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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas
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Cap 3. Estudio sociológico "Mujeres gitanas y sistema penal"

3.2 . Condiciones sociodemográficas de las mujeres encuestadas

1. Etnia.

Tabla 1. Etnia

Etnia

Frecuencia

Porcentaje

Gitana

241

82,5 %

Paya

8

2,7 %

Mestiza

37

12,7 %

Quinquillera

6

2,1 %

Total

292

100 %


Fuente: Encuesta Barañí.

 

Nuestra intención en este capítulo es mostrar los rasgos sociodemográficos de las mujeres gitanas presas y apreciar las condiciones socio económicas comunes y los rasgos diferenciales de este colectivo. Pese a la homogeneidad que la cárcel genera (puesto que selecciona grupos con rasgos comunes y a la vez provoca itinerarios vitales comunes), existen numerosas diferencias y matices dentro del grupo. El primero que debemos destacar es que fueron las propias mujeres presas las que decidieron si se consideraban gitanas, y se definieron como tales un grupo de mestizas (12%), es decir hijas de padre o madre payo/a. Igualmente, un pequeño porcentaje declaró ser quinquillera (1,4%) y un 2,7% dijo ser paya. Este último grupo lo componen mujeres payas casadas con gitanos y plenamente integradas en la comunidad gitana.

2. Edad

Tabla 2. Edades.

Edades

Frecuencia

Porcentaje

16-20

4

1,4 %

21-25

63

21,6 %

26-30

84

28,8 %

31-40

80

27,4 %

41-60

52

17,8 %

+60

9

3,1 %

Total

292

100 %


Fuente: Encuesta Barañí.

 

El grueso de encuestadas lo componen mujeres de 25 a 40 años dónde se sitúan el 57%, siendo las mayores de 40 años un 20% y las menores de 25 un 23%. La media de edad es, como dijimos, de 33 años. Se trata por lo tanto de un grupo de mujeres maduras, y dada la temprana edad de matrimonio y maternidad de las gitanas, casi todas son madres y muchas son abuelas.

3. Estado civil

Tabla 3. Estado civil

Estado civil

Frecuencia

Porcentaje

Casada

144

49,3 %

Soltera

47

16 %

Viuda

30

10,3 %

Separada

61

21 %

Divorciada

6

2,1 %

Otro

4

1,4 %

Total

292

100 %


Fuente: Encuesta Barañí.

 

Casi la mitad de las mujeres entrevistadas declaró estar casada, un 10% son viudas, y un 23% están separadas o divorciadas. Es decir el 83% está o ha estado casada frente a un 16% de solteras.

Entre las que están o han estado casadas, un 39% se casó exclusivamente por el rito gitano, y un 26% combinó dicho rito con el matrimonio civil o la boda católica. Son pocas las que se casaron sólo por lo civil (11%) o por la Iglesia (5%). Por último, un 9% de las encuestadas declara haberse escapado con su pareja y un 10% tienen pareja de hecho. Parece, por lo tanto, que en el ritual de boda, la mayor parte de esta población, el 66% sigue prácticas tradicionales de su cultura para alcanzar la condición de mujer casada. Las entrevistas confirmarán cómo es el ritual de boda una de las señas de identidad de la cultura gitana, concepto que, como veremos en el capítulo 7, es más bien frágil en este grupo.

4. Familia e hijos

La gran mayoría de las presas gitanas son madres, el 87%. La proporción es más alta que la que ofrecen los datos de la encuesta Miranda/Barberet, en la cual el 71% de las mujeres encuestadas tenía hijos. La media de hijos por mujer es de 3,7. En general, tuvieron hijos a edad temprana: la media de edad en que tuvieron el primer hijo es de 18 años. Un 13% de las reclusas gitanas tuvo su primer hijo antes de los 15 años y el 90% antes de los 21.

No es necesario insistir en el drama que supone para estas mujeres estar separadas de sus hijos y a menudo ignorar cómo se crían. Para casi todas, eso es lo peor de estar en la cárcel. A la pregunta de con quien están los hijos, respondieron tal y como muestra la Tabla 4:

Tabla 4. Con quién están los hijos

.

