hijos y que claro... Y que tenía que mirar por mis niños.
Pero siempre se han portao mu’ bien. Lo que pasa que ese quebrantamiento
lo tuve yo porque mis hijos... hubo un día que me enfadé
con mi suegra, me enfadé con mi madre y entonces me dijo que
los niños ya no los aguantaban. Y entonces yo, por eso hice el
quebrantamiento, no entré aquí. Entonces como dije: ‘Primero
son mis hijos antes que yo’. Y que sea lo que Dios quiera. Y me quedé
con ellos. Que ahora claro, al cabo de los cuatro años de yo
estar en la calle, como estaba en busca y captura de los cinco meses,
al entrar aquí, me dijeron que tenía el quebrantamiento
ese del año. Y ahora estoy pagando las dos cosas.
(La cárcel) me ha cambiao mucho. Porque antes lo veía
de otra manera, veía las cosas más fáciles. Y ahora,
pues claro, ahora pues me ha cambiao la cárcel mucho porque he
visto que a lo mejor yo, estando en la calle, digo: Bueno, si yo hago
esto, a lo mejor me cogen y me meten a la cárcel. Y en la cárcel
no quiero estar. Porque se está mu’ mal. Porque una no es dueña
de su persona. Y tiene que hacer lo que diga la funcionaria. Y entonces
en ese aspecto pues... duele eso, mucho. (En la cárcel) estuve
con dos niños, estuve... con Vanesa y Diego, con la niña
de once años y el niño de nueve años. Después
estuve con otro pequeñito, mi Peque. Y después estuve
también con mi Baby, que fue la última vez, esa que estuve...
cuando me fui de... del permiso. He estao... una, dos, con cuatro niños.
porque el niño me quita... me quita mucho. Porque el niño
me alegra mucho a mí. Dispués tengo que estar mucho por
él, entonces tengo más cosas que hacer. Sin los niños
pues... me amargaría más. Yo si pudiera tener a los otros
conmigo, los tendría, lo que pasa es que no puedo. Pero si yo
los pudiera tener a todos aquí, los tendría a todos, porque
entonces, no se no sufriría tanto. Porque, sí, tengo a
éste aquí, yo sé que está bien conmigo,
pero hombre, y los otros que están en la calle también
están bien. Pero como el calor de una madre, no lo hay.
Yo los llamo siempre por teléfono, me pongo con ellos por
teléfono. Me dicen: mama, cuándo vas a venir, que tal,
que cual. Me echan mucho en falta. No quiero que los niños sepan
que yo estoy aquí metida. No quiero que salgan como yo. Quisiera
que ellos tuvieran una carrera, tuvieran, yo qué sé, sus
cosas para entrar a trabajar. No sé. Porque los payos tienen
su trabajo. Tienen el mes. Saben que van a cobrar y van a tener ese
dinero seguro. Los gitanos no, los gitanos vivimos al día y tenemos
que... luego nos jartamos. Y mañana pues Dios dirá.
Hace poco se me murió mi tío, de la droga. No de un
eso que se hacen ellos, sino de... estaba enfermo ya, estaba enfermo
del sida. Y eso también lo ha hecho mucho la droga porque si
no existiera la droga el sida no (existiría). Había mucha
competencia entre los gitanos por la droga. Que si, sabes, han vendio...
Yo qué sé. Esa es una cosa que nosotros no la hemos tocao.
Porque no, no nos gusta. Aparte que no nos gusta, porque nos da miedo.
Porque le tenemos miedo a eso. Yo, por lo menos... si yo toco eso mi
marido se puede enganchar, me puedo enganchar yo. Me da mucho miedo.
(De la cárcel) sale una más rebelde. Si yo voy a un
mercao y a mí no me dejan vender, me quiten lo poco que tengo.
Si a mí me han quitao lo poco que tengo y ya no tengo otro dinero
para poder ir a emplear ropa o a emplear lo que sea, ¿yo de dónde
voy a sacar ese dinero? Si nos han robado. Porque trabajamos como podemos.
Porque el trabajo a mi no me lo dan por mi cara. Porque tienes que tener
unos estudios, tienes que tener, yo qué sé, los diplomas
esos que dicen... Las cosas esas que ya no sé ni cómo
les llaman. Porque a nosotros no nos dan un trabajo asín porque
asín. Entonces si vamos al mercao y nos lo han quitao, tendremos
que buscarnos la vida para poder comer y para darles de comer a nuestros
niños.
DOLORES
tiene 50 años. Está casada y tiene en la actualidad cuatro
hijos. Ha estado en la cárcel dos veces cumpliendo condena y actualmente
está en prisión preventiva. Su narración muestra
la difícil transición sufrida por ciertos grupos de gitanos
desde un mundo rural e itinerante a un mundo más sedentario y suburbano.
En la vida de estas personas el mundo moderno se ve vinculado al consumo
y venta de drogas, al punto de considerarse casi sinónimos. Por
otra parte es llamativo y alarmante el proceso de prisionización
sufrido no sólo por sí misma sino por todo su entorno social
y familiar, en el que la cárcel se ha convertido en un elemento
constante en sus vidas. En otro orden de cosas, es interesante resaltar
como la vida va siendo narrada como la sucesión de los lugares
donde se vive, de lo que podemos deducir la importancia atribuida a la
casa como lugar de anclaje afectivo.
Yo nací en el campo. Mi padre estaba trabajando en la remolacha
y entonces mi madre pues se puso mala para tenerme a mí y cuando
fueron a llamar a mi padre mientras que vino ya estaba yo nacida, me
lavaron con agua del río, me vistieron. Lo que es mi padre y
mi madre no viven, murieron. Mi padre era tratante de bestias y mi madre
vendía telas. Nosotros éramos siete hermanos, uno murió
y quedamos seis. Pero están todos presos menos dos, porque aquí
está mi niño, está mi niña, está
mi hermano, está mi hermana y mi marido también. Estamos
todos presos. Mi niña esta en Alcala, en Madrid, el otro lo tengo
en Ocaña, un hermano mío también está en
Albolote. A cada uno en un sitio diferente.
Cuando nosotros éramos pequeños mis padres no tenían
casa, vivíamos en el campo. Hoy aquí, mañana allí,
pasado allí, esa era la vida nuestra, hasta que (nos criaron)
a nosotros, ya cambiaron la vida más moderna que llevamos aquí.
Yo no iba al colegio, porque en esos tiempos, andaban para acá
y para allá y entonces no me podían meter a la escuela,
no sabemos leer. Se dieron cuenta que esto no era vida de estar de aquí
para allá y entonces ahorraron un poquito de dinero, hasta que
compraron una casita y allí estuvimos una pila de años
viviendo. Ya después nos vinimos aquí a Málaga
a un barrio, que aquello no era barrio, que aquello era un campo y entonces
se liaron a hacer chabolas de tabla. Y estuvimos yo que sé de
años. Después nos dieron un piso, el piso era torreta
de esas muy grande y la cogieron ellos y la vendieron y se fueron a
otro pueblo. Y después vendieron la casa y compraron un piso
en Málaga. Y ahí fue donde murieron ya los dos.
