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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas
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Cap 3. Estudio sociológico "Mujeres gitanas y sistema penal"

3.3. Trayectorias vitales de gitanas presas

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A continuación, se relatan las vidas de seis mujeres presas en diferentes cárceles de España. Las narraciones han sido reconstruidas a partir de las entrevistas en profundidad. Hemos seleccionado aquellos elementos de la entrevista que hacen referencia a la vida de la presa y que explican su trayectoria hasta llegar a la cárcel. Nos interesaban especialmente los aspectos que tratan el tránsito de la vida infantil a la adulta, de la economía informal a la ilegal, los primeros contactos con la droga y la espiral de criminalización. Se ha procurado mantener el sentido del relato, así como la expresividad y estilo de cada una.

 

ROCÍO
tiene 24 años, no está casada ni tiene hijos. Ha sido toxicómana, y está condenada por venta de drogas y hurtos. Es la primera vez que entra a prisión. Fue encarcelada con 19 años y tiene una condena total de 10 años. Su biografía no dista mucho de otras tantas vidas ligadas a la marginalidad, la pobreza y la toxicomanía. En su caso, el ser gitana parece perder fuerza en la definición de su identidad y de su situación frente a la drogadicción, la marginalidad del entorno y la desestructuración familiar a la que la protagonista parece conceder mayor importancia a la hora de contar su trayectoria.

Yo de primeras tenía que ser catalana pero de rebote nací en Baleares. Mi padre era catalán y mi madre valenciana. Y no sé, pues mi padre y mi madre se separaron ¿no? y mi madre se vino con todos nosotros a Baleares, se vino con once hijos, la más pequeña soy yo que ahora tengo veinticuatro años y, no sé, pues mi vida fue así. Un día mi madre nos dejó, yo tenía doce años y se ella fue y no sé pues, la verdad, la vida que siempre he vivido pues un barrio, los yonquis, las prostitutas y la droga y así es como terminas aquí.

En el barrio (viven) payos, los viejecillos, los típicos viejos que viven allí toda la vida en el barrio, que ni se van, al revés que te ayudan mucho y luego ya pues todos los gitanos, y de todo mezclado ahí. Todo, pero todo. Los gitanos que a lo mejor trabajan de bien, la mayoría venden droga, pero, vamos, ahí todo es una piña. Ahora ya ni existe el barrio, lo han quitado y han puesto un Juzgado de Guardia y una comisaría. Quitaron un solar que era muy grande y nosotros le decíamos El Rita y El Picadero donde iban los yonquis allí a meterse y han hecho allí pues... nos han destrozado el barrio, vamos. En medio de un barrio chino un Juzgado de Guardia y una comisaría ¿quién se cree que va a ir por ahí andando? Ya nadie, para qué, si ya no hace falta ni coche ni moto para que te sigan, si te van a coger así y te van a meter. Pero ellos sabrán.

(Cuando se fue mi madre) yo era la más pequeña, tenía doce, mi hermano quince y luego ya los demás más mayores, pero la mitad están todos casados, están todos casados con payos, o sea que, los ves y no dices que son gitanos, porque una es médico, la otra trabaja en un bingo, la otra lleva una empresa de máquina de esas máquinas de construir fincas, máquinas de esas grandes y bien. Ellos bien porque ellos han salido bien parados pero los que hemos perdido hemos sido los pequeños. Que somos las ovejas negras de la familia, vamos, los que nos hemos dedicado a robar, a drogarnos o a vender droga y muy mal, muy mal porque llegó un domingo y se fue, ni nos dio explicaciones, algo, por lo menos podía haber dicho algo, oye, mira que me voy porque me voy con otro hombre o porque me da la gana, vamos, pero nada. De ella, sí sé que está en Valencia pero... la he visto tres veces, en los funerales, claro, de mis hermanos, viene a los funerales. Tengo tres hermanos muertos de sida en fase terminal, y el otro murió no sé de qué, en Barcelona. De nueve hermanos y viene, pues eso, a enterrarlos. Ella sabrá.

(Los hermanos) yo nunca he vivido con ellos. No, porque ellos son gente que no van como yo, ellos son gente con más, tienen sus casas, sus pisos, sus hijos, su trabajo y como que yo allí no quedo bien en la casa esa, vamos. Y tampoco no me llevo bien ni con mi cuñado ni con mis hermanas porque como ellos no se meten, no lo comprenden, dicen que yo estaba enganchada porque yo quería. Ellos se creían que a lo mejor estando en una casa internada pues ya está, ya te podías quitar, si no tomabas no te pasaba nada, pero, claro, si no saben lo que es la droga pues no lo conocen. Y que va, si les veía de vez en cuando, me iba, subía a comer, a duchar pero nada, visitas de estas de médico, de hola y adiós, veía a los niños, dos besos y fuera y tampoco para estar ahí, con una persona que vamos ni se levantan porque se creen que te vas a llevar... pues me sentía incómoda pero, bueno, ya veremos ahora cuando salga.

(Al colegio) que yo me acuerde fui hasta tercero, luego no fui, estaba oculta. Eso de ir es muy relativo, no, no sé por qué pero no iba, se ve que no me gustaría estar ahí. Con la guitarra y... estabamos toda la pandilla y por eso nos íbamos ahí. Lo primero por los porros, empiezas por la tontería, luego ves a los mayores que hacen otra cosa, que se hacen una raya y tú ya para ser como ellos, para que te dejen ir con ellos pues haces lo que ellos y así una cosa lleva a la otra y fatal.

(En el barrio) había un club, un club de niñas que allí estábamos todo el día jugando por la calle, se ve que pusieron un club para en vez de que estuviéramos por ahí golfeando ¿verdad? pues estuviéramos aprendiendo a coser, a hacer ganchillo, pero aquello era un desastre, nos ponían a cocinar, ¡Uf en la cocina!. Nosotras estábamos hechas a eso, a vender chocolate, la que era más mayorcilla, yo con doce años ya vendía chocolate, a los trece ya probé la heroína y así una cosa por otra y al final pues "enganchá", "enganchá" hasta los ojos. Mi hermano preso, la otra presa y yo me vi sola y ya pues tuve que vender para mi consumo y para seguir viviendo, si no ¿qué hacía yo? Un gramo allí costaba veinticuatro mil pesetas. Pues yo de ese gramo tengo que sacar el doble, tengo que sacar para comprar otro gramo y lo que sobre para mí, vamos, que para mí no sobraba casi "ná". Es que algo tenía que hacer. Es que tampoco he tenido nunca ayuda de decir venga la vamos a quitar, o vamos a meterla en un centro. Si la hubiera tenido, ojalá la hubiera tenido, no hubiera vendido a más de una persona, y quieras o no pues las engancha y luego ya eso, te enteras un día que está muerta, la otra está presa y es lo que pasa que ahora estamos todos presos, la gente que yo iba, tanto gitanos como payos, si es que estamos todos presos.

Claro, el problema es que son los payos los que nos dan la droga a nosotros para venderla, y los que siempre pillan son a nosotros, a los cuatro pobres desgraciados que lo hacemos para consumir como yo, por ejemplo, otros pues ya tienen niños y normal porque trabajo en la calle no te dan. Nada más, por ser gitano ya no te dan, por mucho que diga la sociedad que sí, pero discriminados a tope, sin trabajo, siempre los gitanos al mercado a vender fruta o lo que sea, pero que vas a una empresa y donde sea y qué va.

Yo hacía pases de Palma a Valencia o de Palma a Madrid. Y sí que lo haces, porque vienen y te ofrecen, si llevas, por ejemplo, medio kilo de caballo, donde sea, donde lo lleves, y te ofrecen a lo mejor setecientas u ochocientas mil pesetas, tú lo haces porque ya ves, un avión ida y vuelta, y así picamos, por tontas. Y luego, a lo mejor yo estoy haciendo ese pase y por detrás mía están haciendo el más grande y ¿a quién chivatan? a mí, por supuesto, porque, si no, no pueden entrar los kilos. Hay mucha juventud como yo metida así por eso. Porque nosotros pues lo hacemos, la juventud lo pasamos presa y por otro lado pasa lo grande y así va.

Hasta que ya pues a los diecinueve años me cogieron, y de los diecinueve años pues hasta ahora, veinticuatro ya. Son tres o cuatro causas de condenas pequeñas pero como las llevé al Supremo, pues luego cuando me metieron pues me bajó todo. Una por hurto y las otras tres por droga, contra la salud pública ¿no? se dice eso. Me echaron tres años por dos papelinas que es que eran mías. Es que no estaba ni vendiéndolas, bajaba de una casa de comprarlas pero como yo no quise decir a quien se las había comprado, la pagué yo. A lo mejor si hubiera dicho pues se las he comprado a fulanito, pues pasan de mí y van a por él. Pero, bueno, como no lo quise decir pues tres años. Del número de detenciones es que ni me acuerdo. Tendría yo catorce o quince añitos, pero de esto que te cogen y no te encuentran nada, te sueltan, así luego te cogen, te sueltan, y los vas hartando un poco hasta que te cogen y dicen ahora te meto tráfico, así me pasó a mí, que me metieron tráfico por la cara. Porque es que el tío me lo decía, Rocío si es que siempre sabemos que vendes, que haces pases pero es que no te pillamos nunca. Y yo les dije mientras que a mí no me pilléis, ustedes a mí no me pueden hacer nada por mucho que sepan. Y así efectivamente lo hicieron, como ese día vieron que no me "chivateé" del gitano, el más poderoso, vamos, pues ahora lo pagas tú, y la pagué, vaya si la pagué, tres años.

