El carrascal del Monte Plano constituye un islote verde en muchos kilómetros a la redonda. Es un bosque reliquia de los muchos que formaban parte de la Navarra Media y de la Ribera a comienzos de siglo. El Monte Plano queda incluido dentro del dominio mediterráneo continental del Valle del Ebro.
Sin embargo, la degradación de la vegetación es una realidad que se impone a simple vista: los incendios, las roturaciones y la actividad ganadera ha ido dejando reducido el bosque a esta situación.
Este bosque se halla en proceso de maduración, como los demás carrascales navarros, sin haber alcanzado su estado ideal o estable. Este hecho se puede observar en la estructura compleja que presenta, ya que están bien representados los estratos arbóreo, arbustivo y herbáceo -menos desarrollado- y posee considerable acumulación de hojas y restos vegetales en el suelo. Esta situación puede explicarse por diversos factores de intervención sobre el bosque, como la explotación humana intensa que sufrió principalmente en tiempos pasados, repetidas quemas, la erosión, el fuerte viento, etc.
El lento crecimiento de las encinas no les permite competir
con otras especies mejor adaptadas que se van haciendo dominantes en la
comunidad, y así se ve transformada en matorrales de tipo mediterráneo con
especies espinosas y aromáticas:
En el estrato arbóreo, la carrasca (fotografía de la derecha) es la especie predominante porque soporta bien la sequía y fuertes variaciones de temperatura. Poco representado aparece el quejigo, fácilmente reconocible por sus hojas marcescentes, capaz de soportar terrenos encharcados y donde sustituye a la carrasca.
En el estrato arbustivo, el arbusto mejor representado es la coscoja, con hojas de bordes dentado y punzante y resistente al pastoreo. Además, su gran capacidad de rebrote la hace sobrevivir al fuego, lo que le permite hacerse dominante en esta comunidad.
También es representativo el enebro de la miera, y su misión más importante es la acción protectora del suelo, superando la competencia con otras especies. También podemos encontrar sisallo (Salsola vermiculata), planta típica esteparia de una zona más meridional que, debido al incremento de las temperaturas, va colonizando terrenos cada vez más septentrionales.
Otras especies son: enebro común (Juniperus communis); endrino (Prunus spinosa); espirea (Spiraea hypericifolia); carrasquilla (Rhamnus alaternus); escambrón o espino negro (Rhamnus lycioides); boj (Boxus sempervivens; ezpel); escobizos (Dorycnium pentaphyllum); aulaga; lentisco (Pistacio lentiscus); romero, tomillo, ontina; espliego (Lavandula latifolia; izpiliku); jarillas; astrágalo (Astragalus monspessulanum); etc.
El estrato herbáceo es más variable y heterogéneo: alcanza mayor desarrollo cuando disminuyen los estratos superiores, permitiendo la entrada de más luz que produce mayor desecación. Por ello, las especies que crecen están adaptadas a la sequía, al fuego y al pastoreo:
Gramíneas y Cyperaceas, con bordes enrollados, largos pelos y hojas estrechas, consiguen reducir la superficie de evaporación.
En las zonas de paso dominan llantenes (Plantago sp; zainbelar), y margaritas (Bellis perennis; txiribita), que con sus hojas en roseta basal soportan el pisoteo.
Otras como Orchidiáceas y Liliáceas desarrollan bulbos, que permiten aprovechar las lluvias primaverales por su rápido ciclo vegetativo.
Candilera (Phlomis lynchnitis), coronillas (Coronilla minima), hierba pincel (Corys monspeliensis), merenderas, viborera (Echium vulgare)...
A
partir de 1970 comienza la repoblación para recuperar el entorno del Monte
Plano. A consecuencia de esto, aparece una nueva comunidad arbórea: el pino
carrasco (Pinus halepensis). Esta especie es autóctona de la zona meridional de
Navarra y se ha desarrollado bien, formando más que un pinar un cultivo de
pinos (pinar de Santa Brígida en la fotografía de la izquierda), debido
a que han sido plantados perfectamente alineados y muy próximos unos a otros,
impidiendo el paso del sol, y por tanto el desarrollo de los estratos bajos. El
pino se dispone en sucesivas terrazas, en las laderas de mayor pendiente, entre
el carrascal de la zona superior de la meseta y los cultivos, ocupando
posiciones muy soleadas y cálidas.
Entremezclados con los pinos carrascos podemos encontrar en algunas zonas cipreses pertenecientes a dos especies, el ciprés de Arizona (Cupressus glabra; altzifre) y el de Monterrey (Cupressus macrocarpa). Estas especies son muy rústicas, por lo que cumplen la función de proteger el suelo contra la erosión.
Un árbol usado en la recuperación del antiguo vertedero es la falsa acacia (Robinia pseudoacacia; arkazi). Tampoco es autóctona, a pesar de ser muy cultivada por su capacidad de soportar la sequía.