Me casé con catorce años, antes nos casábamos
por lo gitano. Después cogió mi marido, a la pila de tiempo,
cuando tuvimos el primer niño, ya me dijo él que nos casáramos
por la iglesia. Cuando me casé me fui a la Cádiz a vivir,
mis hijos son de aquí. Yo tuve cinco niños, menos uno
que un coche que lo mató: (el primero con) diez y ocho años,
con diez y nueve tuve a la que está aquí. Y con veinte
tuve al que cogió el coche y lo mató, con veintiuno tuve
a la que tengo presa en Madrid y con veintidós a (xxxx).
(Cuando) éramos niños (nos) juntábamos una
familia pila, siempre estabamos juntos, íbamos para acá,
íbamos para allá, cogíamos tomates, cogíamos
higos, brevas, todo lo que había. Íbamos a todos los lados
juntos a por leña, a por agua, a todos los sitios. Bueno pues
ya mi novio, tenía el tres meses mayor que yo, y entonces pues
un día me dijo que yo le gustaba y yo harta de llorar. Y ya me
daba a mí miedo de ir yo con él por ahí por los
sitios. Porque digo, vaya que éste me pegue y me haga algo y
entonces yo le digo: ‘mira tu a mí no me vayas a hacer bromas
y dice`, ‘no, no es broma es en serio, no te vayas a creer que ahora
que somos chicos, pero cuando seamos grandes nosotros nos tenemos que
casar y nos casamos’. Siempre estabamos juntos. Que si yo tengo las
luces de hoy yo no me caso ni con el rey . Después él
se lo dijo a su padre y a su madre y entonces su padre se lo dijo a
mi padre y ya pues nos casemos.
(Para ganarnos la vida) cogíamos cuatro puñados de
limones cuatro puñados de naranjas y las vendíamos. Lo
vendíamos en los mercados por las mañanas, cuatro limones
cinco duros. Cuando nació mi primer niño (mi marido) estaba
trabajando, estaba en la refinería y se tiró una pila
de tiempo allí trabajando, ya era otra vida mejor ya teníamos
una casita, una chabola. Cuando yo me fui a tener (mi segunda hija),
entremedias llegaron los del ayuntamiento y tiraron las chabolas para
abajo y dieron unas casitas, unas casitas muy bonitas, en diferente
zona. Tenían su patio, cocina, tres dormitorios arriba, cuarto
de baño, un salón. Entonces allí fue cuando a mi
niño lo cogió el coche y lo mató, y yo ya le cogí
cosa de estar en la casa y fue cuando me vine para aquí, para
Málaga. La casa se la dio mi marido a un primo de él.
En Málaga me tuve que quedar en una chabola. yo lloraba porque
no estaba acostumbrada a eso y lloraba de noche y de día sin
consuelo, y este hombre (mi marido) me decía no llores, pues
yo estaba cogiendo limones para comer, y entonces me dijo, a mi me van
a llamar para una obra. Pues, con lo que tu vayas cogiendo vamos comiendo
y lo que yo voy ganando lo guardamos para una casita. De eso hace ya
muchos años, esa casita también era del ayuntamiento,
entonces se revendía de un gitano y ese la revendía a
otro gitano. Entonces ese gitano me la revendió a mi. Y entonces
yo tenia ciento cincuenta (mil pesetas) y entonces fui a hablar con
mi padre para que me prestara las otras ciento cincuenta. Y él
me las prestó y yo fui pagándosela poquito a poco. ¡Comíamos
al suelo!. No teníamos sillas, no teníamos mesa y no teníamos
más que una chabola, pero dije poquito a poco iré comprando.
Yo he pagado dos condenas. La primera fue dieciocho meses, la segunda
fue cuatro años y medio. Y ésta no sé, hasta ahora
soy preventiva. Llevo seis meses. Bueno (detenerme) eso montones de
veces. A mí me veían por la calle y a lo mejor iba a pagar
o iba a comprar y me paraban y me pedían el permiso, y al otro
día me veían y me pedían el carnet, pero bueno
pero esto ¿a qué viene?, y de verme por la calle y llevarme para
una comisaría y cachearme. (He tenido problemas con la policía)
desde que empecé a vender droga, porque la mitad de las veces
es mentira porque yo he pagado cuatro años dos meses y un día
por el morro, porque la policía de aquí me tiene mucho
interés. Yo compré un piso en Torremolinos que me lo quitó
el banco por incumplir cuatro años y medio, porque el piso había
que pagar una hipoteca, y claro como no había nadie en la calle,
pues el banco con mis muebles y todo tiraron todo de él. Yo me
tiré una temporada (vendiendo droga) y ahorré y lo compré.
De eso ya hace once años.
Ellos los jueces se piensan que por ejemplo, si una tiene que entrar,
aquí en la prisión y ya te tienen un año, dos años,
tres años, cuatro años, ellos se piensan que una va a
cambiar y no, no, cuando una sale, sale una peor. No yo, sino todo el
mundo igual, porque claro, no es que le cambie, es que ahora mismito
estamos presas dos años, tres años, cuatro años
y ahora sale una, como nosotros decimos, con una mano delante y otra
atrás. Con cincuenta mil pesetas todos los meses que dan del
paro, con eso no puede uno vivir durante un mes, porque no es sólo
comer, hay que comprar para ganar, para limpiar, para comprarse ropa,
un calzado que precise una. Y con eso, ni a la mitad, y con lo otro
que hace una, ¡pues tendrá una que ponerse a vender droga!, porque
es que con esto de estar una presa, va a usted a pedir trabajo, no le
dan trabajo, porque ya tiene usted presedente de estar presa, va una,
todo el mundo le va a negar. Esta vez cuando yo salí (la última
vez), yo dije ya que no, digo yo ya que voy a buscar trabajo, soy vieja.
Ahora todo es mas moderno pero la vida de antes era más bonita
y más sana y se vivía mejor. Porque antes nunca, que yo
recuerde de mi juventud, nunca han estado mis padres presos, ni yo,
ni en mi familia, ni en la familia de mi marido, pues antes se ponían,
cuando no tenían nada que hacer hacían canastos, poner
las bestias, estaban las mujeres vendiendo sus telas y nunca han tenido
problema y todo era más bonito, más sano y ahora, desde
que esto ha venido a relucir a España, la droga, pues ya hay
una democracia mala. En la clase nuestra, en la clase de pobres, de
... hacíamos una comida, una ensalada, una papa asada a la candela,
y la repartíamos. Ahora no es igual que antes, hoy es que se
ha echado todo el mundo por el dinero, y por los coches y por la ropa
y por los trajes y por los terrenos. Tanto presumimiento y tanto orgullo
y tanta fantasía por la droga. Nunca habían tenido tantísimos
millones como tienen ahora, entonces ya ellos se sienten con los dineros
y se sienten superior.
Yo he tenido mis niños enganchados y es una locura, por lo
menos, una madre que sea madre y que tenga sus hijos enganchados, pues
le tiene que dar para que se quite el mono, porque es una enfermedad
y se ponen a morir, se ponen muy agresivos, y hay que dársela.
En la vida moderna, de uno y de otro de la montera, yo por lo menos
pienso así, que mis hijos se han enganchado de la montera. De
los muchachos que ellos se han juntado y a veces que iban para acá
y iban para ya.