De trabajo así legal con tus papeles y todo eso no (he tenido). Pero, bueno, tenía amigos míos y a mí lo que siempre me ha gustado era llevar una sala de fiestas o un bar y sí me metía así a lo mejor por ayudarlos, un fin de semana, un mes, te pagaban al día, a lo mejor por la noche cinco o diez mil pesetas, aparte lo que tú bebieras, eso no lo pagabas. Pero no, un trabajo así fijo no te lo dan. Pero siempre la droga, vendiendo la droga y vendiendo. Desde que tengo uso de razón vendiendo droga.

(El juicio) la primera sensación que te da es que te quedas blanca, tanta gente ahí y todos en contra tuyo y uno te pregunta y otro te mira, muy mal ¿no?. El abogado, como era de oficio, pues eso como que pasa un poco de todo, van a lo que van, a que acabe el juicio, y ahí estás tú defendiéndote tú porque, a mí, el abogado, que me acuerde, es que ni habló porque es que ni habló, él estaba con todo de acuerdo y yo le miraba y le decía que no, yo quería hablar yo, a mí no me dejaban hablar. Empiezan a contar la versión, cómo te han pillado, como hablan esta gente y te quedas así y, luego, es que la mitad de las cosas es mentira. La Sala bien, los típicos nervios, la primera vez, la segunda, la tercera da igual porque es una Sala y te impone porque es que hasta ponen al Juez perfecto, un tipo serio que te mira así, parece que lo eligen, peor que en las películas. Hombre, si es que tú no hablas, eres tú la interesada y luego tú no dices nada, estás de acuerdo sí, no, pues para eso que hagan el juicio sin nosotras, claro ¿no?, se supone que tú tendrías que defenderte, porque si el abogado tampoco habla, yo no sé para qué queremos un abogado de oficio. Porque, a lo mejor, si es de paga, el tío como se interesa ya por ti, pero si es de oficio, pero para nada se interesa, vamos.

Me eché un novio aquí, gitano también, se lo han llevado, está (en otra cárcel). Me escribo con él, el rollo. Quiere que cuando salgamos pero... no porque él va muy en serio y me dice que hable con su familia y yo ya conozco el rollo, una vez que tú conozcas a la familia ya eres de la familia y que no, no porque él tiene muchos años de condena, él está por muerte, tiene veintisiete años de condena y yo no lo voy a esperar, vamos, eso está claro. Me he tirado media vida en una cárcel y el día que salga me tiro media más esperándolo. Yo lo siento mucho pero no. No quiero pareja por ahora, el día que salga pues... algún día la tendré, si no, me volveré monja. Pero bueno... algún día me casaré, bueno eso de casarme no, nos juntamos, eso de casarme a mí no, no me motiva para nada, eso de casarse de blanco y toda la familia ahí en la Iglesia.

Dicen que esto es para reinsentarte. La cárcel la hicieron para reisentarte pero yo no creo esa palabra porque de la reinserción aquí ¿qué hay? Si aquí hay cuatro paredes y te quitan, si es que te lo quitan todo, si aquí no ves un animal, no ves a lo mejor un campo lleno de flores ¿no?, tienes que salir de aquí y tienes que ser peor que un niño tonto, porque hay gente que sale, hay gente aquí muchas amigas mías y me dicen, Rocío, yo salgo a la calle y yo alucino. Oigo, a lo mejor, un claxon y se asustan, es que es normal, no, para mí no es una reinserción. La reinserción pues tendrían que cogerte, darte tus coloquios, decirte mira esto así, esto así, pero aquí te dejan, cuando tienes tu condena te vas. Yo eso no lo veo bien. No sé, tampoco tantos años, te echan no sé un montón, yo estoy cumpliendo, por ejemplo, diez años y medio, venga vale, ni que hubiera matado yo a un torete.

 

JOSEFINA
tiene 29 años y 7 hijos. Actualmente cumple condena por hurto en el módulo de madres junto a su hijo menor. Tiene un largo historial de prisión siempre por el mismo tipo de delitos. En su relato se aprecia nítidamente la vinculación entre pobreza y cárcel que se da en la mayoría de los casos. Sin embargo, su historia es en gran medida diferente a la mayoría de mujeres encarceladas que hemos entrevistado ya que tanto ella como su pareja han querido mantenerse lejos tanto del consumo como del comercio de drogas por miedo a los problemas que esta siempre conlleva.

(De mi infancia) Me acuerdo poco. (Vivíamos en) un barrio de Barcelona, que es un barrio de gitanos, que bueno que alquilan unos pisos y entonces la gente se enteró que había unos pisos allí vacíos y tal y cual, y entonces se metieron todos los gitanos, mi madre incluida. Estaban cerrás y daron la patada y se metieron. Allí vamos vivío toda la vida. Lo que pasa es que dispués ya fueron al ayuntamiento. Nos empadronemos allí y todas esas cosas, y bueno, a pagar luz y agua, y todo eso.

Yo era la mayor. Mi madre tenía siete niños y la verdad pues no tenía ningún recurso de ganar dinero y se tenía que ir a pidir para mantenernos. (También) de la ropa que la daban, porque la escogía la ropa usá, la más nueva, y la vendía. Y entonces de ahí se sacaba también dinero. Mi padre no se dedicaba a ná porque era un borracho.

Fui al colegio. Empecé a los doce años a ir al colegio, porque claro, como yo era la más grande pues entonces tenía que ayudar a mi madre, porque yo con mi hermana, con la que va detrás de mí, me llevo seis años y entonces claro, cuando ella nació yo ya tenía seis años. Y ya después ya empezaron a nacer los otros. Y yo, claro, ya tenía doce años y mi madre, pues claro, con tantos niños pequeños y eso pues no podía, y entonces yo era la que la ayudaba a ella. A la casa, a hacer la comida, a cuidarle los niños, a llevar los niños al colegio, bueno todo eso. Y empecé a los doce años a ir al colegio. Estuve seis meses, aprendí un poco a leer y a escribir y ya está.

Yo me escapé con mi marido y entonces no hicieron boda. Yo tenía quince años (y él era) cinco años mayor que yo. Entonces bueno, mi madre no quería que me casara. Dicía que era muy joven y entonces la familia que... bueno con la familia esa mi madre no me dejaba y no me querían dar. Entonces yo y mi marido un día nos pusimos de acuerdo y nos fuimos. Entonces yo como dormí con mi marido ya no me podían hacer boda. Entonces claro se quedó ahí la cosa. Di que luego a los dos días vinieron mis suegros, mi madre y todo, estuvieron hablando con nosotros. Pero ya, claro, ya se quedó ahí. Ya no hicimos nada, ninguna fiesta ni nada. Es diferente cuando, mi hermana, que vino su suegra a hablar con mi madre, a decirle: ‘ Bueno, mira, que mi hijo quiere a tu hija y se quieren casar y tal y cual’. Y entonces a mi hermana mi madre le tiene que preguntar si ella lo quiere y todas esas cosas. Entonces, claro, le dice: ‘Bueno, tú, ¿tú quieres a tu novio?’ y ella, claro, le tiene que responder que sí. Y entonces ya ahí se hacen los preparativos para la boda. Se dice el día que se van a casar y bueno, y todas esas cosas. Ya el día que se casan pues les sacan el pañuelo. Hacen una fiesta mu’ grande. Y claro y ya, cuando se acaba la fiesta el novio y la novia ya se van para su sitio y nosotros nos quedamos en el nuestro.

(Tras escaparnos) fuimos a vivir a un piso que tenía mi marido. Le había costao mu’ poco dinero, seiscientas mil pesetas, en aquellos tiempos eran más baratos los pisos, y nos fuimos al piso que tenía dos habitaciones, un comedor mu’ chiquitín, una cocina mu’ pequeña, pero bueno, para los dos... cabíamos. Para sacar adelante nuestra casa, empecemos a ir a vender al mercadillo. Dispués vimos que, claro, el mercadillo no nos daba lo que queríamos. Y entonces empecemos a ir a robar los dos juntos.

Estuvimos bastante tiempo dedicándonos a vender... años. Una de las veces nos quitaron la mercancía, bueno, unas chandals que estábamos vendiendo y, vinieron los... unos "mossos" y le pidieron el carné de conducir a mi marido, total mi marido les dijo que no les daba el carné. Bueno, total, los "mossos" se pusieron rebeldes y mi marido también se puso rebelde. Entonces nos quitaron la ropa. (Fue) la primera vez que me detuvieron, hubo una pelea con los guardias. Ellos nos pegaron a nosotros y nosotros les pegamos a ellos. Y entonces claro, del mismo mercao nos escapemos. Y cogieron a mi cuñado y a mi cuñada que estaba con nosotros también vendiendo. Y entonces claro, la policía pues me estaba buscando. Y entonces estuvieron hablando con mi suegro y me hicieron que me presentara en la comisaría. Me presenté en la comisaría y de la comisaría entré aquí. Con diecisiete años, por una pelea con la policía. A partir de ahí pues he estado, a ver si me acuerdo, porque no las cuento todas... Pues habré estado unas seis o siete veces. Porque, a ver, trabajo nosotros no tenemos, porque no tenemos ninguno estudios, los gitanos. A ver, quién nos va a dar trabajo a nosotros. Que pocos gitanos son los que tienen estudios ahora.

Yo, mis hijos los estoy llevando al colegio desde que son pequeños, pero, antes no era lo mismo. Yo tengo siete. (Al primero lo tuve ) a los decisiete años. Me cambió mucho porque entonces era más responsabilidad lo que tenía que hacer, porque tenía que llevar una casa, tenía que llevar a mi hijo, entonces ya era diferente. Porque, por ejemplo, a la hora de comer yo tenía que tener la comida hecha, tenía que tener mi casa limpia, tenía que encargarme del niño. Hombre, era mucha responsabilidad, que da muchas vuertas la vida, a eso, porque yo al estar con mi madre y de repente casarme y tener una casa propia, es diferente.

