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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas
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Cap. 2
2.2 Mujeres gitanas y procesos de selección penal.

2.2.3 Limitaciones materiales del sistema penal y selección policial

Uno de los factores que hacen del sistema penal un sistema selectivo son las limitaciones materiales, que van a determinar que las distintas instancias tengan que orientar su actuación hacia una dirección, dejando otras sin cubrir. Esto explica que la cifra oscura (el volumen de delitos cometidos y no perseguidos) en algunos delitos, como los malos tratos se sitúe entre el 90 y el 95% (6), y en el tráfico de drogas esté asimismo en torno al 90%, según fuentes policiales. En algunos delitos de los previstos en el Código Penal, la cifra oscura alcanza incluso el 100%, como es el caso del delito de discriminación, tipificado en 1995 y que, según especialistas en derecho penal, todavía no se "ha estrenado". Otros casos, como los homicidios o los secuestros, poseen una cifra oscura muy escasa.

Esta limitación intrínseca del sistema, que contrasta con la tendencia cada vez mayor de los códigos penales a la "hipertrofia", implica la necesidad de que las instancias de control tengan que optar. Opción que resuelven normalmente dirigiendo su actuación hacia la población que se espera que cometa delitos, según los parámetros que funcionan en la construcción social del delincuente, como acabamos de ver.

En el caso del tráfico de drogas, que es el delito por el que están presas el 60% de las reclusas gitanas, al ser un delito sin víctima y no existir, por tanto, denuncia, la discrecionalidad de las instancias policiales es total. De este modo, se puede constatar que la primera diferencia en la persecución tiene que ver con el tipo de droga. La persecución de los canales de venta minorista de heroína es mucho más intensa que la de los canales de distribución minorista de cocaína o drogas de diseño. Y es que al tipo de droga se asocia el estrato social de vendedores y compradores. A pesar de que cada vez es más frecuente la politoxicomanía, los heroinómanos que van a comprar a los poblados suelen ser jóvenes marginados/as y sus vendedores gitanos y gitanas de los arrabales de las ciudades. El vendedor y el comprador de cocaína suelen pertenecer a otras esferas sociales. Destacan por su integración social y por su invisibilidad. Invisibilidad que contrasta con la "visibilidad" de la venta de la heroína en algunos asentamientos gitanos, que comienza con el profundo rechazo social que despiertan los "visibles" clientes y sigue con la demonización de las familias gitanas vendedoras. (7)

Además de la existencia de unos objetivos policiales preestablecidos, en función de los cuales se planifica la mayor vigilancia de determinadas zonas, en las que se espera encontrar un mayor índice de criminalidad, en la actuación de las instancias policiales funcionan los estereotipos y prejuicios más sutiles y extendidos en la sociedad. Esto hace que, en una misma zona, tengan muchas más probabilidades de ser "parados/as" los y las inmigrantes o los gitanos y las gitanas, que otros grupos. Como ejemplo de esta actuación selectiva, resulta valioso el testimonio de un joven gitano, entrevistado por nuestro Equipo, que explica que siempre lleva consigo la factura de la compra de su collar de oro, pues ya han sido varias las ocasiones en las que la policía le ha llevado a la comisaría bajo sospecha de haberlo robado.

El hecho de que gitanos/as, inmigrantes y colectivos excluidos en general, sean mucho más a menudo "blanco" de la actividad policial, aumenta sus posibilidades de iniciar los procesos de criminalización. Es importante precisar en este punto que esta tendencia de dirigir la actuación policial (individual y en el ámbito colectivo) hacia los grupos más desfavorecidos de la sociedad y hacia las minorías étnicas, en general no se explica por la presencia de individuos especialmente racistas entre estos profesionales. Su actuación va a depender de toda una serie de prejuicios y creencias mucho más sutiles y extendidas y que muchas veces no se hacen conscientes. Otras veces van a guiarse por la mayor o menor facilidad a la hora de obtener resultados en su trabajo, y así, los gitanos y las gitanas de los poblados se presentan como más fáciles de detener que los vendedores de heroína u otras drogas en el centro de las ciudades.

Como vemos, aquí funciona perfectamente el mecanismo de la self-fullfilling prophecy o la profecía que se autocumple, pues una circunstancia determinante en el resultado criminalizador es de quién esperan, los profesionales de las instancias de control, un comportamiento criminal (Baratta, 1975: 248).

Uno de los "filtros" más importantes de la criminalización, que posee especial relevancia en el ámbito policial, es la percepción subjetiva de la ilegalidad. Es frecuente que una misma conducta pueda entenderse como delictiva o como impune. Veamos un ejemplo.

En un "cacheo" a una persona en la vía pública, se le encuentra una pequeña cantidad de heroína y algo de dinero. Ante esto se puede, bien detener a esa persona, en opinión de que la droga estaba destinada al tráfico y que el dinero era producto de esta actividad, o bien opinar que la droga era para consumo propio y que no es raro que cualquier persona lleve dinero en el bolsillo. La diferencia de resultado es que en el primer caso procedería la imposición de una pena mínima de 3 años de prisión, y en el segundo se saldaría el asunto con una pequeña sanción administrativa.

A partir de las entrevistas realizas a trabajadores sociales de los lugares de residencia de un buen número de las reclusas encuestadas en las cárceles de Madrid, hemos podido conocer la gran presión policial que soportan los habitantes de estos asentamientos. Vigilancia que ha sido calificada por uno de los profesionales entrevistados, de cierto "estado de excepción" en algunos casos.

Por otra parte, a través de fuentes policiales, hemos podido saber que en 1999, en 21 operaciones policiales en La Celsa, La Rosilla y La Barranquilla, tres asentamientos gitanos de Madrid, con un resultado de 80 detenidos/as, (50 mujeres y 30 hombres). En todas las operaciones hubo al menos una mujer detenida, y en casi todas había lazos familiares entre los detenidos. En la mayoría de las operaciones se detuvo, al menos, a un hombre consumidor. A parte de dos operaciones en las que se incautó 1/2 kilo de droga, en el resto de ellas se trataba de cantidades inferiores a los 100 gramos, la mayoría en torno a los 10-20 gramos.

La orientación de la actividad policial y la subjetividad en la percepción de lo ilícito, suponen los principales "filtros" previos al ámbito judicial. Para contemplar con claridad la dinámica selectiva del sistema penal, es preciso añadir que, de las personas que entran en contacto con la policía, sólo una pequeña parte continua el recorrido criminalizador, llegando al ámbito judicial. (8)


6. Datos ofrecidos por el Ministerios de Trabajo y Asuntos Sociales en la Cumbre contra la violencia doméstica, celebrada en noviembre de 1997.
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7. Esto hace que sea relativamente fácil detener a los y las minoristas de esta sustancia, por la escasa movilidad de éstos, por las condiciones de aislamiento de los asentamientos y por el carácter familiar y grupal de la venta, que hacen que cada operación policial se salde con un buen número de detenciones.
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8. Aunque no hemos podido obtener datos al respecto, con base en las encuestas realizadas a 300 reclusas gitanas consideramos probable que una franja importante de mujeres gitanas, que inicia los procesos de criminalización, los concluye. Es decir, que en este grupo existen menos probabilidades de "escapar" del recorrido que en otros. Esta podría ser una hipótesis de partida para futuras investigaciones y acciones en torno a la mayor representación de los grupos excluidos en el sistema penal y en la cárcel.
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29 de febrero de 2000