Frecuencia

Porcentaje

Abuela materna

74

30 %

Padre

51

21 %

Abuela paterna

16

6,5 %

Tía, hermana mayor

26

10,6 %

Repartidos entre familiares

20

8,2 %

Familia de acogida

10

4,1 %

Institución

14

5,7 %

Repartidos entre familia e instituciones.

14

5,7 %

Otros

20

8,2 %

Total

245

100 %


Fuente: Encuesta Barañí

 

Es difícil que las mujeres presas tengan control sobre la vida educativa de sus hijos, pero parece mantenerse la tendencia a un abandono temprano de los estudios, aunque todas expresan el deseo de que sus hijos tengan títulos. Así un 64% de las niñas y un 54% de los niños dejaron la escuela entre los doce y los catorce años. Entre los mayores de esa edad, las mujeres declaran que sólo trabaja el 40% de las hijas y el 54% de los hijos.

Sólo un 2% de las entrevistadas (seis mujeres) dicen vivir solas. El resto vive con su familia y es habitual que se conviva con la familia en sentido amplio. Sólo un 18% de las encuestadas vive con tres personas o menos. El grueso del grupo, un 70% vive en familias de seis a diez miembros. Además un 30% vive con sus padres, sólo un 7% con los suegros, y un 46% de las encuestadas vive, además, con hermanos/as, cuñados/as y sobrinos. Estos datos obligan a matizar, como veremos más adelante, los relativos a la propiedad de la vivienda.

En la encuesta a reclusas realizada por Miranda /Barberet, un 20% vivía con su compañero, un 26% con compañero e hijos, un 28% con familiares, un 12% sólo con sus hijos, y un 10% vivía sola.

5.Residencia

Tabla 5: Origen de las encuestadas por Comunidades Autónomas.

Comunidad Autónoma de nacimiento.

Frecuencia

Porcentaje

Andalucía

114

39,9 %

Madrid

38

13,3 %

Cataluña

30

10,5 %

Comunidad Valenciana

30

10,5 %

Galicia

25

8,7 %

Castilla y León

11

3,8 %

Castilla la Mancha

10

3,5 %

Extremadura

9

3,1 %

Asturias

6

2,1 %

Baleares

3

1 %

Otras

10

3,5 %

Total

292

100 %


Fuente: Encuesta Barañí

 

La Tabla 5 muestra la distribución de las encuestadas por comunidades autónomas de nacimiento. Es evidente que dicha distribución no se corresponde con la proporción de población gitana en las comunidades autónomas, ni con su distribución entre las cárceles del país, pues depende de la elección de las cárceles visitadas.

La mayor parte de las gitanas encuestadas, el 48%, han vivido siempre en su lugar de residencia actual y un 16% lleva veinte años en la misma localidad. Sólo el 35% ha cambiado de ciudad en los últimos diez años.No existe, aparentemente, una alta movilidad en este colectivo. El 70 % no tiene otro lugar de residencia habitual. Cuando lo tienen, en el 30% de los casos, se trata a menudo de una casa de familiares en la que se pasan temporadas. No parece haber por lo tanto ninguna itinerancia en el grupo, aunque el trabajo obligue en muchos casos a desplazamientos cortos.

En cuanto a los rasgos del hábitat, el entorno de las entrevistadas es básicamente urbano. Un 77% vive en un barrio de una ciudad, frente al 15% que vive en un pueblo y el 8% que define su entorno como poblado.