Yo de mi juventud cuando yo me criaba, yo lo veo que antes se vivía
con mas libertad, más sano, más bonito, vivía de
aquí para allá, tenía una casa. No teníamos
problema ninguno. Porque ahora la vida de los gitanos y de los payos
están todos enganchados, y no es igual, antes un matrimonio decía
¡niños! vamos a hacer aquello, vamos a hacer lo otro. Ahora es
pelea sobre pelea. Para eso la que tenga su marido enganchado, es igual
que la que tiene su hijo enganchado, están todos de pelea.
Yo veo el futuro, señorita que cuando (mis hijos) salgan
de la cárcel van a estar en el mismo problema de fumar.
REMEDIOS
tiene 29 años y una hija
de 10. Está separada de su marido y tiene un nuevo compañero.
Actualmente cumple condena por venta de droga. Es la segunda vez que es
condenada por este tipo de delito. Su relato nos acerca a la espiral entre
consumo y venta de droga en la que se ven envueltas muchas mujeres gitanas:
la necesidad de abastecer a los allegados obliga a iniciarse en una actividad
ilegal a la que en principio no parecía verse abocada. En esta
narración la cárcel aparece también como un hito
en la trayectoria vital en el que el orden de prioridades hasta entonces
planteado se trastoca.
Yo nací en Barcelona, somos doce hermanos, ahora seremos
diez. Bueno, todos mis hermanos han nacido en Barcelona (y) cuando yo
tenía catorce años ya decidieron mis padres, porque Valladolid
era muy tranquilo, de irse a vivir allá, vendieron los pisos
y todo eso. Mis padres (se dedicaban) a la venta ambulante. Mi padre
tenía una empresa de coches... bueno y en Valladolid también
la tiene. Decidieron ir allí porque era más tranquilo
y allí estaba la familia de mi padre, la de mi madre vive en
Galicia. Entonces nos fuimos para allá, yo tenía unos
catorce años.
Somos doce hermanos, seis chicos y seis chicas. A medida que se
iban casando pues donde les tocara, más bien el novio o la novia,
se iban a casar a Madrid, a Barcelona, a Galicia también tengo,
y en Valladolid, estamos todos un poco repartidos. Excepto dos hermanos
el resto no tocaron la droga. Dos más bien: mi hermana y mi hermano.
Mi hermana murió de un paro cardiaco. Ella llevaba diez años
sin consumir nada y eso. Y mi hermano sí, el mayor murió
de la droga.
Fui a la escuela hasta los ocho o nueve años y (después
trabajé) en casa. Desde los doce años o trece yo ya hacía
de comer para mis hermanos, los pequeños, hacer la casa, o sea,
como una mujer mayor igual, o sea, poca niñez he tenido, bueno,
se trataba de cuidar a mis hermanos y todo esto.
A los quince años pues me comprometí con el padre
de mi hija. (Yo) no quería pero bueno...Yo quería a otro
chico, él era muy golfillo y así, y mis padres, claro
yo lo entiendo, querían lo mejor para mí, y entonces pues
(mis padres pensaron en ) un sobrino de mi madre (que vivía en
Galicia), que es mi marido, vamos el padre de mi hija , y bueno como
era muy bueno y tal y cual y de buena familia. La tradición gitana
es así, por ejemplo, a mí me vienen a pedir, cuentan primero
con mis padres, y mis padres cuentan conmigo, lo que pasa es que ahora
ya tienes más tu voto, eso sí es así, hace unos
años todavía no. Como a los padres les interesaba porque
era de buena familia y tal, pues como (que) te obligan un poco a ti
a decir que sí, aunque no quieras ¿entiendes? Y bueno, durante
ese tiempo que estabas pedida hacían una fiesta ¿no?. O sea,
como cuando le van a pedir la mano de una chica a sus padres, la pedida
de boda, y llevan un tiempo y todo eso para la boda, y en ese tiempo
dejan que se conozcan y todo eso...a ver si se gustan.
Claro las gitanas tenemos que casarnos vírgenes y todo esto
del pañuelo, entonces, pues iba quince días y venía,
nos veíamos poco y claro cuando una persona está conociendo
a otra... pues intenta dar lo bueno de sí... Luego lo que tiene
de malo ya lo irás viendo. En esa semana o diez días que
estás no traté mucho con él, pero sí bueno
le cogí mucho cariño.
Me casé con quince años. Con la familia de mi marido
muy bien, es que ella, la madre de él, es la hermana de mi madre,
nosotros éramos primos hermanos. Lo que pasa es que, claro, cada
uno nos hemos criado en una punta y no nos conocemos, entonces pues
entre nosotros está permitido casarnos así. Con mi marido
al principio muy bien, En la plaza vendían pues de todo, ropa,
mandiles, lo que les saliera, lo que les viniera a mano. Y, bueno, por
las noches, él y sus tres hermanos, pues iban a cantar en un
grupo musical y bueno, hacían muchas galas en verano, tenían
trabajo fijo. Yo les acompañaba bailando, cantando, un poquito
acompañamiento. Y bueno, a lo primero, estuvo muy bien. La vida,
esto de plan bueno, duró como dos años, dos o tres años,
y luego ya empezaron a venir los problemas porque él se echó
a la droga, fumaba. Aquello era la casa de la alegría porque
aquellos niños eran todos muy sanos y luego toda la casa se echó
a perder, la verdad. Primero cayó Antonio, mi marido, y luego
sus hermanos. Todos, uno detrás de otro, todos.
A él le gustaba mucho la juerga, siempre le ha gustado mucho
la fiesta ¿no? Casi a todos los gitanos les gusta mucho, pero un día,
no sé, empezó, yo me di cuenta mucho más tarde,
a los ocho o nueve meses, y entonces a partir de ahí empezaron
los problemas, que si el dinero, que si la droga, cosas así.
Dejaba de trabajar y yo tenía que , bueno, como veía que
él no hacía nada y a mí no me gusta depender de
nadie, pues me iba yo a buscarme la vida, asistir casas... Me busco
la vida, estoy muy orgullosa de ser gitana, y si tengo que irme a vender
cuatro calcetines me voy, no me avergüenzo para nada. No sé,
no es el tipo de vida que me gusta, yo prefiero un sueldo estable y
un trabajo fijo. Bueno, si no hay otro medio, pues sí lo hago
y se me da muy bien. No me daba miedo nada. Si tenía que ir a
limpiar, a limpiar, si a vender, a vender, iba a lo que fuera.
El como que se daba de cuenta y luego me valoraba mucho más,
porque muchos matrimonios allí, gitanos, más cerca imposible:
su hermano con su mujer, cayó en la droga y ella también.
Tenía miedo y se preocupaba mucho en ese tema por mí,
de decirme que no cayera, por la depresión porque, la verdad,
no ha sido muy buena vida. No sé, es que no lo entiendo (que
la gente se enganche a las drogas), es que si no lo ves o por ignorancia
lo haces, dices vale de acuerdo, pero viendo las consecuencias que trae
y la gente que muere, es que yo no lo entiendo porque dice, yo he hablado
con muchas, muchas compañeras por qué se han metido y
eso, porque se han sentido solas o por depresión. Yo llevo cinco
años y medio sola, ahora tengo mi compañero, yo he estado
mucho tiempo sola, yo he tenido a mi hija y he pasado muchas fatigas
con ella y lo he pasado muy mal, yo no me he aislado ahí por
fumarme dos chinos, yo los problemas los afronto..pero yo, ya te digo,
que cada persona es un mundo y hay personas más débiles.