El dinero lo hemos ‘ganao’ los dos juntos. Nunca ha habio ni por parte más de él, ni por parte más mía. Siempre juntos los dos. Para todo. (Cuando mi marido estuvo preso 18 meses) entonces claro, yo no tenía medios ¡hombre! tenía mi familia, que de vez en cuando venía a mi casa me daba dinero, pero claro era yo sola con mis hijos. Eran seis niños y claro... y con seis niños y sin nadie que me ayudara, pues, lo pasaba mal para irme a ganar la vida. Y entonces tuve relación con la asistenta social que me daba la papillla, la leche de mi niño y al llevar mis niños al colegio de allí les pagaba todo. Les pagaba el comedor, les pagaba los libros. Todo. Pero nada más. (Empece a ir a la asistenta social) Cuando nació el ... bueno, a ver, el último, casi el último, porque ésta va detrás del que llevo ahora. El de cuatro años.

Han sido condenas pequeñas, de dos, tres meses. La que más he tenido es ahora. Ahora dieciocho meses. Llevo los cuatro meses, voy a hacer. Lo nuestro ha sido los robos, han sido pequeños. No ha sido nunca de ir así mal a la gente porque eso no lo hacemos. Sino han sido de ir a robar en los coches, Nosotros hemos abierto el coche, le hemos quitao el bolso. Y eso ha sido siempre los robos que hemos hecho. A lo mejor, nosotros robábamos, por ejemplo, en ese sitio y a lo mejor la policía cogía la matrícula del coche o las características nuestras, porque nos conocen mucho. Si, porque siempre nos paran.

Siempre habemos estao rulando por... por Gerona, por Tarragona, por Valencia, por Alicante; Porque siempre vamos ido a robar. Porque hay mucho turista, Nos han detenido a los dos muchas veces juntos. Hombre, nos han detenido, nos ha sentao mu’ mal, porque a lo mejor a veces, yo qué sé, nosotros mismos lo hemos dicho ¡uy, los niños! Bueno, pero que siempre ha habio alguien, mi madre, mi suegra, siempre se han hecho cargo de los niños. Los llevábamos en la furgoneta, los niños. En invierno en mi casa, tranquilamente. Nos daba para todo el invierno.

Él ha estao más tiempo que yo. La... la otra vez se tiró casi dos años, una vez se tiró once meses, otra vez seis meses, bueno, él ha sido más... más largo. Porque él lleva más antecedentes que yo. Y, claro, siempre es el hombre el que más... el que más cargo tiene que la mujer. Porque yo a lo mejor he tenido siempre un descarte de que he tenio los niños y entonces han sido más comprensivos conmigo, y me han dejao . Parecía que antes no me pedían tanta condena, pero ahora, hace un tiempo aquí alante, que sí me piden la misma condena que a mi mario. Y ¿sabes porqué?, por los antecedentes.

(Cuando nos encarcelaban nuestra familia) reaccionaban de aquella manera porque me echaban la bronca: que si los niños, que aquí que allá, que tenía que hacer cambio de vida, que ya tenía muchos hijos y que claro... Y que tenía que mirar por mis niños. Pero siempre se han portao mu’ bien. Lo que pasa que ese quebrantamiento lo tuve yo porque mis hijos... hubo un día que me enfadé con mi suegra, me enfadé con mi madre y entonces me dijo que los niños ya no los aguantaban. Y entonces yo, por eso hice el quebrantamiento, no entré aquí. Entonces como dije: ‘Primero son mis hijos antes que yo’. Y que sea lo que Dios quiera. Y me quedé con ellos. Que ahora claro, al cabo de los cuatro años de yo estar en la calle, como estaba en busca y captura de los cinco meses, al entrar aquí, me dijeron que tenía el quebrantamiento ese del año. Y ahora estoy pagando las dos cosas.

(La cárcel) me ha cambiao mucho. Porque antes lo veía de otra manera, veía las cosas más fáciles. Y ahora, pues claro, ahora pues me ha cambiao la cárcel mucho porque he visto que a lo mejor yo, estando en la calle, digo: Bueno, si yo hago esto, a lo mejor me cogen y me meten a la cárcel. Y en la cárcel no quiero estar. Porque se está mu’ mal. Porque una no es dueña de su persona. Y tiene que hacer lo que diga la funcionaria. Y entonces en ese aspecto pues... duele eso, mucho. (En la cárcel) estuve con dos niños, estuve... con Vanesa y Diego, con la niña de once años y el niño de nueve años. Después estuve con otro pequeñito, mi Peque. Y después estuve también con mi Baby, que fue la última vez, esa que estuve... cuando me fui de... del permiso. He estao... una, dos, con cuatro niños. porque el niño me quita... me quita mucho. Porque el niño me alegra mucho a mí. Dispués tengo que estar mucho por él, entonces tengo más cosas que hacer. Sin los niños pues... me amargaría más. Yo si pudiera tener a los otros conmigo, los tendría, lo que pasa es que no puedo. Pero si yo los pudiera tener a todos aquí, los tendría a todos, porque entonces, no se no sufriría tanto. Porque, sí, tengo a éste aquí, yo sé que está bien conmigo, pero hombre, y los otros que están en la calle también están bien. Pero como el calor de una madre, no lo hay.

Yo los llamo siempre por teléfono, me pongo con ellos por teléfono. Me dicen: mama, cuándo vas a venir, que tal, que cual. Me echan mucho en falta. No quiero que los niños sepan que yo estoy aquí metida. No quiero que salgan como yo. Quisiera que ellos tuvieran una carrera, tuvieran, yo qué sé, sus cosas para entrar a trabajar. No sé. Porque los payos tienen su trabajo. Tienen el mes. Saben que van a cobrar y van a tener ese dinero seguro. Los gitanos no, los gitanos vivimos al día y tenemos que... luego nos jartamos. Y mañana pues Dios dirá.

Hace poco se me murió mi tío, de la droga. No de un eso que se hacen ellos, sino de... estaba enfermo ya, estaba enfermo del sida. Y eso también lo ha hecho mucho la droga porque si no existiera la droga el sida no (existiría). Había mucha competencia entre los gitanos por la droga. Que si, sabes, han vendio... Yo qué sé. Esa es una cosa que nosotros no la hemos tocao. Porque no, no nos gusta. Aparte que no nos gusta, porque nos da miedo. Porque le tenemos miedo a eso. Yo, por lo menos... si yo toco eso mi marido se puede enganchar, me puedo enganchar yo. Me da mucho miedo.

(De la cárcel) sale una más rebelde. Si yo voy a un mercao y a mí no me dejan vender, me quiten lo poco que tengo. Si a mí me han quitao lo poco que tengo y ya no tengo otro dinero para poder ir a emplear ropa o a emplear lo que sea, ¿yo de dónde voy a sacar ese dinero? Si nos han robado. Porque trabajamos como podemos. Porque el trabajo a mi no me lo dan por mi cara. Porque tienes que tener unos estudios, tienes que tener, yo qué sé, los diplomas esos que dicen... Las cosas esas que ya no sé ni cómo les llaman. Porque a nosotros no nos dan un trabajo asín porque asín. Entonces si vamos al mercao y nos lo han quitao, tendremos que buscarnos la vida para poder comer y para darles de comer a nuestros niños.

 

DOLORES
tiene 50 años. Está casada y tiene en la actualidad cuatro hijos. Ha estado en la cárcel dos veces cumpliendo condena y actualmente está en prisión preventiva. Su narración muestra la difícil transición sufrida por ciertos grupos de gitanos desde un mundo rural e itinerante a un mundo más sedentario y suburbano. En la vida de estas personas el mundo moderno se ve vinculado al consumo y venta de drogas, al punto de considerarse casi sinónimos. Por otra parte es llamativo y alarmante el proceso de prisionización sufrido no sólo por sí misma sino por todo su entorno social y familiar, en el que la cárcel se ha convertido en un elemento constante en sus vidas. En otro orden de cosas, es interesante resaltar como la vida va siendo narrada como la sucesión de los lugares donde se vive, de lo que podemos deducir la importancia atribuida a la casa como lugar de anclaje afectivo.

Yo nací en el campo. Mi padre estaba trabajando en la remolacha y entonces mi madre pues se puso mala para tenerme a mí y cuando fueron a llamar a mi padre mientras que vino ya estaba yo nacida, me lavaron con agua del río, me vistieron. Lo que es mi padre y mi madre no viven, murieron. Mi padre era tratante de bestias y mi madre vendía telas. Nosotros éramos siete hermanos, uno murió y quedamos seis. Pero están todos presos menos dos, porque aquí está mi niño, está mi niña, está mi hermano, está mi hermana y mi marido también. Estamos todos presos. Mi niña esta en Alcala, en Madrid, el otro lo tengo en Ocaña, un hermano mío también está en Albolote. A cada uno en un sitio diferente.

Cuando nosotros éramos pequeños mis padres no tenían casa, vivíamos en el campo. Hoy aquí, mañana allí, pasado allí, esa era la vida nuestra, hasta que (nos criaron) a nosotros, ya cambiaron la vida más moderna que llevamos aquí. Yo no iba al colegio, porque en esos tiempos, andaban para acá y para allá y entonces no me podían meter a la escuela, no sabemos leer. Se dieron cuenta que esto no era vida de estar de aquí para allá y entonces ahorraron un poquito de dinero, hasta que compraron una casita y allí estuvimos una pila de años viviendo. Ya después nos vinimos aquí a Málaga a un barrio, que aquello no era barrio, que aquello era un campo y entonces se liaron a hacer chabolas de tabla. Y estuvimos yo que sé de años. Después nos dieron un piso, el piso era torreta de esas muy grande y la cogieron ellos y la vendieron y se fueron a otro pueblo. Y después vendieron la casa y compraron un piso en Málaga. Y ahí fue donde murieron ya los dos.