Únicamente el 25% describe su barrio como compuesto mayoritariamente por gitanos. El 31% declara que el barrio en el que residen es esencialmente payo. La mayor parte, el 44%, vive en barrios mixtos, dónde conviven payos y gitanos. No parece por lo tanto que haya rasgos de "segregación" en el hábitat, aunque sí barrios particularmente vigilados o conflictivos. No hemos podido realizar un estudio espacial, dadas las dimensiones nacionales de la encuesta, pero se repiten a menudo barrios significativos de ciudades, "marcados" por la marginalidad o la pobreza. Muy a menudo barrios nuevos, construidos en el desarrollismo o más recientemente, como por ejemplo, las tres mil viviendas en Sevilla, la Palma en Málaga, la Mina en Barcelona o Peñamoa en La Coruña. En muchos de ellos, el porcentaje de vecinos gitanos es importante, pero no son poblados gitanos como la Celsa en Madrid o Can Tunis en Barcelona.

 

Tabla 6: Situación respecto a la vivienda.

Forma de adquisición de la vivienda

Frecuencia

Porcentaje

Propietaria a través organismo Público

55

19 %

Propietaria a través de mercado.

44

15 %

Propietaria por herencia

20

7 %

Propietaria por construcción de la vivienda.

7

2 %

Alquiler público

54

19 %

Alquiler en el mercado privado.

21

7 %

Casa de familiares.

48

16 %

Casa ocupada

6

2 %

Otras.

37

13 %

Total

292

100 %


Fuente: Encuesta Barañí.

 

En la descripción de la vivienda, el 56% vive en pisos, modalidad a la que sigue la planta baja (31%). Sólo el 8% declara vivir en chabola o prefabricado. El resto, un 5% de las encuestadas, vive en otra clase de residencia (algunas en pensión; otras en "chalets").

En cuanto a la situación respecto a la vivienda, las propietarias representan el 47% y un 20% se definen como no propietarias a la espera de piso. Sólo el 33% no tiene casa propia ni expectativas de adquirirla.

La forma en que las propietarias adquirieron la vivienda es como sigue: el 40% la obtuvo a través de organismos públicos y el 32% la adquirió en el mercado libre. Un 14% declara haber heredado la vivienda y sólo un 5% la construyó.

En cuanto a las mujeres que no son propietarias, el 37% paga un alquiler público, y un 14% un alquiler en el mercado privado. Un 33% reside en casa de familiares. En un 5% de los casos han ocupado ilegalmente una casa, y sólo una mujer declara no tener adónde ir al salir de prisión.

La Tabla 6 permite observar la distribución de las formas de adquisición de la vivienda uniendo los dos grupos, es decir propietarias y no propietarias (los porcentajes son ahora relativos al conjunto).

Los datos previos han de matizarse por varios motivos: las encuestadas están en la cárcel y a menudo se refieren a la situación de su familia, que no diferencian de la propia. Es decir, la casa en propiedad es de los padres o de los abuelos, a veces de otro familiar tan cercano que se considera propia. Se trata sin duda del hogar al que regresarán, pero no debe concluirse que todas estas mujeres sean titulares de una propiedad.

En segundo lugar, llama la atención que la relación con la vivienda no determine ni explique la verdadera situación económica de la familia. En efecto, cerca del 40% disfrutan de vivienda de ayuda social (ya sea en propiedad o como alquiler público) y sin embargo su situación es difícil, sobre todo en relación con el trabajo. El grupo más marginal y que manifiesta mayores problemas económicos carece habitualmente de vivienda propia, pero no sucede lo mismo con la mayoría. Lo prueba también el hecho de que sólo el 10% de las presas pide como primera necesidad tras su puesta en libertad, el acceso a la vivienda.

6. Nivel de estudios

Tabla 7. Nivel de estudios

Estudios

Frecuencias Barañí

Porcentaje Barañí

Frecuencia Miranda/Barberet

Porcentaje Miranda/Barberet

No sabe leer ni escribir

93

32%

57

16%

Sabe leer, no escribir

81

27,7%

-
-

Primarios incompletos

74

25%

130

52%

Certificado escolar

24

8,2%

-
-

Graduado escolar

14

4,8%

83

23%

FP o bachillerato

5

1,7%

57

16%

Estudios medios o superiores

-
-

28

7,9%

Total

291

-

356

-

Fuente: Encuesta Barañí. Encuesta Miranda/Barberet.