Yo, gracias a Dios, en ese tema he sido más fuerte...digámoslo
así, pero yo es que no lo puedo entender. Un día, una
vez, por no mentir, un porro en una Nochebuena, por reírnos todos,
di dos caladas pero nada más. Nunca más. Un día
es un día, te tomas una copa, lo que sea, pero no me gusta ni
los porros nada de eso.
Se puso agresivo. Yo siempre lo perseguía, lo veía,
pero claro yo lo hacía por su bien, o encargaba a la gente que
no le vendiera nada, me peleaba con la gente para que a él no
le vendieran. Yo bajaba y les decía yo no quiero que a mi marido
le vendáis y tal y cual, y si le vendían, bajaba y no
me cortaba un pelo, me daba igual, porque yo veía que estaba
destrozando todo, pero bueno ya sabes, por ejemplo, muchas veces había
gente que me respetaba y que no le vendía pero si no le vendían
mandaba a otra persona para que se lo comprara y siempre estaba... y
bueno ya empezaron los problemas económicos y todo eso. Él
empezó a vender. Así tenía él para su consumo,
yo veía poco de ahí (de ese dinero), pero él tenía
para su consumo y cosas así y cuando no había dinero pues
había muchos problemas y eso solucionaba los problemas. El vender
las drogas solucionaba sus problemas, porque teniendo para su consumo
no había problemas y estaba bien.
La familia de él siempre me ha apoyado, hasta que caí
en prisión siempre les he tenido. Yo soy la nuera más
vieja de casa, y cuando había algún problema o algo siempre
contaban conmigo, porque era muy decidida ¿sabes? Y muy fijas mis ideas,
eso sí, también veían que me buscaba la vida. Mi
ex-marido lo ingresamos varias veces; o sea, ingresarlo y estarme allí
dos meses con él al pie de la cama, o sea, siempre luchando por
él. Bueno y salía y muy bien, en ese tiempo que estaba
muy bien no vendíamos drogas ni hacíamos nada, nos íbamos
a vender y se notaba otra armonía en casa ¿no? Pero luego otra
vez como que se tentaba y no lo dejábamos solo un momento pero
no, mucho apoyo y todo, pero no. Mi hija la tuve con diecinueve años.
Yo pensaba que con la niña iba a cambiar un poco la situación,
se iba a sentir mejor al tener hijos y todo eso, aunque vi, al cabo
del tiempo, iban pasando los años y lo veía igual, porque
(él) sabía que no iba a terminar con él. Lo intenté
y él bien lo sabe lo que he hecho pero...
Él cogía droga, y claro él se preocupaba de
fumársela, y a lo mejor para que le volvieran a dar y eso, o
la gente no viniera a dar broncas, yo me encargaba de vendérsela
para sacarle lo que valía. Pero ya te digo, no siempre, no en
todos los años. Cuando veía la cosa muy mal es cuando
te agarrabas y tenías que vender. A mí me da mucha pena
venderles, de hecho, cuando les vendía a los chicos pues todos
como que me querían más porque, así, por ejemplo,
no les cobraba por la mañana, o muchas veces les regalaba, nunca
me han firmado. Les han cogido muchas veces, con "papelinas"
y eso, y nunca me han firmado, nunca han dicho que era mío y
yo me he comportado con ellos, porque no tener y tal, están mal,
para vender así yo no valgo, no me ha quedado otra pero me da
mucha pena, he pasado mucho con mi marido y sé lo que es estar
mal, también los entiendo a ellos ¿sabes?
Anteriormente por una cosa pequeña que tenía, vamos
sin importancia, me echaron dos, cuatro uno. Es que se dice así:
dos, cuatro, uno. La niña tenía un añito o así
y caí presa... ya tenía cuatro años cuando salí
de la primera, cuatro, que era cuando se empezó a poner malita.
Mi hija tiene psicosis infantil y me han dicho que tiene que estar en
manos de profesionales. Los médicos me dicen, psicólogos,
psiquiatras y demás, que puede ser debido al entorno familiar
que ha habido. La tenía mi suegra que la quería mucho,
pero más bien quien ha estado al cargo ha sido un cuñado
mío, que le tengo mucho que agradecer. Y nada, salí pero
había el mismo tinglado fuera. Ya estaban también enganchados...
(Esta última vez que me detuvieron) a mí no me cogieron
nada encima, ni a él tampoco, y bueno lo que pasa es que, como
él es toxicómano, dijo donde estaba el dinero, no llevaba
nada encima pero dijo donde estaba el dinero, implicó a gente
que no debía. Para cuando saliera decidí dejar a mi marido,
el primer día que entré en la cárcel, porque yo
entonces tenía la niña enferma y yo le dije que estaba
en condicional y que se lo comiera él, que yo lo que le hubiera
hecho falta que le hubiera asistido el tiempo que hubiera sido necesario,
él lo sabía, que me dejara por la niña, que se
lo comiera él, que salvara a esa gente y que yo iba a asistirle,
que no le iba a faltar de nada. Tenía la niña muy enferma
y tuve que comérmelo yo y bueno. Llevó muchos años
dándole oportunidades pero no me arriesgo más. Lo que
me da rabia de todo esto es que haya luchado tanto para nada y yo que
sé, hemos sufrido mucho los dos, ahora él por su lado,
yo por el mío, espero que le vaya bien pero lo veo injusto y
da un poco de rabia.
En su día no, o sea, me casé porque era más
bien a gusto de ellos (mi familia), porque era muy buena gente y porque
mis padres estaban contentos acepté un poco ¿no? Y luego, le
dije que sí, aguanté esto y aprendes a querer a una persona
pero si yo escojo, me sale bien o mal, es mi decisión y ésta,
más bien, fue la de ellos y ellos se sentían como un poco
culpables.
En la cárcel he aprendido lo primero a mirar por mí,
lo segundo, pues a valorar un poco más lo que vale la libertad.
Porque siempre miraba por los demás, antes era primero está
aquél y aquél tal, no, ahora ya no. Yo ahora tengo un
compañero con el que comparto ahora mi vida, el día de
mañana si me irá bien o mal, pero yo me preocupo por él,
pero pienso mucho en mí, tengo mucha ilusión por hacer
mi casa, mis cosas, recoger a mi hija y todo eso y espero que seamos,
que haya armonía entre nosotros. Antes siempre me preocupaba
mucho de mi marido, de mis cuñados, de los otros o de esto de
lo otro, siempre estaba atenta a todo y no. A mí me gusta un
hombre que tenga sus preocupaciones, que se ocupe de las cosas ¿sabes?,
o sea, que tú te ocupes de una parte pero él de la otra,
pero que todo recaiga sobre mí no.