Me casé con catorce años, antes nos casábamos por lo gitano. Después cogió mi marido, a la pila de tiempo, cuando tuvimos el primer niño, ya me dijo él que nos casáramos por la iglesia. Cuando me casé me fui a la Cádiz a vivir, mis hijos son de aquí. Yo tuve cinco niños, menos uno que un coche que lo mató: (el primero con) diez y ocho años, con diez y nueve tuve a la que está aquí. Y con veinte tuve al que cogió el coche y lo mató, con veintiuno tuve a la que tengo presa en Madrid y con veintidós a (xxxx).

(Cuando) éramos niños (nos) juntábamos una familia pila, siempre estabamos juntos, íbamos para acá, íbamos para allá, cogíamos tomates, cogíamos higos, brevas, todo lo que había. Íbamos a todos los lados juntos a por leña, a por agua, a todos los sitios. Bueno pues ya mi novio, tenía el tres meses mayor que yo, y entonces pues un día me dijo que yo le gustaba y yo harta de llorar. Y ya me daba a mí miedo de ir yo con él por ahí por los sitios. Porque digo, vaya que éste me pegue y me haga algo y entonces yo le digo: ‘mira tu a mí no me vayas a hacer bromas y dice`, ‘no, no es broma es en serio, no te vayas a creer que ahora que somos chicos, pero cuando seamos grandes nosotros nos tenemos que casar y nos casamos’. Siempre estabamos juntos. Que si yo tengo las luces de hoy yo no me caso ni con el rey . Después él se lo dijo a su padre y a su madre y entonces su padre se lo dijo a mi padre y ya pues nos casemos.

(Para ganarnos la vida) cogíamos cuatro puñados de limones cuatro puñados de naranjas y las vendíamos. Lo vendíamos en los mercados por las mañanas, cuatro limones cinco duros. Cuando nació mi primer niño (mi marido) estaba trabajando, estaba en la refinería y se tiró una pila de tiempo allí trabajando, ya era otra vida mejor ya teníamos una casita, una chabola. Cuando yo me fui a tener (mi segunda hija), entremedias llegaron los del ayuntamiento y tiraron las chabolas para abajo y dieron unas casitas, unas casitas muy bonitas, en diferente zona. Tenían su patio, cocina, tres dormitorios arriba, cuarto de baño, un salón. Entonces allí fue cuando a mi niño lo cogió el coche y lo mató, y yo ya le cogí cosa de estar en la casa y fue cuando me vine para aquí, para Málaga. La casa se la dio mi marido a un primo de él.

En Málaga me tuve que quedar en una chabola. yo lloraba porque no estaba acostumbrada a eso y lloraba de noche y de día sin consuelo, y este hombre (mi marido) me decía no llores, pues yo estaba cogiendo limones para comer, y entonces me dijo, a mi me van a llamar para una obra. Pues, con lo que tu vayas cogiendo vamos comiendo y lo que yo voy ganando lo guardamos para una casita. De eso hace ya muchos años, esa casita también era del ayuntamiento, entonces se revendía de un gitano y ese la revendía a otro gitano. Entonces ese gitano me la revendió a mi. Y entonces yo tenia ciento cincuenta (mil pesetas) y entonces fui a hablar con mi padre para que me prestara las otras ciento cincuenta. Y él me las prestó y yo fui pagándosela poquito a poco. ¡Comíamos al suelo!. No teníamos sillas, no teníamos mesa y no teníamos más que una chabola, pero dije poquito a poco iré comprando.

Yo he pagado dos condenas. La primera fue dieciocho meses, la segunda fue cuatro años y medio. Y ésta no sé, hasta ahora soy preventiva. Llevo seis meses. Bueno (detenerme) eso montones de veces. A mí me veían por la calle y a lo mejor iba a pagar o iba a comprar y me paraban y me pedían el permiso, y al otro día me veían y me pedían el carnet, pero bueno pero esto ¿a qué viene?, y de verme por la calle y llevarme para una comisaría y cachearme. (He tenido problemas con la policía) desde que empecé a vender droga, porque la mitad de las veces es mentira porque yo he pagado cuatro años dos meses y un día por el morro, porque la policía de aquí me tiene mucho interés. Yo compré un piso en Torremolinos que me lo quitó el banco por incumplir cuatro años y medio, porque el piso había que pagar una hipoteca, y claro como no había nadie en la calle, pues el banco con mis muebles y todo tiraron todo de él. Yo me tiré una temporada (vendiendo droga) y ahorré y lo compré. De eso ya hace once años.

Ellos los jueces se piensan que por ejemplo, si una tiene que entrar, aquí en la prisión y ya te tienen un año, dos años, tres años, cuatro años, ellos se piensan que una va a cambiar y no, no, cuando una sale, sale una peor. No yo, sino todo el mundo igual, porque claro, no es que le cambie, es que ahora mismito estamos presas dos años, tres años, cuatro años y ahora sale una, como nosotros decimos, con una mano delante y otra atrás. Con cincuenta mil pesetas todos los meses que dan del paro, con eso no puede uno vivir durante un mes, porque no es sólo comer, hay que comprar para ganar, para limpiar, para comprarse ropa, un calzado que precise una. Y con eso, ni a la mitad, y con lo otro que hace una, ¡pues tendrá una que ponerse a vender droga!, porque es que con esto de estar una presa, va a usted a pedir trabajo, no le dan trabajo, porque ya tiene usted presedente de estar presa, va una, todo el mundo le va a negar. Esta vez cuando yo salí (la última vez), yo dije ya que no, digo yo ya que voy a buscar trabajo, soy vieja.

Ahora todo es mas moderno pero la vida de antes era más bonita y más sana y se vivía mejor. Porque antes nunca, que yo recuerde de mi juventud, nunca han estado mis padres presos, ni yo, ni en mi familia, ni en la familia de mi marido, pues antes se ponían, cuando no tenían nada que hacer hacían canastos, poner las bestias, estaban las mujeres vendiendo sus telas y nunca han tenido problema y todo era más bonito, más sano y ahora, desde que esto ha venido a relucir a España, la droga, pues ya hay una democracia mala. En la clase nuestra, en la clase de pobres, de ... hacíamos una comida, una ensalada, una papa asada a la candela, y la repartíamos. Ahora no es igual que antes, hoy es que se ha echado todo el mundo por el dinero, y por los coches y por la ropa y por los trajes y por los terrenos. Tanto presumimiento y tanto orgullo y tanta fantasía por la droga. Nunca habían tenido tantísimos millones como tienen ahora, entonces ya ellos se sienten con los dineros y se sienten superior.

Yo he tenido mis niños enganchados y es una locura, por lo menos, una madre que sea madre y que tenga sus hijos enganchados, pues le tiene que dar para que se quite el mono, porque es una enfermedad y se ponen a morir, se ponen muy agresivos, y hay que dársela. En la vida moderna, de uno y de otro de la montera, yo por lo menos pienso así, que mis hijos se han enganchado de la montera. De los muchachos que ellos se han juntado y a veces que iban para acá y iban para ya.

Yo de mi juventud cuando yo me criaba, yo lo veo que antes se vivía con mas libertad, más sano, más bonito, vivía de aquí para allá, tenía una casa. No teníamos problema ninguno. Porque ahora la vida de los gitanos y de los payos están todos enganchados, y no es igual, antes un matrimonio decía ¡niños! vamos a hacer aquello, vamos a hacer lo otro. Ahora es pelea sobre pelea. Para eso la que tenga su marido enganchado, es igual que la que tiene su hijo enganchado, están todos de pelea.

Yo veo el futuro, señorita que cuando (mis hijos) salgan de la cárcel van a estar en el mismo problema de fumar.

 

REMEDIOS
tiene 29 años y una hija de 10. Está separada de su marido y tiene un nuevo compañero. Actualmente cumple condena por venta de droga. Es la segunda vez que es condenada por este tipo de delito. Su relato nos acerca a la espiral entre consumo y venta de droga en la que se ven envueltas muchas mujeres gitanas: la necesidad de abastecer a los allegados obliga a iniciarse en una actividad ilegal a la que en principio no parecía verse abocada. En esta narración la cárcel aparece también como un hito en la trayectoria vital en el que el orden de prioridades hasta entonces planteado se trastoca.

Yo nací en Barcelona, somos doce hermanos, ahora seremos diez. Bueno, todos mis hermanos han nacido en Barcelona (y) cuando yo tenía catorce años ya decidieron mis padres, porque Valladolid era muy tranquilo, de irse a vivir allá, vendieron los pisos y todo eso. Mis padres (se dedicaban) a la venta ambulante. Mi padre tenía una empresa de coches... bueno y en Valladolid también la tiene. Decidieron ir allí porque era más tranquilo y allí estaba la familia de mi padre, la de mi madre vive en Galicia. Entonces nos fuimos para allá, yo tenía unos catorce años.

Somos doce hermanos, seis chicos y seis chicas. A medida que se iban casando pues donde les tocara, más bien el novio o la novia, se iban a casar a Madrid, a Barcelona, a Galicia también tengo, y en Valladolid, estamos todos un poco repartidos. Excepto dos hermanos el resto no tocaron la droga. Dos más bien: mi hermana y mi hermano. Mi hermana murió de un paro cardiaco. Ella llevaba diez años sin consumir nada y eso. Y mi hermano sí, el mayor murió de la droga.

Fui a la escuela hasta los ocho o nueve años y (después trabajé) en casa. Desde los doce años o trece yo ya hacía de comer para mis hermanos, los pequeños, hacer la casa, o sea, como una mujer mayor igual, o sea, poca niñez he tenido, bueno, se trataba de cuidar a mis hermanos y todo esto.