 

Lo primero que llama la atención de la Tabla 7 es el alto nivel de analfabetismo entre la población estudiada. Un 32% declara que no sabe leer ni escribir, y un 28% más sabe leer, pero no es capaz de escribir, por lo que pueden considerarse analfabetas funcionales. Si sumamos estas a las que no han completado los estudios primarios, obtenemos un 85% de mujeres con un nivel educativo muy bajo.

La distribución de los estudios en la encuesta de Miranda y Barberet no es del todo comparable, pero puede apreciarse que la población gitana tiene un nivel de estudios más bajo que la población femenina reclusa en general. Llama la atención, en particular, que casi un 50% de las encuestadas por Miranda tienen el graduado escolar, FP o bachillerato o estudios medios y superiores, frente a menos del 7% entre las gitanas.

La proporción de analfabetismo aumenta con la edad, pues el 75% de las mujeres gitanas con más de 45 años son analfabetas. Entre las más jóvenes, menores de 25 años, siguen siéndolo un 17%. Además, entre las mujeres que únicamente saben leer, el 60% manifiesta que aprendió a leer en la cárcel y un 30% en la escuela. El 10% restante aprendió por su cuenta o con sus hijos.

Interrogadas por el motivo de abandono de los estudios, sólo el 10% declaran que no les interesa estudiar. El resto lo atribuyen a razones de índole económica y cultural. Un 46% de los casos debía ayudar en casa, sobre todo cuidar a los hermanos mientras la madre salía a trabajar; en un 16% fue el matrimonio temprano el que puso fin a los estudios. En el resto de los casos, el abandono se explica por la imposibilidad o falta de interés de los progenitores de llevarlas a la escuela, principalmente por su movilidad espacial.

Sólo el 13% de las encuestadas dice haber recibido algún curso de carácter prelaboral fuera de la cárcel.

 

7. Actividad y oficio

Tabla 8: Oficio.

Oficio

Frecuencia

Porcentaje

Venta ambulante

112

38,4%

Oficios tradicionales

29

9,9%

Oficios reglados

37

12,7%

Ama de casa

60

20,5%

Ningún oficio

42

14,4%

No sabe/No contesta

12

4,1%

Total

292

100%


Fuente: Encuesta Barañí.

 

Para acercarnos a la actividad económica de las mujeres gitanas presas, distinguimos la pregunta sobre el oficio de la actividad realizada en general y unos meses antes de entrar en la cárcel, definiciones que no siempre coincidían.

En cuanto al oficio, (Tabla 8) el 38% de las mujeres declararon que era la venta ambulante; casi un 10% citó oficios tradicionales (cestería, mariscadoras, feriantes, temporeras, etc.); el 12% tenía un oficio reglado, esencialmente servicios, (peluquera, limpieza, hostelería, etc.); un 20% se consideraba ama de casa, y por último el 14% decía no tener ningún oficio. Un 11% respondió no saber cuál era su oficio.

Cuando preguntamos a qué se dedicaba regularmente, la venta ambulante aumentaba hasta 50%. Mientras que las otras actividades tradicionales y los oficios reglados mantenían su proporción, mostrando que oficio y actividad coinciden en estos campos, las amas de casa disminuían hasta el 11%. Al mismo tiempo, un 12% reconocía dedicarse a actividades ilegales.

Dichas actividades se volvían protagonistas al ser interrogadas las reclusas sobre su actividad económica los meses antes de entrar en prisión. Un 50% decía haberse dedicado a actividades ilegales (trapicheo y robo eran las respuestas más habituales; muy pocas, uno o dos casos, dijeron dedicarse a la prostitución); frente a un 30% que seguía en la venta ambulante. Los oficios reglados descendían al 5%, al igual que los tradicionales (5%) y las amas de casa (5%).

En un mundo tan complejo y de fronteras económicas difusas, puesto que muchas actividades no son regladas, es difícil extraer conclusiones de estos datos, pero muestran que este grupo de mujeres gitanas rara vez tiene un trabajo regular y se consideran a sí mismas sobre todo amas de casa y vendedoras. Las actividades tradicionales se encuentran en decadencia y las actividades ilegales se imponen o se combinan con otras.

