Todos recordamos el buen pan que se elaboraba en Ribadavia en los hornos que funcionaban con leña. Como nos sabía ese pan y que nostalgia nos dejo. Sobre eses hornos hay una historia que se dejo atrás en el tiempo. También se quedo atrás algo tan básico para los hornos como son los molinos, en los cuales se molía el grano y se convertía en harina, para luego poder hacer la hornada. De que manera el pasado pesa sobre nosotros cuando vemos las ruinas de los ocho molinos del río Maquianes y la consiguiente obra de ingeniería hidráulica que teníamos. Todo lo olvidamos en nuestra historia inmediata. Mientras otros pueblo se dedican a recuperar su pasado histórico, el nuestro parece no importarnos demasiado.
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Creo sinceramente que tenemos un formidable legado del pasado posiblemente de los mejores de Galicia, y que hacer un trabajo de recuperación y restauración supondría convertir nuestra tierra en uno de los lugares mas hermosos de toda Galicia.
El Catastro del Marqués de Ensenada, narra y explica los hornos que teníamos en la mitad del S. XVIII.
" Un horno de cocer el pan, sito en la Rúa de la Oliveira, propio de Josefa Gil, a quien le regulan de utilidad al año veinticinco ducado vellón. Otro en la Plazuela de San Juan, propio de Dona Isavel de Ulloa, mujer de Don Joseph Mosquera, por el que le regulan la utilidad al año de cuarenta ducados. Otro en la Rúa dos Fornos, propio de Dona María Jazinta Mosquera, por el que le regulan a utilidad al año cuarenta ducados vellón. Otro en la Rúa de la Pescadería propio de Dona Theresa Somoza, por el cual le regulan de utilidad al año cuarenta ducados. Otro en la Rúa da Porta Nova propio de Josepha Rodríguez Mañana por el que le regulan de utilidad al año, cuarenta ducados. Otro que se quemo de poco tiempo a esta parte, sito en la Rúa da Costiña, por que no se regula su utilidad, y el propio de Don Manuel Mariño".
Nos damos cuenta de que casi la totalidad de los hornos pertenecían a mujeres, y es que el universo femenino en estas épocas serían las panaderas, igual que los hombres significaban las bodegas o las tabernas, las mujeres hacían su vida social en los hornos, donde se hablaba de todo y especialmente sobre todo lo que acontecía en el vecindario.
También los hornos fueron objeto de seguimiento o inspeccionamiento de los Ayuntamientos; de manera que se sucedían muchos fraudes, con el peso y con la calidad. Este es el caso de que en el Año 1680, se le pone una multa de cien Maravedís " a la panadera dona María de Nasara, por pequeño y mal pan". Este caso fue en el Ayuntamiento de Ribadavia, donde todo lo concerniente a los pesos, medidas y calidad de los productos alimenticios fue muy controlado en esas épocas.
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