(Mi nueva pareja) tenía una compañera, gitana, tuvo
una hija con ella. Era gitano él también. Estuvo preso
siete años, empezaba a escribirme, y a lo mejor, parece mentira,
pero aquí una carta te llena mucho, te da esa alegría,
esa cosa ¿no?, pues yo cuando empezábamos a contarnos cosas del
pasado, de cuando éramos niños y cosas así y, bueno,
quedamos en que cuando saliera de permiso vendría a verme. Él
lleva un año fuera. Y yo estoy en tercer grado ya.
Como salgo muy a menudo, no me gusta ver a la familia en las comunicaciones
por locutorio pues no me gusta, tras el cristal, no puedes dar un beso
ni nada, me quedo mal. (Cuando salgo de permiso) estoy con mis hermanos,
con mi compañero, voy a ver a mi hija. No voy mucho por ahí
de fiesta, no más bien te apetece estar en familia, en casa,
te apetece ir por ahí, a merendar o eso, pero más bien
en familia ¿sabes? Cuando estás aquí echas mucho de menos
la familia.
Los permisos te motivan muchísimo, sé que voy a estar
seis y siete días, voy a volver a mi casa, ver a mi hija, voy
a estar con la persona que quiero, con mi familia, al no depender de
que ya no te cierran la puerta, compras, yo qué sé, cosas.
Que a lo mejor no las ves importantes pero para nosotras sí.
Sí, yo qué sé, como irte a tomar un café
a una hamburguesería o a un mercadillo, o irte a la peluquería
o irte a comprar comida, lo que sea, cosas así.
No de salir no (tengo miedo), de empezar, y qué hago y ahora
tal. Sí, eso mucha gente, y ahora qué hago y ahora qué
voy a hacer, eso sí. Y, claro, hay que echarse "palante",
y tirar "palante" porque lo mismo que has tenido valor para
venir aquí y aguantar esto, si has aguantado esto, no te da miedo
nada. (El futuro) está difícil, yo pienso que tengo el
apoyo de mi familia, que para mí es lo más importante,
el apoyo de él (de su nueva pareja), él ha cambiado muchísimo
y también ha sufrido mucho, es muy parecido a mí, después
nos hemos marcado una vida pues en la que hemos sufrido mucho los dos,
tanto él como yo.
(Recuerdos de la cárcel me quedarán) muchos, de bajar,
de subir, de bajar, de subir, las puertas, el que no puedas abrir tú,
el estar privado de libertad, de la familia, yo no sé, yo siempre
me he dicho esto no mata a nadie ¿sabes?, ni se muere nadie si no quiere,
pero la cárcel por muy bien que la lleves, para mí, personalmente,
te queda marcada para toda tu vida. Esto es una cosa de que aprendes
a vivir con ello, pero esto se lleva por dentro, este recuerdo son muchos
años sin tu hija, sin tu familia, muy a falta de cariño,
no tienes compañero, muchas cosas que pierdes y cuando sales
ya no las encuentras, se destrozan muchos matrimonios por causa de venir
aquí, cambian de forma de manera de pensar, pierdes mucho una
nobleza que tenías, no confías en nada.
NOEMI
tiene 24 años y cumple condena por venta de drogas. Tiene dos hijos
y espera un tercero. Es la segunda vez que es condenada por el mismo tipo
de delito. La narración de esta mujer responde a uno de los perfiles
más prototípicos y numerosos de las mujeres gitanas encarceladas:
si bien ella no es consumidora, existe adicción a drogas en su
entorno familiar. Además, la decisión de vender drogas viene
determinada por las dificultades de sustento que encuentra no ya sólo
en la economía formal sino también en la sumergida, añadiendo
a ello las posibilidades de enriquecimiento rápido que parece posibilitar
esta actividad. Por último es interesante la relación entre
sexo y droga que se describe en esta narración.
Soy de Málaga. Mi padre primero trabajaba de soldador, cuando
éramos más chicos. Pero ya luego le dieron la baja en
el trabajo y ya no lo contrataron más. Le dieron un contrato
de seis meses, entonces cuando cumplió el contrato ya no le dieron
mas contrato, no le dieron más trabajo. No teníamos nada,
sólo la venta de mi madre ¡mira la esperanza!, once niños
y ellos dos.
Mi madre salía en la mañana y venía por la
tarde y a la hora que llegaba era a la hora que comíamos. (El
resto de los familiares) siempre con el tema de las mantelerías,
le vendían a los turistas más que nada. Teníamos
que ir vendiendo por las playas, vendiendo las mantelerías.
Fui a la escuela pero me tuve que quitar muy pronto porque como
mi madre tenía que buscarse la vida por las playas, entonces
yo tenia que tener cuenta de mis hermanos, porque yo y la otra éramos
las más grandecitas, entonces nos tuvimos que quitar del colegio
y entonces no aprendimos nada. Unos siete u ocho meses, estabamos yendo,
no daba tiempo de aprender, ni escribir ni nada.
A partir de los quince o diez y siete años por ahí
es cuando allí (en el barrio) empezaron a vender droga y nosotros
preguntábamos: ¿eso que es, eso que es? Mis padres lo único
que decían era que por donde vendieran eso que nosotros no nos
acercáramos. Que donde nos acercáramos por ahí
nos molía a palo. Porque le daba miedo porque como tenia cinco
niñas y cinco niños aparte de la chiquitilla que tiene,
a él le daba miedo que algunos de nosotros tocáramos eso,
nos molía a palos.
Me casé, y nosotros queríamos sacar pañuelo,
porque mis hermanas todas lo han sacado, pero como mi padre es tan...
gitano tan antiguo entonces como yo era tan pequeña, porque yo
me fui con mi marido con quince años, pues mi padre no me quiso
casar, porque decía que era muy pequeña. Entonces yo me
junté con mi marido porque me gustó el gitano y ...no
quería que se fuera con otra. El se casó ya madurito,
él se caso ya con diez y nueve años. Vivía en la
misma barriada que nosotros. Yo el pañuelo lo saqué en
la sábana, pero que no me lo sacaron, yo me acosté con
mi marido y se cayó todo en la sabana, al otro día de
acostarme con mi marido fue el festejo. Mi padre duró tres meses
sin hablarme. Mi madre le daba igual porque decía que sus hijas
eran para casar, que ya tenia quince años, que si me quería
casar, que me casara. Pero él no porque era muy pequeña
todavía.
Cuando me casé ya estaba trabajando con mercado, pero como
no tenemos licencia, ni nada de eso, cuando nos ponemos en un rincón
de un mercado con las cajas de chandal o de lo que sea, viene el policía,
tenemos que salir corriendo. Cuarenta veces nos lo han quitado y perdemos
las ganancias y lo perdemos todo.
Primero tenia un niño, y con mi marido recogiendo chatarra
podía tirar y ya con el segundo yo pensé que ya con 4.000
pesetas yo no puedo hacer de comer, hacer de cenar, calzar los niños
vestirlos y la limpieza para comprar muchas cosas que me hacían
falta y entonces yo decía de dónde echo mano. Fue mi marido
a buscar trabajo y le dijeron que ellos no tenían ningún
trabajo vacío. Y entonces, yo me dije, ‘voy a ponerme a vender
droga’. La que empecé fui yo porque me hacia mucha falta para
mis hijos. (En el barrio) había mucha gente, yo me decía,
‘así se gana el dinero muy fácil’, por lo que yo dije
a mí me hace falta vender para mis hijos. Me cogieron y es lo
más fuerte que he tenido. Es que no me dio tiempo a nada, si
es que lo que me tiré unos veintitantos días vendiendo.
