
ANA TEBEROSKY CORONADO
(Es una de las mayores expertas sobre
lectura y enseñanza. Argentina de nacimiento, lleva muchos años en Cataluña,
donde dirige el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación en la
Universiadad de Barcelona)
"No es que leamos menos que antes, nos pasamos el día leyendo cosas pero ha surgido un leer haciendo zapping"
(entrevista realizada por Jesús Iribarren y publicada en el Diario de Noticias del jueves, 1 de febrero de 2.001)
-¿Cuándo se debe comenzar a inculcar el hábito de leer a un niño?
-Es
un tema que preocupa mucho en la escuela pero depende en gran parte también del
nivel cultural de los padres. En las aulas también se está tratando de
favorecer el aprendizaje de la lectura, algo que de todas formas no acaba
tampoco en la escuela sino que sigue a lo largo de toda la vida. Pero, como
decía, el primer campo es la familia. El niño comienza a participar de la
actividad cultural que sus padres hacen en su casa. Si te ven leyendo o
escribiendo, los hijos crecen con ese ambiente. Los padres deben saber que eso
es importante. Pero hay un momento clave, aquel en el que el niño se da cuenta
que los papeles, un objeto inanimado, puede decir algo. Es decir, cuando el
libro habla, cuando le produce significado, algo normalmente asociado con los
seres vivos. Pero por sí solo es difícil que llegue a eso. Es fundamental que
alguien sea capaz de leer delante de él para que entienda para qué sirven esos
papeles. En algunos niños esto se da a los dos tres años, si hay estímulos. Y
en esas edades también llega el factor clave de la Educación Infantil, ya que
el nivel cultural de las familias pueden ser muy variable. Es importante evitar
el llamado efecto Mateo: que los ricos se vuelven cada vez más ricos y
los pobres más pobres, es decir que sacan más provecho a la escuela aquellos
que vienen más preparados. La escuela debe servir de compensación social.
-Esa escuela ha podido compensar en el pasado un ambiente familiar a veces no
favorable, ya que no hace mucho era fácil encontrar en los pueblos casas sin
ningún libro. Pero los nuevos tiempos también han traído un competidor muy
duro a los libros: todo el volumen de imágenes, de medios audiovisuales mucho
más potentes y que requieren un actitud más pasiva que la lectura...
-Las nuevas tecnologías y la lectura son complementarias. Además, cuando
apareció la televisión también se dijo que iba desaparecer el cine y la radio
y mira que vigencia tienen ambos medios. Luego llega Internet que, curiosamente,
exige de nuevo saber leer y escribir, aunque de una manera nueva, interactiva
que te da y te pide mucho. En la red es imprescindible leer con el añadido de
que es on line, te va corrigiendo sobre la marcha. Los niños de hoy han
nacido ya en una era digital y dominan todos estos medios con mucha mayor
facilidad. Aunque no se puede olvidar la necesidad de dotar a los colegios de
recursos. En España hay cien niños por cada ordenador. En otros países de
Europa hay veinte.
-¿Cuál es el secreto de la lectura, aquello que la mejor imagen no puede
suplir? ¿La libertad de imaginar? Mucha gente tiene la experiencia de la
desilusión que se llevó cuando pasaron a la televisión una historia de un
libro o de un tebeo y las voces de los personajes no coincidían para nada con
las que uno les había adjudicado en su cabeza...
-La lectura, o mejor
dicho, la escritura, es la primera tecnología mental. El resto de máquinas que
inventó el hombre, la palanca, la rueda, etc..., eran para aumentar la fuerza o
disminuir la distancia. La escritura es un invento para aumentar la capacidad
intelectual. Es su primera prolongación. La aumenta por ser permanente lo que
permite ayudar en la memoria y la comunicación en el espacio o en el tiempo. Se
puede leer e interpretar hoy a Platón y comparar algo con la otra parte del
mundo. Además se puede archivar y esto permite clasificar, categorizar el
mundo. No podría existir la ciencia sin escritura. Permite explicar la
práctica y dejarla para que otro lector en otro momento pueden leerla que lo
interpreta de otra manera distinta. Por otro lado, la escritura también ha
permitido la educación. Es imposible la enseñanza sin la escritura porque
permite instruir a mucha gente y a lo largo del tiempo. Es más, cuando uno
aprende a leer a escribir no sólo domina los contenidos sino el instrumento
básico para adquirirlos, aprender a aprender.