A los quince años pues me comprometí con el padre de mi hija. (Yo) no quería pero bueno...Yo quería a otro chico, él era muy golfillo y así, y mis padres, claro yo lo entiendo, querían lo mejor para mí, y entonces pues (mis padres pensaron en ) un sobrino de mi madre (que vivía en Galicia), que es mi marido, vamos el padre de mi hija , y bueno como era muy bueno y tal y cual y de buena familia. La tradición gitana es así, por ejemplo, a mí me vienen a pedir, cuentan primero con mis padres, y mis padres cuentan conmigo, lo que pasa es que ahora ya tienes más tu voto, eso sí es así, hace unos años todavía no. Como a los padres les interesaba porque era de buena familia y tal, pues como (que) te obligan un poco a ti a decir que sí, aunque no quieras ¿entiendes? Y bueno, durante ese tiempo que estabas pedida hacían una fiesta ¿no?. O sea, como cuando le van a pedir la mano de una chica a sus padres, la pedida de boda, y llevan un tiempo y todo eso para la boda, y en ese tiempo dejan que se conozcan y todo eso...a ver si se gustan.

Claro las gitanas tenemos que casarnos vírgenes y todo esto del pañuelo, entonces, pues iba quince días y venía, nos veíamos poco y claro cuando una persona está conociendo a otra... pues intenta dar lo bueno de sí... Luego lo que tiene de malo ya lo irás viendo. En esa semana o diez días que estás no traté mucho con él, pero sí bueno le cogí mucho cariño.

Me casé con quince años. Con la familia de mi marido muy bien, es que ella, la madre de él, es la hermana de mi madre, nosotros éramos primos hermanos. Lo que pasa es que, claro, cada uno nos hemos criado en una punta y no nos conocemos, entonces pues entre nosotros está permitido casarnos así. Con mi marido al principio muy bien, En la plaza vendían pues de todo, ropa, mandiles, lo que les saliera, lo que les viniera a mano. Y, bueno, por las noches, él y sus tres hermanos, pues iban a cantar en un grupo musical y bueno, hacían muchas galas en verano, tenían trabajo fijo. Yo les acompañaba bailando, cantando, un poquito acompañamiento. Y bueno, a lo primero, estuvo muy bien. La vida, esto de plan bueno, duró como dos años, dos o tres años, y luego ya empezaron a venir los problemas porque él se echó a la droga, fumaba. Aquello era la casa de la alegría porque aquellos niños eran todos muy sanos y luego toda la casa se echó a perder, la verdad. Primero cayó Antonio, mi marido, y luego sus hermanos. Todos, uno detrás de otro, todos.

A él le gustaba mucho la juerga, siempre le ha gustado mucho la fiesta ¿no? Casi a todos los gitanos les gusta mucho, pero un día, no sé, empezó, yo me di cuenta mucho más tarde, a los ocho o nueve meses, y entonces a partir de ahí empezaron los problemas, que si el dinero, que si la droga, cosas así. Dejaba de trabajar y yo tenía que , bueno, como veía que él no hacía nada y a mí no me gusta depender de nadie, pues me iba yo a buscarme la vida, asistir casas... Me busco la vida, estoy muy orgullosa de ser gitana, y si tengo que irme a vender cuatro calcetines me voy, no me avergüenzo para nada. No sé, no es el tipo de vida que me gusta, yo prefiero un sueldo estable y un trabajo fijo. Bueno, si no hay otro medio, pues sí lo hago y se me da muy bien. No me daba miedo nada. Si tenía que ir a limpiar, a limpiar, si a vender, a vender, iba a lo que fuera.

El como que se daba de cuenta y luego me valoraba mucho más, porque muchos matrimonios allí, gitanos, más cerca imposible: su hermano con su mujer, cayó en la droga y ella también. Tenía miedo y se preocupaba mucho en ese tema por mí, de decirme que no cayera, por la depresión porque, la verdad, no ha sido muy buena vida. No sé, es que no lo entiendo (que la gente se enganche a las drogas), es que si no lo ves o por ignorancia lo haces, dices vale de acuerdo, pero viendo las consecuencias que trae y la gente que muere, es que yo no lo entiendo porque dice, yo he hablado con muchas, muchas compañeras por qué se han metido y eso, porque se han sentido solas o por depresión. Yo llevo cinco años y medio sola, ahora tengo mi compañero, yo he estado mucho tiempo sola, yo he tenido a mi hija y he pasado muchas fatigas con ella y lo he pasado muy mal, yo no me he aislado ahí por fumarme dos chinos, yo los problemas los afronto..pero yo, ya te digo, que cada persona es un mundo y hay personas más débiles. Yo, gracias a Dios, en ese tema he sido más fuerte...digámoslo así, pero yo es que no lo puedo entender. Un día, una vez, por no mentir, un porro en una Nochebuena, por reírnos todos, di dos caladas pero nada más. Nunca más. Un día es un día, te tomas una copa, lo que sea, pero no me gusta ni los porros nada de eso.

Se puso agresivo. Yo siempre lo perseguía, lo veía, pero claro yo lo hacía por su bien, o encargaba a la gente que no le vendiera nada, me peleaba con la gente para que a él no le vendieran. Yo bajaba y les decía yo no quiero que a mi marido le vendáis y tal y cual, y si le vendían, bajaba y no me cortaba un pelo, me daba igual, porque yo veía que estaba destrozando todo, pero bueno ya sabes, por ejemplo, muchas veces había gente que me respetaba y que no le vendía pero si no le vendían mandaba a otra persona para que se lo comprara y siempre estaba... y bueno ya empezaron los problemas económicos y todo eso. Él empezó a vender. Así tenía él para su consumo, yo veía poco de ahí (de ese dinero), pero él tenía para su consumo y cosas así y cuando no había dinero pues había muchos problemas y eso solucionaba los problemas. El vender las drogas solucionaba sus problemas, porque teniendo para su consumo no había problemas y estaba bien.

La familia de él siempre me ha apoyado, hasta que caí en prisión siempre les he tenido. Yo soy la nuera más vieja de casa, y cuando había algún problema o algo siempre contaban conmigo, porque era muy decidida ¿sabes? Y muy fijas mis ideas, eso sí, también veían que me buscaba la vida. Mi ex-marido lo ingresamos varias veces; o sea, ingresarlo y estarme allí dos meses con él al pie de la cama, o sea, siempre luchando por él. Bueno y salía y muy bien, en ese tiempo que estaba muy bien no vendíamos drogas ni hacíamos nada, nos íbamos a vender y se notaba otra armonía en casa ¿no? Pero luego otra vez como que se tentaba y no lo dejábamos solo un momento pero no, mucho apoyo y todo, pero no. Mi hija la tuve con diecinueve años. Yo pensaba que con la niña iba a cambiar un poco la situación, se iba a sentir mejor al tener hijos y todo eso, aunque vi, al cabo del tiempo, iban pasando los años y lo veía igual, porque (él) sabía que no iba a terminar con él. Lo intenté y él bien lo sabe lo que he hecho pero...

Él cogía droga, y claro él se preocupaba de fumársela, y a lo mejor para que le volvieran a dar y eso, o la gente no viniera a dar broncas, yo me encargaba de vendérsela para sacarle lo que valía. Pero ya te digo, no siempre, no en todos los años. Cuando veía la cosa muy mal es cuando te agarrabas y tenías que vender. A mí me da mucha pena venderles, de hecho, cuando les vendía a los chicos pues todos como que me querían más porque, así, por ejemplo, no les cobraba por la mañana, o muchas veces les regalaba, nunca me han firmado. Les han cogido muchas veces, con "papelinas" y eso, y nunca me han firmado, nunca han dicho que era mío y yo me he comportado con ellos, porque no tener y tal, están mal, para vender así yo no valgo, no me ha quedado otra pero me da mucha pena, he pasado mucho con mi marido y sé lo que es estar mal, también los entiendo a ellos ¿sabes?

Anteriormente por una cosa pequeña que tenía, vamos sin importancia, me echaron dos, cuatro uno. Es que se dice así: dos, cuatro, uno. La niña tenía un añito o así y caí presa... ya tenía cuatro años cuando salí de la primera, cuatro, que era cuando se empezó a poner malita. Mi hija tiene psicosis infantil y me han dicho que tiene que estar en manos de profesionales. Los médicos me dicen, psicólogos, psiquiatras y demás, que puede ser debido al entorno familiar que ha habido. La tenía mi suegra que la quería mucho, pero más bien quien ha estado al cargo ha sido un cuñado mío, que le tengo mucho que agradecer. Y nada, salí pero había el mismo tinglado fuera. Ya estaban también enganchados...

(Esta última vez que me detuvieron) a mí no me cogieron nada encima, ni a él tampoco, y bueno lo que pasa es que, como él es toxicómano, dijo donde estaba el dinero, no llevaba nada encima pero dijo donde estaba el dinero, implicó a gente que no debía. Para cuando saliera decidí dejar a mi marido, el primer día que entré en la cárcel, porque yo entonces tenía la niña enferma y yo le dije que estaba en condicional y que se lo comiera él, que yo lo que le hubiera hecho falta que le hubiera asistido el tiempo que hubiera sido necesario, él lo sabía, que me dejara por la niña, que se lo comiera él, que salvara a esa gente y que yo iba a asistirle, que no le iba a faltar de nada. Tenía la niña muy enferma y tuve que comérmelo yo y bueno. Llevó muchos años dándole oportunidades pero no me arriesgo más. Lo que me da rabia de todo esto es que haya luchado tanto para nada y yo que sé, hemos sufrido mucho los dos, ahora él por su lado, yo por el mío, espero que le vaya bien pero lo veo injusto y da un poco de rabia.