Y es que lo que yo pensé yo a lo mejor me gano siete u ocho mil
pesetas, pues yo calzo a mis niños, yo los visto, pues cuando
me quise dar de cuenta yo no tenía ni para el abogado, el dinero
me lo tuvo que prestar mi gente para pagar el abogado. A mí me
cogieron a los veinte días de estar vendiendo y hay gente que
dura ocho o diez años y no le pasa nada. Es que no merece la
pena, porque si te tiras un mes fuera y te ganas a lo mejor siete u
ocho mil duros o veinte mil duros y luego entras aquí, pues no
tienes, a lo mejor, ni para pagar el abogado. Eso me pasó a mí
la primera vez.
(Yo la droga) para venderla, yo para fumar no. La persona que lo
toca, casi generalmente, algo prueba, es que mayormente todos son enganchados.
Con la mujeres es distinto, las mujeres dicen no, yo tengo muchos niños,
a mí nunca me ha pasado por la imaginación yo probar eso.
Sin embargo yo tenía a mi hermano y a mi marido. Porque mi marido
también ha estado con la droga así vendiendo, así
como yo. Dejó lo de la chatarra. Pero luego le dio la manía
de probarla y se ve que le gustó. Y empezó, empezó.
(También) mi hermano se empezó a enganchar, cuando
estábamos vendiendo de a poquillo, papelinas. Ha comprado para
vender y de lo que ha comprado para vender ha fumado. Yo lo veo muy
mal, es que la droga se lo come vivo. A lo mejor lo hemos visto fumando
y lo hemos regañado, le hemos dicho no fumes de esto, pero como
él nunca nos ha echado de cuentas, el siempre ha estado despegado
( de la familia).
Yo estoy aquí (en prisión) por tener antecedentes
penales, yo no estoy aquí por otra cosa, por que no quiere decir
que si alguna vez yo vendo droga no quiere decir que yo siempre voy
a vender droga, sólo porque tengo antecedentes penales y no hay
pruebas contra mí, no tienen derecho de condenarme, pero me han
condenado cuatro años, dos meses y un día. Estoy aquí
hace veinte meses.
(En el barrio) hay gente que vende y hay gente que no vende pero
como en mi callejón todos están vendiendo, pues cuando
los fueron a cachear a ellos pues vinieron a mi casa, pues entonces
al sacar el dinero dijeron que era de la droga. Mi marido por esta misma
causa salió hace como dos meses de aquí. Vinieron a hacer
un registro y sacaron 150.000 pesetas, que era el único dinero
que teníamos nosotros de la venta, que si yo vendo dos trajesitos,
a lo mejor me como lo de uno pero lo del otro lo voy guardando para
ir empleando, porque si me como lo de los dos pues entonces no empleo
más. Entonces yo iba metiendo en una bolsa y lo iba metiendo
en mi mueble, cuando vino allí la policía y se cachó
el dinero. Yo he vendido (droga) , pero lo que le quiero decir es que
porque haya vendido una vez no voy a vender dos.
Decían los policías que ellos me conocían a
mí, que yo vendía droga, entonces yo le dije al juez que
eso era incierto que yo misma le abrí la puerta con mis propias
manos y les dije que no me partieran la puerta porque ellos lo parten
todo, que yo tenía mis llaves, que yo no tenía que temer
nada, entonces yo abrí la puerta y se llevaron el dinero, me
llevaron para comisaría.
(Ahora) mi marido está en la calle con los dos niños.
Porque era por primera vez (tuvo menor condena). Está buscando
chatarra con los dos niños. (Con la chatarra) se tienen bastantes
problemas. Tenía un coche y lo ha cambiado por una furgoneta
y se va todos los días a buscar. Mi suegra está con ellos.
Somos una familia unida, que no estamos despegados ni nada, pasa lo
que sea y estamos todos juntos.
La primera impresión (de la cárcel) que me iba a morir
en una celda. Cuando yo vi tantas rejas y tanta chabola y tantas mujeres,
la primera vez con diez y nueve años, cuando yo entré
aquí pues me iba a morir. (En) la vida de la cárcel, te
espabilas más, se te abren los ojos para que no hagas más
cosas que no tienes que hacer, te encuentras muy mal pues estas tan
lejos de tu familia, estas cerca pero a la vez estas muy lejos .(Los
hijos) vienen todos los domingos a verme. Pero es muy duro que los tengas
que ver por cristales y que, a lo mejor, media hora de comunicación
y que a lo mejor ellos mismos te dan animo, se le parte a uno el alma
cuando se van.
Tenemos dos (hijos) y con este que viene tres, yo no quiero más.(En
el) hospital, en cuanto me den el acta se lo lleva mi hermana para fuera.
Yo a mis hijos quisiera lo mejor del mundo, porque yo a mis niños
los he metido a la escuela, yo quisiera que se sacaran el titulo al
menos para ir a trabajar, al menos para que no tocaran la droga porque
si ellos tocan la droga, si no se enganchan, van a estar presos, y si
no están presos, se van a enganchar, y yo quisiera que mis hijos
no tocaran la droga igual que la he tocado yo. A mi me gustaría
que mis hijos estén en la escuela y salgan con un titulo de lo
que ellos quieran. A partir de que tengan su edad que trabajen y que
se guarden su dinero para lo que necesiten ellos. (Con relación
al matrimonio) Yo pediría que aguantaran un poquito más
para que disfrutaran lo que tienen que disfrutar, si ellas no quieren,
pegarles ni maltratarlas no, pues yo me he casado de la misma edad.
Yo ahora mismo he disfrutado lo mismo casada que soltera, tengo un marido
que no es celoso, no es enganchado, no fuma , no bebe.
SALUD
tiene 43 años y cumplió condena por tráfico de drogas.
En estos momentos lleva preventiva seis meses, esperando juicio acusada
de un delito de venta de drogas. Aunque dice estar actualmente desenganchada
ha sido toxicómana y, como ha pasado a menudo, la dependencia -aunque
no el consumo- se inició en la propia prisión. El relato
de esta mujer es interesante en cuanto que es un caso atípico entre
las gitanas -y podríamos decir que también entre las mujeres
payas de su generación-. Salud se declara lesbiana de toda la vida
y esta cuestión nunca supuso un problema para su familia. Además
ha viajado y ha gozado de gran libertad. Su trayectoria vital rompe con
todos los estereotipos sobre la mujer en la comunidad gitana y muestra
la diversidad dentro de ese colectivo que a menudo vemos como uniforme.
(Tengo ) Cuarenta y tres años. Mi padre era bastante tradicional,
de hecho a mi padre nunca lo he visto borracho, nos ha querío
mucho, de tanto que nos han querío yo pienso que nos ha criao
a todos malamente. Tenía un taller, trabajaba en la construcción.
En el mismo negocio de mi padre tenía trabajando veinticinco
personas más mis hermanos. La verdad es que estábamos
en muy buena situación. Yo no me puedo quejar de mi infancia
porque la he tenío mu bien arreglá, no puedo quejarme
ni de mi padre ni de mi madre, además de hecho están muertos
y los recuerdo cada día.