-Las nuevas tecnologías, según comenta, han reforzado la lectura. Pero
también existe un soporte tradicional, el libro, que quizá vaya para abajo. Y
no sólo por la competencia de otros medios, sino por determinados modos de
enseñar. Un profesor puede amargar la mejor obra literaria si le obliga al
alumno a leerla pensando que tiene que hacer un resumen o subrayando
adjetivos... ¿Dónde queda el disfrute de la lectura por placer?
-Todo soporte escrito es muy importante. La escritura no es inmaterial
incluso cuando está en una pantalla. Por otra parte, en el tema de los libros,
hay que saber que no hay que dejar al niño solo en este proceso. Ser lector
autosuficiente supone un gran esfuerzo. En muchas ocasiones se ha utilizado la
lectura para evaluar -lee que luego tienes que demostrar si has entendido-
y no se han encontrado otras estrategias al margen de rendir unos resultados.
Pero el libro también tiene esa función de aprendizaje como esfuerzo además
de la lúdica.
-¿Qué es un lector autosuficiente? ¿Cuándo llega uno a serlo?
-No se
puede decir todo o nada. Depende del tipo de texto, de la lengua... Por ejemplo
a mí me cuesta mucho esfuerzo leer manuales de instrucciones. A los niños les
cuesta mucho menos. También me resulta dificultoso el lenguaje administrativo
pero, en cambio, tengo un esquema mental claro para los textos científicos, la
literatura y tal vez poesía. Hay que tener un cierto hábito diversificado
aunque nadie es un lector total, más hoy en día con el amplio panorama
existente.
-Ha nombrado de pasada la poesía, un género que parece el 'patito feo'
entre los alumnos...
-En Barcelona hicimos una experiencia con poetas que
leyeron en voz alta en los colegios. Escuchar a un poeta es un acto teatral muy
bonito. Como en todo hace falta educar el hábito, la sensibilidad no aparece si
no se trabaja y se conoce.
-Pero en un mundo en el que lo último en escritura son ya los mensajes casi
cifrados con abreviaturas de móvil a móvil, ¿quién tiene tiempo para
sentarse ante un libro o una poesía?
-Hay que mirarlo con una óptica nueva porque también está cambiando el
concepto de lectura. Cuando se pregunta a alguien a ver qué ha leído en el
último mes te suele decir que poco, que un libro. Pero en realidad nos pasamos
todo el día leyendo cosas. Lo que pasa, y es un problema que detectamos en la
universidad, es que ha triunfado un leer haciendo zapping. Lees, pero no
te acuerdas muy bien dónde los has leído, de qué año era... Es una lectura
sin raíces, un leer casi compulsivo, de consumo.
-¿Cómo afecta el
plurilingüismo a la lectura? No se trata ya de leer diferentes géneros o con
varios soportes, sino también en diferentes idiomas...
-Ya quedan muy pocos países monolingües. En Europa hay una gran tradición
de diversidad de lenguas. Siempre ha existido, aunque al ser sólo una la que se
oficializaba y pasaba a lo escrito, parecía que el fenómeno no era tan
importante. Pero los hablantes hemos luchado para que todas las lenguas tengan
el mismo estatus, aunque a veces no se consigue al estar ligado a la política.
También porque el inglés es mucho más invasor. Quien utilice Internet tiene
que conocerlo pues, si no, eres analfabeto en la red. Pero dejando esto a un
lado, el plurilingüismo es un fenómeno que existe desde siempre y que además
no hay que presentarlo como un problema sino más como una solución. En general
los niños, desde un punto de vista pedagógico, no tienen dificultades para
asimilar varias lenguas, todo lo contrario, aunque hay que saber que es muy
difícil que una persona tenga igual competencia en varios idiomas.