En su día no, o sea, me casé porque era más bien a gusto de ellos (mi familia), porque era muy buena gente y porque mis padres estaban contentos acepté un poco ¿no? Y luego, le dije que sí, aguanté esto y aprendes a querer a una persona pero si yo escojo, me sale bien o mal, es mi decisión y ésta, más bien, fue la de ellos y ellos se sentían como un poco culpables.

En la cárcel he aprendido lo primero a mirar por mí, lo segundo, pues a valorar un poco más lo que vale la libertad. Porque siempre miraba por los demás, antes era primero está aquél y aquél tal, no, ahora ya no. Yo ahora tengo un compañero con el que comparto ahora mi vida, el día de mañana si me irá bien o mal, pero yo me preocupo por él, pero pienso mucho en mí, tengo mucha ilusión por hacer mi casa, mis cosas, recoger a mi hija y todo eso y espero que seamos, que haya armonía entre nosotros. Antes siempre me preocupaba mucho de mi marido, de mis cuñados, de los otros o de esto de lo otro, siempre estaba atenta a todo y no. A mí me gusta un hombre que tenga sus preocupaciones, que se ocupe de las cosas ¿sabes?, o sea, que tú te ocupes de una parte pero él de la otra, pero que todo recaiga sobre mí no.

(Mi nueva pareja) tenía una compañera, gitana, tuvo una hija con ella. Era gitano él también. Estuvo preso siete años, empezaba a escribirme, y a lo mejor, parece mentira, pero aquí una carta te llena mucho, te da esa alegría, esa cosa ¿no?, pues yo cuando empezábamos a contarnos cosas del pasado, de cuando éramos niños y cosas así y, bueno, quedamos en que cuando saliera de permiso vendría a verme. Él lleva un año fuera. Y yo estoy en tercer grado ya.

Como salgo muy a menudo, no me gusta ver a la familia en las comunicaciones por locutorio pues no me gusta, tras el cristal, no puedes dar un beso ni nada, me quedo mal. (Cuando salgo de permiso) estoy con mis hermanos, con mi compañero, voy a ver a mi hija. No voy mucho por ahí de fiesta, no más bien te apetece estar en familia, en casa, te apetece ir por ahí, a merendar o eso, pero más bien en familia ¿sabes? Cuando estás aquí echas mucho de menos la familia.

Los permisos te motivan muchísimo, sé que voy a estar seis y siete días, voy a volver a mi casa, ver a mi hija, voy a estar con la persona que quiero, con mi familia, al no depender de que ya no te cierran la puerta, compras, yo qué sé, cosas. Que a lo mejor no las ves importantes pero para nosotras sí. Sí, yo qué sé, como irte a tomar un café a una hamburguesería o a un mercadillo, o irte a la peluquería o irte a comprar comida, lo que sea, cosas así.

No de salir no (tengo miedo), de empezar, y qué hago y ahora tal. Sí, eso mucha gente, y ahora qué hago y ahora qué voy a hacer, eso sí. Y, claro, hay que echarse "palante", y tirar "palante" porque lo mismo que has tenido valor para venir aquí y aguantar esto, si has aguantado esto, no te da miedo nada. (El futuro) está difícil, yo pienso que tengo el apoyo de mi familia, que para mí es lo más importante, el apoyo de él (de su nueva pareja), él ha cambiado muchísimo y también ha sufrido mucho, es muy parecido a mí, después nos hemos marcado una vida pues en la que hemos sufrido mucho los dos, tanto él como yo.

(Recuerdos de la cárcel me quedarán) muchos, de bajar, de subir, de bajar, de subir, las puertas, el que no puedas abrir tú, el estar privado de libertad, de la familia, yo no sé, yo siempre me he dicho esto no mata a nadie ¿sabes?, ni se muere nadie si no quiere, pero la cárcel por muy bien que la lleves, para mí, personalmente, te queda marcada para toda tu vida. Esto es una cosa de que aprendes a vivir con ello, pero esto se lleva por dentro, este recuerdo son muchos años sin tu hija, sin tu familia, muy a falta de cariño, no tienes compañero, muchas cosas que pierdes y cuando sales ya no las encuentras, se destrozan muchos matrimonios por causa de venir aquí, cambian de forma de manera de pensar, pierdes mucho una nobleza que tenías, no confías en nada.

 

NOEMI
tiene 24 años y cumple condena por venta de drogas. Tiene dos hijos y espera un tercero. Es la segunda vez que es condenada por el mismo tipo de delito. La narración de esta mujer responde a uno de los perfiles más prototípicos y numerosos de las mujeres gitanas encarceladas: si bien ella no es consumidora, existe adicción a drogas en su entorno familiar. Además, la decisión de vender drogas viene determinada por las dificultades de sustento que encuentra no ya sólo en la economía formal sino también en la sumergida, añadiendo a ello las posibilidades de enriquecimiento rápido que parece posibilitar esta actividad. Por último es interesante la relación entre sexo y droga que se describe en esta narración.

Soy de Málaga. Mi padre primero trabajaba de soldador, cuando éramos más chicos. Pero ya luego le dieron la baja en el trabajo y ya no lo contrataron más. Le dieron un contrato de seis meses, entonces cuando cumplió el contrato ya no le dieron mas contrato, no le dieron más trabajo. No teníamos nada, sólo la venta de mi madre ¡mira la esperanza!, once niños y ellos dos.

Mi madre salía en la mañana y venía por la tarde y a la hora que llegaba era a la hora que comíamos. (El resto de los familiares) siempre con el tema de las mantelerías, le vendían a los turistas más que nada. Teníamos que ir vendiendo por las playas, vendiendo las mantelerías.

Fui a la escuela pero me tuve que quitar muy pronto porque como mi madre tenía que buscarse la vida por las playas, entonces yo tenia que tener cuenta de mis hermanos, porque yo y la otra éramos las más grandecitas, entonces nos tuvimos que quitar del colegio y entonces no aprendimos nada. Unos siete u ocho meses, estabamos yendo, no daba tiempo de aprender, ni escribir ni nada.

A partir de los quince o diez y siete años por ahí es cuando allí (en el barrio) empezaron a vender droga y nosotros preguntábamos: ¿eso que es, eso que es? Mis padres lo único que decían era que por donde vendieran eso que nosotros no nos acercáramos. Que donde nos acercáramos por ahí nos molía a palo. Porque le daba miedo porque como tenia cinco niñas y cinco niños aparte de la chiquitilla que tiene, a él le daba miedo que algunos de nosotros tocáramos eso, nos molía a palos.

Me casé, y nosotros queríamos sacar pañuelo, porque mis hermanas todas lo han sacado, pero como mi padre es tan... gitano tan antiguo entonces como yo era tan pequeña, porque yo me fui con mi marido con quince años, pues mi padre no me quiso casar, porque decía que era muy pequeña. Entonces yo me junté con mi marido porque me gustó el gitano y ...no quería que se fuera con otra. El se casó ya madurito, él se caso ya con diez y nueve años. Vivía en la misma barriada que nosotros. Yo el pañuelo lo saqué en la sábana, pero que no me lo sacaron, yo me acosté con mi marido y se cayó todo en la sabana, al otro día de acostarme con mi marido fue el festejo. Mi padre duró tres meses sin hablarme. Mi madre le daba igual porque decía que sus hijas eran para casar, que ya tenia quince años, que si me quería casar, que me casara. Pero él no porque era muy pequeña todavía.

Cuando me casé ya estaba trabajando con mercado, pero como no tenemos licencia, ni nada de eso, cuando nos ponemos en un rincón de un mercado con las cajas de chandal o de lo que sea, viene el policía, tenemos que salir corriendo. Cuarenta veces nos lo han quitado y perdemos las ganancias y lo perdemos todo.

Primero tenia un niño, y con mi marido recogiendo chatarra podía tirar y ya con el segundo yo pensé que ya con 4.000 pesetas yo no puedo hacer de comer, hacer de cenar, calzar los niños vestirlos y la limpieza para comprar muchas cosas que me hacían falta y entonces yo decía de dónde echo mano. Fue mi marido a buscar trabajo y le dijeron que ellos no tenían ningún trabajo vacío. Y entonces, yo me dije, ‘voy a ponerme a vender droga’. La que empecé fui yo porque me hacia mucha falta para mis hijos. (En el barrio) había mucha gente, yo me decía, ‘así se gana el dinero muy fácil’, por lo que yo dije a mí me hace falta vender para mis hijos. Me cogieron y es lo más fuerte que he tenido. Es que no me dio tiempo a nada, si es que lo que me tiré unos veintitantos días vendiendo. Y es que lo que yo pensé yo a lo mejor me gano siete u ocho mil pesetas, pues yo calzo a mis niños, yo los visto, pues cuando me quise dar de cuenta yo no tenía ni para el abogado, el dinero me lo tuvo que prestar mi gente para pagar el abogado. A mí me cogieron a los veinte días de estar vendiendo y hay gente que dura ocho o diez años y no le pasa nada. Es que no merece la pena, porque si te tiras un mes fuera y te ganas a lo mejor siete u ocho mil duros o veinte mil duros y luego entras aquí, pues no tienes, a lo mejor, ni para pagar el abogado. Eso me pasó a mí la primera vez.

(Yo la droga) para venderla, yo para fumar no. La persona que lo toca, casi generalmente, algo prueba, es que mayormente todos son enganchados. Con la mujeres es distinto, las mujeres dicen no, yo tengo muchos niños, a mí nunca me ha pasado por la imaginación yo probar eso. Sin embargo yo tenía a mi hermano y a mi marido. Porque mi marido también ha estado con la droga así vendiendo, así como yo. Dejó lo de la chatarra. Pero luego le dio la manía de probarla y se ve que le gustó. Y empezó, empezó.