Yo era la más chica (de) siete. He estao en la escuela hasta
los diecisiete años. Estaba interna, iban los fines de semana
a recogerme.... Me salí, me salí porque era demasiao traviesa
y me echaron. La gente decía que yo servía pa’ estudiar.
Pero la verdad que a mí no me gustaba. Aguanté hasta los
diecisiete por él (mi padre) porque querían que estudiara
algo.
Más adelante pues se fueron casando mis hermanos. La familia
se fue separando. Lo peor que hizo mi padre fue que hizo un bloque de
pisos. El quería tenernos a todos... Fue lo peor que hizo. Por
la envidia ya de las cuñás, los hermanos cambian. Nosotros
estábamos todos mu’ uníos...ya cambia mucho, ya por la
parte de, digamos, de las cuñás... Que cada uno tira pa’
su sitio. El que se casa quiere casa. Estábamos acostumbraos
¡venga un domingo a la playa! tos juntos.. ya empezó a venir
la cosa mal ¿no? De hecho mi padre se quedó ciego. En aquellas
fechas cuando tenías cataratas pa’ operarte te tenías
que quedar ciego total.. Cogió las riendas mi hermano el mayor.
Empezó las cosas a venir mal, mal, mal y de estar arriba... por
eso dicen, es verdad, que las torres más altas caen. Económicamente
sí (fue bien) , hasta que murió mi padre... pues sí.
(Después) se cerró el taller, pues ya cada uno tenía
su profesión, cada uno su trabajo por su sitio.
Yo he vivío muy independiente. Desde los veinte años
yo he vivío con una mujer. He vivío quince años
con una mujer, de hecho en el mismo bloque. A mí me han respetao
y yo he llevao mi vida. Mi padre decía: ‘Te quiero ver bien antes
de verte tirada en la calle’. Hombre, yo es que... ni con mis hermanos
tengo quejas respecto a eso, de hecho hoy en día yo estoy viviendo
con una mujer y vivo allí en mi casa. Con la primera que viví
era una francesa. Mi madre iba a tomar café, y: ¿Qué vas
a hacer hoy de comer?, o ..., pues voy a comprar pescao. ‘Mu’ bien,
de hecho, digo mu’ bien’. En ese aspecto nunca he tenido problemas,
hasta hoy en día no he tenido problemas. Sin embargo ahora estoy
con una gitana y tengo problemas con su familia. Pero hay que lucharlo.
Quien quiere algo, algo le cuesta.
(Con) esto de las parejas... yo me quedé flipando. Ahora
yo soy como soy, pero lo que yo no veo normal es que yo tenga mi marío,
tenga vení aquí y ahora esté con una mujer. Pa’
mí eso, dentro de mi innormalidad yo no lo veía normal,
pues lo respeto, vale, cada cual. Y en las gitanas más que en
la parte paya, digamos, ¿eh? Las que tienen mucha condena, se hacen
parejas. Pa’ mí eso es vicio. Es vicio, porque dicen: ‘Bueno,
yo tengo diez, doce o quince años de condena, pues hay que pasarlos’.
Yo no soy mejor que nadie ni peor que nadie, yo soy como to’ el mundo.
Pero lo mío es de nacimiento. Entonces, mi pareja, yo llevo con
ella, ahora, con ésta, cuatro años y en la calle llevamos
un año. Su familia es mu’ gitana, mu’ tradicional.
Ella nunca había estado con otra mujer, eh. No sé
lo que pasó, aquí estamos faltas de mucho cariño.
Aquello surgió pues de un día a otro, surgió, surgió
y hasta el día de hoy. Los hijos (de ella) están con nosotros.
Me ha costao un año de asistenta, gracias a Dios, la ha conseguío.
Que no hemos tenío ni p’al autobús y nos hemos ido andando
a verles. Está a cuatro kilómetros. Y un día, y
otro, y venga. Porque estábamos las dos recién salidas.
(De joven) me gustaba mucho la juerga. Las juergas mías eran
muy caras. De hecho ya con las amistades que tenía salían
mu’ caras. Nos acostumbramos al to’ bien. Aquel día se me pasó
eso por la cabeza...Tenía que ser otra persona y digo, venga
lo voy a hacer yo. Lo hice yo... y me medio chivataron. Me cogieron
ya presa en la frontera. Me cogieron, me condenaron, estuve dos meses
preventiva, eso fue en el 89. Y en el 93 entré a pagar siete
años. Con mi familia tuve to’ el apoyo del mundo. Se llevaron
un buen disgusto. De hecho, mi madre, el cáncer que tuvo, el
cáncer de páncreas, que eso lo pienso yo y yo no sé
si será verdad o no, se le desarrolló. Y murió
a los dos meses. Después mi hermano, un día a los seis
meses, de lo mismo, de cáncer de páncreas. Y al morir
mi hermano ya entré presa. No es que entré presa. Es que
mi gente me metieron presa. Como tenía ya la busca y captura
del juicio, porque ya estaba muy que me daba igual to’. Me daba igual
to’: quería la muerte. Ahí ya me tiré al fango
por completo.
En la cárcel me enganché a la droga. A la heroína.
A la puta heroína... Yo me metía mis rayitas de coca de
vez en cuando y se terminó. En la cárcel caí en
la heroína. Por eso muchas veces cuando escucho a las gitanas
mayores, digamos, hablar: ¡Ay! ¡Que fumáis droga! Pero ¡si sois
vosotros las que la vendéis!
Hoy en día estoy desenganchá, de hecho ya estoy desenganchá.
Si me engancho es porque quiero. Como si fumo es porque me da la gana
de fumar. Desde que caí no sé ni organizarme. Yo he vivío,
ya de hecho, yo he vivío. Conozco Europa casi la conozco, me
ha gustao siempre mucho viajar. Pero desde que caí en la puta
droga, no soy nadie. Ella (la pareja) no, ella gracias a Dios, no. La
droga nada.(Estuvo en prisión) por venta. Tenía que dar
de comer a los niños.
(Ahora) estoy contra la salud pública por dos pastillas,
por dos tranquilmazín y además no muy bien, porque me
peleé con un secreta y ellos tienen mucha autoridad y me están
jodiendo. Tenía la mano escayolá e iba a arreglar unas
cosas aquí al juzgao, de unos papeles de ella, que tenía
una busca y captura del año 92, a pagar un mes o 40 días,
y entonces pues estaba metiéndome otra vez en la droga... entonces,
compré dos tranquimazín, me las tomo pa’ dormir. Me cogió
un secreta... y el secreta me ha buscao lo que me ha buscao... Pero
no me pillaron en drogas. Me cogieron 11.520 pesetas y dos tranquimazín,
que de hecho yo estoy tomando aquí medicación más
fuerte que las tranquimazín. Y llevo seis meses preventiva. El
abogao me lleva diciendo desde la semana pasá que yo tenía
que estar en la calle. Hoy estoy esperando al abogao.
Me están destrozando. Porque mi vida, lo que es mi vida familiar
en la calle me la están destruyendo toda por completo. Ahora
que salgo yo a la calle: ¡Ah, ya he salío! Vuelve a empezar.