En un 32% de los casos las mujeres declararon que las actividades antes citadas no les daban para vivir y un 20% consideraba que podían sostener a su familia dependiendo del día (18%) o de la temporada (6%). El resto, 44% de las encuestadas, decía tener para vivir con su trabajo.

A esto hay que unir que un grupo recibe cierta ayuda pública: un 28% dice tener algún ingreso estatal, y algunas citan la pensión de viudedad o invalidez de algún familiar como apoyo, pero la gran mayoría, el 72% no recibe ninguna ayuda económica.

Preguntadas por los problemas encontrados para trabajar en su oficio, aproximadamente un tercio cita la licencia o la policía como su principal problema. En efecto, esto sucede tanto entre mujeres que se dedican a la venta ambulante, como a otros oficios tradicionales (chatarra, mariscadoras, feriantes) que exigen permisos o son directamente ilegales. Un 34% explica que su principal problema es ganar poco dinero. Únicamente un 10% declara que no hay trabajo.

Algunas citaban otras cuestiones, sobre todo el consumo de droga, como su principal obstáculo para trabajar, pero también el racismo o los antecedentes penales. En algunos casos, adelantaron la falta de formación o los hijos fueron citados como problemas para conseguir trabajo.

 

8. Rasgos de la pareja actual

El 50% de las mujeres gitanas presas ha tenido una única pareja en su vida. Y el 44% ha tenido dos parejas. Sólo un 6% ha tenido más de dos parejas estables.

La mayor parte, un 80% tiene pareja actualmente, pero solo el 54% del total de entrevistadas vive con su pareja fuera de la cárcel.

De esta proporción, realizamos una serie de preguntas para conocer el perfil de la pareja.

El 65% de las presas está emparejada con un gitano, pero un 30% lo está con un payo, cifra bastante alta que muestra que los matrimonios (o relaciones) interétnicos no son infrecuentes entre las presas. El resto se divide entre magrebíes (cuatro casos) y mestizos o quinquilleros.

Cuando la mujer encuestada está con un hombre payo, es más frecuente que éste esté en la cárcel en la actualidad (55% de los casos frente a 40% si es gitano). Es también más habitual que la pareja sea payo cuando la presa ha sido consumidora de drogas. No hay suficientes datos para extraer conclusiones, pero pudiera ser que cierta marginalidad, asociada sobre todo al consumo de drogas, estuviera relacionada con el hecho de tener una pareja fuera del grupo, es decir payo.

En cuanto a los estudios de la pareja (según las encuestadas), un 17% es analfabeto completo y un 20% sólo sabe leer. El 21% tiene estudios primarios incompletos. Suman por lo tanto 74% los de nivel educativo muy bajo, proporción algo inferior al 85% de las mujeres. El resto se divide entre certificado escolar (8%), graduado escolar (8,7%), FP o bachillerato (5,5%) y un 3% con estudios medios o superiores. Por lo tanto el nivel educativo de la pareja es ligeramente superior al de la presa, pero también muy bajo.

En general, sus oficios y actividades tampoco son muy diferentes: un 30% de las presas con pareja dice que ésta se dedica a la venta ambulante y un 20% a otros oficios tradicionales (que incluyen chatarrero y oficios relacionados con el campo); es más alto el número de hombres con oficios reglados (25%) casi siempre en la construcción, la hostelería o una serie de profesiones liberales, rara vez como empleados. Un 13% se dedica a actividades ilegales (trapicheo y robo) y el resto de las presas declara no saber a qué se dedica su pareja.

Llama la atención que en este colectivo rara vez se alude al paro como situación laboral o problema social. No tener un empleo regular o reglado no es extraño, sino lo habitual y nadie tiene una especial conciencia de tener derecho a un trabajo determinado. De ahí que no aparezca el desempleo más que en un 2% de los casos.


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29 de febrero de 2000