(También) mi hermano se empezó a enganchar, cuando estábamos vendiendo de a poquillo, papelinas. Ha comprado para vender y de lo que ha comprado para vender ha fumado. Yo lo veo muy mal, es que la droga se lo come vivo. A lo mejor lo hemos visto fumando y lo hemos regañado, le hemos dicho no fumes de esto, pero como él nunca nos ha echado de cuentas, el siempre ha estado despegado ( de la familia).

Yo estoy aquí (en prisión) por tener antecedentes penales, yo no estoy aquí por otra cosa, por que no quiere decir que si alguna vez yo vendo droga no quiere decir que yo siempre voy a vender droga, sólo porque tengo antecedentes penales y no hay pruebas contra mí, no tienen derecho de condenarme, pero me han condenado cuatro años, dos meses y un día. Estoy aquí hace veinte meses.

(En el barrio) hay gente que vende y hay gente que no vende pero como en mi callejón todos están vendiendo, pues cuando los fueron a cachear a ellos pues vinieron a mi casa, pues entonces al sacar el dinero dijeron que era de la droga. Mi marido por esta misma causa salió hace como dos meses de aquí. Vinieron a hacer un registro y sacaron 150.000 pesetas, que era el único dinero que teníamos nosotros de la venta, que si yo vendo dos trajesitos, a lo mejor me como lo de uno pero lo del otro lo voy guardando para ir empleando, porque si me como lo de los dos pues entonces no empleo más. Entonces yo iba metiendo en una bolsa y lo iba metiendo en mi mueble, cuando vino allí la policía y se cachó el dinero. Yo he vendido (droga) , pero lo que le quiero decir es que porque haya vendido una vez no voy a vender dos.

Decían los policías que ellos me conocían a mí, que yo vendía droga, entonces yo le dije al juez que eso era incierto que yo misma le abrí la puerta con mis propias manos y les dije que no me partieran la puerta porque ellos lo parten todo, que yo tenía mis llaves, que yo no tenía que temer nada, entonces yo abrí la puerta y se llevaron el dinero, me llevaron para comisaría.

(Ahora) mi marido está en la calle con los dos niños. Porque era por primera vez (tuvo menor condena). Está buscando chatarra con los dos niños. (Con la chatarra) se tienen bastantes problemas. Tenía un coche y lo ha cambiado por una furgoneta y se va todos los días a buscar. Mi suegra está con ellos. Somos una familia unida, que no estamos despegados ni nada, pasa lo que sea y estamos todos juntos.

La primera impresión (de la cárcel) que me iba a morir en una celda. Cuando yo vi tantas rejas y tanta chabola y tantas mujeres, la primera vez con diez y nueve años, cuando yo entré aquí pues me iba a morir. (En) la vida de la cárcel, te espabilas más, se te abren los ojos para que no hagas más cosas que no tienes que hacer, te encuentras muy mal pues estas tan lejos de tu familia, estas cerca pero a la vez estas muy lejos .(Los hijos) vienen todos los domingos a verme. Pero es muy duro que los tengas que ver por cristales y que, a lo mejor, media hora de comunicación y que a lo mejor ellos mismos te dan animo, se le parte a uno el alma cuando se van.

Tenemos dos (hijos) y con este que viene tres, yo no quiero más.(En el) hospital, en cuanto me den el acta se lo lleva mi hermana para fuera. Yo a mis hijos quisiera lo mejor del mundo, porque yo a mis niños los he metido a la escuela, yo quisiera que se sacaran el titulo al menos para ir a trabajar, al menos para que no tocaran la droga porque si ellos tocan la droga, si no se enganchan, van a estar presos, y si no están presos, se van a enganchar, y yo quisiera que mis hijos no tocaran la droga igual que la he tocado yo. A mi me gustaría que mis hijos estén en la escuela y salgan con un titulo de lo que ellos quieran. A partir de que tengan su edad que trabajen y que se guarden su dinero para lo que necesiten ellos. (Con relación al matrimonio) Yo pediría que aguantaran un poquito más para que disfrutaran lo que tienen que disfrutar, si ellas no quieren, pegarles ni maltratarlas no, pues yo me he casado de la misma edad. Yo ahora mismo he disfrutado lo mismo casada que soltera, tengo un marido que no es celoso, no es enganchado, no fuma , no bebe.

 

SALUD
tiene 43 años y cumplió condena por tráfico de drogas. En estos momentos lleva preventiva seis meses, esperando juicio acusada de un delito de venta de drogas. Aunque dice estar actualmente desenganchada ha sido toxicómana y, como ha pasado a menudo, la dependencia -aunque no el consumo- se inició en la propia prisión. El relato de esta mujer es interesante en cuanto que es un caso atípico entre las gitanas -y podríamos decir que también entre las mujeres payas de su generación-. Salud se declara lesbiana de toda la vida y esta cuestión nunca supuso un problema para su familia. Además ha viajado y ha gozado de gran libertad. Su trayectoria vital rompe con todos los estereotipos sobre la mujer en la comunidad gitana y muestra la diversidad dentro de ese colectivo que a menudo vemos como uniforme.

(Tengo ) Cuarenta y tres años. Mi padre era bastante tradicional, de hecho a mi padre nunca lo he visto borracho, nos ha querío mucho, de tanto que nos han querío yo pienso que nos ha criao a todos malamente. Tenía un taller, trabajaba en la construcción. En el mismo negocio de mi padre tenía trabajando veinticinco personas más mis hermanos. La verdad es que estábamos en muy buena situación. Yo no me puedo quejar de mi infancia porque la he tenío mu bien arreglá, no puedo quejarme ni de mi padre ni de mi madre, además de hecho están muertos y los recuerdo cada día.

Yo era la más chica (de) siete. He estao en la escuela hasta los diecisiete años. Estaba interna, iban los fines de semana a recogerme.... Me salí, me salí porque era demasiao traviesa y me echaron. La gente decía que yo servía pa’ estudiar. Pero la verdad que a mí no me gustaba. Aguanté hasta los diecisiete por él (mi padre) porque querían que estudiara algo.

Más adelante pues se fueron casando mis hermanos. La familia se fue separando. Lo peor que hizo mi padre fue que hizo un bloque de pisos. El quería tenernos a todos... Fue lo peor que hizo. Por la envidia ya de las cuñás, los hermanos cambian. Nosotros estábamos todos mu’ uníos...ya cambia mucho, ya por la parte de, digamos, de las cuñás... Que cada uno tira pa’ su sitio. El que se casa quiere casa. Estábamos acostumbraos ¡venga un domingo a la playa! tos juntos.. ya empezó a venir la cosa mal ¿no? De hecho mi padre se quedó ciego. En aquellas fechas cuando tenías cataratas pa’ operarte te tenías que quedar ciego total.. Cogió las riendas mi hermano el mayor. Empezó las cosas a venir mal, mal, mal y de estar arriba... por eso dicen, es verdad, que las torres más altas caen. Económicamente sí (fue bien) , hasta que murió mi padre... pues sí. (Después) se cerró el taller, pues ya cada uno tenía su profesión, cada uno su trabajo por su sitio.

Yo he vivío muy independiente. Desde los veinte años yo he vivío con una mujer. He vivío quince años con una mujer, de hecho en el mismo bloque. A mí me han respetao y yo he llevao mi vida. Mi padre decía: ‘Te quiero ver bien antes de verte tirada en la calle’. Hombre, yo es que... ni con mis hermanos tengo quejas respecto a eso, de hecho hoy en día yo estoy viviendo con una mujer y vivo allí en mi casa. Con la primera que viví era una francesa. Mi madre iba a tomar café, y: ¿Qué vas a hacer hoy de comer?, o ..., pues voy a comprar pescao. ‘Mu’ bien, de hecho, digo mu’ bien’. En ese aspecto nunca he tenido problemas, hasta hoy en día no he tenido problemas. Sin embargo ahora estoy con una gitana y tengo problemas con su familia. Pero hay que lucharlo. Quien quiere algo, algo le cuesta.

(Con) esto de las parejas... yo me quedé flipando. Ahora yo soy como soy, pero lo que yo no veo normal es que yo tenga mi marío, tenga vení aquí y ahora esté con una mujer. Pa’ mí eso, dentro de mi innormalidad yo no lo veía normal, pues lo respeto, vale, cada cual. Y en las gitanas más que en la parte paya, digamos, ¿eh? Las que tienen mucha condena, se hacen parejas. Pa’ mí eso es vicio. Es vicio, porque dicen: ‘Bueno, yo tengo diez, doce o quince años de condena, pues hay que pasarlos’. Yo no soy mejor que nadie ni peor que nadie, yo soy como to’ el mundo. Pero lo mío es de nacimiento. Entonces, mi pareja, yo llevo con ella, ahora, con ésta, cuatro años y en la calle llevamos un año. Su familia es mu’ gitana, mu’ tradicional.

Ella nunca había estado con otra mujer, eh. No sé lo que pasó, aquí estamos faltas de mucho cariño. Aquello surgió pues de un día a otro, surgió, surgió y hasta el día de hoy. Los hijos (de ella) están con nosotros. Me ha costao un año de asistenta, gracias a Dios, la ha conseguío. Que no hemos tenío ni p’al autobús y nos hemos ido andando a verles. Está a cuatro kilómetros. Y un día, y otro, y venga. Porque estábamos las dos recién salidas.