Acércate a la familia. Enfréntate que mi familia es de...
de hocico mu’ alzao. Que no se meten en con quien yo hago (mi) vida
, una mujer y eso, pero eso de la droga ellos no... Y ahora cómo
les digo yo que me han metido por dos Tranquimazín. Y eso ¿quién
se lo cree? Les tendré que enseñar los papeles.
Esto es una cárcel preventiva. Esto es una guardería.
Aquí: patio, comida, dormir. Dormir, desayunar, patio. No hay
actividades. No hay na’. En otras cárceles hay talleres donde
la gente que no tiene "peculio" trabaja y gana setenta, ochenta,
noventa mil pesetas al mes. La hay donde sales de un módulo y
llega la hora de comer. Donde te distraes. Donde... donde se te pasa
la condena. Aquí, esto es morirte. Aquí es... como las
cabras. El pastor las echa pa’ que coman de día y las cierra
de noche. Exactamente igual.
(En la prisión anterior) Pues mi vida era mucho, mucho mejor
que aquí, quinientas mil veces. Ibamos a desayunar, desayunábamos,
automáticamente nos íbamos a talleres de manipulado. Desde
las nueve y media hasta la una, una y cuarto... trabajando. (Ganaba)
hasta veinte mil duros al mes. Por la tarde teníamos la opción
de quedarnos en el "chape" o bien escribiendo o bien leyendo
o bien nos sacaban al patio. En verano piscina.
¿Cómo nos dicen? Nos van a.. a... a reformar. No sé
a qué nos van a reformar. Lo que nos están es deformando.
Están haciendo aprender mu’ mal. Enseñamos cosas malas,
porque de bueno no se aprende na’. De vez en cuando, puedes encontrar
una buena compañera, que las hay también. Pero la mayoría
somos falsas. Vamos... Hoy tú tienes, pues tú eres mi
amiga. Mañana no tienes, no eres mi amiga. Y eso pues duele.
(Cuando) entré a la cárcel, murió mi padre.
No me sacaron. Porque son mu’ cabrones. A mucha gente la avisan y la
sacan. A mí no me sacaron. Yo me enteré a los dos meses.
A mí ya me resultaba raro que no vinieran a verme. Llamaba a
mi casa y no había nunca nadie. Y me enteré por una sobrina
mía. Y cogí a una funcionaria y la iba a matar. Digo:
Usted me estaba diciendo hace cuatro o cinco días que mi padre
estaba mu’ bien. ¿No? Estaba mu’ bien y que no se...Después a
los tres meses me vino un papel de Instituciones Penitenciarias que
me daban permiso para ir a ver a mi padre. De hecho quería denunciarlos.
Aquí pasan muchas cosas que tendríamos que denunciar.
Porque yo he escuchao a una a otra: ¡ah! que voy a poner una denuncia,
a ver, al juez de guardia. O al Defensor del Pueblo. ¿Porqué
no? Hay un Defensor pa’ nosotros. O es que nosotros no somos humanos.
Pero como no lo hacemos.
Lo que pasa es que la población gitana es más inculta,
no tiene asesoramiento, no saben la mayoría ni leer ni escribir,
se crían en sus leyes. Pero esas qué leyes son, esas leyes
le sirven a ellos, del mundo de ellos. Ahora vienes a una cárcel,
y entra alguna y le quitan los hijos, por la cara, ¿a mí me van
a quitar un hijo porque yo entre presa? ¿por la cara? A mí me
tendrán que dar un buen motivo. ¿No? necesitan más asesoramiento,
es decir, aquí en la cárcel debería de haber alguien,
o poner a alguien que los asesore. Bueno, mire, usted ha entrao por
esto, usted la condena que va a cumplir es equis tiempo, de esta manera
se le acorta más, haciendo esto más, si lo lleva... así.
Ellas solamente saben preguntar ¡uy! el educador. ¿Cuándo me
voy? ¿Cuándo me pasan por Junta? ¿Cuándo es el permiso?
De hecho yo lo he aprendío. Esto que le estoy hablando, pues
cuando entré en la cárcel, porque vi... yo allí
desde luego vi.
De cara al futuro habíamos pensao comprarnos nuestra furgoneta
y dedicarnos a sacar los permisos que haya de sacar y dedicarnos pues
a vender, pues... zapatos, ropa, según lo que nos convenga ¿no?
Con esto pa’ vivir pues tenemos suficiente. Yo lo que siempre he sido
es muy buscavidas y a mí no me gusta depender de nadie. Que si
sale y me tengo que poner a vender droga, vendo droga, eso está
más claro que el agua. ¡Hombre! si veo que las cosas me van mal,
pues... yo no voy a pasar hambre, ni los que están a mi lao.
(Los hijos de la compañera) primero que no estén en
el barrio donde estaban viviendo. Eso ya para empezar. Donde vivíamos
nosotros, pues por allí no hay droga. Que tengan sus estudios
hasta su edad. Que tienen que estudiar, pues si podemos darles estudios,
si seguimos juntas ¿no? pues darles sus estudios. Pero (no) que me voy
al cine y haciendo to’ el día el vago. Yo eso en mi casa no lo
he visto, y la verdad que como yo no lo he visto, yo pa’ esos niños
quiero lo mejor del mundo.
La vida es mu’ bonita, ¡eh!. Pa’ saberla vivir. Ya le he dicho,
yo he vivío, yo he vivío mucho, yo he viajao mucho también.
He viajao mucho. Me ha gustao. No estaba metida entonces en este mundo.
La cárcel, esto se pasa. De aquí salimos. Unos lo llevamos
mejor, otros lo llevamos peor. La droga es lo más malo que pueda
haber sobre la tierra. Hacemos cosas que nunca se nos había pasao
por la cabeza. Y llegamos a un punto de desearnos a nosotros mismos
la muerte.
Yo me he desenganchao cantidad de veces y sin medicamentos ni na’,
porque como soy alérgica, resulta que no puedo tomar muchos medicamentos
y lo tengo que pasar a pelo. Pero he vuelto a caer. He vuelto a caer.
Las amistades hacen mucho también. Porque si yo me quito y yo
ando con personas que fuman, a lo mejor un día no lo hago, pero
ya si le doy una calaita, ¿entiendes? Y caemos. También, es que
influyen muchas cosas. Yo soy mala pa’ mi misma. Porque a mí
Dios, y lo digo a boca llena, me ha dao todas las oportunidades del
mundo. Y si fumo droga es porque soy una drogadicta. Yo soy una enferma...
mental. Mi cuerpo está limpio, pero mi mente piensa en eso.
(Los hermanos están) bien, con sus trabajos, con sus casas,
to’s sus hijos estudiando, los que no trabajando. Mu’ bien, mu’ estable.
Gracias a Dios mu’ estable. La única inestable soy yo. Pero bueno.
Tengo una esperanza. No tengo fuerzas, te voy a decir que no tengo fuerzas,
tengo poquitas, pero me las tengo que buscar. Hay gente que me necesita.
Y saco fuerzas. Pero hay gente que todavía dependen de mi o dependen
de que yo arregle unas cosas pa’ que ellos puedan tenerlas, ¿no? Me
da fuerzas, me da ánimo. Me da unos "cataplines" p’abajo,
unos "cataplines"…
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