(De joven) me gustaba mucho la juerga. Las juergas mías eran muy caras. De hecho ya con las amistades que tenía salían mu’ caras. Nos acostumbramos al to’ bien. Aquel día se me pasó eso por la cabeza...Tenía que ser otra persona y digo, venga lo voy a hacer yo. Lo hice yo... y me medio chivataron. Me cogieron ya presa en la frontera. Me cogieron, me condenaron, estuve dos meses preventiva, eso fue en el 89. Y en el 93 entré a pagar siete años. Con mi familia tuve to’ el apoyo del mundo. Se llevaron un buen disgusto. De hecho, mi madre, el cáncer que tuvo, el cáncer de páncreas, que eso lo pienso yo y yo no sé si será verdad o no, se le desarrolló. Y murió a los dos meses. Después mi hermano, un día a los seis meses, de lo mismo, de cáncer de páncreas. Y al morir mi hermano ya entré presa. No es que entré presa. Es que mi gente me metieron presa. Como tenía ya la busca y captura del juicio, porque ya estaba muy que me daba igual to’. Me daba igual to’: quería la muerte. Ahí ya me tiré al fango por completo.

En la cárcel me enganché a la droga. A la heroína. A la puta heroína... Yo me metía mis rayitas de coca de vez en cuando y se terminó. En la cárcel caí en la heroína. Por eso muchas veces cuando escucho a las gitanas mayores, digamos, hablar: ¡Ay! ¡Que fumáis droga! Pero ¡si sois vosotros las que la vendéis!

Hoy en día estoy desenganchá, de hecho ya estoy desenganchá. Si me engancho es porque quiero. Como si fumo es porque me da la gana de fumar. Desde que caí no sé ni organizarme. Yo he vivío, ya de hecho, yo he vivío. Conozco Europa casi la conozco, me ha gustao siempre mucho viajar. Pero desde que caí en la puta droga, no soy nadie. Ella (la pareja) no, ella gracias a Dios, no. La droga nada.(Estuvo en prisión) por venta. Tenía que dar de comer a los niños.

(Ahora) estoy contra la salud pública por dos pastillas, por dos tranquilmazín y además no muy bien, porque me peleé con un secreta y ellos tienen mucha autoridad y me están jodiendo. Tenía la mano escayolá e iba a arreglar unas cosas aquí al juzgao, de unos papeles de ella, que tenía una busca y captura del año 92, a pagar un mes o 40 días, y entonces pues estaba metiéndome otra vez en la droga... entonces, compré dos tranquimazín, me las tomo pa’ dormir. Me cogió un secreta... y el secreta me ha buscao lo que me ha buscao... Pero no me pillaron en drogas. Me cogieron 11.520 pesetas y dos tranquimazín, que de hecho yo estoy tomando aquí medicación más fuerte que las tranquimazín. Y llevo seis meses preventiva. El abogao me lleva diciendo desde la semana pasá que yo tenía que estar en la calle. Hoy estoy esperando al abogao.

Me están destrozando. Porque mi vida, lo que es mi vida familiar en la calle me la están destruyendo toda por completo. Ahora que salgo yo a la calle: ¡Ah, ya he salío! Vuelve a empezar. Acércate a la familia. Enfréntate que mi familia es de... de hocico mu’ alzao. Que no se meten en con quien yo hago (mi) vida , una mujer y eso, pero eso de la droga ellos no... Y ahora cómo les digo yo que me han metido por dos Tranquimazín. Y eso ¿quién se lo cree? Les tendré que enseñar los papeles.

Esto es una cárcel preventiva. Esto es una guardería. Aquí: patio, comida, dormir. Dormir, desayunar, patio. No hay actividades. No hay na’. En otras cárceles hay talleres donde la gente que no tiene "peculio" trabaja y gana setenta, ochenta, noventa mil pesetas al mes. La hay donde sales de un módulo y llega la hora de comer. Donde te distraes. Donde... donde se te pasa la condena. Aquí, esto es morirte. Aquí es... como las cabras. El pastor las echa pa’ que coman de día y las cierra de noche. Exactamente igual.

(En la prisión anterior) Pues mi vida era mucho, mucho mejor que aquí, quinientas mil veces. Ibamos a desayunar, desayunábamos, automáticamente nos íbamos a talleres de manipulado. Desde las nueve y media hasta la una, una y cuarto... trabajando. (Ganaba) hasta veinte mil duros al mes. Por la tarde teníamos la opción de quedarnos en el "chape" o bien escribiendo o bien leyendo o bien nos sacaban al patio. En verano piscina.

¿Cómo nos dicen? Nos van a.. a... a reformar. No sé a qué nos van a reformar. Lo que nos están es deformando. Están haciendo aprender mu’ mal. Enseñamos cosas malas, porque de bueno no se aprende na’. De vez en cuando, puedes encontrar una buena compañera, que las hay también. Pero la mayoría somos falsas. Vamos... Hoy tú tienes, pues tú eres mi amiga. Mañana no tienes, no eres mi amiga. Y eso pues duele.

(Cuando) entré a la cárcel, murió mi padre. No me sacaron. Porque son mu’ cabrones. A mucha gente la avisan y la sacan. A mí no me sacaron. Yo me enteré a los dos meses. A mí ya me resultaba raro que no vinieran a verme. Llamaba a mi casa y no había nunca nadie. Y me enteré por una sobrina mía. Y cogí a una funcionaria y la iba a matar. Digo: Usted me estaba diciendo hace cuatro o cinco días que mi padre estaba mu’ bien. ¿No? Estaba mu’ bien y que no se...Después a los tres meses me vino un papel de Instituciones Penitenciarias que me daban permiso para ir a ver a mi padre. De hecho quería denunciarlos. Aquí pasan muchas cosas que tendríamos que denunciar. Porque yo he escuchao a una a otra: ¡ah! que voy a poner una denuncia, a ver, al juez de guardia. O al Defensor del Pueblo. ¿Porqué no? Hay un Defensor pa’ nosotros. O es que nosotros no somos humanos. Pero como no lo hacemos.

Lo que pasa es que la población gitana es más inculta, no tiene asesoramiento, no saben la mayoría ni leer ni escribir, se crían en sus leyes. Pero esas qué leyes son, esas leyes le sirven a ellos, del mundo de ellos. Ahora vienes a una cárcel, y entra alguna y le quitan los hijos, por la cara, ¿a mí me van a quitar un hijo porque yo entre presa? ¿por la cara? A mí me tendrán que dar un buen motivo. ¿No? necesitan más asesoramiento, es decir, aquí en la cárcel debería de haber alguien, o poner a alguien que los asesore. Bueno, mire, usted ha entrao por esto, usted la condena que va a cumplir es equis tiempo, de esta manera se le acorta más, haciendo esto más, si lo lleva... así. Ellas solamente saben preguntar ¡uy! el educador. ¿Cuándo me voy? ¿Cuándo me pasan por Junta? ¿Cuándo es el permiso? De hecho yo lo he aprendío. Esto que le estoy hablando, pues cuando entré en la cárcel, porque vi... yo allí desde luego vi.

De cara al futuro habíamos pensao comprarnos nuestra furgoneta y dedicarnos a sacar los permisos que haya de sacar y dedicarnos pues a vender, pues... zapatos, ropa, según lo que nos convenga ¿no? Con esto pa’ vivir pues tenemos suficiente. Yo lo que siempre he sido es muy buscavidas y a mí no me gusta depender de nadie. Que si sale y me tengo que poner a vender droga, vendo droga, eso está más claro que el agua. ¡Hombre! si veo que las cosas me van mal, pues... yo no voy a pasar hambre, ni los que están a mi lao.

(Los hijos de la compañera) primero que no estén en el barrio donde estaban viviendo. Eso ya para empezar. Donde vivíamos nosotros, pues por allí no hay droga. Que tengan sus estudios hasta su edad. Que tienen que estudiar, pues si podemos darles estudios, si seguimos juntas ¿no? pues darles sus estudios. Pero (no) que me voy al cine y haciendo to’ el día el vago. Yo eso en mi casa no lo he visto, y la verdad que como yo no lo he visto, yo pa’ esos niños quiero lo mejor del mundo.

La vida es mu’ bonita, ¡eh!. Pa’ saberla vivir. Ya le he dicho, yo he vivío, yo he vivío mucho, yo he viajao mucho también. He viajao mucho. Me ha gustao. No estaba metida entonces en este mundo. La cárcel, esto se pasa. De aquí salimos. Unos lo llevamos mejor, otros lo llevamos peor. La droga es lo más malo que pueda haber sobre la tierra. Hacemos cosas que nunca se nos había pasao por la cabeza. Y llegamos a un punto de desearnos a nosotros mismos la muerte.

Yo me he desenganchao cantidad de veces y sin medicamentos ni na’, porque como soy alérgica, resulta que no puedo tomar muchos medicamentos y lo tengo que pasar a pelo. Pero he vuelto a caer. He vuelto a caer. Las amistades hacen mucho también. Porque si yo me quito y yo ando con personas que fuman, a lo mejor un día no lo hago, pero ya si le doy una calaita, ¿entiendes? Y caemos. También, es que influyen muchas cosas. Yo soy mala pa’ mi misma. Porque a mí Dios, y lo digo a boca llena, me ha dao todas las oportunidades del mundo. Y si fumo droga es porque soy una drogadicta. Yo soy una enferma... mental. Mi cuerpo está limpio, pero mi mente piensa en eso.

(Los hermanos están) bien, con sus trabajos, con sus casas, to’s sus hijos estudiando, los que no trabajando. Mu’ bien, mu’ estable. Gracias a Dios mu’ estable. La única inestable soy yo. Pero bueno. Tengo una esperanza. No tengo fuerzas, te voy a decir que no tengo fuerzas, tengo poquitas, pero me las tengo que buscar. Hay gente que me necesita. Y saco fuerzas. Pero hay gente que todavía dependen de mi o dependen de que yo arregle unas cosas pa’ que ellos puedan tenerlas, ¿no? Me da fuerzas, me da ánimo. Me da unos "cataplines" p’abajo, unos "cataplines"…


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29 de febrero de 2000